Capítulo 11: Nocturno

Pieza de música vocal o instrumental, de melodía dulce y estructura libre.

Originalmente se le daba esta denominación a una pieza tocada a momentos,
generalmente en fiestas de noche y después dejadas a un lado.

Posteriormente, estas piezas no estaban necesariamente inspiradas en la noche,
ni hacían evocación alguna a ella,
pero habían sido escritas para ser tocadas en la noche,
como sucede con las serenatas
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La fría habitación daba la sensación de soledad. Sin razón aparente ni dolor físico comprobable estaban como evidencia ante las lágrimas que la rubia emanaba con gran tristeza.

Era una conmoción de vacío, impotencia y rechazo. Sollozaba cruelmente mientras trataba de movilizar su tobillo que colgaba de un estribo en su camilla.

Estaba separada por una cortina para diferenciarla de los otros pacientes que habían llegado por accidentes y otro tipo de emergencias. Fue cuando agradeció no tener ese tipo de dolores.

Se escuchó que entraban a la sala de urgencias, separando la cortina azul donde seguía la muchacha. Eran dos camilleros que trataban de moverla hacia otra área.

-¿A dónde me llevan? -preguntó con la garganta entrecortada, viendo los movimientos.

-Te pasaremos a cuarto nena, no hay nada de qué preocuparse. –comentó con delicadeza. -Tus padres ya están aquí y te reunirás con ellos pronto.

-Pero te quedarás aquí esta noche en observación. Los golpes en la cabeza no deben tomarse a la ligera. –comentó el otro camillero.

Stormfly asintió comprendiendo la situación. Eso es lo que se ganaba por hacerse la heroína y seguir a ese idiota que le arrebató la bolsa.

La llevaron a su nueva habitación, con cuidado la cambiaron hasta la cama de hospital y también le quitaron el soporte, ahora tendría una férula que le ajustaba la enfermera.

-¿No la sientes muy apretada?

La muchacha negó, un poco asustada porque nunca había usado ese tipo de material ortopédico.

-No, está bien, no hay problema por esto. ¿Cuánto tiempo la usaré? -preguntó agradeciendo que no se lastimó la mano, de otra manera habría sido muy difícil la rehabilitación y que tocara el violonchelo.

-Seguramente por un par de semanas, es solamente para estabilizar tu tobillo. No es fractura así que la recuperación será rápida. –le sonrió el hombre.

-Muchas gracias. ¿Sabe dónde están mis padres?

Como si hubieran sido invocados el doctor Odín que la había atendido ingresó con ellos rápido. En cuanto a la rubia los vio, las ganas de llorar regresaron a su alma. Ya no sabía si lloraba por el susto, por el golpe o por el rechazo que su mejor amigo le había dado.

-¡Mi niña! -expresó Gylda yendo a abrazarle de inmediato para no moverla tanto, Finn entró detrás de ella.

-¡Mamá! Lamento no haberles hablado yo misma, pero un tipo me robó mi bolsa y se llevó mi celular. –habló con tropiezo, reprimiendo sus lágrimas.

-Ya mi amor, no te preocupes. Lo importante es que tú estés bien. -animó el angustiado padre, que ahora se sentía aliviado de ver y comprobar que su hija efectivamente estaba bien, ya que no le creía tanto a los doctores.

Storm cuando se sintió apoyada, querida y abrazada por ellos, el llanto regreso nuevamente. Era algo que no podía controlar, pues ella presumía de ser fuerte y decidida pero esto era un dolor para el que no había sido preparada, era un dolor por una caída tan grande ante la ausencia de las que le dio Toothless.

Tanto a la enfermera que había permanecido allí esperando al doctor y el mismo médico se quedaron asombrados por el dolor que sentía la muchacha, empezaron a ver los diferentes monitores para detectar una posible hemorragia, pero no detectaron nada.

-¿Todo bien Stormfly? -preguntó el médico, viendo el monitor donde su pulso y latidos cardíacos incrementaban considerablemente. La rubia sólo negaba, se sentía una tonta por llorar de esa manera. No pensó que le afectaría tanto. No pensó que su corazón hubiera sido buen rato de esa manera tan desconsiderada.

El matrimonio se miró cuestionando si habían hecho algo equivocado, pero la verdad era que los llantos de la muchacha eran superiores a cualquier angustia que habían tenido hasta hace una hora.

-¿Qué pasa hijita? ¿Te duele algo?

La rubia negó nuevamente, tratando de consolarse.

-Todo está bien. No se preocupen, por favor. -dijo entre sollozos. Sólo es por el alivio y la emoción de verlos. –expresó, limpiándose las lágrimas de sus mejillas.

El doctor sonrió. Había sido un día bastante agitado pero ese momento mejoró muchas cosas.

La familia se separó levemente, reteniendo las lágrimas y ahogando palabras para compartirlas más adelante.

-Vendrá la policía para hacerte unas preguntas, cuando te tranquilices tendrás que decir lo que ocurrió en el accidente. –informó el doctor.

La muchacha asintió con responsabilidad para tratar de dejar de pensar en el muchacho que la había rechazado de la manera más sencilla y dolorosa que se podría haber imaginado.

Al cabo de unos minutos en los que la respiración y los tranquilizantes hicieron efecto en la convaleciente, el oficial Bucket ingresó al cuarto acompañados del médico de nuevo.

-Muy buenas noches, sé que es tarde pero es importante realizar el reporte debido al asalto y el atropello que sufrió la señorita Hofferson -mencionó rascándose el bigote mientras sacaba una libreta de notas.

-¿Qué fue lo que pasó? -animó el padre para escuchar el daño que le habían hecho a su nena.

La chelista miró por la ventana, el cielo oscuro y la pequeña capa de nieve que empezaba a caer le dieron la inspiración para relatar el hecho que aún sin saber le había cambiado la vida (aunque eso lo comprobaría con el paso del tiempo).

Resopló, se humedeció los labios y finalmente decidió hablar.

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Stormfly estaba llorando, intentó alejarse lo más pronto posible de la presencia de Toothless, quien sólo se encogió de hombros sin ir detrás de ella como sucedía en las películas.

Pensar en él sólo le causaba dolor y le hacía cuestionarse una y otra vez el por qué no había sido elegida. Porqué ella no fue lo suficientemente importante o capaz de causarle inspiración para que él se arriesgara a intentar algo con ella. Sabía lo que valía, pero quería valer para él también.

Caminó por el parque residencial que conectaba a la plaza superior de la atracción central de la isla. La misma que se acoplaba con el área en la que estaban instalando la feria por el aniversario de la fundación de Berk. Esa presión en el pecho sacudió todo su cuerpo. Le hacía sentir un temblor dentro de sí misma que amenazaba en ser expulsado a través de las lágrimas incontrolables.

Pero no quería llorar.

Ella no merecía sufrir por ese rechazo aunque el corazón se le estuviera partiendo. Él había tomado su decisión y ella debía aceptarlo.

Optó en regresar a su casa, pero en realidad ella quería sentirse ajena a cualquier factor que le hiciera cambiar de decisión. Tenía que establecer sus prioridades justo como su prima lo hacía, primeramente se enfocaría en su música, en su último semestre como estudiante, en su capacidad para tocar el violonchelo.
Haría su servicio social enseñando a niños, y también, buscaría compañero de dueto, aunque fuera un semestre inferior al suyo. Tal vez le tocaría trabajar más porque no sólo tendría que repetir o aprender piezas nuevas debido a la técnica avanzada que yo tenía, pero el rechazo y desprecio de él, no iba a estropear el semestre más decisivo de su carrera.

Se limpió las lágrimas con la absorción que daba la cubierta de los guantes de tela que traía puestos. Se ajustó la bufanda y también su gorro amarillo. Resopló y volvió a caminar, regresaría a su casa y le llamaría a su amiga Heather para contarle lo que había ocurrido, y claro que también le diría a su prima Astrid para que la acompañara al conservatorio y pedir la lista de violonchelista de cuarto grado.

Cuando iba regresando su atención estaba en la piedra que iba pateando, hasta que detrás de ella escuchó un fuerte galope de una persona que iba corriendo. Seguramente sería alguien con mucha prisa así que se hizo a un lado en la vereda pavimentada para el paso peatonal, dejándole el espacio libre al corredor.

Sin embargo para su sorpresa fue que recibió un golpe en el extremo izquierdo de su cabeza, el cual le aturdió mucho, haciéndolo caer sobre el húmedo césped y perdiendo la visión momentáneamente debido al mareo y dolor en su sien.

Por un momento pensó que era un accidente, pero lo descartó enseguida cuando notó que el muchacho que traía la cara tapada por un pasamontañas le arrancó de tajo su bolso, lastimándole el cuello y un poco el hombro de donde traía colgando su mochila.

-¡Oye! ¿Qué te pasa? ¡Suéltame! -exigió la rubia, molesta y aún sin salir del aturdimiento.

El asaltante no dijo nada, se dedicó a seguir con su propósito, hasta que obtuvo la bolsa, empezando a correr con ella hacia el otro extremo, arrastrando por un poco a la chica.

Stormfly se levantó con falta de equilibrio, hasta que logró enfocar al muchacho y decidió perseguirlo. Ningún otro hombre le iba a quitar tranquilidad en ese día. No le importó nada y corrió detrás de él.

-¡Deténganlo! me robó mi bolsa. –gritó a los pocos peatones que

En muchas ocasiones la madre de la chica le había mencionado que si era víctima de un asalto, no le importara nada y siguiera con su vida, que nada era más importante que la salud.

Recordó claramente esas palabras, pero tampoco podía ignorar toda esa sensación de impotencia y enojo que le causaba que ese de hombre que decidió quitarle algo que era suyo saliera indemne. Al menos le rogaría algo.

Tomó una piedra y se la lanzó, pero sólo le rozó por encima de la oreja.

-¡Maldición! detente. -masculló la rubia mientras seguía corriendo detrás de él.

El peor error que ella pudo haber cometido fue que en el momento en que ella estaba a punto de alcanzarlo, él se cruzó una calle, ella también siguió sin importarle nada, cuando iba a media calle sólo escuchó que la bocina de un carro sonó estrepitosamente seguido de un fuerte freno de carro que dejó marcas en el pavimento.

Ella volteó y sólo alcanzó a vislumbrar las luces del carro contra ella. Cerró los ojos esperando el impacto de frente, pero en lugar de eso fue un fuerte empujón que sintió en su costado, cayendo de impacto contra el césped y la acera fría junto a los raspones en el brazo seguidos de un grito aterrador de un niño que no logró identificar.

Las siguientes escenas fueron muy borrosas, el golpe en la cabeza es lo que le acaparaba toda su atención y concentración. Además sintió una presión muy fuerte sobre su pie derecho, casi no lo podía mover. Escuchaba a lo lejos que alguien le motivaba a no cerrar los ojos y al finalizar sólo alcanzó a ver las sirenas y luces de la ambulancia que llegó con rapidez.

Despertó cuando le estaban trasladando por el pasillo de urgencias para realizarle estudios. No sabía si se había desmayado o qué tan fuerte fue ese golpe en la cabeza, lo que sabía es que le dolía muchísimo e incluso sentía sangre por su cuello. Sin embargo el dolor físico no era el principal pensamiento de ella, era su dolor en el pecho causado por su excompañero de dueto.

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-Es todo lo que recuerdo. -mencionó la rubia, sobándose con su mano en donde había sido golpeada, sintiendo una protuberancia en ese lugar, mientras que Gylda le acariciaba el rostro, sin imaginar el dolor que sufrió su niña.

-¿Recuerdas algo del carro? ¿algún modelo o un color? ¿un olor a aceite quemado tal vez? -preguntó el policía.

La chica negó, tratando de hacer memoria. -Recuerdo que era un carro rojo. No alcancé a ver el modelo pero era sub compacto. Iba muy aprisa, se pasó el alto, lo sé porque el muchacho a quien estaba siguiendo que llevaba mi bolsa miro a los dos lados antes de cruzar la calle, yo me confié siguiéndolo a él.

-¿Podría describir al hombre que la asaltó?

La rubia meditó por un momento, haciendo que le doliera más la cabeza.

-Era alto, algo robusto. Tenía una chamarra gris y un pasamontañas tapándole toda la cabeza. Me golpeó con una roca… creo que es zurdo, me pegó desde el lago izquierdo. –mencionó al señalar la herida tapada y suturada con la gasa.

-Ese es un dato que nos servirá. –mencionó el oficial. -¿Hay algo más?

Storm insistió en los detalles de la mala experiencia. –Cuando cruzó la calle, alcancé a ver que volteó cuando el carro casi me atropella y se retiró el pasamontañas, empezó a caminar despacio, alejándose del lugar… fue cuando estaba muy mareada y no vi bien, pero, estoy segura que era calvo.

-Es un comienzo. Con esto abriremos la investigación, es posible que alguien la estuviera siguiendo, a veces es una manera de secuestrar jovencitas. –opinó Bucket.

-¿Secuestrar? –preguntó Finn, poniéndose se pie, acercándose a su hija. No permitiría que le hicieran daño.

-Es una hipótesis. Por eso mismo investigaremos. –comentó el acompañante, arrepintiéndose por la posibilidad de alterar a la familia. –Por el momento descanse, gracias por su ayuda. Espero que se recupere y continuaremos con la investigación para saber y dar con el automovilista que la hirió, se dio al fuga, así como el asaltante, los encontraremos.

-No fue el único herido en el accidente. –agregó el Bucket.

-Sí, es cierto. Recuerdo un muchacho, fue quien se atravesó y me aventó para que no me estrellara contra el carro. –mencionó Stormfly, recordando vagamente. -¿Cómo está él?

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Hiccup y Astrid, así como el pequeño niño rubio abrieron los ojos con sorpresa.

-¿Murió? -el castaño se asustó por imaginar que se trataba de su hermano, estaba a punto de abrir su boca para realizar otra pregunta acerca del accidente cuando vieron que el guardia se empezó a carcajear delante de ellos.

-Debieron ver sus caras. Se la creyeron.

Los tres se miraron entre ellos, sin saber y sin identificar que era tan chistoso.

-Disculpe hay algo que no entiendo. -comentó Hiccup, acelerado y con preocupación.

-No nada, era una broma. En la feria yo voy a mostrar mi talento como comediante.

-Pues si deja de hacer bromas acerca de personas muertas tal vez le vaya bien. -comentó Astrid ofendida por decir algo negativo y que esperaba que no fuera cierto del héroe de su prima.

-Disculpen, fue inevitable. –respiró con profundidad. -Ese chico se raspó un poco el brazo y no le pasó nada, también su hijo está bien. La ambulancia lo atendió pero no fue necesario trasladarlo. Él fue quien habló a emergencias para que trajeran ayuda.

-¿Tenía un hijo? -preguntó el castaño, entendiendo que no se refería a su querido hermano.

-Pues no sé si era su hijo pero se les veía muy unidos, yo creo que sí. –se encogió de hombros mientras recogía el formato de Astrid tras recibir las pertenencias.

Hiccup logró respirar un poco mejor después de conocer eso, pero no estaba tranquilo hasta que hablara con su hermano, quien por coincidencia del destino le mandó un mensaje en ese mismo momento.

Toothless

Hicup, pregunta Mamá que a qué hora llegas para cenar.

Respiró. Él estaba bien, sonrió y se calmó, respondiendo con alivio.

En un rato regreso. Tenemos que hablar.

Atendió su celular mientras seguía atendiendo al guardia y a su compañero.

-Es todo lo que sé. -mencionó el guardia.

-De acuerdo, entiendo. Muchas gracias por todo y le agradezco también por mantener a salvo las pertenencias de mi prima. –comentó agradecida, queriéndose ir ya de ese lugar cuanto antes.

-Para servirle señorita. -musitó amablemente el vigilante.

Tras una significante y cordial despedida, los tres retomaron su camino por la gran plaza y después al parque para llegar a la casa de los tíos de Astrid. Fue un camino ameno mientras que el pequeño rubio se entretenía con las luces y las decoraciones navideñas que había por el lugar.

-Gracias por acompañarnos, no tenías por qué hacerlo. -mencionó la rubia mientras se ajustaba la bufanda. Sentía un poco de picor en la garganta, seguramente era por haber estado expuesto tanto tiempo al frío mientras montaban en la motocicleta y ni que decir de esa caminata invernal que le gustó aunque prefería negarlo.

-Mira Astrid, es el trineo de santa. -señaló el niño emocionado mientras veía y señalaba la fila del momento en el que los niños se subían al trineo y les tomaban una foto.

-Sí, lo veo, te prometo que tus papás y Stormfly te traerán pronto. Por ahora tenemos que regresar a casa, lo más probable es que te quedes a dormir con nosotros.

-¿Cómo? ¿No vendrán mis papás? -empezó el niño a inquietarse, aunque tenía casi 11 años, seguía temeroso a algunas cosas.

-No lo sé, pero lo más probable es que tu hermana tendrá que quedarse esta noche en el hospital para ver cómo sigue su herida. Mañana vendremos a verlo, ¿te parece? -preguntó con amabilidad la rubia mientras su prima le ajustaba el gorrito en la cabeza.

-Promete que me traerás a la feria.

Astrid rodó los ojos, en momentos como ese agradecía ser hija única.

-Sí, lo prometo. Y también te tomaras la foto en el trineo de Santa.

El niño sonrió complacido.

-Bien, agradece que no hacemos un pacto de saliva. –Finn le sacó la lengua mientras siguió andando por el camino de luces.

La muchacha puso cara de asco. El castaño sólo se reía mientras los seguía.

En cuestión de minutos y gracias a las conexiones del parque, llegaron nuevamente a la casa, Astrid abrió la puerta y el niño ingresó para quitarse el abrigo y el gorro que tanta molestia le causaba. Además pusieron a salvo el bolso robado de la dama Stormfly.

-Muchas gracias nuevamente. No debiste molestarte tanto, a pesar de la premura en el regreso, me la pasé muy bien. Nos vemos mañana para practicar, ya tenemos nuestra pieza definida, cuanto antes mejor.

Hiccup asintió con seguridad sonriéndole. Le gustaba ver que su compañera se abría más a entablar una posible amistad, o al menos una mejor relación de compañerismo.

-Sí, mañana es el último día en la práctica, el conservatorio se cerrará por una temporada hasta el próximo semestre. Pero algo me dice que la maestra nos hará practicar mucho incluso en vacaciones.

-Bueno tal vez podríamos hacerlo de manera personal y ya regresando, unificar nuestras partes. –opinó Astrid, algo reacia a compartir el piano, pero decidida a hacerlo.

Tampoco era mala idea, lo que no entendía es porque tenía esa necesidad de querer estar con ella para tocar el instrumento.

-Astrid, habla tu mamá. –Finn le movió el pantalón, entregándole el teléfono inalámbrico de la casa, mientras esperaba que su cuidadora respondiera.

-Dile que ahora voy, entra a la casa, no te enfríes. –advirtió, sin dejar de ver a su compañero de piano.

El niño obedeció, haciendo caso a lo que le indicaba su prima.

-Hasta mañana, Astrid. –se despidió el muchacho, haciendo un gesto con la mano, y se montó a la motocicleta rápidamente.

Hiccup, por su parte, mandó un mensaje directo a Toothless para decirle que iba en camino a la casa y sin demorar más tiempo empezó el regreso a su hogar, sin poderse quitar de la mente esa inusual y extraña salida de convivencia que había tenido con su compañera durante todo el día. Sin duda alguna ella albergaba muchos misterios y algo le decía que era talentosa para más cosas, pero que sólo conocía el piano. En su interior, y sin atreverse a admitirlo, lo único que deseaba es que fuera el día siguiente para verla, y claro que su prima también estuviera bien.

En cuanto a Astrid, ella cerró la puerta lentamente, mientras seguía con l mirada el rumbo que llevaba el muchacho, recargó la frente contra ésta y respiró profundamente, reviviendo de manera inconsciente esa tarde en la que había vivido mucho más que en lo que años anteriores cuando salía con su prima solamente.

-¡Astrid! Si te habla mi tía. -recordó el niño entregando el teléfono.

La muchacha despertó de su ensoñación y tomó el teléfono.

-Hola hija, ¿todo bien?

-Si mamá gracias. ¿Ustedes cómo están? ¿Cómo sigue mi prima?

-Bien, te llamé al celular pero no me contestaste.

Fue cuando Astrid recordó que se había quedado sin batería después de tomarle fotos a su primo en el parque.

-Sí, mi celular murió por la batería. Ya recuperé la bolsa y el celular de Storm. El infeliz se quedó con el dinero y con una tarjeta de regalo que había comprado. También se llevó su monedero. Es lo que alcancé a identificar.

-Entiendo. Al menos el celular está y no habrá manera de localizar al asaltante, entonces. –se escuchó la voz lamentable de la mujer. –Como sea, en unos momentos más pasaremos con tu prima, tus tíos ya están con ella, al parecer está fuera de peligro.

-Me alegra mucho volver escuchar eso. ¿Volverán ustedes en la noche?

-Sí, después de ver a Stormfly iremos a la casa, no nos han dicho nada pero yo creo que Finn jr se quedará con nosotros por hoy.

-Sí, le dije lo mismo. Así que dile que prepare un cambio de ropa y su pijama para llevarnos cuando pasemos por ti.

-Correcto, salúdame Storm de mi parte.

-Claro que sí, As. Cuídense, yo creo que en una hora y media regresamos.

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El Doctor resopló, continuando con lo poco que sabía.

-Está bien. No fue trasladado a la clínica, decidió quedarse con su hijo, en el parque. No sufrió ningún daño severo, sólo un raspón en su brazo. Así que él fue quien habló a la ambulancia.

-¿Dejó algún dato? Quiero agradecerle. –se esperanzó la joven.

-No, fue de manera anónima si sabemos algo te lo diremos con gusto. –comentó el médico, terminando de llenar el expediente.

-Fue un héroe. –mencionó el oficial, orgulloso. –En fin, entonces nos retiramos, que pasen buena noche y felices fiestas. -dijo el policía antes de salir del cuarto, acompañado de la enfermera y del doctor Odín.

Cuando se quedaron solas la madre puso atención en la férula de la pierna y también en el golpe que estaba vendado en la cabeza de la muchacha.

-Estoy bien mamá. No te preocupes por favor. –dijo Stormfly mientras apretaba la mano de la mujer. –Ya pasó.

-Lo sé hija, pero a esta hora que tardamos en llegar y mientras estábamos de camino y más en la sala de espera, sentí que mi corazón se iba a detener. –confesó la rubia, aliviada por toda la preocupación que había tenido.

-No te vuelvas a preocupar por algún objeto material. Nada vale más que tu salud. -reprendió amorosamente el padre.

Stormfly sonrió, sintiéndose apoyada por ellos.

-Pero hay algo que no entiendo, me dijiste que ibas a salir con Toothless. ¿Ibas de regreso después de verlo a él?

Escuchar el nombre de él sintió que la garganta de se cortaba nuevamente.

-Sí, algo así. –murmuró, cerrando los ojos para reprimir las lágrimas que se avecinaban en salir.

No tuvo las fuerzas para decirle la verdad, no en este momento.

-El pobre no debe saber lo que te pasó.

-No creo que le importe. -expresó con amargura y dolor. Esa postura rígida preocupó a los padres, pues siempre que hablaba de su compañero de dueto se le iluminaba el rostro y sonreía como una adolescente enamorada. Así que los padres se comunicaron con la mirada, sabiendo que algo no estaba bien, pero respetando el silencio y sufrimiento de su hija. Por el momento era más importante su recuperación física que cualquier otro problema.

-Tus tíos están aquí, en cuanto les avisamos vinieron para acá a verte. Te gustaría que pasaran a saludarte y ver cómo estás.

La jovencita sonrió agradecida por la preocupación genuina de su familia.

-Claro. No hay problema.

Gilda aprovecho para mandarle un mensaje a Bertha y mencionar la habitación 182 en la que estaba la muchacha.

Tras unos minutos después ingresó el matrimonio Hofferson llevándole un pequeño ramito de flores que compraron en la sala del hospital momentos atrás.

-Hola nena, ¿cómo te encuentras? -saludo Bertha mientras se acercaba a su sobrina.

La muchacha sonrió de nuevo, aunque ya no sabía si era por causa de los analgésicos, aceptando de buena gana las flores que le llevaban.

-Estoy bien, no se preocupen. Por esta ocasión no fue grave lo que ocurrió. –repitió la muchacha, tranquilizando a los demás.

Los tíos sonrieron, también habían estado preocupados, consideraban a Storm como su otra hija.

-¿Y Astrid? -preguntó la chelista.

-Ella estaba haciendo un trabajo en Arcadia. Ya está en tu casa cuidando a Finn jr. Me acaban de hablar.

-Ella recuperó tu celular y tu bolsa, al parecer la bolsa ya no traía tu cartera con el dinero pero encontraron tus tarjetas. –comentó Erick, acercándose a su hermano.

-El asaltante sólo se llevó lo que encontró de valor. Ese maldito. –masculló Finn imaginando que golpeaba a ese malhechor.

-Me alegra lo del celular. Espero recuperar al menos algunas de mis cosas.

Estuvieron unos minutos más hasta que la enfermera a cargo entró de nueva cuenta. –Me temo que la hora de visita se terminó. Sólo se puede quedar uno o dos familiares durante la noche, si no hay ninguna complicación, el doctor ordenó que mañana en la tarde fuera dado de alta, una vez que transcurrieron las 24 horas.

-Entiendo, muchas gracias. Ya debemos irnos como quiera. -dijo Bertha mientras invitaba a su esposo a retirarse.

La enfermera sonrió, saliendo de la habitación por última vez, esperando que no se quedaran por más tiempo.

-Cualquier cosa que necesiten, háblenos y vendremos en seguida. –dijo Bertha, mostrando su apoyo.

-Gracias, por todo. –mencionó Gylda.

-Hermano, Gyl y yo hablamos, los dos nos quedaremos con Storm. Finn jr puede quedarse a dormir en su casa por esta noche. –preguntó el concertista, apenado.

-Claro que sí, no tienen ni que pedirlo, se los íbamos a ofrecer de hecho. –animó Cuidaremos a fin y mañana que te den de alta con gusto vendremos. El matrimonio sonrío ante el apoyo de sus hermanos.

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En apenas un par de horas el taller mecánico se había vaciado casi por completo. El frío se sentía con más intensidad y la expectativa por las fiestas decembrinas les daba más trabajo con la reparación de carros. El encargado del turno de la noche estaba por cerrar el local.

-Espera, espera Magnus. -dijo el hombre vacilante que recién aparecía allí.

El mencionado volteó, cansado por el día tan pesado que había tenido. –Aeren, ¿qué te trae por aquí? ¿Vienes a darme otro bono navideño?

-Algo así. Te tengo un trabajo especial, debe salir para mañana en la mañana. –exigió el hombre fornido de cabello café y ojos miel.

El mecánico, por su parte, miró a todos lados buscando el carro.

-¿Qué ocupas? Sabes que los trabajos de urgencia tienen costo extra.

-Descuida, ella paga bien. –señaló con diversión. En ese momento se vio cómo un carro ingresaba a la plataforma.

Con molestia una chica salió del auto y se dirigió con los únicos que quedaban dentro del taller.

-¿Sigues sin saber manejar? -preguntó

-No estoy para bromas. –masculló con enojo.

El mecánico se acercó a inspeccionar el auto de buen modelo que llegaba. Notó una abolladura y el foco del lado izquierdo roto.

-¿Qué sucedió? -Aeren hizo una seña para que guardara silencio.

-Un pequeño accidente. Ocupa enderezado y pintura. Ahora quiero que el carro sea color negro. -dijo el de barba simétrica, quien señaló las indicaciones que previamente ya había hablado con la rubia. –Pago lo que sea, pero mañana a las 7:00 am vendremos por él.

A Magnus le brillaron los ojos, sin duda sería una gran ganancia. –Sus deseos son órdenes... nuevamente.

Annek tembló, no olvidaba el último favor que le había pedido a ese hombre y las consecuencias que había desencadenado.

Por su parte, lo único que hizo el mecánico fue sonreír con ambición, ingresar de nuevo el taller y ponerse a trabajar con las especificaciones que le habían hecho sus mejores clientes.

-Estará listo. Pero les costará más. Mañana les digo el precio.

Annek respiró aliviada, dejándose guiar por su acompañante.

-Gracias por apoyarme en esto. ¿Cuánto me costará contigo? –preguntó de manera provocativa.

-Oh cariño, tú sabes cómo me gusta que me pagues. –susurró con seducción. -Me estoy quedando en un hotel por el momento mientras reparan mi departamento. Tendrás que acompañarme esta noche. El provocador susurro que el muchacho castaño que le compartió en su oído, erizó cada una de las fibras incluso eliminó la poca cordura que le quedaba como ser consciente. Los sonrió y asintió.

-Si no disfrutará tanto de tu compañía, hace mucho que ya me habría alejado de ti. –coincidió creyendo que podía parecer más seductora.

-Por favor, y quieres regresar con Hiccup. Sabes que él no te aceptara nuevamente. Yo valgo más y puedo darte más que él.

La pelinegra colocó sus manos alrededor del cuello de él, incitándolo con su pulgar mientras delineaba sus labios. -Yo lo dejaré cuando yo quiera. A él lo quiero para sacarle todo el dinero que se desperdicia hacia la caridad con los tontos proyectos humanitarios que tiene la disquera de mi padre. –dijo con fastidio. -Yo no quiero ser socia de él, seré la dueña.

-Seremos. –finalizó Aeren mientras guiaba a la muchacha a recargarse contra su carro para besarla con deseo.

Sería una velada nocturna bastante interesante para ellos.

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El pequeño rubio se sentía con mucha expectativa, pero conforme se subió al carro con su mochila en la que transportaba su ropa y algunos juguetes, él se empezó a quedar dormido.

-¿Cómo estaban mis tíos? -preguntó Astrid en un susurro para no despertar a su primo que se apoyaba en sus piernas para dormir mientras seguían el trayecto para llegar a su casa, la cual ya no quedaba lejos.

-Bien, ya más tranquilos después de hablar con Stormfly. -mencionó Erick quien también estaba cansado.

-Sí, ¿qué dijo el doctor?

-Pues que Stormfly estaba bien. Solamente lo de su pie con la férula y por prevención se quedó en observación. Aunque todo indica que saldrá mañana tarde.

-Me da gusto. Por cierto, ¿qué haremos mañana?, yo tengo clase de piano, no puedo cuidar de Finn. –se lamentó un poco.

-Mañana no me toca ir al conservatorio, puedo cuidarlo yo. -mencionó Bertha mientras volteaba a ver al niño que estaba medio dormido, se había quedado con ganas de tener otro hijo si le preguntaban.

-Bueno te llevo en la mañana temprano a la escuela y después en la tarde vamos por Stormfly al hospital. Depende lo que nos diga tu tío. –animó Erick, tomando rumbo al hogar, el cual, prácticamente estaba a la vuelta de la esquina.

La rubia aceptó el plan del último día de clases del semestre oficial.

Cuando llegaron a la casa, Erick cargó al muchachito, que aunque parecía bastante delgado, y en realidad era pesado.

Lo subió hasta el cuarto que tenían de invitados y entre Bertha y Astrid prepararon y una cama con un colchón inflable. Lo dejaron ahí y lo arroparon con cariño.

Después de un tiempo ver que el niño estaba bien, el resto de ellos se preparon para dormir.

-¿Cómo te fue con tu compañero de piano?

-¿Haddock?, todo bien con él. Fue quien me hizo el favor de traerme desde Arcadia y me acompañó con Finn para ir por el bolso y celular de mi Storm. Después nos acompañó a la casa nuevamente. –informó orgullosa.

-Vaya, qué caballeroso. -mencionó la mujer, sonriendo de medio lado por haber notado un leve sonrojo en su hija. Quizá ni siquiera la misma Astrid lo llegaba a sentir, pero ella la conocía tan bien que disfrutaría mucho de ese proceso.

En definitiva su hija merecía enamorarse y vivir una experiencia única e irrepetible, en especial porque ya había pasado su adolescencia y no se había hecho de ningún novio, al menos ninguno que ella le conociera.

-Sí, lo fue. Ni pensar que al principio no quería ni hablarle. Sigo creyendo que el piano es sólo para una persona, igual que cualquier instrumento.

-Sí, hija, no hay nada como ser solista. Pero al mismo tiempo no hay nada como formar parte de la orquesta y sentirte apoyada y apoyar al resto de tu equipo. –opinó la mujer mientras salían de la habitación.

Cuando Astrid salió del cuarto, la madre de ella visualizo un llavero que colgaba del cinturón de la muchacha.

-¿Y ese llavero?, no te lo había visto.

Astrid lo tomó en sus manos, emitió una sonrisa inconsciente, dándole la razón a su mamá acerca de qué esa relación de compañeros de piano iría por buen camino.

-Es una prueba para la maestra Mivenn, le demostraremos que hicimos caso a lo que nos pidió, que convivimos en Arcadia.

Bertha no quiso decir más sólo sonrió, y despacio se dirigieron a sus respetivas habitaciones para descansar.

-Buenas noches, mi niña. -le dio un beso en la frente y salió rumbo a la habitación que compartía con su esposo.

La rubia no se había dormido todavía, se alistó y se hizo un té antes de subir a su recámara.

Sin embargo el té no le pareció agradable, pues lo comparaba al que había probado en la cafetería de Arcadia. Lo dejó de lado y fue a su habitación, repitiendo sé que debía descansar y dormir. Apago las luces no sin antes echarle un último vistazo a su primo quien ya se había destapado todo y estaba en una posición bastante extraña con una pierna caída de la cama.

Se burló de su primo en un vano intento lo volvió a arropar y lo dejo así, ella regresó a su habitación y se recostó en su cama, sin embargo no lograba relajarse, estaba preocupada por Storm y también muy agitada por todo lo que ocurrió en la cafetería, empezando por la caída que tuvo con él antes de enterarse del problema de Storm.

Puso un poco de música instrumental para conciliar el sueño, pero no podía, seguía recordando la salida que tuvo con su compañero de piano.

Se sonrojaba sin saber por qué.

Cuando empezó a dormir su celular, ya recargado con la batería suficiente, emitió un aviso de notificaciones.

Hiccup Haddock, el del piano de cuatro manos.

Hola :)

¿Cómo están?

Astrid miró la hora, eran más de las 11:00 pm.

Astrid

Dormida.

Hiccup Haddock, el del piano de cuatro manos.

Disculpa, no quería despertarte. Sólo quería saber cómo seguía Storm

Astrid

Bien, mañana en la tarde le dan de alta.

Hiccup Haddock, el del piano de cuatro manos.

Mi hermano estaba preocupado.

Astrid

Me imagino. Si sé de algo más, les diré.

Hiccup Haddock, el del piano de cuatro manos.

Gracias, por cierto, me la pasé bien hoy.

Astrid

Yo también me la pasé muy bien.

Hiccup Haddock, el del piano de cuatro manos.

Descasa, Astrid.

Astrid

Descansa, Hiccup.

La sonrisa indescifrable de la muchacha era muy bonita, nadie podía verla, ni siquiera la rubia la percibía.

Se mordió el labio, e hizo algo de manera involuntaria al cambiarle el nombre a su compañero de contacto.

"Hiccup Haddock, el del piano de cuatro manos" ha cambiado a "Hiccup"

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Notas de la autora:

Continuamos con la historia, ya vieron que está bien Storm, aunque sí va a cambiar un par de cosas para el rumbo de la historia, en especial al papel de Storm. Tampoco Toothless está mal, fue una muy mala broma del guardia-comediante.

Leo las teorías de Annek jajaja, aunque fue muy obvio.

Espero que esta historia siga siendo de su agrado.

Gracias a KatnissSakura y a Kirlatan por sus comentarios, al igual que a Cathrina Frankensteir, Karin. Yo, Bequi Alex 34, y DragoViking por sus palabras anteriores.

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**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 2 de diciembre de 2020