Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo ocho
― Pat, necesito que vayas a tu habitación. Debo hablar con Esme ―demando.
― Pero, ¿por qué, papá? ―cuestiona mi renuente adolescente― ¿Ahora qué hice?
― Pat ―apremio y él arruga la cara lleno de enfado―. Isabella puedes venir conmigo. ―Le hago un gesto que me siga.
Ella camina tras de mí hasta el pasillo mientras mi hijo sigue haciendo sus rabietas antes de entrar en su habitación.
― Ahí tienes a mi madre ―señalo―; habla con ella.
― ¿¡Yo!? ¿por qué? No tengo nada que hablar, lo de nosotros no es verdad.
― Tú me metiste en esto, y serás tú quien lo resuelva ―exijo.
Me estoy divirtiendo con su rostro lleno de preocupación.
― ¿Qué voy a decirle? No la conozco, Edward.
Encojo mis hombros.
― ¿Qué está pasando, Edward? ―Esme aparece pidiendo una explicación―. No entiendo por qué tantos secretos y susurros entre ustedes. Ella no está embarazada, ¿verdad?
― ¡No! ―exclama Isabella― yo nunca tendré hijos, señora.
Me sorprende su respuesta, ella no quiere hijos. Supongo que es por su juventud, yo a su edad tenía a Pat y nada ha sido fácil desde entonces.
― ¿Por qué no? ―indaga mamá.
― Esme ―con mis manos sobre sus hombros la guío de vuelta a la estancia―. ¿A qué has venido?
Sus ojos me miran con reproche. A veces no suelo tener tacto para hablar y mucho menos con mi madre.
― Lo dices como si te molestara mi presencia.
― Me incomoda que estés aquí para satisfacer tu curiosidad ―soy directo.
― Me preocupo por ti ―rebate―. También tu padre está muy intranquilo porque no sabemos ni a quién estás metiendo a tu casa ―sus ojos están en Isabella― nos mortifica con quién convive Pat.
Suelto el aire por mi boca.
― Ya lo has visto tú. Mi hijo está perfecto y feliz con Isabella ―mi brazo rodea la cintura de la chica sintiendo la tensión en su cuerpo. Es raro este acercamiento entre nosotros, mas no incómodo―. No es de mí de quién te debes preocupar, mamá.
Esta vez los ojos de Esme se entrecierran barriendo de arriba abajo a Isabella.
― ¿Desde cuándo estás con mi hijo? ―interroga despreciativa.
― ¿Eh…? Oh, si, tenemos poco ―Isabella balbucea nerviosa. Observo con atención sus manos que están aferradas en mis brazos y sus uñas se están encajando en mi piel.
― ¿Están viviendo juntos?
― No.
Me quejo de dolor y alejo mis brazos de ella.
― ¡Ya basta, Esme! ―Camino a la entrada y abro la puerta― te invito a que te vayas ―le señalo afuera, ella se pone de pie y viene hasta a mí.
― No tolero este comportamiento de tu parte, Edward.
― Entonces tú no me faltes el respeto a mí. No me quieras tratar como un crío ―discuto.
― Estoy preocupada por ti, por Pat. Tu padre me dijo que ella es una prostituta.
― ¡Eso no es verdad! ―Isabella chilla enfrentándose a mi madre―. ¡Yo no soy ninguna prostituta! Él no me conoce, ni usted tampoco.
― Tu palabra no cuenta ―debate Esme― en esta conversación no tienes voz, ni voto.
Es todo lo que voy a tolerar, sujeto su codo y la llevo conmigo fuera. En la intemperie empieza a nevar.
― Edward, no me hagas esto ―se queja intentando zafarse de mi agarre, abro la puerta de su coche.
― No vuelvas si lo harás con la misma actitud, madre.
― La estás eligiendo a ella, ¿es eso? ―me reta.
Me inclino a su altura.
― No vengas a darte golpes de pecho conmigo, Esme. Nunca has sido la madre perfecta, ni siquiera quisiste intentarlo cuando me quedé solo con Pat. No estuviste conmigo ni un maldito momento porque no querías descuidar a tu flamante esposo, entonces quédate con él y ¡déjame en paz!
― Te arrepentirás de tu trato hacia a mí. ―Sus ojos brillan a punto del llanto, se sube a su coche y cierra la puerta lo más fuerte que puede.
Me quedo inmóvil cuando el coche avanza, mi cabeza sigue inclinada.
― Lo siento ―susurra Isabella― siento mucho haber causado un conflicto con tu madre.
La ignoro volviendo sobre mis pasos.
― De verdad, Edward. ―Ella me detiene, sujeta mi brazo y yo la enfrento― podemos decir que nada es cierto. No quiero meterte en problemas por mi culpa.
― ¿No quieres meterme en problemas? ―repito―. Entonces dime ¿qué hacía mi padre contigo? Quiero la verdad ―sujeto sus brazos.
― ¿Para qué quieres la verdad? Si de todos modos, para ti ¡soy la amante!
― ¡No me grites!
― ¡Tú tampoco!, ¡suéltame! Me lastimas.
La libero.
― Y tú me desesperas.
― Será mejor que me vaya ―dice tomando sus cosas y echándoles en su mochila―. Me despides de Pat.
Molesto con ella la veo salir ―resoplo―, voy en busca de mi hijo. Pat tiene su gesto serio cuando entro en su habitación.
― ¿Bella y tú son novios?
Niego.
― La abuela dijo, a parte los escuché discutir así como hacen los novios. Ella me agrada ―confiesa con una sonrisa.
― No. No somos novios ―me siento en el borde de la cama y mi hijo se sienta junto a mí―. Pat, no quiero que te encariñes de Isabella, puedes tratarla solo como una conocida, nada más. No tengas ningún otro lazo con ella.
Hace una mueca.
― ¿Por qué estaban discutiendo?
― Es un poco complicado de contar.
― Ya veo, son cosas de adultos.
Le sonrío. Mi hijo entiende que no voy a hablar de Isabella. Incluso pienso que lo mejor es mantener cierta distancia con ella, no me interesa involucrar mi tiempo alrededor de una adolescente.
.
La mandíbula de Aro sigue tensa, se aclara la garganta y nervioso remueve de un lado a otro los montones de papeles esparcidos en el escritorio.
― Es que esto que me pides no puedo hacerlo, Edward. No puedo mostrarte nada respecto al alumnado. Ni aunque ella sea tu novia.
― Está bien, entonces solo cubre el faltante de este año.
― Creo que tampoco se va a poder ―evita mirarme― ella es la única que puede acceder a su cuenta y realizar el pago. Lo siento.
De pie y sin paciencia me irgo sobre el escritorio, mis manos permanecen en puños sobre la mesa de madera. La cara de angustia de Aro es un auténtico poema, uno muy malo por cierto.
― No me trates como a uno más del alumnado, Vulturi. Quiero que abras la cuenta de Isabella Marie Swan y realices el pago pendiente de este año, lo haces ahora mismo o en este momento hago llamar a mis abogados y que se encarguen ellos del extraño caso del porqué le cancelaron el préstamo universitario a una alumna cuando ya había sido aprobada.
Parpadea y con dedos temblorosos tipea su computador.
― No entiendo tu enojo, Edward. Aquí se cumplen protocolos y se exigen a todos sin importar quienes sean. La alumna mandó su información de forma tardía y lamentablemente no se pudo procesar, tuvimos que cancelar su préstamo.
Sigo mirándole con todo mi coraje. Aro me está tratando como su fuese estúpido.
― Pero ahora mismo le pido a alguien de contraloría que realice el pago ―levanta su teléfono y presiona un botón, sin pensarlo pongo mi mano con tanta fuerza sobre la de él, sus ojos me miran asustados.
― Quiero que hagas el cobro, tú. No quiero que después digas que se les olvidó. Hazlo ahora. ―Exijo, extendiendo un cheque casi lanzándolo sobre sus manos― anota la cantidad que es.
Traga saliva, la nuez de su garganta se contrae en varias ocasiones y su grande frente empieza a sudar. Sigue tipeando y se concentra en silencio, pasan cinco largos minutos y él levanta su rostro.
― Ya está hecho ―murmura.
― Qué bueno. Espero que con esto no vuelvan a molestar a la muchacha ―guardo la chequera dentro de mi gabardina, le sonrio sombríamente―. Te dejo, para que puedas contarle el chisme a Carlisle, procura narrarle todos los detalles.
Apenas salgo de la oficina y Jessica viene a mi encuentro, camina junto a mí.
― ¿Pudiste hacerlo?
― Sí.
― Gracias. Te prometo que mis padres te pagarán lo que has gastado. He pensado en hablar con ellos y decirles todo lo que ocurre con Bella.
― ¿Por qué me buscaste?
― Porque eras el único que podía ayudarme. Hoy es fin de mes y el plazo se vence justo hoy y… si no te pedía ayuda, mi amiga iba a perder su año en la Universidad. No es justo. Al menos quiero que pueda salvar sus créditos y así sea más fácil transferirse a otra, ella pidió una beca en la Universidad de Hawái. Quizá vayamos juntas.
― Isabella va detrás de su novio ¿no?
― Sí, ellos vivirán juntos y creo que yo con ellos ―ríe.
Su risa me incómoda. En realidad no sé qué me molesta, solo sé que no tengo humor para hablar. Jessica habla y habla parece que no se cansa nunca.
― Mmm…
― Oye, me ha dicho que llevan dos semanas sin hablarse que incluso muchos días ella sale de tu casa y tú no has llegado, ¿por qué?
― Jessica de verdad tengo que irme, necesito ir por mi hijo al colegio.
― Ah, vale. Entonces cuando hablé con mis padres te buscaré. También le diré todo a Bella, espero que lo tome a bien. ¿Crees que se enoje mucho con nosotros?
La volteo a ver; sus manos siguen moviéndose en el aire.
Froto mi barba. Es desesperante su manera de hablar todo el tiempo, rio ante el recuerdo de hoy...
― Edward ―dice Angela― la señorita Stanley quiere hablar contigo de carácter urgente.
― ¿Quién es ella? ―pregunto sin despegar mis ojos del ordenador.
― Soy la mejor amiga de Isabella.
La suave voz conocida me hace elevar mi vista, le hago una seña a mi secretaria y ella nos deja solos cerrando la puerta.
― ¿Qué se te ofrece?
― Soy Jessica Stanley ―estrecha su mano con la mía.
― Claro. Eres la amiga malhumorada de Isabella ¿no?
― Ese es otro tema. Estoy aquí porque necesito tu ayuda. No pretendo quitarte mucho tiempo, es mas procuraré ser directa ―sus ojos recorren el lugar― me gustan la combinación de colores, sin duda la vista es lo mejor ―se para frente al ventanal y suspira― así yo trabajaría muy a gusto, la panorámica es espectacular.
Aclaro mi garganta.
― Ah, si, necesito que vayas conmigo a la Universidad. Es por Isabella.
― ¿Le ocurrió algo? ―me pongo de pie.
― Ocurrirá si no me acompañas. Vamos, en el camino te explico.
Enarco las cejas sin hacer lo que pide. La chica resopla.
― Bella tiene hasta hoy para pagar el resto de las clases, sino lo hace se quedará fuera y perderá su año. Tenemos hasta las 15 horas, o sea que no falta mucho ―advierte.
― ¿Qué tengo que ver?
― Mucho. Eres el único que puede ayudarnos, por favor, puedo explicarte en el camino.
― Muchas gracias, Edward Cullen ―su voz vuelve a sacarme de mis pensamientos. Ella se despide con un apretón de manos―. Eres muy distinto a Carlisle
El hecho de nombrar a mi padre mis dudas resurgen.
― ¿Cómo conoció tu amiga a mi padre?
― Todo ocurrió desde que le cancelaron el préstamo. De la nada una compañera se acercó a ella y le pidió unirse a una página web donde podía ofrecer sus servicios por una noche. En mala hora mi amiga aceptó y desde entonces ella vive una pesadilla. Carlisle Cullen fue el primer hombre que disputó la noche.
Aprieto mis labios al escuchar que Isabella siempre dijo la verdad.
― Me puedes dar el nombre de la estudiante que metió a Isabella en todo esto.
― Mira, es ella... ―levanta su mentón en dirección, volteo. Es una chica rubia que camina como si estuviera en pasarela, no se ve tan joven como las demás estudiantes, debe ser por las capas de maquillaje que usa―. Ella es Lauren Mallory.
La chica se percata de mi mirada sobre ella y su contoneo en sus caderas se vuelve más exagerado, me sonríe coqueta al pasar frente a mí.
― Mírala, es una arrastrada.
Aprieto el puente de mi nariz.
Mi intención no es inmiscuirme en enredos universitarios y cada vez estoy más involucrado. Necesito llegar hasta las últimas consecuencias de quien maneja esa absurda página y si para ello tengo que investigar uno a uno este maldito campus, lo haré.
― Necesito el nombre de la página que usó Isabella.
― No tengo idea. Bella solo le dio los datos a Lauren y ella hizo el resto.
Los ojos azules y vivaces de Jessica me dicen que no está mintiendo.
Inspiro.
― Cualquier nuevo acontecimiento ―le doy una de mis tarjetas― aquí tiene mi número.
La chica asiente sonriente.
― Debo irme, mi hijo me espera.
Una vez recojo a Pat del colegio se mantiene en silencio en todo el camino tan solo jugando con una pulsera hasta llegar a casa. Él baja corriendo y mira en la estancia, al darse cuenta que Isabella no está, va en busca de Carmen.
― Bella avisó que llegaría tarde ―le explica― pero dijo tenías apuntes que terminar y que cuando ella llegue lo revisará.
― ¿Por qué llegará tarde? ―indaga Pat mientras picotea la comida de las ollas―. En dos semanas que tiene viniendo nunca ha llegado tarde.
― Deja de hacer eso, Patrick ―Carmen lo reprende con un suave manotazo―. No sé, creo que le llegó una visita o tiene cosas qué hacer. ¿Empiezo a servir la comida, Edward? ―se dirige a mí.
― Está bien.
Pat se pone algo inquieto al momento de compartir la mesa, incluso sus miradas en la entrada se vuelven impacientes y esperanzadoras.
― ¿Te sucede algo?
― Bella quedó en enseñarme a hacer pulseras. Le pedí que hiciéramos una pulsera para ti y dijo que no porque eres un gruñón, creo no le caes bien. Entonces, haremos una para mi mejor amiga.
― ¿Y por qué no soy de su agrado? ―Finjo que no estoy poniendo atención, sin embargo estoy más interesado en saber el porqué. Dejo de lado el plato y lo miro.
― No sé ― sus hombros se alzan―. Dice que eres un costal de arrogancia.
Las mejillas de Pat se han pintado de un bermellón profundo, intenta esconder su risa y empieza a toser. Golpea su pecho volviéndose serio.
― También conozco a su novio, lo miré por videollamada ―revela en un murmuro― no es muy agradable con ella. Estaban discutiendo y la hizo llorar.
Sin darme cuenta mis manos se han vuelto puños. ¿Qué me importa su vida?
― ¿Por qué? ¿qué le dijo? ―sigo indagando.
― No le gusta que esté aquí. No escuché bien, mencionó que darme clases no es un trabajo. Y cada vez que habla siempre pregunta quiénes están en casa. Lo sé, porque Bella nos menciona muy bajo a Carmen y a mí.
― Pat, te pedí que no hicieras amistad con ella.
― ¿Qué tiene de malo, papá? Estoy siendo estudioso y también platicador. Puedo combinar muy bien las dos cosas.
Se escucha el timbre y ambos sabemos que es Isabella. Mi hijo se pone de pie dispuesto a correr, le detengo.
Sin esperarlo un vendaval hecho mujer avanza al comedor. Es Isabella con su rostro contenido por la furia.
― ¿Por qué pagaste? ―reclama― ¿quién te dio autoridad para hacerlo?
Pat nos observa mientras yo arrojo de mala gana la servilleta sobre el plato.
― ¡Respondeme! ―exige.
Sin contener mi mal humor me pongo de pie. Ella es tan pequeña que es imposible no reír por su mal genio. No recordaba que cuando quiere es toda una mujer de armas tomar.
― Te hice un favor ¿no? Ahora ya puedes estudiar el resto del año sin preocupaciones.
― Es eso… quieres que te pague el favor. Eres mil veces peor que tu padre ―murmura con frialdad y colmando mi paciencia.
Exhalo ruidosamente.
― Esa es la impresión que tienes de mí ―sostengo su rostro, me inclino quedando muy cerca― pues, hazlo. Págame el favor de una buena vez. ¿En dónde prefieres?
Ella intenta zafarse de mi agarre cuando la tomo del brazo llevándola a mi habitación.
¡Hola! Parece que Bella malinterpretó la ayuda desinteresada de Edward y lo hizo enojar. Ambos se olvidaron que hay un menor en medio de su discusión. Como leyeron, Bella tiene una preocupación menos aunque ella no lo vea así. Edward intenta poner distancia y lo hizo pero nada funciona porque apenas se trata de Bella y ahí está. Por cierto, ¿qué les pareció Esme? ¿Y qué tal Aro? Es bastante miedoso el hombre. Espero leer sus opiniones otra vez. Muchas gracias por su apoyo.
Todo mi agradecimiento especial a quienes comentaron: PaolaValencia, Patty, OnlyRobPatt, ALBANIDIA, torrespera172, Elizabeth Marie Cullen, Marxtin, Dulce Carolina, Lily y, Lili Cullen-Swan, Diannita Robles, LittlePieceOfMyMind, Jade HSos, Flor Mcarty, Vane, Adriu, jenni317, Lupita Calvo, Lidia, Moni, Pameva, Pepita GY, Isis Janet, Andre22-twi, mrs puff, Ximena, Rocio, Wenday14, Ana, Antonella Masen, Lizdayanna y comentarios Guest.
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