CAPÍTULO 9 - EL PACTO
Inuyasha y sus amigos llegaron a las Tierras del Oeste a lomos de Kirara. En lo más profundo de las montañas podía notarse un aura demoníaca de gran potencia. El ejército de Irasue podría estar cerca, custodiando el Portal del Tiempo. Myoga los había acompañado durante el viaje, que había durado dos días.
— Amo Inuyasha. Hemos de tener mucho cuidado. Intuyo que estamos cerca.
El Hanyo intentó rastrear el olor de Irasue, pero no lograba percibirla.
Una horda de demonios apareció de la nada. Sango lanzó su boomerang montada en Kirara, mientras Inuyasha desenvainaba la espada "Tessaiga" para usar su técnica "Viento Cortante" y deshacerse de las criaturas.
Aterrizaron en el suelo. Había sido una batalla bastante fácil, pero no podían fiarse porque la horda de la Diosa Perro podría estar cerca.
Avanzaron hacia el bosque. El aura demoníaca se hallaba cada vez más cerca. Un fuerte olor a cenizas emanaba desde su interior.
— Huele a Himaru, el demonio del fuego. — Afirmó Myoga, convencido. Irasue lo debe estar utilizando para tapar la entrada al Portal del Tiempo.
— ¿Todavía no te has ido, Pulga? — Inuyasha estaba convencido que huiría al primer ataque.
— No soy tan cobarde, amo. Era una batalla demasiado fácil para todos vosotros. Lo difícil está por llegar.
— ¡Bah! Un estúpido demonio de fuego no podrá con nosotros.
— Ya veremos. Se trata de una criatura bastante poderosa.
El bosque se encontraba rodeado por una barrera espiritual que pudieron traspasar usando la Tessaiga roja y algunos sutras sagrados de Miroku. El calor empezó a volverse insoportable a medida que se adentraban hacia el corazón del bosque. El aire se hacía cada vez más irrespirable. Una repentina voz irrumpió al grupo.
— Bienvenidos...
La voz parecía venir de una gran barrera de fuego que se podía ver a lo lejos.
— No nos podemos fiar. — Dijo Sango, mientras se ajustaba la máscara para poder respirar mejor.
— Me da igual. Pienso acercarme a ese fuego y liquidarlo con mi espada.
Saltó hacia la gran barrera de fuego que tapaba el camino hacia el interior. La barrera empezó a abrirse lentamente. Inuyasha se giró hacia sus amigos, con gesto de sorpresa.
— Parece ser que nos deja pasar.
— Todo esto es muy extraño. — Miroku se acercó, tapándose la nariz con su túnica. — ¿Qué opinas de esto, Myoga?
La vieja pulga no respondió. Se había escapado, como solía hacer siempre que se avistaba un peligro.
Los tres amigos avanzaron lentamente. Kirara iba tras ellos, recelosa.
Una gran cueva se ocultaba tras la barrera de fuego. Podía ser una trampa, pero solo lo podrían averiguar si seguían adelante.
El fuego seguía haciéndoles paso a medida que se adentraban en la cueva. Una vez dentro, la barrera volvió a cerrarse. Miraron hacia atrás y se dieron cuenta de que no tenían escapatoria.
La cueva parecía gigantesca por dentro y por suerte, podían volver a respirar perfectamente dentro de ella. Inuyasha utilizó su agudo olfato. El olor del fuego le había impedido detectar lo que realmente escondía aquella cueva misteriosa, que estaba rodeada por un aura muy poderosa.
— Bienvenido, Inuyasha. Te estaba esperando.
El Hanyo agudizó la vista. A lo lejos pudo distinguir a una bella mujer con cabello largo y plateado. Parecía una reina, con una luna violeta en la frente, subida a un trono de piedra y rodeada de Okuri-Inus, unos temibles Yokais espectrales con forma de perro negro.
— Irasue... — El Hanyo reconoció el olor que había dejado en la cabaña de Kaede. — ¿Dónde está mi hermano? ¿Qué has hecho con Rin?
La Diosa Perro sonrió.
— ¿A estas alturas todavía te atreves a llamarlo hermano?
— ¡Contesta!
— Sabía que vendrías tarde o temprano.
— ¿Qué quieres de mí? — preguntó, con impaciencia.
La Diosa se levantó del trono de piedra. Un halo de luz rodeaba su imponente figura.
— Necesito que crucéis el Portal del Tiempo.
Sango y Miroku se miraron, asustados. Inuyasha deseaba regresar al futuro para encontrar a Kagome, pero no se fiaba de Irasue.
— ¿Por qué quieres que crucemos el Portal?
Los Okuri-Inus se acercaron al grupo, gruñendo. La Diosa, mediante un gesto con su mano, logró retrocederlos, para alivio de todos.
— Veréis... el Portal fue creado por las brujas del bosque para poder traer a la Sacerdotisa más poderosa de estas tierras, la reencarnación de Kikyo. La necesitamos de vuelta.
Inuyasha conocía los motivos por los cuales necesitaban a Kagome, y eso no lo iba a permitir.
— ¡Ni hablar! No voy a cruzar ese portal para traerla de vuelta y la sacrifiques para llevar a cabo tu plan de ser la Reina de estas Tierras.
Irasue volvió a sonreir.
— No tienes elección, Inuyasha. Mi hijo la iba a traer de vuelta, pero el Portal fue interceptado por el ejército de Kirinmaru. Se han enterado de nuestros planes y han logrado cruzarlo. Ahora mismo van tras ella, y piensan matarla, si no lo han hecho ya.
— ¡Sesshomaru acabará con ellos! Es más poderoso que todos juntos.
— Te equivocas... Las Brujas no han permitido que los Yokais puedan viajar a través del tiempo. Lo han hecho por seguridad, no quieren que se altere el orden de la naturaleza.
— ¿Entonces cómo...?
— Todo aquel que cruza el Portal, pierde sus poderes de Yokai. Sesshomaru se ha convertido en un ser humano. Necesitará de vuestra ayuda para poder salvar a la sacerdotisa. No está segura en su mundo.
— Tampoco va a estar segura en éste. — Afirmó el Hanyo, con cierto aire de resignación.
— Cierto. Ya sabéis que necesito su sangre para derrocar a Kirinmaru. Pero yo la necesito viva, y ellos muerta. Ahí está la diferencia.
Inuyasha la observó, con una fuerte ira en su mirada. Irasue estaba en lo cierto. Si había dicho la verdad, una horda de secuaces de Kirinmaru irían tras ellos, y estaban en peligro.
— ¡Todo esto es por tu culpa! ¡Es tu ansia de poder la que va a matar a Kagome y a tu propio hijo! Eres una egoísta.
— Escúchame, medio demonio. Kirinmaru planea destruir el mundo entero. ¿Qué es el sacrificio de una sacerdotisa comparado con todas las vidas que puede llegar a salvar? La gran Kikyo no dudaría en hacerlo, pero ella ya no está aquí.
Inuyasha se sobresaltó al escuchar su nombre. Kikyo le visitaba a veces en sueños para advertirle de lo que tenía que hacer. Se había convertido en su ángel de la guarda. Allá donde estuviese, siempre le estaba protegiendo.
— Tiene que haber otra salida. Yo mismo mataré a Kirinmaru si es necesario. — Inuyasha parecía muy seguro de sí mismo con tal afirmación.
— ¡Qué inocente eres! Solo el arma que estoy forjando podrá derrotarle. Y esa arma necesita la sangre de la sacerdotisa.
— Hagamos un trato.
Sango y Miroku miraron a su compañero, atentos a lo que iba a decir.
— Adelante, te escucho. — dijo la Diosa.
— Iré al futuro a rescatar a Kagome y a Sesshomaru. Pero tú me dejaras que sea yo quien derrote a Kirinmaru, con la ayuda de mi hermano.
— Mi hijo no aceptará ayudarte en esta tarea. No le interesa nada de lo que pueda ocurrir.
— Yo le convenceré. Si no consigo derrotarle, Kagome elegirá su destino. Estoy seguro de que hará lo correcto.
Irasue lo observaba, dubitativa, ante las palabras del Hanyo.
– ¿Va a sacrificar a Kagome? ¿Está loco? — susurró Sango en el oído de Miroku.
— No tiene elección. — Contestó el monje. — En su mundo corre peligro. Aquí por lo menos podemos tener la oportunidad de salvarla.
Sango lo miró, con tristeza.
— Qué difícil tiene que ser para Inuyasha...
— No me gustaría estar en su piel.
La Diosa Perro se dirigió hacia el grupo.
— Acepto el trato. — Dijo mientras bajaba por las escaleras de piedra.
— Una cosa más. — Contestó el Hanyo. Apuntó su mirada hacia ella, con decisión. — Como acto de buena voluntad has de liberar a Rin.
Irasue levantó su brazo mientras lo observaba, con unos ojos fríos y dorados, similares a los de su hermano.
Dos demonios aparecieron de la nada con la pequeña Rin en su poder.
— ¡Inuyasha, Sango, Miroku! — gritó la jovencita, alegre de ver a sus amigos. La soltaron y empezó a correr hacia ellos. Sango acudió y al llegar, la abrazó con fuerza.
— ¿Estás bien? — preguntó la exterminadora, tocándole la cabeza en busca de heridas.
— Sí. Me han tratado bien. Os he echado mucho de menos. ¿Dónde está el señor Sesshomaru?
— Es una larga historia. Escúchame atentamente. — Sango empezó a ponerse seria. — Has de ir con Kirara a la aldea. Dile a mi hermano y a la anciana Kaede que estaremos bien. Cuidad de nuestros hijos, por favor, y decidles que los queremos.
La pequeña Rin asintió, con seguridad.
Miroku miró a su esposa, con gesto tierno. Inuyasha les necesitaba, y ellos estarían siempre a su lado, dispuestos a ayudarle.
— ¿Qué hemos de hacer para cruzar el Portal del Tiempo? — preguntó el Hanyo.
Sango y Miroku se acercaron a su amigo, decididos a cruzar con él.
Irasue los miró, complacida.
— Recuerda, Inuyasha. Cuando cruces el Portal, perderás tus poderes demoníacos. Serás un simple humano, como lo es mi hijo. Busca a la sacerdotisa y sálvala. Ayuda a mi hijo a sobrevivir y tráelos de vuelta.
Irasue les dejó traspasar los pórticos que se hallaban al otro lado de la cueva. Tras ellos se encontraba el Portal del Tiempo. Una luz resplandeciente brillaba en el interior, que les cegaba a cada paso que daban. Los tres amigos desaparecieron tras cruzar las puertas, mientras Rin se alejaba con Kirara en busca de la aldea de la anciana Kaede.
El viaje no había hecho más que empezar.
¡Muchas gracias de nuevo por los reviews! Estoy disfrutando mucho escribiendo esta historia. Creo que está en un punto muy interesante. Sango y Miroku por fin conocerán lo que es el "futuro" del que hablaba Kagome.
Faby Sama: Gracias por tus reviews. Me alegro de que cada vez te parezca más entretenida ;) Sessh es demasiado orgulloso como para dejarse cuidar por una humana. Y Kagome es demasiado humana como para no hiperventilar con un "tiarrón" como Sessh. Que una no es de piedra xDD. Ya veremos cómo lidia esta situación con los sentimientos que todavía tiene por Inuyasha.
Yami96: Me alegro que te guste. Mil gracias!
Chippe: Me ha encantado que te mueras de la emoción por leerme. Qué grande! 3
Sorato1990: ¡Qué bien que sigas la historia! Gracias!!
Asereje: Gracias por tu comentario :)
