Miraculous Ladybug pertenece a Thomas Astruc, Zag Animation, Disney y TF1, hago esto sin fin de lucro.
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Je Suis
Por Mimi chan
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Capitulo 9
¿Cómo se supone que debes reaccionar ante algo que pensaste que jamás ocurriría? Tal como si un día te ganaras la lotería, se te inflamara el apéndice o fueras atropellado por un auto. Claro sabes que esas cosas pueden ocurrirle a cualquiera, pero en realidad jamás esperas que te ocurran a ti y cuando pasan ¿Qué se supone que es lo que debes hacer?
Marinette se despertó esa mañana muy, muy temprano con la plena conciencia de que lo que había pasado el día anterior, no había sido un producto de su imaginación y se sentía por mucho, realmente desconcertada.
Adrien en realidad la había besado. No, no solo la había besado, los dos se habían dado un beso que ya quisieran los magnates de Metro Goldwin Meyer para sus películas de romance, había sido por mucho el beso más bonito de toda la historia moderna.
Cosa que no debería ser así, ella estaba con Cole y estaba besando a Adrien. Pero… pero es que siempre había soñado con besar a Adrien, siempre, desde el primer día que se dio cuenta de que estaba realmente enamorada de él había deseado poder por lo menos, una sola vez, poder besar esos labios, había sido una fantasía insistente y recurrente para ella siempre y finalmente había pasado, no sabía por que Dios le había permitido ese capricho, pero lo había hecho y no iba a quejarse por ello.
No, no iba a quejarse lo que se preguntaba ahora era: ¿Qué es lo que iba a pasar?, ¿Cómo podría mirar a Cole a los ojos después de lo que había hecho?
Sí, ella sabía que en la lógica de "¿Qué tiene de malo salir con un amigo al museo?" había un error enorme, pero en su momento no lo había visto o quizá no lo había querido ver.
Aun recostada en la cama miró el techo blanco sobre ella y se hizo una pregunta aun más grande… ¿Cómo es que iba a ver a Adrien a los ojos después de lo que había pasado?
Paso diez largos y tortuosos minutos mirando el techo de su habitación haciendo preguntas que no parecían tener una respuesta aparente y finalmente se dio por vencida. Se levantó de su lecho y se puso en movimiento, tenía una colada que echar, un departamento que limpiar y un par de deberes que tenían que tener una ultima revisión y las 5 de la mañana parecía tan buena hora como cualquiera para empezar.
[…]
— Vaya pastorcita que mala cara tienes, ¿Tuviste una mala noche?
Marinette miró a Cole que venía detrás de ella con los acostumbrados vasos llenos de delicioso café y trato de sonreír, pero no veía como podría sacar al menos una sonrisa de circunstancias.
— Buenos días Cole – lo saludó con la molesta sensación de la culpa cayendo pesada dentro de ella.
— Buenos días pastorcita – dijo y fue para darle un beso de buenos días, pero ella echó el rostro atrás.
— Creo que pesque un resfrió – dijo la chica con velocidad – ayer salí a hacer un par de deberes y me quede bajo la lluvia y no me gustaría contagiarte el virus.
— Nunca te lo he dicho. Los Jordan… – dijo él con una amplia sonrisa – somos terriblemente resistentes.
Cole se aproximó de nuevo a ella y puso un beso dulce y delicado en sus labios. Marinette trató de relajarse todo lo posible para que él no encontrara nada malo en ella y casi pudo disfrutar del beso, de algún modo que su novio la besara ahora parecía borrar el anterior beso – aunque francamente solo muy débilmente, el beso de Adrien había sido legendario – cuando se separó de ella casi pudo sonreír.
— Buenos días.
Marinette llevó una mano rápido a su espalda y cerró el puño con fuerza, miró a la persona que los había saludado y por supuesto tenía que ser Adrien, ella casi quiso darse un bofetón a sí misma. Ahora no solo le estaba siendo infiel a Cole sino también a Adrien, ¿Había una forma en que las cosas se pudieran poner peor? "Sí, si Adrien le dice en este momento a Cole lo que paso ayer en la noche"
— Buenos días, Adrien – lo saludó Marinette sin poder sentirse peor.
— Buen día, Agreste – saludó Cole al mismo tiempo sin soltar a su novia que tenía sostenida de la cintura.
— Marinette, Jordan – respondió el joven.
Y el chico entró tan taciturno como lo había hecho siempre, como si no hubiera pasado nada entre ellos dos y eso le llenó de pesar el corazón. Adrien necesitaba tanto confiar en alguien, y simplemente Marinette se sentía como una traidora… de nuevo.
— Tu amigo luce raro – dijo de pronto Cole.
— ¿Raro? – preguntó ella con curiosidad.
— Cuando nos vio fue… — se interrumpió a si mismo considerándolo – bueno quizá fue ese celo de hermano mayor, ustedes se han estado llevando muy bien últimamente, quizá empezare a caerle mal por acaparar tanto tu atención.
— ¡No!, ¡Adrien no…! – de pronto guardó silencio, no deseaba decir nada más, sabía lo que Adrien debía haber sentido exactamente y decirle más mentiras a Cole no era correcto – bueno últimamente pienso que ni siquiera yo lo conozco.
— ¿Estas segura que estas bien? – dijo su novio preocupado – si quieres podemos ir a la enfermería y que te dejen ir a casa.
— No — dudaba que el descanso ayudara en algo a mejorar su ánimo — hoy hay examen de historia y me esforcé mucho por terminar las ecuaciones de álgebra, no me voy sin que me las califiquen.
— Bien, pero si veo que sigues mal yo mismo te llevare sobre mi espalda hasta el hospital más cercano.
Marinette sonrió y recibió su café caliente mientras Cole la tomaba de la cintura y caminaban al aula para empezar las clases, se concentraría, sacaría a Adrien de su cabeza por toda la mañana y después hablaría con él, le debía respuestas y las obtendría.
[…]
Adrien arrojó su mochila contra el piso del baño con todas sus fuerzas y se reclinó en un lavabo con deseos de arrancarlo de la pared y también tirarlo lejos.
¡La estaba besando! Después de lo que los dos había pasado el día anterior, ese beso lleno de ternura y entrega y lo primero que ella había hecho era ir con su flamante novio y dejarlo que la besara y se veía contenta y satisfecha después de eso.
Abrió un grifo y ahuecó el agua para mojarse el rostro, tratando de calmarse, el día anterior había sentido que había dado un enorme paso con ella, había estado tan accesible y entregada que lo había atribuido a un verdadero sentimiento.
Se quedó en esa misma posición por un par de minutos respirando profundamente, debía mantener la mente clara, era él quien después de todo no estaba jugando limpio, estaba robándole la novia a un chico y no iba a ser sencillo, Marinette tenía un sentido del honor alto. Ella era la novia de Jordan y como tal no era extraño que permitiera que la besara, quizá incluso le tenía cariño y trataba de aferrarse a ello, pero él podía ofrecerle algo más grande y ella lo notaria.
Se sacudió el agua del cabello y recogió su mochila, su calculadora seguro había quedado hecha trizas, pero no le daría importancia. Salió del sanitario y se dirigió a su salón.
[…]
Cuando paso a un lado de la orilla del canal y las primeras luces empezaron a encenderse mientras el jazz se escuchaba alto, Marinette tuvo que hacer un auténtico esfuerzo por recordar que ya no estaba en París.
Navigli era uno de los distritos en Milan más queridos y visitados por los turistas, con sus puentes centenarios, sus destartalados botes rojos sobre el manto del canal verdoso, restaurantes, bares, música, turistas, casi le daba la sensación que en algún momento el bote giraría y estaría viendo frente a ella Notre dame. Y quizá con suerte vería la figura de un gato negro de pie sobre una de las milenarias gárgolas.
- ¿Estas seguras que te encuentras bien, princesa? Hoy te he visto, quizá ¿apagada?
Marinette no pudo evitar quedarse solo en silencio mirando a su novio.
Princesa…
La última vez que Chat Noir la había llamado lo había encontrado solo mirando la nada desde su balcón, algo que su compañero solía hacer a menudo a veces tan silenciosamente que el único motivo por el que notaba que estaba allí era por que otros gatos empezaban a protestar por su presencia. El gato negro solía decir que había una vista hermosa desde su balcón y que solo le gustaba estar allí, que esperaba no ser una molestia. A veces lo dejaba allí solo, pero un par de ocasiones había subido con una taza de café y habían mirado la noche juntos, no solían hablar mucho, solo les gustaba estar juntos.
Tikki siempre decía que las almas gemelas, se sentían felices juntas y por ello se buscaban aun inconscientemente. Cuanto tiempo había pensado que ella solo exageraba.
- Te importaría no llamarme así – dijo sin poderse detener – es que…
- ¿Es que?
- Un… un amigo muy querido me llamaba así, y yo… no creo volverlo a ver. Solo desearía poder conservar ese recuerdo.
- Dejare mi marca entonces, pastorcita.
Marinette sonrió, no estuvo segura si era una sonrisa sincera o solo lo hizo para que Cole no se sintiera incómodo. El chico la rodeó por la espalda y juntos miraron la orilla llena de luz. Cole empezó a hablar de Venecia sus canales y su propia mente fue a la deriva escuchando su voz.
La chica abrazó los brazos del chico que la sostenía pensando en cuan infiel se puede ser con el pensamiento, allí estaba ella rodeada por el calor del chico que debería monopolizar sus pensamientos, pero allí estaban los otros dos chicos que siempre habían estado.
Chat Noir que era un fantasma de su pesado que quizá nunca podría olvidar, pero eso estaba bien. Y Adrien que de nuevo era parte de su vida y que la tenía dividida en dos en partes iguales, una que estaba feliz de que siguiera allí y la otra que solo deseaba que se fuera, que la dejara avanzar.
- Creo que te llevare a casa. Disculpa por pedirte venir aquí, solo que realmente te extrañe.
- Yo también te extrañe y realmente quería conocer este lugar, me recuerda mucho a París. Lo siento Cole, la verdad es que no me siento demasiado bien hoy.
- Segura que debes ir aun a trabajar. Deberías llamar a tu jefe y decirle que estás enferma.
- Solo pasare una hora o dos para ayudarlo con el inventario, hoy el café no estará abierto al público. Iré directa a casa, me tomare una aspirina y un baño caliente y mañana estaré como nueva.
- Si quieres podría llamar un médico que…
- Estoy bien Cole – dijo escondiéndose en su pecho, disfrutando de la fina colonia que usaba que tenía un acento cítrico muy agradable – solo disfruta este momento conmigo ¿sí?
Cole la rodeó con sus brazos y Marinette deseó egoístamente que al menos para Cole ella si fuera la única en sus pensamientos ya que ella no podía hacer lo mismo. Cuando entendiera eso, cuando pudiera apreciar la belleza de eso, la chica quería tener fe y pensar que eso alejaría los fantasmas de su pensamiento para llenarlos de él.
[…]
Eran solo las 10:30 cuando salió del restaurante de Charly. Su jefe la había regañado por ir a trabajar con claramente el inicio de un buen resfriado, pero ella había ido decidida a terminar el inventario para poder trabajar normalmente al día siguiente. Marinette estaba desesperada por que todo volviera a la normalidad que ella quería.
Pero, el destino tiene su propio camino.
— Marinette…
Marinette volteó esperando ver a Charly detrás de ella diciéndole que había olvidado algo, pero no, casi se soltó a llorar en ese momento de la pura tensión nerviosa.
— Adrien.
— ¿Estás bien? – dijo preocupado, la chica lucía pálida.
— No, Adrien no estoy bien – dijo con pesadez y casi al mismo tiempo cayendo sobre sus rodillas.
— ¡Dios, Marinette!
Adrien la alcanzó tan rápido como pudo y la levantó en brazos, su departamento estaba muy cerca así que solo la sostuvo fuerte y la llevó en brazos todo el camino.
— Bajadme.
— Ni de broma Marinette – dijo el inquieto – tienes fiebre, ¿Cabe la posibilidad de que tengas antibióticos en tu apartamento?
— Papá es muy aprensivo.
— Me alegra.
La chica solo hundió su cabeza en su pecho y dejó la que llevara como si fuera la cosa más natural y fácil por hacer, no supo cuanto tiempo pasó, pero pronto llegaron frente a su edificio y subieron las escaleras con discreción.
— Eres más fuerte de lo que creí – dijo con una sonrisa.
— ¿Dónde están tus llaves? – preguntó.
— En mi pantalón, solo déjame…
Pero no la dejó seguir, él mismo buscó dentro de sus bolsas y encontró el llavero con una sola llave, pronto abrió la puerta y entraron los dos al departamento, todo estaba limpio y ordenado se podía oler incluso el suavizarte de ropa de la colada sobre la pequeña mesa de el comedor minúsculo. Avanzó hasta ponerla en su cama.
— ¿Donde esta?
— En el baño.
Adrien se abrió paso al pequeño baño donde todo estaba igualmente ordenado, ella era pulcra en realidad. Buscó detrás del espejo donde imaginó que estarían los medicamento y los halló, un tubo amarillo con el rotulo brillante de antibiótico, llenó un vaso de agua y se lo llevó todo, la chica estaba intentando abrirse la blusa, pudo ver parte del encaje negro de su sostén.
— ¡Detente! – dijo algo apenado y alarmado.
— Tengo mucho calor.
— Con esto pasara pronto – dijo obligándola a tomar la medicina – esto es mi culpa, no debí hacer que te mojaras ayer.
— Lo que hicimos ayer fue lo más divertido que he hecho en meses, Adrien – dijo un poco somnolienta – no me lo hubiera perdido por nada.
— De todos modos, lo lamento – se disculpó al verla tan enferma.
— En realidad… lo que pasó ayer ha sido inolvidable – dijo la chica con sinceridad — aunque me he sentido tan mal también por eso.
— ¿Mal?
— Cole… no se merece que le haga esto.
— ¿Tú lo amas Marinette?
— No – dijo la chica – solo me he enamorado una sola vez en mi vida, aprecio a Cole y es tan divertido y amable y tan guapo, pero no lo amo. Me fui a enamorar de un chico maravilloso e imposible como tú.
Adrien se quedó quieto allí sin saber responder.
— Pero no puedo estar contigo – siguió la chica – se supone que te he dejado atrás, igual que a él.
— Bueno, no puedes dejarme atrás si estoy aquí ¿verdad?
— Debí decírtelo, al menos no nos habríamos separado para siempre – las lágrimas empezaron a amontonarse en las comisuras de sus ojos — y te extraño, todos los días te extraño.
— ¿Qué debiste decirme?
— Debes odiarme en este momento, debes pensar lo peor de mí, lo siento.
La chica cerró los ojos y como solo los infantes de tres años hacen, se quedo profundamente dormida, para la consternación de Adrien. No estaba realmente seguro si era lo mejor quedarse dormida cuando la fiebre te hace tener alucinaciones, o al menos solo así explicaba eso tan extraño que había dicho. La cubrió con una suave manta y se sentó a su lado, no pensaba irse hasta estar seguro que estaba por completo bien.
¿Qué podía haber hecho ella para que la odiase? No, no había nada que ella pudiera haber hecho, sin importar que fuera no la iba a odiar, porque después de todo, estaba ya empezando a amarla.
Amarla… pensó de verdad sorprendido cuando cayó en cuenta de que eso es exactamente lo que sentía, nunca se imaginó que algo así le ocurriera a él, pero sabía exactamente que camino seguir, la amaría, la amaría bien.
Fin capítulo 9
11 de julio de 2019
12.24 a.m.
Tata
Mimi chan
