Ok, esta es la segunda parte del update de este año ¬.¬, bueno, no, necesito publicar más seguido la historia. Ya me pongo a ello. Denme zapes!
Disclaimer: No tengo propiedad sobre YoI! Pero amo a los personajes y me los robo para este remedo de historia
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Afuera del cuarto del Omega las personas comenzaban a poder respirar y levantarse. En cuanto el chico entró en estado de fuga sus feromonas se cortaron de manera abrupta y la gente sintió el vacío que quedaba. Por un momento perdieron los sentidos. Se sentían abrumados y con dificultad para reconocer dónde estaban y quiénes eran.
Las feromonas permanecían suspendidas en el aire de la planta donde se encontraban pero ya no les impedían trabajar. Ya no eran tan apremiantes.
Viktor hacía sus rondas desesperado por información de Yuuri. No podía quedarse afuera de su cuarto aunque quería, y las feromonas que le llegaban lo estaban volviendo loco. Eran de una desesperación tal que su lobo interno lloraba de rabia y de dolor al mismo tiempo. No podía concentrarse bien y no quería que su falta de control afectara a sus otros pacientes. Qué había pasado para que el Omega se pusiera de esa manera?
Una llamada por el intercomunicador lo asustó.
- Sí?
- Qué demonios pasó, Viktor?
- Eh?
- No me digas, "eh?", a mí, Señor! Serás muy doctor del Góbuz pero no me vas a decir nada más "Eh?" como tonto. Qué estabas haciendo con Yuuri? Necesito saber exactamente todas y cada una de las palabras que se dijeron justo antes de que me llamaras. Qué fue lo que sucedió?
Viktor le contó a la doctora lo que recordaba.
- En serio, Nina, no estoy seguro, dijo que estaba feliz por su trabajo y que no quería ir conmigo por que era su primer trabajo de verdad y nunca había tenido uno y de repente se puso así.
-Eso es todo? Estás seguro?
- Sí!
- Mierda! Te llamo.
Le colgaron a Viktor dejándolo más desesperado que antes de la llamada.
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- Yuuri, aquí sigo contigo, no me voy a ir, la llamada que hice hace un momento y que estoy segura de que oíste a través de tu estado de fuga fue al doctor Nikiforov. Esperaba que la llamada te moviera del estado disociativo en el que te encuentras, pero al parecer no es así. – Suspiró. – Vamos a tener que enfrentar esto de una manera diferente.
La respiración del Omega seguía siendo profunda y pausada. Sus ojos vacíos. Un escalofrío invisible hizo que la piel de los brazos de Yuuri se pusieran de gallina. La doctora lo notó de inmediato.
- Yuuri? Alcanzas a escucharme? Estás conmigo?
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Veinte minutos después de que el Omega entrara en ese trance, Phichit y Yuri entraban en el Hospital, llevando comida y unas rosas para el chico.
- Por qué traes comida si les dan suficiente y deliciosa comida aquí? – le preguntó Phichit.
Le respondió con un gruñido.
Phichit mismo había pasado un par de semanas ahí mientras se reponía de la desnutrición.
– Y rosas. No hay que olvidar las rosas. Sabes que se nota a leguas que lo estás cortejando?
Otro gruñido.
- Y sabes que tu hermano está intentando desde el primer día que mi Yuuri…
- TU, YUURI? – el Alfa sonaba tan agraviado que Phichit estalló en risas en su cara.
Las feromonas del Alfa se hicieron acres mientras intentaba controlar su furia. No tenía sentido, tal vez, pero Yuuri no era del Beta, era suyo! Y lo peor es que mientras los demás podían olerlo y alejarse, el Beta estaba tan acostumbrado a vivir entre miles de feromonas que no le afectaban ni siquiera un poquito. Si eran muy fuertes las feromonas, incluso algunos Betas eran capaces de reaccionar, pero no, la suerte no le favorecía al rubio, este Beta era completamente inmune a sus ataques de celos.
- Pues claro que es mío! Ese cachorro también va a ser mío cuando nazca.
El Alfa se enfurruñó todavía más y las personas a su lado comenzaron a taparse la nariz mientras le daban miradas de soslayo porque podían oler sus celos. Haciendo que se sintiera culpable, el Alfa hizo que retrocedieran.
Phichit no era del todo inmune a las feromonas, sino que simplemente estaba acostumbrado a trabajar con muchas de ellas a la vez y tenía que aprender a distinguirlas, especialmente porque cada vez que uno de sus Omegas entraba en celo, llegaban Alfas de la Fábrica a querer aprovecharse de ellos o los que traían de fuera para procrear. No era algo agradable, así que se obligó a hacerse a sí mismo fuerte contra ellas. Cubrió con una sonrisa triste sus sentimientos. En realidad, ahora que estaba afuera encontraba muy divertido molestar al Alfa. Le gustaba como pareja para su amigo. Parecía completamente infatuado, era caballeroso, sabía escuchar, y se comportaba como un cachorro frente a su Yuuri. No era como su hermano, que trataba de forzarlo, suavemente, es cierto, pero sentía que intentaba imponer sus ideas sobre las de su Omega, y eso no iba a permitírselo a nadie.
Subieron lentamente hasta llegar al piso donde estaba Maternidad y apenas se abrieron las puertas Phichit salió corriendo como alma que llevaba el Diablo. Yuri tardó un poco en reaccionar, sorprendido del movimiento repentino del muchacho, pero echó a correr en cuanto olió el lugar, esas eran las feromonas de Yuuri, que estaban gritando de dolor, rabia e impotencia. Y miedo. El miedo más puro y profundo que el Alfa jamás había sentido.
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Phichit ya conocía a la Psiquiatra, pero no la había visto en acción. Era una lástima porque en ese momento no le importaba si era la Madre Teresa de Calcuta. Su amigo, su hermano, su cachorro, estaba pidiendo ayuda a gritos silenciosos. Y por eso había salido corriendo, había sentido la llamada de auxilio de Yuuri desde un par de pisos antes de llegar.
- Yuuri, Yuuri, estás bien? Yuuri? – El tailandés le tomó las manos, casi arrebatándolas de las de la psiquiatra. – Yuuri? Escúchame, soy yo, Phichit, ya estoy aquí. Él ya no está. No está, Yuuri, lo entiendes? Ya no está. – Abrazó a su amigo con fuerza y recargó la cabeza del asiático en su pecho, acunándolo mientras le acariciaba la cabeza. – Ya no está, Yuuri. No va a volver.
La doctora Kitamura estaba sorprendida de ver al moreno ahí, pero todavía le sorprendía más que al parecer, conociera a razón específica por la cual su paciente estaba en ese trance. Quiso preguntar qué pasaba, pero el chico rubio entró con prisa al cuarto, viendo sorprendido a Phichit abrazando a Yuuri.
Una furia ciega lo invadió y un gruñido gutural se abrió en su garganta, se preparó para atacar al tailandés.
- Yuri! No!
La doctora Kitamura lo detuvo de la cintura, inyectándole un supresor de feromonas de emergencia. No podía permitirse otro exabrupto. Como protocolo de seguridad del hospital, todos los doctores llevaban siempre supresores de celo y supresores de feromonas de emergencia consigo, pero no podía usarlo con el Omega preñado. Pero el rubio no lo estaba, así que podía hacer uso liberal de ellos. Siempre y cuando el sujeto aguantara los efectos secundarios… Pensándolo bien tal vez una segunda dosis del supresor no fuera tan buena idea…
El medicamento cumplió su objetivo y al cabo de un par de minutos los síntomas del ataque de feromonas del Alfa bajó de intensidad.
El Omega seguía con los ojos en el limbo lejano, sin comunicarse con nadie.
- Sssssh, Yuuri, sssssh. Calma, no está aquí. No está aquí, Yuuri.
El Alfa trató de entender lo que el tailandés decía con la cabeza medio nublada todavía por los supresores. Quién no estaba?
- Ya no puede hacerte daño, Yuuri, ssssh, no tengas miedo. Ya escapaste. No puede alcanzarte aquí.
No podía hacerle daño? Ah, claro, daño, él estaba enojado porque Phichit estaba cerca de Yuuri cuando estaba con miedo de que alguien les hiciera daño. Sacudió la cabeza para despejarse, mientras se acercaba al Omega también para abrazarlo, estaba atontado, pero no lo suficiente como para permitir que sufriera, así que con las pocas feromonas que podía liberar en ese momento, trató de cubrir al Omega para que no tuviera miedo.
La psiquiatra tomaba notas mentales de todo lo sucedido y sonrió suavemente. Estaba segura de que el asiático regresaría de estado de fuga pronto, pero todavía no lograba comprender de qué hablaba el tailandés y por qué era algo tan específico en sus palabras. Ya habría pasado antes por lo mismo?
Ahora lo importante era ayudarle al chico poco a poco a recobrar la consciencia.
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Una hora había pasado ya y la doctora estaba a punto de ordenar un internamiento en el área psiquiátrica para el Omega.
- Yuri. Yuri. Escúchame. – la doctora se acercó a hablarle al Alfa. – Tu hermano me dijo que estaban hablando antes de cómo le gustaba poder trabajar contigo, dijo que era fuente de felicidad para él. Hay alguna manera de que eso le causara alguna ansiedad? No por lo que me dijo tu hermano, pero creí oportuno preguntarte.
Entre su miedo por el Omega, Yuri se sintió un poco feliz de saber que el poder trabajar era una fuente de soporte emocional para su Yuuri.
- No que yo sepa, tiene poco de estar traduciendo para la estación, hará cosa de un mes y entre los dos trabajan bastante rápido y son efectivos. Alguna otra cosa de la que estuvieran hablando?
- Le estaba recordando que tiene la oferta de trabajo al lado de tu Padre en su casa, y él comentaba que quería seguir traduciendo…
- No me gusta tu hermano, niño Bonito, serás muy gato gruñón, pero tú no obligas a Yuuri a hacer nada que no quiera hacer.
- Obligarlo? Cómo?
El tailandés suspiró.
- De verdad no te das cuenta? Le hace comentarios con su voz amable y esa sonrisa tonta. Y vaya que es un Adonis, pero le remarca las cosas y trata de guiarlo por sus decisiones como si fuera un niño, y tuvieran que decidir en su lugar. Es muy dulce y amable, y seductor, pero no me gusta. Y menos me gusta cómo trata a mi Yuuri.
- Cree que eso le haya afectado, doctora? – Se volteó el rubio hacia la psiquiatra.
- No estoy segura. Creo que tiene que ver con lo del trabajo. Dijo que era la primera vez que tenía un trabajo de verdad, y según tu hermano fue cuando empezó el episodio.
- Es bueno hablar de Yuuri en estos momentos? No es como si no pudiera escucharnos.
- Oh, claro que nos oye, pero no nos escucha en estos momentos. Verás, este es algo que se llama estado disociativo, es decir, cuando la persona tiene una angustia tan tremenda que no puede aguantarla, su mente y su cuerpo se desconectan. La mente se refugia en un espacio seguro dentro de su cerebro donde oye, pero no de manera activa, es decir, no escucha, así que las cosas que pasan en el exterior no le afectan. La ansiedad clínica no es tan fácil como todos la quieren hacer aparentar. No pueden "respirar profundo y calmarse". No pueden "dejar de preocuparse por cosas que ni al caso". No pueden "olvidarse de esas cosas que nada más ellos piensan". Ni dejar de lado "esos sentimientos exagerados". Para una persona con ansiedad, una idea, un pensamiento se puede hacer realidad, es como tener una fobia pero presente todo el tiempo y sin descanso, están en un estado de híper alerta y su cerebro y cuerpo responden a ese pensamiento como si fuera un ataque en el mundo real y no en su cabeza. El problema en este momento es que en ese estado disociativo, su mente está encerrada en sí misma… por algo que su propia mente está causando. No va a recobrar la consciencia a menos que sepamos por qué entró en ella o Yuuri decida dejarlo salir. Por eso es muy importante conocer lo que está detrás del síntoma, porque no podemos trabajar si no tenemos una razón de la cual pasa. Sin una línea de vida, no puedo hacer una intervención de emergencia para sacarlo de ese estado de manera rápida. Algunas veces en la fuga pueden quedarse horas, días, Dios, hasta años enteros o la psique se quiebra por completo. Y no quiero perder a mi paciente. Lo único que tengo para hablar es la referencia a que tiene por fin su primer trabajo.
- No es su primero trabajo.
Los otros dos voltearon a ver al tailandés, quien tenía lágrimas en los ojos.
- No es su primer trabajo, pero sí el primero de verdad.
El rubio entendió de inmediato y las feromonas de dolor de un Alfa cubrieron la habitación mientras le quitaba al Omega de los brazos a Phichit y lo acunaba a él y a su bebé, acariciándolo desde los cabellos hasta el vientre y su mano.
- Nunca voy a dejar que vuelvan a hacerte daño, Yuuri. Jamás van a volver a dañarte mientras esté a tu lado. No vuelvas a irte del mío, por favor. Quédate conmigo, Yuuri.
Las palabras dulces y caricias tanto físicas como de feromonas que el Alfa le brindaba al Omega poco a poco derritieron la mirada de hielo del segundo, su expresión facial y su respiración empezaron a cambiar de manera sutil pero sostenida. Se llevó las manos a la cabeza de manera aletargada, parpadeó varias veces sin enfocar en un lugar específico y parecía que intentaba salir de una piscina de lodo, así de lentos eran sus movimientos. Tras otros tantos minutos, Yuuri por fin pareció recobrar la consciencia. El rubio no lo soltaba todavía, y el tailandés se encontraba a su lado susurrándole palabras en tagalog.
- Yuuri? Recuerdas tus datos? Yuuri?
La doctora le hizo una revisión rápida de marcadores neurológicos. Corroborando que ya se encontraba consciente y en tiempo y lugar.
- Puedes decirme dónde estabas?
- Estaba? No entiendo. No lo sé. No recuerdo muy bien. Estaba hablando con Viktor, y después escuché… No recuerdo pero… Argh!
- Yuuri?
La voz del Omega se estranguló del dolor.
- Mi cachorro…
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Y terminamos con esta actualización. Ya pueden golpearme por haberme tardado tanto en haber actualizado. Si alguien todavía lee esta historia espero que les agrade lo que hago y si no, pues ni modo XD. Besos. M. Meow, off.
