Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor pertenecen a CLAMP
Cerezo Agridulce
Capítulo décimo primero.
Fantasmas.
(Shaoran)
Estaba viendo hacia el techo de la habitación, meciéndome lentamente en la silla reclinable de mi viejo escritorio.
Ieran todavía no hacía acto de aparición, a pesar de que ya eran pasadas de las nueve de la noche.
Suponía que su trabajo esclavizante y lleno de ocupaciones aun no la dejaba respirar tranquilamente, aunque no me era de extrañar que se hubiese quedado hasta más tarde en la oficina, por voluntad propia. Ieran era algo así como una workaholic, a la que no le importaba excederse, con tal de tener satisfechos a los imbéciles que tenía por jefes y que no reparaban en molestar día y noche con peticiones absurdas.
Y no era que yo deseara que las cosas fueran de esa forma todo el tiempo. Estaba claro para mí que ya tenía la edad suficiente como para trabajar y hacerme cargo de algunos gastos de casa, realizando otro tipo de actividades productivas además de tomar clases y quejarme de todo lo que me rodeaba la mayor parte del tiempo.
Eso ultimo no era tan productivo como mi mente quería hacerme creer, de hecho, no se trataba de una actividad favorable en lo absoluto, pero desde mi llegada a Tomoeda, las cosas habían ido de mal en peor y he de decir que jamás, dentro de todas las malditas mudanzas y el tiempo que llevaba siendo un nómada en compañía de mi madre, me había visto envuelto en situaciones similares, que incluían a un imbécil como Igarashi jodiendo todo el rato y a una Sakura Kinomoto que le daba mil giros a la historia.
El problema, tal vez, estaba más enfocado en la presencia de esa niña de ojos verdes...
Eran momentos muy pequeños, en los que creía que se trataba de otra persona con la que hablaba y no la misma chica castaña de mirada dulce y sonrisa amable, que le gustaba ayudar a toda persona con la que se cruzase y lo necesitara. Dentro de todo ese paquete de aparente ternura, había algo escondido, algún tipo de secreto oculto que ella misma parecía querer mantener lejos de las miradas de la gente.
Y era ahí cuando entraba yo, porque se suponía que nada de eso debería importarme, ni siquiera tendría que pensarlo, porque era la clase de cosas que dejaba pasar, igual que los detalles y el resto de cosas que envolvieran a personas como Kinomoto.
Y, sin embargo, me importaba.
De algún modo, desde mi platica con Sakura durante el absurdo festival del templo, había logrado mover algo dentro de mí, consiguiendo que yo me mantuviera interesado en ella, no sólo porque era mi compañera en el asunto de las patéticas terapias y la hija del doctor Kinomoto, también porque estaba claro que algo escondía y era eso, además de su personalidad tan abstracta, lo que no me dejaba alejarme del todo y nos llevaba hasta este punto de la historia, donde yo la analizaba detenidamente y hacia mil esfuerzos por tratarla de una manera más... amable.
Prueba estaba en lo de hoy.
No podía decir que estaba pasando desapercibido que me le hubiera acercado de un modo nada usual en mí. El contacto físico con otras personas no era algo que me encantara y mucho menos cuando se trataba de mujeres, generalmente me mantenía apartado de ellas de tal modo que me les acercaba sólo cuando era necesario y en este caso no existía ninguna de las premisas anteriores.
Pero el hecho de que Sakura reaccionara de la manera en la que lo hacía, poniéndose nerviosa y haciendo mil muecas de incomodidad, me causaba la misma satisfacción que si hubiera ganado mil batallas, por el simple hecho de que en esos momentos era cuando yo tenía el control de todo y recuperaba ese poder que creía haber perdido desde que Kinomoto se había inmiscuido en mi vida.
Era tan extraño lo que me pasaba con ella, pero a la vez me resultaba tan estimulante, que justo ahora no podía hacer más que sonreírme internamente por la victoria y esperar tener esos mismos resultados una y otra vez.
¿Qué reacciones tan diferentes podía provocar yo en Sakura Kinomoto?
Buena pregunta…
—Aun sigues despierto —me sobresalté un poco al escuchar una voz femenina llamándome desde el umbral de la puerta de mi habitación. Ieran estaba de pie, viéndome de forma atenta, con los brazos cruzados a la altura del pecho y una cara de cansancio extremo—. Mañana tienes que ir al instituto, deberías estar dormido.
—Estaba esperándote, aunque no parezca me preocupa que no llegues a dormir —repliqué, levantándome de la silla en la que estaba sentado—. Sea como sea, a partir de mañana estaré llegando más o menos a esta hora.
—Ajá, ¿por qué razón?
—Conseguí un trabajo de medio tiempo —no esperaba decir la noticia de ese modo, de hecho, quería hablarlo de una mejor forma antes de soltar toda la información, pero era bastante poco el tiempo que tenía yo para hablar con Ieran y no solía encontrar buenos momentos para entablar una conversación decente con ella.
—¿Trabajo de medio tiempo? —preguntó, observándome muy intrigada, como si la noticia reciente le hubiera causado un shock tremendo, tanto como para dejarla completamente inmovilizada, pasmada, exactamente igual que si fuera un maniquí viviente.
—Sí, mamá, conseguí un trabajo en la librería del centro, como asistente —al ver que no se movía ni decía nada, puse los ojos en blanco y me llevé las manos a la cara—. ¿Ahora qué?
—No, nada —respondió con simpleza y yo bufé, hastiado—. Es sólo que se me hace muy raro que quieras trabajar, cuando nunca lo has hecho antes y ni siquiera me hablaste previamente de tus planes, ¿te sientes bien?
—Sí, me siento bien y se supone que es ahora cuando me dices que te da gusto que deje de meterme en tantos problemas —repliqué, sarcástico—. Es lo que querías ¿no?, que me detuviera en darte dolores de cabeza e hiciera algo de provecho con mi vida.
—Más que una buena noticia, parece otro más de tus reproches, Xiao Lang —señaló, luego de cruzarse de brazos—. Pero igual me alegra bastante que quieras obtener algo de dinero extra, aunque no sé si ese ingreso vas a utilizarlo para algo que te beneficie realmente.
—¿Y eso qué quiere decir? —pregunté, al tiempo que me enderezaba en mi puesto y la observaba intensamente—. No pretendo drogarme ni comprar cocaína, si es lo que estas insinuando.
—Nunca dije nada de eso —respondió, con serenidad, pero yo ya estaba comenzando a exaltarme—. No puedes exigir que piense de ti de otra manera, cuando todo el tiempo estás metiéndote en problemas y te he tenido que sacar de la estación de policía en varias ocasiones.
—Dejaría de representar un problema, si nos quedáramos en un maldito lugar definido y no estuviéramos mudándonos, cada que los imbéciles de tus jefes lo dicen.
—¡Xiao Lang Li!
—Es la verdad —espeté, levantando el tono de voz, poniéndome de pie y observándola fijamente, con ira—. Estoy harto de las malditas mudanzas, harto de las malditas terapias con el loquero, de la maldita gente de Tomoeda y de que cada vez que intento darte gusto con algo me taches de delincuente.
—El día que dejes de comportarte como uno, entonces dejare de pensar que todo cuanto haces es para ponerte en riesgo —acusó—. Yo también estoy cansada Xiao Lang, cansada de preocuparme en exceso por cada ocasión en que te metes en problemas, cansada del trabajo y de que no me ayudes a que la carga sea menos pesada.
—Si eso es lo que piensas me parece bien —dije, apartando la silla que estaba tras de mí, de una patada—. Voy a dejar de darte problemas entonces y me voy a largar en cuanto pueda —Ieran no dijo nada después de eso y yo le di la espalda esperando a que se fuera de mi habitación, pese a que sabía internamente que estaba haciendo todo mal.
—Puedes hacer lo que quieras Xiao Lang —dijo de pronto—. Así como tus hermanas, todos son libres de hacer lo que quieran —Ieran se fue, cerrando la puerta lentamente y hasta ese momento pude tomar conciencia de lo que mis palabras habían significado para mi madre.
Un montón de flashbacks y recuerdos del pasado comenzaron a llegar a mi memoria e instintivamente tuve el impulso de salir de la habitación, para disculparme con ella.
Sin embargo, tenía muchísimo orgullo guardado, porque desde hacía mucho tiempo que me sentía furioso con todo, con la vida que llevábamos, con su trabajo, con la manera que tenía de echarme en cara todo cuanto podía, con las terapias, con el estúpido imbécil que me había metido en ese maldito dilema, con los habitantes de Tomoeda, con Sakura Kinomoto e incluso con la vida misma.
Desde la muerte de mi padre las cosas en nuestra familia se habían jodido irremediablemente.
La fortuna por la que él tanto había trabajado se vino a pique, las deudas que dejó absorbieron lo poco que quedaba y la herencia fue un motivo de disputa constante, que sirvió solo para darnos más problemas innecesarios. Ieran se tuvo que hacer cargo de todo poco después y yo me quedé solo con ella, cuando a mis cuatro hermanas mayores se les ocurrió tomar su dinero y escapar hacia otro rumbo distinto, sin dar explicaciones o decir nada.
Como unas malditas cobardes…
Y tenía bien claro que ese suceso seguía doliéndole a Ieran igual que una puñalada en el corazón, pero yo tampoco la había tenido fácil desde entonces y era eso lo que ni ella ni nadie entendía.
Tuve que hacerme a la idea de que mi padre se había ido, que una de las personas que más admiraba en la vida ya no estaría nunca más, mientras nuestra vida se desmoronaba lentamente y soportaba las malditas burlas de la gente descerebrada de afuera.
Muchas veces tuve que aguantar en silencio los estúpidos comentarios ofensivos hacia mi familia, hacia mi madre, hacia mi e inclusive hacia mi difunto padre. La gente nunca se cansaba de murmurar contra el apellido Li, escupiendo cuanta mierda se les ocurriera y en el instituto de Hong Kong las cosas eran todavía peores. Varios de mis compañeros de clase esparcieron rumores sobre trasfondos absurdos, muchos de esos cuentos decían que Ieran había engañado a mi padre y que por eso se había suicidado, otros más hablaban sobre un supuesto ajuste de cuentas y el resto se concretaba en decir que simplemente nos había abandonado a nuestra suerte.
Cuando lo único que realmente pasó, es que mi padre estaba enfermo del corazón…
Era por eso que no me podía fiar de nadie, porque desde entonces había descubierto lo hijos de puta que pueden ser algunos y lo poco que les importa a las personas el que estés pasando por un momento difícil. El mundo se regía bajo la ley del egoísmo, donde cada quien ve por sus propios intereses y es obsoleto ayudar a otros de forma desinteresada, pues todo tiene un precio a pagar y muchas veces tienes que devolver el favor, de una u otra manera.
Era por eso que la forma de ser de Sakura había chocado tanto conmigo en un inicio, porque no me creía su faceta de buena persona e incluso ahora me seguía pareciendo difícil admitir que Kinomoto tenía una personalidad que salía de la regla general, que era distinta a todos, abnegada, buena y hasta ingenua en ocasiones.
Me recosté sobre la cama, sin saber exactamente que hacer o que pensar.
Todo se estaba complicando más de la cuenta.
(Sakura)
—Cada día te superas más a ti misma —Tomoyo dio un par de aplausos al ver la charola plateada que sostenía pequeñas trufas de chocolate y unas cuantas galletas de jengibre con forma de animalitos. La clase optativa de cocina estaba cerca de acabar y aunque todavía nos quedaban treinta y cinco minutos, yo ya había conseguido terminar con mis preparaciones del día y solo restaba decorar.
Era tan feliz…
No me consideraba buena cocinando y aunque tampoco me podía catalogar a mí misma como un desastre, siempre había querido mejorar mis habilidades, a tal punto que pudieran ser semejantes a las de mi padre Fujitaka. Él había nacido con un don extraordinario para preparar deliciosos platillos que fácilmente podrían ser la envidia de cualquier chef de nuestro país y aunque recibía sus enseñanzas cuando se trataba de cocinar, muchas veces me era imposible imitar el sabor y textura de su comida tan perfecta.
Pero en esta ocasión había conseguido un trabajo excelente durante la clase especial de repostería y Tomoyo a mi lado se veía tan o incluso más orgullosa de lo que ya me sentía yo por conseguir tal logro.
—He estado practicando en estos días —le dije, sonriendo en el acto—. A pesar de que papá no ha podido ayudarme recientemente.
—Me da mucho gusto saber que cada día te esfuerzas por ser mejor, además de que te mantienes algo ocupada y piensas en otra cosa distinta a los problemas de siempre.
—Ehm… sobre eso —le hice un par de señas a Tomoyo para que se acercará un poco. No quería que nuestras compañeras alrededor se enteraran de lo que estaba por decir—. El viernes por la tarde el director llamó a Shaoran para decirle algo sobre un anónimo, al parecer quieren inculparnos por molestar a alumnos después de clases.
—¿Qué dices? —susurró Daidouji, con espanto—. Diría que estoy sorprendida, pero no creo que tenga que adivinar quien pudo haber sido, está más que claro que Igarashi anda detrás de todo ese asunto.
—No estamos seguros, pero si, es muy probable —respondí, alejándome un poco y acomodándome el mandil blanco que era parte de mi uniforme—. Dudo mucho que alguien más en el instituto quiera arruinarme a mí y a Shaoran de esa manera, además de que…
—De, ¿qué? —iba a contarle sobre la sarta de tonterías que había escuchado de parte de Hayato poco después. Las cosas repugnantes y ofensivas que había dicho sobre su aspecto físico, el mío y sus frustraciones absurdas respecto a nunca obtener una afirmativa de mi parte para sus tontas citas degeneradas. Sin embargo, el recuerdo de lo ocurrido en la biblioteca llegó a mi cerebro como bala y las palabras murieron poco después en mi garganta.
Y es que todavía no podía quitarme esa imagen mental de la cabeza, la cercanía de Shaoran, mis emociones desbordadas, los pensamientos extraños y esa sensación tan particular, que no era capaz de describir.
No tenía la más remota idea de lo que sentía yo en esos momentos, estaba hecha un verdadero revoltijo.
—No, nada, estaba acordándome de cosas que no vienen al caso —dije, sin estar muy segura de confesarle a Tomoyo por todo lo que había estado pasando recientemente, creyendo que era mejor guardármelo de momento, solo hasta que tuviera la certeza de lo que realmente estaba sucediendo conmigo, sin caer en suposiciones que ella fácilmente podía sacar de contexto, yéndose por las ramas con pensamientos sobre que me gustara Shaoran o algo así.
Porque bueno, era absurdo.
Si, muy absurdo.
—Oye Sakura —vi a Tomoyo que, lejos de prestar atención a lo que acababa de decirle, su mente parecía enfocada en otra cosa muchísimo más interesante que mis palabras vagas. Su mirada amatista se desvió hacia la mesa de enfrente y haciendo un gesto con las manos, me indicó que prestara atención a lo que parecían estar hablando ahí.
—Ahora si vas a ser la envidia de todo el instituto Rei —escuché, de parte de esa chica cuyo nombre se me olvidaba bastante fácil, pero que, sin temor a equivocarme, era amiga íntima de Rei Tachibana, con quien compartíamos la clase de cocina y tenía su lugar frente al nuestro—. Así hasta me dan ganas de decirle a mi padre que me haré cargo de la panadería, si me consigo a un asistente como el tuyo, el esfuerzo valdrá la pena.
—Creo que a la que le gusta Shaoran Li es a ti —dijo Rei y yo me reí hipócritamente, haciendo un esfuerzo sobrehumano por disimular que, tanto Daidouji como yo, estábamos prestando bastante atención a su charla y no a mi charola repleta de galletas de jengibre y trufas de chocolate.
—Es muy guapo, pero queda más contigo, se ve que es de esos serios intelectuales que tanto llaman tu atención —volvió a decirle, mientras Tomoyo me miraba con interés y yo continuaba con mi sesión de sonrisas falsas—. Entre tantos libros viejos, el silencio, ya sabes, cualquier cosa podría pasar entre ustedes.
—Puede ser… —Tachibana soltó una risilla divertida poco después de su ultimo comentario, al mismo tiempo que yo dejaba caer una charola vacía que había tomado de la mesa, provocando un estruendo que asustó al par de chicas y provocó que mi amiga me mirara con curiosidad.
—Lo siento si las asusté, no era mi intención —me disculpé, con un tono de voz que pretendía ser dulce e inofensivo, pero que escondía mi profunda apatía por ese par y su conversación tan boba, llena de prejuicios y tonterías—. Saldré un momento Tomoyo, regreso enseguida —mi amiga asintió simplemente, sin preguntar nada, pero su cara me decía que sabía perfectamente lo mucho que me había incomodado la situación y la prisa que tenía por salir a tomar un poco de aire fresco, lejos de ese ambiente tan espantoso.
Ya en los pasillos, me recargué sobre una de las ventanas que daban a las canchas y suspiré una, dos, hasta tres veces…
Me estaba pasando lo mismo de hace unos días, cuando había escuchado a ese par hablando en la biblioteca. Tenía la misma sensación de indignación y ese ligero enojo que recorría mi cuerpo de pies a cabeza, muy similar al enfado provocado por una ofensa mayúscula.
Ya sabía yo que Rei se traía algo con Shaoran, lo supe desde el primer momento en que los vi hablando en el aula de clases. No tenías que ser un gran observador para darte cuenta que, detrás de la sonrisita amable de Tachibana, se escondían dobles intenciones, dirigidas hacia objetivos sentimentales.
En aquel momento había notado perfectamente como observaba a Shaoran con un interés bastante peculiar y el hecho de que se cruzara de piernas y jugueteara con su cabello de una forma aparentemente inocente, daba muchísimo que pensar al respecto. Por lo menos para mí estaba claro que, aunque no lo admitiera abiertamente y luchara por hacerse la fuerte ante los bobos comentarios de su amiga, Rei estaba interesada en Li de una forma distinta a la de solo quererlo como su asistente en la vieja librería de su padre.
La pregunta ahora era… ¿Shaoran sentiría lo mismo por ella?
—Como si eso fuera a pasar, por favor —una risa sarcástica salió de mis labios segundos después.
Pero, si fuera de otro modo, ¿qué tendría de malo?
Nada.
En realidad, no había nada de malo en que a Shaoran le gustara Rei Tachibana, era algo por lo demás normal y de ser así, significaría un avance muy notable en la terapia que estaba llevando con mi padre, pero…
¿Por qué yo seguía sintiéndome de ese modo?
Tan incomoda, tan negada. Aunque mi cerebro me decía que era algo absurdo pensarlo tanto, mis sentimientos seguían tumbando todo y se convertían en una maraña problemática que lo complicaba aún más, enredándome de tal modo que no podía terminar de entender que era lo que realmente estaba sintiendo y porque estaba actuando como una completa egoísta.
El objetivo siempre había sido que Shaoran estuviera bien y feliz, ¿qué no?
—Estoy actuando como una tonta —recargué mis mejillas sobre mis manos, inclinándome un poco hacia el frente, sintiendo como la brisa de afuera meneaba mi cabello dócilmente, permitiendo que me relajara un poco en cuanto a los pensamientos poco acertados que estaba teniendo.
Y entonces, un montón de gritos de emoción interrumpieron la poca tranquilidad que estaba comenzando a tener en mi interior, obligándome a mirar en la dirección de donde provenían y encontrándome con que se trataba del grupo de porristas y algunas otras chicas que, al parecer, estaban mal gastando su tiempo libre en observar la práctica del equipo de futbol soccer.
—Es cierto… —en ese momento llegó un recuerdo a mi cerebro y casi inmediatamente desvié mi atención hacia los chicos que estaban disputándose un partido de soccer amistoso, en una de las canchas libres del instituto.
El entrenador Yoshiyuki Terada estaba de pie cerca de las gradas, mirando el desempeño de sus estudiantes muy atentamente. Tenía los brazos cruzados y una sonrisita de satisfacción nada propia de él y no porque se tratará de una persona amargada por la vida, de las que no suelen sonreír casi nunca, más bien, era sabido por todos que el profesor Terada se tomaba muy en serio cualquier cosa que tuviera que ver con el equipo.
Pero esa sonrisa, denotaba que estaba demasiado contento con algo y en cuanto fijé mi mirada hacia el mismo punto en que él parecía estar viendo en esos momentos, me encontré con la posible causa de su espontanea alegría…
Eriol y Shaoran estaban prácticamente liderando el partido amistoso. Los dos se complementaban perfectamente al momento de realizar pases y elaborar jugadas complejas, complicándoles al resto de los participantes el poder adivinarlas o anticipar sus movimientos.
Parecía como si esos dos hubiesen estado jugando prácticamente toda la vida juntos. Ni siquiera hacía falta que se miraran por demasiado tiempo para coordinarse de una manera no antes vista por nadie. En un punto del juego, Eriol lanzó un pase directo a Li, que ya estaba muy cerca de la portería y, acto seguido, esquivando a todos sus oponentes de forma hábil y magistral, realizó la anotación final que terminaba por darle el gane a su equipo.
La multitud de chicas en las gradas estalló en gritos de emoción y alegría, pero yo solo pude levantar una ceja a modo de no entender que les causaba tanta euforia.
—¿Qué les parece tan emocionante? —me quejé—. La práctica no tiene nada de especial, es lo mismo de todas las semanas
—Quizás tenga que ver el hecho de que Li acaba de unirse al equipo hace apenas unas horas y, por lo que sé, con todo y su mal genio, tiene a varias admiradoras en todo el instituto —di un salto al escuchar la voz de Tomoyo a unos cuantos centímetros de mi oído izquierdo. Apartándome ligeramente de la ventana, voltee a mirarla con espanto, mientras trataba de calmar mi sobresaltado corazón, colocando una mano sobre mi pecho de forma dramática.
—Dios, que susto me has puesto Daidouji —le dije, pero en lugar de preocuparse por casi provocarme un paro cardiaco, Tomoyo se soltó a reír cual niña pequeña, antes de virar su atención hacia el panorama exterior del edificio.
—Como no volvías me preocupé un poco, así que decidí salir a buscarte y mira con lo que me encuentro —explicó—, estas bastante entretenida mirando a Li.
—N-no lo estoy mirando a él, estoy observando la práctica completa —me quejé, acomodando uno de los mechones de mi cabello detrás de mi oreja e inflando las mejillas en un puchero—. Esas chicas de ahí hacen demasiado ruido, es imposible para cualquiera no prestar atención a lo que está pasando, sobre todo si hacen un escándalo de esa magnitud.
—Ajá, eso y que parece molestarte bastante que Li reciba tanta atención femenina, no será que ¿estás celosa?, mi querida Sakura —me sobresalté profundamente al escuchar la reciente acusación e inmediatamente comencé a reírme, sin poder evitarlo. Tomoyo por otro lado se mantenía serena y su mirada penetrante me decía que iba bastante en serio con su señalamiento anterior.
—¿Yo?, por favor Tomoyo no seas absurda, es decir, ¿por qué estaría celosa de todas esas?, es algo muy ilógico.
—Bueno, será porque te refieres a las chicas de una forma un tanto despectiva y porque tienes ese gesto de enojo desde hace rato —acusó, señalando mi cara con uno de sus dedos índice—. El inscribirlo al equipo de soccer al parecer resultó en un arma de doble filo, porque, evidentemente, recibirá muchísima atención de parte de las chicas del instituto y eso es algo que vas a tener que soportar.
—Por favor Tomoyo, no tiene sentido lo que dices —expresé—. Si inscribí a Shaoran al equipo fue por orden del director, no fue decisión mía y respecto a las chicas, sólo estoy diciendo que es molesto y tonto que griten tanto por un chico al que ni siquiera conocen, sólo lo hacen porque Shaoran es guapo, no porque sepan cómo es realmente.
—Ah, vaya, entonces piensas que Li es atractivo, que revelación tan interesante —los colores se me subieron al rostro en el momento en que Tomoyo señaló lo que yo, en un instante de estupidez, había confesado, sin querer—. Creo que ya va siendo hora de que aceptes lo que vengo pensando desde hace varios días, ¿no crees?
—No tengo idea de que hablas —disimulé, aunque no tenía una idea muy clara de lo que quería disimular, realmente.
—No te hagas la tonta conmigo Sakurita, tarde o temprano vas a tener que aceptarlo, tampoco es como…
—Tomoyo, basta —me quejé, abochornada—. No sé de qué me estás hablando y tampoco sé que es lo que se supone que tengo que aceptar, sea como sea ya fue suficiente de hablar de Shaoran y sus chicas, ¿no crees? —el decir literalmente "Shaoran y sus chicas" no fue algo que me hiciera en exceso feliz, pero fue suficiente para que Daidouji se encogiera de hombros, en un evidente gesto de "como quieras".
Al sentirme satisfecha con el resultado obtenido, mi mirada volvió hasta la cancha de soccer que ya permanecía un poco más vacía que antes. Algunas chicas se habían ido a continuar con sus actividades de siempre y otras seguían por ahí, mirando atentamente los movimientos de los chicos del equipo, más en específico, los de cierto muchacho castaño que se encontraba unos pasos adelante de todas ellas, hablando con un Eriol que parecía estar divirtiéndose mucho con algo.
Hiraguizawa colocó una mano sobre el hombro de Li y este la apartó segundos después, dándole un manotazo. Ambos se encontraban enfrascados en un tipo de conversación que aparentemente estaba alterando mucho a Shaoran, por la forma en la que estaba respondiendo a las palabras de Eriol y los gestos de desprecio que aparecían en su cara de vez en vez.
En ese momento, Li volteó hacia arriba, justo a donde estaba yo observándolo con extremo detenimiento y cuando pareció darse cuenta de mi presencia, permaneció mirándome fijamente, dejándome paralizada y sin saber que hacer.
Unos cuantos segundos pasaron, en los cuales yo comencé a sentir que mi rostro se tornaba rojo como una manzana y un calor extraño invadía mi cuerpo completo. Su escrutinio era demasiado intenso y ni siquiera entendía porque estaba prestándome esa atención tan poco común en él, es decir, se suponía que rechazaba todo lo que tuviera que ver conmigo, así que era un sin sentido que estuviera analizándome de esa forma tan extraña, clavando sus bonitos ojos ámbar en mi despistada persona.
¿Bonitos ojos ámbar?
No, no.
Estaba por apartarme de la ventana y seguir con mi vida cuando, sin previo aviso, Shaoran me sonrió, con ese tipo de sonrisita que derretiría a cualquiera de las chicas de abajo. Creyendo que estaba sumergida en algún sueño extraño e irreal, me hice para atrás, retrocediendo unos pasos de forma torpe y enredando un pie tras otro hasta que, inevitablemente, terminé cayendo de espaldas al piso.
—Cielo santo, Sakura, ¿te encuentras bien? —Tomoyo corrió a auxiliarme de inmediato, hincándose a mi altura para supervisar que todo siguiera en su lugar.
Lo único que pude hacer en ese momento fue asentir lentamente con la cabeza, indicándole a Daidouji que todo estaba en orden y agradeciendo internamente que no hubiera nadie mirándome, Shaoran incluido.
Todo estaba bien, por lo menos en el aspecto físico, pero sobraba decir que, emocionalmente, estaba hecha un completo desastre.
(Shaoran)
—Oficialmente tienes un club de fans gigantesco —Hiraguizawa se rio con ganas después de darme una palmadita en la espalda y yo voltee a mirarlo con todo el desprecio que cargaba dentro de mi ser en esos momentos. Después de terminar con la práctica del equipo de soccer, no había dejado de fastidiarme ni un solo momento y menos ahora que me tenía a su completa merced, dentro de los vestidores del gimnasio—. Oh vamos, no es tan malo como parece, sólo que en los próximos días estarás recibiendo cartitas cursis en tu casillero y una que otra declaración de amor, nada demasiado importante.
—Como si ese tipo de mierdas me importaran —me quité la camiseta que era parte del uniforme reglamentario y la arrojé dentro de la maleta de deportes que llevaba por ese día, con odio.
Estaba de sobra decir que me importaba un comino todo lo que tuviera que ver con chicas tontas y ridículas y, aún más, con lo del supuesto club de fans del que Eriol me estaba hablando en esos momentos.
No tenía ánimo de hacer nada, ni de pensar en nada.
Me había pasado la noche en vela recapitulando varias cosas que iban en relación a mi vida, a Ieran, a cosas que quizás pudieron ser diferentes, pero no lo fueron y a la realidad que vivía, donde yo no ganaba ni mierda y terminaba empeorando las cosas constantemente, gracias a ese carácter de los mil demonios que cargaba prácticamente todo el tiempo.
Estaba pensando seriamente en devolverme a casa y faltar al que sería mi primer día de trabajo en la librería, pero el orgullo que tanto me caracterizaba y que difícilmente solía abandonar, me estaba dictando que no era nada propio de mi rendirme, en algo que ni siquiera había comenzado.
Finalmente era un objetivo que yo quería alcanzar por cuenta propia y ya había acordado con Tachibana que estaría trabajando con ella los días siguientes.
Pese a mis nulas ganas de convivir con cualquier persona y… trabajar.
—¿Te vas tan pronto? —Eriol me miró con cara de sorpresa una vez termine de ducharme y preparar mis cosas para salir. Mi rostro pareció darle una respuesta en cuando rolé los ojos, pero, en lugar de molestarse conmigo, el tipo comenzó a reírse, como si le hubiera contado un chiste muy bueno.
—¿Qué te parece tan gracioso? —pregunté, más como una amenaza.
—Nada, es solo que ya me estoy acostumbrando a tus gestos de desprecio —me respondió, al tiempo que sonreía abiertamente y ajustaba sus anteojos, utilizando los dedos índice y pulgar para desplazarlos a su respectivo sitio—. Pude adivinar que esa sería tu reacción en cuanto te hice mi pregunta.
—Se me olvidaba que eres un mago que todo lo sabe —repliqué, sarcástico—. Si me molestas demasiado te va a pesar Hiraguizawa, te lo advierto.
—Estoy dispuesto a correr el riesgo —sabiendo que esa charla no iba a ningún sitio y que, por más que lo amenazara, Eriol seguiría en su misma postura kamikaze, me dispuse a salir del instituto en dirección al centro de la ciudad de Tomoeda—. Buena suerte en tu nuevo empleo, ¡bibliotecario sexy!
—¡Cállate idiota! —un par de chicos, que estaban a punto de salir del vestidor, se quedaron mirándome raro en cuanto escucharon el grito de Hiraguizawa y el apodo que me había puesto hacia cosa de nada.
Una mirada fulminante bastó para que dejaran de verme como un par de completos subnormales y acto seguido salí del instituto, restándole importancia a la reciente escena.
Eran las tres con treinta minutos de la tarde. La práctica con el equipo de soccer se había extendido más de lo que yo había previsto y aún peor con las constantes felicitaciones ridículas de parte del entrenador del equipo, quien no se había cansado de decir que estaba contento por tener a alguien que pudiera ser un buen apoyo para el imbécil de Hiraguizawa y mil mierdas que a mí me tenían completamente sin cuidado.
Si estaba ahí, era por el estúpido castigo impuesto por el director, además de que quería confiar en que Sakura haría lo que me había prometido en un inicio y hablaría con el tal Terada para decirle que no me fastidiara demasiado con sus estúpidas prácticas vespertinas.
Y hablando de ella…
Si mal no había visto, estaba al lado de su extraña amiga, hablando de quien sabe que cosas y haciendo unos pucheros característicos de una niña pequeña y mimada. La había estado observando por demasiado tiempo sin que se diera cuenta, hasta que sus ojos verdes se encontraron con los míos y no pude evitar pensar en que sería excelente sonreírle, solo para ver qué clase de reacción tendría inmediatamente después.
Y no me equivocaba con decir que la sorprendería.
El tercer piso estaba algo lejos, pero yo todavía tenía una muy buena vista, lo suficiente como para darme cuenta que su rostro había adoptado un rojo intenso, propio de alguien que se siente avergonzado en exceso. El hecho de que algo tan simple le provocara ese tipo de reacción me parecía de cierta forma cómico y hubiera seguido observando de no ser por el imbécil del entrenador y Eriol, que no dejaban de molestarme y llamar mi atención de forma constante.
Solté un suspiro a la nada, quizás no era la mejor de las ideas ponerme a pensar en Sakura, siendo que por ahora era el menor de todos los problemas que parecía estar arrastrando desde hace días…
No tarde mucho en llegar a la librería. El sitio, para variar, se encontraba pesimamente ubicado, poner un establecimiento en una de las esquinas, que daba hacia un callejón oscuro y tenebroso, no era la mejor publicidad de inicio y aunque en un principio pensé en que había dado mal con la dirección que el mismo Eriol me había dado, cayendo en una broma de mal gusto, pude corroborar poco después que no se trataba de eso, al asomar la cabeza por una de las ventanas y reconocer a Tachibana detrás de una caja registradora.
Solté un suspiro de cansancio, la idea del trabajo de medio tiempo ya no me estaba pareciendo muy buena que digamos...
Me adentré en el lugar que estaba más muerto que un cementerio por las noches, queriendo hacer el menor ruido posible. Sin embargo, el tintineo característico de una campanilla que colgaba del techo me delató.
Tachibana viró su atención hacia la puerta, quitándole los ojos de encima a un pequeño montón de tarjetas que estaba ordenando sobre el mostrador y, al verme, sonrió con una amabilidad muy extraña, la misma que casi me recordó a Sakura y sus sonrisitas tontas de siempre.
—Hola Shaoran, por un momento pensé que no vendrías —saludó, riendo por lo bajo mientras yo suspiraba, acercándome a ella—. ¿Tuviste algún problema en encontrar la librería?, Eriol me aseguró que te daría la dirección, pero como eres nuevo en la ciudad…
—Si he de decir algo tu… establecimiento está pesimamente ubicado —respondí, usando la mayor sinceridad del mundo y obteniendo una sonora risotada en respuesta.
—Estoy totalmente de acuerdo contigo —respondió Tachibana, sin mostrar ni un rastro de sentirse ofendida por mi comentario—. Esta librería ha estado aquí desde hace muchísimos años, digamos que es una reliquia gigantesca de la ciudad, mi padre siempre se ha sentido muy nostálgico al respecto, por ello es que no hemos cambiado de local.
—Los sentimentalismos no vienen demasiado bien si quieres que un negocio prospere —la chica me miró con algo de sorpresa, pero yo no era la clase de persona que se andaba con rodeos al momento de decir algo—. Como sea, ¿qué es lo que tengo que hacer?
—Eres una persona muy interesante Shaoran, eso me agrada —soltó poco después, pero yo no hice más que resoplar ante el presunto halago, tan mal hecho, si he de decir—. Por ahora necesito que me ayudes a ordenar los libros que nos hicieron llegar hace un par de días, he estado ocupada realizando el inventario de todos los títulos y no he podido acomodarlos correctamente en los estantes.
—¿Qué tipo de libros son? —cuestione, lanzando una mirada fugaz a la gran caja de cartón que se encontraba en una de las esquinas del lugar y que Tachibana me había señalado segundos antes.
—Son títulos variados, literatura clásica, algún libro de medicina, arqueología, otros tantos de leyendas urbanas y misticismo, tú sabes, cosas que le gustan a personas extravagantes —respondió—. Los estantes están clasificados también, sabrás en donde colocar cada uno muy fácilmente, es cuestión de que los hojees un poco y te darás cuenta a que sección pertenecen.
—Suelo leer bastante más de lo que crees —le dije, al tiempo que dejaba el saco del uniforme sobre un perchero cercano, junto al maletín del instituto, la maleta de deportes y seguidamente doblaba las mangas de la camisa blanca que llevaba, con el fin de que no me estorbaran demasiado a la hora de trabajar.
Tachibana me miró fijamente un par de segundos, en los cuales le devolví la mirada de forma rápida, sólo para ver como desviaba la mirada hacia el mostrador y retomaba su actividad de las tarjetitas.
No le presté mucha atención a lo que podría estarle pasando por la cabeza en esos momentos, finalmente era mi jefa y estaba en horario laboral, por lo cual me dispuse a tomar la gran caja que había visto antes y, colocándola sobre el piso, a media librería, comencé a tomar los libros que se encontraban dentro, encontrándome con uno que otro título interesante y la ya habitual literatura romántica que le gustaría a chicas tontas como Sakura.
Sakura, Sakura…
Negué con la cabeza un par de veces, tratando de sacar el recuerdo de la niñata de ojos verdes de mi cerebro. De algún modo, estaba trayéndola a colación con cada cosa que me estaba sucediendo en el día, en algo nada propio de mí y que ya comenzaba a sacarme de quicio.
Ella no estaba por ningún lado, casi ni la había visto a lo largo de la jornada escolar, quitando nuestras clases regulares y el flasheo breve durante la practica con el equipo de soccer. Se suponía que yo debería estar de lo más cómodo, porque la niña castaña se pasaba las tardes tratando de inmiscuirse en mis asuntos, de tal modo que me dejaba el resto del día alucinándola, deseando únicamente que se alejara de mi por un buen rato.
Y ahora que parecía estar un poco más distanciada, era mi mente la que no cooperaba conmigo y seguía trayéndola a tema todo el rato.
—Tú y Kinomoto… parecen ser muy cercanos, ¿ya se conocían de antes? —cerré el libro que estaba sosteniendo con fuerza, antes de mirar a Tachibana que, lejos de verse asustada por el gesto anterior, parecía muy concentrada en seguir acomodando esas putas tarjetitas que no tenía ni la más remota idea de para que eran—. Oh, lo siento, quizás no es algo que me interese, ¿verdad?
—No, no nos conocíamos de antes y no somos… cercanos —respondí poco después, ignorando el ultimo comentario y creyendo que, si quería seguir con el trabajo, lo más sano era darle por su lado a Tachibana y no responderle como usualmente haría con alguna otra persona que me hiciera la misma pregunta patética.
—Honestamente no lo parece, en lo absoluto —dijo y yo me detuve en mi trabajo, al tiempo que me cruzaba de brazos y levantaba una ceja, sin entender. Tachibana me devolvió la mirada poco después y al segundo siguiente soltó una risilla divertida—. En el instituto muchos los han visto bastante juntos, incluso en el festival del templo Tsukimine, entraron juntos a la casa de los sustos, ¿recuerdas?
—¿Cómo es que…?
—Yo era la encargada de esa atracción —respondió, antes de que pudiera preguntarle cómo es que tenía esa información tan especifica—. Sakura es una chica muy bonita, no me sorprendería que me dijeras que te gusta o que…
—Kinomoto y yo no tenemos ningún tipo de relación, no me interesa ni física ni emocionalmente, ahora ¿puedo seguir con mi trabajo? —los ojos de Tachibana se abrieron de par en par con mucha sorpresa, antes de asentir con la cabeza y permitirme continuar con el trabajo que aún quedaba por hacer.
Ya suficiente tenía con Eriol preguntándome todo el tiempo sobre Sakura, como para que llegara Rei Tachibana e intentara hacer exactamente lo mismo.
(Sakura)
El sonido de varios cristales cayendo sobre el suelo y regándose por todas partes me despertó de una ensoñación creciente y, al mismo tiempo, la señora Akiko me lanzó una mirada consternada, sin entender porque se me había resbalado de las manos, uno de los tantos floreros de cristal que teníamos para exhibir las rosas blancas en el mostrador.
—Lo siento mucho, en verdad señora Akiko, no era mi intención, yo… —no sabía ni como comenzar a disculparme por mi reciente descuido. Me sentía tan avergonzada de comportarme de esa manera tan torpe y de que mis tontos pensamientos sobre lo que últimamente pasaba en mi vida estuvieran influyendo tanto en mis acciones cotidianas.
No debería ser de ese modo…
—Cariño, tranquila, fue un accidente, solo ten mucho cuidado, no quiero que vayas a cortarte con… —un pequeño "ay" salió de mis labios en el momento en que uno de los cristales rotos rasgó la piel expuesta de mis dedos índice y pulgar. La señora Akiko, que no había terminado de advertirme al respecto, me ayudó a levantarme de donde ya estaba hincada recogiendo los restos de mi reciente descuido y seguidamente me llevó a la bodega, donde tenía el botiquín de primeros auxilios.
—Lo lamento muchísimo, enserio.
—Sakura, deja de disculparte, los accidentes ocurren —me respondió, con la misma sonrisa cálida que utilizaba cada vez que hablaba conmigo—. Pero he de decir que últimamente estás muy distraída y no dejo de pensar en que quizás sea por culpa de cierto muchacho atractivo con el que has estado hablando muy recientemente…
—¡No, claro que no señora Akiko! —me exalté, sintiendo que los colores se me subían al rostro en cuestión de micro segundos—. S-Shaoran no tiene nada que ver, de verdad.
—Yo no dije nombres, mi querida niña —la mujer a mi lado comenzó a reírse de forma estruendosa y yo no sabía dónde meter la cara para evitar que viera mi sonrojo—. No tiene nada de malo, ambos son jóvenes y él parece llamar mucho tu atención, no solamente por su atractivo físico, hay algo más… ¿me equivoco? —me quede callada, sin saber exactamente que responder.
—No lo entiendo muy bien —dije, permitiendo que la señora Akiko tomara mi mano herida entre las suyas y comenzara a curarla, utilizando un par de algodones pequeños y un poco de alcohol. El ligero escozor me hizo entrecerrar los ojos, al momento que entró en contacto con las heridas—. Al principio era solamente por mi padre, por su trabajo y siempre he querido ayudarlo, pero parece que solo le traigo problemas y al final…
—¿Terminas siendo tú la que pide su ayuda? —la miré con muchísima sorpresa al escuchar su última pregunta y no hubo necesidad de que respondiera pues, al segundo siguiente, luego de vendar mi mano, la señora Akiko acomodó su delantal y me miró de forma cariñosa—. No tengo la suerte de conocer a ese muchacho del todo, pero las pocas veces que lo he visto me ha dado la impresión de que tiene una personalidad muy imponente, no parece ser del tipo de persona que se deja proteger por alguien más.
—¿Eso que quiere decir?
—Un muchacho con ese carácter está más acostumbrado a protegerse a sí mismo y a otros, antes que someterse a una persona con una personalidad como la tuya, mi niña —explicó—. Eso no quiere decir que tu tengas algo mal, al contrario, es posible que también estés causándole mucha confusión, pero he de decir que, si buscas protegerlo, no lo vas a conseguir de la forma en la que estas esperando.
—¿A eso se refería con que iba a terminar necesitándolo? —pregunté, recibiendo un ligero asentimiento como respuesta.
—Ese muchacho tiene una personalidad avasallante y entre más tiempo pases con él, más va a engullirte —concedió—. No se trata de algo negativo, es una cuestión de adaptación, de forma indudable tu personalidad y la suya se complementan bastante bien, pero eso es algo que tienes que ver tu por tu propia cuenta —la señora Akiko me dio un par de palmaditas en el hombro, antes de levantarse y subir por las escaleras hacia la floristería, dejándome a solas.
Todavía me costaba mucho trabajo entender todo lo relacionado a la personalidad de Shaoran y la mía. Quizás, la señora Akiko tenía razón en decirme que no podía pretender cuidarlo de la forma en la que estaba intentando, porque él, por sí solo, lo hacía prácticamente todo el tiempo, al vivir únicamente con su madre y no tener a nadie más que viera por ellos.
Quizás solo tenía que ver todo de otro modo… entender más desde esa perspectiva suya…
Mi día de trabajo terminó poco después, sin más sobresaltos. Por suerte, la señora Akiko no se había enfadado conmigo e incluso bromeo respecto al tema del florero roto.
Pensando en que tenía que ser más cuidadosa en los días siguientes y que debía tratar de mantener mis pensamientos bajo control, me enfoqué en caminar rumbo a mi hogar de la forma más tranquila y serena posible. Las luces de las farolas de la ciudad estaban comenzando a encenderse una por una y la visibilidad se estaba volviendo escaza.
Mi hermano estaría fuera de casa por dos noches y mi padre se había ido a un congreso a Tokio, por lo que estaría completamente sola durante los dos días siguientes.
Solté un suspiro, mirando hacia el cielo que ya comenzaba a oscurecerse y seguidamente hacia la calle frente a mi…
Me detuve en mi caminata casi como en automático cuando mis ojos enfocaron la tienda de antigüedades del señor Watanabe. El problema, no era la tienda en sí, si no que afuera de esta se encontraba un hombre alto, de cabello plateado, observando atentamente los artículos exhibidos en el gran ventanal del local, con las manos metidas dentro de los bolsillos de su pantalón de vestir y un saco negro que reconocía perfectamente.
—N-no es… posible —estaba congelada en mi sitio, sin saber que hacer o cómo reaccionar ante la visión.
Un montón de flashbacks vinieron a mi mente como relámpago en esos momentos y sin poder evitarlo mi cuerpo comenzó a temblar de miedo. La persona que estaba frente a mí era la misma de hacía unos años, la misma que había salido huyendo de la ciudad como cobarde y que ahora se estaba apareciendo como si nada hubiese sucedido.
Era…
—¿Sakura? —el quedarme tanto tiempo mirándole permitió que se diera cuenta de mi presencia y que seguidamente comenzara a avanzar en mi dirección, luego de hacer una pregunta que no pude responder, pero que él constató segundos después, viéndome de tal modo que me sentí terriblemente diminuta.
Mi nombre, salido de sus labios, se escuchaba tan asquerosamente horrible, que durante un par de segundos quise llamarme de otro modo y, al darme cuenta que estaba comportándome de una forma muy suicida, quedándome ahí a la espera de que pudiera darme alcance, me di vuelta y comencé a correr en dirección contraria, sin importarme que mi casa se encontrara al otro lado o que la gente comenzara a mirarme como si fuera una loca que se acaba de escapar de un hospital psiquiátrico.
Quería irme, a donde fuera, muy lejos, no quería estar cerca de él, no quería verlo, no quería escucharlo.
Que solo sea una alucinación, por favor.
—¡Oye, fíjate por donde vas! —en medio de mi carrera, no me di cuenta del momento en que golpee a un pobre hombre de unos cincuenta y poco, después, cuando quise mirarlo para disculparme, termine por estrellarme con el cuerpo de otra persona que estaba unos pasos adelante.
Apenas había logrado empujar al desconocido, pero yo terminé en el piso por el impacto recibido. Mis manos, que había podido meter en la caída para amortiguarla, habían terminado con unos horribles raspones, eso y mis dedos que ya estaban sangrando otra vez por las heridas que aún no sanaban.
Aprete los ojos, lo que me dolía no eran los raspones ni los cortes, no era nada físico…
—¿Sakura? —al levantar la mirada, me encontré con que Shaoran estaba observándome, aun de pie, sin moverse ni un solo milímetro de su posición. Al hacer un análisis rápido, me di cuenta de que había terminado muy cerca de la librería antigua de los Tachibana, casi como un golpe de suerte o destino—. ¿Te encuentras bien? —Li se hincó para observarme mejor, pero yo seguía sin poder hablar, sin poder moverme.
Su rostro estaba comenzando a expresarme preocupación pura, pero no sabía que decirle, no podía contarle…
—Shaoran, por favor… —estaba aterrada, mi corazón se iba a salir de mi pecho en cualquier momento y no hallé algo más para decirle que esas dos palabras tan vagas y carentes de sentido alguno.
—Ven, levántate —el castaño me extendió sus manos y me ayudó a incorporarme, estando de pie, tomó mis manos entre las suyas y se quedó mirándolas por largo rato, notando que estaban hechas una completa desgracia—. Voy a llevarte a tu casa y…
—¡No! —grité, sobresaltando al chico frente a mi e incluso a un par de personas que estaban transitando cerca.
Pero no me importo.
Si iba a casa ahora, lo más seguro es que ese tipo iría también y no quería eso, no quería que se diera cuenta que no había nadie, que me tenía a su merced. Estaría completamente sola, acorralada, sería como ir en dirección a una ratonera mortal.
—Me puedes explicar, ¿qué diablos…? —Shaoran estaba muy confundido, lo sabia y estaba segura que probablemente lo perturbaría aún más en el momento en que lo abracé fuertemente, escondiendo mi rostro en su pecho—. Estas temblando, Sakura, me estás asustando de verdad, ¿qué te pasa, alguien te hizo algo?
Si Shaoran, me hicieron daño…
—No me lleves a casa, por favor, no quiero estar sola —dije poco después, ignorando la pregunta reciente y tratando de frenar mi boca para evitar dar más información de la necesaria, no quería darle problemas, pero no sabía a donde ir, no sabía con quién refugiarme—. Estoy asustada…
—De acuerdo, vamos a mi casa entonces —me dijo apenas, en un susurro que me dio un poco más de la tranquilidad que tanto anhelaba y estaba escaseando en mi cuerpo en esos momentos tan terribles—. Deja de temblar, estoy contigo, no va a pasarte nada —Shaoran rodeó mi cuerpo con sus brazos poco después, acariciando mi cabello de forma suave con una de sus manos.
Nunca habíamos estado así, pero me reconfortaba tanto sentirlo cerca, que me estuviera abrazando cuando yo tanto lo necesitaba.
—Gracias Shaoran —fue lo único que pude decirle.
(Shaoran)
—¿Estás más tranquila? —Sakura me miró fijamente al escuchar la pregunta, desviando sus ojos verdes poco después, posándolos sobre la alfombra del piso para, seguidamente, mover la cabeza una vez, asintiendo.
Habían pasado quince minutos desde que habíamos llegado al departamento que Ieran y yo ocupábamos. En ese tiempo no me había atrevido a preguntarle sobre lo ocurrido, ni sobre los detalles del porque me la había encontrado de ese modo, apenas terminaba mi trabajo en la librería.
Durante ese tiempo me había quedado observándola sin que lo notara y en su semblante se podía apreciar perfectamente que seguía consternada por lo que fuera que hubiese visto, poco antes de que se estrellara conmigo a media calle. Afortunadamente y para mi alivio, la chica ya había dejado de temblar como una gelatina y yo había sido capaz de curarle las manos, no sin antes encontrarme con un par de cortes no muy profundos que, supuestamente, se había hecho en un pequeño accidente con un florero roto.
No me quedaba muy convencido con esa explicación, pero no estaba en el papel de ponerme a interrogarla de forma incansable hasta resultar hostigador.
Quería que ella tuviera la iniciativa de contarme las cosas, pero en ese estado parecía empeñada en continuar con sus pensamientos, que en tratar de expresar razones.
Para mi buena suerte, Ieran no volvería a casa hasta la mañana y eso me daba un espectro muy amplio de tiempo para poder indagar sobre lo que pudiera estarle pasando a Kinomoto, sin preocuparme por intromisiones repentinas de parte de mi madre o interrupciones innecesarias.
Aunque, considerando que apenas y hablaba con Ieran, no creía que fuera a hacerme demasiadas preguntas tampoco…
—Sé que seguramente estás muy confundido —me dijo finalmente, luego de que le extendiera una taza con un té humeante en su interior y que me sentara frente a ella, utilizando la mesa de centro que decoraba la sala, como taburete—. Siento tanto estar dándote problemas… otra vez.
—Si dejaras de meterte en líos, dejarías de ser Sakura Kinomoto —dije, antes de soltar un suspiro e inclinarme un poco hacia adelante, para verla mejor—. ¿Vas a decirme ahora que sucedió?
—Yo… —la vi dudar un momento, mientras analizaba con curiosidad el contenido de la taza de porcelana que le había dado antes—. Vi a una persona muy sospechosa cuando estaba por regresar a casa, empezó a seguirme y me asusté, creí que me haría daño, por eso salí corriendo y en el camino me tropecé contigo —fruncí el ceño al escuchar el relato, sin creerme del todo que se tratara de algo que pudiera ocurrir en una ciudad tan pacifica como Tomoeda.
—Si viste quien era podríamos ir con la policía —le dije poco después—. No puedes dejar que ande por la calle una persona como esa, ayudara a que mantengan las calles más vigiladas.
—No le vi la cara —Sakura no parecía demasiado preocupada por el hecho de denunciar a aquella "persona sospechosa", en lugar de eso, estaba dándome excusas bastante ridículas que caían en lo risible.
Si no le había visto la cara, ¿cómo se dio cuenta que se veía sospechoso?
No había lógica en su relato…
—Sakura, no tengo idea de lo que sucedió, pero me da la impresión de que no estás siendo honesta conmigo —acusé, mirándola con intensidad y notando como, en lugar de devolverme la mirada, agachaba la cabeza con vergüenza—. No te voy a obligar a que confíes en mí, simplemente debes tener más cuidado, no puedes andar por la vida creyendo que todo el mundo son buenas personas.
—Lo sé —habló bajito, en un susurro que, gracias al silencio a nuestro alrededor, pude escuchar de forma clara—. Confió en ti Shaoran, créeme y lamento mucho todo esto, es solo que…
—Si ya, deja de disculparte, pesada —Kinomoto me sonrió esta vez, por primera vez en lo que iba de la tarde y yo supe que el mal trago estaba pasando lentamente, lo cual me daba un poco más de tranquilidad.
—Tu mamá no está en casa —afirmó, poco después de hacer un rápido análisis a su entorno y darse cuenta que la figura de Ieran no aparecía por ninguno de los rincones—. ¿Trabaja hasta tan tarde?
—Ya es algo habitual —contesté—. Me envió un mensaje diciendo que llegará por la mañana, supongo que no quiere ni verme por ahora.
—¿Paso algo entre ustedes? —Sakura me miró con intriga, dejando la taza a un lado de donde yo estaba sentado. Suspiré con cansancio al escuchar la pregunta y la observé un par de minutos, en completo silencio.
—Lo mismo de siempre, entrometida —le dije, dándole un pequeño golpecito en la frente del que se quejó poco después—. Mi madre y yo hemos tenido problemas desde siempre, no es ninguna novedad que estas cosas sucedan.
—No pareces muy acostumbrado a eso —Sakura se llevó una mano hasta la frente, tratando de calmar el ligero dolor que le había provocado con mi gesto anterior—. Si pelearon, sería bueno que te disculparas con ella, finalmente es tu mamá Shaoran y cómo te dije hace unos días, se nota que te ama y que le importas.
—No es tan fácil —me pasé una mano por el rostro, antes de bajar la mirada hacia el piso—. Nada ha sido fácil con nosotros desde que mi padre murió, le dije cosas que no tenía que decirle y… no importa eso —al darme cuenta que estaba dándole más información de la que debía tener, decidí quedarme callado y dar el tema por zanjado, antes de que ella pudiera darse cuenta de todo lo que realmente pasaba por mi cabeza en esos momentos.
El hecho de que estuviera cambiando de actitud con ella, para ser menos mierda, no significaba necesariamente que tenía que involucrarla en mis asuntos con Ieran, así como ella, que se mantenía en su postura de no decirme nada y ocultarme cosas.
—Sin importar que haya sido, si le ofreces una disculpa a tu mamá, ella seguramente aceptara, lo sé bien porque ella te adora —me dijo, antes de tomar una de mis manos entre las suyas, sobresaltándome—. Eres su hijo, han estado solo los dos desde hace mucho tiempo, son un equipo de vida Shaoran y tienen que estar unidos para enfrentar todo.
—Ni siquiera estábamos hablando de mí.
—Bueno, ya estamos haciéndolo —respondió, antes de soltar una risilla—. Sé que te afecta mucho el estar peleado con tu mamá, se te nota en la cara —señaló, antes de apuntarme con uno de sus dedos índice de forma acusadora.
—Que bien que ya te sientas mejor, tanto como para atreverte a señalarme —rápidamente tomé su mano con una de las mías, jalándola de tal modo que terminó casi encima de mi cuerpo, con su rostro muy cerca del mío—. No juegues conmigo Kinomoto, vas a perder —el rostro de Sakura ya había adoptado un rojo muy intenso y particular, sus ojos verdes me miraban con profunda sorpresa y la cercanía me permitía darme cuenta de que estaba visiblemente avergonzada por lo que acababa de hacer.
La mire detenidamente, antes de percibir el aroma dulzón que desprendía su cabello.
—N-no estoy jugando contigo, yo… solo —me había acercado otro poco, hasta colocar mi cabeza sobre su hombro izquierdo, todavía sin soltar su mano—. S-Shaoran, ¿qué estás haciendo?
—Hueles muy bien —Sakura se apartó de mi como si el contacto le quemara en cuanto el susurro de mi boca llegó hasta su oído. Se levantó como resorte de su lugar y comenzó a juguetear con sus manos de forma incontrolable, mientras yo contenía un par de carcajadas y la veía con una ceja alzada—. Que desconsiderada, te estoy halagando luego de tantos insultos y reaccionas de esa manera.
—N-no, es sólo que me tomo por sorpresa, y-yo, ¡no te rías! —no pude evitar que varias risas salieran de mi boca al verla tan avergonzada. La reacción que había conseguido en ella era demasiado buena y placentera, tanto que no me molestaría hacerlo de nuevo si tuviera la oportunidad—. Sorpresa… es cierto —la vi caminar hacia a entrada donde había dejado su maletín, dejando de lado lo que había sucedido minutos antes y la vergüenza posterior.
Me levanté del lugar donde había estado sentado hasta ese momento y me quedé de pie, a la espera de ver que era lo que podría estar buscando entre sus cosas.
Pasados unos segundos pareció encontrar el objeto, sonrió como siempre con esa alegría tan propia de ella y caminó hasta donde yo estaba, para, posteriormente, extenderme una bolsa translucida con galletas de jengibre y trufas de chocolate en su interior.
—¿Qué es eso? —pregunté de forma bastante estúpida, ante lo cual Sakura me miró con extrañeza—. Me refiero a, ¿por qué me das esto?
—Las preparé durante mi clase optativa de cocina, por la mañana —respondió, todavía extendiéndome la pequeña bolsita transparente—. He estado practicando mucho, quería dártelas porque sé que te gusta mucho el chocolate y… bueno, también para agradecerte que siempre seas tan lindo conmigo.
—Tan, ¿qué? —Sakura volvió a sonrojarse, pero no repitió lo que ya había dicho.
Lindo… si me lo hubieran dicho antes me habría reído, pero ahora…
—B-bueno, si no las quieres… —la vi a punto de guardar el objeto que aún no había tomado, pero antes de que lo hiciera, en un impulso, la tomé de las manos y le quite la bolsa, con rapidez.
—Si me envenenas con esto vas a ir a la cárcel —dije, al tiempo que recibía un puchero en respuesta—. Eres una infantil.
—¡Jamás te envenenaría!, que horrible que pienses una cosa así de mi —no rebatí a su ultimo comentario, simplemente me limité a abrir el pequeño envoltorio que rodeaba el postre y tomé una de las trufas de chocolate que se encontraban en el interior, velozmente.
Luego de darle un par de mordiscos, Sakura me observó fijamente, a la espera de recibir algún tipo de critica positiva.
—No están mal —le dije poco después y ella me sonrió dulcemente.
De algún modo, cuando la observé, no pude evitar sentir un ligero calor en mis mejillas, el mismo que me obligó a desviar la mirada a un punto cercano y carraspear de forma bastante incomoda, esperando que ella no lo notara.
Internamente quería decirle que las trufas estaban deliciosas, pero mi orgullo me impedía darle demasiados halagos en un día, además de que no era propio de mi decir esa clase de cursilerías.
—Qué bueno que te gustaron Shaoran —fue lo último que dijo, antes de volver a sonreírme con entusiasmo y de que yo me llevara una mano a la boca, esperando a esconder el pequeño sonrojo que había logrado arrancarme sin querer.
N/A:
Ha pasado un muy buen tiempo desde la ultima actualización de esta historia, pero no les quepa duda que estoy retomando los hilos lentamente.
Si hay alguien que todavía la lee, gracias por llegar hasta las notas de autor, espero que la musa me de la inspiración suficiente para escribir los capítulos siguientes, no está en mis planes dejar esta historia abandonada, así que quizás me vean por acá más seguido, mas ahora en tiempos de pandemia.
Si les gusto, ya saben como pueden hacérmelo saber, nos leemos en la próxima y que las musas siempre los acompañen.
