9 Poema
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
—Ella nos suplicó que la trajéramos —se apresuró a explicar Yamashiro, con los ojos fijos en los puños de Naruto—Dijo que le gustaba mucho este deporte.
—Una verdadera loba ¿Quién lo hubiera creído? —añadió Ebisu Duxbury.
—Vamos amigos, ¿no abandonaran a esta mujer a su suerte verdad? —se burló Hinata— Naruto, estos caballeros han tenido la amabilidad de acompañarme a este, ¿cómo lo llamaría? Campeonato.
Naruto la miró asombrado.
—¿Desde cuando le gustan los combates de boxeo?
—Desde hace unos tres minutos —se rió ella— Es una experiencia nueva, y debo decir que me parece bastante excitante.
Ella le miraba de una forma extraña pensó él confuso. Luego, tomando súbitamente conciencia de su falta de ropa, cogió la camisa y se la puso. Tenía una confianza inquebrantable en Hinata y apreciaba su manera franca de hablar, pero ella había cambiado, y ahora la sola presencia de ella a su lado le perturbaba.
—Váyase —le ordenó— Este no es lugar para usted.
—Me quedo —le contestó ella— Puede continuar pegándole al saco. ¿Nos vamos señores?
Les dedico a sus acompañantes una radiante sonrisa y estos la obedecieron de inmediato. Los ojos de Duxbury estaban fijos en los pechos de Hinata, en cuanto a Yamashiro, su papada temblaba. Naruto se contuvo para no cogerles del pelo y estampar sus cabezas una contra la otra. Tomo a Hinata por el brazo.
—Tengo que hablar con usted.
—Espere su turno —respondió ella con despreocupación— No puedo abandonar a mis amigos.
—Somos algo más que amigos —decretó Yamashiro pasando un brazo alrededor de su cintura— Somos sus más fervientes admiradores.
Ella le sobrepasaba por una cabeza y sin embargo le miraba como si fuera un Adonis.
—Suéltala —le ordenó Naruto bruscamente— ¡Inmediatamente!
Por una vez Yamashiro no insistió.
—Bueno —masculló retirando el brazo— Solo queríamos divertirnos, pero si la quieres para ti solo, te la devolvemos ahora mismo.
—Aunque no forme parte de tu harén —protestó Ebisu Duxbury.
—¡Déjalo ya! —exclamó Yamashiro — Vámonos o nos perderemos lo mejor.
Empujó a su camarada hacia el ring, el primer round había terminado, un chaval corría agitando una campanilla para anunciar que el combate iba a continuar.
—Entonces es aquí donde pasa las tardes —dijo Hinata.
—Si. Y usted por el contrario debería estar en casa tomando el té con mi madre —respondió él llevándola hasta la salida.
—Tengo que esperar a Yamashiro y a Duxbury, he venido en su coche.
—El cochero la acompañará y volverá luego a recogerles. ¿Qué estaba haciendo sola con esos dos? Conseguirá arruinar su reputación si sigue exhibiéndose con ellos.
—Se han comportado muy amablemente, al contrario que usted.
Él le soltó el brazo, la nueva Hinata le irritaba al máximo, prefería a la mujer que era antes, valiente, incluso aunque le fastidiara metiendo la nariz en todo.
—Al contrario —dijo— Parece que soy el único hombre capaz de protegerla.
—Entonces deje que me quede con usted, nunca había conocido un lugar como este.
—¡Y con razón! En el gimnasio no se admiten damas.
—Naruto, no sea tan puritano.
Sus límpidos ojos rodeados de espesas pestañas miraron directamente los de Naruto.
—Por favor, me gustaría quedarme. Solo un ratito.
Ese comportamiento casi inmoral no parecía propio de Hinata... ¡En fin! De la Hinata que él conocía. Esta nueva Hinata era definitivamente femenina y provocadora.
Tenía una manera de morderse los labios que invitaba a besarla. ¡Como había cambiado! ¿O sería que él la estaba descubriendo ahora? No hubiera sabido decirlo.
Recordó su confesión: ella tuvo miedo de que le hubiera ocurrido algo malo en la mina cuando eran pequeños. Es posible que fuera entonces cuando se estableció un vínculo entre ellos.
Un vínculo que él creyó indestructible.
—Quédese si lo desea —contestó—Pero antes dígame que la empujó a venir aquí. Y no me diga que fue su pasión por el boxeo.
—¿Cómo puede saber cuales son mis gustos, mis preferencias y lo que me interesa?
—Vamos a ver Hinata, hemos crecido juntos y...
—Pero no somos amigos, los amigos se conocen a fondo.
—Yo la conozco. Su madre murió cuando usted nació y la educó su tía. Pasó muchas horas con su padre en la biblioteca devorando libros viejos.
—Cualquiera podría saber eso. Es lo que yo pensaba. Usted no sabe quien soy ni lo que pienso.
—¡Muy bien! No puedo leerle el pensamiento, pero siempre sé cuando está mintiendo. Y hoy lo esta haciendo Hinata.
—¡De acuerdo! No estoy aquí por casualidad. Les pedí a Yamashiro y a Duxbury que me llevaran hasta usted.
—He venido... por Ino. Quiero que hagamos las paces Naruto.
Él puso una expresión de desconfianza.
—Perdóneme pero esta súbita buena voluntad me extraña. ¿No será una estratagema para quitarme a Ino?
—No se la quitaré, se lo prometo.
—¿Cree que podré convertirme en un buen padre?
—Me aseguró que iba a cambiar.
—Pero no me creyó, estaba convencida de que sería incapaz de educar a una niña. Era una constatación, no una pregunta.
—Libertino, divorciado, jugador... Será difícil mejorar su reputación... ni siquiera diciendo que ha cambiado.
Esta mujer no iba a volver a Wessex dócilmente dejando a Ino, estaba convencido de ello. Ella se sentía realmente atada a la niña, según Ayame, Hinata pasaba casi todo el día en la guardería...Y al mismo tiempo que admiraba su devoción, sentía sospechas. ¿Acaso ella intentaba conquistarle para quitarle a la niña? Decidió ponerla a prueba.
—Prefiero correr el riesgo de criarla yo solo antes que confiar en solteronas amargadas.
Los ojos de Hinata brillaron de ira.
—Yo le proporciono más amor y atenciones que nadie ¿Cómo quiere que se acostumbre a un padre que nunca está?
—Parece que hoy también usted la ha abandonado Chipie.
Ella detestaba ese sobrenombre y él lo sabía. Como había previsto, ella se enfureció.
—Yo sería una buena madre y usted lo sabe.
—Le concedo eso, pero yo le daré fortuna y estatus social ¿Qué puede usted ofrecerle a parte de una casa casi en ruinas y una tía que bebe demasiado?
—Deje a tía Natsu fuera de esto, al menos tenga un respeto por su edad. Ella no tiene nada que ver con Ino.
—Natsu le dará un mal ejemplo ¡Mírese! Ha conseguido hacer de usted una verdadera bruja.
La vio palidecer, era evidente que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para dominar su enfado, parecía tan frágil que él tuvo ganas de abrazarla para consolarla. ¿Sabría ella que se le veía la mitad de los pechos? Quizá no, con Hinata nunca se podía estar seguro de nada.
—Naruto, no quiero pelearme con usted. Intentemos olvidar nuestras diferencias, encontremos juntos una solución.
Él solo tenía en la cabeza una respuesta pero Hinata se pondría furiosa y además él se había jurado no seducir a una virgen. Abrió la puerta del gimnasio.
—Solo hay una solución a nuestro problema —declaró— Vuelve usted a Wessex, ya estoy harto de pelearme con una solterona amargada.
—¡No Kushina! No hay ninguna excusa para su mala educación —gruñó el duque de Sharingan que presidía la mesa— Absolutamente ninguna.
Lady Kushina jugueteaba con su servilleta.
—Olvídalo querido por favor, Naruto ya es adulto, no podemos decirle como debe comportarse.
—Era su obligación reunirse con nosotros. ¡Que desprecio a su familia! Y más después de haberse puesto en evidencia esta tarde.
—Estoy de acuerdo con Su Gracia —aprobó Natsu abanicándose con una servilleta de lino— Su comportamiento mientras se leían los poemas sorprendió a todo el mundo. Me sentí humillada.
La noche había empezado mal, tenía que haber sido una reunión para oír música, pero la anfitriona, lady Kurenai, una esnob , decidió repentinamente leer los últimos poemas de Wordfworth.
—¡Dios mío! —había exclamado Naruto— ¡Vaya suplicio!
Algunas risas ahogadas saludaron su observación pero ningún invitado se atrevió a llevar la contraria a la dueña de la casa. Mientras una actriz recitaba los versos, Naruto, sentado en la última fila, se dedico a coquetear descaradamente con una joven viuda de cabellos de ébano.
Hinata, sentada delante de ellos había oído sus murmullos, la viuda se comportó como una paloma enamorada.
Extrañamente, Naruto volvió con ellos a la casa olvidando su conquista, pero en lugar de seguirles al comedor, subió a refugiarse a sus habitaciones.
Un lacayo acababa de depositar delante de Hinata un bol de consomé frío, tomó una cucharada y se la llevó a la boca, estaba delicioso pero su estómago estaba cerrado, las últimas palabras de Naruto la obsesionaban, Vuelve usted a Wessex.
Esa frase equivalía a una sentencia de muerte para ella.
Consiguió terminar la cena que consistía en lenguado asado, filetes de buey, puré de patatas gratinadas y sorbete de champán con bizcocho. Cuando lady Kushina al fin se levantó, Hinata se puso en pie de un salto.
—Solicito su permiso para retirarme, estoy un poco cansada.
—Ven a probar con nosotros el pastel de mirtilo, vamos al salón —dijo lady Kushina.
—Gracias pero creo que sería una mala compañía esta noche. Lady Kushina miró a su prometido.
—Tengo que decirle algo a Hinata, enseguida estoy contigo querido. El duque acompañó cortésmente a la tía de Hinata al salón.
—Pareces preocupada —dijo lady Kushina en cuanto estuvieron solas— ¿Es mi hijo el responsable de que estés así?
—¿Qué le hace pensar...
—La intuición —dijo la condesa— Los dos se evitan mutuamente. ¿Tuviste algún éxito con él el otro día? Hinata dio un profundo suspiro.
—Naruto no quiere volver a casarse, me lo dijo él mismo.
—Al menos hablaron de matrimonio, es un avance.
—Desengáñese milady, Naruto no siente el menor interés por mí.
—Entonces dime porque te sigue con la mirada cuando cree que nadie le ve.
¿Sería cierto?
La esperanza hizo que el corazón de Hinata se hinchara de felicidad por un momento.
—No lo sé. Porque le desagrado, porque está deseando verme partir.
—Al contrario, creo que le fascinas, eres muy diferente de las mujeres que acostumbra a tratar. Con gesto maternal, lady Kushina acarició la mano de Hinata.
—Su actitud hacia esa mujer esta noche no quiere decir nada, en el fondo ya no sabe ni donde está. Te necesita Hinata.
—Me temo, milady, que ese tipo de mujeres tiene algo de lo que yo carezco.
—Una dudosa moral —terminó lady Kushina con una mueca de desprecio— Hay que sacar partido de tus cualidades, no eres nada consciente de tu encanto Hinata.
—Gracias... Pero realmente no estamos hechos el uno para el otro, para él solo soy...
Una solterona amargada.
—Una amiga de la infancia. Te conoció cuando eras una niña y le cuesta admitir que has crecido. Y ahora, si se han peleado, vete enseguida a reconciliarte con él. No dudes en entrar en su habitación, después de lo que le pasó con Shion no corres ningún riesgo. Él aprendió la lección.
—¿Qué lección?
—Se vio forzado a casarse con ella porque el padre de Shion les sorprendió juntos ¿no lo sabias?
—No... ¿Entonces no fue un matrimonio por amor? Lady Kushina hizo una mueca.
—Más bien fue una trampa.
—¿Quiere decir que Shion... lo hizo a propósito?
—Exactamente. A pesar de su mala reputación mi hijo es un hombre de honor. Shion era virgen y él aceptó reparar...
¿Acaso lady Kushina le estaba insinuando que imitara a Shion para conseguir lo que quería? Su madrina la empujó hacia la puerta del comedor.
—Ve con él querida, a los hombres les gusta que se les adule, no lo olvides... Y también les gusta pensar que son ellos los que toman las decisiones.
—Yo no puedo hacerle algo así a Naruto, no se dejará engañar. Lady Kushina se rió
—¡Por supuesto que si! Es menos indiferente a tus encantos de lo que imaginas. Estoy segura de que en este mismo momento está pensando en ti.
—No piensa —contestó Hinata— rumia.
A lady Kushina se le escapo otra carcajada.
—¡Ya lo ves! Le conoces mejor que yo. Por el amor de Dios, querida, no le dejes rumiar más tiempo.
Hinata estaba en la sombra del jardín, el aire de la noche estaba lleno del olor de la lluvia y a lo lejos se oían truenos. La torre se perfilaba en el cielo lleno de nubes, la luz de una vela iluminaba una de sus ventanas, Naruto estaba en la habitación prohibida...Y Hinata tenía la intención de seducirle.
Se secó las manos húmedas de sudor en el organdí turquesa de su falda y aspiró profundamente una gran bocanada de aire. Su corazón latía enloquecido, si Naruto era un hombre lo bastante leal para casarse con una virgen que él hubiera desflorado, ella se ofrecería a él. El hacerlo no era algo calculado sino un acto desesperado.
Volverás a Wessex.
El tiempo apremiaba, tenía que darse prisa, las revelaciones de la condesa habían dado un nuevo cariz a los acontecimientos. Hinata comprendía ahora la frialdad de Naruto, si él quería escapar al matrimonio era normal que evitara a todas la vírgenes.
¿Cómo podría romper el muro que les separaba? Se preguntó.
Estaba delante del banco donde, una semana antes, ella tuvo la prueba de que se sentía atraído por ella.
Podía probar suerte de nuevo.
La puerta estaba debajo de la cortina de hiedra pero no tenía valor para abrirla.
Volverás a Wessex.
No, no volvería, no sin Ino.
Tenía el juego de llaves que había tomado de la cocina mientras el mayordomo servía el postre en el salón. Cuando se acercó a la puerta las llaves tintinearon alegremente en la oscuridad, había al menos veinte llaves y las fue probando una a una hasta que se oyó un clic y la puerta se abrió en la oscuridad.
Hinata subió por la escalera de caracol sujetándose a la pared para guiarse por unos escalones que parecían girar hasta el infinito. Al fin llegó a un estrecho descansillo donde una sólida puerta impedía el paso.
Puso la oreja en la puerta, no se oía nada, ni un murmullo. Era de esperar que estuviera solo, pensó, no podría soportar encontrarle de nuevo con una mujer.
La asaltaron las dudas, y se quedó inmóvil un momento pensando. Dar marcha atrás significaba renunciar a Ino, la imagen del bebé le dio fuerzas para continuar y con mano decidida giró el pomo de bronce.
Mirando por la estrecha abertura, Hinata pudo ver una estancia decorada en tonos ocres y verdes, vio un trazo de las cortinas y, en el impresionante hogar de la chimenea, un fuego de carbón encendido.
Empujó la puerta lo más despacio posible hasta abrirla unos centímetros más. Un viejo sillón mecedora apareció en su campo de visión, a su lado había una mesa cubierta de libros. Encima del sillón yacía, olvidado, un libro con un pisapapeles marcando la página.
El abrigo de Naruto estaba encima de un escabel, uno de sus zapatos había aterrizado delante de la chimenea y el otro cerca de la mesa como si se hubiera librado de ellos en un ataque de rabia. Hinata escuchó atentamente pero solo percibió el ruido que hacía el carbón que se consumía.
Contando mentalmente hasta tres abrió completamente la puerta, barrió la estancia con la mirada vacía. Para su sorpresa no había ninguna cama con sábanas de seda y un montón de cojines, tampoco había velas encendidas y desde luego ni rastro de una amante.
En lugar de eso vio estanterías en las paredes llenas de libros, un inmenso escritorio con muchos cajones sobre el cual una lámpara de aceite iluminaba un montón de papeles, y un sillón de madera tapizado en terciopelo verde oscuro que parecía estar esperando el retorno del dueño del lugar. Solo estanterías llenas de libros...
¿Esa era la torre de marfil de Naruto? ¿El lugar donde se abandonaba en secreto a sus vicios? ¿El nido privado cuyo acceso estaba prohibido a todo el mundo?
Vio de pronto otra puerta en la pared, detrás de ella quizá estuvieran el mullido lecho, los braseros donde se quemaba incienso, la alcoba perfumada de las citas de Naruto donde él seducía a sus conquistas. La recorrió un escalofrió solo de pensarlo.
Avanzó con cuidado y abrió la puerta, pero para su gran decepción solo descubrió una estrecha escalera de piedra iluminada por una simple antorcha adosada a la pared.
Sin duda esa escalera debía conducir al dormitorio de Naruto. Iba a dirigirse a ella cuando un pensamiento la detuvo. ¿Si Naruto no recibía a sus mujeres aquí porque se mostraba tan misterioso con ese lugar?
La mirada de Hinata volvió al escritorio cubierto de papeles ¿Qué hacía entonces en ese lugar? ¿Quemaba sus papeles de negocios? ¿Hacía apuestas?
Otra duda la sacudió ¿Podría permitirse fisgonear en sus asuntos personales? Por otro lado ¿qué podía haber de malo en echar una miradita? Después de todo su deseo de saberlo todo sobre Naruto solo obedecía a un deseo: comprenderle mejor.
Más tranquila se dirigió al escritorio, un magnífico mueble de caoba con multitud de huecos llenos de documentos. Unas bolas de papel arrugado sembraban el suelo alrededor de una pequeña papelera.
También había papeles en la mesa al igual que algunas plumas, un sacapuntas y un tintero tapado. La mirada de Hinata se vio súbitamente atraída por un objeto insólito. Un par de gafas con montura de oro estaban depositadas sobre una pila de hojas de papel. Las cogió con cuidado y las acercó a su rostro para mirar a través de los cristales. De inmediato se le nubló la vista.
¿Naruto necesitaba gafas?
Este descubrimiento le pareció tan asombroso que empezó a reír. No porque ese defecto disminuyera su interés por él, sino porque imaginárselo con las gafas ensombrecía un poco su imagen de sinvergüenza despreocupado.
Dejó las gafas y volvió su atención a las hojas desperdigadas. Nada de facturas ni contratos como ella había creído, sino borradores llenos de manchas de tinta y de palabras tachadas.
En algunos lugares la punta de la pluma había atravesado el papel como si Naruto hubiera escrito muy deprisa preso de una violenta emoción.
Era difícil descifrar las palabras y las frases eran cortas. Hinata cogió una hoja al azar y sus ojos se detuvieron en el nombre que había en el encabezamiento.
Ino.
Hinata se dejó caer asombrada en el sillón y luego examinó más atentamente el contenido de la página.
Bajo la luz de la luna apaciblemente duerme.
Pequeño ángel entre otros tesoros
Nacidos de la vergüenza, pero almas tan puras
A pesar de una angustia que perdura.
En este mundo donde gobiernan las leyes.
Ella descansa, sin que su belleza se altere.
Alucinada, Hinata recorrió las siguientes estrofas. ¡Un poema! Un poema escrito por Naruto ¡Imposible! Continuó la lectura, las palabras expresaban una emoción profunda, sincera, tierna. Pero entonces, se dijo, quiere a Ino. Esta constatación la dejó sin aliento. Naruto había compuesto esos versos llenos de ternura, una poesía tan hermosa que las lágrimas le llenaron los ojos.
¿Ese era entonces el vicio secreto de Naruto? ¿La poesía?
Vio otros poemas, ninguno de ellos había sido pasado a limpio como si Naruto no quisiera volver a oír hablar de ellos.
Un poeta.
La sola idea la extrañaba, siempre le había considerado un hombre inteligente, de acuerdo, pero un hombre que prefería la lujuria a la reflexión filosófica.
Ahora recordaba los rastros de tinta que había notado en sus dedos, las largas horas que él pasaba en ese lugar hasta la madrugada.
Con las manos temblorosas, hurgó entre los papeles, leyendo pasajes al azar, notando la sensibilidad de las frases, maravillándose con su estilo.
De modo que el hombre que se burlaba abiertamente de los escritores modernos, el cínico libertino, era un poeta.
¿Pero quien era realmente? Hinata ya no sabía que pensar, era como si el conde de Rasengan tuviera dos personalidades. Ella conocía ya al seductor impenitente que adoraba a las mujeres. Ahora deseaba descubrir al autor de esos versos. Los sentimientos y los pensamientos que destilaban la conmovían.
Se oyó un trueno a lo lejos seguido de otro ruido más preocupante proveniente de la puerta. Un ruido fácilmente identificable, el de pasos que se acercaban.
Hinata se puso en pie de un salto con el poema dedicado a Ino apretado contra su pecho. Naruto entró en la estancia, al principio no la vio, estaba hojeando un libro. Vestido con unos pantalones de montar negros y una camisa blanca sin corbata, era de una belleza diabólica.
Naruto levantó la mirada y su mirada cayó sobre ella. Bajo la sorpresa sus ojos se entrecerraron y por un momento a Hinata le dio la impresión de que podía leer hasta lo más profundo de su alma. De pronto él notó el papel que ella sujetaba, sus cejas doradas se fruncieron y su rostro se endureció por efecto de la ira.
—Sé que no debería estar aquí —se apresuró a decir Hinata con voz temblorosa— Pero me sentía sola y pensé...
—¡Maldita mujer! —gruñó él tirando su libro y acercándose a ella con paso decidido.
El primer impulso de Hinata fue retroceder, apartarse de su camino, pero no, no quería huir. Él no le daba miedo y ella necesitaba saber porque se esforzaba tanto en disimular su talento como escritor.
Él le arrancó el papel.
—¿Quién le dio permiso para entrar aquí?
—Nadie. Solo tenía curiosidad por ver lo que hacía aquí. Y ahora que lo sé...
—¿Fue mi madre la que le dijo que viniera a curiosear por aquí no? Reconózcalo.
—Ella...
Hinata se interrumpió disgustada. Desde luego que lady Kushina le había dado la idea pero eso no era lo importante, después de todo ambas deseaban lo mismo: la felicidad de Ino.
—Naruto es inútil que insulte a su madre, vine porque quise, nadie me obligó a hacerlo.
—Ya veo. De modo que las dos están decididas a hacerme la vida imposible. Sus ojos brillaban como oscuros espejos.
—Bien dígame ¿qué se supone que debe hacer ahora? ¿Entregarse a mí?
A pesar de su enfado Hinata no pudo reprimir un estremecimiento de deseo ante la idea. Estaban solos, él podía hacerla suya y a la mañana siguiente se sentiría obligado a casarse con ella.
Se acercó a él, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo.
—¿Por qué no? —murmuró— ¿Tan sorprendente es que pueda desearme?
Un trozo de carbón cayó del hogar con un sonido seco. Otro trueno estalló más cerca esta vez. La luz de la lámpara se reflejaba en el semblante duro y suspicaz de Naruto.
—Váyase —ordenó.
El corazón de Hinata dejó de latir, pero ella no podía decidirse a abandonar la partida.
—No, todavía no. Primero hábleme de su trabajo. ¿Por qué nunca me dijo que escribía poesía?
—Solo son garabatos sin ningún interés. Olvídelo.
—Imposible, es demasiado hermoso, sobre todo el poema de Ino.
La emoción le impedía hablar.
—Es mi hija, ya se lo dije. Nunca la abandonaré.
—Lo sé. Comprendí sus sentimientos por ella gracias al poema. Tiene un don para expresar...
—Si le gustan las banalidades sin pies ni cabeza...
De pronto barrió la superficie del escritorio con gesto de enfado. Aterrada ella volvió en si y se precipitó a recoger los papeles.
—¡Deténgase! ¿Pero que le pasa? Ha debido trabajar durante horas en estos poemas.
—Eso no le incumbe, Métase en sus asuntos.
—Ni hablar. Esos poemas representan sus pensamientos, sus emociones, y solo por eso deberían ser recopilados y conservados cuidadosamente.
—Sobretodo deberían estar a salvo de las cotillas como usted. Y ahora salga de aquí. Uniendo el gesto a la palabra la cogió del brazo y la empujó hasta la puerta. Hinata se resistió.
—Es inútil Naruto, no me iré. No le dejaré destruir una parte de si mismo sin hacer nada.
Estaba apretada contra él y podía oír los latidos de su corazón. Él la miró fijamente con malicia, un rayo iluminó la habitación, el tiempo pareció detenerse. Después, lentamente, la mirada de Naruto se dulcificó.
—No tenía ningún derecho a hurgar en mis cosas.
—Lamento esa intrusión, pensaba que le conocía y ni siquiera sabía que necesitaba gafas para leer.
—¿Cómo podía haberlo sabido? Además, como dijo el otro día apenas nos conocemos.
—¿Por qué nunca me dijo que era poeta? ¿Por qué se comportó de ese modo tan desagradable en la reunión literaria? La poesía no es para tomarla a risa. ¿Es consciente de que posee un don?
—Guárdese los cumplidos, no necesito reconocimiento y menos viniendo de usted.
Aunque la rechazó sin contemplaciones, Hinata no podía evitar sentir una gran ternura por él al verle dar vueltas como un león enjaulado. Lo que más la sorprendía era que un hombre que parecía tan seguro de si mismo pudiera despreciar tanto su trabajo.
Los poetas ocupaban un lugar privilegiado en la sociedad, incluso los más controvertidos como lord Byron o Shelley. Sin embargo Naruto no parecía ser consciente de su valía.
—He leído poesía suficiente para poder juzgar. Debería publicar sus escritos, yo podría ayudarle a pasarlos a limpio y...
—Ya basta —la cortó. La fusiló con la mirada.
—Si cree que su trabajo carece de valor ¿por qué continúa escribiendo? —preguntó ella. Un ligero rubor coloreo las mejillas de Naruto que cruzó los brazos y levantó la cabeza.
—Es una mala costumbre nada más —gruñó Ella había recogido las hojas.
—¿Algo así como comerse la uñas o coleccionar amantes?
—Exactamente.
—Bueno pues no estoy de acuerdo. Creo que tiene un gran talento y que debería darlo a conocer.
—No tengo obligación de hacer nada. Ahora vuelva a su habitación y no se meta más en mi vida.
—Escuche...
Ella cogió una hoja y empezó a descifrarla.
—"Bajo estas vastas y silenciosas praderas reposan los que siguen invictos y cuya sangre..." Naruto le arrebató el papel de las manos e hizo una bola con él.
—Hinata, por última vez, váyase, sino la saco yo.
—No lo hará Naruto, sabe usar las palabras lo cual es poco común. ¿Cómo puede infravalorarse hasta ese punto? ¿Por qué deja que la gente le considere un inútil?
—Probablemente esa sea mi verdadera naturaleza, usted misma lo dijo —exclamó él.
Naruto lanzó la bola de papel en la papelera pero ese gesto no bastó para apaciguar la sorda cólera que le dominaba. En ese momento la odiaba. La odiaba por haber entrado en su último refugio, por haberle despojado de sus defensas.
Con una total tranquilidad, y todavía arrodillada en la alfombra con su falda turquesa a su alrededor, aparentemente inconsciente de la tempestad que se desarrollaba dentro de él, Hinata le miraba con una tranquila seguridad, convencida de que lo que decía. Alrededor de ella había montones de hojas, sus poemas.
Él empezó a andar de un lado a otro.
—¿Quiere que este orgulloso de mi mismo? —lanzó él— Juzgue por si misma. Mientras Napoleón entraba en Bélgica con su ejército yo me quede aquí. Y cuando los hombres como Deidara Randall sacrificaban la vida por su país, yo bebía y me divertía. Solo me enteré de la batalla cinco días más tarde. Todo ese tiempo lo había pasado en la cama con Hotaru Badrick.
Todavía recordaba el momento en que había salido de la habitación, cansado y abatido, el choque que experimentó al leer los periódicos de Londres que se habían apilado en su escritorio.
Hinata se sentó sobre sus talones y le miró con una confianza inquebrantable.
—Escribió esas maravillosas líneas en memoria del capitán y sus hombres. Eso es algo... Él la cortó con un gesto de la mano.
—Esto no tiene ningún valor. Algunas palabras sobre un papel no pueden compararse con la sangre vertida en el campo de batalla.
—Usted no es un soldado. Usted es un poeta. Es con su obra con lo que conseguirá que los demás tomen conciencia de los horrores de la guerra.
Naruto se sentía atraído por su inocencia y su sentido común, por la luz que emanaba de ella. Volviéndose puso las manos en el reborde de la chimenea y contempló las brasas rojizas del hogar.
—No —insistió— Las palabras no pueden cambiar nada, solo los actos son importantes.
Hotaru¿Quién le dijo algo así?
Él apretó los dientes. Por una vez no pudo impedir que los sombríos recuerdos salieran a la superficie.
—Mi padre —dijo después de una ligera duda.
—Bueno, pues estaba equivocado. El hecho de que no le gustara la poesía no significa que su obra carezca de valor. Simplemente era incapaz de compartir su punto de vista. Eso es todo.
Naruto suspiró. Ella no entendía nada o no quería entenderlo. A su manera era tan cabezota e inflexible como él.
—Es más complicado que todo eso —dijo.
—¿Alguna vez leyó alguna de sus poesías?
—Si.
—¿Y bien?
Naruto se apoderó del atizador y atizó el fuego añadiendo después unos trozos de carbón del cesto.
—Cuando yo tenía once años —empezó en voz baja— escribí una poesía por su cumpleaños. Estuve horas perfeccionándola. Cuando se la di apenas la miró, la rompió y la tiró a la chimenea.
Naruto jamás podría olvidar la visión del papel ennegreciéndose y retorciéndose entre las llamas.
Furioso de que el pasado pudiera afectarle tanto todavía, volvió a colocar bruscamente el atizador en su lugar. Hinata le puso una mano en el brazo.
—¡Que crueldad por su parte!
Naruto tomo conciencia súbitamente de la cálida presión de la mano de Hinata en su brazo, del peligroso consuelo que le proporcionaba, comprendió que debía alejarse de ella mientras todavía estaba a tiempo. Sin embargo no se movió.
—Me dijo que acabaría mal si no hacía lo que él me decía, que me convertiría en el hazmerreír de todos. Y eso es exactamente lo que pasó. Naruto se aclaró la garganta antes de continuar pero Hinata le interrumpió.
—¿Por eso ha renegado todos estos años de su talento? Bueno pues yo no daría ni un céntimo por el buen juicio de su padre.
—Mi padre quería que yo hiciera algo con mi vida, como él había hecho.
—¡Bobadas! Quería moldearle a su imagen y semejanza en lugar de respetar su personalidad. Naruto se negaba a aceptar su razonamiento, le resultaba más fácil ironizar.
—¿Realmente es usted Chipie, siempre tan dispuesta a recordarme mi sentido del deber y mis responsabilidades, quien me lo dice?
—Si —dijo ella sin dudar.
Le cogió las manos como una maestra ansiosa por convencer a un alumno obstinado.
—Ha renegado de su talento con el pretexto de que su padre era demasiado estúpido y autoritario, pero no es demasiado tarde. Tiene que aprender a ser usted mismo.
Su entusiasmo le atraía, nunca hubiera imaginado que ella pudiera apoyarle, solo le había contado la verdad para desengañarla aún más. Pero se había equivocado.
A juzgar por su expresión, Hinata no abandonaría fácilmente su cruzada. En pie delante de él, le apretaba las manos como si quisiera transmitirle su fuerza.
Cuando ella le miró, sus ojos brillaban con una fe inquebrantable.
¡Maldita fuera! Pensó. ¿Quién se creía que era para querer transformarle en un héroe de leyenda? Y él, pobre idiota, solo deseaba créela...
Enfadado con ella y con él mismo, la empujó bruscamente contra la pared.
—¡Al diablo la poesía! —dijo— Voy a mostrarle lo que soy en realidad.
Con un movimiento desprovisto de gentileza, se inclinó y se apoderó de la boca de Hinata aplastándola con la suya. Sus manos se deslizaron por sus pechos y sus caderas.
Ella era alta y delgada, casi tan alta como él, pero liviana, dulce y voluptuosa. Y esta vez no había bebido champán, lo cual era mejor, así comprendería que él solo era un hombre sin honor, el libertino que todos decían que era.
Le acarició el pecho, apretando los senos a través del rígido corpiño, esperando que en cualquier momento ella le abofeteara llamándole sinvergüenza. Eso era lo que él deseaba. Si, quería que ella le rechazara y huyera asqueada, así se encontraría solo por fin.
Pero ella emitió un pequeño gemido de alegría y sus brazos se anudaron alrededor de su cuello, sus labios se abrieron bajo sus besos.
—Naruto —murmuró ella en un gemido apretando su cuerpo contra el de él.
El deseo le invadió como una oleada, intensa y mareante y él la abrazó con más fuerza.
La pasión no tenía secretos para él y era sobresaliente en el arte de someter a una mujer, de hacer que se plegara a su voluntad. Sería un juego de niños seducir a Hinata, convertirse en el centro de su universo, él la dominaría, le daría placer hasta hacer que olvidara todo lo demás.
Su mano se deslizó por su espalda y empezó a soltar los botones de su vestido. Había llegado a la cintura cuando recupero el sentido.
¡Hinata! Estaba a punto de hacerle el amor a Hinata Hyūga. Se apartó de ella con las manos temblando.
—No podemos hacerlo —murmuró.
—¿Por qué no? —se quejó Hinata con voz ronca colgándose de él— ¿No le gusta besarme?
Él levantó la cabeza y vio sus ojos grises, brillantes de deseo, los labios hinchados tan tentadores como un fruto prohibido.
—Vuelva corriendo a su habitación antes de que su reputación quede definitivamente arruinada. Se apartó para dejarla pasar pero ella no se movió.
—Puede que eso sea lo que deseo, que arruine mi reputación.
Con un lascivo movimiento de hombros se desprendió del vestido y este cayó hasta su cintura.
—Por favor —continuó ella.
Sin dejar de mirarle empezó a soltarse los lazos del corsé.
Naruto no podía apartar los ojos de la cinta rosa que todavía cerraba su ropa interior. El corpiño realzaba la delgada cintura de ella levantando los blancos pechos cuya sola visión le volvía loco de deseo. Sin duda ella había bebido demasiado vino en la cena, era la única explicación coherente con su conducta.
—Maldita sea Hinata, cúbrase.
Antes de que ella se terminara de soltar el corpiño él le apartó las manos. Sus dedos rozaron la piel caliente y suave y ese contacto estuvo a punto de hacerle perder la cabeza. Todo su ser clamaba por tomarla en sus brazos, acostarla en la alfombra e iniciarla en los misterios del amor.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano consiguió retroceder.
—Vuelva a vestirse—ordenó.
Sin intenciones de hacerlo, Hinata bajo la cabeza y le miró a través de sus pestañas, una mirada terriblemente erótica para tratarse de una virgen.
—¡Oh Naruto! ¡Me gusta tanto! Si no me hace el amor nunca sabré lo que eso significa. Por favor, déjeme demostrarle que no soy una solterona amargada.
No se hubiera sentido más sorprendido si ella le hubiera dado un puñetazo. El cerebro ya no le funcionaba y apenas podía respirar. Todo su cuerpo ardía por Hinata.
Incapaz de contenerse, le puso las manos sobre los hombros.
—Dios sabe que usted se merece algo mejor que una relación sórdida—murmuró con voz sorda—No soy lo bastante bueno para usted.
—Puede que no...Pero es a usted a quien deseo Naruto.
Una ráfaga de viento sacudió las contraventanas y un relámpago iluminó la habitación. Ahora la tormenta estaba encima de ellos. A Naruto le costaba creer que esa era Hinata, la sensata e ingenua Hinata, que le declaraba así su pasión.
Sabía que debería sacarla fuera de ese lugar y cerrar la puerta con llave. No tenía nada que ofrecerle aparte de un breve interludio amoroso. Pero no podía decidirse a hacerlo.
Ella se mantenía delante de él, contemplándole con sus grandes ojos grises, con su rostro expresando una imperativa necesidad, un deseo que acabó con los últimos escrúpulos que le quedaban.
En ese instante se dio cuenta de que estaba perdido.
La Historia tiene la finalidad de Entretener.
