Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD, a excepción de la trama.


Capítulo 9

Rose

Me moría de frío y el castañeo incontrolable de mis dientes era muestra de ello. Un temporal se aproximaba a gran velocidad, las corrientes de aire helado nos golpeaban por todas partes, una espesa niebla se había situado a nuestro alrededor y el cielo se ennegrecía extinguiendo de a poco la luz del sol que aún quedaba.

Apreté la mandíbula en un intento por controlar el tiriteo, dirigiendo la mirada hacia la cabaña. No voy a mentir, aquello parecía la choza de la bruja de Blair.

De madera y chimenea de piedra, con el típico techo triangular. Aparentaba ser pequeña para ser de dos pisos y tenía las ventanas totalmente mohosas. Estaba muy descuidada y definitivamente desentonaba en aquel lugar. Aunque agradecía al universo que los casi dos metros de ruso hayan sido capaz de encontrarla entre la maleza y los enormes pinos cargados de nieve que se encargaban de ocultarla.

Sentí que Dimitri aplicaba más peso a mis hombros, venía apoyándose en mí mientras avanzábamos para resguardarnos. Lo evalué rápidamente, no se veía bien.

Se movía con algo de rigidez, tenía el rostro un tanto pálido y los labios resecos. Mismos que sin querer me quedé admirando más de la cuenta. Me estremecí al recordar el beso que compartimos. Regañándome mental e inmediatamente después, ya que no era momento de pensar en "impulsos".

– ¿No deberíamos preguntarnos qué hace una cabaña en medio de la nada? – Cuestioné a unos cuantos pasos de alcanzar el pórtico.

Él reprimió su sonrisa o quizás hizo una mueca – Seguramente pertenece a algún guardabosque.

– ¿Crees que haya alguien adentro? – Musité sintiéndome aprensiva por alguna extraña razón.

– Parece abandonada – Advertimos lo gastado y maltrecho de los escalones, habría que subirlos de uno en uno – Y para el frío que hace la chimenea debería estar humeando – Apuntó.

– Es verdad – Delicadamente se alejó de mí para ir a probar la estabilidad de la baranda, sacudiéndola con firmeza antes de comenzar a subir. Una vez arriba me tendió la mano, gesto que no dudé en aceptar. Dejamos las mochilas en el suelo, descubriendo que la puerta no estaba atrancada – Está entreabierta.

– ¿Por qué sigues susurrando? – Inquirió divertido, demostrando que al menos su humor permanecía intacto. Lo que me dio cierta tranquilidad, pues tal vez su desmejorada condición solo se debía al susto que pasamos creyendo que caería al agua congelada.

Me encogí de hombros – No lo sé – Subí una octava más el tono de mi voz.

Se aproximó a la entrada y llamó – Zdravstvuyte![1] – Sin esperar respuesta me acerqué a la ventana, pero estaba tan opaca que era imposible distinguir nada – Yest´ kto doma?[2]

– No veo una mierda ¡Digo que entremos ya! – Asintió empujando la puerta que chirriante se negaba a abrir – ¿Qué es esto? – Exclamé al toparnos con una especie de recibidor cerrado que tenía estantes con una cantidad escandalosa de cacharros y herramientas. Al fondo se encontraba la doble puerta que daba al interior de la cabaña.

Dimitri levantó el brazo y de encima de mi cabeza descolgó una especie de garfio – Parece herramienta propia de un cazador.

– Pero… – Tragué – ¿Que ésta no es un área protegida?

– Creo que esto podría ser clandestino – Habló con seriedad, dejando la ganzúa fuera de alcance.

Maldije, no salía de un problema cuando posiblemente ya estaba metida en otro – ¡Genial, solo mi suerte! – Dimitri empezó a remover algunas cosas y yo seguí su ejemplo. Entonces atisbé algo en el rincón, aparté una pesada bolsa de lona y descubrí un par de cañas de pescar. Iba a decírselo al ruso cuando otro objeto saltó a mi vista – ¡Una radio! – Solté llamando su atención. Tenía polvo, pero no parecía antigua ni mucho menos inservible. Emocionada y bajo su escrutinio saqué la antena y oprimí el botón de encendido… … no ocurrió nada – ¡Pfft, no sirve! – Protesté decepcionada, presionando repetidas veces el interruptor.

– Déjame ver – Pidió quitándomela de las manos – Quizás pueda repararla.

Rodé los ojos – ¡Claro! Si a ustedes hasta les enseñan a ensamblar y desmontar armas en la escuela – Me acerqué a la doble puerta y giré la perilla. Sin embargo, ésta sí que estaba atrancada – ¡Maldita sea, está cerrada! – La sacudí con violencia – ¿Por qué el destino no puede conspirar a mi favor…? ¡Por qué!

Dimitri se acercó a mí y con todo el sosiego del mundo, dijo – ¿Por qué no lo intentas con la llave?

Bufé exasperada – Lo haría si tuviera una… – Enarcó una ceja y señaló un pincho que clavado a la pared sostenía la… – Llave – Me mordí el labio sintiendo mis mejillas arder. No demoré en tomarla, abrir y entrar – ¡Vaya!

Accedimos de inmediato a la cocineta, a nuestra izquierda había una vitrina con las puertillas desvencijadas y por las que se veían algunos utensilios, una encimera de madera maciza que tenía una especie de cuchillo de carnicero encajado a ella, más delante un fregadero que definitivamente vio tiempos mejores y a la derecha un congelador que lograba estrechar el lugar. Me alejé de ahí, no quería ni imaginarme lo que pudo haber contenido.

Pasamos a la siguiente habitación, el espacio era más amplio e iluminado por las ventanas, que aunque enmohecidas conseguían filtrar una poca más de luz. Había un sofá viejo, una mesa, una silla y justo en medio de la estancia, una especie de bañera rústica que en un extremo tenía un tubo de agua que bajaba a tierra. Lo que era magnífico, pues si estaba en buenas condiciones tal vez podríamos darnos un baño.

Detrás y hasta el fondo estaba la chimenea de piedra con un montón de leños apilados, los cuales obstruían el paso a un cuartito que el ruso identificó como la letrina. Por último la escalera que daba al segundo piso, que no era más que un sencillo tapanco en donde desde nuestra posición, se apreciaban una cama y una caldera metálica.

– Parece que nadie ha estado aquí en bastante tiempo – Enunció Dimitri. Era evidente que había polvo acumulado y telarañas por doquier, suciedad en las ventanas, un aroma encerrado y las paredes tenían hendiduras por donde se colaba el aire. Nada que no solucionaran un par de trapos. Digo, definitivamente no eran las cabañas de Sporer Alm en Austria, pero al menos estaríamos a salvo bajo techo con la oportunidad de descansar adecuadamente – Encenderé la chimenea y luego veremos qué más podemos encontrar.


– ¿¡Qué rayos es esto!? – Exclamé alejando la botella de mis delicadas fosas nasales – ¿Combustible para cohetes?

Cauteloso la tomó y al comprobar que no tenía etiqueta la volvió a destapar para olfatearla. Entonces él simplemente rió – Es vodka añejo, Rose.

– Pues creo que se enranció – Nos encontrábamos rebuscando en la cocina en donde asombrosamente descubrimos algunas cosas – En fin, pienso que algo decente podremos hacer con esto.

Teníamos sal, una tablilla de chocolate puro, miel, especias, un poco de arroz y pasta, aceite de oliva, harina, un trozo de carne seca y según el ruso a mi lado, vodka.

– Racionando… – Evaluó todo lo que teníamos bien ordenado en la encimera – Quizás nos alcance para dos o tres comidas.

Hice una mueca – Ok. Pues si el clima lo permite mañana tendremos que salir a pescar. Ambos necesitamos alimentarnos más y mejor.

– Me parece bien – Estuvo de acuerdo – No sabemos cuántos días estaremos aquí.

Eso detuvo mis movimientos – Espera, ¿días? – Me volví hacia él – Hablas como si fuéramos a permanecer aquí por mucho tiempo.

– Es posible – Dejó el bowl en donde ya había puesto la pasta con una pizca de sal – Recuerdas cuando te hablé de la cancelación de los vuelos debido al mal clima – Afirmé – Pues estos días se preveían como los más virulentos.

¡QUÉ! – Kahretsin! Neden her şey ters gidiyor? Yüzleşmem gereken başka ne var?[3] – Juré.

Se detuvo frente a mí poniendo sus manos en mis hombros en un intento por calmarme – Comprendo que estés desesperada por volver, pero piensa que realmente tuvimos mucha suerte de llegar enteros hasta aquí y oportunamente antes del temporal. Estamos más cerca Roza, solo hay que ser prudentes.

Exhalé rendida – Tienes razón. No puedo, ni debo dejarme dominar por la ansiedad – Le ofrecí una pequeña sonrisa que no tardó en corresponder – Gracias camarada – Dimitri soltó mi hombro solo para acomodarme un mechón rebelde detrás de la oreja. Nuestras miradas se atrajeron como cada vez, no obstante, en esta ocasión leí una emoción distinta. Algo en sus ojos había cambiado. De repente, fui consciente de su cercanía y de que lentamente se inclinaba hacia mí. Nerviosa retrocedí, no deseaba confundir más las cosas. Me aclaré la garganta y cambié de tema – La cabaña tiene sus desperfectos, pero nada que no se pueda arreglar ¿no te parece?

Él también retrocedió, volviendo a centrarse en la cena – Sí, hay mucho por hacer.


El ambiente en la cabaña era de calidez y paz absoluta, un claro contraste con la tempestad de allá afuera.

Antes de cerrar la entrada principal nos aseguramos de meter dos cubos con nieve que pusimos a derretir para asearnos más tarde. Para ello colocamos frente a la bañera la bolsa térmica a manera de cortina para que nos proporcionara algo de privacidad.

Dimitri había puesto la cena a cocinar y tapó todas las rendijas de la planta baja, mientras que yo limpiaba y ordenaba el tapanco para que estuviera listo a la hora de irnos a dormir.

Él ahora se estaba lavando y confieso que el solo hecho de saberlo con menos ropa me alteraba los nervios. Pues desde que lo vi por primera vez, con su traje de piloto sexy que marcaba a la perfección sus brazos tonificados y ancha espalda…

¡Basta Rose, concéntrate! Sacudí más enérgicamente el colchón, que aunque mullido me invitaba a arrojarme sobre él. Y lo mejor era que no tenía pulgas.

– Entonces… – Inicié una conversación con el propósito de entretener mis propios pensamientos – ¿Cómo es vivir rodeado de mujeres?

– ¿Disculpa? – Cuestionó un tanto desconcertado.

– Tu familia – Le aclaré – Creciste rodeado de puras mujeres, ¿no?

– Sí, así fue – Hizo una pausa – Tiene sus pros y sus contras – Creí que no diría nada más por lo que me sorprendí cuando continuó con el relato – Mi madre siempre ha tenido cierta preferencia hacia mí, supongo que por ser su único hijo varón. No es que me diera más libertades o fuera injusta con mis hermanas, simplemente que… – Suspiró audiblemente – Por muchos años fue padre y madre a la vez, y desde entonces se ha apoyado mucho de mí. Eso hizo que nuestra relación fuera…

– Especial – Concluí.

– Mucho – Me dispuse a abrir el baúl que no vimos estando abajo – Por otra parte, Karolina, Sonya y sobre todo Viktoria, pueden ser muy difíciles de tratar a veces. Aunque ellas te dirían que el culpable soy yo y mi carácter imposible.

Me carcajeé encantada de escucharlo. Por fin me confiaba algo más sobre su vida – Me lo imagino ¡Pobres chicas!

– ¿Qué más podía hacer? – Protestó – Desde niño tomé un rol un tanto sobreprotector con ellas, sentí que era mi deber como hombre de la casa.

– André es igual con Lissa y conmigo… o lo era – Musité sin pensarlo; no quería engancharme a malos recuerdos. Levanté la tapa descubriendo ahí mantas de lana y una caja de aluminio – Entonces tienes cuatro mujeres esperándote en casa, eh – Seguí la charla ansiando recuperar el buen humor.

– Cinco, con mi abuela – Lo oí moverse – A ella no la he mencionado porque no hay quién la entienda – Bromeó devolviéndome la sonrisa con tan peculiar descripción – Es una mujer extraña.

Justo entonces también me nació la curiosidad por saber si tenía alguna mujer especial en su vida. Quizás una novia, ya que él no llevaba anillo. A menos que esté casado y sea del tipo de hombres a los que no les gusta usar argolla. Y por eso mismo no me creía capaz de preguntárselo directamente.

Por una razón que me negaba a aceptar no me sentía preparada para escuchar su respuesta – Tus reuniones familiares deben ser todo un agasajo.

– No tienes idea – De reojo lo vi subiendo las escaleras trayendo consigo la pasta.

Coloqué la caja a la altura de mi barbilla y soplé el polvo de ella antes de abrirla – ¡Oh!

– ¿Qué, qué pasa? – Preocupado llegó hasta mí.

– Encontré un botiquín, o eso creo – Saqué un frasco con lo que aparentaba ser yodo – No hay medicamentos, pero al menos podremos hacerte curaciones – Respiré aliviada, pues aunque se veía mejor que antes no podía olvidarme del riesgo que representaba su herida. Al no obtener respuesta suya levanté la mirada para darme cuenta de que me contemplaba de una forma que logró intimidarme – ¿Qué? ¿Por qué me miras así? – Ruborizada bajé el rostro ¿Qué es lo que me pasa con este hombre?

– No, por nada – Se aclaró la garganta, alejándose para colocar el bowl sobre la caldera – Mejor ve a asearte. No sé tú, pero yo muero de hambre y esta pasta vieja huele exquisito.

– Está bien – Le entregué el botiquín – No tardo.


– ¿De verdad? ¡Cree que las nubes son de algodón! – Reí.

Cenábamos en la cama, recostados en la cabecera, arropados con las mantas e iluminados únicamente por el horno metálico.

La comida italiana formaba parte de mi top cinco, pero jamás había disfrutado tanto una pasta como ésta. El ambiente que se creó era ideal y en otras condiciones habría sido una noche perfecta.

Dimitri había aprovechado para curar y vendarse la herida mientras yo me aseaba. Y he de confesar que ha sido el mejor baño que he tomado en la vida, me sentía ligera y mucho más optimista. Presentía que la pesadilla estaba por terminar.

– Fervientemente – Bebió del cocido de pino – Es la pelea constante con su hermano mayor.

– ¡Aww, tan linda! Debe ser una hermosura – Me llevé otro bocado a la boca.

– Lo es. Ambos son buenos niños, pero juntos son imparables ¡Hasta parecen el doble! – Lo observaba hipnotizada, encantada de ver cómo se iluminaban sus ojos cada vez que mencionaba a los pequeños – Y quién sabe, quizás Sonya ya haya dado a luz a Kathia – Su sonrisa vaciló – Tal parece que Paul también está condenado a vivir entre mujeres.

– ¡Ay, por favor! Tan malo no puede ser – Jugué animándolo – Al igual que no creo que tu abuela sea una rara.

– Dices eso porque no la conoces – Callamos al oír la ventisca que hacía crujir la cabaña entera – ¿Quieres escuchar algo de verdad extraño? – Preguntó un instante después – Estoy casi convencido de que ella trató de prevenirme sobre el accidente.

– ¡No juegues! – Exclamé con incredulidad.

– No me lo dijo tal cual – Aclaró – Como siempre inició con sus acertijos locos, para terminar pidiéndome expresamente que me previera con ropa más abrigadora.

Empecé a apilar los trastos sucios – Tal vez vio los reportes del clima.

Él se incorporó para ir y abrir la caldera, avivando el fuego con dos troncos más – Sus palabras exactas fueron: "Conocerás el invierno como nunca antes".

Lo miré estupefacta, las palabras de su abuela se asemejaban mucho a una predicción macabra – Ok, eso suena bastante extraño – Admití. Imaginando que la que creí una dulce viejecita, no lo era tanto.

– Te lo dije – Me metí bajo las mantas dejando un espacio libre para Dimitri. Afortunadamente ya no teníamos problema con el hecho de compartir lugar para dormir – Como sea. Al menos Paul se acompaña de Yuri, su padre – Lo sentí acomodarse a mi lado.

Nos mantuvimos en silencio por algunos minutos, cada uno sumergido en sus propias cavilaciones. Fue entonces que mi cerebro creyó oportuno saciar su curiosidad.

– ¿Camarada? – Lo llamé sin apartar la vista del techo. Él respondió con un sonido gutural – Tienes una familia hermosa, pero… – Dudé – No has mencionado a tu padre ni una sola vez ¿Por qué…? ¿No está con ustedes?

Su respuesta tardó en llegar – Ahora lo está – Suspiró pesadamente.

Me reprendí mentalmente, era obvio que era un tema espinoso para él ¿¡Por qué abriste la boca, Rosemarie!? Me acosté de lado dispuesta a disculparme. Mi madre me enseñó que había que pedir perdón viendo de frente a la otra persona.

– Perdóname, no tenía por qué preguntar – Giró su cabeza hacia mí – Pero desde el fallido intento de rescate la curiosidad no me deja en paz – Le confesé.

Volvió a suspirar – Es una larga historia… y complicada.

Percibiendo que cedía decidí insistir solo un poco más – Bueno, tenemos algo de tiempo ¿No te parece? ¡Claro! Solo si quieres contarme – La decisión era absolutamente suya.

Posó sus ojos en el nazar de mi cuello y así, sin más, comenzó a narrar.

– El General Randall Ivashkov… mi padre, dedicó su vida entera a la milicia. Fue un estratega innato que pronto destacó escalando a rangos importantes cuando aún era joven. Hace relativamente poco se retiró con los más grandes honores. Forjó una carrera brillante, una reputación intachable, amistades bastante poderosas y tiene más insignias de las que puede llegar a vanagloriarse.

– ¿Pero…? – Inquirí.

– Pero su patriotismo y lealtad desmedida por Rusia desplazaron a su familia al último lugar en su lista de prioridades – Expresó molesto – En ese mundo de armas y rigurosa disciplina conoció a mi madre, pues luego de resultar herido fue ella quien lo atendió en el hospital donde trabajaba. Al poco tiempo se casaron, gastando casi todos sus ahorros en la compra de una finca a las afueras de la ciudad – Inquieto se revolvió el cabello – Mamá siguió ejerciendo aún después de tener a Karolina y a Sonya. Sin embargo, cuando me esperaba a mí presentó una serie de complicaciones que le provocaron un embarazo de alto riesgo.

La manera en cómo se expresaba de su madre distaba enormemente de la forma en como lo hacía de su padre. Era innegable que la mujer que lo trajo al mundo significaba muchísimo para él – ¿Dejó su trabajo?

– Ni siquiera lo dudó – Reconoció – Tres años después intentó recuperarlo, pero ya no pudo hacerlo porque el país comenzaba a atravesar una crisis económica significativa.

Asentí – Recuerdo haberlo leído durante mis pesquisas. Muchas personas se quedaron en la miseria absoluta.

– Mis abuelos maternos fueron un claro ejemplo, perdieron su granja y tuvieron que vivir con nosotros porque no tenían a dónde ir – Se movió hasta quedar de frente – Fueron tiempos complicados, mi babushka horneaba hogazas de pan negro que mi abuelo salía a vender por las mañanas. Sin embargo, nos manteníamos mayormente del sueldo de mi padre. Éramos más en casa y así estuvimos por un par de años. Vivíamos sencillamente, pero he de decir que es la época que recuerdo con más cariño – Sonrió haciendo visibles sus hoyuelos – Por la tarde cuando mi padre llegaba de trabajar hacíamos algo juntos, ya fuera arreglar la cerca, podar los arbustos o reparar su Camaro del 67. Siempre terminábamos el día sentados en el pórtico, me leía westerns mientras bebíamos chocolate caliente – Ahora entendía su fascinación por los vaqueros – No me malinterpretes, también me gustaba pasar tiempo con mi madre y jugar con mis hermanas. Aunque me obligaran a casarme con sus muñecas – Se quejó como un niño provocándome tremendas carcajadas – No te burles, era horrible. Hacían toda una ceremonia.

– Lo siento – Limpié las pequeñas lágrimas de mis ojos – Me encantaría ver una foto de eso.

– Créeme, mamá tiene más de las que me gustaría que tuviera – Negó resignado – Realmente vivía para esos momentos que solo eran de mi padre y míos, porque a pesar de que definitivamente no estaba solo en casa, sentía que tenía un vínculo especial con él. No sé, quizás me sentía identificado, porque aunque ahora lo niegue, somos muy parecidos. Tal vez necesitábamos ese tiempo para nosotros, apartados de las mujeres de la casa… o simplemente era que lo admiraba más que a nada.

– ¿Qué ocurrió entonces? – Murmuré.

– Como sabrás todos los países tienen su buena dotación de historia negra y oculta. Rusia no es la excepción – Fui sorprendida por el rumbo que tomaba la conversación – Mi padre sobresalió tanto que llamó la atención de un departamento de inteligencia que se encargaba de realizar misiones exclusivas para el gobierno. Yo tendría ocho años cuando le llegó la oferta de trabajo, que más que nada haría que su cuenta bancaria aumentara considerablemente.

– Supongo que con exclusivas te refieres a secretas – Afirmó solemne. Yo era la loca de la historia obscura, me había documentado bastante a lo largo de toda mi carrera, por lo que deduje mil posibilidades – Debieron ser tareas sumamente peligrosas.

Se encogió de hombros – Lo tomó como parte de su deber, una forma más de demostrar absoluta fidelidad. Tendría que estar viajando constantemente por lo que le dieron la opción de llevarnos a un complejo en donde se alojaba a las familias de los militares. Él se negó rotundamente y me habló de su decisión mucho antes de decírselo a mi madre – Tragó con dificultad – Le rogué que se quedara, no quería que nos abandonara. No obstante, me juró que no sería así, que llamaría puntualmente y que volvería cada vez que tuviera oportunidad.

– No cumplió su promesa – Comenzaba a comprender la aversión hacia su padre – Debió ser difícil para ustedes.

– Lo fue – De repente, se sentó bruscamente poniendo distancia entre los dos – Sí, había más dinero, la despensa siempre estaba llena y teníamos más ropa. Sin embargo, él no estaba ahí. De un día para otro ya no tenía con quien charlar, las historias de vaqueros perdieron sentido, ni siquiera llegamos a reparar el auto – Titubeante me acerqué, notando que evadía mi mirada – Mi madre trató de alguna manera tomar su lugar, pero no era lo mismo. Me sentía solo en una casa con cinco personas más – Con fuerza estrujó las mantas – Le escribía, esperaba ansioso su llamada y pese a ello casi nunca respondía. Y cuando lo hacía había veces que únicamente conversaba con mamá porque el tiempo no le daba. Tengo los rostros de decepción de mis hermanas grabados aquí – Apuntó su frente con su dedo índice – El mío debió ser igual.

Intentando bajar su tensión acaricié suavemente su espalda, apoyando el mentón en su hombro – Camarada… – Dimitri me miró amargamente, lo que también me hizo dar cuenta de que tenía los ojos cristalizados.

– Nos visitaba tres o cuatro veces al año y siempre por periodos cortos – Continuó – Con el tiempo perdí la esperanza de recuperar a mi padre. Decepcionado dejé de buscarlo, de preguntar por él. Pensaba que si yo no le importaba, Randall Ivashkov tampoco tenía por qué importarme a mí – Forzó una sonrisa que terminó en mueca – Y cuando cumplí los trece… esa decepción se convirtió en resentimiento puro.

Desconcertada oí cómo su voz se endurecía cada vez más y he de decir que en los días que llevamos juntos jamás lo había escuchado así, ni siquiera en los momentos en que llegamos a discutir – ¿Por qué? ¿Qué ocurrió?

– Iván y yo salimos a correr. Ya íbamos de regreso cuando de pronto los gritos y lloros de mis hermanas nos hicieron prácticamente saltar la valla. La puerta estaba abierta, había cristales y muebles rotos, aquello parecía un campo de batalla – Clavó la vista en las llamas que nos protegían del frío – Entré a la cocina, Karo sostenía a mi madre que tenía el rostro bañado en sangre, mientras mi abuela con las manos temblorosas trataba de pararle la hemorragia nasal – Se estremeció visiblemente afectado – Sonya consolaba a Vika que no podía dejar de sollozar y mi amigo pronto llamó a la policía… un hombre había entrado a robar – Apretó el puente de su nariz – Para ese entonces el abuelo ya había muerto y ese día mis hermanas no se encontraban en casa, por lo que el bastardo aprovechó que Yeva y mi madre estaban solas, quién por obstruirle el paso la molió a golpes – Maldije a ese hijo de puta – Pasó la noche en el hospital bajo observación y a pesar de que quise quedarme para acompañarla, me pidió que me fuera con las chicas para que se sintieran más seguras y ella más tranquila – Hizo un alto para controlar su respiración agitada – Esa misma noche llamé a mi padre después de tres años de no hacerlo. Ya había sido notificado por lo que la noticia no le cayó de sorpresa. Volví a pedirle… le imploré que regresara. Lo necesitábamos en casa – Su voz entrecortada fue el impulso que necesité para levantarme y situarme entre sus piernas, arrodillada de frente a él – ¿Sabes cuál fue su respuesta? – Negué lentamente – "No puedo" – Respondió cuadrando la mandíbula – Por primera vez sentí que lo odiaba de verdad – Con rudeza borró la lágrima que cayó de su ojo – Estuvo en casa semana y media después, excusándose detrás del trabajo.

Lo sujeté de las manos, verlo tan dolido me hacía desear confortarlo – Dimitri…

– No le dirigí la palabra, ni siquiera soportaba estar en la misma habitación que él. Mamá notó el cambio enseguida, me pidió que lo comprendiera ¡Pero yo no entendía cómo era posible que su trabajo significara más que su propia familia! Ella no había dudado ni un segundo en dejar lo que más le gustaba hacer en la vida, por qué demonios Randall no fue capaz de hacer lo mismo por nosotros – Lloró y avergonzado bajó el rostro impidiendo que lo viera – Ese suceso cambió mi vida y supe que como hombre de la casa el bienestar de mi familia era mi responsabilidad.

Liberé sus manos y asiéndolo de la barbilla alcé su cabeza con delicadeza. No opuso resistencia – Cargaste con un peso enorme.

Sonrió con auténtica melancolía – Y lo volvería a hacer… por ellas.

– ¿Cómo lo sobrellevas ahora que se ha retirado? – Con mis pulgares y muy suavemente comencé a limpiar su llanto.

Permaneció quieto, cuidando cada uno de mis movimientos – Pretende que las cosas vuelvan a ser como lo eran antes. Me pide una oportunidad alegando que todo lo que hizo fue por mi futuro y el de mis hermanas, pero francamente a mí ya no me importan sus razones. Tomó sus decisiones… yo las mías – Declaró – Estudié aviación en escuela militar y cuando se me dio la opción de ser parte del ejército la rechacé por completo. Mi familia está primero.

Retiré el cabello de su frente con delicadeza, sentí que trataba con un niño herido. Quizás lo sea – ¿Por eso usas el apellido de tu madre?

Posé las manos sobre mi regazo y en esta ocasión fue Dimitri quien no tardó en sujetarlas – No quería que me relacionaran con él, porque cuando la gente descubre que soy su hijo siempre me dicen que tengo que estar orgulloso. "Tu padre es un hombre ejemplar" – Ironizó – Y me enerva porque me siento el más hipócrita de todos.

Y lo comprendía, al menos hasta cierto punto puesto que había varios factores que creí no estaba considerando realmente.

– Cuando sé es niño uno es incapaz de ver los problemas de los adultos, el alcance o la magnitud de estos – Tanteé apelando a la razón, esperando que no me viera como la abogada del diablo – No lo sé, a lo mejor la situación en tu casa no era tan buena como creías y tu padre se vio obligado a aceptar ese empleo.

– Hubiera preferido mil veces seguir viviendo sencillamente que pasar cumpleaños, graduaciones y demás momentos importantes solo – Musitó.

– Pero no lo estabas, no completamente – Se mostraba receloso aunque presto a mis palabras – ¿No has pensado que quizás sería bueno para ti escucharlo? ¿Cerrar ciclos? Tal vez ahora que eres adulto logres entenderlo aunque sea un poco – Ya sonaba como mi terapeuta – Y no es que lo esté justificando, sus razones tendría. Quizás su trabajo era tan peligroso que lo que menos deseaba era ponerlos en riesgo.

– No lo sé, han pasado tantos años – Aspiró y soltó el aire pausadamente relajando así sus músculos tensos – Y créeme que he intentado ser empático y ponerme en su lugar, más que nada por mi madre. Pese a ello… no puedo – Aceptó humilde.

– Hazlo por ti, para sanar heridas. Aún eres muy joven como para vivir con tanto rencor. Que esto te sirva de ejemplo – Señalé alrededor – La vida es muy corta y se acaba en cualquier instante. Date la oportunidad de perdonar, de librarte de este yugo que tanto te atormenta y si crees que requieres ayuda profesional no dudes en pedirla. A veces es liberador hablar de nuestros problemas con otros – Le aconsejé.

Lentamente fue apareciendo su hermosa sonrisa – Gracias, Roza. Desconocía cuánto necesitaba sacar todo lo que por años he ido embotellando – Llevó mis manos a su boca para depositar un beso en cada una.

Me removí nerviosa bajo su intensa mirada. Y justo en ese momento sentí que todo en mi vida era perfecto. Que ahí, en esa cabaña vieja y abandonada, en compañía de Dimitri, estaba a salvo.

Me aclaré la garganta obligándome a salir de la ensoñación – A veces por miedo nosotros mismos decidimos perdernos, consumirnos por heridas y rencores que al final nos dejarán vacíos – Probablemente me repetía. No obstante, quería que siguiera adelante y que disfrutara plenamente de su vida… él que era libre – Piénsalo, antes de que de verdad sea demasiado tarde.

– Si salimos de aquí con vida… – Bromeó provocándome achinar los ojos – Te prometo que lo voy a intentar – Terminó serio, hablaba con sinceridad.

Le sonreí feliz – Eso sería bueno… sería muy bueno.


1 Zdravstvuyte!: "¡Hola!" en ruso.

2 Yest´ kto doma: "¿Hay alguien en casa?" en ruso.

3 Kahretsin! Neden her şey ters gidiyor? Yüzleşmem gereken başka ne var?: "¡Maldita sea! ¿Por qué todo sigue saliendo mal? ¿Qué más tengo que enfrentar?, en turco.


Chicas no sé cómo pedirles disculpas por la tardanza, de verdad no tengo cara.

Ustedes que me siguen, que siempre se han mostrado con una paciencia de oro y yo con mis tardanzas. Pero de verdad, cuando no me pasaba una cosa se me atravesaba otra y el tiempo para escribir simplemente desapareció de mi itinerario.

Ahora bien, he de confesar que le temía a este capítulo y que me costó mucho trabajo escribirlo. Meterme en la mente del ruso no es nada fácil. Espero y quiero leer sus comentarios.

Sin embargo y para que estén tranquilas, sepan que historia que inicio es historia que termino.

Ojalá y hayan disfrutado del capítulo, se viene lo mejor.

Feliz 2021, manténganse a salvo.

Besos, Isy.