Capítulo 10
Un tonto enamorado
Bella POV.
No era de faltar a mis clases en la universidad. Sabía muy bien que debía cuidar mi beca, me había costado mucho trabajo conseguirla y no quería defraudar a los profesores que me ayudaban. Si alguna vez falte a clases fue por prescripción médica. En cambio hoy no. Hoy no había sido un día como cualquiera de esos o como cualquier otro.
Edward me había llevado al séptimo cielo, sin querer había transformado nuestro día en una hermosa cita. Quizás si lo hubiera planeado no habría resultado como quisimos, de hecho la prueba había sido la noche pasada.
Después de desayunar, tomamos una manta y nos dirigimos al parque más cercano. Allí estuvimos lo que duro el día. Hablamos, nos reímos y nos contamos detalles que desconocíamos el uno del otro. Edward contaba con nostalgia como había sido su vida familiar antes de que sus padres se divorciaran. Seguía sin querer hablar sobre su padre, y estaba bien, no me gustaba presionarlo y más con un tema tan delicado como lo era la relación que ambos tenían.
Muy entrada la tarde los dos estábamos exhaustos, pero ninguno se quejó.
Ambos estábamos nerviosos al ingresar a casa. Teníamos una pequeña sonrisa en nuestros labios, y sabíamos a que se debía, pero nos gustaba hacernos los tontos. Yo estaba muy nerviosa, y esquivaba la mirada brillante de Edward. Cuando me pregunto si deseaba comer algo, simplemente me negué alegando que lo que necesita era un baño. Él pensó lo mismo, así que sin más, cada uno tomo sus cosas y nos dirigimos a nuestras habitaciones.
Nerviosa como estaba me dirigí al baño y me desvestí para tomar una ducha rápida, la cual me ayudo a relajar los músculos que se me estaba tensado por la tensión que flotaba desde que habíamos puesto un pie dentro de casa. Cuando hube terminado me seque y me coloque un vestido holgado de algodón. Sequé mi cabello y sin atarlo baje a la parte baja de la casa donde Edward me esperaba sentado en el sofá de la sala vistiendo un pantalón y una playera de algodón. Ambos íbamos descalzos.
—Te estaba esperando.
- ¿Has esperado mucho? —Edward me sonrió estirando su brazo y tendiéndome su mano para hacer que me sentara a su lado— Lo siento, es que mi cabello está muy largo, me costó secarlo —pasó su mano por mi cabello y acercó su rostro inhalando el aroma que desprendía .
—No te lo cortes, me gusta mucho tu cabello… así, largo y suelto.
- ¿Enserio te gusta?
—Enserio.
—No hay nada que no me guste de ti, Bella.
Me senté sobre sus piernas y me prepare para hacer una confesión. Una que me había estado pesando por un tiempo, y que había estado postergando por temor a arruinar el día que habíamos tenido. Pero sabía que si quería avanzar en nuestra relación, debía ponerme los pantalones de chica grande y hablarle con la verdad. Eso me traía recuerdos dolorosos, pero Edward merecía saber que me hizo alejarme de mi querido Forks y por ende de mis padres. No secretos entre nosotros.
—Hay algo que tengo que contarte… algo que me paso de niña que hizo que tuviera que vivir con mi abuela. —Edward me miro con el ceño fruncido.
—Bella, cariño, si es algo que es doloroso para ti no hace falta que…
—Quiero hacerlo… necesito hacerlo si quiero que nuestra relación avance. Solo… solo no sé cómo empezar… —lo mire pidiéndole una ayuda que no sabía bien como él pudiera brindármela.
- ¿Qué tal desde el principio? —Desde el principio. Para eso debía remontarme a mis ocho años.
—Bien… siempre había sido una niña muy introvertida, siempre tímida y mis padres, en especial mi madre, luchaba para que yo fuera una niña más extrovertida, más social. Ella había sido porrista en su juventud y deseaba que yo pudiera seguir sus pasos, pero para eso debería ser más dada a la gente, cosa que yo no lo era en absoluto
Mi madre es una buena mujer y fue una buena madre, pero a veces solía pensar un poco más en ella que en mi o en papá. No considero que fuera una mujer egoísta, pero sé que en algunas ocasiones no tenía la capacidad de ver lo que sucedía a su alrededor y más si yo tenía algo que ver. No lograba ver que sus deseos no siempre eran compartidos conmigo. Y fue hasta que se le ocurrió que debía anotarme en un campamento para futuras porristas. No hubiera pasado nada si el campamento solo hubiera sido un campamento femenino, no, este era uno mixto.
Las primeras semanas fueron normales. Actividades para niñas y niños, nada de otro mundo. Lo terrible comenzó a pasar cuando los ayudantes de los instructores, jóvenes de entre quince y diecisiete años, comenzaron a hacerse caso de algunas actividades. Yo estaba en un grupo de principiantes junto con otras niñas. Había un chico en particular que no recuerdo su edad pero sé que era uno de los mayores, que siempre se encargaba de mi grupo junto a una chica un poco más chica que él. Mientras que la chica se encargaba de enseñarnos los saltos, él se encargaba de las posturas y… —intentaba que mi voz sonara tan entera como siempre, pero los recuerdos me empezaban a llegar y aunque ya lo había superado, había una parte de mí que aun recordaba el daño que esa persona me había causado, no solo a mi sino a otras niñas, pero yo tuve la mala suerte que esa persona era una vecino de casa y había sido justamente su madre quien le había comentado sobre ese campamento a mi Rene. Edward me sostuvo la mano animando a seguir hablando— Esa persona nos tocaba. Cuando estirábamos, a él siempre le gustaba tocarnos más de la cuenta. Todo eso se hubiera quedado ahí, si no se hubiera ensañado conmigo. Yo no lo sabía, pero él era nuestro vecino y su madre había sido quien le había contado a Rene sobre el campamento para porristas donde trabajaba su hijo. Mi madre, como siempre, nunca se detuvo a pensar si era algo seguro o si yo quería, solo lo hablo con mi padre alegando que era algo que a mí me ayudaría a entablar relaciones con niñas de mi edad y que encontraría nuevos amigos. Charlie… él solo quería ver feliz a mi madre y aunque no le gustaba la idea de mandarme tanto tiempo a un lugar con desconocidos, termino aceptando. Él pensó que estaba haciendo algo bueno junto a mi madre cuando al finalizar el campamento me vio bajar del autobús de la mano de aquel depravado. Lo que no sabían era que esa persona me había amenazado con decir algo a alguien. Fue horrible. Me sentí atada, era como si todo lo que sucedía lo estaba viendo desde otra perspectiva. Era como si yo pudiera ver las cosas que ese degenerado le hacía a esa niña que era yo, pero mi mente lo miraba desde el exterior. —Edward apretaba los dientes y me miraba como si quisiera destrozas algo. Tenía la misma mirada que me dio Charlie cundo se enteró lo que estaba sucediendo—. Todo eso sucedió por unos meses más hasta que un día mi abuela Marie nos fue a visitar y se dio cuenta de que algo pasaba. Asique sin decirle nada a mis padres decidió quedarse en nuestra casa por unos. Ella no sabía que entre semana, mi madre me llevaba un gimnasio donde se practicaban las posturas y donde ese impresentable también trabajaba como ayudante. Una de esas tardes, esa persona se había excedido con su manoseo y me había hecho hacer algo que me desagrado tanto que… que me había pasado todo un día vomitando —Edward se tensó y me miro a los ojos intentando dilucidar si era lo que estaba pensando. Asentí con lágrimas en los ojos—. Me había hecho que le practicara sexo oral y fue tan desagradable que no lo había soportado, sentia tanto asco porque sabía que eso no estaba bien, era una niña pero sabía que lo que me hacía era algo muy malo. Entonces mi abuela lo supo, me pregunto esa noche y le confesé lo que sucedía. Ella solo me abraso y me dijo que nadie volvería a hacerme daño. Me dijo esa misma noche que preparara mis cosas porque me llevaría a pasar una temporada con ella. Nunca supe la conversación que tuvo con mis padres, pero recuerdo que al otro día mi padre con lágrimas en los ojos me pidió perdón antes de irme. La relación con mi madre se fue deteriorando cada vez más, nunca la culpe pero siempre supe que si ella hubiera prestado más atención a mis cambios ya mi reticencia a asistir a esos entrenamientos, otra hubiera sido nuestra situación. Mi padre, en cambio, trato de visitarme seguido y supe por mi abuela que ese indeseado pago por lo que me hizo, no solo a mi sino también a dos más… Entonces mi abuela lo supo, me pregunto esa noche y le confesé lo que sucedía. Ella solo me abraso y me dijo que nadie volvería a hacerme daño. Me dijo esa misma noche que preparara mis cosas porque me llevaría a pasar una temporada con ella. Nunca supe la conversación que tuvo con mis padres, pero recuerdo que al otro día mi padre con lágrimas en los ojos me pidió perdón antes de irme. La relación con mi madre se fue deteriorando cada vez más, nunca la culpe pero siempre supe que si ella hubiera prestado más atención a mis cambios ya mi reticencia a asistir a esos entrenamientos, otra hubiera sido nuestra situación. Mi padre, en cambio, trato de visitarme seguido y supe por mi abuela que ese indeseado pago por lo que me hizo, no solo a mi sino también a dos más… Entonces mi abuela lo supo, me pregunto esa noche y le confesé lo que sucedía. Ella solo me abraso y me dijo que nadie volvería a hacerme daño. Me dijo esa misma noche que preparara mis cosas porque me llevaría a pasar una temporada con ella. Nunca supe la conversación que tuvo con mis padres, pero recuerdo que al otro día mi padre con lágrimas en los ojos me pidió perdón antes de irme. La relación con mi madre se fue deteriorando cada vez más, nunca la culpe pero siempre supe que si ella hubiera prestado más atención a mis cambios ya mi reticencia a asistir a esos entrenamientos, otra hubiera sido nuestra situación. Mi padre, en cambio, trato de visitarme seguido y supe por mi abuela que ese indeseado pago por lo que me hizo, no solo a mi sino también a dos más… Ella solo me abraso y me dijo que nadie volvería a hacerme daño. Me dijo esa misma noche que preparara mis cosas porque me llevaría a pasar una temporada con ella. Nunca supe la conversación que tuvo con mis padres, pero recuerdo que al otro día mi padre con lágrimas en los ojos me pidió perdón antes de irme. La relación con mi madre se fue deteriorando cada vez más, nunca la culpe pero siempre supe que si ella hubiera prestado más atención a mis cambios ya mi reticencia a asistir a esos entrenamientos, otra hubiera sido nuestra situación. Mi padre, en cambio, trato de visitarme seguido y supe por mi abuela que ese indeseado pago por lo que me hizo, no solo a mi sino también a dos más… Ella solo me abraso y me dijo que nadie volvería a hacerme daño. Me dijo esa misma noche que preparara mis cosas porque me llevaría a pasar una temporada con ella. Nunca supe la conversación que tuvo con mis padres, pero recuerdo que al otro día mi padre con lágrimas en los ojos me pidió perdón antes de irme. La relación con mi madre se fue deteriorando cada vez más, nunca la culpe pero siempre supe que si ella hubiera prestado más atención a mis cambios ya mi reticencia a asistir a esos entrenamientos, otra hubiera sido nuestra situación. Mi padre, en cambio, trato de visitarme seguido y supe por mi abuela que ese indeseado pago por lo que me hizo, no solo a mi sino también a dos más… Nunca supe la conversación que tuvo con mis padres, pero recuerdo que al otro día mi padre con lágrimas en los ojos me pidió perdón antes de irme. La relación con mi madre se fue deteriorando cada vez más, nunca la culpe pero siempre supe que si ella hubiera prestado más atención a mis cambios ya mi reticencia a asistir a esos entrenamientos, otra hubiera sido nuestra situación. Mi padre, en cambio, trato de visitarme seguido y supe por mi abuela que ese indeseado pago por lo que me hizo, no solo a mi sino también a dos más… Nunca supe la conversación que tuvo con mis padres, pero recuerdo que al otro día mi padre con lágrimas en los ojos me pidió perdón antes de irme. La relación con mi madre se fue deteriorando cada vez más, nunca la culpe pero siempre supe que si ella hubiera prestado más atención a mis cambios ya mi reticencia a asistir a esos entrenamientos, otra hubiera sido nuestra situación. Mi padre, en cambio, trato de visitarme seguido y supe por mi abuela que ese indeseado pago por lo que me hizo, no solo a mi sino también a dos más… nunca la culpe pero siempre supe que si ella hubiera prestado más atención a mis cambios ya mi reticencia a asistir a esos entrenamientos, otra hubiera sido nuestra situación. Mi padre, en cambio, trato de visitarme seguido y supe por mi abuela que ese indeseado pago por lo que me hizo, no solo a mi sino también a dos más… nunca la culpe pero siempre supe que si ella hubiera prestado más atención a mis cambios ya mi reticencia a asistir a esos entrenamientos, otra hubiera sido nuestra situación. Mi padre, en cambio, trato de visitarme seguido y supe por mi abuela que ese indeseado pago por lo que me hizo, no solo a mi sino también a dos más…
—Bella, ¿ese… ese hijo de puta está preso?
—Sí, a él lo apresaron pero no por mi causa, mi padre lo intentó, lo denuncio pero en ese momento él aún seguía siendo menor de edad. Pero cuando fue mayor lo siguió haciendo y lastimo a una niña que fue más valiente que yo… por mucho tiempo me sentí muy culpable, y…
- ¡No! No era tu culpa, nuca fue tu culpa, eras una niña y fuiste todo lo valiente que pudieras haber sido a tu edad, asique no tienes nada que reprocharte ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
- ¿Por qué me has contado esto? No necesito saberlo, jamás te trataría mal ni te haría da… daño —Edward pronuncio la última palabra con dificultad.
- ¡Perder perder! Mi intención no era que pienses que te lo conté solo para prevenirte de algo— lo abrace por el cuello—. Te lo conté porque quiero que nuestra relación esté libre de secretos y pueda avanzar sin miedo. Esto que me paso fue superado después de muchos años de terapia, era mi abuela quien se encargaba de llevarme y esperarme a que yo terminara mis sesiones.
—Fue una buena abuela.
—La mejor que pude haber tenido, lo pase muy mal cuando murió, pero yo ya era mayor de edad así que fue mi decisión seguir viviendo en su hogar y mantener la que fue su casa como le hubiera gustado.
—¿Tus padres no te pidieron volver con ellos?
—Lo hicieron, sí, pero mi decisión ya había sido tomada y ya sabes, la relación con mi madre nunca fue la mejor después de eso.
- ¿No los ves seguido? —Edward me abrazo con fuerza y besó mi frente. Me sostuvo por un buen rato y dejo que descansara mi cabeza en su pecho — No quiero causarte ningún daño, Bella, ni siquiera inconscientemente, pero no sé si podría evitarlo.
—Edward, a veces no podemos evitar herir a las personas que amamos —susurré sobre su pecho con los ojos cerrados. Me tomo el rostro con sus manos y me acerco al suyo. Sus ojos parecían querer hablarme. Me miraban con amor pero también con pesar.
- ¿Y si alguna vez hago algo que te lastime?
—Bueno, en ese caso estoy segura que no lo harías deliberadamente. Confió en ti, en lo que sentimos. Y si cualquiera de los dos nos equivocamos, siempre podemos volver a empezar al otro día. ¿Tú confías en mí?
—En nadie confió como en ti.
—Entonces confía en lo que siento por ti… te quiero. —Dije acercando mi boca y besando sus labios con una ternura que no sentía, porque quería más.
Me acomode a horcajadas sobre sus piernas y comencé a mecerme suavemente. Me envolvió la cintura con sus brazos y me atrajo a su pecho para poder fundirnos más si era posible. Comenzó besando mi boca, pero termino sobre el escote de mi vestido de algodón. Cuando intente bajar los breteles me detuvo con la respiración alterada. Estaba excitado, lo podía ver y lo podía sentir.
—No tenemos que hacer nada esta noche si tu no… —cerro los ojos haciendo un gran esfuerzo— la verdad es que no quiero que te sientas presionada.
—Quiero hacerlo, Edward, lo deseo y te deseo a ti. —Me mordí el labio inferior. Él vio aquella acción y suspiro asintiendo.
—De acuerdo, pero no aquí.
Nos levantamos con dificultad y sentí la humedad formándose entre mis piernas, al igual que vislumbré el bulto en sus pantalones. Tragué el nudo en mi garganta y tome un poco del oxígeno que parecía buscar escapado.
Me tomo de la mano y nos encaminamos hacia mi habitación. Dentro no supe que hacer, solo había estado con una persona en mi vida, sin contar con la traumática y aborrecible experiencia que me tocó vivir cuando niña, así que no había sido la gran cosa un compañero del último curso del instituto que había estado más preocupado de no acabar con el asunto con rapidez. Después de eso, nunca quise volver a intimar con alguien hasta no estar convencida de que estaba haciendo lo correcto y que la atracción y el deseo era mutuo.
Pero algo me dijo que con Edward seria todo completamente diferente. Al reparar en sus ojos, estos me absorberían con intensidad.
Se separó de mi cuerpo y me miro de arriba abajo. Me cohibí un poco, pero su sonrisa me hizo pensar que en realidad no sabía cómo proseguir. Como él no se animaba a tomar la iniciativa, lo ayude un poco tomando el borde de mi vestido y levantándolo de apoco para quitarlo por sobre mi cabeza, quedando solo con mis bragas color piel y sin nada que cubriera mis pechos. Mi cabello cayo pesado sobre mi espalda y parte de el cubrió mi pecho izquierdo.
—Eres hermosa, Bella, no hay nada más precioso que tu cuerpo ofrece acercándose mientras se quitaba su playera y quedaba con el pecho desnudo. Me acerque y lo acaricie con las yemas de mis dedos. Mi dedo mayor froto con delicadeza su pezón izquierdo y este se endureció. Mire a Edward y comprobé que esa caricia le gusto. Volví a hacerlo sin quitar mis ojos de su expresión. Ambas manos para acariciar sus pezones y al hacerlo, Edward inhaló profundo contrayéndose y apretando sus manos en puños. Me tomo por las muñecas he hizo que nos recostáramos en mi cama. Se coloca sobre mí no sin antes quitarse los pantalones quedando en bóxer. —Quiero hacerte feliz, Bella.
El solo quería verme feliz, y mientras me miraba como lo hacía la felicidad burbujeaba en mi pecho.
—Hazme el amor, Edward. Una y otra vez. Esta vez sabiendo los dos que nos pertenecemos en cuerpo y corazón. —Le puse los brazos alrededor de su cuello mientras devoraba mi boca y me cubría completamente con su cuerpo. Sus besos comienzan a descender.
—Nunca me he sentido así por una mujer —murmuró contra la piel de mi cuello—. Nunca antes. Y nunca lo volveré a hacer.
—Edward —susurré con un deje ronco en la voz—. Ámame. Por favor.
—Lo hago. Lo haré. Te quiero. No tienes que pedirme eso, nena. Es tuyo. Soy tuyo. Soy tuyo. Eso no va a cambiar. —Me besó en los pechos. Su lengua jugueteó con uno de mis pezones hasta conseguir que se endureciera antes de desviar su atención hacia el otro. Lo lamió y luego lo succionó. Parecía gustarle los sonidos excitados que soltaba. Mi cuerpo se tensó debajo del suyo mientras enredaba mi mano en su cabello y lo pegaba contra mi pecho.
Edward sonrió.
- ¿A mi preciosa le gusta? - gemí.
—Me encanta que pongas tu boca en mis pechos, Dios, se siente tan bien. —Cuando me di cuenta de lo que había dicho me sonrojé.
—Que no se diga que no me esfuerzo por satisfacer a mi novia —ronroneó mientras bajaba a lo largo de mi cuerpo. Quitó mi braga y me abrió los muslos dejando a la vista mi sexo. Abrí grande los ojos cuando trazó una línea con un dedo sobre mis labios y me abrió incluso más para poder tener acceso.
- ¿Edward, que…?
—Eres aún más preciosa aquí ofrece mientras me acariciaba con su dedo mayor—. Hinchada y rosada. Brillante y húmeda. Estoy tan duro, incuso más de solo imaginar tu sabor en mi lengua.
- ¡Ay Dios Mío! —Murmure tan desesperada como lista por que cumpliera con sus palabras. Me lamió con fuerza, cubriéndome entera con su lengua desde la abertura de mi cuerpo hasta el clítoris.
Practicó movimientos circulares alrededor de aquel botón y luego lo colocó entre sus labios para succionarlo ligeramente. Me arquee debajo de él y hundí más mis dedos en el pelo de Edward para mantenerlo pegado a mí.
Sentía que Edward se estaba pegando un banquete conmigo. Me comió literalmente, me lamio, succiono y deslizo su lengua para poseerme con ella. Me sentí que volaba cada vez más alto. Nunca había experimentado tal sensación y no había algo más perfecto que a Edward amándome de esa manera.
—No voy a obtener suficiente. Nunca tendré suficiente de tu sabor, de tu tacto tan suave y sedoso contra mis labios.
—Edward —dije en un suave gemido—. Cariño, por favor.
Era la primera vez que usaba ese apelativo con él y me gustaba. Me gustaba un montón. Nunca me había considerado una mujer que llamara con nombres cursis a sus parejas, aunque él si lo hiciera conmigo. Pero con Edward, las palabras me salían con tanta facilidad. Los términos afectivos se me escapaban de los labios antes de que supiera que los estaba pronunciando.
—Dilo otra vez disponible con voz ronca. Levanté la cabeza. Sus ojos estaban inundados de amor y de cariño.
- ¿Decir qué?
—Me ha llamado «cariño». —Vergüenza me azoto por un momento. Una sonrisa se curvó en sus labios y los ojos le brillaron mientras ensanchaba la sonrisa.
- ¿Te gusta?
—Sí —contestó él bruscamente.
—Cariño… —susurré nuevamente. Edward cerró los ojos y enterró su rostro entre mis piernas de nuevo, mientras yo hacía disfrutar del intenso estremecimiento que su boca me estaba haciendo sentir.
Me vine con la fuerza de una avalancha. Gritando con fuerza por la sensación tan abrumadora que me brindaba su boca poderosa. Mi respiración quedó tan agitada y ronca que no me di cuenta en el momento que se había colocado entre mis piernas.
Mantiene mis brazos aprisionados mientras me acaricia el mentón con su nariz.
Me tienta moviendo su pelvis y presionando mi centro con su miembro
¿En qué omento se había quitado su ropa interior?
Todo lo que yo puedo hacer es gemir una súplica para que me tome. Mi sexo se estremece. Mi sangre ruge a través de mi cuerpo. Estoy siendo reclamada por el hombre al que quiero y amo, y estoy lista.
Yo. Estoy. Lista.
Sus ojos oscurecidos me miran durante un momento de infarto. Un segundo estoy vacío, al siguiente él está dentro de mí. Me llena lentamente y con cuidado, como si yo fuera su preciado tesoro y no quisiera romperme. Como si él pensara que nadie más lo logró tan perfectamente, de forma voluntaria y con tanto amor como yo. Es grande y duro, todo un hombre, abriéndose camino firmemente en mí.
Hago una mueca cuando llega al final y no se encuentra ninguna barrera. Aún así me siento un poco incomoda.
- ¿Estas bien? ¿Quieres que salga? Disponible lo último como si estar dentro de mi fuera doloroso aun para él.
—No, solo dame un minuto, necesito acostumbrarme… ah pasado mucho tiempo en…
—Mi amor, no me tienes que decir nada, no me moveé hasta que tú lo pidas… —se lo agradecí besando su cuello y regalándole caricias con mi lengua a su yugular.
Se estremece y gime mientras los músculos de mi sexo se aferran a su longitud pulsante, y es tan grande. Un nuevo quejido viene, casi doloroso mientras me retuerzo, queriendo más. Decidiendo que mi necesidad de más está más allá de cualquier cosa, me dejo caer, echando la cabeza hacia atrás, un débil sonido escapando de mí mientras mi cuerpo se adapta. Él agarra delicadamente mis pechos con sus manos y mete su lengua en mi boca hasta que me trago mi propio grito y bebo todo lo que me da su lengua. Lo insto a move clavando los pies en el colchón y empujando mi pelvis contra la suya. Comienza a bombear con suavidad hasta que ambos necesitamos más. Siempre más con él. Entonces mirándome a los ojos, sus embates se hacen ferozmente, manteniéndose plenamente asentado en mi interior. Mi cuerpo tiembla en un delirio cuando deja caer su cabeza y pasa su lengua a través de mi mandíbula, a lo largo de mi barbilla, descendiendo por mi cuello. Cuando succiona un pezón dentro de su cálida boca, mis entrañas se contraen mientras un orgasmo comienza a construirse, me estremezco enfebrecida por el calor y empujo mis caderas lascivamente contra las suyas encontrándose en el camino.
—Edward —suplico, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello. Aprieto mis piernas a su alrededor, inclinando la pelvis. El movimiento dispara un placer insoportable a través de mi cuerpo mientras su dureza se hunde profundo dentro de mí. Mis ojos ruedan hacia la parte de atrás de mi cabeza. No voy a durar. Es demasiado grande, se siente demasiado bien, lo necesita demasiado. —Mi amor… —gimo, enloquecida, meciendo mis caderas—. Por favor, por favor… muévete. —Él gime como si tuviera miedo de no durar, tampoco. Pero intenta complacerme, y se retira, luego empuja de nuevo. Estamos ambos deshechos, y un desesperado sonido, similar a las lágrimas de placer, sale de nuestras gargantas. Repite el movimiento de sus caderas y deja caer su frente sobre la mía con un gruñido de contención, y luego empieza a besarme como si su vida dependiera de ello.
—Bella… mi amor —dice en tono áspero contra mi boca. Sus manos aprietan mis caderas mientras sale y se sumerge de nuevo, lo suficientemente profundo como para enterrar cada centímetro en mi interior. Inmediatamente estalla. El calor de sus convulsiones increíblemente violentas, y los poderosos tirones de su miembro temblando en mi interior, llevándome. Temblores se estrellan en mi cuerpo. Un montón de puntos de colores caen a través de la parte posterior de mis párpados. Me agarro a su espalda mientras se aprieta y retuerce sobre mi cuerpo.
Sigo lamiendo su cuello mientras su cuerpo se esfuerza y finalmente se relaja.
Continuamos jadeando y moviendo suavemente las caderas incluso cuando los orgasmos se han detenido, y Edward vibra contra mí con tanta necesidad, que ni siquiera me permite recuperar el aliento. Me agarra por el trasero, mis piernas todavía cerradas alrededor de sus delgadas caderas, y nos voltea. Todavía está dentro de mí, aún duro. Deja caer su cabeza en la almohada, bajo mi cabeza, y luego empieza a moverte dentro de mí, tan lentamente que gimo y paso mis uñas por sus pectorales, amando su rostro deshecho por el placer mientras empiezo a moverme sobre él rápido y duro. Mis pezones palpitan solo con mirar dentro de sus ojos oscurecidos por la lujuria. Atrae su cabeza a la mía e introduce su lengua hasta que me trago mis propios jadeos.
La noche sigue y nosotros no nos damos respiros. No después de conocer la manera en que nos amamos.
Nunca supe algo con tanta precisión, como saber que amaba a Edward con la intensidad que lo hacía.
.
UNA SEMANA DESPUÈS
Días después de aquella noche, Edward no perdía oportunidad para demostrarme su amor. Compartíamos comida con Esme y Alice. Ellas me aceptaban y yo a ellas. Les había tomado mucho cariño, Esme era la madre que cualquier persona quisiera, que yo quería. Ella me hizo darme cuenta que quizás debería dale una oportunidad a mis padres, una verdadera oportunidad. Después de todo había superado aquel pasado desagradaba.
Todo era perfecto. O casi perfecto de no ser por las llamadas que Edward recibía de su padre. O eso era lo que él me decía. Después de esas llamadas todo su buen humor se esfumaba como por arte de magia. Aun así intentábamos que todo marchara bien, y así hubiera sido de no ser por una tarde que mientras tomábamos una merienda a la salida de la universidad, la pareja de su padre no se hubiera presentado frente a nosotros mirándonos con un fuerte enojo.
—Asique esto has estado haciendo…
No entendí el tono de reproche que pugnaba en su vos. Ella solo era la pareja de su padre, no tenía derecho a reclamarle nada a Edward. No me gustaba como lo miraba y mucho menos como me miraba a mí. Como si fuera la maldita peste.
—Carmen, porque no te vas, esta noche pasare por el departamento y hablare con Carlisle.
—Es mejor que lo hagas si sabes lo que te conviene —tomo la taza de café de Edward y le dio un sorbo bajo mi sorpresiva mirada y bajo el escrutinio de Edward. Dejó la taza con un fuerte golpe y le sonrió con maldad—. Te advertí que no te gustaría verme enojada, y ahora estoy muy enojada Edward.
Se fue dejando un ambiente raro entre nosotros. Mire a Edward y este miraba con ojos negros por donde había desaparecido esa malvada mujer.
-Eduardo…
—Esta noche no quiero que me esperes, necesito arreglar la situación con mi padre.
Dejo dinero sobre la mesa y tomando sus cosas se acercó hasta que su rostro quedo frente a mí. Me miraba, pero no sentí que verdaderamente lo estaba haciendo. Su mirada era vacía y sin vida.
—Edward, que ...
—Lo siento, debo irme. —Beso mis labios. Pero fue un beso distinto, sin amor. Se fue por donde Carmen había desaparecido. Un viento comenzó a levantarse a mí alrededor. Me abrace a mí misma y aclare mi garganta porque de pronto sentí miedo.
HOLAAAAAAAAAA BUENAS NOCHES! DESPUES DE TANTO TIEMPO... 5 AÑOS...
ESO SI QUE ES MUCHO TIEMPO... LA ULTIMA ACTUALIZACION FUE El 18/11/15.
Espero que todas las personas que me leían en ese tiempo se encuentren bien y sus familias y amigos también. Había prometido el capitulo hace dos semanas, no me olvido, pero de nuevo, el trabajo me agota muchísimo.
No me gusta extenderme mucho así que quiero leerlas en sus comentarios. Les recomiendo que para retomar el hilo de la historia la vuelvan a leer o le den una repasada.
Ahora sin más. Espero volver a actualizar pronto.
La próxima actualización será MORTAL FELLINGS
NOS VEMOS.
***Gis Cullen***
