Apenas si podía respirar, el aire de pronto se sintió como invadido por una pesadez que le dificultaba inhalar. Frente a ella, tendida en esa vieja nave kriptoniana, yacía inconsciente una joven de aspecto idéntico a su madre Alura, portaba en su pecho el escudo de la casa de EL, y la suma de los factores solo parecía indicar que esa muchacha desconocida era parte de su familia, que de alguna forma había logrado escapar de Kripton durante su colapso, y al igual que ella y su primo, había terminado en ese planeta. Sin embargo, algo no cuadraba, Kara tenía la edad suficiente cuando aquel desastre sucedió, y no recordaba que en su familia hubiera nadie con ese rostro, mucho menos podía explicar cómo había tardado tanto en aterrizar allí. Quizás, al igual que ella, fue abducida por la zona fantasma y se había liberado de manera misteriosa, o quizás un agujero de gusano la hubiese desviado de su camino devolviéndola recién en esta época. Tenía muchas suposiciones, cada una más improbable que la otra.

Kara caminaba nerviosa de un punto a otro del pasillo frente a la sala de enfermería de la DEO, en una silla apartada a un costado, Clark la observaba inquieto, tanto como lo había estado aquel día que vio la nave de su prima estrellarse contra el suelo. Había descubierto en ese entonces que no estaba solo en el mundo, la llegada de la rubia fue casi como una caricia al alma, ser el último hijo de Kripton contemplaba una carga demasiado grande, carga que se sintió feliz de poder compartir con Kara. Pero ahora, el universo les hacía a ambos un nuevo regalo, otro kriptoniano yacía durmiendo a solo unos metros mientras Alex la estudiaba con detenimiento. Sabía que existía una posibilidad de que tanto el escudo, como la nave, no fuesen más que una triste coincidencia, sin embargo, su alma no podía evitar aferrarse a la idea de tener a otro miembro de su familia allí con él.

-¿Qué sabemos?- cuestiono la reportera entrado al fin a la enfermería al ver a Alex bajar el escáner y acomodarse el cabello en clara señal de rendición.

-No mucho para serte franca, solo se con certeza que tiene una conformación biológica similar a los kriptonianos, ¿pero si en efecto lo es?, será algo que tendremos que esperar a que despierte para averiguarlo. – Respondió la agente con aplomo sin apartar la vista de su hermana y del entrecejo fruncido que llevaba desde hacía una hora cuando habían arribado a la DEO cargando la nave con la misteriosa extraña. Kara permaneció en su lugar, contemplando en silencio el rostro apacible de aquella joven mujer. De aventurarse en una conclusión, juraría que se trataba de una hermana de su madre, aunque eso no explicaba el porqué llevaba el escudo de la casa de su padre. Había soñado con algo que le devolviera una pizca de su mundo desde que había arribado a la tierra, pero nada la preparó en ese tiempo para encontrarse con un vestigio idéntico a alguien a quien amó y extraño dolorosamente durante trece años, sabiendo que nunca más volvería a ver.

Se removió inquieta entre las sabanas, la mujer a su lado dormía plácidamente después de una larga jornada de trabajo y una noche de apasionados besos en el sofá que acabó con sus cuerpos desnudos enrollados en la cama. Suspiro pesadamente mientras se incorporaba lentamente tratando de no despertarla y se colocaba una bata de seda sobre su pálida piel expuesta. Le arrojo un último vistazo cálido a la morena sin poder contener una sonrisa enamorada, y se encamino hasta la sala en donde se dejó caer sobre el enorme sofá y encendió el enorme televisor en busca de algo que lograra distraerla y con suerte provocarle algo de sueño.

-¿Sigues sin poder dormir?- exclamo una dulce voz a su espalda algunos minutos más tarde mientras se abría camino descalza entre el mobiliario hasta acudir al encuentro de la rubia y sentarse en sus piernas. Kara la recibió con placer aferrándose a su bien delimitada cintura para luego esconder su rostro cansado en el pecho de la morena lanzando un gruñido cansado.

-No quise despertarte- mascullo absorbiendo el aroma de la piel de Lena mientras sentía la calidez de su pecho sobre la mejilla. La mujer le acaricio la espalda con un movimiento suave y relajante al tiempo que su otra mano peinaba los rizos rubios aún alborotados hasta apartárselos del rostro.

-¿Quieres hablar de lo que te preocupa tanto?- insistió después de un momento en esa posición que se les había vuelto tan natural con el correr del tiempo. Llevaban varios meses juntas, y cada día la relación se volvía más intensa. Había encontrado en Kara esa sensación de hogar que siempre espero sentir con su familia, y que por mucho que lo intento, se le negaba abandonándola a esa soledad concurrida que había sido su vida hasta la aparición de la reportera.

-Es que no sé cómo explicarlo Lena, desde que esa chica apareció no puedo pensar en otra cosa. Lleva tres días aquí y aún no despierta, y siento que necesito saber quién es o acabaré por volverme loca.- Suspiro apartándose para buscar los ojos de la morena mientras dejaba caer la cabeza sobre el respaldar del sofá. –Tengo... ufff… tengo esta extraña sensación que de alguna forma me une a ella.-

-¿Tengo que ponerme celosa?- cuestiono la CEO trayendo al lugar su perfecta sonrisa buscando aliviar la tensión que invadía a su novia.

-Tonta- la regaño imitando el gesto agradeciendo por dentro que Lena estuviera a su lado para ayudarla a poner las cosas en perspectiva.

-¿A qué le temes Kara?, es una buena noticia que esa chica este aquí, que haya sobrevivido, y que exista aunque sea mínima la posibilidad de que sea de tu familia.-

-Tengo miedo a lo que signifique- suspiró con fuerza apretando los ojos y llevándose las manos a la cabeza para masajear los costados con frustración.

-Kara, de nada sirve que sigas dándole vueltas al asunto. Despertará en algún momento, y entonces tendrás tus respuestas, hasta entonces, tienes que relajarte y tratar de llevar una vida normal.-

-Empiezo a creer que una vida normal no es posible si se trata de mí.- Exclamo la rubia volviendo a mirar a la otra mujer con los ojos fatigados.

-Quizás sea más difícil, pero si es posible, aunque sea en intervalos de tiempo. Te lo dice la hermana genio de un demente asesino psicópata.- Lena acaricio su mejilla con los dedos fríos sin abandonar su sonrisa alquilada, le planto un ligero beso en los labios, y se incorporó tirando de la kriptoniana para levantarla del sofá. –Ven, vamos a la cama, me estoy muriendo de frio.- Kara hizo una mueca al ver las piernas desnudas bajo la bata color burdeos y recordó que debajo de esa prenda no había nada más que el escultural cuerpo de su novia. Rápidamente la tomo en brazos mientras la morena soltaba una carcajada sujetándose a su cuello con ambas manos al tiempo que era llevada en andas de vuelta al dormitorio. Quizás después de otra hora de sexo salvaje, al fin la reportera consiguiera dormir, de todos modos, no le molestaba la idea de divertirse intentándolo.

Las últimas semanas en Catco habían sido por demás tranquilas, extraño para la peculiar dinámica que solía tener la empresa. Desde que puso un pie allí, se había acostumbrado a la voz carrasposa del calvo imbécil de su jefe farfullando su nombre al menos cuatro veces al día, a los gritos en los pasillos que Cat Grant propinaba a diario, y a las irrupciones permanentes de Winn en su oficina con algún chisme o dato curioso aunque sumamente irrelevante. Pero la reina de los medios estaba de viaje promocionando su nuevo libro y alardeando en cadena nacional sobre su amistad con la mujer de acero, el calvo estaba de vacaciones en alguna isla del pacifico y Winn había abandonado su larga carrera como técnico en Catco, para asumir un importante puesto en el equipo de investigación de la DEO. De modo que en esa mañana de jueves comenzaba a sentirse aburrida, tranquila en extremo y sola, tres cosas que a veces anhelaba con desesperación, pero que en esos días era lo último que necesitaba.

Tenía sus reportes entregados hacía más de una hora, y en su escritorio ahora libre de cualquier pendiente, solo había un ramo de plumerías liberando ese fabuloso aroma y haciéndola desear salir volando de la redacción para colarse en la oficina de Lena en busca de algunos besos candentes y quizás alguna porción de felicidad azucarada. Estaba absorta en sus pensamientos vagando en torno a su novia, cuando unos tacones deteniéndose en su puerta la sacaron de su ensoñación. Bajó los pies de arriba del escritorio y se enderezó en su silla para dar la impresión de seriedad y profesionalismo ante la mujer que ya sabía estaba a punto de entrar. Bufó liberando la tensión antes de que la castaña ingresara luego de dejar dos ligeros golpes sobre la madera y adentrarse en la oficina sin esperar confirmación.

-¿En qué puedo ayudarla señorita Rojas?- mascullo con una sonrisa falsa sin tratar de disimular demasiado el poco agrado que le tenía a esa mujer.

-Danvers, necesito que hagas algo especial para la publicación de la próxima semana- exclamo la joven latina con el rostro contorsionado y sombrío sin fingir cordialidad alguna.

-Por especial ¿a qué se refiere específicamente?- cuestiono la rubia temiendo ya la respuesta.

-Se que su campo de especialidad es otro- justo como Kara lo imaginaba, detrás de esa frase siempre venía un pero. ¿A caso era la única reportera disponible?. Se cuestiono revoleando los ojos mientras esperaba el final de esa frase. –Pero tengo entendido que has hecho algunos artículos especiales de eventos de alta gama, y necesito que asistas a la presentación que L-Corp hará de su nueva tecnología, además tengo entendido que Supergirl estará allí para mostrar el traje anti kriptonita que Lena le hizo- dijo con desdén, como si el simple hecho de recordar que la morena salía con la heroína le removiera las entrañas.

-Supongo que no habrá problema- contesto con una sonrisa triunfal al notar la obvia molestia de su jefa al asumir que la joven Luthor y Supergirl estaban demasiado juntas y nada podía hacer al respecto. –Planeaba asistir de todos modos, Lena me envió la invitación la semana pasada.- Nada podía explicar el placer que le daba ver a esa mujer retorcerse de rabia, y por primera vez en días, tuvo lo que tanto necesitaba para olvidarse de la chica que aún dormía en la DEO. Nunca fallaba, fastidiar a Andrea Rojas parecía darle años de vida. -¿Algo más?-

-Eso es todo- gruño la castaña dejando una carpeta amarilla sobre el escritorio de caoba y se marcho dando un portazo que retumbo en toda la oficina, produciendo una sonora carcajada por parte de Kara cuyo rostro parecía un árbol de navidad iluminado.

-Te ha cambiado el humor por lo visto- exclamo Lena al verla ingresar sonriente por su ventana llevando un par de bolsas con comida.

-Hola a ti también- anuncio divertida acercándose hasta ella para dejar las cosas sobre la encimera y pegar su cuerpo en la espalda de la CEO dejando dulces besos en su cuello. Un gemido de placer se escapo de su boca mientras la morena sentía las manos de Kara colarse bajo su camiseta de algodón que usaba para andar en casa. La piel se le erizo de inmediato con las atenciones que estaba recibiendo, y noto como se humedecía lentamente tratando de recordarse a sí misma que debía respirar.

-¿A qué se debe tanta efusividad?- exclamo con dificultad mientras apretaba la encimera de granito entre sus manos con fuerza.

-¿Una chica necesita una excusa para besar a su novia?- sonrió con malicia al tiempo que Lena giraba entre sus brazos para depositar un largo beso en sus labios y acto seguido arrojarle una mirada acusadora para dijera la verdad. –De acuerdo…además de que he tenido un día tranquilo y bueno en el trabajo, quería compensar por haberme soportado todos estos días, sé que he estado un poco borde.- Dijo con una mueca lastimosa que hacía a Lena desear besarla hasta desfallecer.

-No tienes que compensarme nada, estoy aquí para ti siempre que lo necesites.. aunque no negare que me agrada la atención extra.- Le hizo un guiño para luego extenderle una de las bolsas, Kara ya sabía lo que debía hacer. Se había acoplado tanto a la vida de la CEO, que últimamente solo pasaba por su departamento a cambiarse de ropa y alimentar a su gato, pero apenas si recordaba lo que era dormir sola en su cama una noche entera, apenas si la usaba para una ligera siesta mientras esperaba a que Lena se desocupara en L-Corp. Esa noche, cenando una vez más sentadas en almohadones en la pequeña mesa de la sala, no puedo evitar pensar en lo mucho que le gustaba esa vida mientras analizaba la idea de vivir juntas. Estaba segura que no encontraría jamás a otra persona que se adaptara a su inusual situación tanto como la morena, tampoco quería averiguar si existía otra persona así. Allí sentada, con un enorme suéter rojo, un pantalón gastado y llevando un par de calcetines de lana verde loro que tanto hacían reír a Lena, comiendo papas con queso y riendo por nada, se sentía en su hogar más que nunca.

El día de la presentación en L-Corp, Kara se despertó con una extraña sensación en su estomago que no pudo calmar con nada, y lo intento con todas sus fuerzas ingiriendo cuanta cosa tuvo frente a su nariz, pero nada daba resultado. Llego a una extraña pero certera conclusión, eso que sentía no era hambre, estaba más bien relacionado con una premonición que sin duda comenzaría a alterar todo su mundo una vez más. Y como el sentido arácnido que le latía dentro estaba más latente que nunca, al llegar la hora de la fiesta, rápidamente noto que no se había equivocado.

Su teléfono sonaba en su bolso de mano de manera insoportable, estaba rodeada de personas que comenzaban a ocupar sus lugares para recibir a Supergirl y su nuevo traje mientras Lena masajeaba sus manos nerviosamente antes de tomar el micrófono. Hizo un breve pero muy enfático discurso en donde destacaba el arduo trabajo que la heroína hacía, lo mucho que significaba para ella haber podido protegerla usando su tecnología, nada más ni nada menos que de su propia madre, evento que volvía a colocarla del lado de enfrente de la familia Luthor y el legado de terror que Lex había sembrado a su paso a través de los años.

En el momento planeado previamente, Kara se escabullo de entre la multitud que había dejado de prestarle atención para dirigir todos sus sentidos a la bella CEO que hablaba envuelta en un sensual traje azul de tres piezas. Dejo su sencillo vestido en el apartamento de la morena, y rápidamente entro en su traje de Supergirl para colocarse luego el exoesqueleto por encima. Aguardo paciente a una distancia prudente a que Lena le diera el punta pie para hacer su entrada mientras ignoraba una vez más esa sensación en su estomago.

Los aplausos comenzaron a hacerse eco en el salón principal de aquella gran edificación, los ojos curiosos se elevaban al cielo estrellado buscando a su heroína con anhelo, y la rubia no se hizo esperar mucho más. Con un vuelo lento y delicado, comenzó a descender en el balcón y se adentro entre la multitud sin tocar el suelo. El casco cubría su rostro impidiéndole a las personas comprobar que realmente era ella, el silencio expectante se apoderó del lugar, hasta que finalmente sus pies tocaron el reluciente piso junto a las curvas sinuosas de su novia en el escenario. Kara hizo desaparecer el casco con una sencilla indicación al comando de voz del traje, y sus rizos perfectamente acomodados cayeron alegres sobre sus hombros. Lena dejo escapar un suspiro enamorada y se pego a su cuerpo dejando un tierno beso sobre los labios de la heroína. Los aplausos no se hicieron esperar, ambas mujeres se tomaron un momento para agradecer a la multitud antes de que Kara realizara una pequeña demostración sobre los alcances de la tecnología de L-Corp, mientras explicaba satisfecha como aquel traje conseguía no solo proteger a Supergirl de la única sustancia capad de dañarla, sino que además, optimizaba sus habilidades en combate mediante una serie de algoritmos que predecían los movimientos del oponente.

Adentrada la velada, Kara se dedico a confraternizar con la multitud, estaba absorta en recibir las felicitaciones y alabar el trabajo de Lena, cuando la morena se acerco a ella con el rostro contorsionado y el teléfono en su mano. La aparto del pequeño grupo con el que estaba hablando regalándoles una sonrisa de disculpa para volver a girarse y encarar a la rubia.

-Kara, es Alex, dice que lleva llamándote por horas- la regaño entre dientes para que nadie pudiese oírlas.

-¡Oh mierda! Me he olvidado el móvil en el bolso.- Exclamo llevándose la palma hasta estrellarse contra su propio rostro. -¿Te ha dicho que quiere?.

-Me ha pedido que te envié a la DEO de inmediato- volvió a hablar algo insegura mientras transmitía el mensaje de su cuñada, sabiendo ya de antemano lo importante que sería esto para la rubia. –Kara… se ha despertado, la chica ha despertado, tienes que ir.-

Al oír esas palabras el rostro de la kriptoniana se iluminó por completo, le dejo un sentido beso a su novia ante la atenta mirada de algunos curiosos que se mantenían cerca, y salió volando a toda prisa rumbo a la central de la DEO

Apenas si podía controlar su cuerpo mientras se abría camino por el cielo nocturno, las endorfinas recorrían sus venas con tanta presión que hubiese jurado que se derramaría por algún lado. Dio una vuelta cerrada en una esquina y de inmediato aligeró el paso al ver las luces del edificio frente a ella. No había alcanzado a rozar el suelo cuando la voz de Clark la llamo impaciente a la sala de enfermería. Los ojos azules le brillaban como a un niño en dulcería apenas se encontró con los emocionados de Kara frente a y él y la atrajo en un fuerte abrazo.

-¿Qué sabes?- pregunto la rubia impaciente apartándose del musculoso muchacho.

-Alex no me ha dejado entrar aún, están haciéndole algunas pruebas para asegurarse que está bien. Además… me ha dicho que la chica quiere hablar con ambos a la vez.- Exclamo en una mezcla de inquietud y entusiasmo.

Aguardaron impacientemente por otro cuarto de hora mientras observaban atentos a través del cristal de la puerta, esperando una señal que los autorizara a ingresar a la sala. Finalmente, y sintiendo que se les había escapado una vida entera en el camino, Alex salió del cuarto con una sonrisa cautelosa y los llamo para que se adentraran tras ella. Y ahí estaba, sentada sobre la camilla con las piernas cruzadas emulando una posición de yoga, llevaba puesto un uniforme azul de la DEO, y su cabello castaño cobrizo caía desprolijo y alegre sobre sus hombros. En cuanto sus ojos la miraron, el corazón se le saltó un latido, los mismos ojos azules de su familia la observaban expectantes.

-De verdad son ustedes- exclamo con una sonrisa tierna y plagada de devoción. –Crecí escuchando las historias de los niños que sobrevivieron escapando a la tierra, pero jamás creí que los vería en persona.-

A cara se le encogió el corazón y busco la mirada de Clark con la boca ligeramente entreabierta. Era verdad, no eran los únicos que habían escapado de Kripton, esa chica era la muestra de ello.

-¿Cómo lo hiciste… digo… como escapaste?- cuestiono Alex notando que los primos se miraban perplejos sin poder enunciar nada.

-Kal… Kara… deberían sentarse, tengo mucho que contarles- declaró la muchacha regalándoles una media sonrisa cautelosa, algo mas apagada que la tenía al recibirlos. Los kriptonianos le obedecieron y tomaron asiento en la camilla contigua esperando una misteriosa revelación. La joven inhalo con fuerza para luego dejar escapar el aire lentamente y retorcer sus manos una sobre otra con nerviosismo. –Quizás lo más conveniente es comenzar presentándome… - titubeo ante la noticia que estaba a punto de dar –mi nombre es Tessa Zor El- el rostro de Kara se desdibujó al escuchar el nombre de su padre acompañar al de esa chica y no pudo evitar tomar la mano de Clark entre las suyas tratando de descargar toda la tensión que estaba acumulando. –Cuando Kripton exploto, fueron enviados aquí para salvarse y mantener el linaje de nuestro pueblo vivo, pero había un proyecto que el tío Jor El y nuestro padre habían diseñado para salvar a la ciudad de Argo. Ellos no estaban seguros de que funcionaría, pero lo hizo, y finalmente cientos de nosotros logramos sobrevivir. La ciudad se encuentra anclada en un enorme asteroide que flota en órbita de otro planeta, allí nuestra vida ha prosperado, pero el sistema que nos mantiene adheridos a esa roca nos impide comunicarnos con cualquier cosa fuera de allí, es por eso que nunca pudieron corroborar que efectivamente ustedes había llegado a la tierra.-

-¿Entonces están vivos?- cuestiono Clark perplejo sin poder creer lo que estaba escuchando.

-La mayoría lo están, las nuevas generaciones nos hemos adaptado, pero tomo algunos años hacerlo y muchos de los sobrevivientes al colapso de Kripton, sobretodo los mayores, fueron muriendo por las condiciones atmosféricas. Los que sobrevivieron, iniciaron de nuevo. La tía Lara y el tío Jor El murieron en los primeros años intentando mejorar el sistema de aire en Argo, pero rezaban a Rao todos los días por ti Kal, o por lo menos eso es lo que mamá solía contarme, hubiese deseado conocerlos, aún conservo un disco holograma con cosas de ellos, están en mi nave si quieres tenerlo.- Clark sonrió débilmente con los ojos cristalinos, había abandonado la idea de conocer en persona a sus padres, pero cuando Tessa apareció, tuvo un destello de esperanza que ahora se esfumaba una vez más. Suspiro asumiendo algo que siempre supo, pero ahora teniendo la certeza, era como despedirlos del todo.

-Dijiste que tu apellido es Zor- El… tu y yo… somos…-

-Hermanas- sonrió con cautela temiendo la reacción de la rubia. Alex, que escuchaba a un costado en completo silencio, abrió la boca tanto que pareció que su mandíbula iba a despegarse del resto de su cabeza. – Nuestro padre no dejó de buscar la forma de contactar con la tierra para saber si estaban vivos, finalmente y con los años, decidieron que la casa de El debía tener un descendiente, y Rao los bendijo con mi nacimiento. Ellos hablaban mucho de ti, y a pesar de que habían transcurrido más de veinte años, nuestro padre jamás abandono la idea de que hubiesen llegado a la tierra, creo que la frustración por no lograr contactar con ninguno de ustedes, fue finalmente lo que lo enfermo hasta que su cuerpo se canso de luchar y nos abandono.- Dijo con las lágrimas comenzando a llenarse en sus ojos –yo tenía nueve años, y me tomo tiempo entender que me amaba con todo su ser, pero que eso no lo detendría de seguir buscandolos.-

-Nuestro padre era un hombre muy tenaz, jamás se habría dado por vencido- trago saliva con una horrible opresión en el estomago, esto era lo que su cuerpo llevaba anunciándole todo el día.

-Con nuestra madre las cosas fueron algo diferentes, vio el asteroide chocar con tu nave, estaba convencida de que habías muerto en ese accidente, y le tomo diecinueve años estar lista para dejarte ir del todo. Hablaba de ti todo el tiempo, tengo muchísimas cosas tuyas, me hubiese gustado crecer contigo, habría sido menos duro.-

-Mamá… ¿ella está?- Tessa finalmente dejo escapar las lágrimas que tanto había contenido mientras removía en un instante lo que había sido su vida.

-Nuestra madre murió hace tres meses- sollozo secando sus mejillas con el puño del buzo. –Su última voluntad fue que los buscara, llevaba años reconstruyendo esa nave hasta dejarla en funcionamiento. Me hizo jurar que si algo llegaba a pasarle, debía venir a la tierra y buscar al resto de mi familia, no quería que estuviera sola.- Sus ojos azules brillaban con las lágrimas aún brotando silenciosamente, Kara se puso de pie, ella más que nadie sabía lo que se sentía haberlo perdido todo. Se acerco a la muchacha hasta cubrirla con un abrazo protector mientras dejaba un cariñoso beso sobre sus cabellos.

-Te prometo que nunca estarás sola- susurro mientras la enterraba en su pecho.

-Somos tu familia, y cuidaremos de ti Tessa- dijo Clark poniéndose de pie y acercándose a sus primas para unirse en ese abrazo. Alex, que contemplaba la escena totalmente acongojada, salió de la habitación sin decir una palabra, dejando a los tres kriptonianos solos en ese momento tan íntimo.

Decir que estaba totalmente abrumada por lo que había sucedido en la DEO horas antes habría sido poco. Nada en el universo la hubiese preparado para recibir la noticia de que una parte de su planeta, no importa que tan pequeño fuese, se había salvado de la destrucción. No obstante, y a pesar del alivio que sintió al saber que ella y Clark ya no eran los últimos kriptonianos vivos, no pudo evitar la angustia que le recorría tener la confirmación de la muerte de sus padres. Siempre asumió que estaban muertos desde el preciso instante en que el planeta estalló, pero descubrir que habían vivido toda una vida después de eso sin ella, le generaba una angustia que no estaba segura de cómo iba a hacer para mitigar. Sin embargo, ellos le habían dejado un obsequio preciado al cual aferrarse, tenía una hermana, una de sangre, un lazo magnético que justificaba cada una de las sensaciones que había acompañado a la presencia de Tessa desde que su nave arribó a la tierra.

Seguía sentada en el sofá de su sala, envuelta en la oscuridad, dándole vueltas a todo ese asunto. Clark había tenido que regresar de inmediato a Metropolis y Alex no podía abandonar el trabajo aún, por lo que no tenía con quien compartir todo aquello que estaba sintiendo. Tessa debía permanecer al menos un día más en la DEO para asegurarse que sería seguro dejarla salir al mundo, pero en cuanto eso ocurriera, Kara se vería en la posición de encontrar una alternativa de vida para incluir a su pequeña hermana en ella. Había asumido, casi de inmediato, que la joven se mudaría a su casa, debía insertarla en este nuevo mundo como ella tuvo que hacerlo cuando llego a la tierra. Para su propio alivio, y para suerte de Tessa, ya sabía las dificultades a las que iba a tener que someterse, y estaba feliz de poder ayudarla con ello.

La cabeza iba a explotarle si no lo hablaba con alguien de inmediato, y mientras metía en su boca una quinta rebanada de pizza, el rostro de Lena vino a su mente. La morena quizás aún estuviese en la fiesta, pero nada le impedía a ella regresar y permanecer a su lado hasta estar solas y contarle todo lo ocurrido.

-¿Dónde diablos lo habré dejado?- exclamo Lena con frustración mientras removía los papeles sobre el escritorio de la oficina. Se había excusado un momento con los invitados que parecían reticentes a marcharse para solucionar un problema legal que no podía esperar hasta el otro día.

La puerta se abrió lentamente, y unas sensuales piernas largas bien tonificadas, avanzaron por la habitación hasta situarse detrás del cuerpo de la CEO. Los ojos verdes recorrieron las curvas de la morena con descaro mientras bebía el último sorbo de su copa hasta dejar el recipiente sobre el escritorio y provocar que Lena diera un brinco, para luego llevarse la mano al pecho tratando de mitigar el acelerado latir de su corazón.

-¿Qué haces aquí Andrea?- pregunto algo molesta ante la figura de su exs con el rostro risueño frente a ella. –No recuerdo haberte invitado.

-El poder de la prensa es asombroso- respondió con altanería provocando que la morena resoplara con frustración.

-¿Tu jamás cambiaras cierto?, siempre te gusto sentirte en la cima del mundo y mover las piezas a tu antojo.- El rostro de Lena estaba plagado de cólera, esa mujer que alguna vez supo amar tanto, ahora parecía tener una habilidad sobrenatural para ponerla de mal humor.

-Te gustaba antes. ¿Lo recuerdas?, cuando te sacaba a escondidas del internado para irnos de copas, cuando te metía a lugares prohibidos y te hacía olvidarte del mundo.- Murmuro sin abandonar su actitud pero con la mirada plagada de nostalgia. –La pasábamos tan bien juntas, ¿lo recuerdas?.

-Sí, lo hacíamos, hasta que rompiste mi corazón.- ¿Cuánto más dolor podía provocarle esa mujer?, a pesar de los años, no había logrado dejar ir todo ese rencor que la invadía, y el solo recuerdo de aquellos días, le dolían como en ese entonces. Su rostro se enfrió y cayó su mirada al piso, Andrea era la segura, la valiente e independiente, había vivido siempre con sus reglas y nunca le importo pasar por arriba de nadie para lograr sus objetivos, y ella admiraba eso, hasta que la castaña había pasado por encima suyo dejándola con un departamento vacio y las migajas de su alma en la mano.

-Lo hice- dijo luego de unos minutos de lúgubre silencio. Sus pasos firmes aunque cautelosos se acercaron a la morena hasta casi pegar sus cuerpos. Las manos suaves de dedos alargados la sujetaron del rostro para obligarla a levantar la vista y mirarla a los ojos. –Nunca podré perdonarme haberte perdido, se que estuve mal, que la culpa fue solo mía y que podría haber hecho las cosas de manera diferente. Pero esta en el pasado y ya no puedo cambiarlo Lena, lo que puedo hacer es ser mejor persona, y te necesito a mi lado para eso, tu eres la única que puede lograrlo. No soy buena para perder y no me resigno a la idea de no volver a tenerte.-

El rostro de Andrea estaba peligrosamente cerca del suyo, pero por algún motivo, sus palabras sinceras y la calidez de su cuerpo la habían llevado a un transe del que no podía salir. Su cuerpo estaba rígido como una estatua, y tenía los tacones adheridos al suelo. La cintura se clavó al filo del escritorio mientras las manos le caían rendidas a ambos lados de su cuerpo, y justo como lo había imaginado, los labios de la castaña encontraron los suyos en un beso que no correspondió, pero del que no tuvo oportunidad de zafarse.

Reaccionó apenas un instante después, alguien había encendido el interruptor en su cerebro devolviéndolo a la vida y aparto el cuerpo de Andrea lentamente del suyo buscando recuperar su espacio personal. Pero para cuando estuvo a punto de reprenderla por el atrevimiento que se había tomado, reparó en que no estaban solas en aquella habitación. Desde la puerta, unos ojos azules enmarcados en gafas gruesas la observaban cristalinos. Pudo ver en ellos como se escapaba una parte del alma de la rubia, quien de inmediato giro sobre sus pies y salió de allí a toda prisa.

-¡Kara!- gritó empujando a la castaña aún más lejos de su cuerpo escuchando como protestaba, y salió corriendo tras la kriptoniana. Pero al llegar al pasillo, esta simplemente había desaparecido. Lena llevo sus manos a la cabeza sujetándola con fuerza mientras trataba de darle sentido a lo que acababa de ocurrir. Su novia la había encontrado besando a su exs, esto no podía ser algo bueno.

Un pequeño descargo para ustedes amigos, no he dejado de escribir la historia, solo que estoy tan atareada que se me complica encontrar el tiempo para hacerlo. Les prometo en la brevedad tener un nuevo capítulo. Espero sepan disculpar la demora, y ojala les guste.