El país de los lagos
Llevaban una semana en el palacio de Leia y por fin Ben había podido salir del tanque de bacta, aún no podía creer la situación y el lugar donde el destino la habían llevado. En parte era como un sueño, se encontraba en un palacio con amplias terrazas con columnatas que miraban a un lago tranquilo, solo perturbado por una gran cascada, los colores naranja y crema inundaban de celosía las paredes, haciendo juego con las formas geométricas del suelo de mármol. En Naboo todo era cálido, el viento, la lluvia nunca excesiva, el calor... era como el paraíso y nunca había podido disfrutar de un ambiente tan lujoso. Los droides la colmaban de comidas exquisitas, Leia les había informado de su llegada y los acogieron con los brazos abiertos, algunos recordaban a su amo Ben.
Ben, pensó Rey. Ella se había instalado en una habitación anexa para estar cerca de él, pero en el fondo estaba sola. Sus sueños no habían cesado creciendo poco a poco en intensidad, pero no lograba conectar con Ben, probablemente porque yacía en una inconsciencia profunda para acelerar su recuperación. Ben, ¿cuándo había dejado de ser Kylo Ren? Se preguntó, probablemente cuando se dio cuenta de que lo podía perder.
En realidad, estaba aterrada, ahora se encontraban solos, ¿qué se dirían? Era el momento de afrontar todos sus miedos.
Se despertó y un dolor agudo lo atravesó por todo el lado izquierdo de su cuerpo, levantó su cuello y se vio inmovilizado, no podía soportar ese dolor y sintió algo, a ella, luego cayó inconsciente.
Un suspiro, él había despertado, ella se quedó inmóvil, luego la nada. Corrió hasta su habitación para verle, estaba dormido, o inconsciente mejor dicho. Preguntó al droide médico:
-¿Está bien?
-Si señora- Respondió el droide, -sus constantes se mantienen constantes, simplemente el amo despertó por un instante y volvió a caer perdiendo el sentido. Es mejor así hasta que sane algo más.-
Rey se retiró a sus aposentos, estar cerca de él la hacía sentirse segura, no tan sola, a pesar de no estar segura de atreverse a hablar con él cuando despertara.
Había transcurrido otra semana y Ben Solo se recuperaba de sus heridas de forma impresionante, algo que hubiera matado en un instante a cualquier persona, él lo estaba superando con gran rapidez.
De nuevo despertó, el dolor estaba minimizado, probablemente le estaban administrando algún tipo de calmante. Alzó su cuello para ver a un droide médico. Se encontraba en una lujosa casa, le era familiar pero no era capaz de ubicarla, él ya había estado ahí pero ¿cuándo?
-¿Dónde estoy?- Preguntó Ben.
-Buenos días señor, que bueno verle por fin despierto, por favor, procure no moverse demasiado.- Respondió el droide.
Los recuerdos comenzaban a agolpar su mente, la explosión el dolor de sentirse aplastado, ella, ¡ella! Ella estaba cerca podía sentirla, sentir sus nervios, su indecisión.
-Te he preguntado que dónde estoy.-
-Me temo señor que no estoy autorizado a darle esa información, la ama...- Y el droide fue interrumpido por Ben: -Llámala-
-Si señor- Y el droide se fue en busca de Rey
Ella no estaba preparada, no aún, no quería enfrentarse a Ben.
-Señora- El droide médico apareció.
-El amo Ben ha despertado y pregunta por usted, quiere verla.- Continuó.
-Dile que ahora no es el momento, que se centre en recuperarse y ya nos veremos más adelante.- Rey utilizó la mejor excusa que se le ocurrió. -Por favor asegúrate de que coma y descanse.
El droide asintió y fue hasta la habitación del hijo de Leia.
-La ama me ha dicho que por el momento no podrán verse, que se centre en comer y recuperarse.- Le explicó el droide.
-¿Qué has dicho?- Respondió de forma automática Ben.
-Le he dicho que la ama- Y el droide fue de nuevo interrumpido por Ben – Ya sé lo que has dicho, no hace falta que lo repitas.-
Desde la distancia Rey podía sentir el fluir de las emociones de Ben y eran de malestar y enfado, las sentía alto y claro.
Tras dos días despierto Ben podía comer solo pero le costaba recostarse en la cama y no podía aún mover bien la pierna. Sentía a Rey por la casa, entrenaba, se mantenía ocupada pero no se conectaban, era como si le estuviera evitando, algo que tenía los días contados.
Al parecer estaban aislados, pues no había visto a nadie más que a su droide médico, y si hubieran caído presas de la resistencia o la Primera Orden muy probablemente ya estaría muertos, así que ¿dónde le había traído Rey? Era una habitación con una terraza con vistas a un impresionante lago, a veces se colaba una dulce brisa que movía las cortinas. La cama y la habitación eran muy lujosas revestidas de detalles en color azul oscuro y con frescos pintados en las paredes.
Esa noche el sueño le venció pronto, pero se peleaba de nuevo entre sus pesadillas. Rey se despertó súbitamente, él estaba sufriendo, de alguna manera, pero ¿cómo si estaba con ella sano y salvo? Un impulso la llevó corriendo hasta su habitación, hacía ya varios días que no le veía, desde que despertó. Estaba bañado en sudor y se retorcía en su cama. Preguntó al droide:
-¿Qué le pasa? ¿Sufre dolor?-
-No señora, al menos no dolor físico, parece tener una pesadilla.- Respondió el droide.
Ben, lo llamó Rey, pero él parecía estar sumido en un sueño profundo ayudado por los calmantes. Entonces Rey puso sus manos sobre su rostro, bajando por su cuello hasta su corazón y con la otra lo envolvió en un abrazo, y le susurró al oído:
-Ben, estoy aquí, no estás solo.-
Su respiración comenzó a tranquilizarse, su rostro se relajó, y ella sintió como la paz volvía a él, era como si ella fuera su medicina, como si le ayudara de alguna forma. Se retiró dejándole descansando.
Veía a su padre, su caída, la cara de Snoke, alguien le perseguía, fuego, sangre y muerte, no podía respirar, no podía salir de allí y de repente una luz, paz, tranquilidad, ¿eso era la muerte? Se preguntó, no aún no. De alguna forma sabía que era ella, le abrazaba y le sacaba de toda esa destrucción.
Llevaba 8 días sin salir de esa maldita habitación sintiendo su presencia como un veneno que lo consumía lentamente. Había intentado dar un par de pasos y recuperar fuerzas para enfrentarse a ella, pero se cansaba muy rápidamente aun con el uso de una muleta. ¡Maldita sea pensó!
Al despertar del décimo día decidió que ya no lo aguantaba más, seguramente se volvería loco. Le pidió al droide que le ayudara a asearse y vestirse, al parecer debería abandonar por el momento por completo el negro, al parecer solo le habían dejado camisas blancas. Se miró al espejo, tenía el pelo demasiado largo, ojeras y se veía como un extraño con esa camisa blanca y los pantalones y botas negras, por no decir del uso de la muleta, se sentía débil, pero estaba listo para enfrentarse a ella. Salió de su habitación buscando su esencia, ahora sabía exactamente dónde debía ir.
