"Todo el orgullo de un maestro son los alumnos, la germinación de las semillas sembradas."
—Dmitri Mendeléyev
Al comienzo se trataba de miradas discretas. De una u otra forma, ya sea él o ella, no podían ignorarse.
Mikasa solía perder los estribos cuando herían a Eren. También cuando subestimaban su fuerza y potencial. Ella hacía todo lo posible por ser la mejor en lo que hacía y eso jamás pasaba desapercibido ante los ojos de Levi.
Él, por su parte, dedicaba sus ratos libres para analizar la personalidad de la joven Ackerman, comparándose a sí mismo a su edad. Mikasa era fantásticamente hábil para cualquier tarea y eso despertaba la admiración de Levi. Él siempre trató de mantener un bajo perfil en donde estuviera, pero sus propios colegas lo enaltecían al conocer cuán meticuloso, práctico y exigente podía ser, llevándolo a un sitio bastante incómodo en ocasiones.
Mikasa deseaba alcanzarlo y demostrarle que llegaría aún más alto si él pudiera percatarse de sus logros.
Durante la última misión de reconocimiento, el escuadrón de Levi se alojó en una vieja mansión abandonada. Sus paredes sucias y con claros signos de estar a punto de derrumbarse, le generaban resquemor al Capitán.
Luego de guardar y alimentar a los exhaustos caballos, Levi comenzó a inspeccionar cada uno de los ambientes con los que podían contar.
—En total somos 50 personas y 25 habitaciones con una cama cada una—analizó mientras limpiaba sus manos—. Esto se volverá un verdadero fastidio—murmuró y regresó a la sala.
Los soldados, jóvenes y con determinaciones claras, se mostraban atemorizados ante la estadía en ese lugar. Sin embargo, las decisiones de Levi eran incuestionables.
—Tómense dos horas para descansar y luego organicen grupos de dos para esta noche. Sólo contamos con 25 habitaciones con una cama para 50 personas—espetó con autoridad.
Cada uno de ellos se miraron y comenzaron a hablar. El barullo afectó notablemente la paciencia del Capitán, quien no dudó ni un instante en retirarse para seleccionar dónde dormiría esa noche.
Mientras caminaba por los pasillos, maldecía que ni Hange ni Erwin estuvieran con él en ese momento, ya que debería pasar la noche con alguno de los nuevos reclutas.
Bufó y se detuvo frente a una puerta. Al abrirla, rechinó de tal manera que el sonido afectó sus oídos. El panorama que encontró no era nada favorable, pero sí entretenido. Su trastorno obsesivo compulsivo hacia la limpieza, le permitía olvidar que sus manos habían quitado miles de vidas humanas. Sentía un confort único, en el cual no sólo limpiaba su área de trabajo, sino su propia alma.
Su suciedad espiritual era algo que deseaba dejar reluciente y así poder sentirse orgulloso de quién era.
No sería sencillo, dado que el polvo se encontraba por doquier.
—Manos a la obra... —expresó y decidió comenzar abriendo las ventanas.
Las horas pasaron más rápido de lo que creyó. Levi esperó a que los soldados se fueran a sus habitaciones y decidió tomar un largo y relajante baño. Su cuerpo necesitaba liberar la tensión de tantos días en las afueras.
Después de tomarse el tiempo necesario para bañarse, se vistió y salió de allí. Su habitación se encontraba a cuatro metros del lugar, así que llegó rápidamente hasta el espacio elegido.
Ingresó y encendió una vela para iluminar el cuarto. Cuando cerró y caminó en dirección a su cama, se llevó una notable sorpresa.
—¿Qué rayos estás haciendo en mi habitación, Mikasa? —expresó con nerviosismo. Después de secar su cabello, colocó la toalla en su nuca. De inmediato, buscó una camisa para cubrir su torso desnudo.
—Siento haber entrado sin permiso es que... —la joven estaba sentada en el borde de la cama, desvió su mirada para evitar perderse en el cuerpo del Capitán.
—¡Es inaudito que rompas las reglas así como así! —suspiró y volteó a verla. Allí notó un brillo inusual en sus ojos, algo que nunca había visto en Mikasa. Aunque ella no lo viera directamente, podía notarlo.
—Recuerdo que había mencionado que dos personas debían compartir habitación. Estuve entrenando hasta hace un momento y no encontré ninguna disponible, excepto esta—se levantó y decidió retirarse—. Perdón por ser entrometida.
Sin embargo, la mano del Capitán la detuvo. Ella volteó a verlo y notó su mirada apática, tal como solía mostrarse.
—Toma un baño y luego ven. No permitiré que descanses en la sala—impuso y la joven asintió.
Levi la soltó lentamente y Mikasa fue en dirección al baño. Él siguió su rastro con la mirada.
—¿Acaso hoy es mi maldito día de mala suerte o qué? —murmuró y aprovechó que la muchacha se había retirado para continuar vistiéndose.
Al regresar a la habitación, la joven Ackerman temía por lo que encontraría al otro lado de la puerta.
Ese hombre que admiraba compartiría una noche a su lado. Conocería otras manías y cómo dormía, cuestiones que toda la Legión solía preguntarse durante las misiones.
Tomó el picaporte y abrió lentamente. Al ingresar y, posteriormente asegurar la puerta, notó que Levi aún continuaba despierto.
Al oír la llegada de Mikasa, él volteó a verla y suspiró. En su mano llevaba una pequeña taza humeante que tomaba con delicadeza.
—Creí que podrías estar durmiendo... —expresó y cerró la chaqueta que se había colocado previamente.
—¡Vaya! Primera noche que compartimos habitación y la mocosa se dirige a mí con tanta familiaridad... —espetó dirigiendo su vista hacia el ventanal.
—¡Lo siento! Es que acostumbro a pasar las noches con Armin o Eren, yo no quise... —espetó con desesperación.
Levi, por su parte, esbozó una sutil sonrisa que ella no pudo ver. Todo lo que respectaba a Mikasa era realmente interesante: su seriedad, respeto, fortaleza, tristeza...
—No te preocupes, era broma—volteó su cuerpo y caminó hasta ella, quedando frente a frente—¿Te gustaría tomar una taza de té conmigo?
Atónita ante la extraña pero atractiva actitud de Levi, asintió ante la invitación. Él se dirigió hasta la mesa de noche y sirvió una taza para Mikasa. Luego, cargó nuevamente el que traía y le acercó la infusión a la Ackerman.
Ella sujetó la taza con ambas manos, rozando casualmente sus dedos con los de él.
Pese a mostrarse tosco y directo, su carácter ocultaba un lado protector y sentimental que pocas personas podían percibir.
Mikasa se dio cuenta de ello y se sentó al borde de la cama, mirándolo fijamente. Él también lo hacía, pero lo cubrió con preguntas que inundaban su mente.
—¿Acaso está feo o caliente? Tu mirada es aterradora, Mikasa—espetó mientras daba un nuevo sorbo.
La Ackerman decidió probar lo que Levi le había ofrecido y notó cuán dulce lo tomaba.
Por mucho tiempo, Eren, Armin y ella suponían que él era de ese tipo de personas que aborrecía lo dulce. No asociaban ese sabor con su carácter, lo cual fue refutado inmediatamente al probar aquello que él estaba tomando.
—Es que no pensé que le gustaba el té dulce... —suspiró—Está delicioso.
—Creo que todos ustedes tienen un concepto bastante erróneo de mí. No sé qué clase de monstruo supongan que sea—respondió ofendido. Él no se percataba de su extraño carácter.
—Ahora que pruebo esto, podría decir que eres como un agricultor—Levi miró de soslayo a la joven. Ella sonreía al describirlo— y nosotros somos tus semillas.
—Me interesa esa analogía, aunque no comprenda del todo cuál sería la razón—acabó su infusión y dejó la taza en la mesa de noche.
Su cuerpo estaba realmente exhausto y necesitaba descansar, así que se sentó junto a Mikasa en la cama, esperando a que ella continuara su argumento.
—Tú labras el campo de batalla, cultivas nuestras determinaciones y nos proteges de cualquier peligro si estás cerca. Un agricultor ama su trabajo y desea que sus cultivos sean los mejores de la región—Mikasa miró directamente a los ojos del Capitán y prosiguió: —Cuando ingresamos a tu escuadrón, éramos simples semillas que podríamos haber muerto sin más. Sin embargo, tu trabajo minucioso nos dio vida y día a día, nos esmeramos para que te sientas orgulloso de tu futura cosecha.
Las lágrimas de Mikasa comenzaron a hacerse presente. Ella estaba apostando sus mejores palabras para demostrar el agradecimiento y admiración por Levi.
—Eso no cabe ninguna duda, Mikasa—respondió en voz baja—. Porque tú eres mi mejor cosecha, esa de la cual me siento orgullosamente maravillado.
La sorpresa invadió por completo a la joven, quien no pudo ocultar sus expresiones. Su sonrisa era claramente la prueba de que sí había llegado hasta él.
—¿Qué dices? —aún no podía entender cómo esas palabras salían del corazón de Levi— Yo no me considero tan buena como para que creas eso.
—Mikasa—su seriedad tomó terreno en su voz, alzándose por sobremanera, captando no sólo la atención, sino la autoestima de la joven Ackerman—, aunque tú no veas los progresos, yo sí y sigo muy de cerca todo lo que logras.
Las lágrimas humectaron las mejillas de Mikasa. Realmente no esperaba que Levi la observara y tuviera tal opinión sobre ella. Siempre pensó que él ignoraba lo que los soldados hacían, lo cual la frustraba, ya que ella deseaba que Levi se sintiera orgulloso por lo que había aprendido de él.
—De todas las semillas que me otorgaron, tú eres la mejor. Entre todas las frutas que están en proceso de maduración, tú eres la única que lo ha alcanzado—se levantó dio unos pasos. Se detuvo y agregó: —No creas que no te observo, Mikasa. Eres la única persona a la que me interesa seguir de cerca.
Sólo bastaron unas suaves palabras. La compañía, la admiración y la determinación era todo lo que los Ackerman necesitaban para continuar adelante, fortaleciéndose.
Levi admiraba a Mikasa. Y ella sentía exactamente lo mismo que él, sólo que a ella le gustaría conocer algo más de lo que él estaba dispuesto a mostrar...
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Muchas gracias por llegar hasta la novena entrega!!! Espero que les haya gustado este segundo RivaMika ️️Mañana tendremos el segundo AkiHaruMuchas gracias por su apoyo️️
