Como ligarte sin querer a un millonario.
Capítulo 11.
—No creo que este sea un buen momento —le cortó Daisuke, apoyando su brazo en el marco de la puerta, bloqueando por completo el acceso.
—No estoy de humor para tus bromas —espetó Sakura, forcejeando con él—. Necesito charlar contigo respecto a nuestra boda y créeme que si no te lo digo en este instante, juro que voy a explotar.
Daisuke la atrapó en un fuerte abrazo. Echando un ligero vistazo a sus espadas, se aclaró la voz y le susurró en el oído—: Tenemos visitas.
—¿Visitas? —exclamó Sakura, con evidente sorpresa en su mirada. ¿Quién demonios la visitaría a esas horas de la noche? A no ser que se tratara de...
Determinada a completar su ciclo de torturas, se deshizo del abrazo de su novio y avanzó a trompicones por el vestíbulo. Sin embargo se frenó en seco al darse cuenta de que no reconocía el rostro del misterioso hombre que la esperaba impaciente en el sofá de la salita. De tamaño imponente y cabellos oscuros, durante un segundo él clavó sus ojos profundos en los de ella, haciendo que Sakura diera un respingo con la pura impresión.
Una sensación extraña le recorrió la piel, algo similar a un escalofrío. Fingiendo una sonrisa ella se retiró sin darle la espada a su visitante hasta que se encontró de nuevo con su novio en el vestíbulo, tomándolo por el cuello de la camisa, exigió una silente explicación.
—No lo conoces, ¿cierto?
Sakura negó con la cabeza. No era la primera vez que Daisuke refugiaba a un completo extraño en su casa, en varias ocasiones había tenido que lidiar con sujetos que lo contrataban para protegerlos mientras lograban salir de la ciudad incognitos y claro, durante un tiempo Daisuke había convertido esa casa en una representación absurda de un búnker de seguridad. Aunque al principio el trato le dejó cuantiosas ganancias después de un rato comenzó a cuestionar los peligros que representaba esa idea descabellada para todos ellos.
—Prometiste que no lo volverías a hacer —musitó Sakura.
—No es lo que piensas —insistió—. De verdad creí que tú lo conocías, por eso lo dejé pasar. Él dijo que trabaja contigo en la agencia y...
—¿Cómo puedes ser tan ingenuo? Conoces a todos los que trabajan ahí, es la primera vez que veo a ese hombre. —Quizás no era del todo cierto, considerando que ahora Kaito rondaría a su alrededor como un buitre. Sacudió la cabeza para aclarar sus ideas y se enfocó de nuevo en el hombre misterioso que bebía café en su sala.
—Bueno, él preguntó por ti e insistió en esperarte, creí que lo conocías. Inclusive cuestionó cosas sobre nuestro compromiso y asumí que era lo suficientemente cercano a ti como para dejarlo entrar.
Daisuke se pasó la mano por el cabello, era un completo idiota. Era cierto que el trabajo con el señor Yamada era bastante aburrido, pero antes de él había realizado trabajos de los que no estaba demasiado orgulloso, ¿qué tal si era alguien que buscaba venganza? Acababa de entregar su vida y la de su amada novia en bandeja de plata. Gruñendo sacó el arma que llevaba oculta en su espalda y le indicó a Sakura que permaneciera cerca de la puerta.
Oh, Dios. Qué había hecho para verse envuelta en ese tipo de situación, Sakura sostuvo su móvil lista para marcar los números de emergencia y desobedeciendo a Daisuke lo siguió manteniendo una distancia prudencial.
Con una agilidad casi felina, Daisuke apareció en la salita, amenazando con el arma al hombre misterioso, quien dejó caer la taza que sostenía entre sus manos, antes que el sonido del estruendo terminara, él se puso de pie con las manos sobre la cabeza, terriblemente asustado.
—Dime quién te envió —exigió saber Daisuke.
El visitante estaba tan sorprendido que ni siquiera logró articular palabra alguna, Sakura chilló tirándose al suelo en el momento en que el hombre misterioso intentó meterse la mano en el bolsillo de la chaqueta y Daisuke se lanzó sobre él, inmovilizándolo sobre el piso.
—Te lo preguntaré por última vez, quién te dio la orden de venir aquí.
—No sé quién demonios piensas que soy —masculló el hombre con su rostro apretado contra el piso—, yo solo vine en busca de mi hermana.
La declaración los dejó helados.
—¿Tu hermana? —repitió Daisuke, incrédulo.
—Me dijeron que ella podría estar viviendo aquí, si me sueltas, prometo explicarles un poco mejor.
Daisuke buscó la aprobación de Sakura, quien asintió con la cabeza. Se puso de pie, levantando consigo al hombre, le dejó estabilizarse y él se marchó junto a su novia, sin dejar de sostener el arma con ambas manos.
La situación se tensó cuando el sujeto arrojó sobre la mesa el sobre de manila que llevaba guardado en su chaqueta, Daisuke rápidamente lo recogió revisando el contenido, una ficha de datos y una serie de fotografías de su novia. Un detalle que lo molestó bastante, ya que alguien había estado vigilando a Sakura por semanas y ninguno de los dos fue capaz de percatarse de ello.
—Mi nombre, tal como te dije antes, es Touya Kinomoto —reveló, aclarándose la voz—. Y parece que no escogí el mejor día para decir lo que tengo que decir, pero les prometo que no les haré ningún daño.
Daisuke guardó el arma con la mandíbula tensa mientras Sakura revisaba una fotografía tras otra, impresionada de que su vida estuviese resumida en unas simples hojas de papel. Los ojos se le llenaron de agua y las manos le temblaban con nerviosismo, ¿qué significaba todo eso?
—Dijiste que estás buscando a tu hermana...
—Todo indica que puede tratarse de ti, Sakura.
Sakura comenzó a llorar sintiendo un asfixiante escozor en la garganta. ¿Era posible que después de tanto tiempo ella encontrara a su verdadera familia? Su mente se rehusaba a hacerse ilusiones pero su corazón estaba ansioso por confirmar esas palabras que resonaban en su cabeza.
—¿Cómo podemos creer lo que dices? Ustedes parecen tener la misma edad —increpó Daisuke—. En el caso de tratarse de hermanos mellizos, lo más lógico habría sido abandonarlos en el mismo sitio, ¿no crees?
Touya intentaba contener su ira apretando los puños, en otras condiciones y si no se tratase de un sujeto armado, le habría devuelto el ataque a ese sujeto. Pero era un verdadero consuelo saber que su posible hermana tenía a su lado a alguien capaz de protegerla.
—Parece que yo tuve complicaciones después de nacer y tuve que quedarme en el hospital durante varios días, ahí fue donde nos separamos. Mi madre se huyó contigo en brazos y jamás regresó por mí.
—Ella nunca tuvo intenciones de quedarse con ninguno de nosotros —murmuró Sakura con tristeza—. Yo fui abandonada en el hogar Hikaru prácticamente siendo una recién nacida, aunque eso ya lo sabes.
Touya asintió, apenado. Jamás le gustó inmiscuirse en la vida privada de nadie, pero en nombre de descubrir sus verdaderas identidades se había obligado a explorar los detalles íntimos de la vida de esa chica.
—Yo fui llevado al centro de protección del estado, crecí ahí hasta que tuve la maravillosa suerte de ser adoptado.
Sakura alzó la mirada a los ojos de Touya, él parecía un hombre sincero. No podía encontrar rasgos familiares en su rostro sin embargo le irradiaba confianza.
—Me gustaría platicar contigo con más detalle y tener la oportunidad de conocerte. Pero no quiero que ninguno tenga que afrontar más desilusiones, ¿qué te parece si coordinamos nuestros horarios para tomarnos una prueba?
Sakura aceptó la tarjeta de presentación de Touya Kinomoto, era lo más sensato que podían hacer. Formar un vínculo afectivo antes de tener evidencias contundentes de su relación familiar era un error que se pagaba caro.
Dado que Sakura no estaba en la mejor de las condiciones, Daisuke acompañó a su visitante a la puerta, aprovechando la oportunidad para ofrecerle una disculpa. Nunca dejaría de sentirse avergonzado por ese incidente, sin embargo ni en el más absurdo de los escenarios se imaginó conocer a la familia de su novia.
Ambos guardaban cierto resentimiento hacia sus padres biológicos, quienes se desprendieron de ellos como si fuesen una camiseta pasada de moda. Así que ninguno hizo el mínimo esfuerzo por buscar a su verdadera familia, Daisuke se conformaba con el matrimonio Ubachi mientras que Sakura se acostumbró a la idea de llevar el nombre que le fue dado en la casa hogar.
Sin decir nada, Daisuke fue a la cocina a preparar un té y después de endulzarlo con un poco de miel se sentó junto a su amada, la besó en la sien y la abrazó con extrema ternura. Ella era tan preciada para él, que la sola idea de verse separados lo enloquecía. Quizás era egoísta el sentimiento que lo embargó esa noche, pero en sus adentros no quería que la vida de Sakura llegase a cambiar.
Touya Kinomoto no había dicho el mayor detalle respecto a su vida, ¿qué tal si intentaba llevársela lejos? Sakura estaría dispuesta a pasar algún tiempo con él y eso significaba retrasar su boda, cosa que por nada del mundo permitiría. Daisuke sabía que su relación con ella en algún punto había comenzado a tambalear, probablemente por sus ausencias y el poco romanticismo que compartían, por eso tomó la decisión de casarse ese mismo año, negándose a perderla.
—Tal vez no sea el momento adecuado para preguntártelo, pero me siento curioso de saber qué es lo que estabas tan resuelta de hablar conmigo.
Sakura internamente agradeció la interrupción a sus conjeturas. Durante años había bloqueado su instinto de hacerse ilusiones con una familia, ella solo anhelaba un padre y una madre que fuesen capaces de protegerla. Dentro de sus sueños cabía la posibilidad de que su abandono hubiese sido un error y que en realidad sus padres la buscaban con desespero. Pero tener un hermano mellizo rebasaba sus expectativas.
Aunque Touya había sido bastante sensato al decir que los límites entre ellos debían mantenerse hasta tener certeza de su lazo consanguíneo.
—Tengo que viajar a Kioto este fin de semana —comenzó a relatar Sakura, con su mirada carente de brillo—. Abrirán una sucursal en Kioto dentro de pocas semanas y Sonomi quiere que me haga cargo.
Daisuke dejó caer los brazos, desconcertado.
—¿Mudarte a Kioto? ¿Y qué hay de nuestros planes? No puedo esperar hasta el próximo año para casarme contigo, Sakura. Sé que no he sido el más entusiasmado con los detalles de la boda pero te hice una promesa y he trabajado como un loco para darte la vida que te mereces.
A Sakura le molestó el tono autoritario de su voz. Ella acababa de tener una impresión demasiado fuerte como para tener que soportar los reclamos frenéticos de Daisuke.
—¿Acaso me escuchaste decir algo sobre modificar la fecha de la boda? ¿Cuántas veces me has preguntado sobre el salón o el banquete? Y para que estés más tranquilo, te diré que no he gastado un solo centavo de tu preciada cuenta de ahorros, yo he sabido arreglármelas sola.
—¿De qué estás hablando? —Daisuke entrecerró los ojos, adoptando una postura rígida.
Después de regresar de Paris notó que algo en el comportamiento de Sakura había cambiado, su entusiasmo por la boda había desaparecido por completo y notó que ella ocultaba ropa y accesorios costosos en su armario. Si los hubiese dejado a la vista habría pensado que eran regalos de Eriol o Tomoyo, pero tanto misticismo de su parte, tenía que esconder algo más.
—¿Quién más podría darte dinero?
La conversación simple y tranquila que imaginó mil veces, no estaba resultando tan fácil. Daisuke no tenía un pelo de estúpido, Sakura se había relajado demasiado al respecto y sabía que pese a sus mentiras bien elaboradas, él no se quedaría tranquilo.
—¿Se te olvida dónde trabajo? —increpó—. Mientras tú te ibas del país sin avisar, yo estaba trabajando arduamente en la agencia de citas, todo para ganar un concurso por la boda de mis sueños, ¿y sabes qué? Lo conseguí, y si hasta el día de hoy no estabas enterado es porque desde que regresaste no has hecho otra cosa que intentar llevarme a la cama.
—Soy tu novio, Sakura. Es algo completamente normal entre las parejas, somos adultos y ya llevamos una vida juntos, no entiendo tu necedad de seguir esperando.
Sakura soltó una exhalación al borde del colapso, ¿cómo iba a darle una respuesta lógica cuando ni siquiera ella sabía el por qué?
—Ya que ninguno está complaciendo las necesidades del otro, deberíamos tomarnos un tiempo para reconsiderar nuestra relación, ¿no crees?
—No quiero reconsiderar nada —exclamó Daisuke, poniéndose de pie—. Yo estoy muy seguro de lo que siento por ti y de lo quiero para nosotros, pero creo que tus prioridades han cambiado y exijo saber por qué.
Sakura lo encaró. Dios, ella había ido tan resuelta a sostener sus planes de boda con ese hombre pero ahora que se encontraba en la cuerda floja tenía miedo de desplomarse sin tener una red de seguridad esperándola.
—Yo te quiero, Daisuke. Es solo que hay tantas cosas en mi cabeza, la boda, el trabajo y ahora con la aparición de mi supuesto hermano no puedo pensar con claridad. Dame unos días, ¿sí? Es lo único que te pido, hablaremos de esto con más calma cuando haya resuelto mi situación en la agencia y tenga en mis manos los resultados de la prueba de ADN.
Daisuke pasó junto a ella sin articular palabra y su indiferencia dolió más que un golpe. No era la primer pelea que tenían, pero sí la primera en la que ella no estaba siendo del todo honesta. Después del estrepitoso portazo que anunció la furiosa salida de su novio, Sakura se dejó caer al piso, temerosa de estarse sumergiendo en una peligrosa ruina emocional.
La peor y más nefasta de las maldiciones había caído sobre su vida. Lo único que recordaba era haberse tomado unos tragos y eso había sido suficiente para que despertase en medio de una pesadilla. Hayami Koshimisu era tan hermosa como insufrible. Eriol todavía no lograba concebir la idea de haberse acostado con ella, ganándose automáticamente una semana llena de torturas.
Hayami se había negado a abandonar el departamento de Eriol después de esa noche y por si fuera poco, lo había obligado a llevarla del brazo al evento de beneficencia con la esperanza de encontrar algún miembro de la familia Li para llevar acabo su interminable tradición de chantajes. Por nada del mundo su abuela Miki podía enterarse de su desliz con Hayami, eso le haría perder la poca confianza que ganó después de tantos esfuerzos.
Además el pensamiento de haberse ido a la cama con otra mujer, lo ponía enfermo. Si eso llegaba a oídos de Tomoyo, él quedaría como un auténtico casanovas y ella jamás reconsideraría la idea de sostener una relación con él.
—¿Por qué no te relajas un poco? —sugirió Hayami, ofreciéndole una copa.
—¿Quién podría lucir relajado mientras soporta una sanguijuela pegada al cuello?
—Te has vuelto tan aburrido —regañó Hayami, pretendiendo que los insultos no le afectaban—. Cada día te pareces más a Syaoran, demasiado tenso y formal. De haber sabido que le tenías tanto miedo a tu abuela, habría venido a divertirme contigo desde antes.
Eriol apretó la mandíbula. Esa maldita mujer tenía bajo su poder un video íntimo de ellos, el cual amenazaba con distribuir entre los miembros de su familia, comenzando por Miki. Eso no podía suceder mientras sus intenciones fuesen reconciliarse con Tomoyo y refugiarse en el poder de su familia. Y algo le decía que esa noche sería crucial en sus vidas. Llevaba cerca de treinta minutos observando a cada persona que pisaba ese salón con la sola esperanza de ver a su amada, asegurarse de su bienestar era su única prioridad.
—Si tienes tanta urgencia por casarte, podría presentarte a algunos amigos —sugirió Eriol, fingiendo amabilidad. Lo último que le faltaba era ser visto maltratando a una mujer y no estaba en sus planes perjudicar todavía más su reputación.
—No quiero casarme con un anciano —espetó—. Además mi historia con Syaoran no es lo que ustedes creen, no soy la única bruja de este cuento.
Eriol se preguntó qué tanto le afectaría la presencia de Hayami a Li, dado que él estaba en algo parecido a un romance con su mejor amiga. Y como si lo hubiese invocado con magia, él apareció acompañado de Jang. Rayos. Tiró del brazo a Hayami, obligándola a esconderse detrás de una frondosa palmera, hasta que los Li ocuparon su lugar en la mesa asignada.
—¿Qué diablos te sucede? Acordamos que me ayudarías a hablar con Syaoran —reclamó Hayami, arreglándose el cabello.
—Y lo harás, pero no conseguiremos nada si él te ve y se retira entes de que comience el evento.
—¿Tú crees que me odie tanto como para hacer eso? —preguntó, desconcertada.
—Creo que Li ha cambiado mucho desde la última vez que habló contigo.
—No me digas que... ¿está saliendo con alguien?
La sombra de preocupación en su rostro no parecía fingida y si fuese un poco más ingenuo, Eriol habría creído que ella de verdad era una mujer dispuesta a cualquier cosa para recuperar al amor de su vida.
—No lo sé, ya te he dicho que no somos cercanos —evadió.
Antes de conseguirse un problema mayor, Eriol confinó a Hayami en la habitación que resguardaba los tesoros que se subastarían esa noche. Llegar a un acuerdo con los organizadores de una forma improvisada fue una verdadera hazaña, de no ser porque la familia Hiraguizawa llevaba años apoyando el evento con cuantiosas donaciones habría tenido que ponerse en evidencia luciendo a Hayami como su acompañante la noche completa.
El cuerpo se le lleno de escalofríos con la sola idea. Bebió una copa de golpe para recuperar los estribos y se apostó detrás del mismo arbusto de la entrada principal. Unos segundos antes que el maestro de ceremonias anunciara el comienzo de la subasta, apareció la persona que esperaba.
Kai Kagura jamás perdía la oportunidad de alardear todos los bienes que poseía; dueño de una de las empresas de transporte de carga más importantes a nivel internacional y marido de la única joya por la que Hiraguizawa estaba dispuesto a apostar.
Tomoyo era demoledoramente hermosa, cubierta con una brillante piel de ángel, la observó desfilar por la alfombra manteniéndose siempre un paso atrás de su marido. Aunque su larga y resplandeciente cabellera servía como distractor no pasaba desapercibido para él su bonito rostro pálido y desmejorado.
Evitando la tentación de lanzarse sobre ese siniestro hombre, se retiró al salón principal. Una mano capturó su muñeca antes que fuese capaz de encontrar su mesa, con sorpresa saludó a Jang Li, quien se puso de pie para envolverlo en un abrazo impetuoso. Syaoran reconoció su presencia con un gesto burlón, sus abuelas eran mujeres insufribles, no desperdiciaban oportunidad alguna para manosear al nieto de la otra.
—¿Por qué no te sientas con nosotros? —sugirió Jang, forzándolo a sentarse—. ¿Dónde está Miki? Ella casi nunca se pierde este tipo de eventos.
—Está haciendo los preparativos para recibir a una de mis tantas primas lejanas —gruñó Eriol, sabiendo que era una de las típicas tretas de su abuela para emparejarlo con otra de sus candidatas a esposa ideal.
—Oh, sí. Recuerdo que me comentó algo sobre ello, puedo prometerte que esta vez se trata de una chica encantadora. En caso de no congeniar contigo, le pediré a Miki que arreglemos una cita para Syaoran.
—Yo estoy haciéndolo bien por mi cuenta, Hiraguizawa necesita más de su ayuda —se burló Syaoran—. Jamás creí que nuestros papeles se invertirían, dime Hiraguizawa, ¿qué se siente ser rechazado por tu chica ideal?
—Tú dímelo, pareces experto en el tema.
Jang rodó los ojos, era imposible que esos dos tuviesen una conversación civilizada. Intentó llevarse una copa a los labios pero antes que el anhelado líquido burbujeante acariciara su paladar, éste le fue arrebatado por su nieto.
—Ni siquiera lo pienses, abuela. —regañó, ganándose una mirada resentida de Jang—. Recuerda las indicaciones del médico, nada de alcohol, cafeína o cigarrillos hasta completar tus estudios.
—Deberías preocuparte por darme un bisnieto, esas absurdas restricciones solo acortarán todavía más mi vida. ¿Qué sentido tiene seguir en este mundo si no puedo disfrutar de lo que me gusta?
Syaoran suspiró, mientras el embustero de Hiraguizawa tomaba de la mano a Jang, tratando de apaciguar su rabieta.
—Todavía me tienes a mí —bromeó Eriol—, podemos fugarnos juntos en el momento que lo desees.
El humor de Jang mejoró gracias a los halagos de Hiraguizawa, en el pasado Syaoran detestaba con pasión escucharlo alardear acerca de sus dotes de seducción, pero cuando fue su turno de aplicar todas esas técnicas para atraer la atención de distintas mujeres, muy en el fondo llegó a sentirse avergonzado.
Tenía demasiadas preocupaciones en su cabeza esos días, sus compromisos laborales lo estaban consumiendo, luego su abuela comenzó a tener problemas de salud y justo esa noche deseaba más que nunca estar en un sitio totalmente distinto. Quería conocer el motivo de las evasivas repentinas de Chispita y su única posibilidad de hablar con ella era yendo al club de solteros, donde se estaba llevando acabo el evento de aniversario.
Casi gruñe de frustración sintiéndose acorralado. Solo esperaría el final de la subasta en consideración a su abuela e inventaría cualquier excusa para fugarse del lugar. Sus cavilaciones conspirativas se vieron interrumpidas por un par personas bastante inusuales dentro de su círculo de conexiones, Syaoran se puso de pie, saludando con cauteloso respeto a Kai Kagura.
—Veo que te estás encargando de presentar en sociedad a tu nuevo heredero, es lamentable lo que sucedió con Hien —dijo Kai, dirigiéndose a Jang—. Sin embargo tu nieto me agrada, he escuchado decir que es tan ávido y agresivo en el negocio como su padre.
—Es todo un honor que la labor de Syaoran comience a ser reconocida —sonrió Jang.
—Espero que puedas concederme una audiencia, trabajar juntos sería una auténtica maravilla.
—Siempre estoy dispuesto a escuchar nuevas propuestas, cuando las nuevas licitaciones sean publicadas, será de los primeros en enterarse.
Kai respondió con una mueca condescendiente, evidentemente el joven había sido puesto sobre aviso por su familia. Así que lo dejó el asunto por la paz, sus motivos para acercarse a esa mesa no eran precisamente económicos.
—Creo que a ti no te conozco, ¿a qué familia perteneces? —preguntó, mirando con curiosidad a Eriol.
—Eriol Hiraguizawa —se presentó, conteniendo el impulso de golpearlo en la cara. Kai no solamente era su rival por el amor de Tomoyo sino que también era un hombre desagradablemente arrogante.
—Qué sorpresa, eso significa que eres el hijo del viejo Clow. No se escuchan cosas buenas sobre ti, espero que hayas comenzado a sentar cabeza. Sería lamentable que el esfuerzo de muchas generaciones sea puesto en peligro por tu culpa.
A Eriol no le gustó demasiado la forma en la que él articuló esas palabras, antes de que pudiese responderle, observaron que Tomoyo se acercaba a la mesa por un costado. Kai la tomó del brazo rápidamente y la colocó al frente de ellos.
—Ella es mi esposa, Tomoyo Kagura.
—Nunca nos habían presentado formalmente pero te he visto ya en varias ocasiones —saludó Jang con una sonrisa sincera—. Eres muy joven y bonita.
—No está en su mejor época pero debo admitir que se está conservando bien —intervino Kai, dejando a Tomoyo con la palabra en la boca. Ella se limitó a asentir con la cabeza, sonrojada—. Quisiera saber si ella puede acompañarlos por unos minutos, tengo un par de asuntos que arreglar y nunca es bueno que las mujeres se involucren en cosas negocios.
—Claro que sí, puedes tomar asiento, querida.
Kai inclinó la cabeza y se retiró, dándole un ligero beso a su esposa en la mejilla.
Encontrando la situación un tanto extraña, Syaoran cedió su silla a Tomoyo y él ocupó la sobrante junto a Eriol. Esa no era para nada la mujer que él recordaba, nada en ella parecía tener vida esa noche, pese a llevar maquillaje y joyería fina, aun se podían observar bolsas oscuras bajo sus ojos y unas clavículas terriblemente marcadas. Y ni hablar de su piel decolorada.
—¿Te encuentras bien? —se atrevió a preguntar Li. Romper el silencio cadavérico que la enmarcaba les ayudaría a superar la impresión de su drástica pérdida de peso en tan pocas semanas.
—Es lo mejor que puede estar la valiente esposa de un canalla como Kai Kagura —remedó Jang, opacando a la joven mujer con su brillante vestido color vino y un altivo moño sobre su imperiosa cabeza—. Espero que no te ofendas, querida. Pero déjame decirte que tienes un marido poco envidiable. Todavía recuerdo la primera vez que te vi de su brazo, por supuesto que supe al instante que no eras una chica de nuestro rango, de lo contrario jamás habrías aceptado casarte con él.
—Por favor no te sientas ofendida —dijo Syaoran de forma atropellada, dándole un disimulado pellizco en el brazo a su abuela por debajo de la mesa—. Lo que mi abuela intenta decir, es que no entendemos cómo puedes convivir con alguien como Kai. Al principio yo mismo llegué a pensar que eras alguien despreciablemente ambiciosa pero unos minutos después de conocerte tuve que abandonar esa impresión ya que resultaste ser muy agradable y sensata.
—Agradezco que tengan esa impresión de mí —murmuró Tomoyo, notablemente incomoda. Sabía que Kai no tenía demasiados amigos sin embargo era la primera vez que una persona ajena a ella hablaba con tanto desdén sobre su marido. En las últimas semanas creyó haber descubierto el peor lado de él pero quizás había llegado el momento de abrir los ojos y ver más allá—, pero no soy tan sensata como crees. Veo que hay muchísimas cosas que desconozco acerca de mi esposo y si a eso le sumamos todo lo que nunca he dicho sobre él, obtendremos como resultado al mismísimo demonio. Así que por favor no vengan a preguntarme cómo estoy ahora que están conscientes de que perdí mi alma contra él después de firmar nuestro estúpido acuerdo prenupcial.
Nadie en la mesa fue capaz de recomponerse a semejante declaración, ni siquiera les quedó claro el instante en el cual la conversación tomó un giro tan turbulento para hacer explotar a Tomoyo de esa manera. Ella se puso de pie haciendo tambalear la silla al súbito ritmo de las lágrimas que brotaban de sus ojos.
Jang se cubrió la boca con la mano, perturbada.
—Fui demasiado imprudente, ¿cierto? Pobre niña, no debí descargar con ella la rabia que me produce ver la cara de su marido. Jamás olvidaré el mal rato que pasó mi hijo por culpa de ese rufián. Iré a buscarla y le ofreceré una disculpa.
Antes que Jang terminase de hablar, Eriol abandonó su lugar, apresurándose para alcanzar a Tomoyo.
Syaoran murmuró una maldición. Algo marchaba mal. Se fijó que Kai no dejaba de observar su mesa desde el palco, mientras pretendía charlar con sus amigos, no necesitaba ser un genio para adivinar que ese tipo le había tendido una trampa a su mujer y a Hiraguizawa y que ellos estaban a punto de caer sin el menor esfuerzo.
—Abuela, quédate aquí por favor. Volveré en un minuto.
—Espera, ¿puedes explicarme qué está sucediendo? Todos están demasiado nerviosos, déjame ayudar... —se vio interrumpida por una fuerte punzada en su estómago, de haber sabido que se llevaría ese tipo de impresiones esa noche, habría tomado sus antiácidos con anticipación.
—No te preocupes, nada de esto es tu culpa. Ella solo necesitaba tomar un poco de aire, eso es todo —besó la frente de su abuela antes de retirarse, intentando aligerar la situación—. Tú disfruta de la subasta, recuerda que viniste a ganar.
—Está bien.
Sus pasos apresurados la llevaron directo al tocador de damas donde volvió el estómago sin ningún tipo de etiqueta. Acababa de comportarse como una tonta con los Li y como si no fuese suficiente con eso, Eriol lo había presenciado todo. Ninguna de esas personas tenía la culpa del infierno en el que se había convertido su vida durante las últimas semanas.
Quizás un tiempo atrás no había sido capaz de aceptar la violencia implícita en cada una de las decisiones de Kai sobre ella pero los últimos días se vio obligada a superar sus límites. Llevaba semanas recluida en la casita de huéspedes de la mansión, alejada de su hijo y de cualquier tipo de comunicación con sus amigos y familiares. Las únicas visitas que tenía autorizadas eran las de su entrenador personal y la de su sirvienta encargada de asear y matarla de hambre. En todo caso no le importaba demasiado tener que morir de inanición sin embargo el colmo era que solo se le permitía ver a su hijo un par de horas en el día.
Pasaba las noches encerrada en su habitación llorando por la impotencia y el profundo resentimiento que sentía hacia ella misma. Kai nunca hubiese cruzado tantas líneas si ella no lo hubiese permitido. Había llegado su momento de aceptar que después de ser una chica cegada por la ambición de lujos que creía inalcanzables terminó convirtiéndose en una mujer que vendió su dignidad a cambio de nada.
Quería gritar y escapar tan lejos como fuese posible. Tomar a su hijo en brazos y desaparecer de la faz de la tierra, estaba demasiado avergonzada para volver a casa de sus padres y a la vez demasiado aterrorizada de pedirle ayuda a cualquiera de sus amigos. Kai era un hombre despiadado, quizás la violencia física no fuese la primera de sus opciones pero tenía otras formas de torturar la mente y los corazones de las personas.
Ella tenía miedo de someter a cualquiera de sus seres queridos en ese abismo. Se limpió la boca con un trozo de papel higiénico e intentó alisar la arrugada falda de su vestido después de levantarse del piso. Estaba atada de manos mientras su hijo permaneciera en la mansión, Dios sabía que no deseaba pasar un día más bajo el mismo techo que ese monstruo pero necesitaba tomar fuerzas para regresar.
Dejó correr el agua del lavabo mientras examinaba su rostro desgastado, todos esos días esperaba ver en el reflejo a la espléndida mujer que Eriol decía haber descubierto en ella, pero lo único que lograba visualizar eran las facciones de alguien que había abandonado la oportunidad de ser feliz por culpa del miedo.
Sabía que dejar a Kai no era un trámite sencillo a menos que fuera él quien tomase la decisión de abandonarla, en cuanto le informara sobre su necesidad de exigir el divorcio, él se valdría de sus artimañas para quitarle a Jun y eso no podía suceder por nada del mundo. Antes muerta que perder a su hijo en manos de ese demonio.
Mientras palmeaba su rostro para secarse las lágrimas sin dañar su maquillaje la puerta del baño se abrió, sobresaltándola, mostrándole al único hombre que había sabido escuchar su inaudible grito de auxilio desde el primer momento que se conocieron.
Eriol entró sin ninguna vergüenza al baño de damas sujetándola del brazo para poder enfrentarla cara a cara. A simple vista se podía decir que él tampoco había estado pasándola bien en los últimos días, sus labios seductores carecían de color y sus atractivos y bonitos ojos azules no tenían brillo.
—No puedes estar aquí —protestó Tomoyo, sin mirarlo.
Recordando que los términos de su separación no fueron los mejores. Verlo a él era demasiado doloroso, Eriol era la viva evidencia de que la felicidad era algo posible para ella pero que quizás se le presentó en el momento menos conveniente. No quería sobrecargarlo con sus problemas de autoestima ni ponerlo bajo la vista de su marido abusivo. Le tenía demasiado cariño y lo único que podía hacer era protegerlo manteniéndolo alejado de ella.
—Por favor, vete. Kai podría venir a buscarme en cualquier momento, tú no lo conoces. No te conviene permanecer cerca de mí.
—Es a ti a quien no le conviene permanecer cerca de él —gritó Eriol—, solo mírate. Te está haciendo daño y tú le das el consentimiento de hacer contigo lo que se le antoja. Ser tu esposo no le da el derecho de destruirte, abre los ojos de una vez por todas, mujer. Estoy aquí, estoy contigo, haré lo que sea por ti solo tienes que pedírmelo.
—¿Por qué te empeñas en permanecer cerca de una mujer como yo, no te das cuenta de lo rota que estoy? No puedo confiar ni siquiera en mí misma, llevo una vida repleta de malas decisiones y encima de todo eso estoy descubriendo que me casé con el mismísimo demonio. Entra en razón, Eriol, por favor. Te mereces otra clase de mujer...
—Si soy tan bueno como dices, eso me hace digno de merecer a la mujer valiente y luchadora que tengo frente a mí. Has requerido de mucho valor para llegar hasta aquí, para sonreírle a tu hijo aun en medio de la desgracia que estás viviendo y puedo ver que dentro de ti existe la fuerza para dejar todo eso atrás. Déjame ser tu apoyo, aceptaré si no quieres mantener una relación conmigo mientras atraviesas este proceso pero por favor, no continúes guardando silencio. No podré continuar con mi vida sabiendo que mañana podría ser demasiado tarde para ti.
Las palabras hicieron brotar sus lágrimas nuevamente, cubriéndose el rostro con las manos se dejó abrazar de Eriol. No sería fácil deshacer su matrimonio pero era algo que necesitaba con urgencia. Tener un marido violento y poderoso era una combinación letal, aunque sus fuerzas estuviesen al borde tenía que comenzar a actuar con inteligencia.
Era irónico pensar que un hombre que únicamente se le había acercado para coquetearle hubiese terminado dándose cuenta del infierno que ella vivía en privado. Sus padres y sus amigos sabían que Kai no era un marido ejemplar, pero no se imaginaban la magnitud del daño que él le causaba. Muchas veces le aconsejaron dejarlo, sí era cierto, sin embargo ninguno tomó acciones serias porque ella se empeñaba en mantener la boca cerrada, era la indiscutible culpable de su desgracia.
Al diablo con sus fantasiosas ideas del matrimonio perfecto y de su vida de lujos, lo único que quería era sentirse segura y vivir sin restricciones junto a su hijo. Estaba cansada de soportar y de luchar por algo que no tenía sentido.
—Está bien —murmuró, recostada en el pecho de Eriol—, esta noche iré por Jun y dormiré en casa de mis padres. Mañana temprano iré a su oficina y le diré que quiero separarme.
Eriol sonrió por la determinación que brillaba en los ojos de ella.
—Créeme que no te conviene decir una sola palabra de nada.
Se separaron con el sonido de la nueva voz masculina en el baño de mujeres. Ambos miraron conmocionados la entrada principal, con el temor de haber sido escuchados por la persona incorrecta. Sin embargo Eriol soltó un gruñido al darse cuenta que se trataba de Li.
—Tú no te metas en esto.
—¿Acaso eres estúpido, Hiraguizawa? Te advertí sobre involucrarte con la mujer de Kagura, en lugar de atacarme deberías estar agradecido que fui yo quien los descubrió en medio de su romántico idilio.
Eriol se le acercó tomándolo por el cuello de la camisa en un gesto amenazante. Tomoyo se apresuró a sostener el brazo de Eriol antes de que ocasionara un escándalo.
—Suéltalo, Eriol. Él no me parece una mala persona —aseguró con una mirada trémula, dirigiéndose a Syaoran—. No irás corriendo a platicarle sobre esto a mi marido, ¿cierto?
—Por supuesto que no.
Eriol relajó los hombros y retrocedió un par de pasos, dejando por la paz a Li. No quería que nada sembrase un instante de duda en el corazón de Tomoyo, eso podría resultar fatal para ambos. Tomó la mano de Tomoyo y se abrió paso hacia la puerta.
—Veré que llegues bien a casa de tus padres.
Syaoran tiró del otro brazo a Tomoyo, frenando su andar.
—Ustedes no irán juntos a ningún lado. ¿No ven que esto es una trampa?
—¿Qué dijiste? —tartamudeó Tomoyo, mirándolo con los ojos desorbitados.
—Kai se acercó a nuestra mesa para propiciar un encuentro entre ustedes, tal vez no tenga pruebas pero sí que sospecha que ocurre algo entre ustedes. Alguien debió ponerlo sobre aviso.
Por supuesto, sus malditas guardaespaldas. Debieron sospechar algo el día que se encontraron a solas en el parque y después cuando huyeron juntos de la librería. El cuerpo de Tomoyo comenzó a hormiguear, todo lo que tuvo que pasar esos días solo eran una pequeña parte de la venganza de Kai por atreverse a engañarlo. Una simple sospecha de infidelidad había hecho que se comportara de una forma tan vil y cruel con ella, aún más de lo acostumbrado.
—No puede ser —susurró Tomoyo, aterrada de que Kai hubiese descubierto la identidad de su supuesto amante.
—No creo que debamos entrar en pánico, todavía —recompuso Syaoran, atrayendo la atención de la pareja—. Es claro que tu marido desconocía la identidad de Eriol hasta el día de hoy, probablemente al verlo decidió improvisar y dejarlos en el mismo escenario para ver si cometían un error tan ridículo como este.
—Y según tú, ¿qué sería lo más conveniente en estos instantes? No podemos dejar a Tomoyo cerca de ese psicópata por más tiempo, no puedes ver que ella corre peligro a su lado.
Syaoran se sintió apenado ante la mención de la desmejorada condición de la mujer, Kai Kagura era capaz de hacerle cosas más terribles a su esposa si llegaba a descubrir que sus sospechas eran reales. Y ni hablar de la suerte que correría Hiraguizawa.
—Es por eso que quiero ofrecerte mi ayuda —repuso Li, mirando a los ojos a Tomoyo—. No conozco a profundidad los artificios que pueda inventar tu marido en tu contra pero sí puedo decirte algo que te ayudaría a salir limpia de toda esta situación.
—¿A qué te refieres? —La voz de Tomoyo tembló ante la expectativa, al parecer todos los demás conocían a Kai mejor que su propia esposa.
—Estoy diciéndote que si huyes de tu casa esta noche, el día de mañana podrías ser acusada de abuso de drogas, él se quedaría con tu hijo e intentaría ser buen esposo internándote en una clínica de rehabilitación de donde solo saldrías directo al cementerio.
—¿Estás loco o qué te pasa? —le gritó Eriol—. ¿Por qué tienes que decirle esas cosas?
—Porque alguien tiene que pensar con la cabeza fría y soy el único aquí presente que conoce los juegos retorcidos de Kai Kagura. No pretendo asustarte, Tomoyo. Pero lo que acabo de decirte es lo más inofensivo que podría sucederte.
El labio inferior de Tomoyo comenzó a temblar, estaba realmente asustada. Siempre supo que separarse de Kai no sería un juego fácil pero ahora que escuchaba una autentica y mordaz posibilidad de boca de Syaoran, todos sus ánimos se vinieron abajo. No importaba lo que sucediera con ella pero nunca permitiría que su dulce hijo fuese criado por un tirano.
—Entonces, ¿de qué forma puedes ayudarme? —preguntó, aferrándose a la mano de Eriol. Tenía la esperanza de que Syaoran Li le diese una solución que no pusiera en riesgo la vida de nadie.
—Supongo que sabes cómo funciona el negocio de tu marido, a simple vista todos creen que se ha enriquecido realizando trabajo honesto y de la calidad, pero la verdad es que no muchas empresas se prestan para disfrazar los contratos de exportación de productos para llevar algo más que paquetería.
—¿Estás insinuando que transportan sustancias ilegales? —susurró Eriol. Maldición, tal vez si él estuviese más enfocado en los negocios de su familia no hubiese ignorado la magnitud de la situación desde el principio.
—También existen sospechas que está involucrado en la trata de personas.
A Syaoran nunca se le ocurrió que fuese precisamente él quien tuviese que revelarle ese tipo de situaciones a Tomoyo y por la reacción que tuvo, se convenció de que ella ignoraba eso sobre Kai.
Cuando Jang mencionó el hecho de que Tomoyo no provenía de una familia tan reconocida no fue con la intención de ofenderla sino porque era claro que ella desconocía el sucio origen del dinero de los Kagura. Entre los integrantes de la alta sociedad circulaba ese rumor y por lo tanto nadie había aceptado comprometer a ninguna de sus hijas con Kai. Por supuesto que alguien con tanto dinero podía saltarse los protocolos normativos de la justicia mientras nadie tuviese evidencias contundentes de nada.
Las piernas de Tomoyo perdieron el equilibrio y tuvo que ser sostenida por Eriol. Jamás dudó que Kai fuese capaz de molerla a golpes y siempre tuvo miedo de que mandase a aleccionar a cualquiera que se interpusiera en su camino pero con ese nuevo descubrimiento sintió más terror que nunca. Syaoran tenía razón, tanto ella como Eriol podían terminar muertos de la noche a la mañana sin que nadie señalase a su marido como el culpable de sus desapariciones.
—Tengo que irme —comenzó a sollozar—, tengo que sacar a mi hijo de esa casa cuánto antes.
En un frenético arranque intentó zafarse del agarre de Eriol, pensando en huir lejos de esa ciudad. Se iría del país si era necesario, ellos jamás volverían a estar cerca de esa despreciable persona.
—Si quieres mi ayuda, tienes que comenzar a actuar de forma más inteligente que esto —espetó Syaoran, quizás con más dureza de la que pretendía. Tomoyo volteó a mirarlo con un gesto de sorpresa con el rostro enrojecido por la ira y el pánico—. Mi padre inició una investigación sobre tu marido hace algunos años, sin embargo nunca logró concretar nada. Toda la gente que rodea a Kai es de su entera confianza, nadie se atrevería a traicionarlo, excepto tú.
—Yo acabo de enterarme de quién es él en realidad, ¿cómo esperas que la policía o quien sea crea en mi palabra? Cuando tú mismo dijiste que puede hacerme pasar por una adicta o declararme incapacitada mental.
—Tu trabajo es recaudar pruebas de todo lo que dije. Eres la única persona que puede entrar y salir de su casa sin el mayor inconveniente. Si existen pruebas de sus delitos deben de estar en alguna parte de su mansión. Kagura no es ningún tonto, sabe hacer muy bien su trabajo sucio, hasta la fecha ha logrado salir invicto en cada una de las auditorías a su empresa. Tu libertad y la de tu hijo están en tus propias manos.
—¿No crees que eso es algo demasiado arriesgado para ella? —Contradijo Eriol, sacando la cabeza por la puerta del baño para asegurarse que nadie estuviese escuchando semejante conversación—. Si él ya sospecha sobre nosotros puede ponerse más agresivo en cualquier momento, por nada del mundo quiero exponer de nuevo a Tomoyo. Es mejor que vayamos por su hijo y luego directamente a denunciarlo con la policía, ellos se encargarán de esto mejor que nosotros.
—La policía está de su parte, ¿por qué crees que dieron por cerrado el proceso cuando mi padre se atrevió a denunciarlo? Y ni hablar de lo que sucedió con el detective a cargo.
Tomoyo tragó saliva, ahora sí estaba más asustada que nunca. Era tan tonta, Kai se había encargado de cegarla rodeándola de lujos y apartándola de las personas para que todo eso jamás llegase a sus oídos y claro, nadie hasta ese día se había atrevido a hablarle con tanta sinceridad a la esposa de Kai Kagura.
—Entonces, ¿cuál es tu plan? —preguntó con determinación. Se aferraría a la oportunidad de Syaoran le ofrecía.
—Estoy de acuerdo con que es peligroso que pases más tiempo en esa casa pero en ciertas ocasiones será necesario. Platícame rápidamente cuál es tu situación con él.
A Tomoyo no le quedó más opción que confesarle a Syaoran las precarias condiciones a las que fue sometida esas semanas, Kai siempre trataba de menospreciarla quitándole su orgullo y su autoestima, pero pudo notar que desde que regresó de su supuesto viaje de negocios se volvió más sádico con las ordenes que le daba.
Prácticamente la mantuvo secuestrada en ese tiempo, matándola de hambre y amenazándola con la prohibición de ver a su hijo cuando se negaba a cumplir con la rutina impuesta. No le quedaba más opción que gastar hasta la última gota de energía y beber agua hasta hartarse para lograr sostenerse en pie. Quizás verla tan débil y agotada como lucía esa noche llenaba de satisfacción a Kai, destruirla de una forma fría y calculadora era más cruel que soltarle una bofetada.
A los hombres los recorría un escalofrío a medida que ella hablaba tragándose su llanto. Era increíble pensar que Tomoyo hubiese soportado tanto tiempo viviendo bajo esas condiciones.
Al principio Syaoran se atrevió a meterse por el bien de Hiraquizawa, quizás ellos no eran tan amigos pero habían crecido juntos y sus familias eran como una sola. Sin embargo las palabras dichas por la mujer que tenía enfrente realmente lo conmovieron, ella necesitaba más ayuda de lo imaginado. Vio cómo a Eriol se le escaparon un par de lágrimas después de escuchar el terror que su amada tuvo que vivir, así que decidió darles un último momento de intimidad y salió al pasillo, el cual afortunadamente se encontraba vacío.
Eriol sostuvo las manos de Tomoyo con extremo cuidado.
—Debí ser yo quien te ofreciera ayuda desde un principio, lo lamento. He sido un egoísta, lo único que me interesaba era que me demostraras que te sentías igual de apasionada que yo, supe casi desde el principio que no recibías el mejor trato por parte de tu marido pero no pensé que ese miserable fuese capaz de tratarte así. Perdóname, Tomoyo.
—¿Por qué debería pedirme disculpas el único hombre que me ha mirado con amor en medio de todo este infierno? Tú llegaste a mí cuando ni siquiera yo misma me amaba, tu encanto me devolvió un poco mi autoestima y tu compañía siempre me hacía sonreír. Perdóname tú por arrastrarte conmigo, no mereces pasar por esto y Li tampoco lo merece, pero no podré hacer nada por mi cuenta.
Tomoyo se lanzó a llorar en sus brazos como una niña pequeña, él no pudo hacer otra cosa más que apretarla fuerte en su regazo. No debía ser fácil asimilar que el padre de su hijo era peor de lo que imaginaban, tampoco la lucha que les esperaba era sencilla. No sabía cuándo tendría nuevamente la oportunidad de sostener a esa mujer entre sus brazos así que quiso conservar ese instante como un recuerdo valioso.
Pese a la pena que los envolvía no logró ignorar el dulce aroma natural de su piel ni la suavidad de su cuerpo, ella era tan bonita y delicada; con cuerpo frágil pero portador de un coraje magnifico. Romper el silencio había sido solamente el primer paso para alcanzar su tan ansiada felicidad, sin embargo algo en su corazón le sugería que lo lograrían. Los días sin Tomoyo carecían de sentido y pondría todo de su parte para conseguir su libertad y que ella regresara a sus brazos por voluntad propia.
Sin decir una sola palabra bajó sus labios a los de ella, atrapándolos en un beso tierno, sin ninguna prisa. Él también estaba ocultando algo con fines egoístas pero llegado el momento se encargaría de confesárselo, ni Tomoyo ni Syaoran merecían ser víctimas de sus malas decisiones. Tenía que romper cuanto antes la cadena de chantajes de Hayami
Su deseo por Tomoyo era demasiado intenso para saciarlo con un beso torpe y cargado de sentimiento pero no quería retrasarla más. Se separó de ella acariciándole suavemente los brazos y la miró de manera intensa.
—Quiero decirte que estaré esperando por ti el tiempo que sea necesario, eres la única mujer con la que quiero pasar el resto de mis días, tú y Jun se han vuelto esenciales para mí. Me mantendré alejado de ustedes por su bien pero estaré ayudándote a ti y a Syaoran en lo que pueda.
Tomoyo asintió. Tenía que ser fuerte y luchar para salir invicta de esa situación. Lograr que Kai pagase por cada una de sus fechorías y tener la custodia completa de su hijo eran los eslabones que la acercarían a la verdadera felicidad.
Se limpió el rostro mientras Eriol traía de vuelta a Syaoran al tocador de mujeres. Al entrar Li le regaló una sonrisa consoladora y a ella no le cupo duda de que ese era un hombre que valía la pena. Iba a ponerse en riesgo con la única intención de salvarla de su lamentable situación, tanto Li como Eriol tenían corazones de oro.
La estrategia de Syaoran parecía sencilla, en menos de diez minutos se había puesto en contacto con los detectives que trabajaron con su difunto padre para recabar pruebas contra Kai y todos parecían dispuestos a ayudar. También se encargó de proporcionarle protección a Tomoyo en los alrededores de la mansión sin necesidad de levantar sospechas.
Como su marido estaba aparentemente satisfecho con su pérdida de peso, ella podría obtener una recompensa por obedecerlo religiosamente todo ese tiempo. Pediría pasar unos días en casa de su madre, donde estaría de forma aleatoria mientras reunía la evidencia necesaria para entregar a su marido ante la justicia. Estaba consiente que el mínimo error podría costarle incluso la vida, por eso tendría que andarse con pies de plomo. Y alejarse de Eriol era un sacrificio indispensable.
—Ahora te sugiero que regreses a la mesa como si nada de esto hubiese pasado, cada uno cumplirá su parte del acuerdo —indicó Syaoran—. Cuando estés en casa de tu madre recibirás la visita del detective, él te dará otras indicaciones.
—Gracias, Li. Nunca podré recompensarte por esto.
Syaoran se despidió de ella con una pequeña reverencia, esperando a que desapareciera del pasillo para darle su merecido al idiota de Hiraguizawa.
—Eres un completo imbécil, te previne acerca de involucrarte con esa mujer y mira a lo que hemos llegado por tu culpa.
Eriol ni siquiera intentó defenderse del ataque Li, en ese momento sentía que ese hombre era su segundo gran amor. Ni en el más remoto de sus sueños se le ocurrió que encontrarían la ayuda que Tomoyo necesitaba en Syaoran.
—Ahora haz tu parte y piérdete un rato, tendrás que volver a la mesa acompañado de una atractiva mujer y parecer cariñoso con ella enfrente de Tomoyo. Ella sabrá comprenderlo. Tenemos que desviar de ti la atención de Kagura para no agravar la situación con sus sospechas. Ten presente que cualquier paso en falso que des, le costará caro a esa mujer y a su hijo.
En el pasado Eriol fue uno de los principales promotores del odio por las actitudes rígidas de Syaoran, quien jugaba a ser un adulto de forma prematura. Ahora se daba cuenta de que si él hubiese imitado un poco de ese comportamiento habría madurado en el tiempo correcto. Habría sido más apto para ayudar a la mujer que amaba, sin embargo se encargaría de terminar de crecer a un ritmo acelerado por el bien de todos.
—Haré cada cosa que digas sin protestar, aun cuando eso signifique romperme el corazón —dijo Eriol, presumir de su brazo a otra mujer frente a Tomoyo era verdaderamente macabro, pero bien acertado. Ellos acababan de encontrar una pequeña esperanza en el trato que Li les ofrecía.
Así una vez más, Hiraguizawa llegó a sentirse más villano que héroe. No era justo que dejara caer a Syaoran en la treta que él y Hayami habían planeado, se sentía demasiado avergonzado por sus acciones para confesarle toda la verdad en ese momento. Así que le pagaría su favor con otro.
—Sé que nos encontramos en un momento bastante crítico pero hay algo que debo decirte.
Syaoran bufó ante los parloteos de Hiraguizawa sin dejar de mirar su reloj, eran casi las nueve de la noche, solo tenía que soportar un par de horas más en ese sitio y apresurarse a llegar al club de solteros antes de la medianoche. Necesitaba aclarar su situación con Chispita.
—Tienes diez segundos —espetó Li.
Eriol sonrió.
—Sakura está yéndose a Kioto en estos momentos, no sé por qué y tampoco estoy informado de cuándo regresará, lo único que puedo decirte es que todo se debe a una reciente pelea con su prometido —mintió por supuesto, lo que necesitaba era sacar a Syaoran de ese lugar antes de que se encontrase con Hayami—. Si de verdad estás interesado en ella, este es tu momento perfecto de intervenir.
Syaoran vaciló unos segundos. Cielos, no le convenía para nada dejar la ciudad e ir tras ella. Tenía demasiado trabajo encima y por si fuese poco ahora tenía que preocuparse también por Tomoyo. Se sentía desesperado, ¿qué tal si Sakura seguía esquivándolo y se quedaba mucho tiempo fuera de la ciudad? Si el tonto novio se le adelantaba y recomponían su compromiso lo más seguro era que terminaran casados.
—¿Entonces, me estás sugiriendo que corra al aeropuerto para evitar que se vaya?
—No me hagas reír —se carcajeó Eriol—, estamos hablando de Sakura. No puede costearse un boleto de avión, se irá utilizando el shinkansen y por cierto se quejó bastante por el precio, ya sabes lo tacaña que es. Pero si te vas en este momento creo que podrías llegar a tiempo a la estación.
—Pero Jang está aquí, no puedo dejarla...
—Yo me encargaré de llevarla a casa, incluso le ayudaré ponerse el pijama después de obligarla a tomar sus medicamentos.
Syaoran gruñó lanzándole una mirada asesina al payaso de Hiraguizawa, pero conociendo a su abuela, ese chiste podría terminar convirtiéndose en realidad.
—Un último consejo, Hiraguizawa —masculló Li, iniciando su retirada—, te vendría bien contratar un guardaespaldas.
Eriol suspiró apreciando la carrera de Syaoran, no sabía por qué ese par se complicaban tanto para estar juntos. Era cierto que ambos tenían asuntos inconclusos con terceras personas pero nada se comparaba al martirio que él y Tomoyo tendrían que atravesar para ganar el derecho de amarse.
Después de un rato regresó al salón donde se llevaba a cabo la subasta, era el turno de Hayami para subir al escenario luciendo en su cuello un antiguo collar de diamantes. Tal y como ellos habían acordado, la mesa de los Li estaba ubicada en primera fila, sin embargo los ojos de la mujer refulgieron de ira al notar la ausencia de Syaoran.
El escándalo que Hayami armaría con su familia gracias al video que guardaba en su poder le convenía, esa vergonzosa situación se había revertido a su favor. El heredero de la familia Hiraguizawa tendría que retomar su papel de mujeriego ante la vista pública por beneficio propio. Solo esperaba que Tomoyo tuviese presente que nada de lo que hiciese desde ese día con otras mujeres, iba en serio.
Sakura observó el tablero que anunciaba en tiempo real los minutos que faltaban para la llegada de su tren al carril de abordaje. Esa tarde acudió a la cita que Touya Kinomoto concertó en el laboratorio para tomarse las pruebas de ADN, habían consensuado asistir por separado, no querían apresurarse a formar un vínculo antes de saber la verdad. A pesar de ser mellizos, ella no pudo observar casi ningún rasgo en común entre ellos no obstante dentro de sí conservaba la esperanza que la prueba resultara positiva.
Tener un hermano le daría un giro extraordinario a su vida, quizás hasta ganaría más confianza consigo misma. El miedo de saberse sola ya no la orillaría a cometer locuras ni estar en una relación con la que no podía más. Daisuke nunca dejaría de ser alguien importante pero estaba más que claro que no era capaz de convertirse en su esposa.
Se miró sus desgastados zapatos deportivos suspirando, cuando regresara de su viaje aclararía las cosas con Daisuke, acabaría con la farsa de su compromiso y llamaría a Meiling para cancelar su contrato. Y tal vez, solo tal vez se daría la oportunidad de confesarle a Syaoran lo que sentía por él.
—¡Sakura!
Una fina ráfaga le alboroto el cabello, tenía que estar volviéndose loca. Tanto estrés durante la semana le estaba provocando alucinaciones, incluso podía escuchar la voz de Syaoran llamándola.
—¡Sakura!
Esta vez, buscó la fuente de ese singular sonido, descubriendo con sorpresa que Syaoran se aproximaba a toda velocidad hasta ella. Se frotó los ojos y se pellizcó ambos brazos para creer lo que veía, ¡Syaoran de verdad había ido a buscarla a la estación! Solamente existían dos personas que pudieron delatarla: Takesha y Eriol. No sabía porqué pero sospechaba más de la primera.
Él iba vestido de gala de pies a cabeza con el cabello cubriéndole la frente empapada de sudor, lucía verdaderamente angustiado cuando se detuvo frente a ella y se encorvó para tomar aire. Ella solo sonrió absolutamente divertida.
—No veo la gracia en el asunto —jadeó Syaoran, quien al presenciar el gesto divertido de esa mujer, se olvidó de cada uno de sus problemas—. Tuve que enterarme por Hiraguizawa que planeabas irte de la ciudad. Te he llamado un centenar de veces al celular y no devolviste ni uno de mis mensajes, sé que dije que no te presionaría pero no me parece justo el trato que estoy recibiendo de ti.
No fue difícil localizar a alguien como su Chispita en medio de ese tumulto de gente, ella iba vestida con sus clásicos pantaloncillos cortos de mezclilla y una camiseta holgada que le robaba protagonismo al mismísimo arcoíris. Sin mencionar su bolso rosa con decenas de broches vintage, si no la conociera bien, la hubiese confundido con una niña de preparatoria. Esa chica era un desastre y eso la convertía en el complemento perfecto por el régimen de vida exigente e inflexible que siempre se había impuesto. Necesitaba con él a ese torbellino llamado Sakura Misakura.
—Solo estoy yendo a Kioto el fin de semana por trabajo —soltó Sakura, apartando las gotas de sudor que corrían por las sienes de su guapo acompañante—. Lamento mi actitud contigo los últimos días pero tenía pensado hablar contigo después de arreglar un par de asuntos.
Syaoran pareció herido con la confesión. Hiraguizawa había montado una novela por ese simple viaje de trabajo y él como siempre, se había dejado enredar por sus mentiras. Lo pagaría muy caro la próxima vez que lo encontrase.
—Entonces, no tiene ningún sentido que haya venido a buscarte para pedirte que te quedaras —dijo Syaoran decepcionado, no había hecho otra cosa más que quedar en ridículo—. Hablaremos cuando estés de vuelta.
Los altavoces anunciaron a los pasajeros que podían abordar el tren con destino a Kioto, el corazón de Sakura palpitaba de manera violenta en su pecho, el momento de tomar una decisión crucial estaba frente a ella, todavía si las cosas con su presunto hermano y Daisuke no tomaban el rumbo esperado, quería conservar un bonito recuerdo con el hombre del cual se había enamorado.
—Ya que viniste hasta acá, podrías acompañarme.
La respiración se le paralizó mientras Syaoran emitía su respuesta. Era cierto que ellos habían convivido en su mansión por varios días, pero algo en su interior sabía que de aceptar, este viaje sería completamente diferente.
Syaoran admiró el rubor en las mejillas de Sakura durante lo que pareció una eternidad. ¿Ella le estaba dando una oportunidad para demostrarle que él era el hombre correcto?
—¿Estás segura de esto? —inquirió Syaoran, atrapando el rostro de Chispita entre sus manos. Sus ojos verdes brillaban con nerviosismo—. Te recuerdo que no iré precisamente como tu amigo.
—Estoy segura —afirmó.
Syaoran la tomó de la mano para abordar juntos el tren con una expresión que Sakura no supo descifrar. A partir de ese momento, no había vuelta atrás, ese corto viaje marcaría sus vidas para siempre.
Hola a todos! Volví! Quiero que sepan que he recibido con mucho gusto sus mensajes de apoyo y opiniones acerca del rumbo de la historia, les agradezco infinitamente porque ustedes me ayudan a direccionar la evolución de los personajes. Así como también agradezco su paciencia ante la larga espera de actualizaciones, pero quiero decirles que mantendré mi promesa de terminar esta historia cueste lo que cueste! Gracias a todos los que me leen y espero estar de vuelta antes que acabe el año. Me despido no sin antes disculparme por cualquier error en la edición, no pude demasiado tiempo de pulir el capítulo (lo haré algún otro día, tal vez). Los quiero, manténganse saludables y bien, un fuerte abrazo.
