"¡Son casi las cuatro de la tarde, damas y caballeros! ¡Y despedimos esta sección especial, completamente improvisada, dedicada al amor! No se preocupen a aquellos que no pudieron escuchar su pedido el día de hoy. ¡Porque mañana continuaremos emitiendo todas las solicitudes musicales que quedaron pendientes!"
Me acerqué al micrófono y dije, con voz más grave.
"Esta es la última canción del día: Isn't it romantic?"
Di la señal y la música comenzó a sonar.
"Para ustedes, queridos radioescuchas." Dije, en tono suave.
Me lancé hacia atrás, para reclinarme en el asiento, me quité un momento las gafas y lancé un largo suspiro, mientras escuchaba la canción.
Isn't it romantic?
Music in the night, a dream that can be heard.
Isn't it romantic?
Moving shadows write the oldest magic word.
I hear the breezes playing in the trees above
While all the world is saying you were meant for love.
Isn't it romantic
Merely to be young on such a night as this?
Isn't it romantic?
Every note that's sung is like a lover's kiss.
Sweet symbols in the moonlight,
Do you mean that I will fall in love per chance?
Isn't it romance?
¡Pero qué día tan, particularmente, curioso!
Nuestra aventura en el hotel, con Charlotte, había sido la gran noticia del día. ¡Estaba seguro que, a esas horas, no había persona en toda la ciudad que no se hubiese enterado! Y no me sorprendía, la verdad.
Después de todo, nuestra presencia en la cotidianidad de los ciudadanos de New Orleans había sido, especialmente, potente en el último tiempo. De manera indirecta, en mi caso y sin darme mérito como El justiciero, públicamente. Pero sí como locutor radial.
La estación de radio había ganado bastante más popularidad en las últimas semanas, por nuestra sección matutina dedicada exclusivamente a leer la noticia sobre El justiciero en primer lugar; incluida una reseña policial adicional que no era mencionada en la reseña del homicidio diario. Todos esperaban escuchar mi voz a diario, anunciando, de manera críptica, que el mundo era un poco menos malo por haber eliminado a una sabandija de la sociedad.
Y Charlotte se labró un nombre, rápidamente, entre los mundanales rumores que hablaban de ella, desde que hizo su debut en el escenario. Donde siempre se destacaba su belleza y su voz. La elegancia y potencia que tenía en su desplante escénico, había cautivado rápidamente a los visitantes recurrentes del local. Y muchas más personas, tanto hombres y mujeres, comenzaron a frecuentar el Mimzy's Palace, por la curiosidad que tenían y las ansias de poder presenciar el afamado show de El Ange Blanc.
Y no salían decepcionados, claramente.
Cada vez eran más los entusiastas seguidores que ella tenía. Y eran tremendamente molestos, según las propias palabras de Mimzy. Porque "parecían obviar que Charlotte estaría por un periodo limitado y no deberían acostumbrarse a ir su local por ella.". Pero ni toda la envidia de Mimzy evitó que la popularidad de Charlotte amainara. El Ange blanc brillaba por cuenta propia y atraía a personas que la adoraban, por montones.
Por eso, juntarnos a Charlotte y a mí en un solo y gran escándalo de índole amorosa, debió ser una bomba para los lectores de la ciudad. Y, de buena fuente, me enteré que Trench tuvo que lanzar un segundo tiraje, para abarcar la gran demanda por su periódico. Él tenía la exclusiva de la noticia del momento. Esa alimaña obtuvo las ventas que deseaba, a costa de inmiscuirse en nuestra vida personal. Y nada era tan efectivo como los chismes, en primera plana, de personas conocidas. Siempre era más interesante hablar de la vida de otras personas, que notar lo miserable que era su propia y fútil existencia.
Toda la atención innecesaria que se desencadenó por esa portada fue, sin lugar a dudas, caótica. La noticia sobre mi visita al hotel con el Ange Blanc y mi indiscutida relación con ella, estuvo en boca de todos en mi trabajo.
Durante los minutos previos a salir al aire, mis compañeros estaban ávidos de un poco de información de primera mano sobre los detalles del asunto, incitándome a hablar, en reiteradas ocasiones.
"¡Vamos, Al!" Quiso saber Mike. "Cuéntanos un poco. ¿De verdad El Ange Blanc era tu sirvienta?"
"Nunca fue un secreto que Charlotte era mi sirvienta." Respondí.
"¿En serio habían planeado todo esto desde el principio?" Preguntó Phil.
"Decir que todo esto fue planeado es darnos demasiado crédito, estimado." Dije.
"¡Ya decía yo que era raro que te comprometieras con esa mujer, de la nada!" Exclamó Joey.
"Ciertamente, a muchos pareció tomarlos por sorpresa." Dije.
"¡Hey, Al! ¡El teléfono no ha parado de sonar! ¡Están haciendo pedidos de música romántica! ¡Y te dan las felicitaciones por tu nueva relación!"
Pero mis compañeros no eran los únicos interesados en la primicia. Fue necesario llamar a las autoridades cerca del mediodía, dado que la situación se estaba volviendo insostenible a las afueras del edificio. La insulsa cantidad de periodistas oportunistas y civiles que, hambrientos de curiosidad, llegaron a las puertas de la estación de radio para tener respuestas de primera mano, era impresionante. Querían detalles que, posteriormente, sazonarían con palabras propias y creándose, así, múltiples versiones. Y éstas, a su vez, se replicarían en las personas, distándose cada vez más de la original. Así era como funcionaba el "boca en boca". Nunca se sabía cuándo la verdad dejaba su plenitud de lado y era cambiada, retorcida y desmembrada hasta convertirse en una abominación a su versión real.
Debido a la gran cantidad de personas que golpeaban y miraban curiosas por la ventana, exigiendo entrar, hubo que cerrar las puertas con llave, bajar las cortinas y quedarnos encerrados durante la mayor parte de la jornada. Esperando, con paciencia, a que la policía hiciera su trabajo de dispersar a los curiosos. Y eso significó que Pentious se quedara en la estación, encerrado con nosotros durante toda la mañana. Parecía no importarle que estaba, escandalosamente, en ropa de cama en el edificio y siguió parloteando a viva voz con mis compañeros, mientras yo transmitía en vivo. Me concentré cuanto pude en mis propios asuntos, e intenté ignorar sus paseos en frente de la ventana que daba al pasillo.
Pero no vi venir que Pentious tuviera una de sus exasperantes ideas que me involucraba, directamente: Él quería que yo leyera mi propia noticia por la radio. Pentious lo consideraba de gran importancia. Él quería que yo mismo confirmara mi relación actual con Charlotte, para que no fuera manchada por las malas lenguas.
"¿Es realmente necesaria mi intervención en toda esta polémica, Pentious?" Le dije, armándome de paciencia.
"¡No hay nadie más que pueda esclarecer todo esto de una buena vez! ¡Además, no seas modesto! ¡Esto hay que celebrarlo!" Él había dicho, con ojos brillantes, tomándome de los hombros.
No iba a admitirlo, pero me pareció una idea bastante sensata.
Tener la oportunidad de exponer desde mi punto de vista las cosas y podría hacerme salir airoso de esa incómoda situación.
Con fastidio, tuve que acatar órdenes.
Sin embargo, estaba seguro, que anunciar mi propia situación sentimental tenía otro significado para Pentious. Él debía considerar eso como un triunfo personal sobre Mimzy, su enemiga de negocios de toda la vida. Desde que se habían conocido, no hacían otra cosa más que pelear por quién tenía más y mejor clientela cuando se encontraban. Pentious decía que el local de Mimzy era un agujero de mala muerte llena de gente sin clase. Mimzy decía que el negocio de Pentious era un restaurante de cuarta categoría, que servía comida insípida y no ofrecía un entretenimiento adecuado. Sus propios locales eran sus templos y decir algo en su contra significaba un ataque directo a ellos como dueños.
En conclusión, ellos se detestaban a muerte. Y la idea de aprovechar la oportunidad de darle una humillación pública de Pentious a Mimzy, no se hizo esperar. Aunque, era desconcertante como un sujeto tan noble como él se deleitaba y esperaba utilizar un medio pagado por él mismo para difamar a Mimzy. Pero supuse que hasta alguien como Pentious podría llegar a resguardar deseos tan oscuros, por el simple hecho de querer vengarse.
El ridículo pleito de Mimzy y Pentious no podría importarme menos, francamente. Pero Pentious tenía razón, en cierto punto: el Mimzy's Palace había perdido mucha calidad en los últimos años. Las malas decisiones administrativas, las cuentas impagas, las malas condiciones del local que era, contantemente, desatendido por su propia dueña, lo habían llevado a un punto sin retorno. Y no había que ser un investigador para notar que el local estaba en decadencia desde hace más de un año.
Me acomodé en mi puesto y dejé el periódico en el escritorio, frente a mí. Tomé una honda respiración y procuré serenarme. Me puse los audífonos, me instalé frente al micrófono y actué lo la mayor naturalidad posible, para evitar la tensión en mi voz.
Mi compañero me hizo la señal con la mano y el letrero de "al aire" se encendió.
"¡Buenos días, New Orleans! Son las ocho de la mañana en punto y llegamos al día miércoles, con agradables catorce grados Celsius."
Los aplausos grabados sonaron en mis oídos.
"Y, claro está, con muchas noticias recién salidas del horno sobre el festival del Mardi Gras y sus pormenores. Y, ¡qué tremenda sorpresa! La portada de 'The herald' ha sacado una noticia que me involucra, personalmente, y a una conocida estrella en potencia del último tiempo. ¡Abrimos el segmento de noticias diarias con este artículo tan especial!"
Leí de buen ánimo haciendo pausas entre los párrafos, intentando distender los ánimos y esclarecer los hechos.
"Oh, lamento informarles que el compromiso con Mimzy fue disuelto por un desacuerdo unilateral." Expliqué, sin problemas. "Una verdadera lástima. ¡Pero así es la vida!"
"Oh, sí. Ciertamente, salir con Charlotte es una actividad que esperaba con ansias cada semana, cuando ella aún trabajaba para mí. No había que tener un intelecto superior para notar lo bien que nos llevamos en nuestra convivencia, damas y caballeros."
"Me parece que el señor Trench deberá mejorar su tarea investigativa si ni siquiera sabe cuál es mi apellido. ¡JA JA!"
"¿Qué todo fue un intrincado plan desde el principio? ¡Qué buena trama se ha inventado, señor Trench! Digna de una película de bajo presupuesto ¡Déjeme felicitarlo!" Dije, aplaudiendo.
Mantener la compostura en una noticia en vivo, por más escabrosa que pareciera, nunca era problema para mí. Pero narrar un artículo que me comprometía de manera tan personal, alcanzaba nuevos niveles de incomodidad. Si hace apenas unas semanas era completamente desagradable que mis conocidos se dieran cuenta de mis estrechas interacciones con Charlotte; que toda la ciudad lo supiera de golpe, era, extremadamente, fastidioso.
"¡Qué increíble noticia, estimados radioescuchas!" Exclamé, al terminar la lectura. "Ciertamente, el señor Trench se tomó bastantes libertades creativas y sin fundamentos para escribir una noticia tan simplona. Pero, claro, debió ser todo un desafío con varias copas de alcohol en el cuerpo y redactando en plena madrugada."
Me incliné hacía adelante, recargándome en el escritorio.
"Ya, de por sí, que él fuera capaz de sostener una cámara fotográfica desde su automóvil, es un mérito digno de admirar." Dije, con sorna.
Me reí, con malicia.
"¡Y qué imaginación! ¡Huir a Broadway y trabajar como el representante de El Ange Blanc! ¡Oh, qué ridiculez!" Exclamé, golpeando la mesa con la palma.
Solté una sonora risa. Una risa que sentí real por lo insulso de la suposición.
"¡Como si mi interés por ella fuera por un motivo tan frívolo!" Solté, sin pensar.
Tanto Pentious, como el resto de mis compañeros estaban del otro lado del cristal, atentos a lo que decía. Parecían estar conteniendo la respiración. Incluso la señora Berta, la anciana dama del aseo, estaba pendiente de mis palabras. Todos estaban observándome como si estuviera a punto de dar los números ganadores de un juego de lotería.
Reprimí un suspiro. Me acomodé las gafas y aclaré mi garganta, frente al micrófono.
"Pero, sin dudas, no podemos ignorar la verdadera incógnita del titular y cuál es la verdad entre toda esta sarta de mentiras que el señor Trench se encargó de difundir." Dije en tono más compuesto.
El rostro de Charlotte vino a mi cabeza. Recordar su tacto, su intenso aroma, su calor, su voz y su sonrisa llegaron a mí, como un baño de agua tibia. Ella estaba conmigo nuevamente. O, mejor dicho; yo estaba con ella. Como no debió dejar de ser. Y estar juntos me hacía feliz a un nivel nunca antes explorado. Hacer de su pecho desnudo mi santuario personal, otorgándome paz. Todo cuánto venía de ella, se sumaba a mis motivos por el cuales sentía que estar vivo era placentero. Y volver a sentirla tan cerca de mí, conectados en tantos sentidos, nuevamente, sólo me recalcaba lo que sentía por ella.
Y, a esas alturas, era imposible negarlo ante un cuestionamiento tan directo.
Tomé aire, nuevamente.
"Pero, a pesar de que este artículo está plagado de mentiras, lo que sí puedo rescatar de cierto es que Charlotte y yo estamos en una relación de índole sentimental, mi estimada New Orleans. De eso pueden estar seguros." Dije con nitidez y confianza.
Aprovechar en vivo de invalidar todas las estupideces que Trench escribió, fue una pequeña venganza de mi parte. Aunque poco satisfactoria, realmente. Estaba seguro de que a él le daba igual lo mal que hablase de su periódico, mientras se vendiera y se le diera publicidad.
La visión de Pentious saltando de emoción, fue perturbadora. Mike, en los controles de audio, me levantaba ambos pulgares, dando su aprobación. La dama del aseo cerró los puños en su pecho, emocionada y con una sonrisa desdentada. Y, luego, vi cómo Phil se lamentaba frente a Joey, quien se reía de buena gana. Luego le entregaba cinco dólares, con una expresión resignada. Al parecer, Phil había perdido una apuesta frente a Joey.
Pentious estaba eufórico. Parecía que se había ganado el premio gordo, sólo al escucharme confirmar mi relación con Charlotte.
Procuré ignorarlos a todos, mientras cambiaba de periódico.
"Y, pasando a otras noticias…" Continué, con naturalidad.
Para mí el tema había quedado resuelto y zanjado, luego de eso. Por lo que procedí a continuar con las siguientes noticias matutinas referentes al Mardi gras, las noticias policiales (que no incluyeron ninguno de mis asesinatos, por primera vez en semanas) y los horarios especiales de entrega de comida en ollas comunes, con toda la normalidad del mundo.
Supuse que esa declaración pública era suficiente para mantener a los chismosos a raya. Así, ni las especulaciones más locas podrían ir en contra de la sencillez de la realidad: Una relación sentimental entre ella y yo. Y nada más que eso tenían derecho a saber.
Sentía que había esquivado el golpe de la ola. Todo cuanto viniera después podría manejarlo sin problemas. Las felicitaciones de compañeros y extraños se desvanecerían en unos días, y esos momentos de tensión no sería más que una anécdota más en mi vida.
Pero, si era completamente sincero, quien recibiría la peor parte de toda esa incómoda situación sería la mismísima Charlotte.
Era ella quien saldría perjudicada por las normativas rígidas de una mujer para la comunidad. Ella era, para la simple especulación pueblerina, la "mala mujer" y Mimzy sería "la víctima". Que me recibieran en el trabajo dándome su enhorabuena, era prueba de eso. Lo que Charlotte recibiría, en las siguientes semanas, serían hirientes palabras de las afiladas lenguas en contra de ella. Porque Charlotte ya no sería sólo El Ange Blanc, la fabulosa cantante del Mimzy's Palace, para el público. Sino que también era Charlotte, la ex empleada doméstica que se había metido con el prometido de su anterior jefe, mientras él estaba comprometido con la dueña del local donde ella trabajaba.
Pero conocía lo suficiente a Charlotte como para saber que, desmentir en su totalidad el artículo de 'The herald', habría sido incluso peor. Ocultar nuestra relación y simular que todo eran tonterías, la habría puesto furiosa. Ella me había dicho, claramente, que si íbamos a estar juntos sería bajo sus términos. Y negarla públicamente no era, precisamente, algo que la haría feliz.
Yo estaba entre la espada y la pared. Por muy incómodo que fuese confesar la verdad a la comunidad, y dar un detalle de nuestra vida personal al aire, por la radio. Yo no estaba dispuesto a arriesgarme a que Charlotte pensara que mis intenciones no eran sinceras. Y alejarla, nuevamente, por alguna acción imprudente de mi parte no era opción.
No de nuevo.
Por otra parte, si me encargaba de difundir nuestra situación sentimental, eso desalentaría a la mayoría de los insistentes seguidores de sus shows, que la frecuentaban, y fastidiaban por sus directas intenciones y obsequios. Con la noticia de que El Ange blanc no estaba soltera, la percepción del público cambiaba. Así, yo no tendría que incurrir en peleas innecesarias cuando alguno se excediera en su devoción apasionada hacia ella. Y evitaría un resultado en que Charlotte se molestase conmigo en el futuro, por alguna acción (justificada) de mi parte, que tomara en contra de aquel entusiasta por ella.
Esperaba que mi resolución de aceptar nuestra relación abiertamente la hiciera feliz.
El teléfono no paró de sonar en todo el día. Peticiones de canciones románticas, felicitaciones, incluso un par de mujeres que se hicieron pasar por Charlotte, para poder hablar conmigo. Seguramente, con el fin de sacar respuestas a preguntas capciosas, que esparcirían como un rumor o lo venderían a algún periódico local.
Incluso, el mismísimo Tom Trench me llamó durante la transmisión de una canción. El sujeto darme las gracias porque, debido a mi noticia, su periódico se estaba vendiendo como pan caliente. El sujeto parecía fascinado, a pesar de mi indiferencia.
"¡Buenas tardes, Alastor! ¡Qué gran día he tenido! ¡No he dormido nada desde ayer! Sin rencores por lo de mi nariz, ¿eh? Tengo que agradecerte la portada y la generosa difusión radial gratuita que me diste. ¡No había vendido tantas copias en meses! ¡Incluso tuve que pedir una segunda edición para la tarde! ¡Tenemos que replicar este éxito, una vez más! ¿Qué te parece si nos juntamos tú, El Ange Blanc y yo para una entrevis...?"
Le corté el teléfono, tranquilamente, a mitad de su parloteo, y volví a mi puesto.
La mañana se me pasó volando entre tanto pedido musical. Cuando vi en mi reloj que ya era hora en que Charlotte debía entregar la habitación, pensé en todo lo que podría evitarle si se quedaba en el hotel, prolongando la estadía un día más. Hice una llamada al hotel, pero el recepcionista me indicó que ella ya había entregado las llaves. Ya estaba en camino a casa de Vagatha. Entonces, envié a mi sombra para que la buscara, con la orden de que ella regresara al hotel, de inmediato; y que, además, resguardara su integridad.
Al momento del almuerzo, Pentious no dejó de sorprenderme con su entusiasmo. Aún en pijama, se encargó de hacer una llamada a sus empleados, para que nos llevaran un menú especial a todos los trabajadores de la estación. La casa invitaba. Sólo a ellos se les permitió el ingreso con el encargo, luego de que la policía se quedó patrullando los alrededores. Algunos oficiales se habían quedado montando guardia, luego de su trabajo de dispersar a la multitud, durante la mañana. Pentious estaba de tan buen humor, que fue tan generoso de brindarles almuerzo, incluso, a ellos. Uno de los subordinados de Pentious le había traído ropa para cambiarse y le comentaba los pendientes que se habían acumulado. Él parecía no tener intenciones de volver a su local, así que dejó todo en manos del empleado, mientras se retiraba al baño para cambiarse a un ropaje más decente.
Al momento de sentarnos en la mesa del pequeño comedor del edificio, me sentí invadido por todos los ojos que me miraban, expectantes.
"¿Ocurre algo, caballeros?" Dije, cordialmente.
De inmediato llegaron las preguntas, como hordas. Preguntas directas, inquisitivas, algunas incluso ridículas. Todos estaban esperando que las contestara de manera detallada. Esperando satisfacer el morbo que tenían. Pero se llevaron una decepción cuando me encargué de dar respuestas monosilábicas y secas.
"Entonces… ¿Estuvieron en el hotel anoche?" Dijo Joey, con una mano en su mentón.
"Sí." Respondí.
"¿Ella era tu amante mientras estabas comprometido?" Insistió Phil.
"No."
"¿Acaso la dejaste embarazada mientras ella era tu sirvienta, y ahora sólo tomas la responsabilidad anulando tu compromiso con Mimzy?"
"Tienes mucha imaginación, Mike." Le dije, alzando una ceja.
Así siguieron por largos e incómodos minutos. Respondiendo con evasivas, sin indagar de más.
"Eso me lo reservo para mí."
"No exactamente."
"No responderé a eso."
"La verdad, perdí la cuenta."
Estaban decepcionados por la falta de entusiasmo de mi parte. Seguramente deseaban tener un poco de detalles jugosos de mis encuentros íntimos con Charlotte, que no estaba dispuesto a proporcionarles.
Finalmente, y luego de mucho insistir, decidieron dejar la ronda de preguntas de lado. Y se concentraron en el otro tema que los tenía interesados: el compromiso roto con Mimzy.
"¿Por qué terminaron al final?" Dijo Mike.
"Desacuerdos prenupciales." Dije, elevando los hombros.
"Oh, sí. La linda mujer que está contigo en la portada del diario es un gran desacuerdo prenupcial." Enfatizó, con comillas en el aire.
Se rieron, con buen ánimo. Reprimí suspirar con molestia.
"Pero en serio, Al. La verdad es un alivio saber que no te casas con la dueña de ese local." Dijo Joey, clavando su tenedor en un camarón de su plato. "Y, siendo sinceros, habíamos apostado en que no llegabas a casarte."
"Phil decía que sí, pero yo estaba seguro que no concretarías nada con Mimzy." Dijo Mike, pasando una mano por su lacio pelo rubio.
"Aunque la verdad valió la pena perder esos cinco dólares." Dijo Phil. "No era muy agradable pensar que la veríamos seguido. Y que, de pronto, llegara gritando 'Ali-aaaaaaaaal~'."
Un estallido de carcajadas llenó la mesa.
"¡Cuando vino a buscarte para ir a cenar el otro día, sólo te sacó de tu puesto en medio de la transmisión!" Exclamó Mike, poniéndose una mano en la cara, sin parar de reírse. "¡Tuvimos que rellenar la media hora que quedaba de tu programa con música! ¡El jefe estaba furioso!"
"¡Qué esposa tan extrema te habrías bancado, Alastor!" Concordó Phil.
"Menos mal lo pensaste mejor."
"¡Y vaya que lo pensó mejor!" Dijo Joey. "Es decir, Mimzy era tu socia comercial, pero fue demasiado sorpresivo que decidieras comprometerte con ella. Nunca habías hablado de la tal Mimzy, más que mencionarla en un par de ocasiones. Pero siempre te escuchamos hablando de Charlotte. Y, la verdad, creíamos que era cosa de tiempo para que te casaras con tu sirvienta."
Hubo un acuerdo entre los hombres.
"La portada de hoy fue una grata sorpresa." Concluyó.
"¡Y todo nos coincidió, de inmediato, cuando nos enteramos que la mismísima Ange Blanc era la misma Charlotte que era tu sirvienta!" Exclamó Mike.
"La verdad, a ella la vimos unas pocas veces cuando trabajaba para ti. Como cuando venía a la estación a dejarte el algún encargo. Ustedes parecían entenderse bien. Y ella era bonita. Siempre pensamos que tenían algo especial ahí. Así que esperábamos que un día nos dijeras que ya era oficial."
"Y como ya lo es…". Dijo Joey, alzando su cerveza. "Felicidades, compañero."
"Salud por ustedes." Dijeron los demás y golpearon sus jarras.
Yo hice lo mismo con mi taza de café.
"Muchas gracias, caballeros." Dije, con elegancia. "Les haré llegar sus felicitaciones a Charlotte cuando la vea."
"Oye, Al. De casualidad… ¿Ella tendrá hermanas?" Preguntó Mike, esperanzado.
"No. Es única e irrepetible." Dije, con simpleza.
"Lástima." Dijo, desalentado.
"Mike ya le había echado al ojo a tu sirvienta." Dijo Phil, palmeándole la espalda. "Pero le advertimos que meterse en tu territorio hubiese sido hombre muerto, ¿no, Al?"
"En todo sentido de la palabra." Dije, dando una significativa mirada a mi compañero.
Mike, el más joven de la estación, se removió inquieto y se apresuró a beber de su jarra. Los demás se pusieron a reír.
"Oye, Mike, tranquilo." Dijo Phil, dando un ligero golpe con su puño en su hombro. "Que ya encontrarás esposa tan guapa y buena como la mía."
"Además, si hasta nuestro compañero Alastor pudo lograr la proeza de conseguir a la mujer de sus sueños, tú también puedes." Agregó Joey.
"Gracias, viejo."
"No sabría si sentirme ofendido con esa aseveración, estimado." Dije, mirándole de reojo.
"¡Vamos, Al! No puedes culparnos de pensar así." Dijo Phil. "En todos estos años en la estación, nunca te vimos con interés especial en alguna mujer. Salvo, claro, tu sirvienta Charlotte."
"Sí. No parabas de hablar de Charlotte." Dijo Mike, resoplando. "Así que no nos extraña que estén juntos, al fin. Aunque te tardaste un poco más de lo esperado, la verdad."
Me miraron y sonrieron, con complicidad. No pude disimular mi sorpresa.
"¿Consideran que la mencionaba con regularidad?" Dije, con interés, ladeando la cabeza.
Todos lanzaron una sonora carcajada, menos yo. Aquel sonido de su risa se apagó hasta morir en sus bocas. Se miraron, confundidos, al notar que yo no estaba bromeando.
"Al, ¿en serio no te has dado cuenta de lo mucho que hablas de ella?" Dijo Mike, con mirada escéptica.
"Siempre pareció ser la única mujer de tu interés, compañero." Dijo Joey.
"Y la verdad no podíamos creer que no estuvieras con ella, cuando nos contaste que te casabas con Mimzy. Parecía que nos habíamos perdido algo."
"¡Y por poco la cambias por otra mujer, Alastor! ¡Te habrías pasado de idiota!"
Volvieron las risas. Mi sonrisa estuvo tensa en los vaivenes de honestidad de mis compañeros de trabajo. Estaba claro que todos veían, con alivio, que mi relación con Mimzy se había acabado. Y no disimulaban su complacencia ante mi nueva relación con Charlotte.
El contraste que tenía ante mí era interesante.
Cuando había comentado mi compromiso previo, no hubo ni la mitad del entusiasmo que veía proyectado en sus rostros y sonrisas que veía en ese momento. Sus frías y opacas felicitaciones de aquel entonces, contrastaban con el jolgorio de saberme con alguien diferente. Con alguien a quien, aparentemente, a nadie pasaba desapercibido mi interés.
Me puse a meditar unos momentos, mientras bebía mi café. Me sorprendió que hubiesen indicado cuánto mencioné a Charlotte en mi día a día, durante los meses en los que ella trabajaba para mí. ¿Desde cuándo había estado Charlotte tan presente en mis pensamientos? ¿Cuántas veces la mencionaba, de manera tan natural, a mi entorno laboral? ¿Desde cuándo estaba tan al pendiente de ella y de sus necesidades?
"Charlotte hizo un jambalaya delicioso para la cena de ayer. Ha mejorado mucho."
"El domingo fuimos al cine con Charlotte. Ella insistió bastante y, debo admitir, que la trama estuvo interesante."
"Esta canción es de las favoritas de Charlotte. De seguro debe estar cantándola ahora mismo."
"Este libro me lo recomendó Charlotte. Dice que podría gustarme."
Charlotte.
Charlotte.
Charlotte.
Fue tan abrumador notarlo, haciendo un recuento mental.
Entonces, caí en cuenta: era verdad. Y no podía negar que ella se había convertido en uno de mis temas de conversación favoritos. No había un día en que no hablara de ella. Un día en que no pensara en ella. Siempre mencionando algún elogio espontaneo o una anécdota que la involucrara, a mis conocidos. Así era con mis compañeros de trabajo, también con Rosie, con la misma Mimzy, incluso con Pentious. Y más aún en los meses recientes, donde mi interés por ella se había intensificado, dolorosamente. No eran raras las ocasiones en las que mis allegados me preguntaban por ella; de cómo se encontraba y le mandaban cariños en su nombre, como si de mi esposa se tratase.
Era incómodo, pero todo parecía un secreto a voces. Nadie ponía en duda que nosotros estábamos de camino hacia algo concreto. Era algo que todos sabían desde el principio, al parecer, menos yo.
Siempre se trató de Charlotte.
Pentious lo había dicho en su momento:
"Es de esa linda chica con la que fuiste a mi restaurante el otro día, ¿verdad? ¡Oh, qué buenos gustos tienes, amigo mío!
Incluso, recordé las palabras de Rosie, semanas atrás:
"Nunca creí que tú, Alastor, pudiera caer por alguien, hasta que la dulce Charlotte llegó a tu vida. Una chica hermosa y adorable, que gusta del café desde siempre, cálida en el trato y... ¡humana! Lo cual me parece un logro, viniendo de ti. Aunque no me extraña que hayas tardado tanto en encontrar a alguien que te interesara; eres de los que tiene más ideas que músculos y verte con ella es, realmente, gratificante."
Hasta Husk participó con sus conclusiones.
"Ya te rendiste, ¿eh? Sabía que ni un hijo de puta como tú podría resistir tanto."
Por eso, no debía extrañarme por el nivel aceptación de todos ante el hecho de que yo concretaba una relación sentimental con Charlotte. Más allá de que ella era el Ange Blanc y su popularidad era arrolladora entre los hombres que deseaban algo de ella.
Esto venía desde mucho antes. Desde que ella era una simple jovencita que trabajaba para mí.
En retrospectiva, yo no sabía, a ciencia cierta, en qué punto exacto fue que yo había decidido que no quería que Charlotte se fuera de mi lado. Desconocía el momento en que comencé a sentirme realmente cómodo donde ella estuviera. De disfrutar de la satisfacción que sentía al compartir con ella. Y cómo fue que me volví adicto a su presencia y a la paz que ella generaba en mí, cuando estábamos juntos.
Pero, ciertamente, no fue un enamoramiento a primera vista. No fue de manera explosiva y sintiendo una pasión violenta que me consumía. Como te suelen contar en las ridículas novelas románticas. De enamorados que hablaban, sentían y actuaban como si hubiesen inventado el amor y lo sufrían como héroes de antología.
No. Todo fue paulatino. Cocinado a fuego lento, especiado a gusto e integrando nuestra combinación de ingredientes armónicos y perfectos, en un contraste de sabores intensos. Como un buen jambalaya.
Pasaron meses enteros donde, poco a poco y sin notarlo, comencé a tomarle cariño a Charlotte. Meses en lo que ella seguía siendo obediente a mi regla de no entrar a la puerta cerrada del sótano, para que llegara el momento en que ella fuera presa de la curiosidad por ir al encuentro de los espectros y ser devorada, al fin. Ellos temían acercarse a ella directamente, porque ella, como dueña del grimorio, podía darles órdenes aún sin ser consciente de ello. Y, por respeto a Apple Daddy, me negué a llevarla ante ellos a la fuerza. Los espectros estaban furiosos, pero pude convencerlos de que, prohibiéndole a Charlotte que fuera a esa zona de la casa, ella llegaría a ellos por voluntad propia tarde o temprano.
Entonces, yo seguía esperando, con paciencia, aquel momento que no llegó hasta mucho tiempo después.
Y, mientras tanto, pasaron los días, no planeados, en los que estuve, diariamente, conviviendo con ella mientras trabajaba para mí. Acostumbrándome a su energía luminosa e inquieta en mi casa. A sus cantos mañaneros. Al olor a comida casera que me daba la bienvenida, luego de un largo día de trabajo. Me había acostumbrado al cuidado que ella ponía en los detalles. A sus ojos admirando mis habilidades en la taxidermia y la cocina. A los bailes y las risas que surgían entre nosotros, cada día. En las conversaciones tan amenas que teníamos al salir juntos. En deleitarme en su lindo rostro sonrojado cuando le hablaba.
Me había acostumbrado a ella.
Ciertamente, estar con Charlotte era interesante en muchísimos aspectos, como comprobé al correr de los días. Así que no me importó esperar a que ella decidiera desobedecerme e ir al sótano, por cuenta propia. Mientras tanto, yo tendría a alguien interesante con quien compartir en mi casa. No había apuro. Y así pasaron los meses. Yo domesticándola. Y ella logrando domesticarme, sin siquiera percatarme.
No estaba dentro de mis planes que ella me agradara demasiado. Pero yo me sentía, extrañamente, a gusto con ella. Me divertía en hacerla sonrojar, en ponerla nerviosa y hacerla reír. En entablar interesantes charlas que podían durar horas. En enseñarle nuevas tareas y habilidades y me complacía que ella me escuchara con atención. En deleitarme en recompensarla, luego de ver su entusiasmo y progreso en alguna tarea que había requerido de toda su concentración y esfuerzo.
Pero no logré dimensionar en lo que aquella enorme simpatía que sentía por ella podría llegar a convertirse, eventualmente.
Tuvo que pasar un año completo para llegar a la conclusión de que no yo quería que ella bajara a abrir la puerta prohibida. Me descubrí sintiéndome ansioso durante mis jornadas laborales. Temiendo llegar a casa y ver que Charlotte ya no estuviera ahí. Comencé a experimentar alivio al verla sonreír al verme, cuando llegaba a casa. Sentí, en mi pecho, el arrepentimiento real de haber querido darla en sacrificio desde el principio. Mi plan original se había vuelto en mi contra. Y mis excusas a los espectros eran cada vez menos eficaces. Ellos la deseaban. Querían devorarla. Ella era peligrosa en tantos niveles para ellos y la rareza de su alma era demasiado exquisita para dejarla pasar. Pero, a ese punto, imaginar mi vida sin Charlotte ya no era un pensamiento grato.
Definitivamente, que ella muriera no me hacía sentir cómodo, en ningún sentido.
Durante toda mi vida, la existencia de la mayoría las personas me parecían tan fútiles y despreciables durante tantos años. Que, si algo les pasaba, no me importaría en lo más mínimo. Hasta me regocijaba al ver el sufrimiento ajeno. Mientras yo no me viera afectado en mis intereses, todos los demás no eran más que seres efímeros para mí.
Pero con Charlotte era diferente. Yo la quería viva.
Ya no quería continuar con ese plan que incluía sacrificarla. Por mucho que esa había sido mi intensión desde el momento en que la recogí, desnuda, en la nieve, el panorama había cambiado mucho en un año de convivencia diaria. Por lo que tuve que pensar en una opción alternativa para que Charlotte estuviera a salvo y, al mismo tiempo, los espíritus se quedaran tranquilos.
Entonces tuve una idea. Haría una modificación en el trato, por un equivalente.
Quizás, en el mismo momento que abogué por ella ante los espíritus y me puse la máscara de "El justiciero", para rescatarla de un destino que yo había maldecido para ella, fue el punto sin retorno. Donde yo había jurado sacrificar las vidas necesarias para que a ella no se la llevaran. Matar criminales para que ella no muriera y yo adquiriría poder, usando los órganos de mis víctimas en mis rituales. Me pareció un trato justo para mantener su integridad y proteger su sonrisa y ellos aceptaron. Sin considerar que, tiempo después intentarían llamar su atención imitando mi voz para que fuera al sótano, por cuenta propia.
Ser El justiciero por ella, había sido una declaración de amor y no me había dado cuenta de la potencia de su significado. Jurar cuidarla a costa de la vida de otros fue, indirectamente, mi resolución de que quería estar con ella. Sin amenazas que pudieran afectar nuestra burbuja de paz y felicidad cuando estábamos juntos. Ya no podía proyectar mi vida en años futuros, sin que ella estuviera cerca de mí.
Y siguiendo con ese ritmo, las cosas se mantuvieron en una cómoda normalidad por un tiempo más.
Pero mi interés por ella no se detuvo ahí. En los siguientes meses, mi deseo que querer tocarla, poco a poco, comenzó a consumirme. Culpo a su aceite de lavanda por haber potenciado todo ese calvario, durante el verano pasado. Y, una vez comencé a notar sus atributos femeninos con mucha más frecuencia, como una atractiva y joven mujer, no hubo marcha atrás. Los pensamientos de acortar la distancia entre nosotros, sin el estorbo de la ropa, se hicieron cada vez más recurrentes. Y mis ganas de querer besarla con intensidad y de unir mi cuerpo al suyo, a veces eran tan potentes, que me metía a la tina con agua fría para aplacar esos impulsos tan primitivos e incontrolables que intentaban nublar mi buen juicio.
Yo ya no sólo anhelaba su presencia y su música. Deseaba venerar su cuerpo, besar sus labios. Rasgar sus vestiduras y manchar su pureza, con desesperación. La deseaba a ella. Moría por hacerle el amor. Intenté ahogar esos pensamientos por meses. Usando todo el autocontrol que podía. Pero el simple hecho de mirarla cada día, lavando los trastes después de la cena, mientras tarareaba; cuando se concentraba en algo que la apasionaba; cuando me lanzaba miradas furtivas mientras leíamos frente a la chimenea, despertaba, en mí, el mismo impulso. Verla tan dulce y sensual, me hacían querer tomarla entre mis brazos y llevarla a mi lecho en cada una de esas ocasiones.
Ella había logrado tal impacto en mí que todos lo notaron. Ella había logrado despertar algo nuevo y poderoso. Charlotte hizo el milagro que yo sintiera lo que no esperé que pudiera llegar a sentir, jamás, por alguien.
Ella era mi perdición. Ella era mi diosa. Y yo no podía hacer otra cosa más que adorarla.
El teléfono sonó y tuve un pequeño sobresalto, al ser sacado de mis pensamientos. Phil se levantó y se dirigió a la oficina principal, para recogerlo.
"¡Ya te imagino con unos pequeños por ahí!" Exclamó Mike, de pronto.
"Mi hijo tiene cinco años y mis hijas gemelas tienen cuatro, y viene otro en camino." Dijo Joey, resoplando. "Cuidarlos a todos en un paseo es una pesadilla. Procura no tener más que un par, compañero."
Dejé mi taza en la mesa y carraspeé.
"Adelantan conclusiones, estimados." Dije, sin disimular la molestia en mi voz. "Mis planes futuros distan de eso."
"Vamos, no puede ser que no quieras tener uno o dos…" Me insistió.
De pronto, Pentious nos interrumpió dando palmas. Había regresado del baño, ya vestido de un smoking gris.
"Caballeros, por favor. Sólo están abrumando a Alastor." Dijo, en todo conciliador.
Se había perdido todo el interrogatorio anterior y parecía especialmente ansioso.
"Hoy ha sido un día muy ajetreado para él y de seguro que no quiere compartir más detalles de su preciosa relación con esa dulce chica." Continuó, con solemnidad. "Y mucho menos vislumbrar lo que viene con pequeñas bendiciones de nuestra querida pareja."
Entonces juntó las palmas y me miró con ojos brillantes.
"Pero sí necesito saber qué fecha decidieron, Alastor. Tengo que agendarlo para preparar todo con tiempo. ¡Me encargaré de que ese día sea perfecto!"
Hubo un murmullo de aprobación entre mis compañeros.
"No te olvides de invitarnos, Al." Dijo Mike, con una gran sonrisa.
"¿Será con acompañante?" Dijo Joey, pensativamente, tirando de su bigote negro. "Tendré que decirle a mi esposa que se compre un vestido nuevo."
Miré mi taza de café, vacía, y no pude evitar suspirar, exasperado.
"¿Y?" Dijo Pentious, esperanzado.
Me quité las gafas y comencé a limpiarlas con una servilleta.
"No hay fechas, Pentious." Dije, lentamente.
Mis compañeros se miraron, extrañados.
"¡Oh! ¡Pues claro!" Dijo, dándose un ligero golpe en la frente. "Apenas ayer volvieron a estar juntos. Supongo que esos detalles los verán en unos días. Lo importante es que ya le hiciste una propuesta formal."
Me acomodé las gafas. Al no conseguir una respuesta de mi parte, insistió.
"Porque ya le entregaste un anillo… ¿verdad?" Dijo, con cautela.
Abrí, significativamente, los ojos y negué con la cabeza.
"¿Qué?" Musitó.
"No le he entregado un anillo." Afirmé.
Pentious se apoyó en la mesa y me encaró.
"¡¿Aún no le propones matrimonio?! ¡¿Y QUÉ ESTÁS ESPERANDO?!" Exclamó Pentious, ofendido.
Retiré mi silla un poco hacia atrás, para alejarme de él.
"Hago las cosas a mi ritmo." Contesté, con calma.
"¡Y POR SER TAN LENTO, ELLA CASI SE TE ESCAPA! ¡TU INDECISIÓN SÓLO ME HARÁ ENVEJECER, ALASTOR!" Me gritó dando un golpe con el puño a la mesa, salpicando el café de mi taza por la superficie.
Parpadeé por la sorpresa. Por su expresión, realmente era un tema que parecía afectarle. Respiraba sonoramente.
"Ya dijiste que están en una relación sentimental." Exigió saber. "Pero ¿qué significa eso realmente para ti, Alastor? ¿Por qué no están formalmente comprometidos todavía?"
Me moví en mi silla, incómodo.
"Pentious, Charlotte está conmigo ahora y no hay apuro para…" Dije.
"Acabas de decirle a toda New Orleans que ustedes están juntos. Sí." Me cortó. "Pero si tienes las intenciones tan claras con ella, entonces no deberías estar pensándolo tanto."
Entrecerré los ojos, con molestia.
"Pentious, preferiría que no te involucraras en ese asunto." Dije, tajante. "Ya veré cuándo sea el momento indicado."
"Sabes que Charlotte es una mujer que no merece menos que algo concreto, después de lo que debiste hacerla pasar. De verdad, casi lo echas todo a perder por haberte comprometido con Mimzy, de la nada." Dijo, con seriedad. "Lo único que ganaste en todos estos días fue un rostro demacrado. Estar lejos de Charlotte perjudica hasta tu salud, y aún parece que no tomas en serio lo importante que es darle un anillo y un compromiso formal, como corresponde a una dama como ella."
Él se irguió, cruzándose de brazos y mirándome con desdén.
"¿O es que fue más fácil para ti proponerle matrimonio a Mimzy que a Charlotte?" Dijo.
Escuché un ligero "Uuuuuhh…" junto a mí. Eché un vistazo a mis compañeros, que me miraban expectantes a mi respuesta. El pescado a la plancha y las papas salteadas habían quedado en el olvido sobre sus platos. Y la tensión palpable, había reemplazado el buen ánimo de minutos atrás.
"¡HEY, AL! ¡TU CHICA ESTÁ AL TELÉFONO! ¡Y PARECE QUE ESTÁ FURIOSA, COMPAÑERO!" Escuché a Phil, desde la oficina.
De inmediato, me puse de pie.
"Con permiso." Dije, saliendo de la habitación. Sintiendo las miradas de todos, detrás de mí.
Conversar con Charlotte me distrajo de la turba de pensamientos que Pentious había traído a colación. Escuchar su voz al teléfono, en medio de tantas emociones y sumado a mi cansancio físico, me dio un momento de calma que necesitaba, en ese día tan movido. Lo que me comentó sobre su día y la ajetreada mañana que yo había tenido, me generó cierto alivio, a pesar que ella continuaba en la calle. Ella estaría a salvo en casa de Vagatha hasta el final de mi jornada y mi sombra la cuidaría, hasta que yo fuera por ella.
Hablar con Charlotte siempre me ayudaba a encontrar mi centro en mis momentos de mayor tempestad. Sólo ella podía manejar mis violentas emociones y podía devolver mis pensamientos a sus carriles, con una sola mirada. Charlotte podía detenerme de cometer una locura, sólo estando cerca de mí. Ella podía llevarme al límite de mi cordura y paciencia, si sentía su desprecio. Y ella tenía la capacidad de dejarme de rodillas, suplicando por ella, si me lo pedía.
Nada ni nadie estaba a la altura de Charlotte.
Nuestro reencuentro del día anterior había sido glorioso, pero era verdad: Las palabras y las promesas podían ser rotas. Y la emoción del momento podía olvidarse con rapidez. Y, lo cierto era que, la formalidad era un ritual que le daba honor a un vínculo.
Masajeé los ojos, lancé mi cabeza hacia atrás y tomé una bocana de aire, para botarlo por la nariz. Era odioso admitirlo, pero supuse que, por una vez, no estaría mal escuchar el consejo de Pentious sobre la importancia de la formalidad en una relación seria.
Una vez le colgué a Charlotte, de inmediato, marqué a la operadora, quien me redirigió el llamado. Esperé unos momentos hasta que una voz conocida me respondió.
"Boutique de Rosie, buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle?"
"Rosie, buenas tardes." Le dije.
Hubo un par de segundos de silencio al otro lado de la bocina.
"Alastor LeBlanc." Dijo con reproche, pero, claramente, sonriendo. "Maldito idiota."
"Un gusto volver a hablar contigo también, amiga mía." Dije, con ironía.
"Por fin te dignas a dirigirme la palabra y, justamente, luego de tremenda portada que todos mis clientes han comentado." Acotó, con malicia.
"No dudo en que todos en New Orleans lo hayan comentado al menos una vez."
"¡Oh! Y me encantó que lo confirmaras en vivo, por la radio. ¡Por fin sentí una catarsis en todo este cúmulo de acontecimientos que has orquestado!" Exclamó, dramáticamente.
Me reí entre dientes.
"Supuse que la noticia te llenaría de júbilo, Rosie." Dije.
"¡Y cuánto me hiciste esperar!" Exclamó. "Sentía que se me iba la vida antes de que pudiera llegar a verte tomar una buena decisión, tú, grandísimo idiota."
"Aún puedo sorprenderte después de tantos años, amiga mía." Dije.
Rosie se rio.
"¡Ya pensaba que Mimzy te había puesto una correa al cuello para controlarte!" Se quejó. "Nunca dijiste una palabra las veces que venía a ver el vestido y tampoco viniste a verme por cuenta propia."
"Lamento el distanciamiento repentino." Indiqué.
"Cobarde." Dijo, con simpleza.
"Pero no iba a ser grato escuchar cómo te quejabas sobre mis decisiones." Dije, con simpleza.
"Oh, tranquilo. Tengo todas mis quejas guardadas y listas para ti cuando nos juntemos a tomar café, Alastor." Dijo con malicia. "Me desahogaré de lo lindo. Pero necesitarás despejar una tarde entera, porque tomará tiempo."
Negué ligeramente con la cabeza, resignado.
"Supongo que es inevitable, viniendo de ti." Dije.
"Charlotte es demasiado buena persona como para darte un largo monólogo de todos tus errores." Dijo, dichosa. "Así que, tomaré esa responsabilidad con gusto."
Soltó una risa aguda.
"Intentaré que Charlotte abogue por mí, ante tal escenario tortuoso." Dije, de mala gana.
"Dudo mucho en que ella pueda hacer algo. Eres culpable de todo lo que se te acusa." Dijo, entre risas. "Pero claro, escucharme recalcarte tus errores no es el peor destino al que puedas aspirar."
"¿Escuchar tus quejas o la silla eléctrica? Mh… Tendría que pensar qué destino es menos tortuoso. Están bastante parejos." Dije, pensativamente.
Ella se volvió a reír. Parecía que estaba de muy buen humor.
"Oye, Alastor, ahora me doy cuenta de algo." Dijo Rosie, en tono pensativo. "Mimzy no usará el vestido que le hice. Aunque da igual para mí: ella ya lo pagó. Ya verá si lo quema en una hoguera, con una fotografía tuya. Una mujer despechada puede ser muy emocional."
"El asunto con Mimzy ya fue zanjado y dejado atrás, Rosie." Dije, con claridad. "Ahora sólo estoy enfocado en mi relación actual con Charlotte."
"Mas te vale." Advirtió. "Ya que no te funcionó tu estúpido escape al ir con Mimzy, al menos podrías empezar a planear las cosas bien con Charlotte de ahora en adelante. Esa chica vale su peso en oro."
Sonreí más ampliamente.
"Concuerdo." Dije.
"Más te vale no volver a hacerle pasar un mal rato de nuevo, Alastor." Acotó, de manera más seria. "De verdad que no fue agradable ver a la hija de mi querido Apple Daddy sufriendo por el idiota de mi amigo. No sé en qué demonios pensabas, ¡si es que estabas pensando cuando decidiste alejarte de Charlotte así!"
"No volverá a pasar. Porque no planeo alejar a Charlotte, nuevamente." Le aseguré.
"Bien." Dijo, satisfecha.
No pude evitar rodar los ojos. Rosie, a veces, tenía la exasperante costumbre de regañarme como si fuera su hermano menor. Había sido así por años. Incluso, a veces, sentía que aún me veía como a un niño.
"¿Y a qué se debe el honor de tu llamada?" Dijo, con ironía. "¿Acaso ahora sí quieres hablar de un traje de novios?"
"Algo así." Dije, con calma. "Necesitaré de tu completa asesoría en este tema. No tengo la experiencia requerida para organizar un evento de estas características."
"¿De qué estás hablando?" Dijo, con sospecha.
"¿De qué crees que estoy hablando?" Dije, con sorna.
Rosie parecía estar digiriendo lo que le estaba diciendo.
"Suena a que esperas a que te ayude con los preparativos de una boda." Dijo, lentamente.
"Así es. Te pido que organices mi boda." Dije.
"Pero tu compromiso con Mimzy ya está roto." Continuó, en el mismo tono.
"Eso quedó más que claro."
"¿Hay alguno otra boda de la que no me he enterado?" Dijo, confundida.
"Solías ser más perceptiva, amiga mía." Dije, alzando una ceja. "Estás perdiendo el toque."
Se quedó en silencio unos momentos. Parecía estar teniendo problemas para digerir la información.
"Entonces, la boda que me pides que organice… ¿sería la tuya y de Charlotte?" Preguntó, cautelosa.
"Sí, si fueras tan amable de darme tu apoyo." Dije, con simpleza. "Pero, claro está, me adelanto a los hechos. Debo preguntarle a Charlotte si acepta antes de comenzar cualquier preparativo."
"Te quieres a casar con Charlotte." Sentenció, con un hilo de voz.
"En efecto." Confirmé.
Hubo otro momento de silencio, seguido por el sonido de una taza rota.
"¡NO ESTÉS JUGANDO CONMIGO, ALASTOR! ¡NO TE ATREVAS!" Chilló Rosie, de pronto, sin ocultar emoción.
"No estoy jugando."
"¡ALASTOR! ¡TE LO ESTOY ADVIRTIENDO…!" Exclamó, con la voz quebrada.
"Es la verdad." Aseguré.
La escuché soltar el aire de la impresión.
"Madre mía…" Dijo, apenas. "Entonces, es verdad."
Hubo unos momentos sin un solo sonido, donde creí que se había cortado la llamada.
"¿Rosie?" Dije.
"Aquí estoy. Aquí estoy. No pasa nada." Dijo, con voz llorosa.
"Si ibas a ponerte así, hubiese preferido sólo mandarte una invitación por correo." Dije, en tono de burla.
"¡Alastor!" Exclamó, molesta.
Me reí.
"Lo siento, es que, no termino de asumirlo." Dijo, lagrimeando. "En veinte años, no creí que llegaría el día en que me pidieras asesoría para tu boda. ¡Dios, es tu boda! ¡No puedo creer que, por cuenta propia quieras casarte!"
"Es sólo una ceremonia, Rosie." Expliqué. "No me interesa la formalidad del vínculo en sí. Pero, Charlotte merece la honra y la tranquilidad de estar en una relación con todo lo que eso acarrea. Si la comunidad solicita que debemos estar unidos bajo cierto contrato para que nos dejen en paz y no duden de la veracidad de todo esto, puedo aguantar el sacrificio."
"¿Cuándo fue que maduraste tanto?" Dijo, resoplando.
"Considera la opción de que no estoy pensando con claridad debido al agotamiento físico y mental." Dije, simplemente. "Así que pueda que más tarde me arrepienta."
Soltó una ligera risa, entre su llanterío.
"Entonces, ¿cuento con tu ayuda?" Dije, divertido.
Ella se aclaró la garganta y continuó, con voz apresurada y temblorosa.
"Te ayudaré. Cla-claro que te ayudaré a organizar todo esto. Me encargaré del vestido, del traje, los zapatos, la música… La decoración se la dejaré a Charlotte, para que ella escoja los colores que desee. Confío más en sus decisiones que en las tuyas. También las invitaciones, el local…"
Sonreí más ampliamente, al escucharla divagar.
"Rosie, calma. Ya no estás en edad para soportar emociones fuertes." Dije.
"Maldito idiota." Dijo molesta, mientras la escuchaba lagrimear. "Te vuelves a burlar de mi edad y despídete de tu descuento del diez por ciento en tus trajes."
Me reí.
"Dame un segundo. Necesito un pañuelo."
La escuché regular su respiración para controlar el llanto.
"¡Qué día…! ¡Qué día…!" Ella murmuraba.
Finalmente, Rosie lanzó un largo suspiro.
"Es increíble…" Dijo, aún atónita. "No puedo creer que esté pasando al fin. Por fin te decidiste a hacer las cosas bien con Charlotte."
Lancé un suspiro también.
"Supongo que aplacé lo inevitable." Concordé.
"Y te comprometiste con otra mujer sólo para evitar enfrentarte al hecho que estás loco por Charlotte." Dijo, con altanería.
"Nunca dejarás de mencionarlo, ¿verdad?" Dije, rodando los ojos.
"Jamás." Aseguró. "Pero, más vale tarde que nunca, querida."
Negué con la cabeza, pero no podía decir que no me daba gusto volver a hablar con Rosie con normalidad, nuevamente
"Ahora, sólo me faltaría hacerle la propuesta a Charlotte, de manera adecuada." Dije.
"Perfecto." Dijo ella, satisfecha. "Puede que sea un poco repentino para ella, considerando que, apenas ayer te deshiciste de otro compromiso por ella. Pero no dudo en que Charlotte aceptará."
Yo sabía que sí. Todo me indicaba que ella aceptaría mi propuesta de matrimonio. Pero, aun así, no podía evitar sentirme intranquilo. Muy diferente a la seguridad que tenía al momento de hacerle la propuesta a Mimzy semanas atrás. Donde tenía la sensación de haber cerrado un trato comercial y nada más. Con Charlotte era diferente. Con ella todo era siempre diferente.
"Y por eso mismo, necesito pedirte un favor." Le dije.
Luego de terminar de hablar con Rosie, me sentí mejor.
Ciertamente, pensar en un compromiso, apenas terminado con uno el día anterior, no era habitual. Pero, dadas las circunstancias, hacer las cosas bien lo antes posible era de suma urgencia. Mi percepción del matrimonio no había cambiado mucho, realmente. Aún creía que una boda era un ritual social innecesario. Si dos personas querían estar juntas, simplemente, debía bastar que estuvieran dispuestos a convivir bajo mutuos acuerdos, de forma civilizada y respetuosa, bajo el amparo de lo que ellos consideraban que era el "amor".
No obstante, lo cierto era que, si quería hacer las cosas oficiales no sólo para nosotros, sino también para todos quienes nos conocían, un compromiso matrimonial era la solución más lógica. Y pensarme en el escenario de estar casado era un escenario bastante absurdo, francamente. Pero si era con Charlotte con quien iba a contraer nupcias, bien valía la pena el esfuerzo. Por ella, una boda era un evento que podía soportar. Después de todo, deseaba compartir mi vida con Charlotte. Quería que todos supieran que ella era mi compañera. Quería que nadie dudara que nos habíamos elegido mutuamente. Quería ser yo quien despertara a su lado cada mañana y seguir creando música juntos, por años.
Volví a mi puesto de trabajo, y seguí transmitiendo todos los pedidos románticos que fueron solicitados. Dedicatorias a noviazgos jóvenes y florecientes, a pasiones pasadas, anónimos a sus amores secretos. Al parecer, la noticia del día había despertado ese lado romántico entre los ciudadanos.
"Este es el pedido de Jerry Simmonds a su adorada Emma Sawyer, y que espera que pronto regrese de su viaje a Texas." Dije. "Esto es 'Together' de Paul Whiteman y su orquesta."
We strolled the lane together
Laughed out the rain together
Sang love's refrain together
And we both pretend it would never end
One day we cried together
Passed love aside together
You're gone from me but in my memory
We'll always be together
Procuré escuchar las canciones y tararearlas, al compás. Intentando contener las inquietantes posibles variables de una propuesta de matrimonio adecuada. Sopesé diferentes sitios dónde hacer la gran pregunta a Charlotte. Esa misma noche en casa, o el fin de semana luego de ir a cenar a un restaurante de su elección o, quizás, en un paseo por el Congo's square, durante un atardecer. Era frustrante barajar tantas opciones diferentes. Con Mimzy no había sido difícil. Ni siquiera planifiqué algo particularmente especial, sólo me metí al primer restaurante que vi en la costa y nada más. Pero con Charlotte quería que fuera algo inolvidable.
Charlotte era otra variable en todo ese asunto. Estaba casi completamente seguro en que aceptaría mi propuesta. No por nada habíamos comenzado con una relación seria, luego de reunirnos en el hotel. Aunque nunca hubo una propuesta formal de por medio, se entendía que mis intenciones con ella eran de hacerla mi compañera de vida. Pero cabía la pequeña e inquietante opción en que ella, simplemente, rechazara mi propuesta de matrimonio. Quizás, bajo la premisa de no apurar demasiado las cosas, apenas volviendo a estar juntos, después de haber terminado un compromiso con otra mujer horas antes. Era una ínfima posibilidad, pero podía llegar a aplacar toda la seguridad que tenía al respecto.
Sin darme cuenta, mi jornada de la tarde ya casi había concluido y yo había presentado la última canción de la lista del día. Lancé un suspiro de agotamiento y me recliné en el asiento, mientras la canción se reproducía.
Aún con esas pequeñas incertidumbres que me acosaban, debía hacerle la pregunta a Charlotte lo antes posible. Así, ella sabría de la seriedad real que le estaba tomando a esta nueva etapa de nuestra relación. Todos en la estación de radio parecían dar por hecho que ella me diría que sí. Rosie me había dado su total respaldo. Y, también, me aseguró que podía ir por mi encargo esa misma tarde. Imaginé que, al momento de cortar el teléfono, cerró su local y se puso en marcha.
En ese momento, algo llegó a mis pies con tanta potencia, que no pude evitar dar un respingo. Observé el suelo, con curiosidad y la vi: era mi sombra. Se retorcía, inquieta, en suelo. Parecía gesticular sin poder pronunciar sonido. Me miraba con sus enormes ojos brillantes y suplicantes.
Elevé una ceja.
"¿Alguna urgencia, amigo mío?" Dije, intrigado.
Ella se quedó quieta. Sólo me miraba desde el suelo, fijamente. Como cuando deseaba que rescatara de ella algún tipo de información.
Miré a mi compañero en los controles y, disimuladamente, me agaché hasta "tocar" a mi sombra.
"Ostende mihi faciem tuam." Susurré.
De inmediato, un cúmulo de imágenes llegaron a mi cabeza, una tras otra.
Charlotte empacando sus cosas en casa de Vagatha.
Charlotte, yendo por la calle, con destino al Mimzy's Palace.
Charlotte hablando con Husk.
Charlotte entrando a la oficina de Mimzy.
Mi sombra no pudiendo traspasar la puerta.
Mi sombra viendo a Vagatha por el pasillo.
Mi sombra saliendo del edificio y asomándose por la ventana de la oficina de Mimzy, sin poder entrar.
Charlotte tirada en el suelo de la oficina de Mimzy, con Katie sosteniendo una botella en la mano.
Mimzy y Katie discutiendo.
Mi sombra huyendo de inmediato, viniendo a mí.
Retiré mi mano, de golpe.
"No es posible." Susurré, atónito.
Me puse de pie de golpe, pero tuve que apoyarme en el borde de la mesa, por el súbito mareo que me invadió. Pasé una mano por mi rostro, sintiendo el desagradable y repentino sudor frío que me heló la espalda. Mi sonrisa se tensó y mi respiración se volvió errática. Del otro lado del vidrio, Mike me hizo señales con las manos para preguntarme qué ocurría, pero lo ignoré.
Me pasé la mano por el cabello, con brusquedad. La claridad de las imágenes que mi sombra me había proyectado, me dejó aturdido.
Charlotte no había seguido mis instrucciones. Ella tenía que quedarse en casa de Vagatha hasta que yo fuera por ella. ¿Por qué Charlotte estaba con Mimzy y mi sombra no pudo entrar a la oficina para protegerla?
Charlotte estaba inconsciente en el piso. Charlotte estaba en peligro. Katie la había golpeado. No sabía en qué estado estaba Charlotte.
Miré, con desprecio, a mi sombra.
"¿Por qué no te quedaste a ayudarla?" Musité con severidad.
Mi sombra se encogió de miedo. La canción 'Isn't it romantic?' estaba por terminar.
"Vuelve ahora mismo al local." Ordené. "Muéstrame qué está pasando."
Mi sombra se fue de inmediato. Me quité los auriculares, abrí la puerta de un tirón y me dirigí al pasillo, dando zancadas. Aún tenía que dar el anuncio de cierre, pero no me importó en lo más mínimo. Mi cabeza parecía estar bajo el agua. No escuchaba nada. Mis compañeros, me veían pasar y trataban de hablarme, pero sólo pude ver sus bocas moviéndose sin emitir sonido. Los miré como si fuesen a atacarme. Yo escuchaba nada más que estática, como el ruido blanco de una estación radial sin emitir. Ese sonido había invadido mis oídos, mi cabeza, mi alma. No podía pensar en otra cosa más que en saber si Charlotte estaba bien. Logré llegar al baño, a tropezones y me encerré.
Tuve que apoyarme en el borde del lavamanos, con las manos crispadas en los bordes. Sentía un mareo intenso y vomité un poco de bilis. Abrí la llave y dejé correr el agua para que el vómito se fuera por el drenaje.
Mi respiración seguía siendo errática y me mantuve cabizbajo. Pasaron unos momentos donde mis ojos miraban inquietos cada rincón del blanco lavamanos, sintiendo cómo se me dificultaba retener el aire. El ruido blanco era más fuerte. Mi cabeza había llegado a una especie de desconexión completa con la realidad.
La posibilidad de que Charlotte estuviera en peligro de muerte me remeció hasta la médula. Nunca había contemplado esa posibilidad. Jamás se me pasó por la cabeza su condición de humana, de carne y hueso, que podía ser propensa a un simple golpe certero y poner en riesgo su vida. O de sufrir las consecuencias de un accidente grave, en un medio de transporte. O de perecer debido a una enfermedad fulminante, que podía llevársela para siempre y dejarme solo.
Estar solo, otra vez.
Solo, como cuando ella se fue.
Sentí miedo. Un miedo paralizante y agobiante, trepando por mi pecho. Tenía la espalda empapada de sudor. Me quité las gafas y deshice el corbatín de un golpe, para despejarme un poco. Pero no funcionó.
No quería sentir ese descontrol. No quería volver a sentir que todo mi mundo era remecido por la ausencia de ese otro alguien, imprescindible en mi vida. La desesperación me había agarrado por el cuello, al sentir una similitud de las situaciones de cuando ella se había ido. Aquel día en que ella había decidido cambiar de destinos conmigo, cuando yo no pude objetar. Cuando ella eligió por mí, demostrando lo egoísta que podía llegar a ser. Y condenándome a cargar, eternamente, con ese vacío que me dejó.
Volver a sentir el dolor de una pérdida tan grande por factores que yo no podía controlar, no estaba en mis planes. Y perder a Charlotte, definitivamente, no estaba en mis planes.
De pronto, comencé a reír. Una risa nerviosa comenzó a fluir de mi boca. Incontrolable y errática. No sabía de dónde venía esa risa, ni por qué me estaba riendo en esa situación de urgencia. Pero ahí estaba. Puse mi mano sobre mi rostro y sólo dejé salir la risotada por unos momentos antes de que se calmara, por completo.
Entonces, retiré mi mano, temblorosa, de mi cara y quedé atónito cuando la observé: mi pulgar estaba mojado. Fruncí el entrecejo. ¿Acaso era sudor? Me miré al espejo y lo vi. Mis ojos enrojecidos por las lágrimas. Lágrimas horribles y que creí muertas, por diez años. Habían aparecido después de tanto y en el peor momento. Pero podía ver que mi sonrisa continuaba donde debía estar. Tensa y antinatural, en el reflejo del espejo, pero ahí estaba. Y sólo eso necesitaba.
Abrí los ojos y conecté mi visión a la de mi sombra. Ella se precipitaba por todos los rincones del Mimzy's Palace, a toda velocidad. Subía y bajaba escaleras. Buscando en cada habitación. Pero no había rastro de Charlotte. Era imposible que hubiesen podido moverla sin levantar sospechas.
Entonces, mi sombra se asomó a las afueras del local. Mimzy estaba ahí, con Vagatha, Angel y Husk. Pero de Katie y Charlotte, nada.
"¿Quién iba en el saco?" Dijo Vagatha, con dureza.
"¿Cómo dices?" Dijo Mimzy, con un hilo de voz.
"Señorita Mimzy, díganos, ¿quién iba en ese maldito saco?" Saltó Angel.
¿Dónde estaba Charlotte?
Entonces, Mimzy, con el rostro desfigurado por el terror, se dio media vuelta y se encaminó al local, dando zancadas.
"¡N-No sé de qué me hablan! ¡Y les pido que olviden todo este asunto!" Ordenó.
¿Dónde está Charlotte? ¿Dónde está? No sentía la presencia de su sombra en los alrededores.
Mi sombra siguió al grupo que fue tras Mimzy por las escaleras, hasta el tercer piso. Y los quedó observando desde el techo.
"Señorita Mimzy, espere, por favor." Le decía Vagatha.
"¡No tengo nada más que hablar!" Decía Mimzy, sin detenerse.
Mimzy sabe dónde está.
"Señorita Mimzy, escuchamos su conversación con Katie." Dijo Vagatha, con firmeza. "¡Tenemos que llamar a la policía!"
"¡No es asunto suyo quién está en ese saco!" Gritó, con el poco aliento que le quedaba. "¡Y por el bien de sus propios empleos no le dirán a nadie de todo esto! ¿Entendido?"
¿Qué había hecho esa horrible mujer? ¿De qué saco estaban hablando?
De pronto, Husk pasó delante de nosotros y miró a la señorita Mimzy, con el ceño fruncido.
"Señorita Mimzy, ¿me puede decir dónde está esa niña?" Dijo, con voz lúgubre.
Ella se tomó el pecho y abrió los ojos de la sorpresa.
"¿De quién me hablas, Husk?" Dijo, con un hilo de voz.
Husk guardó silencio un momento antes de responder.
"Charlotte. Ella vino a hablar con usted." Dijo con autoridad. "Era ella quien estaba en ese saco, ¿verdad?"
Corté la visión, de golpe. Lo que escuché suficiente para mí, para sacar una conclusión acertada. Mimzy y Katie habían trabajado juntas para actuar en contra de Charlotte. No sabía qué retorcido plan se les había ocurrido, ni me importaba. El hecho es que habían metido a Charlotte en un saco. Como si hubiese sido basura. Y Mimzy sabía dónde estaba.
De inmediato, me puse las gafas y salí a paso rápido del baño.
"Hey, Al, ¿estás bien?" Preguntó Phil al verme pasar.
"¡Al! Tuvimos que rellenar con otra canción." Dijo Mike, asomándose desde la cabina. "¿Qué te pasó?"
No respondí.
Iba con la vista fija en llegar al teléfono de la estación. Cerré la puerta con llave y me precipité al aparato. Marqué y solicité ser comunicado con el número personal de Mimzy. Volví a establecer el vínculo visual con mi sombra y vi al grupo de pie, aun discutiendo.
"No. No. No. No. No." Dijo Vagatha. "No puede ser Charlotte. Te debes estar confundiendo Husk."
"No me estoy confundiendo." Dijo Husk, con calma.
Mimzy estaba pálida, temblaba de pies a cabeza y parecía a punto de colapsar.
Entonces sonó el teléfono. Pasaron densos segundos, donde sonó el tono de espera en mi oído y observaba a Mimzy mirar su teléfono, con pánico. Como si supiera que escucharía una condena por sus acciones.
Lentamente ella se acercó y contestó. Troné los dedos y la puerta de la habitación de Mimzy se cerró de golpe. Mimzy se volteó, asustada al ver la puerta cerrada y ella sin salida. Ella temblaba sin control. Y con un poco de esfuerzo, puso el auricular en su oreja.
"¿Ho-Hola?" Dijo, nerviosa.
"Mimzy." Dije, con dureza.
Abrió varias veces la boca, dando bocanadas superficiales como un pez fuera del agua.
"¿A-Alastor?" Dijo con un hilo de voz.
Estaba seguro que yo era la última persona que ella deseaba que lo supiera. Y sólo necesitaron cinco palabras para que toda su, ya inestable, compostura se derrumbara como una torre de naipes.
"Sé lo que hiciste, Mimzy." Dije.
Dio un grito de espanto y la vi lanzar el auricular, al piso, como si estuviese hirviendo. Dio unos pasos hacia atrás, en dirección a la puerta, pero mandé a mi sombra para que la detuviera, tronando mis dedos. Giré mi dedo en el aire, dándole la orden a mi sombra para que la obligara a tomar el auricular y apegarlo a su oído, a la fuerza.
"¡NO! ¡¿QUÉ PASA…?! ¡AYUDA! ¡AHHH!" Exclamaba.
"Mimzy, dime dónde está Charlotte." Dije, claramente.
"¡¿Qué está pasando?!" Decía, intentando moverse, sin éxito.
"¿Dónde está Charlotte?" Repetí.
Ella seguía gritoneando y haciendo fuerzas, en vano.
"¡DIME!" EXIGÍ.
"¡No sé de qué me hablas!" Decía, negando con la cabeza. "¡¿Por qué no puedo moverme?! ¡¿Qué me estás haciendo?!"
"Ella estaba en tu oficina." Dije, impasible. "Katie la golpeó en la cabeza. La metieron en un saco."
Ella dio un respingo. Y comenzó a mirar a los alrededores, moviendo los ojos, desesperadamente.
"¿Dónde estás?" Dijo, aterrada. "¿Cómo puedes saber eso? ¡Tú estás en tu trabajo! ¡No hay forma en que lo supieras!"
"Dime a dónde se la llevaron." Ordené. "Sé que la metieron en un saco. Ahora dime a dónde se la llevaron o vas a lamentarlo."
Ella desfiguró su rostro en una mueca de horror.
"¿Quién mierda eres tú…?" Dijo Mimzy, susurrante.
Perdiendo la paciencia, ordené a mi sombra a meterse en la suya. Tal y como lo hacía cuando necesitaba verificar la culpabilidad de los pecadores que deseaba exterminar. Su sombra estaba un poco más pesada, indicando un reciente pecado. Vi el rostro de Charlotte y cómo la metía, inconsciente al saco, con ayuda de Katie. Las sospechas de Husk eran ciertas.
La indignación y la ira borboteaban en mi estómago.
"Mimzy, dime a dónde se la llevó Katie." Ordené.
"¡Estás demente! ¡No he visto a Charlotte en todo el día!" Exclamó. "¡Ni a ella ni a ti quiero volver a verlos!"
Al ver su poca disposición, decidí cambiar de táctica.
"Mimzy, sabes muy bien el poder que tengo y cómo he retrasado el inevitable cierre de tu local, por meses." Dije, con severidad. "Más te vale colabores y respondas."
"¡No lo harías…!" Susurró, horrorizada.
Sonreí con malicia.
"Ahora mismo puedo llevar los papeles de contabilidad a las autoridades, para que puedan corroborar con el banco tus números rojos y embargarte, por el retraso del pago del préstamo que pediste para la renovación de los instrumentos de la banda, reparaciones del local y el pago de los insumos básicos. Tu local saldría a remate y tú quedarás en la calle."
"¡NO, POR FAVOR!" Exclamó, desesperada.
"Tu pobre administración ha llevado a tu local a la ruina. Incluso dejaste sin trabajo a dos de tus camareras, para poder utilizar el dinero del sueldo que ibas a pagarles, en tu nuevo traje de novia."
"E-eran malas para su trabajo. Y los tiempos no están para tener gente incompetente trabajando para uno…"
"Charlotte fue la que atrajo a tanta clientela en estas semanas que pudiste evitar el corte del suministro eléctrico, por las ganancias que obtuviste."
"¡Yo le di la oportunidad de trabajar aquí…!" Intentó defenderse.
"Y aún así te desquitaste con Charlotte, aliándote con Katie, cuando es conmigo con quien deberías intentar vengarte."
"Yo no quería esto…" Decía, trémula.
"Eres repugnante." Dije, con frialdad.
Mimzy temblaba. Si hubiésemos estado frente a frente, ya la habría apuñalado innumerables veces. Pero quería hacerla sufrir. Necesitaba que me dijera a dónde se habían llevado a Charlotte.
Indagué un poco más es su sombra. Y encontré algo realmente interesante y potente. La mayor culpa de Mimzy se reveló ante mí.
En ese momento, vi cómo Husk, Angel y Vagatha lograron entrar rompiendo la puerta con un hacha. Pero no me importó.
Mimzy lloraba, desesperada. Sus alaridos eran patéticos y moqueaba sin control.
"No… Te dije que no fue mi culpa… ¡FUE KATIE! No sé qué haces, pero…"
"Dejaste que se la llevaran, Mimzy. Esto es tu culpa." Sentencié. "Ayudaste a que Katie se llevara a Charlotte."
"No. No. No. ¡Nadie va a creerte! ¡No tienes cómo saber eso!" Lloriqueaba.
"Lo sé, como sé lo que le hiciste a tu sobrino, Mimzy." Le interrumpí.
Se quedó helada.
"No…" Susurró, suplicante.
"Sé que te sientes culpable de la muerte de tu sobrino Roy." Dije, sin pausas. "Porque fuiste tú quien lo montó en la motocicleta que tu padre había comprado, porque tu hermana no se lo permitió. Roy tenía apenas doce años. Y, aún así, lo dejaste andar en ella solo. Sabiendo lo peligroso que era."
"No… Roy, no…" Dijo, apenas, mientras gimoteaba.
"Pero el niño tomó velocidad, chocó con un árbol y se rompió el cráneo. Roy murió en el hospital, poco después. Y le mentiste a tu hermana diciendo que no sabías cómo fue que él consiguió subirse a la motocicleta. Pero sabes que, si no hubieses sido irresponsable, Roy seguiría vivo."
Mimzy comenzó a llorar más abiertamente.
"Por eso intentas encontrar consuelo ahogándote en el alcohol hasta caer inconsciente. No puedes vivir con tu culpa." Dije.
Se agarró el cabello con una mano y se encorvó, mientras negaba con la cabeza y sollozaba, estridentemente.
"Dime la verdad, Mimzy." Exigí. "¿Dónde está Charlotte?"
Entonces, gritó, desgarradoramente, sin dejar de llorar.
"¡BIEN! ¡ES CIERTO! ¡YO AYUDÉ A KATIE! ¡ELLA SE LLEVÓ A CHARLOTTE EN EL SACO! ¡USÓ LA DIRECCIÓN DEL PIANO! ¡NO ME TORTURES MÁS, POR FAVOR! ¡YA NO PUEDO SOPORTARLO MÁS!"
Corté el teléfono, de golpe. Troné los dedos y ordené a mi sombra a volver a mí.
"Katie usó la dirección del piano". La única dirección relacionada con un piano que podía tener Mimzy, era de la entrega del mismo viejo piano que Charlotte usó durante semanas y le trajo tanta alegría a sus tardes.
Katie estaba llevando a Charlotte a mi casa. Y, tenía la corazonada, que Katie no era más que un peón detrás del verdadero gestor de todo ese secuestro.
Salí de prisa de la oficina y llegué a Pentious, quien estaba en el comedor, rellenando un crucigrama de un periódico.
"¿Alastor? ¿Ocurre algo?" Dijo, curioso, al verme entrar a toda prisa.
"¿Miguel Magne sigue en la ciudad?" Pregunté, con brusquedad.
"Ahm… Sí." Dijo, sorprendido.
"¿Qué sabes de él?" Exigí saber.
Frunció el entrecejo, pero cooperó.
"Mi subordinado me dijo que una mujer llamó al restaurante, esta mañana, pidiendo una reservación de una mesa, para mañana en la noche."
Sacó un papel de su bolsillo y me lo enseñó. Era un listado de comidas.
"Estaba ideando un menú premium para él. Esa mujer dijo que el señor Magne deseaba comer muy bien, porque quería celebrar haber cumplido con la tarea de venir a New Orleans, antes de volver a Francia. Y se iría apenas hubiese un barco disponible."
Todo comenzó a cuadrar en mi cabeza. El objetivo de Miguel Magne se estaba por cumplir con el secuestro de Charlotte.
"Necesito tu auto, Pentious. Ahora." Ordené.
Su cara tuvo un segundo de impacto.
"¿Qué?" Dijo, confundido, ladeando la cabeza.
