¡Hola! Creo que esta vez no me tomó años para sacar un capítulo, jajaja, ¿ya se pusieron al día con la historia? Porque ahora mismo se vendrán un montón de sorpresas y enredos, muchas parejitas, mucha miel y, sobre todo mucha música, jajaja.

Gracias a quiénes todavía siguen aquí, pendientes de mis locuras y mis delirios mentales, jajaja, recuerden que también me pueden seguir en Wattpad para esta y otras de mis historias, corregidas y re publicadas.

Canciones usadas:

Be Your Girl - Chieko Kawabe (versión traducida y adaptada por mí)

Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

"¿Y quién dijo que lo más importante en el mundo no es el amor? No importa todo lo que tengamos, si estamos solos, siempre nos vamos a sentir incompletos."

Capítulo 11: No love

La chica sonreía frente a la cámara, danzando sobre la arena de la playa, mientras su cabello se movía con el viento, al igual que su cómodo y holgado vestido veraniego, de color blanco y adornado de flores amarillas y rojas.

Ella se paró frente al enorme océano, dándole la espalda, mientras extendía los brazos.

—¡Este lugar es hermoso! –exclamó, observando a la persona que la estaba grabando con una expresión llena de amor, sus ojos reflejaban ese sentimiento por aquel ser que tenía frente a ella—. Oye… –le llamó—. ¿Por qué me grabas? Mejor ven a entrar al agua conmigo –dijo jalándole de la mano, entonces la cámara se movió como si dicho dueño negara—. ¡Vamos, no seas así!

—Rin, sabes que no me gusta mucho el mar –contestó el hombre. Su mano podía verse en la filmación, siendo jalada por la nombrada Rin, la cual continuaba insistiendo.

—Por favor, Kakashi, hazlo por tu esposa –se escuchó un suspiro después de que ella hiciera un adorable puchero, así que la cámara fue dejada sobre la arena y, segundos después, se vio a Kakashi aparecer desde atrás, tomando de la mano a Rin para correr junto a ella hacia el agua.

Cuando abrió sus ojos, se dio cuenta de que se había quedado dormido frente al televisor. Estaba solo en casa, viendo vídeos que tenía guardados en su vieja cámara, de los viajes que solía hacer junto a su esposa cuándo ella aún vivía.

—Ah, Rin… –murmuró, apagando el televisor con ayuda del control remoto, era difícil ver todo aquello y no sentirse solo y triste, extrañaba a Rin, aunque estaba consciente de que su muerte había sido su culpa.

Él era el único culpable del fallecimiento de Rin, al menos, eso era lo que siempre decía Obito, el que alguna vez fue su mejor amigo.

—Es algo tarde, debo terminar de organizar las clases para la semana –se dijo, mirando la hora en su celular, ya pasaban de las doce de la noche del viernes y todavía le quedaba bastante trabajo por concluir. Se puso de pie y se acercó a su escritorio, el cual mantenía en la sala, ya que no le gustaba tener computadoras o televisores en la habitación, una maña que su esposa le había pegado. Miró de reojo la fotografía que estaba junto a la pantalla del ordenador, que apenas se iluminaba con la poca luz, eran ambos en su luna de miel, sonriendo a la cámara; ella siempre estaba sonriendo.

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Después de un agotador día de ensayos y trabajo, Hinata solamente deseaba dormir. Se encontraba en la tina, dándose un relajante baño de espuma caliente, traía el cabello recogido y su piel blanca estaba cubierta por la espuma, dejando visibles sólo algunas partes de su cuerpo.

Sus ojos estaban cerrados mientras su mente repetía la sonrisa de cierto chico rubio. Se mordió el labio inferior, el corazón le latía a mil por hora cada vez que pensaba en Naruto, ¿qué se suponía que debía hacer para detener esto? ¿Acaso estaba perdiendo por completo la razón?

—¿Qué es lo que pasa conmigo? –se quejó, abriendo nuevamente sus ojos. El rubio parecía haberse apoderado totalmente de sus pensamientos, pues ahora ella lo veía tocando la guitarra, divirtiéndose al hacer lo que tanto amaba, ¿acaso había algo más hermoso que el fervor que Naruto sentía por la música? Hinata dudaba que antes hubiese visto a un chico más apasionado que él.

Se llevó una mano al pecho, sintiendo los latidos frenéticos de su corazón.

—¿Cómo puedo detener esto que siento? –murmuró.

Cerró nuevamente sus ojos y, de forma casi automática, la letra de una canción se le vino a la mente, una que jamás había cantado, porque no existía, porque la estaba creando en ese momento.

Y me digo una y otra vez

A mí misma que estoy bien

Aunque sin quererlo me lastime

Desde el interior de mi corazón

Su dulce voz armonizaba perfectamente con el ritmo contagioso y alegre de la canción, pero con una letra que no reflejaba aquella melodía para nada.

Y vuelvo a llorar otra vez

Esto no es lo que quiero ser

Aunque sea sólo una mentira

Dime que soy la única

Abrió sus ojos cuando sintió ganas de llorar, ¿acaso tenía algún sentido que tratara de detener lo que sentía por Naruto? Cuando ya estaba más que claro que se había enamorado, que no iba a poder pararlo, aunque quisiera, porque ella deseaba ser la única para él.

Después de terminar su baño y de secar todo su cuerpo, se aseguró de escribir aquella letra y de guardar la melodía en su mente, no quería olvidar la canción que Naruto le había inspirado a crear.

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Se dirigió a su habitación con la cabeza llena de ideas dándole vueltas, una tras otra. No sabía qué iba a hacer ahora, había conseguido firmar un contrato para grabar música junto a su grupo, su propio disco, quizá una gira si es que tenían éxito, pero la estúpida cláusula que decía que no podía salir con nadie en un año le estaba molestando demasiado.

Gaara se echó a la cama boca arriba, mirando el techo del cuarto como si éste fuese la cosa más interesante del planeta tierra, aunque su visión estaba desenfocada, sólo tenía la imagen de Matsuri en su mente. Se suponía que las cosas entre ellos estaban avanzando, se habían dicho que se gustaban y hasta se besaron, pero ¿cómo iba a decirle ahora que siempre no? Estaba seguro de que ella lo iba a mandar al demonio, pero su sueño era más importante que cualquier relación con una chica, ¿no?

—Demonios… –murmuró, frunciendo el ceño. En eso, unos golpes a su puerta lo sacaron de sus cavilaciones—. Está abierto –informó a quién estuviera afuera. Temari entró a su habitación sonriente, cosa que no era de extrañar para el pelirrojo—. Temari, no quiero cenar –aseguró, fastidiado.

—¿Cómo que no? –la chica enseguida frunció los labios—. Me esforcé mucho para preparar algo delicioso, tú no te vas a quedar aquí encerrado sin comer, ¿me oyes?

Gaara chasqueó la lengua, realmente no soportaba que su hermana mayor se creyera su madre, aunque le agradecía todo lo que ella hacía por él, todo lo que había hecho desde que nació, pero, de verdad sus actitudes eran un poco irritantes.

—Bien… –se levantó de la cama de mala gana, no tenía hambre y le daba mucha flojera bajar y tener que verle la cara a su padre, que seguramente estaba ahí, siempre acaban peleando, aunque ninguno lo quisiera así, era algo que no podían evitar al tener personalidades tan parecidas.

—Oye –la rubia lo detuvo antes de que él saliera, parándose junto a la puerta y tapando el paso—. Solamente quería decirte que ya lo sé todo, galán –dijo, guiñándole un ojo al menor, quién le miró como si se hubiera vuelto loca.

—¿Ahora de qué demonios hablas? –cuestionó, exasperado. Su hermana sacó el celular del bolsillo de su pantalón y después de buscar entre las imágenes de su galería, le enseñó una foto que lo dejó perplejo. Sintió que se le apretaba el estómago cuando se vio a sí mismo besándose con Matsuri—. ¿De dónde la sacaste? ¡Borra eso! –exclamó, perdiendo el control por un instante, se sentía muy avergonzado, ¿por qué Temari debía hacer ese tipo de cosas tan invasivas?

—Tranquilo –la chica solamente sonrió, evitando que su hermano menor le quitara el celular al esconderlo detrás de su espalda—. Tú sabes que yo me entero de todo, no iba a durar mucho tiempo el que la mantuvieras escondida de mí, hermanito.

—Eso es algo privado, joder –Gaara estiraba su mano para lograr coger el teléfono, pero Temari no dejaba de mover su mano para huir de él—. Dame eso y deja de meterte en mis asuntos.

—Nunca, es mi deber estar pendiente de ti, Gaara –le contestó con la actitud de una madre orgullosa. Gaara frunció el ceño, estaba furioso, pero no iba a permitir que Temari lo siguiera sacando de sus casillas, ya iba a pensar cómo cobrarse esta.

—Estás loca –murmuró, casi escupiendo las palabras.

Ahora se sentía nuevamente dudoso respecto a lo que haría con Matsuri y a sus sentimientos por ella, después de ver esa imagen, había recordado el tacto suave y cálido de sus labios, el sabor dulce de ese beso, la manera en que el pequeño cuerpo de Matsuri temblaba entre sus brazos, ¿de verdad era capaz de renunciar a todo eso por la música?

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Mientras se encontraba cenando, Sakura había comenzado a sentirse bastante mal, sus padres notaron que tenía calentura, así que la enviaron a descansar a su habitación y le dijeron que, si al día siguiente se sentía mal, no asistiría a clases. Cualquier otro chico de su edad hubiese estado feliz de poder faltar a clases, pero Sakura era diferente, ella no toleraba tener ninguna mancha en su expediente y, aunque muchos podían pensar que todo lo que le interesaba en el mundo era Sasuke Uchiha, eso no era para nada cierto.

Sakura quería convertirse en una doctora, sus padres siempre habían sido trabajadores muy acérrimos, casi no descansaban para darle a ella lo mejor, pero ninguno tenía una carrera universitaria y no podían aspirar a un buen sueldo, por eso, ella desde que era pequeña, había decidido que iría a la universidad y que lograría graduarse con las mejores calificaciones para devolver todo el esfuerzo de sus progenitores. Ella siempre era "la número uno" en los exámenes, aunque se esforzara el doble o el triple de sus compañeros, que eran unos genios innatos, como Shikamaru, Sasuke o Gaara.

—No quiero faltar a la escuela mañana –se quejó, tosiendo un poco, mientras se recostaba de lado en la cama, para tomar su celular. Le dolía la cabeza, pero no podía dormir, a pesar de ya ser bastante tarde. Comenzó a revisar sus redes sociales, Ino la había etiquetado en una foto, también tenía un mensaje de buenas noches de Naruto, el cual se apresuró en contestar, sonriendo. Naruto era muy dulce con ella, siempre estaba preocupado y atento a lo que le pasara, no cabía duda de que era un excelente novio.

"Buenas noches, Naruto, estoy bien, ¿cómo te fue en la reunión que tenían hoy? Espero que de maravilla."

Tras enviar el mensaje, se quedó mirando el inicio de la aplicación un momento, había una actualización reciente de Sasuke, hace apenas un minuto. Él no salía en la fotografía, solamente aparecía su mano, haciendo el símbolo de amor y paz, junto a una pequeña leyenda "Es el comienzo de algo grande". Sakura no pudo evitar reaccionar con un corazón, a pesar de todo, ella no dejaba de sentir que su corazón revoloteaba en cualquier evento en el que Sasuke estuviera relacionado. Estaba por cerrar la aplicación, para tratar de volver a dormir, pero el número 1 apareció en su apartado de mensajes, porque alguien le había escrito, seguramente Naruto, pensó, sin embargo, casi le dio un vuelco el corazón cuando abrió la bandeja y se dio cuenta de que la persona que le estaba hablando no era otro que Uchiha Sasuke.

"Hoy te veías un poco enferma en la escuela, espero que ya estés mejor, si es necesario, falta a clases mañana, yo tomaré los apuntes por ti."

La chica estaba atónita, ¿Sasuke le estaba hablando y siendo amable? ¿Qué estaba pasando? No dudó en revisar el perfil, antes que nada, para estar segura de que, efectivamente, sí era él y no se trataba de una cuenta fake que se estaba haciendo pasar por el moreno. Cuando comprobó que sí, que era Sasuke, entonces volvió a abrir el mensaje y se puso a escribir, pero no sabía qué, borró muchas veces lo escrito, temiendo decir algo estúpido.

"Estoy mucho mejor, aunque me duele un poco la cabeza y la garganta. Realmente espero no faltar mañana. ¿Tú cómo estás, Sasuke-kun? ¿Les fue bien en su reunión?"

Notó que Sasuke se tardaba un poco, pero parecía que estaba escribiendo. Salió un momento a revisar si Naruto había contestado; no había nada.

"Nos fue bien, ¿Naruto te contó a lo que fuimos? De todas maneras, es bueno que te sientas mejor, pero deberías ceder un poco, no es bueno sobre esforzarse."

—¿Acaso está preocupado por mí? –se preguntó, ilusionada, aunque desechó esa idea rápidamente, no era bueno tener pensamientos equivocados, Sasuke sólo estaba tratando de ser amable y ella no necesitaba confundir las cosas, tenía que centrarse, era la novia de Naruto, después de todo.

"Sí, Naruto me dijo, me alegra que les haya ido bien, Sasuke-kun, se merecen lo mejor."

Siguió charlando un rato más con él, sin siquiera darse cuenta de que ya no le dolía la cabeza.

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Esa mañana parecía ser brillante para cierta castaña, quién no podía dejar de sonreír en tanto se alistaba para irse a la escuela. No podía olvidarse de los besos de Gaara, de sus palabras, de la forma en que él la miraba, la sensación de estar tan cerca de él, todo era tan maravilloso, nunca se había sentido así, ni en sus mejores sueños lo imaginó.

—¿Se puede saber qué te tiene tan feliz, cariño? –le preguntó su madre, una mujer sumamente parecida a ella, pero con los ojos de color miel. Tenía el cabello largo y de color castaño claro, igual al de Matsuri, pero lo sostenía en una coleta baja—. No me digas que estás enamorada, Matsuri –dijo en tono pícaro, lo que provocó un enorme sonrojo en las mejillas de su hija.

—M-mamá, no –contestó, avergonzada. Se sentó a desayunar a la mesa, los desayunos eran algo que ella no se perdía, ya que eran parte de las pocas horas al día que podía pasar junto a su madre, cuando ella estaba en casa y no trabajando incansablemente.

—Oh, Matsuri, yo también fui joven, no tienes que mentirle a tu madre, ¿o cómo crees que naciste, niña? –tras decir aquello, Matsuri se puso todavía más roja, su madre era todo lo contrario de ella, era muy liberal y suelta de lengua, no se cortaba ni un poco al hablar de temas que, para Matsuri, eran casi tabú.

—Ya, no me molestes –respondió la menor, desviando la mirada, mientras abultaba ligeramente sus labios, como un puchero.

Ayako, la madre de Matsuri, estaba por decir algo, pero su teléfono comenzó a sonar. Ella trabajaba en una oficina, era la secretaria del jefe, un hombre sumamente ocupado, exitoso y lleno de riqueza debido a su eficiencia en los negocios.

—Sí, señor, estaré llegando en una hora, ¿necesita que le lleve su itinerario? Por su puesto, la reunión ya fue agendada, oh, no, no, eso ya ha sido arreglado –hablaba la mujer, mientras su hija le observaba de reojo. Nunca entendía las cosas que hablaba su madre con su jefe, pero ella siempre lucía muy feliz cuando le contestaba el teléfono a ese hombre, a pesar de que éste sólo la llenaba de más y más trabajo, ¿sería acaso que su madre y él…? No, no podía ser, ¿o sí?

Qué locuras las mías –se regañó a sí misma, negando con la cabeza, al tiempo que se comía su cereal con leche.

—Hablaremos de eso más tarde, sí, lo comentaré hoy con ella –aseguró Ayako, sonriendo nuevamente, antes de despedirse y acabar la llamada.

—Mamá, ese jefe tuyo es un explotador –la chica se quejó, un poco enfadada, pues deseaba pasar más tiempo junto a su madre, ya que ella era lo único que tenía, no era justo que su jefe la acaparara por completo, era un ladrón de madres, desde luego—. A veces me gustaría saber quién es y decirle que te deje respirar un poco, ni que fuera tu novio.

Al oír esas palabras, Ayako se atragantó con el café, tosiendo escandalosamente. Matsuri, preocupada, fue a auxiliarla, sin tomarle el peso real a sus propias palabras y a lo que pronto vendría para ella, su vida daría un giro radical.

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Minato Namikaze estaba tomando una taza de café, mientras leía las noticias del día en el diario. Su hijo Naruto bajó las escaleras, dando un gran bostezo, parecía que aún tenía sueño, ¿y cómo no? Se había quedado hasta tarde practicando y arreglando la canción que había escrito pensando en Hinata, o más bien, en la voz de Hinata. No sabía muy bien por qué estaba haciendo eso, sólo sabía que tenía muchas ganas de escuchar como ella la cantaba, planeaba dársela cuando fuera su cumpleaños, que, por ser una ídolo famosa, su fecha de nacimiento era algo de conocimiento público.

—Naruto, tienes unas ojeras terribles –dijo el rubio, frunciendo ligeramente el ceño—. Espero que hoy te vaya bien en la escuela, últimamente no has tenido buenas calificaciones, recuerda lo que hablamos.

—Sí, sí, me comprometí a tener buenas calificaciones si tú me dejas dedicarme a la música, papá, no lo he olvidado –respondió, sentándose a la mesa. Miró para todos lados, buscando algo, o más bien, a alguien—. ¿Y ero-sennin? –cuestionó, ya que su padrino solía siempre andar por ahí, viendo a las jovencitas en la televisión.

—Ten un poco más de respeto con tu padrino, Naruto –le regañó su padre. Jiraiya había sido casi un padre para él mismo, cuando él se quedó solo, ese hombre se encargó de él y, a pesar de que ya era un adulto, Minato todavía lo veía como si se tratara de su propio padre, por eso vivía con ellos—. Él salió, dijo que tenía que hacer una investigación.

Naruto frunció el ceño, estaba seguro de que esa investigación se trataba de algo dudosamente ético, así era ese anciano pervertido.

—Cuándo no –murmuró, bebiendo un poco de leche.

—Hijo –llamó de repente el rubio mayor, haciendo a un lado el periódico, para poder observar a Naruto, quién se estaba preparando una tostada con mantequilla—. Dime algo, ¿te llevas bien con la hija de Hiashi?

El menor le miró confuso.

—¿Hiashi? –repitió, ya que no estaba familiarizado con ese nombre, pero entonces recordó que el presidente de la disquera se llamaba Hiashi Hyûga—. Ah, hablas de Hinata, ¿no? –le dio una mordida a su pan, observando como su padre asentía con la cabeza—. Nos llevamos bien, ¿por qué?

Minato entrecerró la mirada, podía recordar con claridad el día en que su hijo y la hija de Hiashi se conocieron, hace años, cuando eran apenas un par de niños de cuatro años. De no ser por lo que había ocurrido con sus madres, estaba seguro de que su familia y la familia Hyûga nunca habrían acabado alejados.

—Curiosidad –confesó, preguntándose si acaso la historia se estaba repitiendo, si Naruto y Hinata estarían unidos por la música, tal y como Kushina y Hanako, quiénes eran mejores amigas que amaban la música.

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Cuando Ino llegó a la escuela, pasó de largo a su novio Kiba, quién le esperaba en la entrada. Lo vio desde que se estaba asomando, pero simplemente le hizo un desprecio, lo que provocó que el castaño frunciera el ceño.

—¡Ino! –la llamó, yendo detrás de ella. La rubia caminaba con rapidez, se notaba que no quería hablar con él—. Vamos, Ino, no me ignores así.

La chica detuvo sus pasos, tenía el ceño fruncido, pero Kiba no podía verlo, ya que ella le daba la espalda.

—Mira… –se volteó hacia él, mostrándole sus labios abultados—. Por tu culpa pasé una gran vergüenza, así que no quiero hablar contigo ahora, tú deberías haber ido a hacer esas… compras… –al recordar lo sucedido en la farmacia, su rostro se puso totalmente rojo.

Todos podían pensar que Ino era una chica liberal y que no le importaba lo que los demás opinaran de ella, pero no era así en absoluto, ella en realidad era muy tímida en ciertas situaciones, la intimidad era una de ellas.

—Está bien –el castaño suspiró, tomando las manos de su novia—. Es mi culpa, perdóname, ¿sí? –hizo una expresión de culpabilidad, tratando de que eso conmoviera a la Yamanaka, la cual sólo pudo mantener su cara de enfado por unos breves segundos más, antes de, finalmente, suspirar.

—Está bien… –respondió, a lo cual, Kiba la abrazó con fuerza—. ¡M-me quitas el aire!

—Perdón –el castaño le robó un beso corto y luego tomó su mano para entrar con ella al edificio de la escuela, ya que aún seguían en el patio. Ino pensó que lo mejor era no seguir enojada con su novio, pero no pudo evitar avergonzarse una vez más al ver a Sai, quién pasaba a su lado, entrando al salón.

El pelinegro le sonrió ligeramente al verla, a lo que ella correspondió con otra sonrisa. Seguía sin entender por qué una persona como Sai llamaba tanto su atención, estaba segura de que no se trataba de algo normal.

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Sasuke llegó al salón de clases esperando no ver a Sakura ese día, se suponía que ella estaba enferma, pero le sorprendió darse cuenta de que la chica había asistido de todos modos, así que frunció el ceño, no podía entender por qué ella era tan terca. Dejó su bolso sobre su escritorio y se dispuso a acercarse a ella, aunque ni siquiera sabía qué le iba a decir, sin embargo, se detuvo cuando vio a Naruto entrar al salón, yendo directo hacia la peli rosa, que estaba sacando sus libros de su mochila.

—Sakura-chan –le saludó el chico, sentándose en el pupitre frente a ella—. ¿Ya te sientes mejor? Más te vale, sino yo mismo le llamo a tus papás para que vengan por ti.

—Naruto –murmuró ella, frunciendo visiblemente sus labios en un puchero—. No creo que seas el indicado para regañarme y menos por asuntos académicos.

El rubio se revolvió la cabellera, consternado.

—¿Me estás queriendo decir que soy un burro? –se quejaba de modo escandaloso, provocando que su novia solamente sonriera al verlo actuar tan graciosamente—. Sakura-chan, eres muy mala, no te rías.

—Perdón, perdón –dijo la peli rosa, cubriéndose la sonrisa con la mano derecha, a lo que Sasuke se le quedó observando, era extraño, pero ¿por qué jamás se había dado cuenta de que esa sonrisa era muy bonita?

Chasqueó la lengua cuando se dio cuenta de sus pensamientos, cayendo sentado sobre su lugar, de brazos cruzados y mirando hacia la ventana, últimamente, su mente estaba volviéndose loca cada vez que miraba a Sakura.

—Hey –escuchó la voz de Gaara, quién ocupó el asiento que le correspondía, Sasuke lo miró y enseguida pudo darse cuenta de que éste no estaba bien, se notaba esa inquietud en sus ojos—. ¿Qué traes? –preguntó el pelirrojo.

—¿Qué traes tú? –cuestionó el azabache, alzando una ceja.

Gaara no contestó, solamente volteó el rostro y observó a Matsuri entrar al salón, apretando sus puños debajo de la mesa, ¿qué iba a hacer con ella? ¿Qué le iba a decir? Lo había estado pensando toda la noche, casi sin dormir, dándose vueltas en la cama como un verdadero estúpido, porque lo era, porque sabía que la iba a lastimar.

Gaara no deja de verme… –pensó Matsuri, tratando de no voltear a verlo cada dos segundos, sus mejillas se encendieron de rojo y se sentía muy avergonzada, todo lo que quería era estar a solas con él, repetir los besos que le había dado, derretirse entre sus brazos,

—Buenos días, Matsuri-chan –le saludó Hinata, sentándose a su lado y sonriéndole—. ¿Por qué estás tan roja? ¿Te sientes enferma? –le preguntó, aunque ella sabía que no era así, que el motivo del estado de su amiga era cierto joven de cabellera rojiza y ojos verdes.

—N-no, Hinata-chan –respondió la castaña, frunciendo los labios—. Y buenos días, ¿cómo estás?

Hinata suspiró.

—Bien, aunque muy cansada –respondió, observando de reojo a Naruto, que hablaba animado con su novia—. Pero ya por fin podré descansar, este fin de semana será el concierto, aunque no es un concierto como tal, ya que habrá varios artistas a parte de mí.

—Estaré allí sin duda –aseguró su amiga, dedicándole su dulce y enorme sonrisa, la cual, la idol correspondió con otra.

Shion ingresó al salón en silencio, pero sin dejar de llamar la atención, la rubia ocupó su lugar y miró a Hinata con una sonrisa desafiante, pero la ojiperla solamente la ignoró, no estaba de humor para aguantar a esa chica loca.

Después de un rato, el profesor se presentó y dio inicio a la clase, aunque, por ser temprano, la mayoría de estudiantes estaban muy distraídos.

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Si alguna vez le hubiesen preguntado quién era la persona más detestable sobre la tierra, sin duda alguna, Tenten habría dicho que se trataba de Neji Hyûga. Ese nombre no sólo era arrogante y estúpido, sino que, también, era consiente de ello.

—Entremos aquí –dijo Neji, señalando la tienda de ropa que estaba a un lado. Entró sin siquiera escuchar una respuesta de la chica, quién sólo le seguía en silencio.

Neji la había llevado a "renovar" su outfit, no podía decir que una chica con ropa horrible era su novia, además, Tenten no era más que una empleada, evidentemente no tenía nada adecuado para la fiesta a la que debían ir juntos.

—Llevaremos este, este y este –decía el Hyûga, tomando uno que otro vestido mientras avanzaba por la tienda, poniéndolos sobre las manos de la castaña, que solamente miraba con la boca abierta los exorbitantes precios de cada una de esas prendas.

—¿No será demasiado caro? –cuestionó, frunciendo el ceño.

Neji detuvo sus pasos y se dio la vuelta sobre sus talones, mirándola.

—Estás hablando con un Hyûga, niña –dijo de modo arrogante y engreído, esa actitud era la que Tenten detestaba en él, la que hacía saltar la venita en su frente del enfado.

—Lo había olvidado –masculló la china, con sarcasmo.

Neji volvió a darse la vuelta, yendo al frente, escogió un par de vestidos más y se los entregó a Tenten, pasando a señalar el probador, que se encontraba al fondo de la tienda.

—Ve, no pienso comprar nada que no te quede, incluso si tengo dinero, no me gusta desperdiciar.

Tenten chasqueó la lengua, metiéndose de mala gana al probador, con todos los vestidos en la mano, eran unos seis, todos muy bonitos, elegantes y femeninos. Ella jamás había usado ropa como esa, no podía creer la cantidad de ceros que estaban anotados en la etiqueta de precio, ¿acaso la tela era de oro?

—Veamos… –se quitó apresurada su ropa, ese día no traía el uniforme de las empleadas de la casa Hyûga, puesto que Neji le había pedido a su tío que le permitiera trabajar con Tenten como ayudante, así que, oficialmente, la habían relevado del puesto de sirvienta doméstica, incluso Hiashi le dijo que este puesto le serviría más para poder dar con su madre, de la cuál ella aún no tenía más noticias, a parte de la del otro día.

Se retiró la camiseta holgada que traía, igual que los pantalones deportivos, quedándose solamente con las zapatillas "bailarinas" que siempre usaba, pues las encontraba de lo más cómodas. Se probó el primer vestido, uno de color negro y no demasiado entallado, cuya tela era sumamente suave y se le pegaba al cuerpo, a pesar de que no era ajustado. Abrió sus ojos sorprendida cuando se vio al espejo, ya que éste le quedaba bastante bien, debía admitir que Neji tenía buen ojo para esto.

—Estoy lista –dijo, saliendo con el vestido puesto para que su "jefe" la viera. Neji no se mostró sorprendido, el vestido le quedaba bien, por supuesto, ya que él lo había escogido.

—Date la vuelta –indicó, a lo que ella entornó los ojos y le hizo caso, alzando un poco los brazos a media vuelta, para que la caída del vestido se apreciara mejor—. Llevaremos ese, prueba los otros.

La chica le vio con mala cara, antes de volver a entrar al probador, se probó dos vestidos más, repitiendo el mismo proceso, ella salía, Neji la evaluaba y luego la mandaba por el siguiente; sin embargo, llegó a uno que estaba un poco más difícil de probar, puesto que éste contaba con una cremallera en la espalda, la cual Tenten no alcanzaba.

Tímidamente, se asomó a través de la puerta del probador, buscando con la mirada al hombre que la acompañaba, éste seguía sentado frente al probador, de brazos cruzados.

—Esto… –habló la castaña—. No logro cerrar la cremallera, ¿me ayuda?

Neji la miró fijamente, sin ninguna expresión en su cara, para luego ponerse de pie y caminar hacia ella. Entró al probador y se paró justo detrás de Tenten, tomando entre sus manos el cierre del vestido.

—Es increíble que yo deba hacer esto –dijo entre dientes, subiendo lentamente la cremallera, sin apartar sus ojos de la blanca y -aparentemente- suave piel de la joven china, hasta que llegó casi hasta su cuello, en donde notó algo llamativo—. ¿Y esta cicatriz? –preguntó curioso, terminando de cerrar el vestido y, notando a través del reflejo en el espejo, como Tenten se sonrojaba y bajaba la mirada.

—Fue un accidente que tuve hace tiempo, no es algo que me agrada recordar –contestó, sintiéndose un poco fuera de lugar. Neji entendió que no era prudente seguir hablando de ello, así que decidió desviar el tema de conversación.

—Ya veo –fue todo lo que dijo, soltándole el cabello a Tenten, el cual cayó suavemente sobre su espalda. Ella se observó a sí misma, poniendo una expresión de confusión en su rostro, ya que no entendía por qué él había hecho eso—. Este vestido se luce mejor con el cabello suelto –explicó el hombre, dibujando una leve sonrisa en sus labios—. Te queda muy bien –dijo, antes de salir del probador, mientras Tenten sentía que su corazón daba un vuelco, había podido notar la sinceridad de Neji en el último comentario.

Eso era algo que nunca antes había sentido.

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—Tsk, qué molestia –murmuró Sasuke al mirar el mensaje de su hermano mayor en la pantalla de su celular. Itachi le avisaba que su padre tenía algo muy importante que hablar con ellos durante la cena de esta noche, lo cual le causaba un tremendo fastidio, su padre nunca tenía nada bueno para decir.

—¿Malas noticias? –preguntó Gaara, que llegaba con un refresco en mano, junto a Naruto. Los tres se encontraban en el patio de la escuela, en medio del receso, solían sentarse en las bancas cerca de la cancha de fútbol.

—No, sólo cosas de papá –respondió el azabache—. Dice que tiene una noticia que darnos a Itachi y a mí durante la cena, ni idea de qué pueda ser, pero seguro será un fastidio.

—No seas así, si tu padre quiere decirles a ambos, debe ser algo importante –opinó Naruto, echándose sobre el respaldar de la banca.

Sasuke frunció el ceño al oírlo.

—En lugar de dar tu punto de vista sobre algo que nadie te preguntó, deberías ir y hablar con Sakura, ¿ya le dijiste sobre lo que hablamos en la reunión?

Naruto abrió los ojos con sorpresa, recordando aquello, así que se levantó de un salto del asiento y se fue corriendo.

—¡Es verdad, debo hablar con Sakura-chan! –decía mientras se alejaba.

Gaara soltó un suspiro, se sentía tranquilo hasta hace un momento, pero ahora había vuelto a recordar que tenía que hablar con Matsuri.

—¿Y tú qué? –el azabache miró a su amigo con confusión, Gaara no solía andar por ahí suspirando, siempre había sido alguien reservado, que mantenía sus problemas para sí mismo, pero ahora lucía realmente acomplejado. Sasuke y él no hablaban demasiado sobre sus cosas, como sí lo hacían con Naruto, pero, aun así, se atrevió a preguntar—. Pasó algo con esa chica, Matsuri, ¿no? –Gaara le miró con los ojos abiertos cuando le oyó decir aquello, a lo que Sasuke no reprimió su sonrisa burlona—. Vamos, es muy obvio que ella te interesa, además, no deja de verte cuando estamos en el salón.

Gaara frunció el ceño, volteando a ver al frente, sus ojos seguían a los chicos de primer y segundo año que corrían en la cancha de fútbol, pero su mente no estaba en ello.

—Matsuri y yo nos besamos –confesó, ligeramente avergonzado, no estaba acostumbrado a hablar sobre temas como ese—. Jamás había sentido lo que sentí con esos besos, ni una sola vez…

—Pero no puedes estar con ella ni con nadie –interrumpió el azabache, aunque no lo decía para molestar a Gaara, estaba seguro de que éste lo tenía muy presente y de que era eso lo que lo atormentaba—. Supongo que vas a decírselo, ¿no?

El pelirrojo asintió.

—Sí, pero no quiero lastimarla –cerró sus ojos, confundido. Todo esto era tan jodidamente complicado.

Sasuke no dijo nada más, entendía a Gaara, pues últimamente no dejaba de pensar en cierta chica de rosada cabellera, la cual continuaba dando vueltas y vueltas en su mente, justo en el momento en que menos necesitaba de esas cosas.

Por eso, Sakura siempre sería una molestia.

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Naruto corría por el pasillo hacia la biblioteca de la escuela, sabía que Sakura estaría ahí, pues le había dicho que aprovecharía el tiempo del receso para buscar una información que necesitaba para un trabajo; eso era algo que siempre le había gustado de ella, que era tan inteligente, que siempre pensaba en el futuro. Todavía no le había dicho nada sobre la reunión que habían tenido y el hecho de que debían mantener su relación en secreto, así que necesitaba hacerlo, no quería que hubiera malos entendidos entre ambos.

Al pasar junto a los casilleros, no notó que había una lata de refresco tirada en el piso, así que tropezó con ella y se cayó de bruces, dándose un fuerte golpe en la cara.

—¡Ah! Duele, duele –se decía, sobándose la nariz con la diestra, realmente se había dado un buen golpazo—. Soy tan torpe –se quejó, todavía sentado de cola sobre el piso.

—¿Estás bien? –escuchó una voz femenina, por lo que el rubio alzó la mirada y la vio, era la nueva estudiante transferida, la idol que recientemente estaba obteniendo mucha fama. Naruto debía admitir que ella era muy bonita, el color de sus ojos era hermoso, además, lo era también esa sonrisa.

—Ah, sí –respondió torpemente—. Sólo tropecé –explicó, un poco avergonzado. Se llevó una mano a la nuca y la sobó nerviosamente, poniendo su sonrisa gigante.

Shion le miró con sus enormes ojos violáceos, los cuales se abrieron por la sorpresa.

—¡Te está sangrando la nariz! –exclamó, a lo que Naruto notó el sangrado también, parándose de golpe y corriendo graciosamente de un lado a otro. Shion buscó en el bolsillo de la chaqueta de su uniforme y le ofreció su pañuelo a su compañero—. Ten, Naruto-san, usa esto y ve al baño.

Naruto cogió el pañuelo entre sus manos y se cubrió la nariz con él, para evitar que su ropa se manchara de sangre.

—Gracias –dijo con voz chillona, ya que se estaba presionando la nariz para que la sangre se obstruyera—. Te lo devolveré, lo prometo –avisó, antes de partir hacia los baños, no iba a poder hablar ahora con su novia, pero lo haría luego, no había otra opción.

Shion, por su parte, tan sólo ladeó el rostro, observando el camino por el cual se había ido Naruto, él parecía ser muy distraído y torpe, pero, aun así, le seguía llamando la atención.

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Las clases de la mañana habían sido realmente tediosas, casi nadie las disfrutaba, pero cuando vino la tarde, después del almuerzo, estaban todos alegres y entusiasmados con la clase de música, el profesor Kakashi había aparecido sorpresivamente temprano, pues tenía un anuncio importante que hacer.

—Bueno, chicos –habló el hombre de cabellera plateada—. Como saben, pronto será el festival de la escuela, la directora nos ha pedido que organicemos una presentación musical –al escucharlo, la mayoría se sorprendieron, ya que no estaban muy acostumbrados a interpretar su música frente a otros—. Voy a pedirles que formen grupos, tendremos ensayos cuando se hayan organizado, a partir de la siguiente clase.

Hinata, quién sí estaba presente esta vez, alzó su mano.

—¿Puedo presentarme yo sola, Kakashi-sensei? ¿O es necesario que me incluya en un grupo?

Kakashi se puso en pose pensativa, la pregunta tenía mucho sentido, después de todo, Hinata no era igual que sus otros estudiantes.

—A pesar de que eres una cantante consagrada –habló—. Eres parte de esta clase, así que me gustaría que te integraras a tus compañeros, de ser posible.

La chica asintió con la cabeza, mirando enseguida a Naruto, realmente tenía ganas de trabajar con él, de cantar a su lado nuevamente, de sentir la energía y la sinergia que había experimentado esa única vez que ambos compartieron el escenario, pero no estaba segura de si eso podía ser posible, después de todo, él tenía su grupo con los chicos.

—Hinata-chan –le habló Matsuri, en voz baja—. Si necesitas trabajar con alguien, puedes hacerlo conmigo –se ofreció amablemente, así que Hinata le sonrió en respuesta, asintiendo con la cabeza, a pesar de que no era lo que ella deseaba, suponía que no era una mala idea hacerlo junto a su amiga.

—Claro, Matsuri-chan –respondió.

Kakashi comenzó a hablar de otras cosas, dando la clase normalmente, mientras Naruto era regañado por Sakura en una esquina del salón.

—Eres tan torpe, mira como quedaste –decía la peli rosa, señalando la mancha de sangre sobre el cuello de su camisa blanca del uniforme, además del visible golpe en su rostro—. Tienes que tener más cuidado por donde caminas, bobo –añadió, tocando suavemente el golpe de su novio, para comprobar la gravedad del mismo.

—Eso duele, Sakura-chan –se quejó el rubio, echándose un poco hacia atrás en el asiento. Sin querer, le dio un codazo a Sasuke, quien le miró de muy mala gana.

—Ten más cuidado, dobe –dijo el azabache con frialdad, pero, aunque sus palabras iban dirigidas hacia Naruto, su mirada se clavó en la chica de cabello rosa, la cual también lo miró fijamente, fue sólo un segundo, pero ella lo sintió como si hubiesen sido horas, horas absurdamente largas.

—¡Achú! –cuando Sakura estornudó, Sasuke inmediatamente volteó el rostro, no entendía qué demonios estaba pasando con él y eso lo hacía enfadar, ¿por qué actuaba de ese modo tan estúpido?

Kiba se sentí frente a Shikamaru y a Chouji, ambos jóvenes discutían lo que harían para el dichoso festival, pues, aunque les causara un tremendo fastidio, iban a ser calificados.

—Chicos, quiero unirme a ustedes –dijo el castaño, a lo que los otros dos le miraron con cierta confusión—. Sé que ambos tocan el bajo y la batería, yo toco la guitarra, creo que podemos hacer algo con eso.

—Claro –Shikamaru habló, dando un bostezo, todo esto le aburría demasiado—. Pero ni Chouji ni yo podemos cantar, lo sabes, ¿no? Seríamos una banda sin vocalista.

El castaño torció los labios, frunciendo levemente el ceño.

—Eso es un problema, yo realmente apesto en el canto –aseguró, chasqueando la lengua—. ¿Alguno de los chicos de aquí puede cantar? Además de Gaara, que obviamente estará con su banda –suspiró—. Supongo que es inútil, tendré que hacerlo…

—¿Por qué no usamos una voz femenina? –interrumpió Chouji, llevándose un par de patatas fritas a la boca, ese chico siempre estaba comiendo, incluso cuando se encontraba en clases. Los otros dos le miraron escépticos, no habían considerado la posibilidad de tener una vocalista.

—¿Piensas en alguien? –inquirió Shikamaru, a lo que su mejor amigo asintió, señalando a cierta chica de la clase, una que había llamado mucho la atención por su excelente voz.

Shion estaba mirando a Naruto, ella tenía la idea perfecta para esta presentación y, aunque sabía que el rubio probablemente estaría junto a su banda, tenía una idea para hacer que tocara junto a ella, sólo tenía que llevarla a cabo.

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Las clases habían acabado ese día y Matsuri caminaba en silencio hacia el parque. Gaara iba a su lado, tampoco pronunciaba palabra alguna, pero le había dicho que necesitaban tratar un tema importante antes de que se acabara la clase de música.

La chica detuvo sus pasos al llegar a su destino, se sentía nerviosa, no dejaba de jugar con sus manos como una chiquilla de primaria, sus piernas también estaban temblando, Gaara lucía demasiado serio y eso no parecía una buena señal.

—G-Gaara-kun…

—Tenemos que olvidarnos de lo que pasó –interrumpió el pelirrojo, antes de que ella siquiera pudiera decir más que su nombre. La chica lo miró con los ojos muy abiertos, con tristeza y confusión impregnada en ellos, pero Gaara había sido tajante y directo, era la mejor opción, después de todo, pues no quería darse mil vueltas sobre un discurso hipócrita—. Matsuri, no puedo salir contigo ni con nadie, necesito enfocarme en lo más importante para mí.

Ella solamente bajó la mirada, asintiendo con la cabeza y, aunque sentía que su corazón se partía en dos, no dudó en mostrarle una sonrisa al chico del cual estaba locamente enamorada.

—La música, ¿no? –lo vio asentir con la cabeza, sin siquiera mirarla—. Entiendo, Gaara-kun, no tienes que explicarme nada más.

Gaara volteó a verla, pudo observar esa hermosa sonrisa, pero también vio las lágrimas traidoras que rodaron sobre las mejillas de Matsuri. Se sintió terrible, era un ser horrible por ilusionarla y luego dejarla de ese modo, lo sabía, pero creía firmemente en que estaba haciendo lo correcto, lo mejor por su futuro.

—Matsuri… –iba a explicarle todo aquello sobre el contrato con la agencia, realmente quería que ella lo entendiera, que lo supiera por su propia boca y que no se sintiera menospreciada, pero el sonido de su celular interrumpió sus palabras—. ¿Bueno? –se sorprendió un poco cuando se dio cuenta de que la persona que le hablaba era la nueva mánager de su banda, Kurenai—. Claro, ya salimos de la escuela, sí podemos ir, aunque ahora no estoy con los chicos, tendría que llamarlos –le dio la espalda a Matsuri por un instante, poniéndole atención a la conversación telefónica.

Matsuri aprovechó ese momento para irse corriendo, porque sentía que se iba a poner a llorar como una tonta frente a Gaara y no quería eso, era demasiado sensible y ser rechazada de ese modo no era algo fácil para ella, por lo que necesitaba alejarse cuanto antes.

—Sí, entendido –Gaara colgó la llamada y se dio la vuelta para buscar a Matsuri y explicarle las cosas, pero cuando se fijó, ella ya no estaba, se había ido y seguramente él le había roto el corazón.

Era un idiota, pero era algo que tenía que pasar.

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Sakura emparejó sobre la mesa el montón de papeles que tenía entre sus manos, acababa de terminar la nueva reunión de directivos de la escuela y les habían entregado unos cuantos informativos sobre el festival, para repartir entre sus compañeros al día siguiente. La chica guardó todo en su bolso y se dirigió hacia el pasillo, Sasuke caminaba detrás de ella, mirándola de reojo, había estado notando lo mal que lucía Sakura durante toda la reunión.

—Qué calor… –murmuró ella, llevándose una mano a la frente, le dolía horrible la cabeza y parecía que tenía calentura, realmente no debería haber ido a la escuela ese día, pues el doctor le había recomendado descansar, pero Sakura era terca como una mula.

Sasuke frunció el ceño cuando la vio tambalearse, pero no quería acercarse a ella, no le gustaba lo que estaba sintiendo, así que planeaba mantenerse lo más alejado posible. O eso habría hecho, de no ser porque la Haruno se desmayó justo frente a sus ojos.

—¡Sakura! –exclamó, dando zancadas hacia ella, hasta caer de rodillas al piso, junto al cuerpo de la joven, pudo notar enseguida que ella tenía la cara roja, que estaba semi consiente y que, seguramente, había estado todo el día aguantando esa terrible gripe—. Cielos, eres una tonta –murmuró, levantándola cuidadosamente entre sus brazos.

Sabía donde quedaba la casa de Sakura, porque muchas veces le había tocado trabajar con ella, así que la montó en el asiento trasero de su auto, ya que, aunque fuera un estudiante todavía, ese era un lujo que se podía permitir, porque era un Uchiha. Casi no llevaba el auto a la escuela, pues siempre se iba junto a sus amigos para practicar en la casa de Naruto, milagrosamente hoy había venido en él para no llegar tarde.

Partió hacia el hogar de la desmayada chica, ignorando el sonido de su celular, que no paraba de sonar.

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Hinata se encontraba en la disquera, Kurenai le había dicho que tenían algo que decirle a ella, pero se sorprendió cuando vio a los chicos de la banda también presentes, en especial, a Naruto, aunque Sasuke no estaba.

—Sasuke no responde el teléfono –dijo Naruto, frunciendo el ceño—. Debe estar ocupado, ya que hoy tenía una cena familiar.

La mánager soltó un suspiro, no le agradaba la idea de que uno de sus artistas fuese imposible de ubicar, pero ya hablaría con él sobre eso, apenas tuviera tiempo.

—Supongo que ustedes pueden decírselo a él después –dijo la mujer de ojos carmesí, dirigiéndose a los otros tres chicos que estaban sentados frente a ella, en su oficina—. Como ya saben, Hinata participará de un concierto colaborativo este fin de semana.

La ojiperla no decía nada, pero estaba muy intrigada sobre cuál era el motivo de la reunión, ¿qué tenían que ver los chicos con su presentación del domingo?

—Esta presentación abrirá el tour de Hinata por Tokio, que está planeado para dentro de un mes –continuó hablando la mujer—. Sin embargo, una de las bandas que iba a presentarse no podrá asistir, cancelaron a último momento y el señor Hiashi Hyûga está furioso por eso –Gaara y Sai, quiénes eran muy perspicaces, ya se estaban dando cuenta más o menos por donde iba la cosa, igual que lo había hecho Hinata—. Quiero que ustedes se presenten ese día, será su modo de darse a conocer.

—¿Eh? P-pero… –Naruto abrió sus ojos con sorpresa—. ¿Cómo? ¿Tan pronto?

Hinata también estaba sorprendida, a fin de cuentas, sí era lo que había pensado, pero su representante todavía tenía una sorpresa más, tanto para ella, como para los chicos.

—Sólo deben cantar tres canciones, dos propias y una que yo les daré y les pondré todas las facilidades para que la practiquen.

Gaara frunció el ceño, tomando la palabra.

—Lamento interrumpir, pero no nos gusta interpretar canciones de otros –dijo con cierta molestia y rudeza, pero Kurenai no se lo tomó a mal, todo lo contrario, ella sonrió.

—Ustedes todavía son novatos, no importa el talento enorme que tengan, han firmado con esta agencia y deben entender que ahora seremos quiénes los manejemos –explicó calmadamente—. Además, sólo será una canción, entiendo que ustedes tienen un buen repertorio.

—Vamos, Gaara, no seas así –susurró Naruto entre dientes, a lo que Gaara sólo se cruzó de brazos y volteó a ver a otro lado, enojado, pero comprendiendo que debía acatar órdenes, ya que esto, a fin de cuentas, era un trabajo y ellos apenas estaban empezando en él.

—¿Podemos ver la canción? –el que preguntó fue Sai, a lo que Kurenai asintió, recogiendo una hoja de papel que tenía sobre su escritorio y extendiéndola hacia el muchacho de cabellera negra, el cual examinó la letra y el ritmo que estaba representado en notas musicales—. Ya veo, no luce tan mal, pero… ¿hay una voz femenina?

La mujer asintió, le agradaba que los chicos no fuesen completamente ignorantes sobre el lenguaje musical, era mucho más fácil trabajar así.

—La voz femenina la hará Hinata –dijo, mientras Gaara y Naruto miraban también la letra y composición de la canción, ya que Sai se las entregó.

—¿Yo? –Hinata se apuntó a sí misma, entonces, los chicos la miraron, ella los miró y se sonrojó como un tomate, bajando la mirada.

Naruto sonrió ligeramente, no le parecía una mala idea volver a compartir un escenario junto a Hinata, después de todo, la primera vez lo había disfrutado muchísimo.

—Hinata y Gaara van a cantar, obviamente, los chicos van a tocar los instrumentos, esto se hará antes de la entrada de Hinata –explicó la representante, esbozando una enorme sonrisa—. Tendrán sólo unos pocos días de práctica, lamento que la oportunidad se presentara de un momento a otro, pero creo que deben tomarla sin importar qué.

Todos estaban callados, los cuatro jóvenes presentes, Hinata no sabía si ella realmente podría llegar a presentarse junto a la banda, ¿iban a ser sus voces compatibles? ¿Tendría el mismo fiato con Gaara que con Naruto?

—¡Lo haremos! –exclamó Naruto, empuñando su mano—. No hay duda de que lo haremos, ¿verdad, chicos?

Gaara y Sai asintieron con la cabeza, ambos con decisión en su mirada, así que Naruto volteó a ver a Hinata entonces, transmitiéndole la seguridad faltante con esos ojos azules y brillantes, esos que a ella le hacían perderse por breves instantes.

—Lo haremos –aseguró Hinata, también sonriendo.

El nuevo desafío para ellos ya estaba dado, tendrían que presentarse juntos, los chicos por primera vez iban a estar frente a un público de verdad y, aunque fuesen sólo tres canciones, lo darían todo.

Continuará…

En este capítulo me dejé varios puntos importantes en incógnito, la verdad es que quería abarcar muuucho más, pero se me hizo demasiado largo y creo que es mejor siempre dejar un poco de intriga, jajaja.

¿Qué creen que querrá decirle el papá de Sasuke con tanta urgencia? ¿Qué pasará entre él y Sakura? ¿Cómo será la presentación de Hinata con el grupo? ¿A quién irán a elegir como vocalista Kiba, Chouji y Shikamaru? ¿Qué le sucedió a Tenten en el pasado? Jajaja, les dejaré todas esas preguntas para que piensen y se queden esperando la continuación.

¡Nos leemos pronto!