Capítulo 11: "Inesperado"
Habían pasado seis años desde aquella vez. Seis años en los que nada había sucedido, en lo que todo estaba transcurriendo de forma pacífica, si así podría llamarse. Tenía una vida normal… Si es que podría decirse de esa manera.
Sus ojos castaños se posaron sobre el cielo gris que esta vez cubría Tokyo. Un suspiro se dejó escapar de sus labios al mismo instante que golpeaban su puerta.
-;¿Puedo? - Se escuchó del otro lado.
- Si, claro- Musitó en voz baja.
- La cena está servida… Ya sé que es temprano, pero ya sabes… Las niñas… -
- Lo sé- Respondió ella sonriendo.
Hacía ya cuatro años que su prima se había casado con Miroku y sus pequeñas ya tenían dos años de edad. Todo había sido muy confuso y acelerado desde aquella vez cuando tenía 19 años. Desde que él se marchó, nada habían sabido de tu tío, de Hakudoshi o de Kagura.
Eso tampoco significaba que estuvieran a salvo, siempre vivió y transitó esos años sabiendo que llegaría el momento en que todo se viniera sobre ella. Durante ese tiempo, se dedicó a fortalecerse, a hacerse más fuerte… Ya no tenía esperanzas de tener una vida, sino de dejarles una vida mejor a sus seres amados.
- ¿Vienes?- Pregunto Sango con una sonrisa.
- En un momento estaré con ustedes-
- La joven asintió y cerró la puerta con cautela. Bajo las escaleras dónde comenzó a escuchar el alboroto de sus gemelas y a su esposo cantando para calmarlas.
- Que bueno que volviste, ya te esperaban- Comentó de forma graciosa- ¿Y Kagome?-
- Bajará en un momento… - La castaña suspiró sentándose entre sus hijas- Estoy preocupada por ella… Parece que sus años hubieran quedado congelados en aquel momento… -
- Supongo que debe ser difícil… -
- Lo sé… - Murmuró ella mientras le entregaba un bocado a una de sus niñas.
Era su cumpleaños número 25. El día transcurrió con normalidad. Saludó a su prima que se encontraba con sus niñas y luego se despidió de Miroku que salía de camino al templo donde prestaba sus servicios como monje.
Se apresuró para pasar a saludar a Kikyou y Sesshoumaru. Ellos también habían decidido casarse, aunque aún no tenían niños.
Caminó sin prisa por las calles asfaltadas y suspiró. Tocó su pecho sintiendo la perla debajo de su blusa y se sintió tranquila de que allí estuviera.
Antes de seguir su camino visitó el Goshinboku de su antiguo hogar. Sonrió tímidamente e hizo una reverencia al viejo árbol.
Una vez más emprendió su caminata cuando de pronto algo la sobresaltó. Una sensación la recorrió de pies a cabeza y se sintió extraña. Sus piernas parecían no responder a su voluntad e inmediatamente cambió de dirección hacía una desconocida.
Una vez que su paso se detuvo se encontró parada frente a un descampado, no había nada a su alrededor más que su sola presencia.
¿Por qué se encontraba ahí?
Las dudas y malas sensaciones comenzaron a recorrer su mente, sintiendo que algo no andaba bien cuando todo eso se vio interrumpido por una nube gris que la envolvió por un instante para después mostrar a dos personas frente a ella.
Se le detuvo el corazón, aunque estaba preparada y sabía que ese día finalmente llegaría, era imposible controlar sus sentimientos.
- Hola Kagome… Ha pasado algún tiempo-
La voz masculina pero infantil la hizo sentir incómoda y con la misma sensación de ahogo que hace años atrás.
- ¿A qué han venido? Hakudoshi… Kagura… ¿Qué es lo que quieren?-
- Creo que sabes muy bien a qué hemos venido… - Replicó la mujer de cabellos oscuros.
- No les entregaré la Perla… Eso jamás-
- Sabíamos que así sería… -
La mujer sonrió y sacó el abanico de su bolsillo. Con un solo movimiento creó una honda en el aire que fue capaz de tirarla en el suelo. Kagome cayó aturdida y observó como se preparaba para su próximo movimiento. De pronto la onda de viento que había sido creada por Kagura se vio interrumpida por otra. Ella abrió sus ojos sorprendida… Imposible. No podía ser real, tenía que ser parte de sus sueños, como siempre lo había sido… Parpadeó confundida y su cabeza instantáneamente se giró en dirección a la otra fuerza que había interferido con el ataque… Y lo vió. Estaba de pie, con sus cabellos plateados y su espada extendida. Él no la miró, simplemente agitó su espada una vez más pero sus enemigos esquivaron el ataque.
- Que cosas curiosas trae el viento- Dijo con sarcasmo la mujer mientras que volvía a agitar su abanico en dirección al hombre.
Un nuevo torbellino lo envolvió ocasionando que esté retrocediera apenas unos pasos. Kagome se incorporó nerviosa mientras que observaba que Hakudoshi estaba a punto de lanzar un próximo ataque en combinación con Kagura.
No podía permitirlo, fue entonces que corrió con todas sus fuerzas hacia él y se interpuso entre el ataque y su cuerpo. Escuchó su grito, pero esta vez ella no era débil, esta vez ella no era la misma de hace seis años atrás.
Colocó sus manos hacia adelante y una luz rosada salió de ellas, envolviendo a ambos en un campo que disolvió el ataque que los amenazaba. Fue en ese instante que él volvió a blandir su espada y esta vez un torbellino salió de la misma.
Tanto la mujer como el hombre abrieron sus ojos sorprendidos y se ocultaron nuevamente en una nube gris que los hizo desaparecer.
Ella se mantuvo en pie, congelada. Sentía la presencia masculina detrás de su espalda. Lo observó de reojo y vio que iba a hablarle, pero no pudo tolerarlo, se dio vuelta y lo empujó con todas sus fuerzas, aunque no fue más que un movimiento leve que hizo que tan solo se movieran sus cabellos.
- Eres un… -
- Lo siento, Kagome- Ella estuvo a punto de decir algo pero él se adelantó- Tenía que alejarme… Tenía que controlar esto… Tenía que hacerme más fuerte… -
- ¿Y eso significaba alejarme de ti?-
- Sí… Pero ahora prometo que nunca volveremos a separarnos… Eso si aún estoy a tiempo de enmendar mí error-
Ella torció la boca, estaba enojada. Estaba herida. Fueron seis años de dolor y sufrimiento por su ausencia, por sentirse sola a pesar de estar rodeada de seres amados.
- Fueron seis años… Durante esos seis años estuve herida… Durante esos seis años no pude seguir adelante, me sentía sola… Me sentía tonta por seguir pensando que algún día volverías a mí… Seis años en los que sentía que no tenía motivos para estar aquí más que nuestros amigos y familia… - Su voz se quebró y las lágrimas comenzaron a asomarse por sus ojos.
Él sintió la opresión en su pecho y luego suspiró profundamente. Acercó una mano al rostro de la chica que se quedó helada frente a ese toque tan repentino. Sus manos cálidas, hacía tanto tiempo que no las sentía, tanto tiempo que las soñaba…
- Lo sé, pero era el tiempo necesario. Mí vida tampoco fue fácil… Tuve mucho que aprender para poder estar aquí… Aún después de todos estos años, mí sangre de demonio no es confiable del todo, pero al menos ahora puede manejar mis impulsos y controlarlo un poco… - Suspiró y continuó- Kagome… Las cosas van a volver a pasar… Nuestros enemigos van a volver por nosotros y es por eso que esta vez tenemos que estar unidos… Y fuertes-
Ella se quedó muda. No podía articular palabra, no parecía ser él quien estuviera hablando… ¿Qué había pasado en estos seis años? ¿Dónde había estado? ¿Qué había ocurrido con él?
- Inuyasha… -
- Por favor Kagome, esta vez, déjame estar a tu lado y seguir así… Siempre-
Sus labios se entreabrieron sin saber qué decir. En su corazón, sabía que lo quería a su lado, pero ¿Por qué todo tan de repente? Por primera vez en su vida, dejó de pensar las cosas, por primera vez en su vida se dejó llevar y asintió levemente con la cabeza.
- Durante seis años… Estuve esperando este momento- Susurró, pero no lo suficientemente bajo para que él no la oyera.
Se acercó temerosa en un principio, pero él inmediatamente acortó la distancia entre ambos sumergiéndola en un abrazo cálido. Tomó aire y suspiró profundamente sabiendo que eso era lo que necesitaba, sabiendo que eso era lo que estuvo esperando durante esos seis años.
No importaba cuánto tiempo pasara, no importaba cuán lejos estuvieran o el motivo por el cual se encontraban separados… De alguna forma u otra, la vida siempre los volvía a encontrar y los unía en una sola fuerza, única e indestructible.
Continuará...
