Personajes: Severus Snape ft. Tobias Snape.
Prompt: Boggart.
10. Su mayor temor
Acabó con su boggart el mismo día que recibió la Marca Tenebrosa.
La piel le ardía allí donde lo había tatuado. El dibujo estaba plasmado en su antebrazo en una extraña mezcla entre tinta negra y líneas sangrantes. Pero no era dolor lo que sentía sino poder, un poder y un coraje que amenazaban con desbordarlo por completo.
Sus pasos iban quedando marcados en el sendero de nieve a medida que avanzaba hacia su casa —la misma en la que había vivido desde que tenía memoria—, pero no sentía el frío que se le calaba hasta los huesos. La puerta de madera chirrió cuando la abrió; era una edificación vieja, de muy bajo precio desde que la fábrica había sido abandonada.
Su padre se encontraba en el sofá —en el mismo sofá que había pasado anclado toda su infancia—, con el televisor encendido y una botella de la cerveza más barata. Nunca había trabajado, vivía del dinero que le sacaba a su madre a golpes y lo desperdiciaba en el bar de la esquina. Pero, ahora que ella había muerto, Tobias Snape era mucho más patético. Tenía que recurrir a vender los escasos objetos de valor para poder financiarse sus vicios.
—¿No estabas en ese maldito colegio de anormales? —preguntó cuando lo escuchó llegar.
Severus se quitó la capa con toda la parsimonia del mundo.
—Me gradúe hace medio año —contestó—. Pero eso no te importa, como nunca te importó cómo me sentía. O cómo se sentía mamá con tu constante maltrato. La mandaste al hospital siete veces cuando era niño. Le quebraste los huesos y el corazón, y ella prefirió esconder su verdadera naturaleza para tenerte contento —escupió—. Por muchos años fuiste mi mayor temor —«Mi boggart», pensó, pero no lo dijo. Su padre jamás lo entendería—, pero es hora de que aprendas cuál es tu lugar.
—Siempre fuiste un niño llorón, Severus —dijo con sorna—. No vengas ahora creyéndote valiente.
Él levantó la varita, sabiendo el efecto que provocaba el objeto en su padre. Durante años había obligado a su madre a esconder la suya en un viejo baúl. «La magia no se volverá a ocultar nunca más», determinó.
—Vas a tomar tu ropa y tus cervezas, y te vas a largar de aquí —ordenó—. Ahora está es mi casa y no eres bienvenido aquí. Te doy la oportunidad de salir por tu propia voluntad, no me obligues a usar la magia.
El hombre mordió unas palabras, pero terminó poniéndose de pie y caminando hasta la puerta. Si había algo superior al orgullo de Tobias Snape era su temor por la magia. Y, en el fondo, sabía que a Severus no le temblaría la mano al pronunciar el hechizo.
Cuando iba pasando por el umbral de la puerta, tropezó y cayó sobre el colchón de nieve. Al verlo así, caído y humillado, sintió que la memoria de su madre por fin descansaba en paz.
Al otro lado de la calle, Lily Evans contemplaba la escena desde su ventana.
