Shaman King no me pertenece


Fictober: 9 de octubre

Pareja: Yoh x Anna


Había llegado el día. Yoh limpió sus alas, preparó algo de equipaje y salió antes de que el sol despertara a su familia. No podía volar porque eso llamaría la atención de las demás criaturas del bosque, así que valiéndose de sus cortas patas empezó a caminar. Tenía exactamente 24 horas para ir al lago y volver a su hogar. ¿Valía la pena el riesgo? Totalmente. Era pequeño por lo que sus pasos no permitían que avanzara mucho más rápido, pero debía hacerlo, quería hacerlo: si no aprovechaba ese momento tendría que esperar otros seis meses y él ya había aguantado lo suficiente. Solo deseaba que ella estuviera haciendo lo mismo.

Hacía paradas cada cierto tiempo para recuperar aire y energía. Cada metro que caminaba era el impulso que necesitaba para no rendirse y seguir. No importaba que solo pudieran verse una hora, o unos cuantos minutos, eso era motivo suficiente para no desfallecer en el camino. Escaló las montañas, que en realidad eran pequeñas rocas que estorbaban el sendero. Evitó animales que podían comerlo e ignoró los placeres de la naturaleza. Si tan solo pudiera usar sus alas. Se limpiaba el rostro, descansaba, emprendía de nuevo el viaje y pensaba en ella. Únicamente en ella.

—Las hadas son raras, mira que tener alas y no volar.

No iba a perder el tiempo ni energías en responder a los curiosos que la observaban caminar. Él tenía sus razones y no tenía por qué dárselas a cualquier desconocido del bosque. Caminó y cuando el sol empezó a ponerse en el horizonte supo que estaba cerca. Bastaban unos cuantos metros y por fin su travesía finalizaría. Llegó al estanque y empezó a rodear la orilla: ella saldría, lo sabía, ella había hecho el mismo viaje que él, o similar, solo que en el mar.

Así era su amor: él pertenecía a la tierra y ella al agua, ninguno podía tocar el hábitat del otro por lo que sus encuentros solo podían realizarse en solsticios porque eran los únicos días en las que todas las criaturas mágicas aprovechaban la inclinación del sol y olvidaban cualquier diferencia o disputa territorial. Tampoco se podían tocar, cualquier mínimo roce entre ambos causaría lesiones en su piel, pero ahí estaban reunidos: con solo verse y hablar un momento era suficiente para afrontar sus vidas con sus respectivas familias.

La criatura marina asomó la cabeza por fuera del agua y gracias al brillo del cuerpo fue que pudo localizarlo con mas rapidez. Había ido, no había faltado a su cita. Yoh, cumpliendo su deseo, extendió sus alas que mantuvo intactas durante el recorrido para que no perdieran su brillo y así se pudiera contemplar su baile. Por fin podía volar.

Cuando la danza finalizó se sentó justo en el borde para estar cerca de ella. Si sus cálculos no fallaban le quedaban solo un par minutos para que él tuviera que regresar a su casa y para que ella se uniera a su familia en su recorrido por el mundo acuático.

—¿Volveremos a vernos?

—En seis meses exactos.

No dijeron mucho más. Esperaron a que las estrellas se movieran encima de ellos y se despidieron con una sonrisa.


FIN


Al menos hoy no fue a medianoche v: Seguimos avanzando a paso lento, vamos en 9/31. Poco a poco se cumple la meta. Mil gracias por llegar hasta acá.

¡Que los ilumine la eterna luz!