Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)

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Beteado por mi gemela malvada mayitatime (no usa FF, pero sí Twitter ~)


IX

4 de octubre, 1998

Diario,

No estoy ocultando nada y no aprecio la metáfora. Aún existe algo

llamado privacidad, ¿ok? No esperen que simplemente les cuente todo a través de estas feas páginas moradas, no pasará. Consideren esto como un compromiso donde conocerán estrictamente lo que sea necesario.

Y hay algunas cosas que no son necesarias.

Pregunta: ¿Qué secretos estás guardándote?

Diría "buen intento", pero la verdad no lo es.

Draco.


4 de octubre, 1998

No regresó a la torre de Gryffindor esa tarde. En su lugar, deambuló por los terrenos y evadió a toda costa a cada uno de sus compañeros de casa, saltándose las comida y ocultándose de cada saludo; solo regresó al dormitorio cuando pasó medianoche.

Sin embargo, nada contuvo su mente de pensar. Y ahora que es domingo, sabe que no puede evadir todo lo que le espera fuera de las cortinas de su cama.

Al menos ya no siente la resaca.

Se sienta silenciosamente, quitando algunos rizos enredados de su cara mientras toma el espejo de mano de su mesa de noche. Por lo que escucha, ninguna de las chicas está despierta aún, así que aprovecha a observar la evidencia.

Estirando el cuello un poco, trata de no alterarse al ver los chupetones. El glamour se desvaneció hace mucho y las marcas de dientes y lengua se acentuaron con obviedad, haciendo muy fácil trazar su camino y recordar qué beso dejó qué marca.

Es absurdo.

Aleja su espejo y entierra su cabeza entre sus piernas, tratando de organizar las oraciones en su cabeza. Disculpas. Coartadas. Obviamente no funcionaría el clásico "me caí" y una parte de ella no quiere mentirle a Ginny. La otra parte sabe que tiene qué.

Se sienta en silencio por algunos minutos más antes de resignarse a su horrible destino. Uno de sus mayores miedos es ser atrapada mintiendo y ahora se encuentra en una posición en la que no tiene otra opción.

Nadie en Gryffindor apoyará lo que hizo. Lo que hicieron.

Los sesgos son demasiado fuertes, no puede decirles. No a Harry, ni a Ginny y especialmente a Ron.

Una no grata imagen de un pelirrojo azotó con rabia su mente, teniendo que sacudirse para quitársela de encima.

La verdad ocasionaría demasiado dolor, tanto físico como mental.

Sin darle más vueltas, abrió las cortinas.

Estaba equivocada, no solo Ginny estaba despierta, sino que estaba sentada en el borde de su cama, mirando en su dirección. Ante la silueta de Hermione asomándose, se puso de pie.

—Mione... —empezó, pero Hermione la detuvo con un gesto antes de que pudiera decir otra palabra.

Y salió la gran mentira a flote, esa de la que no sería posible salir.

—No sé quién fue. Estaba borracha y demasiado oscuro.

Listo.

Ginny se toma un momento para pensar en las palabras antes de responder, pero Hermione nota un poco de decepción en su expresión. Se pregunta qué estaba esperando. Si una persona como Hermione podría aprovechar algún vínculo de la guerra como Zacharias Smith o Michael Corner.

Ciertamente, no un cegador pelirrubio de corbata de seda verde y labios que sonríen con viveza, igual que su lengua cuando traza el camino en su boca.

Un extraño impulso eléctrico la recorre y anida en su vientre, sintiendo el calor en sus mejillas. Necesita cambiar rápido el rumbo de sus pensamientos.

—Lo siento, Gin —dice—. Te hubiera contado, pero no hay mucho que decir.

—Bueno, supongo que estoy feliz de que te estés divirtiendo —esconde su decepción de forma veloz y dice casi de la misma forma que Seamus, ¿será que todos la han visto como una tragedia andante? Odia pensarlo, pero aprovecharlo es el mejor escape.

—Yo también —responde forzando una pequeña sonrisa.

Hablan de otras cosas mientras se alistan y, por un momento, Hermione se sintió aliviada de que el asunto estaba zanjado sin mucho esfuerzo de su parte. No obstante, cuando estaban a medio pasillo dejando el dormitorio, de camino a desayunar, Ginny le dijo:

—Sabes... siempre podemos buscar un pensadero.

—¿Qué?

—Para tu memoria, así podemos averiguar quién fue.

—Oh... yo… —Mierda, pensó—. Realmente no había pensando en…

—¡MIONE! ¡GINNY! —bendito-Ron gritó, al pie de las escaleras— ¡Vengan! Nos perderemos el desayuno.

Tan agradecida se sintió que quiso correr a sus brazos como nunca. Pero conforme fueron bajando, reconoció que solo estaba segura temporalmente.

Ginny volvería a sacar el tema.


Tiene que volver a realizar todo el show en la mesa del Gran Comedor, esta vez con una docena de Gryffindors ansiosos y expectantes. Algunos también lucen decepcionados, sin duda esperando un chisme mejor.

Si tan solo supieran, piensa. Sería todo el chisme que alguna vez necesitarían.

—Eso es todo —se encoge de hombros, fingiendo restarle importancia. Algunos de ellos se voltean de inmediato y comienzan a entablar otras conversaciones, por lo que suspira tranquila.

—Bien por ti, Mione —dice Harry sonriendo. Entonces él también lo cree, piensa. Al menos tiene el voto de simpatía.

Ron es el único que se queja al respecto, exactamente como esperaba.

—Deberías tener más cuidado —dice con la boca llena de papas guisadas, deliberadamente mirando al plato—. Alguien podría aprovecharse de ti.

—¡Ron! —Ginny le da un golpe en el brazo. Sin embargo, Ron no se retracta y Hermione no discute como de costumbre. Lo que sea para dejar el tema de lado.

Se mantiene tensa hasta que Dean comienza una discusión sobre la última broma que le hizo a Peeves con Seamus: se han autonominado los nuevos Fred y George. Hogwarts necesita alegría desesperadamente, así que cree que es algo bueno.

Aun así, pensar en Fred la hace retorcerse. Dedica toda su atención al plato de espinacas y huevos frente a ella, buscando la sal con la mirada mientras toma un sorbo de jugo de calabaza.

Casi se ahoga.

Malfoy. Está de pie en la entrada del Gran Comedor. Ha estado tanto tiempo preparándose para mentirle a sus amigos y esquivar sus preguntas que se le olvidó prepararse para él.

Sus ojos están clavados en él como una mosca, siguiéndolo mientras camina con las manos en los bolsillos del pantalón. Manos que ahora sabe cómo se sienten y cuán pesadas son. Toma asiento al borde de la mesa de Slytherin como siempre, sin mirarla. En realidad, no mira a nadie mientras se sirve un plato y saca ese ridículo diario púrpura otra vez.

Entonces se da cuenta.

Como un rayo directo a su cerebro, se da cuenta de que no importa cuánto tiempo y esfuerzo le haya dedicado a asegurar que la verdad nunca vea la luz del día, ella es solo la mitad de la ecuación.

Una especie de impotencia pegajosa se acumula en su estómago. ¿Y si le cuenta a alguien? ¿Y si- y si ya le dijo a alguien? ¿Y si- y si está escribiendo sobre eso en ese maldito diario suyo?

Perdió el apetito por completo. Le dice a sus compañeros de casa y se levanta inestablemente. Tiene que hacer algo y tiene que hacerlo ya, no puede solo sentarse y esperar a que su mundo arda en llamas, consumido por el fuego.

Alisando su falda, modifica su camino para acercarse a través del pasillo principal hacia las puertas de oro, tragándose su pánico con cada paso. Malfoy está a medio camino entre ella y la salida y tiene poco tiempo para llamar su atención.

Disminuye su marcha y camina casualmente, luchando para lucir demasiado extraña. Raspa su pies contra el suelo para hacer un poco de ruido, pero solo cuando le queda medio metro es que al fin él la mira.

Y mirarlo a los ojos la asustó tanto que casi olvida lo que está haciendo. Su mirada pesa y raspa. Está llena de todo y de nada que pueda entender, mientras que la expresión de su rostro no revela nada como de costumbre.

Duda, dañando su cuidadoso ritmo y deteniéndose por un momento. Luego hace todo lo posible para inclinar la cabeza hacia la salida tan sutilmente como sea posible. Malfoy arquea una ceja, así que repite su movimiento una vez más antes de traspasar el umbral de las puertas.

Sus nervios están al máximo y apenas pone un pie lejos de la multitud, deja salir un pesado suspiro. Exhala tres veces de forma continua y rápida, como una mujer dando a luz. Todo su majestuoso y frágil plan se redujo a unos pocos no-tan-preciosos segundos de pánico, simplemente porque no había pensado en él.

Dios bendito, ¿por qué no lo había pensado? Cualquier persona con tres dedos de frente lo hubiera hecho. Y a ella le gustaba considerarse lógica, psss.

De alguna manera, terminó en el patio que se encuentra mayormente vacío gracias a pequeñas misericordias del día. Aun así no se confía y sigue caminando hasta una esquina oculta en la que siempre encuentra parejas besándose.

La ironía no se le escapa.

Tomando asiento en un banco de mármol, espera. Por supuesto, es posible que no venga. Es posible que él la encuentre ridículamente graciosa y patética, por lo que todavía esté sentado allí disfrutando de su tocino y…

—¿Puedo hacerte una sugerencia, Granger? —se sacude en su asiento mientras la sombra de Malfoy reposa sobre ella.

Él está usando jeans y Hermione no recuerda haberlo visto en jeans antes. Tiene puesto un jersey azul tejido y, por una vez, está vestido acorde al clima.

Ella se aclara la garganta, cruzándose los brazos.

—Solo si tienes que.

Una sonrisa irónica se posa en sus labios, justo como la recuerda. Trata de aplastar el aleteo de las mariposas en su estómago arrancándoles las alas mientras él responder:

—Si tu objetivo es disimular, entonces esto —imita la forma en que ella había inclinado su cabeza en el Gran Comedor, exagerándolo— probablemente no sea la mejor manera de hacerlo.

Lo mira con los ojos entrecerrados, mostrando una sonrisa hostil e irónica:

—Oh, gracias, lo tendré en cuenta.

Cómo es que es tan fácil volver a caer en sus pequeñas ironías después- después de lo que pasó.

Ella deja desvanecer su sonrisa falsa, haciendo espacio para que él se siente en el banco mientras evita sus ojos.

Malfoy se toma su tiempo para sentarse. Claro que lo hace. Tarda un buen rato en considerarlo, escaneándola de arriba abajo. Cuando se sienta, lo hace tan lánguidamente que le dan ganas de patearlo en las rodillas.

Debería estar tan tenso como ella, por derecho. Pero por supuesto que no lo está, es un Malfoy y no puede permitirse perder de vista ese hecho.

—Entonces, Granger —cruza una pierna, colocando el tobillo en su rodilla—, ¿por qué se está enfriando mi desayuno?

Es un poco desconcertante que él hable como si nada hubiera pasado. Se pregunta si planea negarlo y el pensamiento la desequilibra. Aún así, empieza con el discurso que aún no ha terminado de escribir en su mente.

—Bueno, creo que es justo aceptar que ambos somos seres humanos.

—Excelente detalle-

—Esto saldrá mucho mejor si no hablas hasta que yo termine —dice, mirando hacia el horizonte. El paisaje es perfecto, haciendo eso su excusa para no mirarlo mientras habla.

Malfoy suelta una carcajada, pero más allá de eso permanece en silencio.

—Ambos somos seres humanos y ambos estábamos un poquito ebrios el viernes por la noche. Es seguro decir que los humanos tienden a ceder a sus deseos frívolos cuando beben de más y no creo que sirva de nada martirizarnos por lo que pasó. Sin embargo, por el bien de los dos, creo que es increíblemente importante que nunca lo hablemos con nadie, e incluso entre nosotros nunca volver a mencionar el tema. ¡Ah! Y, por supuesto, nunca debe volver a suceder. No es que sea necesario decirlo, pero podemos cruzar nuestras varitas para jurarlo si lo deseas.

Se siente muy orgullosa de sí misma al finalizar su discurso. Cree que ha entregado una solución muy diplomática y precisa a todo debacle. Pero el largo silencio de Malfoy comienza a disminuir su orgullo, volviéndolo rancio. Tan rancio que eventualmente cede y se arriesga a mirarlo de reojo.

La expresión de su rostro es, como siempre, ilegible.

—… ¿y bien? —pregunta después de unos segundos.

—¿Bien qué, Granger? —dice al fin, en un tono imposible de comprender —. ¿Me trajiste hasta acá para ver si soy de los que besa y lo cuenta?

Está un poco sorprendida. No puede decir si Malfoy se siente ofendido o divertido de alguna retorcida manera.

—Bueno no- yo solo-...

—¿Querías un poco más? —sus ojos se encuentran con los de ella de repente, haciéndola jadear.

—¿Qué? —responde al ver que esa sonrisa irónica reaparecía en Malfoy.

—Es por eso que me trajiste al banco de besos, ¿no es así, Granger? ¿Para que repitamos?

Está atónita.

—Yo... ¿cómo te atreves a... —pero Malfoy la interrumpió cuando se levantó de pronto, y así de pronto, tiene sus manos a cada lado de donde de Hermione, con sus caras a solo centímetros de distancia.

—Podrías simplemente haberlo pedido, Granger —murmura, con un tono de voz bajo y mortal, hasta el punto en que no puede distinguir si es una frase seductora o amenazadora.

Su corazón late rápido en su pecho y su aliento la ha abandonado. Malfoy está tan cerca que ella puede oler todo lo que recuerda de esa noche, sacando a flote cada una de las sensaciones y otros recordatorios de todo lo que hicieron. De todo lo que tocó.

Es claramente un juego de poder.

Hermione sabe que él no es lo suficientemente estúpido como para pensar que lo trajo aquí por eso. Pero, sin querer, le dio el arma más grande que jamás haya tenido contra ella y ahora sabe exactamente cómo mover sus hilos para usarla. Sabe exactamente cómo hacerla sentir incómoda y a Malfoy siempre le encantó hacerla sentir incómoda.

—Da un paso atrás —exige, pero sale como algo un poco más alto que un susurro —. Alguien podría verte.

—¿Te asusta? —pregunta Malfoy, avanzando imposiblemente más cerca—, ¿ser vista conmigo? —su aliento frota sus sentidos, envuelto en menta helada—. ¿Ser vista así… —acorta la distancia necesaria para que las puntas de su nariz se rocen entre sí, volviéndose demasiado familiar— conmigo?

La respiración de Hermione se entrecorta y trata de retener el aire. No sabe qué más hacer. Sus sentidos están en llamas y sus pensamientos se han dispersado. Todo lo que queda de ella son impulsos eléctricos y dedos entumecidos, fuertemente apretados a sus costados.

—Sí —admite finalmente, cerrando los ojos con fuerza como un cobarde, tratando de calmar cada organismo que volaba dentro de ella.

Malfoy se ríe de nuevo, pero no se retira.

—¿Qué haces? —le pregunta.

—Machacando las alas de las mariposas —dice en un suspiro, aunque no tenga sentido para él.

Ríe otra vez, en esa ocasión más escandaloso, haciendo que sus labios rocen suavemente los de ella, obligándola a abrir los ojos.

—Por favor, para —susurra despacito, casi sin sonido.

Pero lo ve lamiéndose el labio inferior mientras sonríe de lado y es suficiente para ella. Es suficiente para acortar por completo la distancia entre ellos.

Suficiente para jalarlo y presionar sus labios contra los de ella. Suficiente para que pierda el control sin necesidad del alcohol.

Excepto que esta vez, es él quien rompe el beso y se aleja.

Se endereza como si nada hubiera pasado, como si no hubiera estado a un milímetro de distancia de besarla. Tan calmado y frío que la hace querer tirarle cosas.

—No necesitas preocuparte por tu reputación, Granger —comienza a alejarse, pero se gira sobre su hombro—: Como dijiste, nunca debe volver a suceder.

Se queda sentada ahí, sobre el frío mármol con su falda arrugada al lado de sus puños, furiosa y temblando. Una nebulosa de emociones mezcladas la atacan, provocando una catástrofe.

Estrechando entre sus dedos el estúpido y feo diario que le arrebató.


N/T: Perdón por la demora, tuve inconvenientes -para resumir...-. Lo triste es que está traducido -aunque aún no beteado-, así que trataré de compensarles pronto :)

¡Feliz semana! Nos vemos el siguiente domingo ~