La historia que dejamos pasar
Capítulo 19
Como iba cabizbaja por el patio, Kotoko no previno la presencia de alguien hasta sintió que unos brazos cálidos la atrapaban entre ellos y la recostaban sobre un pecho plano.
—Sé que lo necesitas.
—Gracias —susurró aceptando el abrazo de su amiga, que frotó su espalda reconfortándola.
—No debimos dejar que te llevara —musitó Moto-chan suavemente.
—No. Necesitaba saber la verdad. Me equivoqué, pero…
Dejó la frase a medias e hipó, con el corazón apretujado por saber que hacía años Irie-kun la quiso un poco, no lo suficiente para buscarla, pero sí para aceptar casarse con ella. Podrían haber sido esposo y esposa de haberse quedado.
…aunque siempre habría sido la que diera más, aceptando las migajas que le daba y añorando que su amor tuviera la misma intensidad que ella.
Habría sido la polilla dando vueltas alrededor de la flama hasta que sus alas se gastaran o se quemaran con el fuego.
—Me equivoqué. Él sí…
Repentinamente le sobrevino un pensamiento que no había tenido al hablar con Irie-kun, conmocionada por la verdad.
…Quizá el amor de él habría crecido de ser alimentado diariamente, con la intimidad que otorgaba el matrimonio y las maravillas que podían nacer al estar juntos. Y en esas circunstancias ella podría haber madurado para forjarse un futuro del que sentirse orgullosa, teniendo la felicidad de estar con el amor de su vida.
La idea le atormentó.
Pudo tenerlo todo.
Y eso era suficiente para hacerle dudar sobre su falta de arrepentimiento. Ella misma sería la causante de su corazón roto… de haber acabado con cualquier cariño que Irie-kun le tenía.
Se le cerró la garganta. Sin embargo, sus ojos no derramaron ni una gota de agua más; las lágrimas que había llorado en el pasado habían hecho que estuviera casi seca. Hacía unos minutos dejó ir su ración restante.
—Podemos decir que te sientes mal y…
—No, trabajar me ayuda. —Se apartó de su amiga, tratando de depositar el tema dentro de su ser en un baúl con llave. —Yo… supongo que ahora las demás saben quién es el hombre del que les hablé. Y todo el que estuviera en la cafetería escuchó que estuve por casarme con Irie-sensei y al final de la semana lo sabrán en cada rincón del hospital.
Moto-chan suspiró. —Creo que solo nosotras estábamos en el rango de audición, pero nada evitará que hablen de cómo te sacó del edificio e inventarán las razones. Con la presencia de esa Matsumoto y los comentarios de ti y Nishigaki-sensei, no sé con qué clase de rumores saldrán.
Gimió.
Volvería a ser la comidilla en un lugar.
—Eh… —Achicó los ojos—. ¿Qué dicen de Nishigaki-sensei y de mí?
—A veces eres muy despistada. Por el tiempo que roba de ti con la ayuda que le prestas, de la cual todavía tengo mis reservas, creen que tienen algo. Varias enfermeras han estado envidiosas, qué bueno que sean del personal de salud o ya te habrían acosado.
Cerró los ojos con un gemido de queja.
—¿Y Matsumoto-san? ¿Está bien?
—Se fue bastante rápido, no pudimos checar si necesitaba más atención por su úlcera. Hace mal en descuidar su salud.
Asintió.
—Solo espero que cambie de opinión a tiempo.
Antes de entrar al edificio principal, le pareció distinguir a Irie-kun a la distancia, observándola como un halcón; lejos, como siempre, sin nada que decirle.
Con la melancolía que inundó su pecho agradeció que no compartieran la misma área.
{…}
Kotoko apreció más que nunca a sus amigas del hospital; guardaban silencio sobre lo acontecido en la cafetería, aunque podía entenderlo si recordaban aquella noche en el bar donde aparentemente les contó la historia de su único amor. Era demasiado triste y antipático mencionar una cosa que solo haría sufrir y recordar los errores cometidos, sabiendo que no había un buen final que disminuyera la amargura.
Al menos sabía que Keita no se interesaba por los chismes. Y afortunadamente debieron comentar a Nishigaki-sensei de no traer a colación lo que pasara con Irie-kun y respetar su humor actual, ya que el médico ni una sola vez señaló su falta de ánimos.
Su estado meditabundo era obvio, más que nada porque el lamento escapaba del baúl una u otra vez, haciéndole sentir afligida, sin importar los esfuerzos que dedicara para evitarlo. Sabía que lo superaría, pero necesitaba tiempo para que hiciera las pases consigo misma.
Logró vivir después de que su corazón se partió, podría seguir pese a la tribulación de haber truncado su romance por su iniciativa. Todavía le quedaba suficiente fortaleza en las venas, aun si era el objeto de miradas inquisitivas y rumores (de los que prefería hacerse ciega y sorda), cosas que le recordaban ese funesto día.
—Pregunté y me dijeron que te encontraría aquí.
La mano que sostenía la caja de medicina se quedó en el aire y la acomodó en su sitio antes de girarse hacia la entrada.
—Matsumoto.
Su antigua compañera de club asintió lacónicamente. No parecía la joven segura de sí misma que recordaba.
—Aihara.
—¿En qué puedo ayudarte?
—Me gustaría verte enojada o resentida de verdad.
Mucha gente le decía aquello, pero incluso con Irie-kun tuvo decepción. Se sentía horrible al enfadarse de sobremanera con los demás, era doloroso lo que le hacía esa emoción y no podía mostrar una cara desagradable a otros porque sus reacciones le pesaban. Por eso duraba poco su disgusto.
Estaba hecha para complacer.
—Podemos ir a otro lugar para que te sientes. Se supone que no debo dejarte entrar aquí —le comentó a la pelinegra con una sonrisa, sin invitarla a pasar el umbral.
Matsumoto aceptó en silencio.
No se alejaron mucho de la estación de enfermeras cuando encontraron una banca vacía junto a una máquina expendedora. Se sentaron sin que la pelinegra comprara y Kotoko esperó sus palabras.
—Quería pedirte perdón, por ese día —Matsumoto habló después de unos minutos de tensión—. He estado estresada y tú fuiste el blanco para desahogarme. Fue incorrecto de mi parte, no debí involucrarme en una historia que no conocía bien, mucho menos en tu lugar de trabajo. Ya ni siquiera me gusta de forma romántica para excusarme.
—¿Tienes muchos problemas? —preguntó consternada, recordando su padecimiento.
La pelinegra resopló. —Ya recuerdo por qué me fue imposible odiarte; tu incapacidad de despreocuparte por los demás es envidiable.
Kotoko frunció el ceño.
—Mi trabajo me demanda mucho, es difícil independizarse si eres mujer y te dedicas al área de tecnología. Tengo que demostrar mi capacidad.
—Eres muy inteligente, Matsumoto, yo sé que lo lograrás, pero no desatiendas tu salud para hacerlo o no serás lo suficientemente fuerte para demostrar de lo que eres capaz. Llevas un tiempo enferma, ¿no? Creo que hace unos meses escuché a Sudou-senpai llamándote.
—Sí. —Antes de que pudiera preguntarle sobre su relación con él, Matsumoto agregó—: También lamento lo que dije sobre tu habilidad como enfermera. Tu estúpida abnegación y obstinación para seguir a Irie bien pudieron ser aplicadas para algo mejor.
Pestañeó. —¿Me estás halagando?
Matsumoto, con recuperada actitud arrogante, bufó.
—Solo asegúrate de que mi nombre no quede bajo tu cargo si me interno, aunque sé que no es tu área.
Lanzó un gruñido que hizo reír a su acompañante.
—Y… ¿es coincidencia que trabajen en el mismo hospital?
Kotoko expulsó un suspiro resignado. —Sí, comencé a trabajar aquí en octubre y me sorprendí al verlo… también estaba en Cirugía.
—Antes de lo que escuché en la cafetería habría creído que no presentarte a la boda fue un plan para comprobar que él te quería y te salió mal, por lo que volvías a perseguirlo para recuperarlo.
¿Irie-kun habría pensado eso? ¿Aquella posibilidad lo habría tenido más alerta que el enojo por su abandono?
—Todavía le quiero, pero no volvería a hacer algo así, aprendí lo malo que era; además, todo entre él y yo ya terminó. Tiempo atrás acepté que no puedo estar con Irie-kun. Y ese día finalmente supimos la verdad de lo que pasó. Le escuché decirle a oji-san que no debió pedir mi mano y que no quería casarse conmigo… lo afirmó más de una vez.
—Pensé que su rechazo me dolió… eso lo supera.
—No oí todo lo que dijo y entendí mal sus palabras… pero cuando me fui, él no intentó que le diera una explicación. Hasta tú sabías que estaba enamorada de Irie-kun.
—Solo un ciego no lo vería. Sé a dónde quieres llegar… pero, ¿no se te ha ocurrido que él podía estar dolido para ir detrás de ti?
—Yo en mi dolor me quedé un poco más para escuchar que era una mentira.
Matsumoto presionó los labios.
—Sé cuánto debió costarte. Sin embargo, debo decir que todos actuamos de forma diferente para lidiar con nuestras emociones. Luego de ese día él se volvió más serio; se enfocó en Pandai e hizo un videojuego que volvió muy famoso, lo realizó sumamente rápido. Creo que se concentró para distraerse de su humillación… o de su pena.
Suspiró. —Ahora no importa. Si era así, si él estaba dolido… Sé que tuvo sentimientos por mí, pero ya es muy tarde.
No solo se lo decía a su antigua compañera.
Matsumoto debió entenderla. —Al menos el pasado está aclarado. Rara vez alguien termina con su primer amor.
Agradeció que no presionara más.
—Eso he oído. Aunque Sudou-senpai sí lo logró. —Elevó sus cejas.
—¿De qué hablas? —Matsumoto entrecerró los ojos.
—Tú eres su primer amor, ¿no?
—Él y yo no somos pareja.
Kotoko abrió la boca asombrada.
—Como te acompañó… creí… Oh, disculpa… Parece que Sudou-senpai consiguió superar su amor y ahora solo son amigos —murmuró para sí.
La pelinegra arrugó la nariz.
—¿Qué?
—Nada. Debo irme, tengo cosas que hacer. Tal vez nos veamos luego, Aihara.
—Está bien.
Encogiéndose de hombros, Kotoko no insistió y cada una tomó su propio rumbo; ella, a sus actividades con las medicinas.
Estando en ello, le afligió pensar en la manera en que Irie-kun lidió con su rompimiento, recordando el papel que tuvo ella en la infelicidad de los dos. Si hubiera aprendido antes a no actuar de forma precipitada, su presente sería distinto.
Conforme pensaba en eso, más creció la esperanza de que ambos pudieran vivir contentos y en paz ahora que el pasado había sido aclarado.
{…}
Kotoko confirmó que su suerte era mala mientras esbozaba una sonrisa para tranquilizar a la pequeña entre sus brazos, la cual estaría a su cargo unas cuantas horas.
Media hora antes iba de salida del hospital cuando llegó una ambulancia donde viajaba una mujer con una posible fractura distal de radio, acompañada de un bebé de veinte meses, que no quería soltarse de ella. Naturalmente, al ver la batalla de los paramédicos, el enfermero y la doctora, Kotoko ofreció su ayuda y, por su parecido con algún pariente de la menor —de acuerdo a las palabras de la paciente—, ésta terminó en sus brazos.
La pequeña Risa no pudo quedar al cuidado de algún vecino porque todos estaban trabajando, y el padre de la menor regresaba de su viaje de negocios más tarde, por lo que la niñera debió llevarla con ella al acudir al hospital.
Kotoko estaba asombrada de la proeza de Hirose-san con su herida y la extrema preocupación por la niña que cuidaba, quien no era su hija —Risa había perdido a su madre al nacer.
Pero también le sorprendía que justamente ese día la mayor parte de Trabajo Social estuviese resolviendo unos asuntos fuera del hospital, dejándole a la adorable bebé a ella.
Esa sería una agotadora manera de alargar su turno de noche.
—Parece que seremos tú y yo unas horas, Risa-chan —le dijo a la aludida, que la miró unos segundos con sus brillantes ojos color caramelo antes de apoyar su cabeza sobre su hombro.
Hizo una mueca y acarició la diminuta cabeza cubierta de pelo negro, pensando que estaría triste por Hirose-san.
Al suponer que en Pediatría podría contagiarse de algún padecimiento viral, Kotoko decidió irse a su Departamento para esperar a la llegada del padre de Risa de forma acogedora.
Acomodándose su bolso de mano y el que contenía los artículos de la menor, fue al ascensor. Dentro, Risa se separó de su cuello para señalar los botones y las luces diciendo cosas ininteligibles con actitud risueña, animándole tras una semana decaída por la conversación con Irie-kun.
—Kotoko, ¿qué haces con un bebé? Hola, pequeña.
Pese a la sonrisa angelical de Tomoko, Risa se ocultó en su cuello por la cara desconocida.
—Una paciente llegó a Urgencias con ella porque nadie más podía cuidarla. Permitió que yo la cargara ya que me parezco a alguien de su familia. Su padre fue avisado para que regrese de un viaje de negocios fuera de la prefectura.
—¿Es muy grave lo que ocurrió?
—Una fractura de muñeca, deformada.
El rostro de Tomoko brilló ilusionado y su sonrisa macabra provocó un escalofrío en Kotoko, aunque ya estaba acostumbrada a su respuesta.
—Entonces la veremos aquí en poco tiempo.
Asintió.
—Iré a descansar con ella, tuve turno de noche.
—Sí. ¿Cómo se llama la madre?
—Eh, es su niñera. Hirose Masumi.
—Estaré atenta. Le comentaré a Keita-kun.
Despidiéndose con una sonrisa, continuó su travesía, en la que rió por la curiosidad de Risa, mostrando lo que le interesaba a sus ojos. Prácticamente todo, pues aquel lugar era nuevo para ella y estaba muy atenta, como lo hacía su sobrina cuando tenía esa edad.
—¿Kotoko-san, eres tú?
Oyendo a Nishigaki, se detuvo y giró para responderle. Se llevó una sorpresa al ver que no iba solo, sino en compañía de Irie-kun; este le dirigió una mirada vacía, a su parecer, que remarcó las bolsas de agotamiento bajo sus ojos.
Era la primera vez que lo veía desde su conversación y sintió que el lamento guardado se escapaba unos instantes, hasta que lo controló inspirada por la inexpresividad de él.
La tensión había disminuido un poco a lo habitual.
Pestañeó al recordar que su amigo de lentes estaba ahí.
—¿Necesitas algo, Nishigaki-sensei? —preguntó apartando su atención de Irie-kun. Comprobó que Risa se había escondido de nuevo.
El pelinegro sonrió con los ojos brillantes.
—No, es que pensé que tu turno había terminado. Y, cuando reconocí tu figura, pero acompañada de un bebé, dudé que fueras tú. ¿Acaso me habías ocultado que tienes una hija?
Se congeló un segundo y al siguiente rió forzosamente.
—Risa-chan no es mía. Terminé con ella por querer ayudar allá abajo; la persona que le cuida tuvo que traerla porque nadie más puede supervisarla y aquí no permitió que nadie más que yo la tomara en brazos, me parezco a alguien que conoce.
—Risa-chan solo te quiere a ti, no pudo haber escogido mejor.
—Nishigaki-sensei.
—Espera unos momentos, Irie-sensei, no desesperes. Sabes que nuestras reuniones no duran mucho. ¿Risa-chan, quieres saludar a oji-san?
Nishigaki se acercó guiñándole un ojo y la rodeó.
Sintió que Risa alzaba la cabeza y casi perdió el equilibrio por un movimiento brusco, que Nishigaki detuvo poniendo una mano en su codo.
—¡Papa!
Kotoko abrió los ojos y al ver aparecer a Nishigaki frente a ella notó de reojo que Risa se daba la vuelta en sus brazos para señalar el rostro del médico pelinegro, casi alarmado.
—Juro que no es mía.
—Papa, papa.
Ella frunció el ceño ante la vehemencia de la bebé, mientras Nishigaki negaba con la cabeza, en apuros.
—Los lentes.
El tono duro de Irie-kun hizo temblar a Risa, aunque siguió apuntando con su dedo a la cara de Nishigaki.
—Ah, qué alivio. —Su amigo se quitó sus anteojos con premura y la niña alargó su mano para cogerlos.
—Glacias.
—Tu papá usa lentes, Risa-chan —dijo ella con emoción al notar que le eran mostrados. —Qué lista eres.
Recibió una sonrisa dentada y sintió ganas de apretar los mofletes de la niña.
—Se llaman lentes.
—Lenles. Papa. —Risa agitó dicho objeto anunciándolo con orgullo y Kotoko asintió. —Quielo papá lenles.
—Vamos a esperarlo. Pero estos lentes no son de tu papá, son de Nishigaki-sensei y no vayas a romperlos. Dale a Nishigaki-sensei sus lentes.
Risa afirmó con la cabeza. —Lenles no papa. —Con una risita se los tendió a Nishigaki. —Glacias.
—Eres buena con los niños, Kotoko-san.
Negó. De soslayo notó que Risa observaba con interés a Nishigaki, adquiriéndole un poco de confianza con el asunto de los lentes. —Para practicar con mi familia tuve que deber favores y mi prima y su esposo me escogieron como niñera. Mi sobrina cumplió seis años el año pasado; cuando comencé venopunción tenía más o menos esta edad.
—Entonces tendrás experiencia…
—Aihara-san, no sabía que tenía una hija. —Ladeó su cabeza para encontrarse a Moto-chan con Miura-san, una paciente que le recordaba a Noriko-san. —Qué bonita familia; ella tiene sus ojos y el cabello de su padre. Los médicos casi siempre se casan con enfermeras. Y este es muy guapo.
Se sonrojó al escuchar a la mujer, que desde la silla de ruedas no disimulaba al mirar a la menor. Era imprudente y siempre saltaba a conclusiones vergonzosas. Su extroversión era a causa de vivir en el extranjero, como no dudó en contarle.
Moto-chan tosió ocultando su risa y le preguntó con los ojos qué ocurría. Kotoko le dedicó un mensaje silencioso comunicándole que luego hablarían.
—Eh… no es nuestra. Tampoco estoy casada con Nishigaki-sensei.
—Mi error, qué pena. Se ven muy bien juntos, ¿no lo crees, Moto-chan? ¿Y usted qué piensa, sensei desconocido? Oh, si también es muy guapo, pero los hombres de lentes son más sexis y apetecibles, no hay mujer que se resista a ese look. Espere. Disculpe si le he ofendido, creo que parece enojado.
Nishigaki, por primera vez rojo, tosió, robándole la oportunidad de comprobar si Irie-kun estaba enfadado… aunque probablemente era así, pues malgastaban su preciado tiempo con tonterías.
—Ese es mi llamado para nuestra reunión, ya la retrasamos mucho. Vamos, Irie-sensei. Hasta luego, todas.
Ambos se alejaron a largas zancadas. Kotoko y Moto-chan rieron, contagiando a la infante.
—Bueno, Emiko-san, has hecho sonrojar al mujeriego. Felicidades.
La joven castaña sonrió con petulancia unos segundos. —Si no es su esposo, ¿son pareja? —preguntó entonces, en voz baja.
Kotoko negó.
—Pero está enamorado de alguien.
Miura-san se frotó la quijada.
—Nos están esperando para la radiografía —comentó Moto-chan, empujando de nuevo la silla. —Hasta pronto, Kotoko.
Ella asintió.
—Gracias por la información —dijo Miura-san. —Cuide bien de la niña.
Tras verlas partir, Kotoko miró de reojo a Risa, concentrada en su cabello. Cuando habían dicho que era su hija, sintió un ramalazo en su pecho que ignoró para no dejar que nadie viera su añoranza.
Y lo habría tenido…
NA: Ay, Kotoko, acaban de matar de celos a Naoki y tú ni en cuenta.
Si esperaban drama como el capítulo pasado, lamento decepcionarles, pero lo disfruto más cuando viene de la mano del punto de vista de Naoki. Y ustedes también, por la respuesta del anterior.
Hay una sorpresa grande en el 20. A que no adivinan.
¡Excelente semana!
Besos, Karo.
Samy: ¡Gracias a ti! Sí, el capítulo se retrasó unos seis capítulos, pero finalmente llegó ja,ja. Hacían falta cosas para poder alcanzar ese momento. Ahora resta que Naoki termine de reaccionar.
Raz: ¡Súper! A mí me tiene encantada la reacción de ustedes en el capítulo anterior, lo planeé esperando que les gustara y así fue; era muy necesario que quedara evidente cómo cambió Kotoko, para no saltar a sus brazos y decirle una verdad que necesitaba. Ella daba todo por él y Naoki no. Tiempo de que abriera los ojos. Espero que sigas disfrutando la historia. ¡Cuídate!
Charlie: ¡Genial! Sí, Naoki sufrirá un poco más en el futuro, Nishigaki está siendo un buen elemento para hacer que le duela su corazón. Pay back is a bitch, babe! Ja,ja. Gracias por tus palabras, me pone muy feliz que te gusten mis historias, espero que puedas seguir disfrutando de ellas. ¡Gracias por el review!
