Un cowboy por navidad
Esta historia es una adaptación.
La historia original de Tess Curtis.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 10
La noche antes de Navidad
— ¿Qué demonios es eso que está sonando? —preguntó Bella bajando la escalera.
—He encontrado un USB y al conectarlo con el equipo de música ha salido esto —respondió Edward, visiblemente más animado.
— ¡Por el amor de Dios! ¿A quién le compraste la casa? ¿A Matusalén?
— ¡Eh, eh! Que son clásicos inolvidables de Sinatra y Dean Martin, de momento.
— ¿De verdad esto le funcionaba para ligar a ese tipo? —preguntó ella, enarcando una ceja.
Edward no pudo por menos que reír ante el comentario de Bella. Quería resarcirla por el mal trago que le había hecho pasar ese día y, al encontrar aquel USB, no lo dudó ni un segundo. No creía en las señales, pero, si lo hubiera hecho, ese bien podía pasar por una. Era el momento de hacer de tripas corazón y comenzar a vivir de nuevo.
—Escucha, Dean Martin —dijo él al comenzar a sonar los acordes de Baby, It´s cold outside.
— ¿En serio?
Edward cogió de la mano a Bella y la hizo girar sobre sí misma, antes de comenzar a bailar lentamente con ella, que se dejó llevar al ritmo de la música.
—Baby, it´s cold outside —le dijo Edward al oído.
Bella rio con aquello. Si bien la música era de otro siglo, le gustaba ser guiada y estar entre los brazos de aquel hombre.
— ¿Seguro que solo tienes treinta y cinco? —preguntó para molestarlo.
— ¿Te enseño la licencia de conducir?
—La gente miente en ese documento —desdeñó ella, haciéndole sonreír.
— ¿Lo dices por experiencia propia?
—Aún no necesito hacer tal cosa.
—Entonces quizá deba registrar tu bolso para saber tu edad.
— ¿No crees que es más fácil si me la preguntas?
—Lo sería, si no fuera de mal gusto preguntarle eso a una señora —dijo poniéndole acento de cowboy a la última palabra.
Bella volvió a reír con Edward, finalizando la canción con una vuelta sobre sí misma.
Cocinaron mano a mano en silencio con la música de fondo y cenaron casi de la misma manera, disfrutando del momento y la compañía. A pesar de que no era el día favorito del año para Edward, reconocía que, por primera vez en mucho tiempo, estaba disfrutando de la noche.
Ahora era consciente de que su viejo plan de emborracharse hasta perder el sentido no lo habría ayudado en absoluto. Sin embargo, estar con Bella aquella noche, cocinando mientras escuchaban aquellos clásicos musicales, era el plan perfecto. Quería pasar página más que nunca y sabía que el motivo de su cambio era aquella mujer que había llegado de forma accidentada a su vida. Edward miró por la ventana. Era de noche, pero hacía varias horas que había dejado de nevar.
El temporal había terminado y con él la estancia de Bella en su casa. Probablemente al día siguiente o al otro llegarían las máquinas quitanieves y despejarían las carreteras y el camino hasta su casa. Lo que significaba la marcha de Bella al lago Ennis. Edward frunció el ceño.
— ¿Estás bien? —le preguntó ella.
—Sí. —Sonrió él—. Ha dejado de nevar.
— ¡Por fin! —exclamó ella—. Me gusta la nieve, pero creo que esto ha sido demasiado.
—Hacía muchos años que no veía un temporal como este.
—Parece que llegué en el momento perfecto.
—No lo dudes ni un segundo —respondió él, esbozando una sonrisa.
— ¡Oh! ¡Mira! —exclamó ella al acercarse a él y mirar por la ventana.
Bella corrió hacia los interruptores y apagó las luces, quedando la estancia iluminada solamente por la chimenea. Edward seguía al lado de la ventana, esperando ver a qué se refería Bella, que volvió y se puso delante de él.
—Las estrellas se ven fantásticas desde aquí.
—En el condado de Madison tenemos uno de los cielos más bonitos del país. Hay menos contaminación lumínica que en Helena —corroboró él.
—Cuando era pequeña —habló ella, tras permanecer unos minutos en silencio—, me dijeron que si ves una estrella fugaz en esta época, puedes pedir un deseo de Navidad y, si es algo que anhelas mucho, se cumplirá. Me pasaba horas y horas esperando ver una.
— ¿Y alguna vez te funcionó?
— ¡Por supuesto! Aunque era solo una niña y los deseos de una niña son fáciles de cumplir para una estrella.
—Quizá debamos esperar a una y pedir un deseo —le propuso él desde atrás, abrazándola por la cintura, mientras miraban por la ventana.
Bella recostó la cabeza en su pecho y puso las manos encima de las suyas antes de inspirar aire, feliz de estar entre sus grandes y poderosos brazos, sintiendo el calor de su cuerpo. Edward le gustaba mucho y deseaba que aquello fuese cierto, ya que por primera vez en mucho tiempo se sentía bien. Le había dejado de importar si era Nochebuena o no, porque él estaba haciendo que crease aquel buen recuerdo de la Navidad a su lado. Sentía que su tiempo allí se estaba terminando, el temporal había cesado y el cielo despejado y estrellado anunciaba que su marcha estaba muy próxima.
—Pronto vendrán las quitanieves —comentó ella, apenada.
Edward guardó silencio y suspiró, posando un beso en su sien.
—Lo sé. Te voy a echar de menos —aseguró abrazándola un poco más fuerte.
—Yo también —confesó ella mientras continuaba mirando hacia el exterior.
— ¡Ahí viene una! —dijo Edward al ver una estrella fugaz.
Bella cerró los ojos y formuló el deseo en su mente: ‹‹Quiero un cowboy esta Navidad››.
¡Especial de navidad!
Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)
Nos vemos.
