Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
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Feliz Cumpleaños Princesa
24 de Abril de 1996
Los últimos acontecimientos eran de escándalo: El ejército de Dumbledore había descubierto, el director había abandonado la escuela, ahora todos estaban a merced de Umbridge, los gemelos Weasley habían abandonado Hogwarts...
¡Escándalo! ¡Escándalo en todas partes! ¡Desorden por doquier! El regreso del Señor Tenebroso era inminente y aun así se negaban a aceptarlo.
Sin embargo, en ese rincón de aquella aula vacía aquella clase de problemas no parecían tener mayor relevancia. No, sin duda alguna los problemas en esa aula estaban en otro nivel de entendimiento, por decirlo de alguna forma.
Draco Malfoy estaba arrinconado contra la pared, besando ni más ni menos que a Astoria Greengrass. El beso era salvaje, lujuriosos, de esos besos que se dan como si el mundo se fuera a acabar. Labios, lenguas, dientes, saliva, un beso de un par de adolescente con las hormonas arriba. Él la tenía tomada de la cintura mientras se desvivía en su dulce boca, suspirando de vez en vez por el estímulo que recibía. Y es que, si bien ella rodeaba el cuello del rubio con un brazo, su otra mano se encontraba sobre una zona muy sensible para Draco.
La pequeña Greengrass acariciaba con vivo descaro la entrepierna del que desde hace un par de meses era su novio. Su pequeña mano se movía rítmicamente sobre el pantalón, dándole un placer indecente a la hombría de su chico. Estaba tan excitado como ella, lo podía sentir bajo la tela, pero quería más. Quería pasar de solo besos y caricias por encima de la ropa. Sin embargo era consciente de que él no la dejaría. Él decía que era porque quería hacer las cosas bien con ella, ella tan solo ignoraba a eso y se repetía una y otra vez que era por culpa de su edad.
—Astoria, detente... —logró decir el rubio en un jadeo, alejándose un poco de la boca de su niña.
—No, ya tengo catorce —argumentó ella, hablando como una niña mimada y caprichosa, como la niña mimada y caprichosa que era.
¡Merlín! Llevaba semanas intentando pasar esa barrera con Draco. Quería más. Quería complacerlo de aquella forma. Quería complacerse a sí misma. Quería ser complacida por él. Y quizás y solo quizás, en el fondo había una pizca de miedo de que Draco buscara nuevamente en Pansy eso que supuestamente aún no estaba lista para darle. ¿Por qué tenían que esperar más? Se querían. Por fin habían admitido que se querían y que se gustaban lo suficiente como para estar juntos. ¿Entonces? ¿Era necesario seguir el protocolo?
—No, Astoria, todavía no —dijo él lo más firme que pudo, claro que no se podía ser demasiado firme cuando cierta castaña te deshacía con las manos.
Después de aquella semi-confesión en el baño del año pasado muchas cosas habían cambiado. Entre pequeñas discusiones y constante tira y afloja, habían terminado liados durante el verano. Pansy y Daphne no se lo habían tomado muy bien, incluso Blaise y los amigos de Astoria parecían no haber aprobado del todo la idea, pero después de varias semanas habían tenido que acostumbrarse a verles juntos. Se había vuelto costumbre verles andar por los pasillos de Hogwarts o en la sala común de Slytherin. Mientras que cuando nadie los veía era porque se encontraban justamente ahí, en las sobras consumidas por sus deseos ocultos.
—¿Por qué no? —rezongó de nuevo ella, enfatizando el puchero que no hace mucho se había dibujado en su rostro por culpa de la frustración. Su corazón seguía bombeando sangre con fuerza, inundándola con un calor que recorría todo su cuerpo y provocaba que sus mejillas permanecieran encendidas.
—No estás lista —respondió como siempre lo hacía, tomando a Astoria por las muñecas para alejar definitivamente sus traviesas de su propio cuerpo. Algo dentro de él quería que ella continuara, pero su razón resultaba ser más firme y fuerte de lo que él mismo imaginaba. Él que era un Malfoy y que estaba acostumbrado a no privarse de nada, en esos momentos contenía uno de mis más profundos deseos por el mismo cariño que le tenía a esa pequeña frente a él.
—¿Cuándo estaré lista, Draco? —preguntó de mala gana, soltándose del agarre del rubio, sin poder evitar sentirse despreciada nuevamente.
—Pronto —aseguró él, sin ser capaz de estipular un tiempo exacto, pues ni siquiera él mismo estaba seguro de cuanto era el tiempo más el mismo se podría controlar. En su cabeza estaban grabados aquellos protocolos en los que no había pensado antes, ese que decía que una mujer debía de llegar virgen al matrimonio. ¿Sería anticuado? No, con esos principios lo habían educado. Sin embargo, nunca antes le había importado. ¿No se había ya acostado con Pansy, Tracy y esa chica de Ravenclaw de la que no recordaba el nombre? ¿Por qué ahora era diferente? ¿Tal vez porque la quería? Vaya que la quería y la quería para algo más que pasar el rato.
La cara de desconformidad de Astoria era una perfecta pintura con cada trazo impregnado de decepción. Aun así sus labios de melocotón permanecieron sellados, húmedos y algo hinchados por el beso anterior. Se veían brillosos y apetecibles, tanto que el rubio sucumbió ante la tentación de robarle un beso. Un beso que fue negado. Él buscaba su boca y sus labios chocaron contra su mano. La helada y punzante sensación que era causada por el desprecio fue regresada a él como una bofetada y lo peor del caso es que sabía bien que no podía reclamar nada. ¿Con que cara cuando él mismo la rechazaba?
—Anda, deben de estar esperando en la Sala Común —informó ella, siendo conocedora de esa fiesta sorpresa que le estaba organizando su hermana. Esa fiesta de la que ella no debía de saber y la razón por la cual Draco la distraía para dejar que sus compañeros ganaran algo de tiempo.
El joven rubio no parecía impresionado con el hecho de que ella supiera sobre la fiesta. ¿Cómo ocultarle algo a Astoria cuando su mejor amiga tenía la palabra 'chismosa' tatuada en la frente? De cierta forma resultaba una desventaja ya que era difícil sorprenderla, por otra, sentía cierto orgullo interior por ella. La pequeña Greengrass había aprovechado la oportunidad para tentar a la suerte y hacer una apelación a su intenso deseo. No había resultado como ella quería, pero resultaba tierno que su pequeña comenzara a mostrar los colmillos de una Slytherin, astuta y dispuesta a conseguir lo que quiere.
La cabellera castaña revoloteó un poco cuando Astoria se dio la media vuelta y él no perdió tiempo en abrazarla por la espalda antes de que comenzara a caminar. Ella sintió un beso en su mejilla, luego otro detrás de su oreja y finalmente uno en la parte posterior del cuello. No hacía falta que dijeran nada más. Con el tiempo habían aprendido que si bien no era bueno callar algunas cosas, también habían aprendido que el silencio resultaba acogedor cuando estaban juntos. Sencillamente porque no había palabras que describieran la felicidad que les embriagaba al estar en compañía el uno del otro.
Con cada paso sincronizado que daban rumbo a las mazmorras, los recuerdos aparecían en sus memorias como fugases rayos de luz. La pequeña niña castaña que aguardaba en la entrada la llegada de su inocente amor... La que se ocultaba del rubio por culpa de su dentadura incompleta... El niño mal humorado que no quería estar cerca de ella... El mismo rubio que ahora andaba en busca de un beso de ella... Su primer beso... La decepción... La reconciliación...
Una explosión de serpentinas verdes y plateadas cayó sobre sus cabezas cuando atravesaron el muro de piedra. Otro año más había pasado en su vida. Era un año más vieja, más sabía y más terca. Era un año más astuta y más inteligente, aunque tal vez no lo suficiente para conseguir lo que venía deseando desde hace meses. Sin embargo, lo importante es que allí estaba, rodeada de amigos leales, de una hermana de sangre y otra loca que quería como si fuese su otra hermana. Pero por sobre todas las cosas, estaba junto a él. Otro año más con Draco.
