Capítulo 9: La invitación.
Inuyasha observaba atentamente, bajo su mirada rencorosa, cómo su hermano mayor intentaba buscar conversación con Kagome. Y lo que más le molestaba, era la actitud de ella. Estaba más que sonrojada, evitaba mirarlo a los ojos y su mano temblaba cuando tomaba los utensilios, lucía incómoda.
Sesshomaru había intentado hablarle un par de veces más. Qué era lo que había hecho ese día, le preguntó si el clima los acompañaría el día de mañana, si estaba bien. La muchacha respondía con una inusitada timidez que él no había visto en la señorita Higurashi. Y tampoco comprendía, por qué deseaba hablar y tener su atención cuando recordaba aún ese episodio la noche anterior y el sentimiento de humillación y rencor que sintió, por ella.
La muchacha era muy consciente de la atención que le brindaba ese hombre ahora. Y no lo comprendía. La noche anterior la había olvidado por completo luego del baile, después, en el desayuno, lo había visto coquetear con otras mujeres y ahora, se comportaba como si le importara.
Y se sentía cohibida. Como nunca se había sentido antes ¿por qué? Encontraba que toda esta situación entre ellos era demasiado confusa.
Después de la cena, Kagome se encontró aun al lado de Sesshomaru. Él le relató, que había ido a ver a un conocido al puerto y que había preguntado por Naraku. Aquel tema era el que más los unía y ella se estremecía cada vez que oía nombrar a ese hombre. Y recordaba lo cruel y egoísta que había sido con Eri al no ir a verla por estar al lado de Inuyasha.
En un momento lo recordó y lo miró. Él le devolvió la mirada con seriedad. Sintiéndose casi culpable se excusó con Sesshomaru y fue donde su amigo. Para pesar del mayor de los Taisho, que había puesto todo su esfuerzo en entretenerla.
- Pensé que no querrías apartarte de él- Se burló Inuyasha haciendo una mueca de desagrado y empinándose una copa de vino.
- No digas eso- Murmuró ella, intentando alcanzarlo con la manga. - Sólo conversábamos de un tema delicado.
Inuyasha se sentía celoso. No podía evitarlo, era muy consciente del cambio de su amiga ahora. Antes, era una joven alegre, extrovertida y hasta se podría decir algo traviesa. Siempre quería estar a su lado y se divertían de lo mejor. Ahora, estaba en todo momento callada, ruborizada, agitada y casi avergonzada. No le daba muy buena espina.
- Y… ¿Y de qué hablaba tanto? Jamás lo había visto gastar tanta saliva.
Kagome sólo se encogió de hombros.
- Cosas…
Inuyasha agudizó la vista en ella.
- Ya. Cosas…
La muchacha alzó la mirada a él y sonrió. Casi se sentía halagada.
- ¿Estás enojado?
El muchacho se encogió de hombros como si le restara importancia al asunto. Pero la verdad sí se sentía celoso. Así que la miró muy serio.
- Pues qué crees. De pronto te comportas de una forma que no conocía.
Kagome abrió más los ojos, no era consciente del cambio, así que luego sonrió. Inuyasha siempre salía con algún disparate.
- Qué ocurrencias dices.
El joven Taisho se empinó el vaso de vino al seco y luego agregó.
- Sí, claro.
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Kagome casi no había podido dormir durante la noche. Si el teniente Taisho no le hubiera preguntado por Eri, ella ni siquiera se hubiera acordado de su querida amiga. Se sentía avergonzada de su proceder. Así que muy temprano en la mañana, después del desayuno que habían una vez más compartido en el hotel pero esta vez sin presencia de los hermanos que por alguna extraña circunstancia cada uno tenía un asunto que arreglar de forma particular, Kagome se dirigió con una canasta de frutas hasta la humilde morada de los Watanabe.
Eri la recibió sonriente y la hizo pasar a un saloncito. Allí, ambas muchachas conversaron un momento y comieron algo de la fruta que la señorita Higurashi le había llevado.
- Algunas cosas las he olvidado… creo que es el susto…- Murmuró de pronto la muchacha cayendo en la tristeza-… fue horrible, Kagome, yo pensé… yo creí…
Sus ojos se inundaron de lágrimas y Kagome la alcanzó, posándose y arrodillándose a su lado le prestó su pañuelo.
- Está bien, tranquila, lo importante es que ya pasó y no ocurrió nada malo… estas aquí ¿verdad?
Eri se tranquilizó y le sonrió.
- Fue gracias al teniente Taisho. – Y sonrió con ojos soñadores- Eso lo recuerdo… tan claramente…- Y su voz se tornaba suave acompañada de una sonrisa abierta-… tan valiente, peleó… por mi…
Kagome tragó fuerte al recordar aquel momento. Ver al teniente Taisho perder toda su tranquila compostura y frialdad y pelear de esa forma con el fornido Almirante Onigumo, era algo que nunca olvidaría también.
- Sí, es cierto. Fue muy valiente. - Se puso de pie con lentitud- A decir verdad… fue como si él presintiera que estabas en peligro, si no me hubiera acompañado a buscarte, jamás te hubiera encontrado.
Eri asintió rápidamente, dando en el punto.
- Supe que es tu prometido y que harán una fiesta de compromiso- Agregó bajando el tono, casi parecía desilusionada. Kagome no respondió, Eri recordó que su amiga aparentemente no se llevaba muy bien con él, no entendía por qué, si ella estaba deslumbrada con ese hombre- No es el hombre de hielo que me habías dicho.
Kagome la miró y se sonrojó.
- Pues…. Es un hombre impredecible.
- Y caballeroso. - Agregó la otra con entusiasmo. Kagome sólo sonrió.
- Sí, bueno…
Eri se puso de pie rápidamente y le tomó las manos.
- ¡Claro que sí! Me salvó allá en el bosque, me puso su chaqueta, me trajo a casa en sus brazos, fue a buscar al médico…- Suspiró emocionada y la señorita Higurashi alzó ambas cejas impresionada ¿Acaso su amiga…? - Espera- La interrumpió Eri y salió de pronto de la habitación. Kagome la esperó no comprendiendo aún, pero se alegraba que su querida amiga se encontrara de tan buen ánimo a pesar de las circunstancias. Cuando volvió, traía algo en sus manos, era una prenda de vestir doblada en varias partes. Cuando se acercó, la muchacha reconoció el varonil aroma a cítrico y amaderado. Sus mejillas se sonrojaron de súbito cuando Eri se lo entregó y ella recibió la prenda en sus manos- Es su chaqueta, por favor, devuélvesela por mí. Quisiera poder hacerlo, pero madre dice que debo quedarme en casa por un tiempo para no dar comienzo a rumores ¿puedes?
Kagome miró la chaqueta en sus manos, luego alzó el rostro a ella y asintió.
Cuando llegó a casa se fue al dormitorio y dejó la prenda sobre su cama. Comió algo ligero ya que comenzaba a sentirse nerviosa por la invitación del teniente Taisho de ir al parque. Cuando volvió al dormitorio se cambió de vestido, esta vez iría con uno verde muy claro de escote cuadrado y amplio como dictada la moda, con cintura alta. Miró hacia la ventana y vio que había algo de viento, así que se puso una capa ligera de color blanco que adornó con el broche de mariposa y su sombrero pequeño que anudó con un rosetón a un lado. Mientras buscaba sus guantes, miró de nuevo la chaqueta sobre la cama. Se acercó lentamente y la desdobló, colocándola completamente estirada para verla. Era una chaqueta muy fina y de buenas terminaciones, pero eso no le llamó tanto la atención, como el que de pronto se dio cuenta que la estaba acariciando con los dedos. Súbitamente apartó la mano y se puso de pie, mirando con horror la prenda de vestir. La volvió a doblar y se puso sus guantes. Tenía que llevársela al teniente de parte de Eri, se dijo, sonrojándose por lo que había hecho sin pensar.
Sesshomaru la esperaba en la plaza principal. La verdad, ninguno de los padres estaba enterado de este inocente encuentro. Nadie, excepto Inuyasha, que por alguna razón estando un momento en la recepción del hotel vio salir raudamente a su medio hermano mayor, agitado y nervioso.
Ver a Sesshomaru de esa manera, era algo completamente nuevo, así que fue su actitud y la curiosidad lo que lo obligó a seguir sus pasos.
Kagome llegó un momento después. Caminaba a paso lento por la ciudad hasta llegar al lugar acordado, el parque y luego lo divisó. Su semblante altivo cambió a uno tímido y ruborizado, la muchacha misma se sorprendió que sus mejillas se encendieran rápidamente cuando el hombre enfocó sus ojos dorados en ella. Tratando de tranquilizarse y adoptando una actitud serena, caminó a paso firme hasta llegar a su lado.
Sesshomaru hizo una inclinación de cabeza, serio y ella le dio una pequeña sonrisa mientras hacía una leve reverencia.
- Teniente Taisho.
- Señorita Higurashi. Gracias por venir- Dijo el hombre. Le indicó que caminaran rodeando la arboleda. Estaba muy serio y Kagome, a su lado, se encontraba muy agitada. - Le he pedido que viniera, porque debo decirle de un asunto muy importante, que nos compete a ambos.
La muchacha asintió. Apretó los labios, pensando en lo del compromiso. Quizás, quería llegar a un acuerdo, imaginó.
- Teniente Taisho… yo…
Él se detuvo y sólo en ese momento la careta que lo protegía se desmoronó y Sesshomaru mostró un rostro afligido.
- ¿Por qué no me puede llamar por mi nombre? Se lo he pedido.
Kagome abrió los ojos con sorpresa y su corazón se agitó. Avergonzada, bajó la mirada y casi tartamudeó.
- No… no es de mala voluntad, es que siempre lo he visto como alguien muy lejano. – Alzó el rostro a él- Ni siquiera lo conozco.
- Y, sin embargo, vamos a casarnos- Respondió el hombre volviendo a adoptar esa seguridad que tanto lo caracterizaba.
La muchacha afiló la mirada en él, desafiante, y Sesshomaru volvió a encontrarse con esa mirada que desde un principio lo cautivó.
- Usted sabe que estoy en contra de ese matrimonio.
- Dígame porqué- Fue la respuesta directa del joven Taisho. Kagome lo miró sorprendida.
- No lo amo.
Él sonrió con desfachatez.
- El amor es lo de menos. Dígame una razón de peso. - Demandó muy serio.
La vio dudar y cambiar su rostro. Ya no estaba desafiante, más bien parecía asustada, desvió la mirada castaña un momento y sin querer apegó a su cuerpo la chaqueta que llevaba envuelta en un paquetito, en su pecho. Cuando fue consciente de su acción, lo apartó bruscamente y meneó con la cabeza.
- Teniente Taisho. Esta mañana fui a ver a Eri- Sesshomaru la observó con reticencia, pensando que ella era muy astuta al cambiar así el tema. Quería que se lo dijera a la cara aquello que había escuchado, quería saber si era tan valiente y desafiante como constantemente quería demostrarlo. - Me pidió que entregara esto para usted. - Se lo entregó para sorpresa de Sesshomaru, que lo recibió enseguida. - Es su chaqueta, la cual le prestó amablemente aquella vez cuando la ayudó.
Sesshomaru asintió, pero su rostro era indiferente. No quería llegar aún a ese punto, quería acorralarla, saber qué iba a hacer, qué haría, hasta dónde se atrevería para despreciarlo de esa manera, pero no insistió. La miró fijamente un momento con dureza y luego asintió.
- Bueno…- Comenzó a hablar, retomando la caminata una vez más mientras ella bajaba la vista y ocultaba parte de su rostro con el sombrero. -… la razón de este encuentro era porque necesitaba hablar a cerca de aquel incidente. – Sólo en ese momento Kagome se detuvo de súbito y alzó la mirada a él- Usted sabe que no puedo quedarme tranquilo aun sabiendo que el hombre que cometió semejante acto sea un Almirante de la Marina Real.
- Oh, pero, usted dijo, prometió que…- Se asustó. Lo vio alzar una ceja.
- ¿Prometí?
Ella se avergonzó y luego se turbó. Su corazón comenzó a latir violentamente, arrugó el ceño.
- No, pero, usted sabe, le expliqué el problema que podría ocurrir…
Sesshomaru la miró fijamente.
- He escrito al Rey relatando el suceso para que encuentren al Almirante Onigumo. Le pedí que enviara emisarios en su nombre que puedan hablar con su amiga y también di mis referencias como testigo para que me interroguen si es que necesitan más información. No creo que tarden en llegar, a lo sumo unos tres días.
Kagome se quedó con la boca abierta, sus ojos parecían haber visto a un demonio en ese momento, su respiración cesó, sin poder creer lo que estaba ese hombre diciendo.
- Qu… ¿¡qué!?
- Di su nombre también. Somos testigos. No se preocupe, lo harán con discreción.
La muchacha estaba roja, pero ahora de la rabia e impotencia.
- Pero ¡cómo se atreve! usted prometió, creí que era un caballero, que…
- Soy un caballero y por eso lo hago.
Kagome entornó los ojos y tembló de rabia.
- Usted lo hace porque se cree perfecto, le dije que esto era perjudicial para Eri, le dije que…
- Señorita Higurashi- Interrumpió él arrugando el ceño. Ella meneó le cabeza.
- ¿Cree que cuando lleguen aquí los emisarios del rey la gente no va a sospechar? Este es un pueblo pequeño ¡todo mundo sabe lo que hace el otro! Y si no sabe ¡lo inventa! Verán que irán a casa de Eri- Estaba casi histérica, comenzó a menear la cabeza- Eri no lo hará ¡no dirá nada! - Lo miró con profundo rencor- Creí que podría confiar en usted… pero al fin y al cabo parece que le gusta siempre salirse con la suya. ¡Usted no tiene corazón!
- Señorita Higurashi- Le respondió, tratando de mantener la calma, pero se sentía, una vez más, herido- Usted no me conoce.
- ¡Ni deseo conocerlo!
Ella volteó y se marchó de allí dejándolo plantado y disgustado en medio del parque. Sesshomaru respiraba agitado, sentía rabia e impotencia ¿por qué ella no entendía que intentaba hacer pagar a ese maldito? ¿por qué se había alterado de esa manera? ¿y por qué ella lograba que él también se frustrara y enojara por la situación?
Llegó a su habitación de hotel y lanzó el paquete a la cama, pero este cayó al suelo, desarmado. Se paseó con las manos en las caderas de un lado a otro, sofocado y enrabiado, mascullando lo obstinada que era esa mocosa. Y lo tonto que era él pensando en agradarle. Hasta pensó, con rabia y rencor, que bien podría quedarse con Inuyasha si eran igual de torpes e insensatos. Luego de pasearse como un león enjaulado por la habitación, salió otra vez de allí porque sentía que debía disipar esa rabia que esa pequeña mujer siempre le provocaba y no encontraba nada mejor, a falta de barco, salir a cabalgar y alejarse por un momento de ese pueblo.
Inuyasha los había visto en el parque, primero una conversación que fue subiendo de tono, algo que Kagome le entregó a él, luego casi llegaron a los gritos, por primera vez se sorprendió de ver a su hermano tan descompuesto y a Kagome casi perdiendo el control, como lo dejó ahí parado. No sabía que habían acordado un encuentro, ni menos el tema del cual los dos estaban debatiendo tan enojados, pero lo más que le llamó la atención fue ese paquete que Kagome le entregó a su hermano, el cual se había retirado con él a su habitación.
Inuyasha vio por la ventana de su habitación como su hermano salía casi disparado a caballo perdiéndose en el camino. Así que encontró la oportunidad de ir a la alcoba de su medio hermano y entró. Vio el paquete, lo divisó de inmediato en el suelo, junto a la cama. Ya estaba incluso medio abierto, así que se acercó y lo miró. Era una prenda de vestir. Frunció el ceño y luego, casi sin esfuerzo ya que estaba casi completamente fuera del papel que lo envolvía, lo tomó y la estiró. Era una chaqueta de hombre. Una chaqueta de tela muy fina y con un inconfundible aroma que él conocía perfectamente bien. Tenía el olor de Sesshomaru. Sí, la chaqueta era de él. Arrugó más el ceño. La inspeccionó ¿por qué Kagome le entregaría una chaqueta de él mismo? ¿era porque la tenía ella? Eso significaba que en algún momento se la había Sesshomaru entregado. ¿Tanta confianza había ya entre ellos? ¿era eso? Kagome estaba cambiando, lo notaba, lo presentía y tenía miedo de perderla. Y rabia, mucha rabia contra Sesshomaru. Su hermano no le iba a ganar esta vez.
Continuará…
N/A: Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi, la historia sí es mía y por eso hago lo que me place con ella. No autorizo para modificarla ni subirla a otra página.
Muchas gracias a todos quienes me dejaron su comentario, pasamos la barrera de los 100 hace bastante así que aquí me tienen bien contenta y es gracias a su apoyo.
Lady.
