¿De verdad creyeron que se iba acabar asi como así? ¡Pues no! *Inserte risa malvada*

Pero con este capítulo si termino finalmente este fanfiction. Me alegra un montón que ustedes lo hayan podido leer, y les agradezco un montón que hayan revisado mi humilde fic.

Con todo, seguiré trayendoles fanfics de este estilo si lo desean, tengo pensado escribir uno con Francia. Pero tardaré en escribirlos, así que esten pendientes de esto.

Muchas gracias, otra vez.

Disfruten su lectura.


—Italia-kun, Alemania-san y yo quisiéramos hablarle—dijo Japón después de una junta a mediados de Julio.

— ¿Qué ocurre? ¿Hice algo malo?

—No exactamente—contesto Alemania—. Justamente es lo que no estás haciendo lo que nos preocupa.

—No entiendo, ¿olvidé hacer algo?

—No, Italia-kun. Lo que queremos decir es que se lo ve mucho más serio de lo que nos hemos acostumbrado, ya ni se duerme en las juntas, y…

—creemos que si lo haces para darnos gusto o complacernos…

—No sé de qué hablan—dijo Italia sin darle mucha importancia—. Tal vez solo estoy haciendo mi trabajo.

—Entendemos, pero…

— ¡Hey! Qué bueno que los veo a los tres juntos—dijo Romano apareciendo de pronto.

¿A sí? —preguntaron los tres al unísono.

—Sí, nuestro jefe me ha pedido que necesitamos hablar del "proyecto"

¿Proyecto?

—Oh vamos, ese proyecto que iniciamos cuando Vene estaba en reclusión voluntaria el año pasado…—dijo Romano mirando a Alemania y Japón esperando que entendieran el mensaje.

Por fortuna lo captaron—. Romano-san tiene razón debemos continuar con ese proyecto, lo más pronto posible.

—Vene que tal si vas con ellos dos este fin de semana a continuar ese proyecto.

—Pero Romano no tengo ni idea de que proyecto me están hablando, nunca me dijiste nada de eso.

—Perdón seguramente se me olvido, ¿recuerdo que era el turno del macho patatas en poner su casa?

—Sí es verdad.

—Pero Romano—dijo Veneziano apartando a su hermano por unos instantes lejos de sus amigos—No puedes ponerme a cargo de un proyecto del cual no sé nada y mucho menos en la casa de Alemania.

— ¿Y por qué no? Yo me hice cargo de cosas que no tenía ni idea cuando estabas en tu año sabático. Además, este fin de semana estaré ocupado con España por "eso".

—Está bien. Lo haré.

—Perfecto—dijo Romano y dirigiéndose al resto, y guiñándoles el ojo menciono—. Que "trabajen" bien.

Veneziano no tenía ni idea de lo que pasaba, por qué de la nada Romano congeniaba bien con sus amigos, cuando recordaba claramente que en varias ocasiones Romano le había prohibido explícitamente no volverse a juntar con ellos dos; la mayoría durante la segunda guerra mundial pero después también tuvo sus momentos. Luego estaban Alemania y Japón que se habían vuelto más observadores al parecer, que ahora recalcaban pequeños cambios, pero la verdad quién entiende realmente a la gente.

Subió al avión con esos pensamientos el viernes por la mañana, esperando no tener más problemas con ninguno de ellos. Pero su pensamiento se vio truncado cuando unas cuantas horas después, al aterrizar en Berlín, vio que Alemania lo espera en el aeropuerto. Hubiera preferido no causarle problemas e ir en taxi hasta su casa. Alemania lo llevó en su auto dando un gran rodeo por la ciudad, intentando en vano iniciar una conversación.

Cuando finalmente llegaron, Prusia lo recibió con su tradicional euforia, dándole un fuerte abrazo— ¡Italia! Qué alegría tenerte aquí. Ven la cena está lista.

Japón también estaba en el comedor, esperando su llegada. La cena estaba repleta de exquisiteces que Italia no recordaba haber comido en mucho tiempo, disfrutó de la cena, se hablaron de cosas varias, deportes, política, incluso Prusia se aventuró a decir varios chistes; pero Italia no respondía con su usual entusiasmo ni manías, era como sí lo hubieran cambiado por otra persona.

— ¿Cuándo comenzamos con el proyecto? —Dijo Italia ni bien la cena se hubiera acabado.

—Prusia y yo consideramos que debemos empezar mañana—dijo Alemania—. Como ustedes viajaron el día de hoy, deben estar agotados por el viaje, y necesitaran descansar.

—Entiendo, pues en ese caso llamaré a un taxi para ir a un hotel y…

Esa frase no les gustó para nada.

—Italia, qué hotel ni que cosas, te quedarás aquí. Tenemos suficiente espacio—dijo Prusia deteniéndolo en su avance de retirarse de la mesa—Japón dormirá en la habitación de huéspedes, tú y oeste compartirán habitación, y yo tengo mi habitación.

—Pero…

—Nunca hemos tenido problema en estar los dos juntos en un solo lugar—dijo Alemania sonriéndole.

Algo andaba mal, esa afirmación no podía ser cierta cuando recordaba que Alemania manifestaba su disgusto de encontrarlo en su cama en la mañana. Qué era lo que exactamente estaban planeando. Veneziano no se había dado cuenta de que miraba a Alemania con una mirada inquisitoria, por bastante tiempo que hizo intimidar a su amigo, Prusia tragó saliva y encontró una solución.

— ¡Oh, ahora que recuerdo! Austria necesitaba mi asombrosidad para afinar su piano, se suponía que lo vería hoy, seguramente estará molesto conmigo. Será mejor que me vea llegar tarde antes que no asistir.

—Y ya con eso tenemos otra habitación extra que puedes usar.

—Prusia gracias por la oferta, pero mejor estaría en un hotel y…

—Italia-kun, es mejor que nos encontremos los tres en el mismo lugar así no perdemos más tiempo en iniciar con el proyecto mañana.

—De acuerdo, yo dormiré en tu habitación Prusia.

—Listo, solo dame unos minutos saco mi abrigo y es toda para ti…

Austria no se esperaba encontrar a Prusia en la puerta de su casa al anochecer, su intuición paternal lo hizo resignarse y dejarlo entrar. Prusia entró con una sonrisa complaciente, y fue directo al refrigerador para sacar una cerveza.

Alemania acomodó a Italia en la habitación de su hermano, no era un desastre, pero para sus expectativas le faltaba unos cuantos toques, como asegurarse que no se sintiera demasiado calor dentro de la habitación, pero Italia no prestó atención a los detalles colocó su maleta sobre la cómoda de Prusia y empezó a sacar sus implementos de aseo.

—Si necesitaras algo puedes…

—Alemania, gracias, pero no creo necesitar nada.

—como quieras.

Todos se fueron a dormir con la excusa de levantarse temprano para iniciar el proyecto. Alemania espero medio despierto casi toda la noche que Italia se escabullera en su habitación como solía hacerlo. Cuando el reloj marcó las 5 de la mañana, se levantó; ni que decir que su rostro marcaba una profunda desilusión al verse solo en su cama. Como sabía que nadie se levantaría tan temprano podría salir a correr con sus perros y regresar a tiempo para preparar el desayuno. Cuál fue su sorpresa al ver a Veneziano en su cocina.

— ¡Ahem!

—Buenos días Alemania, lamento entrar en la cocina así de golpe, pero…

—Es un pequeño milagro que te levantaras tan temprano, Japón y yo esperábamos que durmieras hasta las 9, por lo menos.

—Dijeron que querían trabajar temprano así que yo…

— ¿quieres salir a correr?

Alemania sujetaba las correas de sus perros, y corría a un buen ritmo por las calles de su vecindario, Italia iba detrás a su propio ritmo, no había quejas de ningún tipo. Llegados a un parque Alemania paró su marcha y esperó a Italia, este llegó a los pocos minutos sudado y faltándole el aire.

—Tomemos un descanso—sugirió el alemán y se encaminó hacia la banca cercana en el parque y se sentó. Sus perros se sentaron a su derecha.

Italia vaciló por unos momentos y se sentó a su lado.

—Veo que estás fuera de práctica.

—Nunca he sido bueno corriendo.

—No, no me refiero a eso—Italia, se estremeció en el asiento—. Creo que estás llevando demasiado lejos en cumplir con los…con nuestros estándares.

— ¿Qué quieres decir? No he dicho y hecho nada.

— ¡Exacto! —dijo Alemania aplaudiendo de alegría de que lo entendiera—. Nos preocupa que ya no te quejes y…

—La verdad no entiendo que tiene eso de malo—dijo Italia parándose colocándose a la defensiva—. Te enojabas si lo hacía y ahora te molesta que no lo haga ¿quién te entiende?

—No me refería a eso Italien.

—Mira Alemania, será mejor que regresemos para acabar ese dichoso proyecto lo más pronto posible.

Italia dio media vuelta y se fue corriendo por el camino de regreso. Japón esperaba en la cocina, y se había atrevido a hacer el desayuno, cuando vio que Italia entraba por la puerta. La cara de Alemania entrando detrás de él le dio a entender que no estaba dando resultado. Era de suponer que el desayuno fue uno de los más silenciosos que sucederían en la historia de estas tres naciones. Luego Italia se ofreció de voluntario para lavar los platos mientras Alemania y Japón preparaban todo para empezar con el "proyecto".

Romano entraba a la casa de España el sábado por la mañana, podía hacerlo sin tocar porque tenía una copia de la llave desde inicios del siglo pasado.

— ¡Romano! —dijo España abrazándolo al verlo entrar en la cocina. Pero España sabía que algo había de malo cuando no recibió un golpe al hacerlo— ¿Qué ocurre?

—España, tenemos que hablar.

Decir que el alma se le fue al piso a España era poco, pero tragando saliva asintió y lo dirigió al pequeño desayunador y España sirvió café y buñuelos.

—Dime—dijo retomando la calma—. ¿De qué quieres hablar conmigo?

—Sé que tú y Veneziano no están en los mejores términos.

—Creo que nunca lo estuvimos.

Romano hizo caso omiso a ese comentario y fue directo al grano—. España, antes de cualquier cosa no quiero que asumas que vine para obligarte a hacer las paces con Vene, ni mucho menos. Eso lo arreglaran ustedes, si es que lo hacen.

— ¿Entonces?

—Vene y yo estamos…—tomo aire, esto era algo vergonzoso para él—. Él y yo estamos asistiendo a terapia.

— ¡Qué bien!

—No, no lo es. Para mí cada sesión es un martirio, que alguien más me diga lo mal que he actuado con mi hermano por siglos es horrible. Pienso que me hace sentir más inútil y culpable de lo que creía.

—Y a Veneziano ¿cómo le va? —Preguntó España con rabia contenida en su voz— ¿bien?

—Siento que Veneziano no está del todo conforme. Ni con la terapia ni con el resultado de su año sabático.

— ¿Qué quieres decir?

—Vene está intentando actuar como todo el mundo hubiera querido que fuera. Ya sabes, serio, fuerte, y no como de verdad es.

—Eso es bueno ¿no?

—No cuando vuelve a Vene más infeliz. He intentado hacerle entender que no importa lo que ellos digan, que ellos son los hipócritas porque obviamente lo quieren tal como es; pero no me escucha.

—Entonces quieres que le ayude a entrar en razón.

— ¿Qué? Ah no, por supuesto que no.

—No entiendo porque me dices esto si no es para eso. Romano exactamente para qué has venido.

—Vine para decirte que…que te agradezco mucho lo que has hecho por mí. El apoyo que me das, de verdad es inmensurable— España se sonrojo—. Y por eso mismo, por todo el cariño que te tengo, quiero pedirte un favor.

—Cualquiera.

—Deja de hacerlo.

— ¿Eh?

—Sé que yo no soy muy trabajador de mi parte, pero correr hacia ti para resguardarme de los problemas no es una solución. Tengo que aprender a resolverlos con Veneziano.

—Me estas pidiendo que te deje de lado.

— ¿qué? No, no. Lo que te pido es que cuando tenga problemas me obligues, bueno no me obligues sino más bien, me recuerdes que es con Veneziano que tengo que resolverlos.

España lanzó un suspiro—. De acuerdo, aunque no me gusta.

—Gracias, ¿ahora qué vas a cocinar para almorzar?

Italia sabía que sus amigos lo estaban engañando, la mañana se había perdido con la excusa del desastre del desayuno y como debía ser limpiado. No había nada que limpiar porque Japón ya lo había hecho. Luego dijeron que era tarde para empezar así que cocinarían el almuerzo, echaron suertes para ver quien cocinaba, Japón fue el elegido e Italia fue el designado como su asistente.

Japón inició la preparación conversando con ambos, Alemania los veía desde el desayunador. Vagos intentos de hacer que Italia conversara y hablara como solía hacerlo antes, muchas veces esperaban que el los interrumpiera todo animado por algún asunto, pero nada, Italia solo se limitó a hacer su trabajo. Cuando terminó pidió permiso para ir hacia su habitación por su teléfono y demás documentos. Alemania le dio permiso, y al oírlo alejarse suspiró rendido.

—No está funcionando.

—Lo sé.

— ¿qué crees que debemos hacer?

—Creo que tengo una idea, pero es bastante ambigua.

— ¡Hagámosla!

Cuando Italia regreso con los documentos la mesa ya estaba puesta y lista para empezar a comer. Él se sentó entre sus dos amigos, ambos habían vuelto a convertirse en los dos amigos serios y estoicos que Italia recordaba. Comenzó a comer en silencio, era un silencio bastante triste, lo único que se escuchaba era el sonido de los cubiertos al chocar y de los vasos ser alzados o depositados en la mesa.

— ¿De qué trata el proyecto específicamente? —preguntó Italia rompiendo finalmente ese desasosiego.

Japón esbozo una pequeña sonrisa, como alguno de los personajes de sus animes. A Alemania le dio un poco de mala espina al percibirlo.

—Italia-kun, para esta fase del proyecto debemos analizar.

— ¿Analizar? ¿Analizar qué?

—Analizar por qué usted se ha vuelto un gruñón.

Italia iba a responder cuando fue interrumpido por Almenia—. Las evidencias son: no tomar su siesta a las 3 pm, seguir las juntas muy juiciosamente, haber reprimido su tic verbal conocido como "ve~"—Alemania se sonrojó al imitarlo—, haber dejado de sonreír y hablar.

—Las evidencias son muy notorias como puede ver Italia-kun.

—Así que este análisis nos deja mucho trabajo por delante—continúo Alemania, haciendo a un lado los platos y sacando varias hojas de papel—. Comencemos por cuando inició esto…

—Mis notas nos llevan a marzo del año pasado, Alemania-san.

—Es verdad con el incidente de las pinturas—Alemania dibujo rápidamente un gráfico donde se veía un decrecimiento en la confianza y felicidad de Veneziano.

Al terminar el gráfico, Alemania lo puso en la mesa para que el aludido lo viera. Japón presentó también otras gráficas mostrando los niveles de amabilidad que Veneziano presentaba antes y después del incidente.

—La conclusión es clara—dijo Japón alzando la mano y sorprendiendo al resto—Italia-kun ha perdido la confianza en nosotros.

— ¡No es verdad! —dijo finalmente Veneziano parándose de su asiento.

—Las evidencias dicen lo contrario—dijo Alemania tomando las gráficas y moviéndolas en el aire como si flotaran.

Veneziano irritado tomó los papeles, y los rompió, los hizo bolita y los tiró al basurero más cercano en un tiró digno de la NBA. Japón aplaudió muy sorprendido.

—Esas gráficas no tienen ningún fundamento.

—Las evidencias presentadas son solo las principales, hay muchas más.

— ¿Cómo cuáles?

Alemania se sonrojó, pero lo tenía que decir—. No haberse introducido en mi cama contra mi voluntad anoche.

—Pero si tu…

—La segunda sería que no ha invadido mi espacio personal con los tan adorados abrazos que tanto espero.

— ¿eh?

Italia no podía creer lo que estaba escuchando, su expresión confusa era algo digno de una fotografía, sin embargo, no era para hacer bromas esto era una última oportunidad para mejorar las cosas definitivamente, era eso o morir en el intento, bueno no morir literal al menos para Alemania porque Japón tenía su fiel katana resguardada en su maleta.

—A ver si entendí—dijo Italia respirando hondamente—. Lo que están haciendo es reclamarme porque he decidido dedicarme a trabajar y a respetar sus espacios personales.

—Bueno, si lo pones de esa manera se ve contradictorio—dijo Alemania mirando a Japón de reojo.

—No obstante, no es un reclamo propiamente dicho sin más bien una llamada de atención.

— ¡Ah! ¿Con qué esas tenemos? —Dijo Italia cruzando los brazos—. Entonces ya que ustedes se han juntado para llamarme la atención, si somos justos e igualitarios, yo podría hacer exactamente lo mismo con ustedes ¿verdad?

—Pues…

Italia no espero respuesta—. Ambos son unos adictos al trabajo, insensibles y extremadamente formales, sin mencionar que se avergüenzan de mí; Alemania eres demasiado espartano no todo tiene que ser sangre, sudor y lágrimas, tu perfeccionismo me abruma, y como odio que confíes ciegamente en tu GPS. Ahora, Japón tu silencio me desespera, tus prácticas suicidas me preocupan, y odio tu distanciamiento.

Italia soltó todo eso soltando un fuerte respiró y colapsando en la silla. Japón le pasó un vaso con agua, lo tomo dubitativo, creyó que lo verían con un enojo terrible en su mirada, pero al fijarse bien ninguno de los dos estaba molesto.

—Es verdad, Italien—dijo Alemania mientras veía como bebía agua—. Soy adicto al trabajo y mi perfeccionismo no me ha permitido ver muchas cosas, pero si hablamos de perfeccionismo tú también lo eres, al menos cuando pintas—dijo sonriendo, digno de una fotografía—. Concuerdo con Italia, Japón, con respecto a tus prácticas suicidas. Sé que es cultural pero también me preocupa.

Contra todo lo que los países europeos estaban acostumbrados nunca nadie ni nada los hubiera preparado para lo siguiente: Japón se puso a reír, reía a carcajadas hasta le salían lágrimas que corrían desesperadas por las mejillas.

Ni que decir que Alemania e Italia se asustaron, el alemán fue por un vaso de agua o algo fuerte para calmar al asiático, mientras el italiano se acercaba a Japón para ver que se trataba, en que podía ayudar; se agachó a su altura y le puso la mano en el hombro para hacerle ver que estaba junto a él. Al hacer esto el japonés reaccionó y empezó a parar de reír, regulando de a poco su respiración. Aceptó sin problemas el vaso de agua de Alemania. Y cuando lo hubo bebido, jaló a ambos países en una especie de abrazo mal organizado.

—Arigatou—dijo en su idioma natal—. Nadie me había dicho que se preocupaba por mí, antes.

Los soltó delicadamente, y los condujo de nuevo a sus asientos, esto todavía no acababa.

—Italia-kun tiene razón en todo lo que me ha dicho. Sin embargo, creo que usted nos oculta demasiados secretos, en todo caso su desconfianza me incomoda. En cambio, Alemania-san es un libro abierto, y, no se ofenda, pero para mí aún es un bebé en términos de tiempo y experiencia. Haber participado en dos guerras no es suficiente para ganar las ojeras de una nación. Siento que lo debo proteger.

El silencio reino, no se sabía si el tiempo se detuvo, si avanzaba rápidamente o si todo era indiferente. Fue Alemania quien, rompiendo el silencio, se levantó de su asiento y se dirigió hacia el refrigerador tomando unas cuantas cervezas las puso en el centro de la mesa.

—Estas son de edición especial, y son de Prusia. Si nadie le dice nada, no se dará cuenta.

— ¿Era esto el proyecto? —preguntó Italia abriendo la botella y sirviéndola en los vasos.

—Sí—dijo Alemania—, pero no fue nuestra idea, Romano comenzó el resto se nos fue ocurriendo durante el día.

—Tiene que entendernos, Italia-kun, ambos estábamos desesperados para que usted recapacitara.

—yo no lo entiendo, ahora estoy cumpliendo con mi trabajo, y estoy respetando sus límites. ¿Por qué entonces quieren que vuelva a como era antes?

—Porque se ve a leguas que no eres feliz con eso—dijo Alemania soltando un gran suspiro—. Japón y yo entendemos que hace un año, cometimos una atrocidad hacia a ti, pero nunca creímos que te causaríamos un daño tal que empezarías a comportarte distinto solo para lastimarnos.

—Esa no era mi intención—dijo Italia bajando la mirada—. Yo de verdad pensé que cambiando ustedes dejarían de avergonzarse.

—Italia-kun, nosotros no nos avergonzamos de usted. Es solo que…

—Por favor Japón seamos honestos, tu jamás me has invitado a ver anime, pero sí lo haces con fratello Francia y con Estados Unidos; y sé que Alemania no puede estar conmigo en las juntas porque piensa que soy una decepción, pero cuando se junta con Suiza o con Bélgica lo pasa realmente bien.

—Italia-kun…

—Italien…

¿eres celoso?

— ¿Y qué si así fuera? — replicó avergonzado—. No me gusta que ustedes solo me saluden y luego se vayan a conversar con otros de cosas que yo también conozco. A veces pienso que no soy lo suficientemente bueno para ustedes y qué soy solo molesto. Por eso decidí cambiar para ser alguien que pueda estar con ustedes, alguien serio y responsable que este a su nivel.

— Italia-kun no es así, los tres tenemos personalidades demasiado diferentes y es normal que nos incomode ciertas cosas de los demás.

—Es verdad que nunca lo hemos hablado hasta ahora, debo decir que fue nuestro error en no hacerte ver lo contrario.

—Usted nos importa mucho—dijo Japón intentando sosegar a la nación mediterránea—, como esperamos que nosotros le importamos a usted.

—Créanme cuando les digo que ustedes son mis mejores amigos. Pero eso no cambia el hecho de que siento que soy solo una burla.

—No, eso no es cierto—dijo Alemania golpeando la mesa para hacer énfasis—. Es verdad que eres muy efusivo, y ambos a veces no sabemos cómo actuaras; pero eso es lo bonito de ti, lo que admiramos de ti. Nos sacas de nuestras zonas de confort y haces que nuestras vidas se llenen de una maravillosa energía que desconocemos y a la vez nos gusta.

—perdón, pero no sé si creerles o no, es decir como sé que todo esto sea verdad si en realidad les importo, por qué ayudaron a destrozar mis pinturas, por qué les costó escribirme con tanto cariño desde el principio.

—Porque somos un par de idiotas, es por eso—dijo Alemania.

Italia no lo creyó, él sabía muy bien el significado de la palabra y la definición no aplicaba para ninguno de los dos sentados enfrente, pero para él la palabra calaba hasta lo más profundo de su alma. Negó varias veces la cabeza y bajo la mirada para evitar llorar. En eso Japón se levantó bruscamente de su asiento y salió de la habitación. Alemania no sabía que había pasado con la nación asiática pero ahora se sentía más solo de lo que estuvo durante la guerra fría. Ya no sabía qué hacer, Italia entendía sus motivos, pero no confiaba en ellos. ¿Qué era lo que podían hacer?

Pero de la nada Japón regresó y en sus manos llevaba algo mediano envuelto en un pañuelo de colores, típico para envolver las cajas de obentos, se lo lanzó a la nación mediterránea. Italia recibió el paquete sorprendido, el asiático lo lanzó con relativa fuerza. Lo desenvolvió y encontró un balón relativamente pequeño, pero muy, muy antiguo.

—Japón esto…

—Si no se ha dado cuenta, Italia-kun, uno de mis más grandes estudios de animación debe su nombre a uno de sus modelos de aviones, sin mencionar que varias de mis obras están basadas en, bueno, usted. Y sé que Alemania-san tendrá otros ejemplos.

—Es verdad—dijo Alemania extendiéndole la cruz de hierro que Italia le había devuelto—Yo aún respeto nuestra promesa.

Ambos objetos tenían un enorme significado y en las manos de Italia pesaban mucho.

—Como dijo Alemania-san, somos un par de idiotas. Entienda que ambos no sabemos expresar nuestros sentimientos, y es por eso que apreciamos su amistad.

—Entendemos también que desconfíes por todo lo que te hemos hecho, esto se ha acumulado y ahora nos presenta un castigo. Pero te somos honestos y sinceros al decir que tenerte como amigo nos complementa.

—Es por eso que le estamos llamando la atención, queremos que vuelva a confiar en nosotros, porque a pesar de que usted nos vea como inalcanzables, nosotros confiamos en usted con nuestra vida. Sabemos que estará ahí para nosotros sea cual sea lo ocurrido.

—Te juramos que de verdad no nos molesta para nada tu forma de ser. Es más, la extrañamos un montón, tanto que nos ves tomar estas medidas para que lo entiendas—dijo Alemania mientras se sentaba de nuevo.

— ¿Seguros que no se arrepentirán después?

No—dijeron ambos con una seriedad decidida que Italia le aseguraba que debía confiar en su palabra.

Italia sonrió después de eso, lo que alegró a sus dos amigos sentados enfrente. Pero se levantó de su asiento y se retiró diciendo un si me disculpan. Japón y Alemania lo siguieron por el pasillo tomando distancia, y se detuvieron cuando el cerró la puerta de la habitación del cuarto de Prusia.

Después de eso la tarde fue ociosa pero deprimente, Japón había asegurado su victoria y había traído varios DVD's con animes y películas que tenía tantas ganas de ver con sus dos amigos. Alemania tenía unos cuantos dulces en su alacena listos para ser comidos que pensó que podría dárselos a Austria si no se dañaban antes. Ambos estaban en lados opuestos de la sala de estar como si hubieran sido puestos en los rincones por ser unos niños mal educados.

Mientras tanto Italia se había encerrado en la habitación con el balón y la cruz en las manos, se sentó en la cama y se puso a pensar. Esto no era una trampa, y leyendo los movimientos y expresiones de ambos comprobó que mostraban su completa sinceridad, sin ningún tono de burla, hipocresía o enojo. Italia por naturaleza no era orgulloso, y ya no quería tener más rencor en su corazón. Se mordió las mejillas por dentro de la boca cuando tensó su mandíbula al momento de reflexionar.

Esto lo sentía tan irreal, tan fuera de lugar. Italia sabía que no era un sueño, pero sí. Acababa de encontrar la pieza que le faltaba para finalmente dejar todo el odio y resentimiento atrás. Sentirse así de apreciado, fue lo único que le faltaba, y no era un simple "sí Italia perdón no lo volveremos hacer"; que viniera de todo corazón de sus dos amigos, diciéndole que no había razón para cambiar, que no había ninguna razón para que él cambiara, que no había nada de malo en su personalidad, que no tenía por qué ajustarse a ellos ni a nadie. Fue lo que finalmente le llenó de alegría el corazón.

Alemania y Japón estaban en las esquinas cuando escucharon que la puerta se abría, con ojos sin ningún rastro de alegría vieron a Italia encaminarse con la pelota aun en sus manos, y la cruz colgándole del cuello. Italia pensó que se encontraría con rostros más serios de lo normal, su miedo del rechazo aún seguía latente. Pero al verlos así se preocupó.

—Ve~—exclamó alegre y lastimero a la vez—. ¿Están así por mi culpa? Lo lamento tanto, no quise…

Pero sus amigos lo callaron con un abrazo, se movieron de su puesto en cuanto escucharon su tic verbal.

—De verdad, no quise…—dijo Italia desbordando todas las lágrimas contenidas por mucho tiempo.

—No, Italien, está bien estabas en tu derecho de no creernos—Alemania apenas podía contener sus propias lágrimas bajo control.

—Después de todo lo que ocurrió era razonable—dijo Japón limpiándose las suyas, pero estas traicioneras continuaban bajando sin piedad.

Después de lo que parecieron segundos el trío de amigos se había separado, y ahora disfrutaban de una pizza italiana mientras veían una maratón de los animes que Japón había traído. No obstante, algo todavía faltaba.

—Ya que finalmente arreglamos las cosas—dijo Alemania tomando un pedazo de pizza—. Deberíamos dejar las pautas bien claras.

— ¿Cómo cuáles? —Preguntó Japón

—Pues no sé, cómo ser más honestos entre nosotros.

—Como cuando dije que odiaba que me dejaran de lado ¿algo así? —dijo Italia mientras masticaba un gran pedazo de pizza.

—Sí, como cuando no me gusta que ambos se metan mucha comida en la boca y parezcan ardillas con las mejillas infladas—dijo Alemania en tono burlón.

Japón e Italia se miraron y pues sí, ambos tenían un aspecto caricaturesco con las mejillas hinchadas de comida. Sonriendo, tragaron toda la comida y se limpiaron la cara con las servilletas que Alemania les había extendió.

—Bueno, parece razonable el decir que odio que me traten como si fuera la nación de menor edad aquí, sabiendo que soy mayor a ustedes con casi 1000 años.

—Y la pelota aquí lo prueba—pensó Italia acariciando la piel de la pelota—. Podemos escribirlo y hacer una especie de voto de amistad.

—Algo formal, y verídico.

—Me gusta mucho la idea—dijo Japón—. Pero con una condición.

¿Cuál?

—Prometamos solemnemente que ninguna persona u objeto nos volverá a separar.

— ¿Qué quieres decir con objeto?

—Como las pinturas de Italia-kun, tuvimos el incidente con ellas y después de un año empezamos a recuperar nuestros lazos.

—Apoyo la moción—dijo Alemania.

—Está bien, tal vez sobre exageré un poco, pero deben entenderme nunca nadie me había dado una crítica tan fuerte.

— ¡Es que no fue una crítica! —Dijo Alemania—. Nunca te lo dijimos, pero más vale que lo sepas la razón por la que se destruyeron tus pinturas fue porque…

Pero Italia le tapó la boca deteniéndolo—. Ya quedo atrás, sea lo que sea que haya sido mejor no quiero enterarme, me quedo con la explicación de que fue un extraño accidente—. Luego dirigiendo a Japón se atrevió a preguntar—. ¿Y cuándo te refieres a persona, qué quieres decir?

—Oh, bueno los tres hemos estado solteros por varios siglos, y Kamisama no lo permita podríamos enamorarnos de alguien, si perdiéramos la cabeza nos alejaríamos entre nosotros.

—Ve~ eso como que no me gusta—dijo Italia un poco preocupado—. Pero no dejaría que alguien se interponga entre nosotros.

—Y hablando justamente de eso…—dijo Alemania en tono serio y gutural—. ¿Quién es Beatriz?

— ¿Be- Ve~? —dijo Italia casi atragantándose—. No, no tengo idea de quien hablan.

Las otras dos naciones no se lo creyeron y se acercaron con miradas matadoras.

—Francia y Austria me dicen que la conoces muy, pero muy bien.

—Grecia-san y Turquía-san dicen que es de esas amigas esculturales tipo Venus de Milo.

—Ah, pero miren la hora, que tarde y tenemos que viajar mañana es mejor que vayamos a dormir…

Italia se levantó del asiento y huyó por el pasillo.

— ¡Italien, ya estas violando el compromiso, ven aquí!

—Italia-kun, tenemos que saber, debe darnos los detalles.

Italia corrió toda la noche por toda la casa para no contar su hermosa experiencia con Beatriz. Cuando Prusia volvió a casa el domingo por la mañana, los encontró a los tres en el piso de la sala de estar, profundamente dormidos. Con una sonrisa de oreja a oreja se fue a la cocina por una de sus cervezas especiales, pero cuando las vio vacías regresó a la sala, y ya no había nadie. Los buscó por toda la casa.

Prusia pasó así su domingo persiguiendo a su hermano y a sus amigos como tres niños pequeños que habían hecho una travesura, sin embargo, nunca vio el documento en la mesa del café que tenía tres firmas.