26 DE MAYO DE 2013. 03:14 A.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. BAKER STREET. DEPARTAMENTO 221. CUARTO DE SOPHIA H. (9 DÍAS DESPUÉS)
Sophia Hayle se abre paso por su habitación más dormida que despierta. Había dormido una hora cuando los golpes empezaron a serenar la madrugada. Su primer instinto fue preocuparse por Charlie para luego recordar que regresó a casa de sus padres, así que volvió a acomodarse en su cama. Ella sabe que es el rubio batallando sus demonios a través de la bolsa de boxeo, pero algo en la excesiva agresividad en los golpes la inquieta.
Cualquier otra persona sabría que es Steve ejercitándose y hubiera vuelto a dormir, pero la razón por la que ella se ha mantenido viva tanto tiempo es porque no deja nada a la suerte. Armada con el cuchillo con el que duerme, uno de los que le regaló Steve, se levanta a revisar que todo este en orden.
Una vez que llega a la puerta donde está colgado la bolsa de boxeo duda. Quizás sólo estás exagerando, vuelve a dormir, le aconseja la parte racional de su cabeza. No es la primera vez que la despiertan golpes, es su culpa por asociarlos directamente con un ataque.
Está a punto de darse la vuelta cuando los golpes aceleran a un ritmo frenético, ella manda su juicio al demonio e irrumpe al cuarto. Esperando encontrar un enemigo levanta su cuchillo a posición de ataque, pero falla en mirar el piso y se tropieza con la pequeña gatita que se encontraba dormida en la entrada.
Watson Jr le gruñe antes de salir corriendo del cuarto. Sophia bufa analizando cada centímetro del cuarto en busca de amenazas, pero lo único que encuentra es al soldado completamente inmerso en su mente y golpeando el saco con desenfreno.
– Rogers, son las 3 de la mañana – gime frotando sus ojos.
El soldado no parece escuchar ni una palabra.
– Rogers – repite la chica viendo como es ignorada – ¡Rogers! – grita.
Sin embargo, este parece seguir inmerso en su mundo interior. Holmes se queda unos segundos sin saber como proceder. Por una parte, sabe que debería ayudar al rubio, por la otra, sabe que esta es su manera de sacar la presión y que le gusta hacerlo solo. Suspira rendida y decide hablar con él en la mañana, cuando se encuentre más tranquilo y haya liberado su estrés.
No termina de dar dos pasos cuando los golpes del rubio se aceleran aún más. Se da la vuelta por instinto y encuentra que la bolsa está a punto de romperse por la fricción de los golpes.
– Steve – Sophia chilla tomando el hombro del soldado.
En menos de un segundo el soldado la aprisiona contra la pared manteniendo una mano en su hombro y otra a lado de su cabeza. Sophia abre la boca para gritarle, pero encuentra en la mirada del ojiazul una ira tan hipnótica que la deja paralizada.
La mente del Capitán se encuentra en un revoltijo. Pasado y presente se mezclan en una extraña combinación de caras y sonidos que lo persiguen desde sus pesadillas. Enfoca su mirada en la persona que tiene enfrente y por un instante no sabe si es nazi, alíen o cualquier otro enemigo.
Lo que lo trae devuelta a la realidad no es el dolor pulsante en su abdomen bajo, producido por un pequeño corte del cuchillo de la castaña. Sino, la mirada en sus ojos verdes. Ha visto tantas emociones en esos ojos, pero nunca el miedo en el que ahora están consumidos.
Sin embargo, aún cuando la reconoce no suelta su posición.
– ¿Qué? – pregunta con rudeza.
– Yo... – empieza la chica aún hipnotizada.
La última vez que vio una ira parecida fue cuando el rubio molía a golpes al tipo que intentó lastimarla, ese momento fue impactante pero no se compara a ser objeto de la mirada. Así que para evitarla desvía la vista hacia el suelo.
– Oh, Dios. Estas herido – chilla soltando el cuchillo mientras intenta revisar el corte – Lo siento, lo siento – repite frenéticamente.
Ser básicamente lanzada a la pared no es algo que esperaba del Capitán. Sin embargo, su memoria corporal e instinto reaccionó antes que su razón, causando que lastimara su "atacante" antes de que se diera cuenta de ello.
– Estoy bien – afirma Steve quitándose del contacto de Sophia.
– Claramente – responde con sarcasmo – Por lo menos déjame revistarte... –
– No. También me curo rápido – interrumpe secamente.
Ignora el corte de su abdomen y regresa a su tarea de golpear el saco. A pesar de que ha vuelto al presente las voces de su pasado siguen resonando en su mente.
– ¿Quieres de hablar de... lo que sea que esta pasando? No pareces muy estable – pregunta insegura la chica luego de unos segundos.
– Dije que estoy bien – dice cortante.
Él suspira, buscando una escusa para sacarla del cuarto. Su ira, culpa y frustración lo consumen, sabe que puede hacerle daño si ella continua cerca.
Ella suspira, tratando de idear como ayudarlo. Todo el tiempo que el la ha apoyado, todos los cigarrillos compartidos, las palabras de aliento y no se le ocurre ninguna manera de calmarlo.
– No tienes que hacerte el fuerte, sé que algo te molesta– dice Holmes rompiendo el silencio – Tienes las pupilas dilatadas, la barbilla firmemente apretada y puedo ver tu pulso acelerado a través de la vena de tu cuello. Es claro que no está acelerado por el ejercicio –
Conforme los va mencionando los golpes de Steve pierden fuerza hasta que se detienen completamente.
– Dije que estoy bien – dice con voz queda, pero firme aún dándole la espalda.
– Puedes tomar un té de 12 flores, se supone que reduce el ritmo cardiaco y te haría mucho más racional. Por tu organismo tendrías que tomar una porción mayor. Creo que 2.4 porciones serían suficientes – continua ella.
– ¡No soy un maldito problema que tienes que analizar y resolver! – estalla el rubio encarándola.
– Sólo estoy tratando de ayudarte – replica molesta la chica.
– No necesito ayuda – objeta Steve.
Luego gruñe para rodear a Holmes y salir hecho una furia de la habitación. A los pocos segundos se escucha como la puerta de la entrada se cierra de un portazo.
El rubio baja corriendo hasta el sótano donde su confiable moto espera. Se sube a ella esperando que un paseo le permita sentir alguna sensación de escape.
Necesita un solo momento donde no sea visto como el Chico Dorado de América, un maldito momento donde pueda volverse a sentir humano. No es un Chico Dorado, no se va a convertir en uno por más que la gente lo haya idolatrado.
El sacrificio de un Chico Dorado valdría más que perder su tiempo y a todos lo que ama para ser envuelto en un ciclo de enemigos y guerras interminables. Un Chico Dorado no habría dejado a la mujer que ama porque era demasiado cobarde para decir algo antes. Un verdadero Chico Dorado no habría visto a su mejor amigo morir sin poder hacer nada al respecto.
Un Chico Dorado no trabajaría en una institución probablemente corrupta.
Acelera su moto tratando de huir de esos pensamientos. A pesar de la hora, las calles de la ciudad tienen un número considerable de coches, pero hace su camino esquivándolos rápidamente. Por un segundo esto funciona para despejar su mente, luego es alcanzados por pensamientos mucho más terroríficos.
Esta vivo.
Esta vivo cuando muchos otros no lo están. Mierda, esta vivo cuando no debería ni siquiera estarlo. Y lo peor, ni siquiera está viviendo, solo pasa los días y va a misiones con la estúpida esperanza de sentirse más útil.
El Doctor Erskine estaría decepcionado viendo como terminó el buen hombre en el que tanto creía, Bucky y Peggy estarían igual de decepcionados, reflexiona. Joder, incluso mis padres estarían decepcionados. Ambos murieron dando su vida ayudando a otros, y aquí estoy... quejándome por seguir vivo.
22 DE MAYO DE 2013. 06:02 A.M. BROOKLYN. TORRE DE DEPARTAMENTOS. BAKER STREET. DEPARTAMENTO 221. COCINA.
Muevo mis dedos nerviosamente sobre mi collar viendo avanzar las manecillas del reloj. No pude dormir, primero fue por lo molestia de que me hubiera gritado, luego la ira dio paso a la preocupación y con cada hora no hizo más que crecer. Nadie sabe mejor que yo el tipo de malas decisiones que puedes tomar cuando estas alterado.
Cerca de las 5 me senté en la mesa de la cocina con la silla mirando a la entrada, desde entonces no me he movido. Luego de pisarla accidentalmente, Watson se ha quedado a una distancia segura, parece que aún no confía en mí. Bueno, no es la única. Todo este tiempo he estado preguntándome si puedo confiar en Steve, quizás con eso lo he alejado de mí.
[Quizás todo esto es su estrategia. Quizás va a traicionarte], sisea la voz de mi cabeza aprovechando mi momento de debilidad.
Gruño removiendo mi cabello para tratar de acabar las voces. La puerta de la entrada se abre alertándonos a Watson y a mí, está corre paseándose entre las piernas del rubio. Me levanto por reflejo con el alivio embriagándome por verlo sano y salvo, pero me detengo al notar su semblante sombrío.
Su rostro se suaviza cuando se agacha para acariciar la pequeña cabeza pelirroja de la gatita. Se levanta lentamente, bajo mi atenta mirada se acerca hasta quedar a un metro de distancia.
– Lo siento, intentabas ayudarme y yo te grite – se disculpa – No... Mmm no estoy acostumbrado a dejar que los demás me vean alterado o que me ayuden – agrega con dificultad.
Sus hombros caídos y la forma en que evita mi mirada me dan claros indicadores de culpa. Cuando estudio su cara no hay nada que suponga una mentira. Además, recuerdo lo incómodo que se puso luego que lo vi llorar en aquel bar de Londres.
– Esta bien, bueno no esta bien, pero entiendes a que me refiero. Me has apoyado luego de que te he gritado, que clase de amiga sería si no hiciera lo mismo – digo con una pequeña sonrisa – Aparte no serías la primera persona que me agrada y me hace daño físico – agrego en un intento de consolarlo.
– ¿Qué? ¡Eso no esta bien! – reacciona al instante buscando mis ojos.
– ¡Hey, estamos hablando de tus rasgos negativos! – grito a la defensiva.
Ya no puedo tratar de animarlo porque al parecer todas mis historias parecen denotar mi falta de "interés por mi bienestar".
– Y tranquilo. Me refiero cuando entreno con Joey o Clint, incluso cuando bailo un movimiento incorrecto puede terminar con tu pie en la cara de alguien. Y si mal no recuerdo tu dejaste caer unas pesas sobre mí, y un edificio – explico tratando de poner humor a la tensión del cuarto.
– Lo siento – balbucea.
– No hay problema, ya esta superado. Además, tengo la sensación de que no vas a dejar caer más edificios sobre mí – agrego sentándome en la silla.
– No, claro que no. Es sólo... Me molesta que me trates como un experimento científico – explica con dificultad y lo miro confundida – Tienes las pupilas dilatadas, el té de 12 flores reducirá tu ritmo cardiaco – explica imitando mi voz.
Ahora es mi momento de bajar la cabeza avergonzada.
Un doctorado de psiquiatría de Harvard no me sirvió de nada. No había visto tanta ira en una persona, excepto cuando me veo en el espejo. Todos los métodos que uso para ayudar a gente de SHIELD no se pueden aplicar a soldados perdidos en otro tiempo, y los métodos que yo ocupo realmente no son los mejores, o los más sanos.
– Eres una de las pocas personas que realmente me trata como humano. No cómo un mítico Capitán de hace 70 años o como un súper soldado que básicamente es Dios – continúa hablando seriamente mientras se acomoda en una silla frente a la mía.
– Eso es humilde – bufo – Pero, entiendo tu punto – agrego cuando me fulmina con la mirada – Lo siento, cuando no sé como reaccionar hago una broma o digo algo científico. Supuse que la broma no era apropiada en ese momento –
Él suelta un sonoro suspiro pasando las manos por su cabello.
– Tu no puedes apoyar como una persona normal y yo no puedo expresar mis preocupaciones. Vaya par hacemos – suelta con voz cansada.
– Por lo menos no somos aburridos – intento bromear.
Para mi sorpresa una pequeña sonrisa aparece en la boca del rubio. Con esto los músculos que ni siquiera sabía que estaban tensos se relajan. Nos quedamos unos segundos en silencio disfrutando una relativa tranquilidad.
Tranquilidad estoy segura voy a romper.
– Sé que no quieres ir a terapia psicológica – inicio recargando mis brazos en la mesa.
– Holmes – dice como advertencia.
Cruza los brazos y su mandíbula se tensa en anticipación una pelea. En lugar de disuadirme, me irrita, así que ruedo los ojos. Sigo sin entender porque insiste en usar su tono autoritario en mí, nunca ha funcionado para intimidarme.
[Entonces, debería apresarte en la pared otra vez], sisea la voz de mi cabeza.
Cállate.
– No voy a obligarte, se que llevarte sería inútil si no quieres – afirmo rápidamente para evitar que tanto el rubio como mi cabeza hablen – Aunque, deberías seguir algunas de sus recomendaciones – intento.
Al instante soy objeto de su mirada de muerte. Siento la necesidad de gritarle y afirmar que la terapia en realidad va a ayudarle. Luego recuerdo que viene de una época dónde atender tu salud mental sólo era sinónimo de encerrarte en un loquero con una camisa de fuerza. Además, como ya lo dijo, la gente lo considera más un Dios que un mero humano y al parecer, un Dios no puede ser visto con un psicólogo.
– Okay, sólo una. Podrías decorar un poco el lugar como terapia – sugiero.
– No, gracias – responde secamente, ni siquiera se mueve de su posición.
– Créeme, entiendo el minimalismo del ejército. Pero viviste con Tony como un año y tu cuarto estaba igual decorado que el de ahora – argumento.
– No necesito tantas cosas – se encoje de hombros.
– Podrías comprar algo para Watson Jr – propongo mirando como la gatita se pasea entre las piernas del soldado.
Él enarca una ceja con burla. Charlie cumplió su palabra y se hizo cargo de comprar todo lo necesario para un gato, incluido camas, comida y juguetes. La verdad me enorgulleció ver como investigó y se aseguró de comprar las mejores cosas.
– Vamos espero que decores un poco el lugar. Dentro de 10 años, cuando ya estés casado y tengas hijos, puedes usar este como tu hogar – lo animo dedicándole una sonrisa amable.
– ¿Y tú donde estarás en ese futuro? – pregunta con desdén.
– Si sigo viva... –
– ¿Si sigues viva? – interrumpe alarmado.
– No te hagas el sorprendido, mi trabajo es peligroso – respondo quitándole importancia. Aún si mi trabajo no me mata, mi falla de órganos puede hacerlo – En fin, seré la tía Sophie que les da regalos y les cuenta historias de su padre. Como la vez que me dejo caer un edificio encima – continúo con humor.
– Creí que ya lo habíamos superado – suspira cubriendo su cara.
– Nosotros sí, pero tus hijos aún no – le sonrío traviesamente – Tienes que comprar cosas simplemente porque te hacen feliz – agrego cambiando mi tono a uno más suave.
Reflexiona unos segundos la idea mientras se remueve en la silla para adoptar una posición más relajada.
– No todos somos millonarios para derrochar dinero – alega frunciendo el ceño.
– Yo podría... – intento.
– No quiero que tú me lo compres. Ya me regalaste este departamento – me interrumpe firmemente.
– Bien, solo vamos al Centro Comercial. Ni siquiera tienes que comprar algo que no te guste. De hecho, iría en contra de todo el propósito – murmuro la última parte – Tienes que encontrar las pequeñas cosas que te hagan feliz, que no sea entrenar incansablemente o dibujar a todos a tu alrededor –
Lo miro expectante, pero encuentro mi respuesta en su mirada aburrida.
– Vamos, Steve. Disfruta un poco, a veces la vida es más que sobrevivir – suspiro desesperada.
Al instante me mira sorprendido. Sé que he dado en el clavo, quizás no pude ayudarlo en la madrugada, pero creo que puedo ayudarlo ahora. Muchos veteranos de guerra tienen el mismo problema. Han olvidado que pueden disfrutar la vida y no sólo sobrevivirla.
– No quiero – reniega. Sin embargo, en sus ojos puedo ver la indecisión, para convencerlo sólo tengo que presionarlo un poco más.
– Mira no me he drogado desde hace un mes ... –
– Estuviste bajo la influencia de Morfina – reprocha inmediatamente mientras sus facciones se endurecen.
– Eso fue tu culpa – respondo a la defensiva – Aunque lo agradezco. Mi punto es que has hecho un impacto positivo en mi vida. Deja devolverte el favor, déjame ayudarte un poco –
– Por que haga algo bueno por ti no significa que tienes que hacer algo bueno por mi – gruñe haciendo afán de levantarse.
– Lo hago porque lo mereces. Eres un buen hombre – afirmo tomando su mano y mirándolo directamente a los ojos.
– Un buen hombre no te hubiera aventado a la pared – su mirada se oscurece.
– Estabas teniendo un ataque – respondo y me mira sorprendido – No todos los ataques son hiperventilarse, gritar y llorar. Aparte, lo primero que hiciste cuando regresaste fue reconocer tu error y disculparte, no muchas personas lo hubieran hecho – insisto.
– No siempre soy un buen hombre – empieza bajando la mirada.
– Y yo no siempre soy una bestia que aniquila hombres – interrumpo apretando su mano – Has hecho tu trabajo de mantenerme anclada a luz, con un par de viajes a mi lado oscuro. Déjame ayudarte a aceptar tu oscuridad –
Nuestros ojos se encuentran. En lo suyos puedo ver toda sus dudas e inseguridades, así que intento trasmitirle seguridad y apoyo con los míos.
– De acuerdo – suspira rindiéndose.
– Bien, primero debes disfrutar el lado de la luz un poco – digo conteniendo la necesidad de saltar emocionada.
26 DE MAYO DE 2013. 08:02 A.M. NUEVA YORK, THE FULTON CENTER. ENTRADA PRINCIPAL (2 HORAS DESPUÉS)
Luego de nuestra conversación nos dimos un tiempo para arreglarnos y no parecer 2 vagabundos que no durmieron nada, y Steve trata su herida, aunque no me deja acercarme a ella. Aparte él oculta su rostro de los miles de ojos de SHIELD con una gorra y yo con unos lentes que hacen que mi imagen se vea borrosa en un video o foto.
Después, como es usual en nuestra relación, discutimos un largo tiempo sobre algo estúpido, que en este caso fue cómo llegar al Centro Comercial.
Rogers quería ir en su cacharro de la muerte, o como el lo llama, su preciada moto. Yo me negué rotundamente porque un viaje en moto es suficiente para una vida. Finalmente, lo convencí argumentando que no podíamos guardar las bolsas de lo que compremos en su moto. Ya que ninguno tiene propiamente un auto y ya no tenemos a disposición los de Tony, tomamos un taxi.
Al llegar al centro comercial miro a mi alrededor con interés. En parte para analizar cada centímetro y asegurarme que no hay peligro, y en parte porque estoy disfrutando mi primera salida a un centro comercial en mucho tiempo. Todo lo suelo comprar en línea, y realmente no salgo para convivir con nadie excepto Charlie.
Suspiro suavemente disfrutando el aire fresco y uno de los pocos momentos donde no me molesta compartir mi espacio con otras personas. Sé que en un par de horas voy a estar desesperada por querer estar sola, pero por ahora todo marcha bien.
Me encaro al rubio para asegurarme que este tranquilo y me encuentro con su mirada escudriñándome.
– ¿Qué? – cuestiono luego que no aparta su vista por varios segundos.
– Estas usando ropa – dice Steve asombrado
– Claro que estoy... Mierda, ¿alguna vez me has visto sin ropa? – pregunto alarmada.
Sí, soy distraída cuando me concentro y me abstraigo de la realidad. Pero nunca esperé que pasará algo así. Uso demasiadas capas de ropa justo para evitar este problema.
– No, no. Me refiero que tienes ropa común. No estas completamente arreglada o con ropa de SHIELD o ropa deportiva – dice frenéticamente sonrojándose.
– Oh, si – me encojo de hombros quitándole importancia.
Puede que no me haya visto desnuda, pero sí me ha visto usando muy poca ropa y en un par de ocasiones, usando ropa interior color nude que casi le dan un paro cardíaco.
Debí haber comprado un departamento con dos baños, me lamento mentalmente.
Seguimos caminando y luego de unos benditos segundos en los que su rostro continúa rojo y mantiene la mirada baja, regresa a estudiarme atentamente. Si no me incomodara su mirada le diría que sus ojos azules resaltan cuando se sonroja.
– También eres bastante pálida – reflexiona.
– Que amable – respondo sarcástica – ¿Es el día de notar que tu compañera tiene características humanas? – agrego burlona cuando no deja de estudiarme.
– Es que en verdad eres muy pálida – murmura tomando mi brazo.
Nos detenemos mientras él lo estudia, la gente a nuestro alrededor nos rodea poniéndonos poca atención, pero sé que eso va a durar poco en Nueva York. Así que le dedico una mirada de muerte a Rogers hasta que capta la indirecta y suelta mi brazo murmurando disculpas entre dientes.
– No salgo mucho – digo secamente mientras retomo nuestro camino – Sólo salgo cuando hago misiones – me encojo de hombros para quitarle importancia.
– Yo me bronceo en misiones – argumenta siguiéndome.
– Por supuesto, tu eres un personaje público. La gente quiere verte, saber que estás ahí para protegerlos. Yo me encargo de las cosas que nadie puede lidiar, así que no veo la luz muy seguido – explico con media sonrisa burlona.
Seguimos caminando, pero a los pocos segundos vuelvo a ser el objeto de estudio del soldado.
– No me importa que este tratando de animarte, si me sigues viendo así voy a golpearte – amenazo sin despegar la vista del camino.
– Lo siento – se disculpa por fin apartando la mirada – Sé que no te va a gustar... pero, pareces alguien casi normal con esa ropa – continúa hablando con suavidad.
Ruedo los ojos. Aunque es cierto, hoy hice un especial esfuerzo en parecer alguien decente, determiné que ver a alguien que se ve tan de la mierda no iba a ayudar a Steve a sentirse mejor. Aunque olvidé que no suele reconocerme cuando me arreglo, por lo menos lo ayudó a distraerse un poco.
– Bien, ¿dónde quieres empezar? – empiezo tratando de desviar la atención.
Él se encoge de hombros mirando con desdén a su alrededor, hemos llegado al centro del lugar y nuestro alrededor esta lleno de gente caminando con un montón de bolsas. Sin embargo, se ve tan tenso como cuando habla con una mujer desconocida. Es claro que no ha pasado demasiado tiempo en estos lugares.
– Vamos a hacer un par de recados y vemos que quieres en el proceso – propongo.
– O sea, solo querías venir a comprar cosas – protesta.
– No seas pesado, es algo que los dos necesitamos – repongo mientras le doy un golpe amistoso en el brazo.
– ¿Salud mental? – cuestiona enarcando una ceja.
– No seas idiota. Si eso se pudiera comprar, Tony lo hubiera comprado hace años – digo seriamente causando que sonría por segunda vez en el día.
Lo conduzco a una tienda de electrónicos en los que elijo un par de cámaras de seguridad con circuito cerrado, aparte de unos aparatos que nos van a ayudar que no sean hackeadas. Dado mi paranoia, tardo un poco en elegir los correctos para proteger el departamento que compartimos, lo cual irrita al rubio.
Generalmente cuando salimos a algún lugar Steve me sigue como un Golden Retriever perdido, esta vez me sigue como un niño pequeño que acompaña a su madre a comprar cosas en contra de su voluntad. Ahora que lo pienso eso es bastante preciso.
Finalmente, llevo todo mi botín de seguridad para la caja para pagar.
– Bien, necesitamos ir a la otra tienda por los detectores de movimiento – anuncio saludando a la cajera con una pequeña sonrisa y pagando con efectivo, para no dejar pruebas que estuvimos aquí hoy.
Steve está atrás de mi, pero por la cornisa de mi ojo lo veo pasarse la mano por la cara en un gesto irritado.
– Ugg – gruñe.
– Nada de ugg, señorito. Yo tuve que aguantar todas tus restricciones cuando pasó lo de mis riñones. Esta es mi venganza – regaño recogiendo mi cambio.
– Perdón por tratar de mantenerte con vida – refunfuña.
– Perdón por tratar de mantenerte cuerdo – replico para luego sacarle la lengua. Me devuelve el gesto y nos enfrascamos en una batalla de miradas.
La cajera tose falsamente para llamar nuestra atención. Ambos volteamos para disculparnos, pero la encontramos mirándonos con una pequeña sonrisa. Bueno, creo que es la única persona que encuentra divertidas nuestras peleas.
– ¿No hay nada que necesites? – pregunto cuando salimos de la 3º tienda de electrónicos con todo lo necesario para poner un límite de seguridad y monitoreo.
Steve simplemente niega la cabeza con indiferencia.
– ¿Algo que quieras? ¿Otra chaqueta, un pantalón, una camisa? ¿Calcetas?... ¿Boxers? –
– ¿Vas a nombrar todas las prendas? – inquiere irritado.
– Si es necesario – respondo desafiante.
Me mira de soslayo, mantengo su mirada hasta que por fin se rinde con un suspiro.
– Unos calcetines no estarían mal – murmura.
– Con eso me conformo – respondo con entusiasmo arrastrándolo a la tienda de ropa más cercana antes de que cambie de opinión.
Terminamos en una tienda de ropa en el 2º piso que tiene una enorme colección de calcetines. Steve se dirige a la zona dónde están los genéricos de colores oscuros. De vez en cuando se disocia mirando el vacío, así que trato de regresarlo a la realidad entregándole varios calcetines con diseños extravagantes, como unicornios, pandas y uno de gatos.
– Compra algo divertido – gimo cuando rechaza uno con dibujos de aguacates – A menos que vayas a comprar esos – me burlo señalando unos calcetines con la bandera de Estados Unidos.
Una chispa de travesura se enciende en su mirada mientras los toma.
– Me gustan – afirma poniéndolos junto a los 2 calcetines que ha decidido comprar.
– ¿Enserio? ¿No es suficiente vestirte de bandera constantemente? – suelto.
– Se ven... Patrióticos – afirma sacando el pecho y adoptando una pose "heroica".
Sólo se queda unos segundos porque los dos rompemos a carcajadas, despertando un par de miradas de los demás clientes.
Para mi sorpresa acepta mi sugerencia de recorrer la tienda antes de pagar. Aunque evita deliberadamente la zona con mercancía de los Vengadores. Yo también paso de largo recordando que me vio usando una playera con su escudo.
Creo que eso es peor que verme en ropa interior.
Casi me estrello contra él cuando se para a mirar una chaqueta. Me trago la protesta porque el rubio parece realmente interesado en comprar algo más que calcetines... y porque yo estaba distraída. Steve se concentra en comparar distintas chaquetas, así que me entretengo viendo diseños de playeras, lo suficiente cerca para hacerle bromas o comentarios cuando comienza a disociarse.
Mis sentidos se alertan al instante cuando la misma chica pasa por tercera vez cerca de nosotros. A simple vista no parece un peligro, pero yo tampoco lo parezco. Me detengo un momento a analizarla a fondo, pequeña, rubia, trabaja en una empresa de comunicación, tiene dos perros, probablemente vegana...
Y nos esta viendo porque esta interesada en Steve.
– Pst, Steve, pst – lo llamo acercándome.
Se da vuelta dándole la espalda a la chica rubia. Su cuerpo se encuentra tenso en un nerviosismo poco común, lo que sólo puede significar que ya notó la atención de la chica.
– Habla con ella – propongo en voz baja.
– ¿Qué? – chilla sonrojándose.
– Definitivamente está interesada en ti. Es una chica en la zona de hombres – explico entre susurros.
– Tu estas aquí –
– Yo te estoy acompañando. Aparte no te ha quitado la mirada en los últimos minutos – le sonrió sugestivamente.
– ¿No estamos para alegrarme?, hablar con ella sólo me pondrá nervioso – alega poniéndose más rojo.
– Vamos, prometí conseguirte novia – le recuerdo.
Ignora mi comentario y regresa inspeccionar la ropa. Comienzo a insistirle en voz baja, aunque principalmente lo hago para distraerlo. La chica rubia parece entender que hablamos de ella y se pasea más cerca de nosotros.
– Bien – explota finalmente el rubio – lo haré luego de probarme esto – dice tomando una de las chaquetas y caminando a los probadores.
No menciono que se puede probar una chamarra aquí porque sé que necesita un poco de espacio. Me vuelvo a seguir revisando las playeras cuando la rubia pasa a mi lado dedicándome una pequeña sonrisa de agradecimiento, al parecer entendió que yo estoy a su favor. Me aburro de la ropa y analizo todas las posibles salidas para evitar un escape del soldado.
Luego algo pasa.
Hay un pequeño cambio en el ambiente, imperceptible para alguien que no busca cualquier señal de peligro, pero todo se siente ligeramente más tenso. Estudio mi alrededor preparándome para un ataque. Cinco hombres se dispersan por la tienda, demasiado grandes y uniformados para ser casual. Miran a su alrededor con una desconfianza igual a la mía y no es hasta que distingo la cara de uno que los reconozco.
Son guardaespaldas de alto perfil.
Guardaespaldas del círculo social de mi hermana.
Mierda.
Ideas de escape pasan por mi cabeza y ya voy camino a la puerta cuando recuerdo a cierto soldado en los cambiadores. Trato de crear un plan, pero sé que no tengo tiempo cuando un grupo de mujeres demasiado arregladas para ir de compras se plantan en la entrada. Así que hago lo mejor que se me ocurre.
– Holmes, no tienes que obligarme a salir. No soy un crio – gruñe Steve cuando me ve entrar en su cubículo.
No lo dudo, porque todo su lenguaje corporal me indica que estaba a punto de salir.
– Cambio de planes. Nos quedamos aquí – sentencio cerrando la puerta detrás de mi.
– ¿Qué hiciste ahí afuera? – pregunta con desconfianza.
– Nada – exclamo – En serio nada – insisto cuando me mira incrédulo.
Le explico entre susurros que personas que me conocen están afuera y que encontrarme con ellas sólo terminará en fotos de la prensa, aparte si lo ven conmigo van a asumir que somos pareja lo van a publicar como tal y esos rumores van a llegar a SHIELD antes de que podamos sofocarlos. Y definitivamente no tenemos una escusa de porque estábamos juntos en una tienda de ropa si se supone que nos odiamos.
Fue estúpido de mi parte volver por el en lugar de simplemente irme y mandarle un mensaje. Aunque había un 60% de probabilidades que ellas aún me vieran y me mantuvieran en la tienda cuando Steve saliera del cambiador, y sé perfectamente que sus habilidades para actuar son nulas.
– Las esposas de políticos son un grupo de tiburones desesperados por encontrar sangre en cualquier persona, y explotar esa sangre a su beneficio – explico con repulsión.
Ellas pueden ver este gigante Golden Retriever y usarlo a su beneficio, como decirle a mi hermana y usarlo como amenaza. Definitivamente ella le diría a nuestro padre, y él usaría esto a su beneficio sin el más mínimo miramiento. Para mañana ya seriamos la pareja oficial de América, lo que aparte de falso, alertaría a nuestros enemigos dentro de SHIELD que estamos unidos.
– Ellas solo vendrían a un lugar así para obtener publicidad que son "normales". Si no quieres ser perseguido los próximos meses por paparazzi nos vamos a quedar aquí – ordeno.
Preparo mi cabeza con un centenar de razones para que me haga caso, pero simplemente asiente con la cabeza.
– De acuerdo, nos quedaremos aquí – dice sentándose en el banco donde estaban sus cosas.
– ¿Así de fácil? – pregunto extrañada –¿Desde cuando me haces caso? –
– Sólo aparece tu acento británico cuando estás muy alterada y estas hablando con él – explica con obviedad.
Asiento, pensativa. Ni siquiera me había dado cuenta de que cuando me preocupa algo también tengo acento británico. Bueno, la verdad no suelo hablar con otras personas cuando estoy verdaderamente preocupada, así que tiene sentido que no lo haya notado.
Pasan 20 minutos y puedo oír la algarabía a través de la puerta que significa que ellas aún no se han ido. Tenemos suerte que los empleados estén tan ocupados en atenderlas que no revisen los cambiadores, aunque eso significa que no tienen intención de irse pronto.
Nos quedamos hablando de trivialidades en voz baja hasta que la mirada del rubio brilla indicando que tiene una idea.
– ¿Qué haces? – exclamo cuando el soldado comienza a recoger sus cosas.
– A mi no me conocen – indica con una sonrisa de superioridad.
– ¿Me vas a dejar aquí? – chillo indignada.
– ¿No puedes salirte por algún ducto de ventilación? – dice medio en broma, lo miro mal – Pagaré esto y cuando se hayan ido las mujeres con guardaespaldas te llamaré – dice señalando la chaqueta y las calcetas.
Bufo en desacuerdo.
– Solo si cuando sales y la chica rubia sigue ahí. La invitas a salir – le sonrío sugestivamente – Me daré cuenta si no lo haces o me mientes – agrego antes de que pueda objetar.
Suspira rendido y salé del cubículo.
Pasan otros 20 minutos hasta que por fin me llamada diciendo que han salido de la tienda. Me escabullo entre los aún distraídos empleados y lo encuentro en el pasillo. Caminamos un poco mientras yo refunfuño y el se ríe. Por lo menos ahora está de mejor humor.
Entonces lo veo.
El grupo de mujeres seguidas de un par de guardaespaldas atestados de bolsas.
Mi cuerpo reacciona más rápido que mi mente aventando a Steve dentro de la tienda más cercana. Noto las grandes ventanas así que no me detengo hasta que ambos estamos detrás de un librero en el fondo de la tienda.
– Van a recorrer el lugar, puede que no tarden mucho. Esta es la única tienda que de seguro no van a entrar – explico.
Steve se detiene un momento para mirar nuestro alrededor con inseguridad.
– ¿Quieres escapar de ellas o comprar libros? – levanta una ceja.
– Escapar – aseguro mirando furtivamente por encima del librero – Comprar libros es un bonus – agrego guiñándole el ojo.
Cuando nos aseguramos de que han pasado recorremos el fondo de la librería, en caso de que tengamos que ocultarnos de nuevo. Escojo un par de libros que parecen interesantes e incluso el soldado se pone a revisar los libros clásicos con interés. Reviso una sección de ingeniería cuando alguien pone el libro de las Aventuras de Sherlock Holmes justo frente a mi cara.
– No – sentencio al instante.
– Hey, dijiste que debía comprar cosas que me hicieran feliz – dice Steve con un brillo travieso en la mirada.
– Esto sólo va a hacerte feliz porque va a molestarme – replico.
– Genuinamente quiero leer el libro – dice inocentemente.
Si no conociera ese brillo realmente caería por sus preciosos ojos zafiro.
– No – repito.
– Mala suerte, no me mandas – me saca la lengua infantilmente para ir a pagar el libro.
Estoy a punto de ir tras él, pero no lo he visto tan animado en todo el rato que llevamos comprando. De hecho, los únicos momentos donde ha estado medianamente alegre es cuando me esta molestando. Tomaré estos momentos como inspiración la próxima vez que patee su trasero en entrenamiento.
Salimos con un par de bolsas llenas de libros. Decidimos salir del lugar para evitar un encuentro inesperado con el grupo de tiburones, aún cuando pasamos un largo tiempo en la librería y hay un 79% de probabilidad que ya se fueron.
De nuevo, casi me estrello cuando Steve se detiene de golpe. Antes de gritarle sigo su mirada a un escaparate, contengo la risa cuando veo los juguetes de princesas Disney expuestos. Luego capto el suave brillo de una secuencia de pequeñas luces que brillan como estrellas.
– ¿Las quieres? –
– ¿Qué? – exclama saliendo de su estupor.
– Podemos comprar luces – propongo.
– No – responde con seguridad, pero su mirada guarda la batalla de su interior – No tienen un sentido práctico – dice con tristeza.
– A veces no necesitan una función. Eres un ser humano, mereces tener cosas que te hagan feliz. Incluso si sólo es porque son bonitas, ese es el punto de esta excursión – expreso.
Mira las luces son anhelo.
Luego de un poco de persuasión logro arrastrarlo a la zona de adornos de una tienda departamental. Una vez ahí comienza a ver las demás decoraciones con mayor atención. Me llega a la mente la imagen de un niño que por fin tiene dinero para comprar juguetes y ahora tiene que decidir cual vale su dinero, y luego la verdad me cae como un balde de agua fría.
Él es hijo de inmigrantes irlandeses, luego paso la mayor parte de su vida con enfermedades crónicas, lo que no deja mucho dinero extra. Cuando tuvo la suficiente edad para trabajar llego la Gran Depresión, para entonces ya era un huérfano y sólo tenía a su mejor amigo. Ahora la idea que se haya unido al ejército no suena tan descabellada. Pero incluso ahí, con todas las restricciones y disciplina no difieren mucho de su vida.
Luego llegó Stark con sus lujos y tecnología a la cual no estaba acostumbrado, incluso yo, regalándole un departamento hasta cierto punto lujoso. Ambos teníamos buenas intenciones, pero nunca le pedimos su opinión.
Esta es la primera vez que el puede decidir cualquier detalle y aparte pagar por ello.
Decido tragarme cualquier comentario sarcástico o broma y simplemente dejarlo disfrutar el momento. Mi recompensa es una tranquilidad es su mirada que no había visto antes.
Un par de horas después nos desparramamos en el sofá. Decidimos subir todas las compras en un viaje desde el taxi, mas bien, él cargó con muchas cosas y yo no me quise quedar atrás.
– ¿No tenías trabajo? – Steve rompe el silencio.
– Sí, pedí el día por enfermedad – me excuso tallando mi cara.
– ¿Y te lo creyeron? – pregunta asombrado.
– Sí –
– ¿Por qué? Literalmente te llevaron trabajo luego que tus riñones fallaran y se reconstruyeran – dice mientras su mandíbula se tensa.
– No te va a gustar la respuesta – suspiro bajando la mirada.
A diferencia de lo que piensa Rogers, conozco mis límites. He tenido ataques de pánico o han pasado cosas que me obligan a doparme antes de una misión. Pero sí no estoy lo suficiente lúcida para ir, simplemente pido un día de enfermedad. Sorprendentemente Fury lo entiende, o sabe que es preferible que falte a que arruine la misión y mate a alguien.
– Lo importante es que estoy aquí para apoyarte – agrego con una sonrisa enterrando los oscuros recuerdos de mis recaídas en el fondo de mi mente.
Me mira sin creerme, pero decide no insistir.
– Sorprendentemente no tienes ninguna herida en las manos, ¿cómo sigue la herida del abdomen? – cuestiono incorporándome un poco. No lo había preguntado antes porque sabía que me iba a alejar, pero ahora todo en él emana tranquilidad.
Me da la razón cuando responde levantando un poco su playera para mostrar una costra delgada sobre sus definidos músculos del abdomen.
– Te dije que también me curo rápido – dice quitándole importancia.
– Lo siento... – murmuro.
– Está bien, te estabas defendiendo – me interrumpe con una sonrisa reconfortante.
Asiento, incómoda. Ni siquiera sé porque me disculpo, tiene razón yo me estaba defendiendo. He atacado a decenas de personas por cosas más insignificantes. Malditos sentimientos.
– Oh, no – suelto antes de que pueda contenerme cuando veo el reloj.
– ¿Qué? – pregunta incorporándose de golpe, listo par un ataque.
– Tengo clase de ballet en 40 minutos – anuncio considerando seriamente faltar.
– Te acompaño – dice sorprendiéndome – ¿Qué? Me gusta el arte. Quizás ver tu clase me mejore el humor – agrega cuando lo veo incrédula.
Enarco la ceja con desconfianza, aunque acepto. A pesar de que ya no parece inestable, aún no quiero que se quede solo.
