Disclaimer: Los personajes que reconozcáis y el universo le pertenecen a JK Rowling. La historia es mía. No obtengo beneficios económicos al escribirla.


Aviso: Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.

Categoría: Personajes de Gryffindor.

Prompt: Poción.

Palabras: 500.


La fantasía que le estalló en la cara.


Lee Jordan suspiró al mirar su horario. Ya habían pasado dos meses desde el comienzo de las clases y el chico tenía la esperanza de que las palabras cambiaran y desaparecieran las casillas con la clase de pociones.

También podría desaparecer el profesor. Era un hombre desagradable que disfrutaba atormentando a cualquier Gryffindor.

Lee resopló para sí. ¿Cómo iba a haber unión entre las casas si incluso los adultos eran imparciales?

"Haz lo que yo digo y no lo que hago." Era el dicho.

El caso era que odiaba pociones y al que impartía esa asignatura.

Acabó su desayuno y con desgana siguió a los gemelos Weasley hacia las mazmorras. Era lunes, por Godric. Además primera hora de la mañana.


Los alumnos de quinto de Gryffindor y Slytherin entraron en el aula y se dirigieron a sus asientos.

Había pocas conversaciones porque Snape podría quitarles puntos incluso por respirar y nadie quería pasarse una noche limpiando inodoros o la sala de trofeos sin varita.

-Hoy prepararéis una poción para blanquear los dientes. Es muy sencilla, así que espero que no la estropeéis. Aunque conociendo a algunos de vosotros, estoy seguro de que crearéis un desastre.

Jordan estuvo tentado de dar una mala contestación, pero se contuvo.

¿Cómo permitían que cualquiera diera clases? Snape podía ser muy bueno en lo que hacía, pero el trato con los estudiantes dejaba mucho que desear.

-Estoy pensando que tal vez deberíamos... -Fred comenzó.

-¿Qué deberíais hacer, Señor Weasley? -El profesor estaba tras ellos.

-Realizar la poción, por supuesto. -Respondió.

-Cinco puntos menos para Gryffindor por hablar, Weasley. Y un punto menos por tu descaro. Exijo silencio en mi aula.

Lee leyó cuidadosamente las instrucciones y fue a por ingredientes.

Observaba a sus mejores amigos para ver qué se les ocurría hacer. Sus miradas inocentes eran peor que sus sonrisas traviesas y si bien le encantaban sus bromas y participaba en ellas, no deseaba que un líquido de color extraño le explotara en la cara.

Volvió a su sitio tras agarrar lo que necesitaba y comenzó a hacer la maldita cosa de los dientes.

Tal vez podría echársela a Snape sobre la cabeza y tal vez así su asqueroso pelo grasiento perdería su aceitosidad repugnante.

Podría cortarle el pelo con un hechizo. Pensó.

Le dio dos vueltas a la mezcla de su caldero y siguió divagando en silencio.

Quizá dejaría calvo al tipo. Podría llenarle la cara de baba de caracol o de bronceador para que se pusiera moreno.

¿Alguien podría acortar su ganchuda nariz? Era ofensiva para la vista.

Echó a su poción un par de ingredientes más y revolvió con brío.

Le gustaba cómo estaba quedando. Parecía que tendría el color y textura adecuados.

¿Y para qué querían hacer una poción para los dientes pudiendo limpiarlos con un hechizo?

Lee recordó cuando un compañero lanzó el hechizo con tanta energía que se le saltaron un par de dientes.

La poción era azul.

-Mierda. -Murmuró. -No tenía que volverse azul.

Y su caldero explotó.