Hola Hola! Os traigo un regalo de Navidad un pelin atrasado pero que espero que disfruteis como si fuera el 25

A leer :)

Capítulo 9

No fue un simple beso. Gray no se limitaría a rozar mis labios en un casto beso de afecto. ¡Dios, no! Claro que no. Su beso fue como una droga capaz de provocar amnesia absoluta. Borró el recuerdo de cualquier otro beso. Era la pura felicidad hecha química. Y me demostró que no me habían besado nunca de verdad, porque esto era… ¡Dios mío! Me cubrió la boca con la suya y se apoderó de mí, simplemente. Deslizó la lengua por mis dientes al tiempo que enredaba los dedos en mi pelo. Como respuesta, me aferré a su chaleco; quizá al principio fuera por sorpresa… o por enfado. Pero mis emociones cambiaron con rapidez. Noté que se me derretían las rodillas.

Ese hombre estaba besándome hasta anularme el sentido y la razón.

Su lengua acariciaba la mía, animándome a corresponderle. Quizá no fue lo más sensato, pero no pude reprimirme. Gemí contra su boca mientras lo besaba con la misma intensidad con la que me besaba él. Tensé los músculos y cerré los puños. Se me puso la piel de gallina. Me apresó con más fuerza, como si no pudiera soltarme. Mientras, podría decirse que le arañaba para llegar a él a través del traje. La necesidad de estar más cerca era enorme. No me importaba nada más.

A nuestro alrededor estallaron los aplausos, lo que me pareció bastante justo. Un beso tan impresionante como este se merecía una ovación en toda regla. Y tampoco vendrían mal unos fuegos artificiales. Sin embargo, me pareció un poco extraño que estuviera sonando un cuarteto de cuerda. No cabía duda de que un alocado solo de batería hubiera sido mucho más conveniente, algo primitivo que coincidiera con el redoble de mi corazón desbocado.

-Venga, muchachos – nos reprendió Gajeel al tiempo que nos empujaba -. ¡Ya basta! ¡Basta! ¡He dicho basta!

Me alejé de Gray y traté de recuperar el aliento. Él también jadeaba, con las pupilas dilatadas. Quizá la mejor palabra para describirlo sería aturdido. Y ávido la seguía muy de cerca. Después de todo, nos habíamos devorado la boca mutuamente en público.

Me lo quedé mirando intensamente sin dejar de temblar. ¡Dios! ¿Qué demonios acababa de pasar?

-¡Ha sido divertido! – Sonrió y me miró como si acabara de descubrir un juguete nuevo. Uno que le gustaba de verdad.

No.

De eso nada. Ni hablar.

El corazón esta a punto de salirse de mi pecho como si fuera uno de los bichos de Aliens. Me pareció normal que quisiera ponerse a salvo. Era una locura. Tenía que detener todo esto. ¿Qué pasaría si él se diera cuenta de lo que me había hecho sentir? Seguro que ponía fin a nuestro acuerdo en un santiamén.

Había llegado el momento de hacer recuento de los daños.

-Ha sido muy agradable, Gray. – Y le di una palmadita en la mejilla.

Su arrogante sonrisa desapareció de golpe.

A nuestro alrededor todos seguían vitoreando. Aunque miraban hacia otro lado, muchos nos observaban de reojo. Me di la vuelta y me puse de puntillas, para ver qué pasaba. Lu estaba de pie en la puerta con un vestido de color marfil. Incluso desde la distancia a la que estaba pude apreciar la sorpresa en sus ojos. Junto a ella estaba Natsu, con un traje igual que los demás miembros del grupo. Y se puso de rodillas muy despacio. Yo estaba demasiado lejos para oír lo que estaba diciendo y la habitación era muy ruidosa, aunque es evidente que fue algo emotivo: Lu asintió con los ojos llenos de lágrimas.

-Nats quería celebrar una segunda boda sorpresa – me explicó Gray, uniéndose a los aplausos -. Lu no recuerda nada de cuando se casaron por primera vez, fue una boda rápida en Las Vegas y estaba borracha, por lo que quería volver a casarse con ella. Para que tuviera algo que recordad, ya sabes…

-Es muy… romántico… - Me humedecí los labios, degustando su sabor.

Me rodeó la cintura con los brazos y fue la única forma de que me quedara junto a él, sin alejarme. Quería estar sola un rato, por lo menos hasta que pudiera tener mi cuerpo bajo control.

-Creo que nos ha visto todo el mundo, ¿verdad? – preguntó él.

-Mmm… Eso creo. – Sin lugar a dudas, habíamos dejado claro que éramos una pareja. Seguramente, incluso habíamos logrado eclipsar durante un momento a los novios. ¡Estupendo! Eso haría que no nos volvieran a invitar por aquí.

Por el pasillo apareció un hombre vestido con el típico traje de Elvis, con una cardada peluca negra y todo lo demás, que se puso a cantar Love Me Tender, acompañado por el cuarteto de cuerda. Todos los presentes tenían una sonrisa en los labios cuando Lu se puso a reír y a llorar al mismo tiempo. Repitieron los votos con solemnidad, haciendo que incluso a mí se me empañaran los ojos, aunque recuperé el control enseguida. Me parecía que el acto estaba siendo muy romántico y tierno. Jerall atravesó la multitud para entregarle a su hermano un anillo. Me sorprendió ver que lucía una sonrisa.

De forma muy paulatina mi alocado ritmo cardiaco recuperó poco a poco la normalidad. Miré a Gray por encima del hombro. Al principio no supe qué era lo que estaba observando con intensidad, pero luego me fijé en que era una pareja de ancianos que había en el otro extremo de la estancia. ¿Eran quizá los padres de Lu? ¿Los de Natsu? Los estudiaba con expresión de tristeza, con una lejanía que acabó formando una línea entre sus cejas. Entonces me pilló mirándolo, frunció el ceño y desvió la mirada al frente.

-¿Puedes creerte que Natsu le ha comprado otro anillo tres meses después? – me susurró al oído -. Está absolutamente loco por ella. Hasta roza el ridículo.

-Están enamorados. Creo que es muy bonito.

-Al ritmo que está regalándole diamantes, Lu se podrá montar una diadema antes de navidades.

Era muy propio de mí ser mordaz para mis adentros, pero odié darme cuenta de que Gray parecía rechazar la idea del amor, de la convivencia en pareja o lo que fuera.

-¿Qué pasa? – me preguntó al ver mi expresión.

-Es que no logro distinguir si estás celoso, amargado o qué.

-Solo estaba bromeando – aseguró con una mirada de recriminación -. Las diademas son algo muy elegante, todo el mundo lo sabe.

-Ya, claro.

Gray parpadeó, pero sus labios, su hermosa boca, no se movió.

Otra ronda de aplausos resonó en la habitación cuando terminó la ceremonia. Considerando que ya estaban casados, no tenía sentido hacer que fuera interminable. O quizá fue solo a mí a quien le resultó rápida. Vi como se besaban mientras los flashes iluminaban la enorme sala. Después la gente se agolpó hacia ellos para felicitarlos.

Era un momento feliz. Una ocasión alegre.

-Ahora vengo – le dije, apretándole el brazo. Necesitaba aire, espacio… Necesitaba ordenar mis ideas.

Mi exagerada reacción al beso me inquietaba demasiado. En el balcón estaría más fresca y aplacaría mis nervios. Sabía que Gray iba a estar a mi lado en los eventos. Incluso esperaba tener sentimientos, sensaciones, nervios, torpeza… y hasta una leve excitación, pero… ¿quedarme con la mente en blanco? ¿poseída por la lujuria? ¿perder de vista la realidad? No, tanto no. Él tenía razón. Había muchas posibilidades de que Atracción Fatal acabara convirtiéndose en una referencia.

-¿Qué te ocurre? – preguntó, siguiéndome hasta la terraza.

-Nada. No me pasa nada.

-No mientas.

-Si te digo que no pasa nada, es que no pasa nada – repetí con mordacidad.

-Actúas de una forma muy rara. – Se acercó a mí con una mirada capaz de hipnotizarme -. Por cierto, el beso ha sido increíble – aseguró.

-¿Tú crees? Mmm… Ha sido agradable – mentí con una sonrisa de lo más serena.

-¿Qué ha sido agradable? – Arqueó la ceja de forma pronunciada -. ¿Solo eso?

Me encogí de hombros.

-Juvia, has estado a punto de arrancarme la ropa. Creo que ha sido más que agradable.

-¡Oh! Perdona… Es verdad. ¿He exagerado mucho? Es que dada la forma en la que has actuado, pensaba que íbamos a por todas. Y te he seguido. Pero quizá me he pasado.

Se quedó paralizado.

-¿Ha sido una actuación? ¿Lo has hecho por mí? – preguntó.

-Bueno, a mí me ha parecido una actuación bastante convincente. ¿A ti no?

-¿Es eso lo que crees?

Volví a encogerme de hombros.

-Tienes que reconocer que hubo un montón de lengua, como a ti te gusta – admití alegremente.

Gray se acercó más a mí, invadiendo mi espacio personal. Lamenté que los tacones no fueran más altos. Me encontraba ante una de esas situaciones en las que no me quería sentir inferior. Cerré y abrí los puños a mi espalda, pero dispuesta a no demostrarlo. Yo no era así. No pensaba permitir que ese hombre me pusiera la vida paras arriba. Ya había pasado por eso y siempre fuer horrible.

-Cuando hicimos el trato, te advertí que habría besos con lengua – replicó.

¡Dios mío! Claro que había habido lengua. Y mucha. Todavía podía sentirla, frotándose contra la mía, enredándose con ella. Su lengua, de hecho, se había convertido en un fantasma. Había muchas posibilidades de que Gray Fullbuster me fuera a volver loca. Tenía que detener todo esto. Pero, para empezar, lo mejor que podía hacer en ese momento era mantener la conversación tan alejada como fuera posible de cualquier cuestión relacionada con la boca.

-Claro. Por eso lo hice. Y ya que hablamos del trato… ¿por qué no me dijiste que necesitabas una novia?

-Eso ya quedó zanjado.

-No. Yo creo que no.

-Te dije todo lo que voy a decirte al respecto. – Hizo una pausa y frunció el ceño -: ¿Por qué tratas de cambiar de tema? ¿Qué te pasa, Juvia? No te habrá puesto a la defensiva ese beso que solo fue agradable, ¿verdad?

-¡No! Claro que no. – Crucé los brazos -. Pero estuvimos de acuerdo en que no iba a haber nada de sexo entre nosotros. Y ya que estamos, cuando dos personas no tienen sexo, no necesitan hablar de lenguas.

-No estoy de acuerdo.

-¿De verdad quieres seguir dando vueltas a ese tema? ¿En serio?

-No sabes cuanto, bomboncito.

-¡Genial! Pues hablemos de ello. – Quizá debería tirarme de cabeza por el balcón… No estaba demasiado alto. Es más, dejando a un lado las leyes de la física, podría rebotar. Nunca se sabe -. Comentaste que me meterías la lengua en la oreja, Gray, no en la garganta.

-No te he metido la lengua en la garganta. – Entornó los ojos -. Jamás he tenido ninguna queja sobre mi manera de besar.

No añadí nada, pero él sí.

-¡No seas mentirosa! ¡Te ha gustado! Lo sé.

-Ha sido… agradable. Ya te lo he dicho.

-¡Agradable! – repitió escéptico. Los tendones de su cuello parecían a punto de explotar, como si estuviera a punto de convertirse en el increíble Hulk -. ¿Estás diciendo que ese beso solo te ha resultado agradable?

-Estábamos fingiendo, Gray. ¿Recuerdas? ¿Por qué no te tranquilizas un poco? – Retrocedí un paso al tiempo que esbozaba una sonrisa calmada, pero él avanzó hacia mí con una mirada ardiente en sus oscuros ojos azules.

-No ha sido solo un puto beso agradable. Y lo sabes.

-¿No crees que estás exagerando ligeramente? – Traté de reírme.

-No. – No parecía más tranquilo.

-Supongo que no somos compatibles. Eso es todo. No hay química entre nosotros. Y, de hecho, dada la situación, es una suerte, ¿no crees? De esta forma podremos mantener las cosas bajo control, justo como querías.

-De eso nada.

-Cuidadito. – Le apunté con el dedo índice -: Creo que ahora estás proyectando tu ego. No todas las mujeres caen a tus pies, ¿sabes?

-Cierto, pero tú eres de las que sí caen.

-¿Yo? Oh, no, no..

-Sí.

-Ya basta! -Lo miré. ¡Dios! No podía creer que las estrellas de rock fueran tan infantiles. Menudos niños egocéntricos y mimados…

El silencio se extendió entre nosotros de una forma ensordecedora. Estábamos en un profundo lapsus temporal. Otra vez en una burbuja. No existía el apartamento, ni había ninguna fiesta, ni música, luz o conversaciones. Pero me propuse ser capaz de controlar la situación. No pensaba perder la cabeza por un famoso que acabaría largándose en cualquier momento.

-Quiero repetirlo. Ahora mismo – exigió.

Solté una carcajada nerviosa.

-¿Cómo? Ni hablar. – Le puse una mano en el pecho, tratando de detenerlo. No sirvió de nada. Noté el rápido latido de su corazón contra la mano, a pesar de las tres capas de ropa.

Gray se alzaba cada vez más cerca, más amenazador, mientras se humedecía sus magníficos labios.

-En este momento solo estamos tú y yo, Juvia.

-No lo creo.

-Puedo hacerlo mejor que antes. – Se acercó todavía más.

-No es necesario que me demuestres nada, Gray, de verdad…

-Esta vez te gustará más, te lo prometo.

Como sus besos me gustaran todavía más, acabaría teniendo un infarto… u otra cosa.

-En serio, no es necesario.

-Solo uno más – intentó camelarme con una voz grave y tierna. ¡Maldito seas! -. No es para tanto. Solo dame una oportunidad.

Su boca se cernía ya sobre la mía. La anticipación me hacía estremecer. ¡Mierda! No iba a poder detenerlo. Era algo que no se me pasaba por la mente. ¿Estaba loca o qué?

-¿Algún problema en el paraíso? – Jerall Dragneel salió al balcón con una sonrisa burlona, marca de la casa. Gracias a Dios. Lo hubiera besado por su oportuna intervención… claro que habían sido esos besos los que me habían metido en ese lío.

-¿Qué tal? ¿Estás escondiéndote de Erza? – preguntó Gray con tranquilidad.

Jerall movió la cabeza, haciendo que se agitara su pelo azulado. Pasó la mirada sobre mí antes de clavar los ojos en las luces de la ciudad. Fue una manera muy clara de ignorar la pregunta.

-Ya, eso pensaba. – Gray resopló. La intensidad que había generado se evaporó en el aire, menos mal -. Estamos bien, colega. Solo hemos salido aquí para elegir los nombres de nuestros futuros hijos. Juvia lo quiere llamar Gray Junior si es un niño, pero me he negado rotundamente. Cualquier crío debe tener la oportunidad de vivir sin estar constantemente bajo la sombra de su padre.

-Cierto. Es muy generoso de tu parte – sentenció Jerall.

-Lo sé. Pero cuando uno es padre, tiene que hacer sacrificios, ¿no crees?

Gray me deslizó la mano por la nuca y empezó a masajearme los músculos tensos.

-Relájate – me ordenó -. Esto no es bueno para el bebé.

-No estoy embarazada – le aclaré a Jerall.

-Ay, es verdad. Era un secreto. Lo siento, bomboncito. – Se dio un golpe en la frente. Me hubiera hecho feliz ser yo la que se lo diera.

-No te preocupes, Juvia – intervino Jerall mirándome fijamente -. Somos amigos desde la infancia. Sé de sobra cuándo está mintiendo.

Ojalá yo también lo supiera.

-¿Quién está embarazada? – preguntó Natsu Dragneel, saliendo al balcón de la mano de su esposa. El la otra llevaba una cerveza.

Gray me frotó el vientre con una mirada de orgullo. Cualquier redondez en la zona era fruto de mi debilidad por los pasteles, no un acto de procreación.

-Gray, para ya. No estoy…

-Queríamos mantenerlo en secreto – me cortó Gray -. No era nuestra intención eclipsaros a vosotros dos, tortolitos.

-Un trabajo muy rápido – se rió Natsu.

-Mis muchachitos son francamente veloces – replicó Gray, guiñándole el ojo.

-No creo que se pueda saber tan pronto, capullo. – Jerall se cruzó de brazos al tiempo que se apoyaba en un ventanal -. Es un tema médico y todo eso.

-Un hombre de verdad sabe cuando ha dejado embarazada a su mujer, Jer. Pero no esperaba que tú lo entendieras.

-Así que un hombre de verdad, ¿eh? – Jerall se apartó de la ventana y se acercó a Gray muy despacio. Su sonrisa hubiera ahuyentado a un tiburón. ¡Dios! Si los dos lucían la misma sonrisa. ¿Qué les ocurriría a los hombres? ¿Es que todos sentían la necesidad primordial de pelearse por simple placer? ¿Por qué?

-Muchachos, basta ya… - dijo Lu, acercándose a ellos -. Nada de puñetazos en mi boda, ¿de acuerdo? Ni siquiera aunque sean de mentira.

-¿Y qué te parecen unas bofetadas? – preguntó Gray, moviendo la mano frente a la cara de Gray.

-Mejor no. – Le agarré y tiré de él antes de que pudiera hacerle daño a alguien -. Además, Jerall tiene razón. Cuarenta y ocho horas son muy pocas para saberlo. Y tampoco es que lo estuviéramos intentando – me apresuré a añadir.

Gray arqueó las cejas al tiempo que me lanzaba una mirada herida.

-No me puedo creer que te hayas puesto de su parte. Es decir, en mi contra. Eso me ha hecho mucho daño, Juvia. Tú, más que nadie, deberías saber que mis espermatozoides son de una calidad superior.

-No te imaginas cuanto me gustaría no oír hablar de tus espermatozoides – intervino Gajeel, moviendo la cabeza.

-No te sientas mal, colega. Es natural que mis hombrecitos de macho alfa te hagan sentir inferior.

Jerall se cubrió la cara con las manos al tiempo que emitía un largo gemido.

-Deberías haberme dejado golpearlo – me dijo Jerall -. Necesita que alguien le meta un poco de sentido común en la cabeza, aunque sea a golpes…

-Si quieres, te lo sujeto – se ofreció Gajeel.

-¡Ya basta! – ordenó Natsu.

Gray abrió la boca, con los ojos muy brillantes, así que le tapé los labios con la mano, impidiendo que dijera nada. Lo consideré un acto inteligente por mi parte.

-Venga, Gray… ¿por qué no hablamos después de tus espermatozoides? – le propuse. Me besó la palma de la mano, haciendo que la bajara muy despacio -. Gracias. Y no, no vamos a tener un bebé.

-Está bien, Juvia. Lo que tú digas, Juvia.

Gajeel se echó a reír.

-¿Es que te has convertido en una nenaza?

Sin añadir nada más, Natsu alargó el brazo y le dio a Gajeel una enorme colleja en la nuca.

-¡Eh, oye!

-Gracias, Nats – dijo Gray, atrayéndome de nuevo hacia sus brazos.

-Ha sido por Juvia, no por ti – replicó Natsu -. No quiero oír hablar de embarazos con las mujeres cerca. A ver si maduráis, colegas.

-Una pala, Gray. Una pala vieja y oxidada. Ese es tu destino si haces daño a mi amiga. No lo olvides. – Lu se acercó y me dio un beso en la mejilla -. Te deseo toda la suerte del mundo con él. Eres una mujer valiente.

-Sí, eso empiezo a pensar yo también – admití.

-Me gusta cómo te mira – susurró -. Es algo nuevo en él.

-Tu segunda boda ha sido muy romántica – comenté con mi sonrisa más grande y brillante, dejando a un lado el tema de Gray.

Lu rodeó el cuello de su marido con los brazos y le dio un beso tierno en la mejilla.

-Oh, ¿verdad que sí? Ha sido increíble.

-Te quiero, cariño – Natsu le devolvió el beso.

-Yo también te quiero.

Él le susurró algo al oído, y Lu soltó una risita.

-No podemos… Están aquí mis padres. Tenemos que dejarlo para más tarde.

Natsu hizo un mohín.

-¿Vas a venir a la gira, Juvia? – me preguntó Lu -. Por favor, dime que sí.

-¡Claro que vendrá! – Gray me abrazó y me apretó con la suficiente fuerza para hacerme jadear. Incluso sentí que me levantaba del suelo.

-No sé nada. Y, desde luego, no he pedido ningún día libre… - Me retorcí hasta que Gray aflojó un poco su agarre. Sin embargo, no me dejó alejarme de él. Daba igual, podía ignorarlo, a él y a los locos sentimientos que me embargaban cuando estaba a su lado. Sería maravilloso experimentar la vida en la carretera, pero nadie me había invitado. Además, estaba mi trabajo, Levy, la vida real y todas esas cosas-. Por cierto, ¿cuándo empieza la gira?

-El primer concierto es en Portland dentro de cinco días.

-¡¿Dentro de cinco días?! – exclamé.

No había sido capaz de comprar una entrada cuando salieron a la venta, unos meses antes. Entradas que, por supuesto, se agotaron en cuestión de minutos. Una vez que tuve claro que no iba a asistir, ignoré de forma deliberada el acontecimiento sobre el que hablaba la mayoría de la ciudad.

Pero un momento: el tiempo que se supone que estaría con Gray sería breve. Sentí una opresión en el estómago y me dolió el corazón. Era un dolor fruto de la certeza. No importaba lo idiota que me volvieran sus besos, ya no quería que se alejara de mí. Él hacía que mi vida fuera mejor, más brillante, aunque sabía que era una estupidez que me encariñara con él; no quería hacerlo, pero a las pruebas debía remitirme.

-No te pongas triste, bomboncito. – Me sujetó la barbilla con suavidad mientras me miraba muy serio -. Ya pensaremos en algo.

-Venga, preparaos para las fotos. – Mirajane apareció en la puerta con una copa de champán en la mano. Después de algunas quejas, Jerall entró en el apartamento. Lu y Natsu siguieron abrazados.

-Por cierto, ha sido una gran actuación – me susurró Gray, besándome en el cuello con delicadeza -. En serio, por un momento he pensado que estabas a punto de echarte a llorar.

No dejaba de ser curioso, porque yo también había pensado que iban a caérseme las lágrimas. Fingí una carcajada y a continuación de mostré mi mejor sonrisa.

-Fui una de las brujas malvadas cuando representaron en el instituto El Mago de Oz.

-Oh, vaya. Eso lo explica todo.

-Bueno, mi actuación se limitó a hacerme la muerta en el suelo, a punto de ser aplastada mientras llevaba los zapatos rojos.

-Me atrevo a apostar lo que sea a que fuiste la mejor chica aplastada del mundo.

-Gracias. Oye, ¿y eso de embarazada…? ¿A qué ha venido?

Puso los ojos en blanco y me dio un suave beso en la mejilla.

-Lo siento, lo siento… Me dejé llevar. ¿Me perdonas?

-Sí – repuse después de un par de segundos.

-Gracias. Eres muy amable. Lo cierto es que no quería llamar la atención sobre tu delicada situación.

Solté un gruñido, y él se puso a reír.

-¡Chicos! ¿Venís o qué? – gritó Natsu, mirándonos por encima del hombro.

-Yo voy a quedarme un rato aquí – repuse, dando un paso atrás para alejarme de Gray mientras todavía era posible. Al instante, el aire frío de la noche me envolvió, haciendo que me estremeciera.

Natsu movió la cabeza, rechazando mi intención de quedarme allí sola.

-No, Juvia. Tú también. Si estás con él, eres parte de la familia. Venga, vamos a terminar con eso para poder relajarnos y descansar.

-Ya has oído al novio. – Gray me agarró de la mano y volvió a atraerme hacia él -. Pero antes… una cosa.

-¿Qué?

Debí de haberlo imaginado por el brillo de sus ojos. Bajó los labios y los apretó contra los míos. Me rodeó con los brazos para estrecharme con fuerza y aprovechó mi expresión de sorpresa para introducirse en mi boca. Resultó que sabía reírse de forma malvada ala tiempo que me besaba hasta dejarme sin sentido. Eso tampoco debería haberme sorprendido. A pesar de eso, el beso resultó tierno y conmovedor. Me besó con dulzura hasta que la cabeza me dio vueltas y el corazón me latió desbocado. Noté que me flaqueaban las rodillas y que mis partes más femeninas pedían clemencia.

Y continuó besándome.

-¿Qué tal esta vez? – preguntó cuando finalmente se separó, mirándome a los ojos que, sin duda, debían de reflejar mi aturdimiento -. ¿Mejor?

-Mmm…

Tomó aire por la nariz y frunció el ceño.

-¡Joder! ¿Todavía no lo he hecho bien? Necesito mejorar. Prometo darte el mejor beso del mundo. Solo tenemos que seguir practicando. ¡No me rendiré!

Dios mío… Estaba acabada.

¿Y? ¿Qué les ha parecido? ¿Merezco un review?