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Antes del alba

Kenma x Akira

Disclaimer: personajes no son míos


Anteriormente: Kenma discute con Kuroo al enterarse de que no irá a su fiesta de cumpleaños, en el bar donde toca Hanamaki-san. Siente el deseo de escapar. Quiere que su ausencia sea causa del dolor de alguien más. No logra reunir el coraje necesario, y en su fiesta, acaba bebiendo más de la cuenta. Despierta al día siguiente en un hotel cápsula, con recuerdos inconexos, un sabor a semen en los labios, y una nota que parece ser de Kuro.


XX

Tras dejar el hotel cápsula, el viaje de regreso a casa constituyó una prueba de valor. Me palpitaba la cabeza del dolor. Por fortuna mis padres se encontraban en el trabajo, o no habría podido aguantar enfrentarme a ellos. Dejé mi celular cargarse, y como una oruga, me arrastré hasta la cama sin cambiarle la ropa.

Pude fácilmente dormir durante días. Al abrir los ojos, me encontré con la negrura de la noche, y con mis ropas empapadas en sudor. Se atisbaba la sombra de una bandeja sobre mi escritorio. Me estiré en mi lugar, tratando de recordar el largo de mis músculos. Las risas de mis padres, provenientes del piso de abajo, se oían como un extraño rumor que acompañaba a la noche. Ya no me dolía la cabeza, pero un extraño malestar, que distaba de lo físico, comenzaba a asentarse en mi pecho. La angustia volvía a mí, no como un dolor punzante capaz de sacarme lágrimas, más bien, se trataba de algo líquido, molesto, deslizándose en mis venas como si fuese parte de mí.

Descorrí las cortinas, buscando la luz de una luna que no hallé, oculta tras las nubes. Un tiempo atrás, cada vez que miraba la luna, Kuro recordaba a su Tsukki, a Kei. Habiendo pasados esos días, ¿recordará con más nostalgia cuando Kuro mira a la noche? ¿Habrá podido olvidarlo? La angustia impregnaba cada célula de mi cuerpo, haciéndolas suyas. Sin moverme de mi sitio en el alfeizar, alargué una mano hasta la bandeja, donde encontré un bol lleno de fruta picada. Aquel era un detalle muy propio de mamá.

Un suspiro abandonó mis labios. Mis padres… ¿habrán pasado estas dificultades por las que yo atravieso?

Papá me ha contado la historia algunas veces. Mamá se ha limitado a oír y asentir, sin acotar nada, sin apenas intervenir, como aceptando aquella historia por verdadera, tal cual se la sabe papá.

Ellos se conocieron en la universidad, en un momento en que ambos tenían novios. Las primeras palabras que intercambiaron fueron las respuestas de un exámen. Tres días después, mamá terminó con su novio y no se separó más de papá. Se hicieron buenos amigos. Se esperaban en una estación de metro para ir a la facultad juntos, comían juntos, estudiaban juntos, pero a papá le tomó casi un año terminar con su novia de ese entonces. En este punto, papá suele rascarse el cuello, como avergonzado, y busca la mirada de mamá. No habría podido terminar con aquella otra chica de no ser por mamá, quién se lo exigió.

Papá nunca ha dejado claro si salió con ambas a la vez, o solo formalizó con mamá ya terminado su anterior relación. Cuenta papá que mamá lo zarandeó de la camisa hasta arrancarle uno de los botones, y lo obligó a ser valiente por ambos. Fue su ultimátum. Desde entonces es que no se han separado.

Cada vez que ha escuchado aquella historia, mamá se ruboriza, agacha la cabeza, y asiente en silencio, recordando aquel momento de coraje, de locura, en que se atrevió a declararse a papá, sin importarle los sentimientos de aquella otra mujer. Yo pienso que hay algo que no me han dicho, alguna frase que papá se ha callado, la que ruboriza a mamá, y que no me la compartirán jamás. Un secreto los ha mantenido unidos a ambos, siempre riendo, siempre apoyándose mutuamente, y apoyándome a mí, su único hijo.

No sabía qué hablarían mis padres allá abajo. Sus risas me llegaron como traídas desde un mundo lejano al que no tenía acceso. Aquel universo cerrado de las parejas que no necesitan jurarse amor eterno, porque les es inherente a ellos.

Abrí la ventana. El viento de otoño heló mis pies descalzos. Si me dejaba caer hacia abajo, ¿sentiría dolor? Al otro lado de la calle, una figura vestida en ropas de deporte se detuvo bajo la luz fría de una de las farolas. Entrecerró los ojos. Todavía no me acostumbraba a la silueta de Kuro con su cabello largo que ahora acostumbraba a atar en una trenza. Sus ojos oteaban hacia la oscuridad de mi habitación, como buscándome. Sin moverme de mi sitio, alargué una mano nuevamente hacia mi escritorio y encendí la luz de la lamparilla. Nos miramos a los ojos por segundos que se me hicieron casi insostenibles. Una duda dormida explotó en mi mente.

¿Qué fue lo que sucedió la noche anterior?

Kuro continuó su trote.

Corrí hasta mi teléfono ya cargado, y al encenderlo, los mensajes estallaron en la pantalla. Notificaciones de mucha gente caían sin control unas tras otras. Decenas de llamadas perdidas, de ayer y hoy.

Repasé mi boca con toda mi mano, como si el mero tacto pudiese traerme el recuerdo del regusto a semen con el que desperté tras mi gran apagón. No quedaba sabor en ellos. Lo que sostenía a mis labios chupados, era la ilusión de un posible pecado.

¿Qué fue lo que sucedió? ¿Qué fue?

Abrí mi chat con Kuro, buscando respuestas.

¿Qué sucedió, Kuro? ¿Tú me lo dirás? ¿Lo harías?

Descubrí muchos mensajes enviados por mí la noche anterior. Empezaba a recordar algunos de ellos. Mis extremidades temblaban. Sentía esa extraña angustia espesar la sangre helada de mis venas.

Eran mensajes míos cobrándole sentimientos por no estar presente en mi cumpleaños. Textos desesperados, escritos sin coherencia, anunciándole quienes iban llegando al bar, y un registro de acontecimientos, como si aquella conversación se tratase de una bitácora.

Yaku. Tora. Lev. Akira. Fukunaga y Komi haciendo dúos cómicos. Shibayama e Inuoka. Teshirou y su novia.

Hanamaki-san tocaba la guitarra junto a su grupo.

Akira me acariciaba el cabello mientras escuchaba la actuación en vivo de su otro novio.

El ron con limón me hacía mejor compañía que la de Kuro.

Bokuto y Yukie. Akaashi por detrás. Azumane-san. Un tal Pascual, compañero de facultad de Azumane-san. La hermana de Lev. Komori e Iizuna. Un tal Futakuchi, Azumane-san y Hanamaki-san lo conocían. Los miembros de la banda de Hanamaki-san, que se unían a unas copas. La bajista también conocía al tal Futakuchi, de la preparatoria.

Unos amigos de Akira y Hanamaki, también de preparatoria.

Una multitud, sin Kuro, nos fuimos del bar a otro bar, y luego a otro más.

Los mensajes seguían, cada vez con ortografía más torpe, acusando mi falta de conciencia.

Aparecieron los audios. Vergonzosos todos.

Ninguna respuesta de Kuro.

Me restregué la cabeza, tratando de recordar. No lograba encajar las pocas imágenes que conservaba en aquel registro escrito.

Kuro había aparecido allí al final. Había estado, ¿cierto? De lo contrario, ¿por qué tendría yo una isotónica adosada a una nota suya?

¿Dónde dejé la nota?

Revisé mis otros chats. El resto de las notificaciones. Tenía nuevos amigos virtuales. ¿Quién era ese Futakuchi que ha subido tantas fotos?

Las fotos.

Mierda, las fotos. Qué desastre. Mi cara de ebrio. No, por qué tiene que estar todo esto en redes. Joder, esto no puede ser cierto. ¿Quién era esa persona que hubo usurpado mi cuerpo? No podía ser yo. Eso no era yo. No. No lo era.

Estuviste al final allí, ¿cierto, Kuro?

Ni en las fotos de ese Futakuchi, ni en las de Lev, ni en las de Hanamaki-san.

Akira...

Volví a revisar mis grupos de chat.

Desde ayer, antes del evento, que no tenía mensajes nuevos de Akira.

¿Y eso qué significaba?

Recibí un mensaje de Hanamaki-san.

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HNMK (21:10): ¡Holssss!
HNMK (21:10): ya vi que estás conectado, no te hagas. Estuvo bueno ayer, ¿cierto?
HNMK (21:10): quería avisarte que Kunimi está bien. Lleva durmiendo todo el día, pero es lo normal en su caso.
HNMK (21:12): ¿Cómo llegaste tú a casa? ¿Llegaste a casa, cierto?

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¿Y ESTO CÓMO LO INTERPRETO?

La angustia que espesaba mi sangre recordó su liquidez, y amenazó con derramarse desde mis ojos otra vez.

Me sorbí los mocos.

El novio de mi novio se preocupaba por mí, y seguramente estaba al tanto de que pasé la noche en un hotel cápsula. Porque él pasó la noche junto a Akira, no yo. Hanamaki-san se deshizo de mí donde pudo, a mi suerte. El novio de mi novio se preocupaba de mí por las razones incorrectas.

Encontré la nota de Kuro junto a mi almohada.

Ya no estaba tan seguro de que esa fuera la letra de Kuro.

Una gran carcajada proveniente del piso de abajo me hizo derramar todas esas lágrimas que llevaba guardándome.

No podía más.

La sangre no era líquida.

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Apenas era capaz de salir de la cama, pero de alguna manera, logré mover las piernas hasta la facultad durante cuatro días seguidos. Algunos días hablaba con Akira, algunos días no.

Me contó que tendría un concierto en una semana más. Estaba nervioso. Por algún motivo, aquel era un concierto más importante que otros. Si me lo explicó, ya no lo recuerdo. Cada vez que husmeaba en sus redes sociales, sentía que las fuerzas me abandonaban.

Y Kuro…

No tenía noticias de Kuro. Pero ya no me importaba. Kei tampoco. No sería yo quien retomaría el contacto con alguno de ellos. Era como si una amargura se hubiese instalado en mí. Cualquier cosa me desagradaba. Estaba enfadado con todos.

El fin de semana transcurrió como una nebulosa. El tiempo dejó de tener sentido. Supongo que jugué varios videojuegos. Si me encontraba en un nivel muy complicado, dejaba de intentarlo. Akira me llamó en algún momento. Me preguntó qué tal le parecieron sus amigos. «¿Qué amigos?», es lo que no pude decirle. No porque me fallase el coraje. Admitir que no recordaba nada de mi cumpleaños no me avergonzaba en sí. Quizá en otra circunstancia lo hubiese hecho. Simplemente sucedía que no tenía energía para entrar en explicaciones. Responder con una negativa exige explicaciones. Respondí que sus amigos estaban bien. Sorteé sus siguientes preguntas a base de monosílabos y frases cortas. No hablamos mucho más.

Cuando volvió a iniciar la semana, reunir energías para salir de la cama llegaba al extremo de producirme dolor, físicamente. Evité mirar hacia la ventana de Kuro cuando pasé fuera de su casa.

¿Cuánto tiempo necesitarás, Kuro?

Kunimi se encontraba en la entrada de la universidad, esperándome.

—¿¡Qué te sucede!? —dije.

No un «hola», «qué tal», o un «buenos días». Ninguna de esas cosas.

Descorrió un mechón de la cara, y al llegar a mi lado, me dio un golpe brutal en la espalda. Me quedé sin aire. Antes de darme de bruces, Akira me jaló de un brazo, ayudándome a recuperar el equilibrio. Clavó sus ojos en los míos. Negros. Oscuro como un abismo. Su piel de por sí blanca, había empalidecido hasta un punto en que parecía despojarse de todo lo humano.

—¿Es algo que hice? —me encaró; su voz ahogada no se condecía con su piel —¿Quieres terminar conmigo?

Joder. No estoy preparado para una conversación así.

—Ni siquiera son las nueve de la mañana, ¿y vienes hasta aquí a golpearme? ¿Y tú esperas que yo entienda qué pasa por tu estúpida cabeza?

—¿Y tú crees que madrugar me gusta? ¿A mí? ¿De verdad te crees que me estoy dando el gusto de la vida? Dejas en visto mis mensajes, no respondes mis llamadas, y cuando lo haces, me das largas. De por sí duermo muy poco… ni siquiera viniste a mi último concierto. Te dije que era importante. Si no podías… bueno, pudiste habérmelo dicho. Pero no me dices nada, ¿qué quieres que piense?

Su concierto ya hubo sido, y no estuve allí. Pero no podía ser. Saqué cuentas. No podía ser que me lo hubiese perdido.

—¿Por qué me sacas en cara algo tan estúpido? —le grité. No sé por qué le grité algo que no pensaba ni sentía.

Quería dañarlo, que sufriera él también, para variar las cosas.

Qué tanto puedes sufrir, Akira, si todavía te quedan los brazos de Hanamaki-san para refugiarte en ellos.

Un golpe cruzó mi cara.

¿Es que lo dije en voz alta?

Había lágrimas en sus ojos. Vi el susto agrandar sus pupilas.

Envolvió una de mis manos en las suyas.

—No vayas a clases hoy. Quédate conmigo. Lo solucionaremos.

—No…

—¿Te acuerdas cuando Kuro se marchó? Esa noche me escribiste. ¿Te acuerdas qué fue?

»"Ayúdame", fue lo que escribiste. Y yo he tratado de hacerlo. Déjame ayudarte. No seas ese escapista estacionario.

—Quise huir —le confesé—. Estuve a punto de sacar todos mis ahorros. Pero no pude. No puedo pensar primero en mí y luego en los demás, y eso no es justo.

Me guió lejos de la entrada de la universidad, y cuando ya no podían vernos, me abrazó.

—Llora —susurró en mi odio—, libéralo todo.

Me quebré.

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Cuando desperté, estaba en el dormitorio de Akira. Había junto a la cama una isotónica y analgésicos. Hanamaki-san hablaba por teléfono al mismo tiempo que escribía una nota. «Ponte bien».


No logré acabar este fic este año... PERO VAMOS POR ENERO, AGUANTE.

He respondido sus rws.

Hasta el siguiente.