¡ADVERTENCIA: Este capítulo contiene lemon!
Autora POV
Sakura se sentó sobre la lujosa cama. Sus manos se aferraban a las hermosas sábanas de seda que había debajo de ella, deleitándose brevemente con su suavidad. Era una habitación sin duda hermosa, repleta lujos dignos de un rey… Y, sin embargo, la pelirrosa no podía disfrutar de ella correctamente. No cuando sentía que los nervios la estaban ahogando.
A unos metros frente a ella, aún de pie junto a la entrada de la habitación, con una postura tan tensa como la suya, se encontraba Ichigo. El chico tenía su mirada fija en cualquier otro punto de la habitación, como si de algún modo intentase huir de ella. Habían estado de esta misma forma desde que habían ingresado a la habitación, varios minutos atrás.
– U-Uhmm… –comenzó Sakura a penas logrando encontrar su propia voz. – ¿D-Deberíamos…? ¿D-Deberíamos empezar con esto? –preguntó tímidamente, mordiéndose el labio mientras sentía sus mejillas calentarse de la vergüenza.
El pelinaranja se sobresaltó al escucharla. Había estado tan perdido en sus pensamientos y en los nervios del momento, que por un instante se había olvidado que la pelirrosa se encontraba allí.
– S-Supongo… –murmuró Ichigo.
Un incómodo silencio volvió a caer sobre ambos. Ninguno hizo movimiento alguno, volviendo a la misma situación incómoda de hace unos segundos.
Era muy difícil para ellos encarar el tema. Se esperaba que tuviesen relaciones sexuales juntos, algo en lo que ninguno de los dos tenía experiencia más allá de la ficción. Tenían miedo de cometer errores, terminar lastimando al otro, o que sintiese desagrado hacia la experiencia.
– ¿D-Deberíamos… quitarnos la ropa? –preguntó la pelirrosa, apretando las sábanas. Casi a los segundos se había arrepentido de hacer tal pregunta, cuando Ichigo se volteó a verla, con una expresión escandalizada y mejillas tan rojas como el cabello de Renji. – ¡L-Lo siento! –chilló Sakura al ver la expresión del contrario. Rápidamente se cubrió el rostro con las manos. – N-No se hacer esto… R-Realmente lo siento…
Ichigo pareció reaccionar ante la angustia de la chica, y a pasos agigantados se acercó a ella. Se arrodilló frente a la pelirrosa, y agarró sus muñecas para obligarla a destapar su rostro.
– Hey… Tranquila… –trató de consolarla. Su voz profunda pronunciando palabras casi en un susurro, hizo que la pelirrosa se estremeciera. – Nada de esto es tu culpa, ¿sí? En cualquier caso, yo debería disculparme también por ser un idiota. –rió nerviosamente. – Jamás he hecho esto… Dios… ¡Ni siquiera he estado en una relación formal! No sé cómo complacer a una mujer. No quiero lastimarte… ni que te arrepientas de haberme elegido.
– ¿Nunca…? ¿Nunca has estado con nadie? –Sakura repitió sorprendida. Ichigo apartó la mirada avergonzado en respuesta.
– ¿Es tan extraño…? –preguntó el pelinaranja con inusual timidez.
– ¡No! –dijo, o más bien gritó la pelirrosa. – L-Lo siento… No quise que sonara así. –suspiró. – Es solo que… Me sorprende que ninguna chica haya querido salir contigo. –admitió la ojijade.
Ichigo rió por lo bajo al escucharla.
– ¿De verdad…?
– ¡Por supuesto! –contestó Sakura. – Quiero decir, no soy ciega… Eres un chico bastante apuesto.
– Bueno… No sé si todas las chicas piensan igual que tú. –bromeó Ichigo. – Además, la apariencia no compensa mi mal carácter.
Sakura rió por lo bajo en respuesta. De alguna forma, la tensión que había reinado antes se había esfumado por completo, dejando en su lugar un ambiente cálido y reconfortante.
– ¿Qué hay de ti? –preguntó de pronto el pelinaranja logrando tomar por sorpresa a la ojijade.
– ¿Qué?
– ¿Qué hay de ti? –se repitió él. – ¿Qué hay en la vida amorosa de Haruno Sakura? –inquirió.
– Bueno… –Sakura bajo la mirada mientras recordaba el pasado. – Solía estar en una relación con alguien… Pero no prosperó. –murmuró. – No era que no nos quisiéramos, simplemente… Cada uno se encontraba en momentos distintos de la vida… Él estaba tratando de luchar contra sus demonios internos, mientras que yo estaba empezando mi entrenamiento bajo la tutela de Tsunade-shishou. Incluso si lo intentamos, al final la mejor decisión que pudimos tomar fue no continuar con lo nuestro… Jamás pasamos de los abrazos y caricias. Ni siquiera tuvimos un primer beso.
– ¿En serio? –preguntó Ichigo atónito. – Porque si yo estuviese contigo, no podría resistirme a besarte… –murmuró. Lo había dicho de forma totalmente inconsciente, pero su tono grave y la mirada que le estaba dedicando a la pelirrosa, convirtieron esa oración en toda una frase seductora.
Las mejillas de la cazadora adquirieron una tonalidad rojiza al escucharlo.
– ¿Y por qué no lo haces? –preguntó ella.
Ninguno podía despegar la mirada del otro. Sin darse cuenta, la distancia entre sus rostros estaba comenzando a acortarse, como si hubiese una especie de corriente magnética entre ambos.
– ¿Puedo? –cuestionó Ichigo cuando sus labios estaban a centímetros de rozarse.
– Si… –exhaló Sakura. El pelinaranja no necesitó nada más para unir sus labios a los de la ojijade.
Se trataba de un beso bastante torpe debido a la inexperiencia de ambos, pero aquello no hacía nada por disminuir la magia que ambos sentían desde el momento en el que sus labios se encontraron. Los corazones acelerados, la sensación de miles de mariposas revoloteando en sus estómagos. Era simplemente maravilloso.
Poco a poco comenzaron a explorar perdiendo la timidez. Sus labios comenzaban a moverse, buscaban otras formas de acomodarse para profundizar el beso… Ichigo poco a poco se sentó en la cama junto a la pelirrosa, sin cortar el beso mientras tomaba su rostro entre sus manos, trazando suaves caricias sobre su mejilla con su pulgar. Sakura por su parte había colocado cómodamente sus manos sobre los hombros del contrario.
El beso continuó hasta que la necesidad de respirar se hizo insoportable, solo entonces se permitieron cortar el beso. Sus pechos subían y bajaban de forma irregular con cada jadeo que daban para recuperar el aire. Ichigo apoyó su frente contra la de Sakura, mientras la miraba a los ojos con cariño.
– W-Wow… –fue todo lo que salió de los labios de la ojijade. Y no había otra forma para describir aquel primer beso.
– ¿Es un aceptable primer beso? –rió por lo bajo Ichigo, enternecido al ver el rostro sonrojado de la cazadora.
– Fue perfecto… –contestó Sakura antes de besar dulcemente los labios del pelinaranja.
– Supongo… Supongo que debemos continuar con esto. –murmuró el shinigami refiriéndose al ritual. Sakura se mordió labio, sonrojándose profundamente, antes de asentir. Aún se sentía nerviosa por la situación, pero el beso la había ayudado bastante a relajarse. – En ese caso… Permiso… –dijo el pelinaranja mientras que con manos temblorosas se preparaba para desatar el nudo de la yukata blanca que llevaba Sakura. Terminó de desatarlo, y llevó sus manos a los hombros de la prenda, para comenzar a bajarlos lentamente, dejando expuesta la zona del cuello, hombros y parte del escote de la chica.
Ichigo decidió experimentar un poco y hacer algo que había leído un par de veces en libros. Se acercó a la pelirrosa, y llevó su boca al apetecible cuello de la chica, besando la extensión de piel nívea. Comenzó a trazar un pequeño camino de besos, pero se detuvo al percatarse de que la chica se tensaba bajo su toque.
– ¿Estás bien? –preguntó el shinigami apartándose levemente para mirarla a los ojos. – ¿Estoy haciendo algo mal? –inquirió sintiendo el temor burbujeando en la boca del estómago.
– ¡N-No! –chilló en respuesta Sakura. – Solo… Tu cabello me hacía cosquillas… –explicó. – No tienes que detenerte… Estoy bien.
– ¿Estás segura?
– Si sigues preguntando me arrepentiré de haberte elegido. –amenazó la pelirrosa.
Los ojos del shinigami reflejaron cierta sorpresa, antes de que sus labios se curvaran en una sonrisa y decidiera volver a su labor de antes. Volvió a atacar el cuello de la pelirrosa, mientras que con cuidado la ayudaba a acostarse sobre la cama, posicionándose sobre ella. Dejó un camino de besos por todo su cuello, a veces subiendo hacia su rostro para dejar alguno que otro beso sobre los rosados labios de la chica. Conforme comenzaba a ganar más confianza, comenzó a lamer y morder la piel de la cazadora.
Un dulce y casi imperceptible gemido escapó de la boca de Sakura en el momento en el que Ichigo clavó sus dientes en su cuello. El pelinaranja sonrió contra la suave piel de la chica, sintiendo una leve emoción de triunfo al escucharla emitir tan encantadores sonidos. Su objetivo era hacerla disfrutar la situación tanto como él lo estaba disfrutando.
Cuando estuvo conforme con su labor, comenzó a bajar hacia el escote de la chica, besando la curva del inicio de sus senos mientras que sus manos trabajaban para quitarle por completo la yukata, dejándola completamente expuesta ante su mirada.
Se apartó unos centímetros para poder apreciar el cuerpo de la contraria. Sakura sin duda no era una super modelo… No tenía pechos exuberantes como Rangiku u Orihime, ni una cintura irrealmente pequeña con caderas anchas. Tampoco tenía la piel de porcelana que describían las novelas románticas, ni los pequeños pezones rosados que todo el mundo parecía poseer en la literatura erótica. Pero a pesar de ello, Ichigo no podía describir a la pelirrosa de otra forma que no fuese hermosa.
Su cuerpo era delgado, tonificado por los años de trabajo duro. Sus pechos eran pequeños, fáciles de ahuecar con solo sus manos, mientras que sus pezones poseían una suave sobra amarronada. Su cintura era pequeña, fácil de estrechar entre sus brazos, marcando una suave curva con sus caderas igualmente pequeñas. Su piel blanquecina, a pesar de estar manchada con un sinfín de cicatrices de combate, incitaba a Ichigo a querer besarla y morderla, dejando pequeñas marcas por todo su cuerpo.
Al notar la intensa mirada de Ichigo sobre su cuerpo, la pelirrosa apartó la mirada avergonzada, mientras que inútilmente trataba de cubrir su cuerpo. Al notar sus intenciones, el pelinaranja se apresuró a besar con ternura sus labios.
– No hagas eso. –susurró con un tono de voz que buscaba brindarle confianza a la chica. – Eres hermosa, no te escondas de mí…
Sakura parecía un poco reacia a dejar de cubrir su cuerpo. Pero poco a poco comenzó a relajarse, dejando su cuerpo a merced del shinigami.
Ichigo la beso mientras reanudaba su trabajo de brindarle placer. Acarició con sus manos cada extensión de su piel. Brindó atención a sus pequeños senos, acarició los costados de su cuerpo, sus caderas, sus muslos regordetes. Dejó un rastro de besos por toda su piel, mientras que la pelirrosa se retorcía, reaccionando a su toque.
Aquel día, en la calma de la noche, ambos cuerpos se fusionaron en uno solo. Solo las cuatro paredes de aquella habitación habían sido testigos de aquella primera vez de ambos jóvenes inexpertos. Solo los muebles que los rodeaban habían sido capaces de escuchar los suaves gemidos de la pelirrosa, y los roncos jadeos del pelinaranja, que se prolongaron hasta que ambos cayeron rendidos sobre las sábanas.
En la quietud de la noche, Sakura se acurrucó contra el pecho de Ichigo, dejándose caer en brazos de Morfeo con una sonrisa en su rostro. Mientras que el shinigami la rodeaba con sus brazos, protegiendo su pequeño cuerpo.
Poco sabían ambos que aquel hermoso momento era solo la calma antes de la tormenta. Los problemas solo estaban a punto de comenzar.
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Naruto y Sasuke montaban guardia en una de las alas externas del castillo. Ambos se mantenían en calma, ocasionalmente rompiendo el silencio para alguna de sus características discusiones que carecían de sentido y madurez.
– Nee, teme… –lo llamó de pronto el rubio, con una seriedad poco característica de él. – ¿En verdad estás bien con todo esto? Quiero decir… Tú y Sakura… –balbuceó torpemente.
Por varios segundos, el pelinegro a su lado no dijo nada. Por un segundo Naruto pensó que simplemente lo ignoraría como lo hacía la gran mayoría de las veces. Estaba a punto de desistir y volver a concentrarse en su deber, cuando Sasuke rompió el silencio.
– No puedo interponerme en su vida… Ya no tengo ese derecho. –dijo con calma el pelinegro. Y a pesar de que su voz se oía bastante normal, Naruto podía distinguir algunas notas de melancolía en ella.
– Pero…
– Ella ya tomó su decisión, Naruto. –Sasuke lo interrumpió. – Incluso si deseo ser yo el hombre que comparta cama con ella, nada va a cambiar la realidad que afrontamos. Sakura y yo terminamos hace mucho tiempo, desde ese entonces solo hemos sido compañeros de equipo.
Naruto bajo la mirada, su mirada se tornó algo triste mientras recordaba el pasado.
– Siempre pensé que terminarían juntos… Todos los pensamos… –confesó el rubio. – Pensé que algún día los vería caminar juntos al altar, mientras que Ino te amenazaba para que no hicieras llorar a Sakura. –incluso Sasuke tuvo que sonreír ante la imagen de la mejor amiga de la pelirrosa amenazándolo de muerte. – Fue una sorpresa para todos cuando anunciaron que ya no estaban juntos.
– Fue una decisión que tomamos conscientemente entre ambos. –murmuró el Uchiha. – Incluso si lo intentábamos, al final fue la opción más lógica. No queríamos continuar hiriéndonos.
Naruto asintió en señal de comprensión. Sabía que sus compañeros de equipo eran personas maduras, que no tomaban una decisión a la ligera. Los conocía bien, había estado con ellos desde que eran pequeños… cuando el equipo siete a penas se formaba.
Ambos se detuvieron al escuchar pasos acercándose a su dirección. Sus cuerpos se tensaron mientras adoptaban posiciones de ataque, listos para defenderse a ellos mismos y proteger el castillo de cualquiera que significase una amenaza. Se relajaron notoriamente al darse cuenta que la persona que se aproximaba era nada más y nada menos que Uchiha Madara.
– Madara-sama. Es una sorpresa verlo aquí. –dijo Sasuke mientras hacia una reverencia de forma respetuosa, siendo imitado por Naruto.
– Si viene a supervisarnos, no tiene nada de qué preocuparse, dattebayo. –afirmó el rubio esbozando una de sus características sonrisas destellantes. – El teme y yo tenemos todo bajo… –ni siquiera pudo completar la frase cuando sintió un puño conectándose con su abdomen. El aire escapó de sus pulmones, y no pudo hacer nada más que arquearse hacia adelante, mientras sentía los dedos del pelinegro clavarse sobre la piel de su abdomen.
Sus ojos se abrieron con horror al darse cuenta lo que el Uchiha pretendía. Estaba buscando romper el sello que contenía al Kyuubi en su interior. Planeaba liberarlo en medio del castillo… Pero ¿Por qué? ¿Por qué el líder de los Akuma Hunters cometería tal acto?
Su cuerpo se tensó en realización. Levantó la mirada, mirando a los ojos a su líder, observando la sonrisa retorcida que adornaba sus facciones.
– Zet… su…
En medio de la noche, la calma fue interrumpida con un fue interrumpida con fuertes temblores que sacudían por completo el castillo y gritos de alerta. La tempestad había llegado…
