Perdón por los retrasos a la hora de actualizar, pero se debe a temas personales. Hace poco me fui de viaje y estoy metido mucho más en otras cosas y deje un poco de lado la escritura. Lo más probable es que el periodo de actualización sea muy irregular hasta mediados de Febrero. Aun así, puede que las actualizaciones sean semanales de vez en cuando.
Habiendo aclarado el punto anterior, me gustaría contestar una review:
Funny-Little-Cute White Fox: Casi me mareo escribiendo tú nombre jajaja. Me alegra que te hayan gustado los capítulos que eh publicado hasta el momento. También intentare mejorar mi ortografía para que quede perfecta, ya que hay muchas personas que realmente les molesta los errores ortográficos (horrores, en algunos casos). Todavía me falta para llegar a un buen nivel respecto a ese tema, pero intentare dominarlo lo más rápido posible! Mientras tanto, espero que tú y todos los demás que tienen el mismo pensamiento sepan disculpar mi ignorancia
Respecto a este tema. Un saludo!
Ahora sí, te dejo con el capítulo!
CAPITULO 8: ¡COSAS QUE LE EXPLOTAN LA CABEZA!
"¡Wow, esto es increíble!" Exclamaría Bell mientras miraba el carro de Apollo muy de cerca.
Apollo miro sobre sus hombros con una sonrisa dentuda. "¡Eso no es todo! ¡¿Sabes cuantos caballos de fuerza tiene?!"
Artemisa tan solo rodo los ojos por la interacción. Justo cuando había conseguido que Apollo se pusiera serio, Bell tenía que decir algo referido a su persona. Era bien sabido que Apollo escuchaba a todos, pero le gustaba mucho más escuchar a todos cuando él era el principal tema de conversación.
Bell miro a Apollo con una ceja alzada. "¿Caballos de fuerza?" El peliblanco observo a la parte delantera del carro y posiciono una mano sobre una de las luces mientras lo veía con gran expectación. "Nunca imagine que un bloque de oro podría contener a una gran cantidad de caballos dentro de sí mismo." El peliblanco le dirigió una mirada inocente a Apollo. "¿Es algún tipo de magia que le permite almacenar tantos caballos en un espacio tan pequeño?"
Apollo tan solo lo observo como si fuera un idiota.
En cambio, la reacción de Artemisa fui muy diferente.
La diosa bajo su cabeza y se posiciono una mano en su rostro para tratar de disimular su risa. Desafortunadamente para ella, Apollo la conocía muy bien. El dios solo pudo observar con los ojos bien abiertos a Artemisa.
"¡¿Te estas riendo?!" Apollo la señalo discriminadamente.
"¡No es cierto!" Artemisa alzo su mirada con una gran mueca de disgusto.
Sabiendo que su pequeña hermana no iba a ser sincera, el Dios del Sol se dio media vuelta y se acercó rápidamente a Bell mientras posicionaba una de sus manos en su hombro. "¿Cómo lo hiciste? ¿Me puedes enseñar? ¿Sabes cuantos años estuve intentado hacerla reír nuevamente?" Bell tan solo observo a Apollo con los ojos en blanco por la lluvia de preguntas.
Artemisa se aclaró la garganta, haciendo que Apollo y Bell la mirar fijamente. "¿Recuerdas que estas aquí por órdenes de nuestro padre? ¿Quieres que le diga como estuviste perdiendo el tiempo por estupideces?" Pregunto Artemisa con un aire astuto en sus palabras.
Apollo tan solo le sonrió nerviosamente. "¡Vamos, hermani- Artemisa, solo estaba bromeando un poco!" La sonrisa de Apollo se transformó en una sonrisa más seria, indicando que por fin iba a hablar en serio. "Zeus quiere verte, Bell. Necesita discutir un par de cosas que dejaron pendientes la última vez que hablaste con él."
Artemisa alzo una ceja ante lo escuchado. Sabía que Bell había hecho algo extraño en su reunión con Zeus, pero nunca había conseguido sacarle una palabra.
"¿Ah sí?" Pregunto Bell con un tono tranquilo mientras se apartaba un poco del carro. "Eso me parece genial, porque también quiero zanjar nuestra anterior charla de una vez por todas."
Apollo tan solo asintió con su típica sonrisa amistosa.
"Bien, si es lo que necesitas, vete de una vez." Artemisa se cruzaría de brazos y miraría hacia otro lado, esperando un resoplido indignado de su hermano que nunca llego.
"Él también quiere hablar contigo." Artemisa observo a Apollo con los ligeramente ensanchados. El Dios la estaba mirando seriamente, indicando que no estaba bromeando en lo absoluto.
"¿Sabes que quiere nuestro padre de mí?" Pregunto Artemisa con gran intriga. Ah lo mejor estaba enojado por algo referido a Bell. Aunque no lo había tratado mal desde hace más de una semana, por lo que era raro.
Apollo tan solo se inclinó de hombros. "No tengo idea, no menciono nada al respecto. Pero no creo que sea nada malo oh por lo menos, eso era lo que decía su cara."
Artemisa tan solo asintió seriamente.
La sonrisa un tanto estúpida volvió al rostro de Apollo mientras señalaba su carro. "¡Vamos los tres en mi carro, de esa forma experimentaremos un viaje mucho más emocionante que una simple teletranspo-"
"De ninguna manera." El tono fulminante de Artemisa hizo que Apollo refunfuñara por lo bajo.
"¡Vamos, hermanita! ¿No podrías darme un poco de tu confianza de vez en cuando?" Pregunto Apollo con un tono suplicante.
"¿Cómo esperas que te de su confianza, cuando ya la traicionaste hace tanto tiempo?" Las palabras de Bell hicieron que Apollo lo mirara con gran sorpresa, mientras que Artemisa tan solo pudo observarlo con un destello de simpatía en sus hermosos ojos plateados.
Un silencio un tanto incomodo se presentó bajo la perspectiva de Apollo, haciendo que se aclarara la garganta en un intento de desviar el tema. "Bueno, si mi hermanita no quiere viajar conmigo, entonces me iré ahora mismo para no incordiarlos más."
Bell observo de forma suplicante a Artemisa, haciendo que la Diosa diera un pequeño suspiro de cansancio.
"Apollo, ¿podrías llevar al muchacho contigo? Creo que le vendría bien tener una experiencia algo descabellada con los automóviles."
Apollo observo a Bell con una sonrisa dentuda y le dio un pulgar arriba a su hermanita. "¡No hay problema! ¡Créeme que lo disfrutaras muchísimo!" Diría Apollo dirigiéndose exclusivamente a Bell en sus últimas palabras.
Apollo rápidamente entro en su carro mientras le abría la puerta del acompañante a Bell. Antes de subirse, el peliblanco le dio una última mirada a Artemisa y le dirigió una sonrisa agradecida. La Diosa tan solo lo miro seriamente por un corto segundo, para finalmente asentir e enviarle una pequeña sonrisa. Apollo tan solo podía mirar con gran admiración entre Bell y Artemisa debido a la interacción tan amistosa. Apenas habían pasado unas semanas, y el muchacho ya había conseguido ganarse la confianza de la Diosa más desconfiada (respecto a los hombres) existente.
Después de la despedida entre Artemisa y Bell, la Diosa desapareció en un destello, haciendo que Bell se tapara los ojos por la incandescencia.
Apollo observo esto intrigado. "¿No puedes mirar nuestra verdadera forma? Se supone que eres un Dios, así que es extraño…"
Bell miro a Apollo con una ceja alzada. "Por lo visto, Lady Artemisa tenía razón sobre tu comportamiento. Eres igual de distraído que el Apollo de mi Dimensiona. Aunque también eres igual de simpático."
"Gracias. Pero, ¿Por qué dices que soy distraído?" Pregunto Apollo mientras encendía su carro para comenzar el vuelo.
Bell se inclinó de hombros con una sonrisa burlona. "No lo sé… quizás sea porque Zeus explico absolutamente todo en la reunión que tuvieron cuando visite el Campamento Mestizo, pero parece que toda esa información se te paso por alto. Oh por lo menos, una gran parte de ella."
"No soy muy bueno con las reuniones Olímpicas si no se trata de algo realmente importante." Trataría de defenderse Apollo mientras se frotaba el cabello con vergüenza.
Bell tan solo se rio por la actitud del Dios. "Tranquilo, estoy seguro que yo también hubiera estado a punto de dormirme del aburrimiento."
Apollo tan solo le sonrió al ver que congeniaba bastante bien con él. "Seria genial que la mitad de los Olímpicos pensaran igual que tú y yo." Apollo se inclinaría de hombros con una sonrisa. "Pero bueno, ¿qué se puede esperar de viejos amargados y hermanos con tan poco sentido del humor?" Después de decir esas palabras, el carro de Apollo adquirió un brillo increíblemente fuerte, exactamente el mismo brillo cuando había aterrizado frente a Bell y Artemisa. Prácticamente, era como ver la luz del sol directamente.
Bell observo por la ventana con gran admiración como el carro se elevaba y el brillo que lo rodeaba. "¡¿Cómo es que este brillo no está afectando mis ojos?!" Fue lo primero que se le ocurrió preguntar a Bell mientras aun seguía admirando la vista.
"Es como si estuvieras usando gafas de sol por estar dentro de mi carro. Y no solo es una luz muy brillante, es la luz del sol. Como estas adentro del carro no se nota, pero si sacas la mano por la ventana podrías obtener un excelente bronceado, ¡no lo hagas!" Apollo recrimino rápidamente al final, haciendo que Bell lo mirara con los ojos en blanco.
El carro salió volando a una gran velocidad, dejando maravillado a Bell por las alturas y la rapidez. "¿Esto es lo que utilizas todos los días para cargar al sol?"
Apollo asintió gustoso. "Así es. Mi hermanita utiliza un carruaje, pero a mí me gusta ser alguien más moderno, ya sabes." Apollo le dirigió una mirada divertida. "Y créeme, es mucho más caliente y luminoso cuando llego al sol conmigo. Si esto te parece demasiado, quedaras totalmente asombrado cuando te lleve con el sol a rastras. Además, por lo general me gusta tener un buen y largo viaje, pero la situación actual no lo amerita. Quizás para la próxima te haga un pequeño tur." Apollo le guiñaría un ojo con gracia. "Eso sí, ni se te ocurra sacar una uña por la ventana, oh terminaras peor que Hefesto." Ah Bell le recorrió un pequeño escalofrió por la espalada tras escuchar las últimas palabras de Apollo.
Bell dejo su miedo de lado cuando vio una enorme montaña flotante que atravesaba las nubes. La montaña estaba rodeada de estructuras que parecían ser los aposentos de los Dioses, junto con un enorme jardín en la parte trasera, y una enorme sala en la cima que era el lugar en donde se celebraban las reuniones de los Olímpicos. Todo se veía extremadamente lujoso, con unas construcciones fabulosas que pertenecían a la época dorada griega. En la montaña se desprendía un pequeño sendero que llevaba a una especie de puerta, según Bell (obviamente, era el ascensor).
Apollo observo con algo de gracia como Bell miraba embobado al Monte Olimpo. "Es cierto. No tuviste la oportunidad de ver como se veía el Olimpo en nuestra Dimensión." Apollo se puso un poco serio al recordar todos los cambios. "Cuando las creencias en nosotros decayeron de gran manera, y el mundo comenzó a cambiar con el pasar del tiempo, nos vimos obligados a aceptar los cambios y tuvimos que mudar el Olimpo a la cima del rascacielos Empire State que se encuentra en Nueva York. Utilizamos el piso 600 para lograr llegar al Olimpo como un medio de transporte. Obviamente, está perfectamente moderado para que ningún mortal se tope con el Olimpo accidentalmente. Creo que no hace falta decir que el Olimpo no está conectado con el edificio, solo se elevaba unos metros por encima del edificio y es cubierto con la niebla divina todo el tiempo para que los mortales no se enteren sobre la montaña flotante." Apollo miro hacia abajo con una sonrisa y señalo con un dedo hacia las nubes, en donde se podía ver una gran cantidad de luces a varios kilómetros a la redonda. "Como puedes ver, Nueva York se encuentra justo debajo nuestro. Probablemente, sea la primera ciudad que visites cuando finalmente comiences a salir de caza con mi hermanita."
Bell simplemente sacudió su cabeza en shock mientras intentaba distinguir la ciudad a través de las nubes. Lo único que veía eran luces. Pero, ¿Cuántas luces había en total? ¿Cuánta cantidad de personas vivían en un mismo lugar? ¿Qué era ese extraño sonido metálico y melodioso que se podía escuchar a tantos metros de distancia?
"Sin palabras, ¿eh?" Diría Apollo con un tono gracioso al ver la expresión de completo shock que tenía Bell.
El peliblanco se recompuso y se acurruco en su asiento mientras intentaba absorber todo lo que Apollo le había dicho. Solo se le ocurrió hacer una pregunta en estos momentos. "¿Estas cosas también están allá abajo?" Pregunto Bell refiriéndose al carro de Apollo
"Cientos y miles, amigo. Cientos y miles…" Respondería Apollo mientras asentía con gracia. "Y por cierto, no se llaman cosas, ni caballos mecanizados. Se llaman automóviles."
"Lo recordare…" Respondería Bell mientras veía como el carro de Apollo se acercaba rápidamente a la sala de reuniones, pasando por la enorme puerta abierta y aparcando su coche en uno de los muchos pilares que sostenían el suelo.
Bell y Apollo salieron del coche, solo para ver que la única que se encontraba en el lugar era Artemisa en su forma gigante, sentada en su trono esperándolos, aparentemente.
"Zeus te está esperando en sus aposentos." Declararía Artemisa de forma solemne mientras permanecía cruzada de brazos en su trono.
Apollo le dirigió una sonrisa a Bell y extendió su mano. "Esta reunión no me concierne, así que volveré al plano mortal para divertirme un poco. Fue un placer conocerte."
Bell lo miraría seriamente por un segundo, para luego dirigirle una sonrisa seria y estrechar su mano. "Lo mismo digo. Ha sido divertido."
Bell no se había olvidado lo que le había comentado Artemisa, pero no podía negar que Apollo parecía ser un hombre muy diferente a lo que pensaba cuando la Diosa le había contado su historia.
"Aquí hay algo raro…" Pensó Bell mientras veía como Apollo se marchaba en su auto. Pero rápidamente le restó importancia. Tenía cosas mucho más importantes en las que pensar en estos momentos…
SALTO DE LINEA.
"Lamento molestarte a estas horas, pero quiero terminar con nuestra discusión lo más pronto posible." Diría Zeus mientras veía como Bell entraba por la puerta. El Dios lo estaba esperando muy seriamente a pocos pies de la puerta, con su tamaño gigante.
Obviamente, esos factores no servirían para intimidar a Bell.
"No hay problema. De hecho, me parece buena idea que términos con esto de una vez por todas, antes de que el gran problema se nos venga encima." Respondería Bell con una pequeña sonrisa astuta mientras cerraba la puerta, haciendo que Zeus alzara una ceja por su extraña sonrisa.
Zeus cambio su expresión seria a una sonrisa mientras se cruzaba de brazos. "Eh estado pensando lo que me dijiste el otro día… supongo que tienes razón." Bell miro asombrado a Zeus por la respuesta.
"¿Realmente piensa que su familia es incluso más importante que su reinado?"
Zeus se posiciono una mano en el mentón mientras tenía una mirada calculadora. "Ya sabes… nos llevamos realmente bien con el Creador. Y aparte de él, no hay otros enemigos potenciales que queden con vida, que estén cerca de regenerar su cuerpo físico, oh no estén encerrados en el Tártaro, sin contar a los que están sufriendo una condena eterna… por lo que, solo queda que el traidor pueda ser alguien de mi familia, oh por lo menos eso es lo que pienso."
"Debí imaginarlo. Nadie puede cambiar por completo en tan solo dos semanas." Pensaría Bell con los ojos en blanco.
Zeus miro a Bell de forma calculadora, haciendo que el peliblanco lo mirara muy seriamente. "Pero, en parte eso se puede deber a mi actitud paranoica. Después de todo, es como tú dices. Si continuo actuando de forma tan egoísta en contra de mi familia…" Se podría ver como los ojos de Kronos se posicionaban detrás de él de manera amenazante. "Podría llegar a terminar igual que mi padre. Y de esa forma, alguno de mis hijos terminaría derrocándome, acabando con el Reinado, y acabando con el Olimpo…" Bell tan solo continúo mirándolo muy seriamente, esperando que terminara su frase. "Por esa misma razón, decidí cambiar ese aspecto. El reinado… el Olimpo no podrá continuar si no consigo que toda mi familia logre unirse más que nunca. Y el primero que debe marcar esos cambios y atarse a ellos…" Los ojos de Zeus brillarían de forma electrizante. "¡Es el Rey!"
"Genial. Entonces, ¿solo me llamaste para decirme esto?"
Bell le daría una mirada en blanco a Zeus, haciendo que el Dios mirara hacia otro lado de forma distraída y murmurara unas palabras.
"¿Eh?" El peliblanco inclinaría su oreja y pondría una de sus manos en un intento de escucharlo mejor.
Zeus giraría su cabeza mientras lo miraba de reojo y un sudor nervioso comenzaba a caer por su rostro. "Cito… yuda…"
"¿Qué?" Bell inclinaría aún más su oreja con una sonrisa marcada en su rostro.
Zeus apretaría fuertemente sus brazos y lo miraría con algo de irritación y vergüenza. "¡Para hacer eso, necesito tu ayuda!"
"Me rehúso."
"¿Eh? Zeus observo con los ojos en blanco como Bell se daba la media vuelta y comenzaba a marcharse de la habitación.
"¡Espera un segundo!" Diría Zeus mientras inclinaba su brazo hacia adelante en un intento de agarrarlo.
Bell se frenaría en seco y lo miraría de reojo con una mirada penetrante, haciendo que Zeus se detuviera en seco. "¿Por qué tengo que ser yo? Tienes a otros familiares que incluso se especializan en la familia, como Hera, ¿no es así? ¿Por qué no le preguntas a ella?"
Zeus lo miraría muy seriamente mientras el sudor seguía corriendo en su rostro. "¡Pero no deben saberlo! ¡Si mi familia se entera de esto, sabrán que estoy en un momento de debilidad y es contraproducente!"
La mirada de Bell se agudizaría aún más, haciendo que Zeus diera un paso atrás. "¿Te estas olvidando que técnicamente soy parte de tu familia?"
Zeus ensancharía ligeramente sus ojos mientras encontraba una respuesta. "Es cierto. Pero anteriormente dijiste que yo nunca seria tu padre, ¿oh ya lo olvidaste?" Preguntaría Zeus con la misma seriedad que Bell, mientras ambos se seguían mirando muy seriamente. Finalmente, Bell dio un suspiro de cansancio, indicando su derrota.
Bell se daría media vuelta para verlo frente a frente. "Tienes razón." Antes de que Zeus pusiera sonreír, el peliblanco alzo dos de sus dedos. "Pero tengo dos condiciones."
"¿Cuáles?" Pregunto Zeus expectante.
"Primero, solamente te diré consejos. No quiero decirte como deberías actuar, porque solo estarías imitando mis acciones. Básicamente, les estarías mintiendo a ellos, y a ti mismo. Tienes que cambiar tu forma de ser, pero a tu propio estilo." Zeus asentiría, indicando que estaba de acuerdo. "La segunda condición, es que me permitirás estar en cada reunión relevante que se lleve a cabo entre los Olímpicos. Cada-una-de-ellas." Diría Bell agitando su dedo severamente para hacer énfasis en sus palabras. Zeus trago un poco duro, ya que no le gustaría sentirse hostigado cuando estuviera dando un discurso en medio de todo el Olimpo. "Acepto." Diría Zeus un tanto vacilante, haciendo que Bell sonriera internamente.
Bell posiciono ambas manos en su cadera con una gran sonrisa dentuda. "¿Lo ves? ¡No es tan difícil cuando te lo propones!" Zeus tan solo observaría a Bell con una pequeña sonrisa por sus palabras.
"¿Y bien, como crees que debería actuar? Yo tenía pensado intentar actuar de la mejor manera posible desde ahora para asegurarme de que-"
"No deberías hacerlo." Bell interrumpió a Zeus, haciendo que el Dios lo mirara fijamente. "¿Recuerdas lo que te dije? Debes intentar comenzar a tu propio estilo. Si empiezas siendo muy agradable con toda tu familia, lo primero es que ellos sospecharan, y segundo es que no duraras mucha con esa actitud porque te agobiaras. Tú no eres esa clase de persona, debes acostumbrarte de apoco a actuar de esa manera, hasta que finalmente sea parte de ti. De la otra forma, no solo estarías mintiéndoles a las demás personas, sino que también a ti mismo." La seriedad de Bell cambio a una sonrisa serena. "¿Entendiste?"
Zeus asintió seriamente. "Si. Entonces, lo mejor sería comenzar de a poco."
Bell asentiría con una sonrisa. "Así es. De esa forma, no te sentirás asqueado de ti mismo, y los demás no creerán que te volviste loco de un día para el otro. De esa forma, no perderás el respeto de tu familia, e incluso terminaras ganando algo más."
"¿Algo más?" Preguntaría Zeus intrigado.
Bell se pondría ambas manos en la cadera. "Lo entenderás cuando llegue el momento."
Zeus tan solo asintió seriamente. "Ahora, me gustaría hablar con mi hija."
"¿Vas a ir caminando?" Preguntaría Bell un tanto sorprendido cuando vio como Zeus abría las puertas.
"Si. Tengo que pensar como decirle, después de todo." Declararía Zeus con una mirada concentrada, haciendo que Bell se riera internamente.
"¿En serio necesita pensar tanto para algo tan básico?" Se preguntaría Bell internamente.
"¿Tu que tienes pensado hacer?" Preguntaría Zeus mientras lo miraba de reojo.
Bell recordaría las palabras de Quirón. "Me gustaría ver a alguien en concreto. Volveré lo mas rápido posible."
Zeus tan solo asentiría seriamente.
SALTO DE LINEA.
"Supongo que es aquí…" Se diría Bell a si mismo mientras miraba la enorme puerta doble que estaba en frente de él. Era muy parecida a la de Zeus, pero no poseía ningún diseño… "eléctrico" en las paredes oh la puerta, sumado a que poseía unas flores blancas decorando la parte superior de la puerta. Otra diferencia más a recalcar, era que este lugar poseía pasillos abiertos, por lo que se podía ver bastante bien las nubes y las demás construcciones desde este ángulo.
Bell toco la puerta dos veces.
"¿Quién es?" Una voz bastante femenina e imponente resonó del otro lado, haciendo que Bell tuviera un pequeño escalofrió por la espalda.
"Ahora sé porque Zeus trata de evitar enfrentamientos con Hera…" Pensaría el peliblanco. "¡Soy Bell, solo quería pasar a darte las gracias por lo que hiciste en la Cabaña!" Finalmente contesto seriamente.
Bell pestañeo confundido cuando escucho un leve suspiro de sorpresa del otro lado, sumando a pasos acalorados que se acercaban rápidamente a la puerta. Para prevenir su inminente vuelo, Bell se alejó un poco de las puerta y pudo ver como Hera abría ambas puertas rápidamente, sosteniendo su forma mortal, al igual que su tamaño. El peliblanco no tuvo tiempo de responder, ya que la Diosa lo abrazo de la nada.
"¡Gracias por venir a visitarme, siempre serás bienvenido!"
"Gracias…" Respondería Bell un tanto confundido mientras abrazaba a Hera. Sabía que ella quería mucho a sus hijos. Pero no se esperaba esto. Después de todo, él era solo un hijo adoptado.
"¡Por favor, pasa!" Exclamaría Hera mientras se apartaba de él y le daba espacio para pasar a sus aposentos.
Bell se frotaría el cabello un tanto nervioso. "Gracias. Pero no podré estar mucho tiempo. Zeus esta yendo para hablar con Artemisa, y tengo que volver con ella."
Hera asentiría con una gran sonrisa. "Entiendo. Solo será una pequeña charla."
SALTO DE LINEA.
"¿De qué querías hablar? Preguntaría Bell mientras observaba la gigantesca habitación a su alrededor. Ah pesar de no ser Afrodita, la habitación de Hera estaba decorada con muchos artículos femeninos. Si mal no recordaba, podía ser bastante similar a la habitación de la Diosa Freya, otra Diosa del Amor. Pero, no podía imaginarse como podría estar decorada la habitación de Afrodita si este es el supuesto estándar para las mujeres en el Olimpo.
"¿Sabes que adoro mucho a mis hijos, a pesar de que seas adoptado?"
Bell miraría a la Diosa que ahora se encontraba en su forma gigante y sentada en su cama. "Eh leído bastante. Además, un amigo mío también me lo dijo." Diría Bell con una pequeña sonrisa.
Hera daría un pequeño suspiro de alivio. "Un amigo… lo sé. Es Quirón, pude verlo cuando entro en mi Cabaña." Hera le esbozo una sonrisa. "Puedo ver que lograste acercarte a algunas personas en el Campamento Mestizo en poco tiempo, por lo que no debes tener problemas en ese lugar." Los ojos de Hera brillarían de un tono peligroso. "¿Y cómo te fue con Artemisa?" Bell frunciría ligeramente el ceño al notar el tono un poco venenoso en sus palabras. Era obvio el porqué.
"Me ha ido bien. Especialmente en estos últimos días, realmente eh hecho nuevas amigas y Lady Artemisa es muy gentil conmigo. Es cierto que una de ellas es muy difícil de tratar, y tienen reglas un poco complicadas. Pero no es nada que yo no pueda afrontar." Respondería Bell con sonrisa segura en su rostro, haciendo que Hera alzara una ceja por lo mencionado.
"¿En serio la bastarda de Zeus puede llevarse bien con un hombre? Me parece extraño, pero tampoco es que tenga tiempo para vigilarlos, y no creo que Bell me mienta deliberadamente." Pensaría la Diosa seriamente, para luego dirigirle una sonrisa a Bell. "Me parece extraordinario que puedas llevarte bien con las Cazadoras y la misma Artemisa. Estaba realmente preocupada sobre tu situación, pero veo que te estas adaptando con mucha facilidad." Bell tan solo asentiría con una sonrisa dentuda. "Y dime, ¿cómo te va con la adaptación a la Ciudad Moderna?"
…
…
"¡Maldición, todavía no estudie nada respecto a eso!" Pensaría Bell mientras se frotaba el cabello con disgusto.
Hera se reiría un poco por su reacción. "No debes preocuparte. Aun tienes un tiempo para aprender algo sobre ello." La mirada de Hera se convertiría en una temeraria, haciendo que Bell diera un paso hacia atrás inconscientemente. "Y si no tienes suficiente tiempo, solo dímelo a mí para que hable con Zeus. Él me va a escuchar, créeme"
Bell se frotaría la nuca nerviosamente. "No creo que necesite más tiempo. Todavía no termino todos mis estudios respecto a la mitología, pero no tendría ningún problema en desviarme un poco por un tiempo." Hera se fijaría atentamente en el anillo de oro que le había regalado a Bell. Ella se levantó de su cama y comenzó a acercarse lentamente a Bell mientras optaba por un tamaño normal. Finalmente, la Diosa se puso en frente de Bell y tomo su mano.
"Este anillo… ¿sabes lo que representa?" Preguntaría Hera mientras acariciaba el dedo en el que estaba el anillo.
Bell la miraría un tanto sorprendido por su pregunta. "Solo es un anillo, ¿verdad? ¿Acaso tiene algún tipo de poder divino?" Pregunto emocionado.
Hera se rio levemente mientras negaba con la cabeza. "No, tonto. Este anillo representa la unión entre un hombre y una mujer, es el anillo más importante. El anillo de bodas." Bell se sorprendió enormemente por esa declaración, ¿Por qué le daría un anillo de bodas? "No te equivoques. No es cualquier anillo de bodas. Este anillo está marcado con mi bendición. Sé que en algún momento volverás a tu Dimensión, por lo que quería darte un regalo para que me recordaras. Este anillo está destinado a terminar en la mano de tu esposa. Claro, si es que llegas a tener una mujer en primer lugar." Diría Hera con una pequeña sonrisa juguetona.
Bell apartaría su mano de la Diosa con una sonrisa abatida cuando la imagen de Aiz volvió a su cabeza. "Lo siento, Hera. Pero no creo que me case nunca."
Hera lo observo un tanto dolida por su respuesta. "Vaya, ¿lo dices en serio? Y yo creí que finalmente uno de mis hijos tendría un casamiento digno y feliz…"
Bell observo a la Diosa con algo de sorpresa. Hera le sonrió al ver que no entendía a lo que se refería.
"Ya sabes, mi hijo más querido, Hefesto, está casada con Afrodita. Pero ella le es infiel con uno de mis hijos, Ares. Nadie sigue el verdadero concepto que hay detrás del casamiento, ni siquiera mi esposo." Respondería la Diosa mientras agachaba aún más la cabeza. "Por ese mismo motivo, es que esperaba que tu podrías tener un casamiento feliz. Después de todo, tienes una actitud y personalidad muy agradable. Sé que nunca serias infiel a tu mujer, y sé que también la escogerías muy bien para que ella no te engañe, puedo verlo en tus ojos." Esto haría que Bell miraría hacia otro lado. "… Pero supongo que no todos están destinados a disfrutar de esa felicidad, aunque para la gran mayoría sea algo efímero."
"Yo tuve una novia… antes."
Hera observaría a Bell con los ojos bien abiertos. Bell la miro a los ojos con un brillo peligroso y triste al mismo tiempo, haciendo que la Diosa apretara sus puños por su mirada tan intensa.
"Tienes razón, mis ojos dicen que no aceptaría a ninguna mujer que podría engañarme. Pero eso se debe gracias a mi experiencia anterior." Respondería el peliblanco mientras relajaba su mirada, al ver que estaba asustando un poco a Hera. "Por esa misma razón, no puedo permitirme ver a dos personas que realmente se aman, pero están separados por idioteces muy grandes." Bell le dirigiría una sonrisa reconfortante. "Al igual que mi Dimensión, haré que Zeus y tú vuelvan a estar juntos."
"¿Estar juntos? ¿Zeus y yo?" Pensaría Hera en shock. "¡¿En serio piensas que lograras cambiar la actitud de mi marido?!" Preguntaría Hera con gran sorpresa mientras sus ojos brillaban de alegría.
Bell se cruzaría de brazos mientras una sonrisa dentuda aparecía en su rostro. "Ya eh comenzado."
Antes de que Hera pudiera abrazarlo de la emoción, Bell puso una mano entre ellos para que no se acercara. La mirada completamente seria y calculadora de Bell hizo que Hera ensanchara ligeramente sus ojos.
"Pero Zeus no es el único que debe cambiar." Bell le dirigiría una mirada suspicaz a Hera, haciendo que la Diosa bajara la mirada avergonzada.
"¿Ya lo leíste?"
Bell asentiría seriamente. "Así es. Puedo entender que estés muy enojado con Zeus. Él rompió el matrimonio entre ustedes incontables veces con sus infidelidades." La voz de Bell se agravaría, dándole un tono amenazador. "Pero eso no te da el permiso para tratar a tus hijastros como una peste. Tampoco puedes tratar a algunos mortales como tus juguetes porque opinen de forma diferente a tus ideales, solo para aliviar tu gran frustración amorosa. No creo que deba decírtelo, pero lo diré de todos modos. El que causa tu frustración no son tus hijastros, ni los mortales," Bell señalaría a la Diosa de forma amenazadora. "es TU marido." Bell se daría media vuelta y tomaría la puerta, sin antes darle una última mirada a Hera. "Te diré lo mismo que a la Hera de mi Dimensión. No puedes reparar todo el daño que has hecho en el pasado, pero puedes intentar crear nuevos cimientos con tus hijastros. Solo te pido eso, intenta tratar a tus hijastros de mejor manera. Ellos no tiene la culpa de que Zeus sea un gran estúpido."
Bell cerraría la puerta con gran tranquilidad, mientras Hera observaba a la nada cuando se marchó.
"Muy simpático, alegre, chistoso, empático, honorable, un tanto orgulloso, junto con una actitud muy desbordante, serena y amenazadoramente explosiva. Increíblemente serio cuando el momento lo amerita, con una presencia demasiado imponente cuando decide ejercer su palabra. Inteligente y astuto para tratar temas muy delicados, y de esa forma siempre resultar triunfante en una discusión verbal gracias a sus fundamentos incontrarrestables."
"Bell Cranel…"
Hera cambiaría su expresión seria a una sonrisa esperanzadora.
"Por lo visto, ya tengo un nuevo hijo favorito."
SALTO DE LINEA.
Bell llegaría a la Sala de Reuniones, para ver como Zeus y Artemisa estaban conversando casualmente con su forma y tamaño humano cruzados de brazos.
"¿Así que se ha vinculado muy bien en tu Caza? Eso en increíble. Ahora que lo mencionas, siempre tenías una cara amargada cuando te veía hace unos pocos días, pero ahora te veo…" Zeus miraría el ceño ligeramente fruncido de Artemisa, mientras poseía un aura de seriedad a su alrededor. "Como siempre." Diría Zeus con los ojos en blanco al darse cuenta que no había mucha diferencia entre la cara amargada de Artemisa y su expresión habitual.
Artemisa asentiría por las palabras de Zeus. "Así es. Fue una buena vinculación para mi Caza. Él nos demostró que no todos los hombres son iguales. Uno es diferente."
"¿No pensaste que otros también pueden serlo?" Pensaría Zeus con una gota de sudor nerviosa.
Artemisa pondría ambas manos en su cadera mientras veía como Bell se acercaba a ellos y bajaba su cabeza como gesto de saludo a ambos dioses. "Por cierto, ¿Qué estuvieron hablando? No es que quiera parecer una metida, pero Apollo me había dicho que no habían terminado su conversación anterior. Me parece extraño siendo que nunca dejas nada a medias."
Zeus daría una pequeña sonrisa. "¿Recuerdas esos truenos que resonaron ese día?" Artemisa asintió seriamente. "Bueno, es que habíamos tenido un pequeño disgusto."
Artemisa agarro fuertemente el cabello de Bell junto con su cabeza, haciendo que el peliblanco pusiera sus ojos en blanco y diera un pequeño quejido.
"El me había contado otra cosa diferente. Lo siento." Diría Artemisa con la misma seriedad mientras aun sujetaba la cabeza de Bell.
Zeus simplemente asintió con una sonrisa. "Está bien, ya lo arreglamos de igual manera. Por cierto, ¿Cómo va su aprendizaje?
"Ah mejorado mucho con el uso del arco en muy poco tiempo, hasta podría decir que progresa igual de rápido que mis Cazadoras más jóvenes a pesar de no tener mi Bendición. También ha aprendido una gran cantidad de nuestra historia. Pero respecto al mundo moderno…" Artemisa bajaría su cabeza con algo de pena por sus últimas palabras.
Zeus simplemente le sonrió mientras agitaba su mano con desdén. "No importa. Todavía tienes más de una semana. Si quieres incluso puedo darte un poco más de tiempo, pero asegúrate de que aprenda las cosas más básicas. Si no, no podrá mezclarse de forma satisfactoria en la sociedad. Y quieras oh no, él tendrá que hacerlo en algún momento." Artemisa bajaría un poco más su cabeza por las palabras de su padre. Al ver esto, Zeus utilizo un tono aún más comprensivo. "Sé que a ti no te gusta vincularte mucho en la sociedad mortal actual y no entiendes muchos de sus hábitos. Podrías buscar a alguien para que Bell entienda más claro y más rápido. De seguro hay gente así en el Campamento Mestizo."
"¡¿En serio?!" Artemisa alzaría su mirada con un brillo de alegría en sus ojos.
Zeus asintió con una pequeña sonrisa. "Lo que busco es que aprenda más rápido. No serviría de nada si su maestra no conoce correctamente el tema a enseñar. Supongo que por tu cara ya tienes a alguien en mente." Artemisa asentiría seriamente, para luego ensanchar los ojos de sorpresa.
Nunca se esperaría esa acción de su padre…
Zeus había posicionado una de sus manos en la cabeza de Artemisa mientras la acariciaba con cariño. "Hiciste un buen trabajo, hija. Sé que continuaras con el gran trabajo."
"S-sí." Respondería Artemisa, algo vacilante por la interacción con su padre.
Zeus se separaría de Artemisa y se posicionaría al lado de Bell, que aún estaba siendo agarrado por Artemisa. El Rey del Olimpo lo observo seriamente por un segundo, para luego sonreír y alzar una de sus manos.
"Gracias por tu ayuda, Bell." Diría Zeus con una sonrisa satisfecha en su rostro.
Bell estrecharía su mano con una sonrisa. "Cuando quieras. Siempre y cuando cumplas mis condiciones."
Zeus tan solo asentiría para luego desaparecer mediante un rayo.
"Creo que ya deberíamos irnos, ¿no?" Preguntaría Bell con una pequeña sonrisa.
Artemisa lo miraría seriamente, para luego asentir. "Ya es tarde, y necesitas dormir. Continuaremos nuestra sesión otro día." La mirada de Artemisa se agudizaría un poco. "Hablando de sesión… me gustaría probar algo con el muchacho un poco antes de que termine el mes."
"¿Pasa algo, Lady Artemisa?" Artemisa le miraría seriamente, para luego negar con la cabeza.
"No es nada, muchacho… solo estaba pensando en darte las gracias."
Bell la miraría aún más extrañado.
La seriedad de Artemisa se curvaría en una pequeña sonrisa. "Gracias por defenderme cuando tuve la discusión con mi hermano. No podría haberle contestado de una mejor manera."
Bell le dirigiría una gran sonrisa dentuda. "Si es así, ¿podrías hacerme un favor?"
Artemisa alzaría una ceja. "¿Cuál?"
El rostro de Bell se pondría azul y comenzaría a temblar levemente. "¿Po-podrías soltarme? Siento que mi cabeza va a explotar."
"¡Nunca!"
La Diosa apretaría aún más su agarre haciendo que Bell se llevara ambas manos a su cabeza con dolor.
"Este es tu castigo por mentirme."
¡FINAL DEL CAPITULO!
Espero que les haya gustado!
Y como dije antes, quizás no me vean en varios días, ¡pero eso no quiere decir que abandonare los fics! Nunca lo hare, a menos que me vea obligado a ello. Y con obligado, me refiero a que se me destruyan por completo todos los medios para poder seguir publicando capítulos!
Un saludo a todos, y hasta la próxima!
Cantidad de palabras: 6137 palabras.
