—¿De verdad? ¿Ya lo sabe? —Mikasa asiente, con la cabeza enterrada en su cojín, ante el interrogante de su amiga— No esperaba que se enterara, o bueno, no de esa manera tan...
—¿Peculiar? —añade Armin.
—Peculiar para no decir irónico —completa jocosa—. Hiciste que se desatara lo que tanto quisiste evitar, Mi-sa-Mi-ka —pronuncia burlona, introduciéndose una dona en la boca.
Mikasa levanta su rostro para así observar a sus amigos en el video chat. Dado que era martes en la tarde, todos se encontraban ocupados con sus deberes y obligaciones, no tenían tiempo para reunirse en un café. Sobretodo Eren, quien vivía a kilómetros de la ciudad.
—Como dije, tomé de más y bueno... sucedió —murmura, realizando un leve puchero con sus labios.
—Por eso no has ido a trabajar —concluye Eren, posando un lápiz sobre su escritorio. Se hallaba realizando el diseño de una maqueta en lo que fluía la conversación—. Bueno, lo intentaste. Después de todo, dicen por ahí que entre cielo y tierra no hay nada oculto —encoje sus hombros—. ¿Qué harás, Miks? No puedes esconderte para siempre.
—¿Renunciaras? —pregunta el rubio con inquietud—. Es una buena corporación y lo sabes.
Mikasa vuelve a posar su rostro sobre el mullido cojín. No tenía ningún plan. Lo único que hizo fue huir por mero impulso debido a tanta vergüenza acumulada. A pesar de todo, le gustaba su empleo. Aprendía mucho ahí y el dejarlo no le sentaría bien. Sin embargo, tras el descubrimiento del secreto –por su culpa– creía que todo pendía de la elección de su jefe; mantenerla allí sin importar lo sucedido o echarla por el bien de la compañía y su imagen. Añoraba la primera, mas conociendo a su perfeccionista y correcto jefe, la segunda era la ganadora.
—No te deprimas, ¿qué tal si...? —el interrogante de Sasha se vio interrumpido por el sonido del timbre— ¿Quien es?
Mikasa realiza una expresión facial que denota que no tiene la menor idea. Les pide que la disculpen en lo que atiende. Luego de sus "no te preocupes" se aproxima a la puerta. Posa su ojo en la rendija para averiguar quién era y que necesita. Frunce su ceño al visualizar a un repartidor de pizzas.
—Disculpa, ¿qué se le ofrece? —cuestiona, sin abrir la puerta.
—Tengo una orden para... Mikasa Ackerman.
Tras escuchar su nombre, confusa, abre, con el propósito de explicarle que se trataba de una equivocación.
Grande fue la sorpresa al notar a su jefe salir de una de las columnas del pasillo y colocándose junto al muchacho.
—Ya puedes irte —le indica. Este no duda ni un segundo en correr al ascensor despavorido.
Mikasa se debate internamente que clase de cosa le habrá dicho para que hiciera tal acción.
—Jefe, ¿por qué...?
—Si venía aquí y decía mi nombre, no ibas a salir. Vi al raro y le pedí que simulará una entrega en tu nombre. Sabía que saldrías a arreglar el malentendido.
"Hombre listo" se dice en su interior.
—¿Cómo se enteró de mi dirección?
—Existe una base de datos.
"Cierto"
—¿Cómo se enteró del número de mi apartamento?
—Jean.
"Traidor, ni pienses que te devolveré el dinero que me prestaste para el café..."
—¿Puedo pasar?
Sin tener de otra, Mikasa le da espacio, ofreciéndole la bienvenida a sus aposentos. Se sentía abochornada, pero debía ser cordial con su (todavía) jefe.
Levi caminaba en dirección al living, observando curioso la decoración del lugar. Era totalmente opuesto al suyo en muchos aspectos. Lo que más le sorprendía, era el tamaño, no era gigante, pero si lo consideraba de esa manera para una universitaria. Aunque, no podía juzgar, el suyo era más grande y todo para el solo. Era mejor enfocarse en las rosadas paredes que en las piernas descubiertas de su asistente. Ese short le lucía muy bien.
La joven lo invitó a que tomara asiento en el sofá, incluso le ofreció algo de beber. Él por su parte, se negó a las opciones que se le eran ofrecidas, su visita sería rápida. Ella asiente y se acomoda a su lado.
Un silencio incomodo se apodera de ambos. Mikasa juega con sus dedos y Levi seguía ensimismado con sus alrededores
—¿Cuál es el motivo de su visita, señor? —ella decide arriesgarse en romper el hielo. Ya no soportaba la incertidumbre.
—Has estado faltando —comenta seriamente, dirigiendo la vista a sus ojos—. Como trabajadora, deberías saber que tres faltas injustificadas son suficientes para ser despedida al no acatar las reglas y mostrarte vaga y desinteresada ante la empresa. Te queda una oportunidad, ¿la desperdiciaras por eso?
Mikasa lo ve extrañada.
—¿Eso?
—Estoy seguro de que sabes a lo que me refiero.
Inmediatamente, sus mejillas se tiñen de un fuerte color rojizo y la incomodes aumenta. Recordar una vez más los sucesos de hacia dos noches le producía mucha ignominia.
—Si se colocará en mi lugar, entendería mejor —dice, bajando la mirada.
Él mueve su cabeza afirmativamente antes de volver a hablar.
—Soy consciente de que no lo pasaras por alto. Es una situación rara y tardarías en olvidarla, pero, yo trabajo con Mikasa no con Misa —esa última oración captó la atención de la joven—.Lo que desempeñes fuera del trabajo no es de mi importancia. Si no te hubieras embriagado, yo nunca me hubiera enterado, simple...
"O por lo menos no tan rápido"
—Si eres más responsable, nadie más lo descubrirá.
—Entonces... ¿No me despedirá?
Él negó.
—Has sido la asistente más o menos capaz que he tenido.
—¿Cómo que más o menos? —gruñe indignada— Me esfuerzo.
—Pero te equivocas.
—Pero corrijo.
—Porque yo te digo.
—Soy bastante atenta.
—Tanto que le echaste sal a mi té porque la confundiste con la azúcar. Y yo odio la azúcar
—Fue una vez, hace meses.
—Por culpa de eso has bajado un escalón del pódium de la asistente perfecta.
Entrecierra sus ojos mientras muerde la parte interna de su mejilla, evitando sonreír. Era evidente que la provocaba, de una buena manera claro.
—Está bien, usted gana por ahora, señor.
—Siempre lo hago —hace un ademán despreocupado.
—¿Seguro? —inquiere divertida, elevando una de sus cejas.
—Obvio.
—¿Ah sí?
—Sí.
—Lo dudo.
—Compruébalo entonces.
—¿Creen que se besen?
Ambos se exaltan al escuchar una voz femenina. Giran hacia en frente y ven tres rostros entretenidos en la pantalla de la computadora. Posteriormente, se miran confundidos el uno al otro antes de separarse abruptamente y apegarse a los extremos del sillón. Levi al izquierdo, Mikasa al derecho. ¿Por qué demonios sus caras se aproximaron tanto?
—Sasha —refuñe Armin.
—Lo siento.
La pequeña discusión fue suficiente para que Mikasa saliera de su transe y cerrara su portátil.
—¡Hey, Mikasa! No la hagas. Esto está interesan...
"Suficiente chisme, Eren"
Una fuerte tos fingida de su superior la hace voltear.
—Debo volver a la empresa —anuncia—. He perdido más tiempo de lo estipulado.
—Lo acompaño a la salida.
En el corto tramo, Mikasa piensa en el hecho de que Levi se tomó la molestia de averiguar su dirección e ir a su vivienda solamente para advertirla y –a su manera– dar a entender que no se fuera. Fue un gesto amable y tierno a cierta medida. Se preocupó por ella.
—Señor —lo llama, cuando él está a punto de dirigirse al ascensor—. ¿Le importaría esperarme unos minutos? Iré con usted.
El mayor suaviza su ceño y realiza un intento de sonrisa.
—Bien.
Datos curiosos
-Jean y Mikasa son compañeros de trabajo muy cercanos, mas no se consideran amigos.
-Jean no tiene sentimientos hacia Mikasa, incluso tiene novia (y no soy yo T~T raioz)
-Levi no amenazó al repartidor ni nada por el estilo, al contrario, le pidió el favor. Sin embargo, su presencia lo intimidó tanto que lo asustó y le hizo temblar, por eso Levi lo llama raro.
Baia baia, ¿qué es lo que veo aquí, una tensión? 7u7
He aquí el capitulo de hoy~ espero les haya gustado y lo hayan disfrutado.
Nos vemos en el próximo capitulo que será un tanto... ¿interesante? *guiño* ¿qué creen que sea?
Sin más, las quiere con todo su kokoro*-*
Val
