Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D
Había un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada, pero FF tiene algo en contra de los enlaces y ahora no sabría deciros exactamente quién es su autor.
Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.
◤El Intercambio◢
«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »
◉○ PARTE 2 ○◉
AKANE X
«En el que todo acaba»
Ranma fue el primero en reaccionar.
—De ninguna manera —dijo, poniéndose de pie de un salto.
Akane frunció el ceño, pero calló mientras Ranma se detenía justo entre Ukyo y ella. Con el cuerpo tenso y la mirada enardecida, a Akane le recordaba a un animal que se sentía amenazado.
—Pero ¿qué problema hay? — preguntó con suavidad.
Había algo en su postura que le decía que, aunque Ranma tendía a reaccionar de forma exagerada ante el más mínimo peligro que la concerniera a ella, esta vez era diferente.
Ranma miró a Ukyo de reojo y chasqueó la lengua.
—No me he pasado estos últimos días protegiéndote —dijo entre dientes, hablando en voz baja y hacia ella—, como para que ahora te le pongas en bandeja, Akane.
«Oh», pensó. Y entonces recordó aquella conversación telefónica que habían compartido hacía tan solo unos días, pero que a ella ya le parecía una eternidad. Habían pasado tantas cosas (p-chan, los chanchullos imperiales de su hermana, su regreso a casa) desde entonces...
«Sigue en tu cuerpo», había dicho con la voz cargada de preocupación. «Y hasta que eso no cambie, no quiero hacer nada que pueda molestarla. ¿Y si te hace daño?», insistió casi con desesperación.
Akane sintió que se le encogía el corazón. Sabía lo que Ranma pensaba de Ukyo después del fiasco que había querido hacerse pasar por su boda. Sabía que, después de Jusenkyo, Ranma había cambiado.
Oh, seguía siendo un chico sencillo al que se le daban mal las palabras y expresar sus verdaderos sentimientos. Seguía siendo el mismo muchacho que no le daba importancia a lo que la sociedad pensase de él.
Pero había aprendido a valorar mucho más lo que tenía: una familia que no era perfecta ni por asomo, pero por la que haría cualquier cosa (aunque, quizás, el tío Genma nunca gozaría de tal privilegio), y enemigos convertidos en aliados que tal vez algún día llegarían a transformarse en una verdadera amistad.
No obstante, también había aprendido a reconocer aquellos aspectos de su vida que no tenían tanto valor.
Shampoo siempre había sido un problema. No solo por su obsesión por convertirlo en su esposo cuando Ranma había dejado más que claro que no estaba interesado en absoluto en formar parte de una tribu de guerreras donde apenas tendría oportunidades de demostrar su valía, sino porque no le importaba lo que pudiera destruir a su paso. ¿Cuántas veces había destruido partes enteras del hogar de los Tendo? ¿Y del hogar que su madre había mantenido con tanto esmero durante todos estos años?
¿Cuántas veces había sido Akane, y no un edificio o parte del mobiliario, quien sufría las consecuencias de sus estragos?
Aunque racionalmente sabía que lo que había sucedido en Jusenkyo no era culpa suya, al menos, no del todo, Ranma no podía sacarse de la cabeza que Shampoo habría sido capaz de actuar de forma similar en otras circunstancias, aunque tal vez con intenciones menos letales. Sus planes para seducirlo siempre habían sido exóticos y peligrosos, por lo que no podía descartar que utilizara las mismas tretas para deshacerse de una rival.
En cuanto a Ukyo…
Ranma le había confesado una vez, en una noche en la que ninguno podía conciliar el sueño y acabaron escabulléndose al tejado para ver las estrellas, que Ukyo había sido la mejor parte de su infancia: aunque durante años había creído que la criatura de la que se había encariñado de pequeño era otro niño como él, no podía negar que aquellos meses en que jugaron juntos (y la responsabilidad de los entrenamientos con su padre quedó relegada a un segundo plano) habían sido los más divertidos de aquellos años.
Lamentaba las formas en las que se habían separado, sobre todo porque ahora sabía que el padre de Ukyo había hecho aquel trato con Genma porque una visita al médico le había revelado que estaba enfermo y no viviría muchos años más. Lamentaba no haberse criado junto a ella y haber estado a su lado cuando el buen hombre falleció y la dejó sola en un mundo demasiado grande y cruel para alguien de su edad.
Lamentaba no haber sido un mejor amigo cuando se reencontraron.
Lamentaba que ella tampoco lo hubiese sido.
Ranma nunca había tenido muchos amigos. Salvo Ryoga, las primeras amistades que había forjado habían sido tras su llegada a Nerima. Daisuke y Hiroshi habían sido como un soplo de aire fresco después de años de soledad y relaciones superficiales, un recordatorio de la normalidad que había sacrificado en aras de perfeccionar el Arte con su padre.
Recuperar a Ukyo, a esa pequeña parte de su niñez, le había parecido extraordinario. Ukyo era una artista marcial, como él, y lo entendía a un nivel que por aquel entonces ni siquiera Akane conocía.
Pero pronto le había quedado claro que Ukyo no lo recordaba a él con tanto cariño, y que la única razón por la que lo había buscado había sido su maldito compromiso. Y, aunque habían hecho las paces y resuelto los malentendidos, había sido ese mismo compromiso la razón por la que Ukyo se había quedado en Nerima.
Aunque ser su mejor amiga de la infancia había sido su principal argumento para defenderse ante las otras prometidas, Ranma nunca dudó de que Ukyo había dejado de ser su amiga hacía mucho, mucho tiempo.
—Oh, Ranma —murmuró Akane cuando notó la sombra de dolor que se extendió por (su) el rostro de Ukyo.
Con suavidad, como temiendo asustarlo, Akane puso una mano sobre su hombro para llamar su atención. Cuando la miró, seguía crispado, pero sus ojos adquirieron esa suavidad que a ella tanto le gustaba y sintió que se llenaba de valor.
—No tienes nada de qué preocuparte —le aseguró—. Serán solo unos minutos, y si no funciona, ya has oído lo que ha dicho Cologne. El hechizo es débil y pronto volveremos a la normalidad…
—No voy a dejarte a solas con ella.
—Y no lo harás. No realmente —lo tranquilizó—. Estoy segura de que Cologne nos dejará una habitación para hablar, y que podrás esperarnos en el pasillo o… o en algún lugar cercano por si llegara a pasarme algo.
—No voy a…
Akane contuvo el aliento y le dio un ligero apretón. «Confía en mí», le dijo sin palabras.
Ranma la observó durante largos instantes. Y, finalmente, asintió.
Un suspiro de alivio se escapó de entre sus labios al mismo tiempo que Ukyo contenía una exclamación.
—Podéis usar la habitación de Mousse —dijo Cologne antes de que ninguna de las dos pudiera pronunciar palabra alguna—. Estoy segura de que no le importará prestárosla un rato.
Acto seguido, la anciana amazona procedió a empujar a Ranma con su bastón con tanta fuerza que el joven se dobló sobre sí mismo profiriendo un gruñido de dolor.
Cologne se limitó a arquear una ceja inexistente con displicencia mal disimulada y murmuró algo ininteligible que, a juzgar por el furioso sonrojo que se extendió por las mejillas de Ranma, seguramente se trataba de un insulto.
—Rápido, niñas —las apremió la anciana con un vago gesto de mano—. No tengo todo el día y no falta mucho para que tengamos que prepararnos para el turno de las cenas…
Instantes más tarde, tanto Ukyo como ella se encontraban en la habitación de Mousse. Se trataba de un cuarto pequeño y espartano que contaba con tan solo una cama, un escritorio y un armario. No había decoración alguna, lo que sorprendió a Akane: cualquiera habría dicho que Mousse al menos guardaría una fotografía de su amada Shampoo. O que, tal vez, exhibiría de una forma u otra su extenso arsenal de armas...
Aunque, a decir verdad, aquella austeridad casaba con la personalidad de Mousse. La ausencia de fotos de Shampoo podía explicarse con que, pese a que era obvio que el joven estaba obsesionado con la amazona china, jamás haría nada en contra de su voluntad, lo cual, sin duda (y por un segundo, Akane se preguntó como sería ser Shampoo y ser el recipiente de aquella adoración y respeto), incluía poseer imágenes suyas sin su consentimiento.
Además, Mousse era capaz de lanzar sus armas incluso transformado en pato. ¿Tal vez él también tenía un acceso directo a un bolsillo dimensional y era allí donde almacenaba la mayor parte de sus suministros?
Se estaba prometiendo a sí misma preguntárselo algún día cuando Ukyo se aclaró la garganta con vehemencia, sacándola de su ensimismamiento.
Akane también carraspeó, incómoda.
Ukyo se cruzó de brazos y la miró con una ceja arqueada.
De repente, Akane sintió los inicios de un terrible dolor de cabeza.
—Ranma no estaba fingiendo —murmuró mientras se pellizcaba el puente de la nariz—. Estos últimos días, quiero decir. No estaba fingiendo…
—Oh, por favor —refunfuñó Ukyo—. No te atrevas a mentirme a la cara. ¿No acaba de decirlo bien clarito hace unos minutos? Ranma te estaba protegiendo…
—Bueno —reconoció Akane—, hay que admitir que no tienes el mejor historial. Hace tan solo unos meses, destrozaste mi casa, Ukyo.
—¡Fue sin querer! Yo solo quería detener aquella farsa de boda…
—¡¿Con pólvora?!
Ukyo tuvo la decencia de sonrojarse. Luego, para su consternación, se encogió de hombros con descaro.
—Por favor, ni que tú no hubieses hecho lo mismo en una situación similar.
—¡Jamás se me ocurriría hacerle daño a gente inocente! ¡Kasumi estaba allí, Ukyo! ¡Mis amigas del instituto!
Ukyo tragó con fuerza y alzó la barbilla con soberbia.
—A veces hay que hacer algunos sacrificios por la persona a la que amas.
Akane sintió que se quedaba sin aire.
—Oh, ¿de verdad? —pronunció con la boca seca.
—¿Qué?
—¿De verdad quieres a Ranma? —aclaró.
—¡Claro que sí! —protestó Ukyo, indignada. Puso los brazos en jarras y se cuadró de hombros con firmeza—. Ran-chan es mi prometido. Lo he querido desde siempre, desde que nos conocimos desde niños...
—¿Y por eso cuando llegaste a Nerima lo buscabas para vengarte? —la interrumpió Akane.
Ukyo inhaló con tanta fuerza que casi pareció que emitía un siseo amenazador.
—Bueno, —dijo, marcando cada sílaba con fuerza—, su padre se llevó mi dote sin cumplir lo estipulado por el compromiso…
Akane sintió que algo dentro de ella (su conciencia o, quizás, su autocontrol) se apagaba con violencia, como una bombilla que acababa de explotar.
—Ah, tu dote —murmuró, estirando la palabra con tanto sarcasmo como fue capaz de reunir en un mismo golpe de voz—. Tu famosa dote. Dime, Ukyo, ¿cuánto costaba exactamente el dichoso carro de okonomiyakis?
—¿Qué? —Ukyo parpadeó con confusión—. Pues no sé. Mi padre nunca me dijo…
—Estoy segura de que no costaría más que cambiar todo el tatami del dojo de mi familia —la cortó Akane—. O las puertas de papel de arroz de, no sé —puso los ojos en blanco—, mi casa entera.
—¿De qué estás hablando?
—O —continuó Akane, como si Ukyo no hubiese dicho nada—, reconstruir por completo la casa de los padres de Ranma. Tuvieron que hacer varias reformas, si no estoy mal.
—Pero ¿a qué viene esto? ¿Te ha sentado mal la comida?
Akane gruñó y se dejó caer con un aspaviento sobre una silla de madera que Mousse, por alguna razón, había colocado en una esquina de su habitación.
—Viene a que ya deberías dejar aparcado el temita de la dote, ¿sabes? El tío Genma te la robó, eso no te lo puedo negar, pero creo que a estas alturas ya te la has cobrado, y con creces, ¿no te parece?
Ukyo abrió la boca para decir algo y casi inmediatamente la volvió a cerrar. Y, acto seguido, volvió a empezar. Akane apretó los labios: en cualquier otra situación, habría encontrado aquella imagen muy graciosa, pero Ukyo, en esos instantes, ostentaba su rostro y no podía evitar pensar que, en realidad, le parecía una expresión de lo más ignominiosa.
Tras aclararse la garganta, añadió:
—Además, si de verdad consideras que esa es una razón de peso para que se reconozca tu compromiso con Ranma… —se encogió de hombros—. Bueno, no estás dando la mejor impresión…
—¡Pero no es la única razón que existe! —protestó Ukyo antes que inmediatamente—. ¡También soy su amiga de la infancia! Y todo el mundo sabe que los amigos de la infancia…
—No significan nada si apenas se recuerdan —terminó Akane por ella—. Dime, ¿cuánto tiempo pasasteis juntos? ¿Algunas semanas?
—Fueron meses…
—Meses en los que Ranma ni siquiera se molestó en entender que eras una niña…
Ukyo cerró la boca con tanta fuerza que Akane fue capaz de oír el chasquido de sus dientes. Hizo una mueca. ¿Tendría que visitar el dentista cuando todo volviese a la normalidad?
—Tú no lo entiendes —insistió Ukyo unos instantes después—. Fueron unos meses preciosos. Puede que Ranma no fuese consciente de todo lo que sucedía, pero éramos amigos. Los mejores amigos, en realidad.
Akane asintió.
—Hasta que su padre huyó con tu dote, pero sin ti, rompiendo la promesa que le había hecho a tu padre. Entonces decidiste que lo odiabas —le recordó—. Al menos eso fue lo que nos dijiste cuando llegaste a Nerima por primera vez…
—Eso no…
—Eso me lleva a la pregunta que te he hecho antes. ¿De verdad quieres a Ranma?
El rubor de Ukyo comenzó a adquirir tintes violentos. Con los dientes apretados, escupió:
—Cómo te atreves a poner en duda mis sentimientos. ¡Claro que-!
—¿Por qué? —preguntó Akane con voz suave, apenas sin inmutarse.
Ukyo dejó escapar una risilla cruel.
—¿Que por qué lo quiero? ¡Ran-chan es mi amigo de la infancia! Yo…
—Oh, ¿me vas a decir que de verdad lo consideras tu amigo? —dijo Akane, sonriendo cuando Ukyo arrugó el ceño al verse interrumpida de nuevo—. Porque, hasta donde yo sé, no le destrozas la casa a tus amigos, Ukyo. Ni los manipulas constantemente para que se queden a tu lado para siempre.
—¡Yo nunca-!
—¡Le hiciste prometerte que se convertiría en tu cocinero si perdía contra el Rey del Juego sabiendo que se le dan fatal los juegos de cartas! —señaló Akane, cansada ya de tanta discusión—. Y eso es solo por mencionar un ejemplo. Lo que quiero decir —se apresuró a añadir cuando vio que Ukyo se disponía a protestar de nuevo—, es que no lo tratas como si fuera tu amigo. Lo tratas como… como a un pelele que puedes engañar con comida y chanchullos turbios, Ukyo. Y eso duele.
—Ranma no es ningún…
—Pues claro que no lo es —reconoció Akane con suavidad—, ¿por qué crees que le fastidia tanto que lo trates como tal?
Ukyo apretó los labios y desvió la mirada hasta la ventana. Las cortinas estaban echadas, por lo que no podía ver nada más allá de la pesada tela.
Era la viva imagen de la melancolía. Se había vuelto a cruzar de brazos y su postura había perdido la altivez; de repente, Ukyo parecía tímida y casi…
Herida.
—En parte lo entiendo, ¿sabes?
Ukyo apenas la miró por el rabillo del ojo.
Poniendo los ojos en blanco, Akane explicó:
—Que quieras mantenerlo a tu lado.
Ukyo apretó las manos con fuerza; tanto, que se le pusieron blancos los nudillos. Akane se levantó e intentó acercarse a ella, como hacía con sus hermanas para tranquilizarla, pero Ukyo reaccionó como un rayo y retrocedió antes de que pudiera alcanzarla.
—Pero hay algo que debes tener claro, Ukyo —continuó diciendo pese al evidente rechazo—, y es que no puedes obligar a nadie a quererte. Y engañar a alguien para conseguir su afecto es una estupidez.
Ukyo dejó escapar un amargo gemido. No obstante, cuando Akane se atrevió a mirarla a la cara, notó que no había derramado ni una sola lágrima pese a que tenía los ojos brillantes de tristeza. Una parte de ella se sintió orgullosa de la joven, aunque otra, la que sabía exactamente por la turbación que debía estar pasando, sintió pesar.
—Ya sé que Ranma no me quiere como a mí me gustaría —dijo Ukyo al cabo de unos segundos. Le temblaba la voz pese a sus esfuerzos por mantenerse serena—. Ya sé que… que hace tiempo te escogió a ti, ¿vale? Y ya lo había aceptado incluso antes de que regresaras —aclaró, sorbiéndose la nariz—. Es solo que no esperaba… no esperaba que Ranma estuviera mintiéndome todo este tiempo. Pensaba que volvíamos a ser amigos…
Akane hizo una mueca cuando su frase se rompió en un quejido. «Duele, ¿no es cierto?», quería decirle. «Cuando solo son amables contigo porque quieren algo específico de ti. Cuando juegan con tus sentimientos solo porque les conviene», quería señalarle con cinismo.
No obstante, Akane se limitó a estirar una mano en su dirección, con cuidado, y se sintió triunfante cuando Ukyo no se apartó cuando le tocó un brazo.
—Independientemente de con qué fin lo haya hecho —contestó Akane—, ha sido cruel por su parte tratarte de esta manera. Si te sirve de consuelo, yo nunca imaginé que pudieras hacerme daño. Conmigo siempre te has portado bien.
Ukyo le ofreció una sonrisa tensa.
—No entiendo por qué cree que sería capaz de hacerlo —susurró—. Vale, el día de vuestra boda me pasé un poco con los okonomiyakis bomba, pero…
—Ah —Akane hizo una mueca—, me temo que esa es precisamente la razón. Después de lo que pasó en Jusenkyo —se estremeció—, Ranma se ha vuelto un poco sobreprotector.
Ukyo la miró fijamente durante largos instantes. Finalmente, suspiró y dijo:
—Fue bastante más grave de lo que me imaginaba, ¿verdad? Ahora tienes un estanque en China—se explicó.
Preguntándose cómo se habría enterado exactamente de aquel detalle, asintió.
—Estoy segura de que tarde o temprano te perdonará —musitó. Ukyo arqueó las cejas con escepticismo y se vio obligada a apuntar—: Siempre le ha gustado la idea de tenerte como amiga.
—¡Ja! —dijo Ukyo con cierta amargura—. Supongo que ese siempre ha sido mi problema, ¿no? Que Ranma me ve solo como una amiga, y yo siempre he querido ser algo más.
Akane quería decirle que aquel no era el caso. Al menos, no del todo. Ranma valoraba por encima de muchas cosas la amistad. Y ¿no era así como había empezado todo entre ellos dos?
La diferencia entre Ukyo y ella, suponía, es que Akane también valoraba su amistad con Ranma por encima de muchas otras cosas más. Sí, se había enamorado de él más pronto de lo que le gustaría admitir, y tenía sus sospechas de que a él le había sucedido algo similar, pero aquellos meses en los que se habían limitado a apoyarse sin condiciones, a ayudarse mutuamente, eran la única razón por la que a día de hoy las cosas eran como eran entre ellos dos.
Un lamento resonó en la habitación. Akane actuó por instinto y, casi sin darse cuenta, rodeó a Ukyo con un brazo justo cuando el primer sollozo se escapó de entre sus labios.
Ukyo lloró contra su pecho durante quién sabe cuánto tiempo. Al final, cuando se le secaron las lágrimas y su corazón dejó de encogerse de dolor, ambas permanecieron en silencio mientras observaban las sombras inciertas que se dibujaban desde el exterior.
—¿Te sientes diferente? —murmuró Ukyo con voz nasal—. Yo me encuentro mal, pero imagino que es lo normal cuando estás al borde de la deshidratación.
—Creo que Cologne nos estaba tomando el pelo —dijo Akane, siguiéndole el juego—. Tal vez todo era un truco para pillarnos en un momento de vulnerabilidad. ¿Tú crees que nos habrá grabado? —inquirió mirando con suspicacia todos los recovecos de la habitación.
Ukyo se rio y por una vez no sonó cruel.
—Si ese fuera el caso y esta es realmente la habitación de Mousse —se estremeció con exageración—, encuentro un poco perturbadora la situación. ¿Tú no?
—¡Puaj! —exclamó Akane—. ¿Te lo imaginas?
—Tal vez Mousse anda detrás de la amazona equivocada…
Las dos estallaron en carcajadas. Cuando se calmaron, Ukyo se limpió el rostro con el dorso de la mano.
—Supongo que esto ha sido una pérdida de tiempo —dijo.
Akane lo meditó durante unos instantes y sacudió la cabeza.
—Yo creo que no —contestó. Se puso de pie de un salto y extendió un brazo en su dirección—. ¿Vamos? Si Kasumi sigue de morros, tendremos que comprarnos algo para cenar si no queremos intoxicarnos…
Ukyo dudó unos segundos antes de aceptar su invitación.
Fuera, Ranma los esperaba junto a Konatsu, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Al notar los ojos enrojecidos de (Akane) Ukyo, arqueó una ceja en su dirección. Akane se encogió de hombros y le ofreció una sonrisa descarada cuando su prometido gruñó de frustración.
El intercambio no sucedió tan pronto como a todos le habría gustado. Ukyo permaneció en casa de los Tendo, acompañada de Konatsu, otros dos días más: Kasumi la trataba con cortesía y el señor Tendo no trató de disimular en ningún momento que la culpaba de lo que le había sucedido a su hija, mientras Akane hacía todo lo posible por mantener la situación bajo control. Ahora que no veía la necesidad de ocultar su irritación con Ukyo, Ranma la trataba con frialdad y distanciamiento.
Pasó mientras dormían. Habían acomodado a las dos chicas en la habitación de Akane pese a las protestas de Ranma, y ninguna de las dos percibió el momento en que sus almas regresaban a sus cuerpos de nacimiento. Fue un ruido familiar y conocido el que la despertó. Akane supo sin necesidad de mirarse en ningún espejo que volvía a ser ella: una sensación de corrección y bienestar la había invadido desde el primer momento en que recuperó la consciencia.
En silencio, y con una destreza que solo podía ser resultado de muchas noches de práctica, se acercó hasta su ventana y la abrió. El cantar de las cigarras dominaba la noche, aunque Ukyo apenas suspiró contra su almohada. Con cuidado, Akane se subió al escritorio y no pasaron ni dos segundos cuando sintió que tiraba de ella hasta la seguridad de un abrazo.
—¿Akane? —murmuró Ranma contra su pelo, aunque no era una pregunta, a juzgar por la certeza con que la había rodeado con sus brazos.
Enterrando el rostro contra su pecho, Akane murmuró:
—Tadaima.
Ranma depositó un breve beso sobre su coronilla.
Y al cabo de unos segundos, contestó:
—Okaeri.
A/N: Gracias por los follows y favoritos que habéis dado desde que comencé este proyecto. Espero que todos unas bonitas fiestas y que me perdonéis la tardanza con el capítulo: mi "afortunado" trabajo nuevo resultó más bien rana y he pasado unas semanas más o menos regulares. La navidad y pasar tiempo con mi familia me devolvieron las ganas de escribir y hoy os he traído el último capítulo de esta historia. ¡Aunque todavía falta el epílogo! El epílogo llegará el 31 muy temprano hora de España. Y tranquilos, que esta vez no habrá retrasos, ¡porque lleva meses escrito!
A mis reviewrs invitados:
Beal: ¡De nada! Nunca pensé en abandonarlo aunque en muchas ocasiones me entraban ganas de darme golpes contra la pared.
Caro: Sencillo en palabras de Cologne. La naturaleza humana no es sencilla, en ningún sentido.
Jessie Rojas: Espero haberte animado también en esta ocasión. Gracias por tu comentario!
Lg: Como digo unas líneas más arriba, abandonar nunca fue una opción. He tardado dos años en completar esta historia, pero estoy orgullosa de decir que lo he conseguido.
Recordad que mi cuenta de IG es ma_gonaz97.
