Amazona

Su espalda chocó contra la madera de la cabaña haciendo un ruido sordo. Intentó semincorporarse, pero Kagome posó un dedo en sus labios indicándole que debía quedarse quieto... Y callado.

—Hoy... Mando yo —sentenció en un susurro que se le antojó de lo más sensual.

Apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza al sentir la forma agónica en que la azabache balanceaba sus caderas sobre su miembro erguido y desnudo, sin llegar a concretar la penetración, simplemente estimulándolo. Definitivamente, cualquier protesta de su parte había quedado en la nada al sentir tal placer. Todos sus sentidos se encontraban excitados desde hace algunos minutos. Sus orejas escuchaban claramente el chupeteo que hacían los labios de Kagome al besar con hambre su cuello, el ambiente estaba cargado de deseo y lujuria, su nariz captaba el olor característico de la excitación femenina y su cuerpo entero parecía arder exquisitamente ante cada movimiento de la azabache sobre él. Su sangre corría espesa por sus venas y se arrebolaba en la parte más sensible de su anatomía. Su miembro hinchado y latiente clamaba ser atendido con urgencia por su esposa... Y ella lo entendió a la perfección. Kagome se irguió antes de que lograra besarla con frenesí y rápidamente introdujo su virilidad en su interior haciendo que ambos lanzaran un gemido ahogado. Por fin... Eran uno.

Si bien el acto estaba llevándose a cabo, aún deseaba tocar cada parte del esbelto cuerpo de la azabache. Quería sentir la calidez de sus carnosos labios, la suavidad de sus pechos y la firmeza de ese trasero que tan bien conocía. Depositó sus palmas abiertas en las caderas femeninas e intentó guiar el movimiento para acelerarlo lo antes posible, sin embargo unas pequeñas manos detuvieron su acción. Alzó la vista para encontrarse con los ojos cargados de deseo de Kagome.

—Necesito que...

—Shhh... —Silenció— He dicho que hoy seré yo quien tome el mando. —Se alzó hasta casi sacar por completo su miembro y volvió a sentarse sobre él con tal rapidez que temió hacerle daño, pero el dulce jadeo que soltó la azabache le advirtió que se encontraba bien... Mucho más que bien— Y me gusta ser quien manda —sentenció.

Los movimientos, que antes tenían una velocidad que consideraba "estándar", poco a poco comenzaban a menguar hasta casi detenerse por completo. Se retorció bajo el cuerpo de su esposa y trató de moverse. Kagome tomó el collar de cuentas moradas y se lo enseñó a su esposo. Con ese gesto le dejaba en claro que, realmente, él no tenía ni voz ni voto esta noche.

—Por favor... —Suplicó.

—No entiendes, ¿no? Entre más supliques —descendió lentamente sobre su hombría, permitiéndole ver cómo su miembro desaparecía en su cálido interior—, más lento iré.

—Mierda, Kagome, eres... Ah...

—¿Soy...? ¿Mala?

—Endiabladamente mala.

—Y hermosa —rebatió.

Touché, no lo negaría. Por esta vez, Kagome ganaba la pequeña discusión. Inuyasha calló ante la oleada de placer que lo recorrió al sentir los movimientos circulares que realizaba su compañera sobre su sexo. Abrió uno de sus ojos con esfuerzo, sin saber en qué momento los había cerrado, y apreció la erótica visión que su esposa le regalaba. Tenía las piernas abiertas, cada una depositada a los lados de su cadera, mientras se balanceaba sobre su dura y excitada virilidad. La boca de Kagome se abría constantemente clamando aire para sus pulmones mientras liberaba dulces exclamaciones de puro gozo que, a sus oídos, eran el mayor halago que su hombría podría recibir. Sus pechos rebotaban frente a sus ojos haciendo que los siguiera con la mirada mientras jadeaba a causa del placer; los pezones rosados estaban erectos y clamando atención, su atención. Lo lamentaba pero, al menos hoy, no los atendería. No quería perder el ritmo, no ahora que Kagome comenzaba a alcanzar uno decente y que parecía saciarlo. Cerró los ojos sin querer ver más. La visión era demasiado erótica y, si continuaba evaluando el cuerpo de su mujer, estaba seguro de que se vendría mucho antes de lo esperado. Era excitante sentirse dominado por su compañera, así como estar limitado a cerrar los ojos mientras disfrutaba del placer que ella le regalaba.

—¿Por qué... Cierras los ojos? —Sus piernas comenzaban a cansarse. No podría continuar balanceándose a esa velocidad durante mucho tiempo— ¿Por qué? —Repitió.

Inuyasha abrió los ojos dejándole ver la oscuridad en su mirada, el deseo y la lujuria hecha fuego en sus orbes. Mierda... Juraría que de solo mirarlo se mojaba. El albino se sentó mientras su compañera continuaba balanceándose para buscar el placer de ambos, la estudió unos instantes y la besó sin importarle si eso estaba o no permitido. Mordió su labio inferior y, ante el grito mezclado con el placer y el dolor, aprovechó para introducir su cálida lengua en la boca femenina. Ansiaba besarla y sentirla suya, hacerle el amor con sus labios así como ella lo hacía con su cuerpo. Necesitaba... Tocarla.

—Me vuelves loco —musitó en medio del beso y la embistió con fuerza desde su posición.

¿Qué importaba quién iba arriba y quién abajo? Sexo era sexo. No importaba si era de pie, de espaldas, de cabeza o rodillas, misionero, perrito o amazona. Solo importaba hacer el amor con Kagome... Únicamente con su amada Kagome.

FIN

¡No puedo creer que esto crezca tan rápido! ¡AAAAH! Sinceramente no esperaba reunir ni siquiera treinta comentarios a fin de mes ¡Y ahora ya son cincuenta y tres! Omggg, voy a llorar de nuevo we. Y en Wattpad ya superé los 200 comentarios, ¡por dios! Mi correo está que explota —literalmente tengo que vaciarlo a diario xD—. Muchísimas gracias por sus palabras de apoyo tan lindas y cálidas como siempre c: creo que volveré a entrar en el reto el próximo año —siempre al borde de la agonía JAJAJAJA— ¡Gracias también a los usuarios de Wattpad que ahora me siguen por acá! Omgggg, que importante me siento xD

¿Qué les pareció este drabble? Corto, pero con la cantidad de lujuria necesaria diría yo xD No queremos que se quemen con tanto calor, ¿o sí?

Espero sus comentarios y nos leemos mañana a la misma hora de siempre, ¡lindas! :D

27.9.20