Pareja: YuixShu
Rating: "M"
Capitulo XIX
Este paciente necesita un enema, ahora.
Tenía su boca en mi pene.
Nos encontrábamos sentados en el sofá después de comer, y todo lo que podía hacer era ver la boca de Yui sobre la cabeza de Takumi.
Esto es malo en tantos niveles.
Pero mierda, Jesús, esos labios rojos y llenos estaban envueltos alrededor de mi pene y la alejé. Claro, inconscientemente, pero aun así… la pateé de mi polla como a una pelota de fútbol. Esa era la regla número uno del sexo... Nunca alejes a una chica de tu polla, si tiene la boca en ella. Si sus dientes están involucrados y la está azotando como un juguete, eso es otra historia.
Dejé escapar un gran suspiro y volví mi atención a la película.
— ¿Cómo dices que se llama? —pregunté.
Takumi se acurrucó a mi lado con los pies en el regazo de Yui.
—Buscando a Nemo —murmuró Takumi.
Vimos la película en silencio unos minutos, y me sentí como un niño otra vez disfrutando de lo que ocurría en la pantalla. Había pasado un largo tempo desde que vi una caricatura.
—Mierda, ¿acaban de matar a la esposa de ese pescado? — solté anonadado.
—Sip —respondió Takumi—. Ese gran pescado se la acaba de comer.
Lo dijo con tanta calma, como si no fuera gran cosa que el pez de la historia amorosa acabara de ser asesinado. ¿Qué diablos está mal con esta película? Esto no podía ser adecuado para los niños. Creo que no era apropiado para mí.
— ¿Estás segura de que es una película para niños? —le pregunté a Yui. Se echó a reír y sacudió la cabeza.
Una hora después, Takumi dormía con la cabeza en mi regazo y Yui se encontraba apoyada en la dirección opuesta a mí, con su codo en el brazo del sofá y su cabeza en su mano.
Si tenía que escuchar a Nemo decir "papi" otra vez, iba a llorar como un bebé. Tomé el control y quité la película.
Yui levantó la cabeza de su mano y me dio una mirada inquisitiva.
—Tenemos que poner otra. Esta es muy deprimente. Mataron a la pobre esposa del pez en los primeros cinco minutos y luego en el resto de la película tenemos que ver la misma y pobre búsqueda de su hijo que escapó. ¿Qué clase de jodido enfermo hizo de eso una película para niños? —susurré enojado, tratando de no despertar a Takumi.
—Bienvenido a la escuela de la vida de Disney/Pixar —dijo secamente.
Me reí de su comparación.
—Oh Vamos, no hay manera de que todas sean como esta. No recuerdo haber estado aterrorizado por ver películas cuando era un niño.
—Eso es porque eras un niño. No entendías lo que sucedía, como Takumi. De todos modos, creo que hacen estas películas de niños más para los adultos —explicó.
Sacudí la cabeza con incredulidad.
—Lo siento, pero recuerdo todos los grandes clásicos de Disney y no hay manera de que encuentres nada que provoque pesadillas en ellos.
Levantó la ceja en desafío.
—Bien, bien. Bambi —le dije.
Se echó a reír.
— ¡Oh, por favor! Esa es la más fácil. El padre de Bambi huyó a las colinas tan pronto el palo se volvió rosa. Su madre era un ciervo soltero, viviendo en casas de bajo alquiler en la zona prostituida del bosque donde hay pandillas de conejitos. Su madre es asesinada en un tiroteo, dejando solo a Bambi, y obligándolo a crecer muy rápido.
Demonios. Me había olvidado de eso. Había pasado mucho tiempo desde que vi Bambi.
—Está bien, está bien. ¿Y la Sirenita? Una criatura marina hermosa se enamora del apuesto príncipe.
Cállate. Tenía primos pequeños y Ariel era caliente. Los hombres podían pasar horas mirando a la sirena caliente, preguntándose como podían acostarse con ella.
Pero en serio, ¿cómo follan las sirenas?
Yui asintió. —Oh sí. La dulce Ariel que tuvo que dar todo, incluida su identidad por un hombre. Dios no permita que el príncipe Eric tenga un poco de agallas. No, Ariel tiene que renunciar a sus amigos, a su familia, su hogar y toda su vida por él. Eric sólo toma y toma y nunca da.
Me devané los sesos tratando de pensar en otra película clásica de niños y seguí contemplando cómo se folla a una sirena. Tal vez puedas sentar a la sirena en una silla. Y la polla encontraría mágicamente un agujero en la aleta.
—Bien, entonces, ¿qué hay de la Bella y la Bestia? La chica más hermosa de toda la tierra de enamora de la personalidad de la bestia, en lugar de su apariencia. No puedes encontrar nada malo en ello. Además, te da una lección.
Le di una sonrisa satisfecha.
Tal vez haya algún botón mágico que haga que las piernas de la sirena se separen lo suficiente para metérsela. ¡OOOhhhh! Como un pezón mágico. Presionas el pezón y vez su coño.
—Error —respondió—. Una chica bonita sin dinero, se enamora de la bestia millonaria y abusiva, "Oh ¿ese moretón? Tropecé en las escaleras".
Ella inclinó su cuerpo hacia mí.
—Podría seguir todo el día haciendo esto, créeme —dijo—. Y tampoco puedes olvidar lo impresionante que es el dibujo del pene en la cubierta original de la Sirenita, y el susurro de "Niños, quítense la ropa" en Aladdin.
La miré con horror.
Y no voy a mentir, miré sus tetas y me pregunté si tendría algún pezón mágico. Eso merecería algún tipo de mierda Premio Nobel de la Paz.
—A partir de ahora. Takumi sólo va a ver películas saludables como "Anchorman" y "La semilla de Chucky" —le dije—. Y este año tú te vas a vestir de Ariel para Halloween.
Yui sólo rodó los ojos, se inclinó para recoger a Takumi de mi regazo y desapareció por el pasillo. Unos minutos después regresó y la observé cruzar la habitación hacia mí. Se sentó a horcajadas sobre mis piernas, y mis manos fueron inmediatamente a su cadera para mantenerla en su lugar mientras deslizaba sus manos por mi cuello y los enredaba en mi cabello.
—Debería estar dormido por un rato, ¿quieres matar el tiempo? — preguntó con una risita.
— ¿Puedo tocar tus pechos? —le pregunté esperanzado.
No era como si le fuera a decir que no, si me preguntaba si podía jugar con mis gemelos, pero siempre era bueno establecer las reglas antes del juego, así no habría incomodidades.
Se rio y besó la comisura de mi boca.
—Sí, definitivamente —dijo contra mis labios—. No estoy usando sostén.
Acceso más fácil al pezón mágico.
— ¡Genial! —me animé.
Callé su risa con un beso, tomándome mi tiempo mientras exploraba cada centímetro de su boca. Había estado en un estado de semi-dureza cuando entró a la habitación. Escuchar sus gemidos mientras la besaba me llevó derechito al territorio de la erección. Mis manos frotaron su culo y la atraje hacia abajo, a la fuerza ubicada en mis vaqueros. Movió sus caderas hacia adelante y atrás sobre mí y pasé las manos por la parte posterior de su camisa para poder sentir su piel. Mis manos rozaron su espalda desde arriba hacia abajo, lentamente, hasta que sentí su piel ponerse de gallina.
Nuestras lenguas se arremolinaron juntas mientras envolvía mis manos alrededor de su cuerpo, debajo de la camisa, así podía jalarla hacia mi pecho. Sus caderas continuaban moviéndose contra mí, y me sentí como un adolescente de nuevo, restregándome en el sillón de mi padre en el sótano.
Sólo que esta vez, los frenos de Abby Miller no se atascaron en mi pelo tratando de lamer el lóbulo de mi oreja. Y por lamer, me refiero a derramar un litro de saliva, hasta que sonaba como si estuviera nadando.
Deslicé las manos por los costados de Yui y la parte delantera de su cuerpo. Mis manos se movían en círculos alrededor de sus pechos, y sentí sus pezones endurecerse bajo mi tacto. Se empujó con más fuerza contra mi polla, y los dos gemimos. Joder, quería estar dentro de ella, pero no era algo que pudiéramos hacer aquí, en el sillón, con un niño de cuatro durmiendo al final del pasillo.
Sus manos se retiraron de la parte de atrás de mi cabello y las puso sobre las mías debajo de su camiseta. Apretó sus manos y me ayudó a ejercer tanta presión sobre su carne blanda que daría mi huevo izquierdo por poner mi boca ahí.
Está bien, tal vez mi huevo izquierdo no.
Ni el derecho, si vamos al caso.
Mierda, olviden los huevos. Sólo quería lamer sus tetas.
El beso se profundizó a medida que trabajábamos juntos, acunando y acariciando sus pechos. Sus muslos se apretaron en mis caderas y gimió en mi boca mientras se apretaba contra mí. Hacer que Yui tuviera un orgasmo diario, era mi nueva misión en la vida. Los sonidos que hacía y como se movía contra mí, era el cielo. Pero necesitaba tocarla.
Necesitaba sentir lo mucho que deseaba esto.
Mientras lo pensaba, ella apartó mi mano de su pecho por la parte delantera de su cuerpo hasta que nuestras manos se deslizaron por la cinturilla de sus pantalones de yoga.
—Mierda, no estás usando ropa interior —murmuré mientras empujaba mi mano por sus suaves rizos y mis dedos se deslizaron fácilmente en su humedad. No podía hacer mucho más que gemir suavemente mientras cubría mis dedos con los suyos. La mano de Yui se quedó sobre la mía y me mostró cuando aumentar la presión y disminuir el ritmo. Deslizar los dedos por su humedad con su pequeña y suave mano guiándome, era la maldita cosa más caliente.
Con su otra mano apretada alrededor de mi cuello, se echó hacia atrás para que su cuello estuviera expuesto. Fácilmente metí dos dedos dentro de ella y besé su cuello mientras mi pulgar se movía en círculos rápidos alrededor de su punto más sensible. Sus caderas se sacudieron en mis manos mientras metía y sacaba mis dedos. Sostuve mi pulgar en el lugar así que se deslizaba adelante y atrás sobre la yema de mi dedo, marcando el paso para su liberación.
Agarré su nuca y la atraje hacia abajo para un beso abrasador. Tan pronto como nuestros labios y lenguas chocaron, ella explotó. Sus gemidos y quejidos fueron amortiguados por mi boca, lo cual era bueno.
Tuve la sensación de que estaría gritando si nuestras bocas no estuvieran fusionadas.
Se movió en mis dedos mientras los metía en su calor apretado hasta que la última gota de su orgasmo se apoderó de ella. Se apartó de mi boca y se desplomó contra mi pecho con su rostro en el hueco de mi cuello.
Mis dedos se quedaron profundamente dentro de ella, dejándola sin aliento, y sentí cada pulso.
—Dame dos segundos para recuperarme, y te la voy a chupar como…
—Gaga ah-ah-ahhh, rama llama llama, want you bad bromance.
El sonido de Takumi en el final del pasillo nos congelo. Se dirigía para acá y ambos estábamos hechos piedra.
Yui me miró con los ojos muy abiertos y no podía sacar mis dedos de su vagina.
¿Por qué mierda no podía sacar los dedos de su vagina?
En circunstancias normales, los quería ahí veinticuatro horas al día.
Pero empezaba a ver el error en mis acciones. Había algunas situaciones en las que no podías tener tus dedos dentro de una vagina. Como cuando vas a cambiar la gasolina, o tienes una limpieza dental, o cuando tu niño de cuatro años entra en la habitación.
— ¿Qué hacen?
Lo único que nos salvaba era el hecho de que el sofá se encontraba de espaldas al pasillo, y lo único que podía ver era mi nuca y la cara avergonzada de Yui.
—Um, papi necesitaba un abrazo —respondió Yui.
— ¡Ohhhh! Quiero darle un abrazo a papi.
— ¡NO! —gritamos.
Yui miró su regazo y luego mi cara con una mirada de pánico.
Me encogí de hombros. Ahora me negaba a mover mis dedos.
¿Qué pasa si Takumi quería darme la mano? Sé que no es algo que hace un niño de cuatro años, ¡pero Jesucristo! Él necesitaría terapia por años después de eso.
Incliné la cabeza hacia atrás tanto como podía, así que pude ver a Takumi pateando la alfombra con su pie.
—Oye, amigo. ¿Puedes hacerme un favor? En el tocador de mi habitación hay un montón de dinero, ¿Puedes llevarlo a tu habitación y ponerlo en tu alcancía? —le sugerí.
Sus ojos se agrandaron y comenzó a rebotar en sus pies.
—Sí, ¡me ENCANTA el dinero!
Con eso, se dio la vuelta y echó a correr por el pasillo. Podíamos oír el tintineo cuando recogió el dinero y se lo llevó a su habitación.
Finalmente nos relajamos cuando nos dimos cuenta de que lo mantendría ocupado el tiempo suficiente para movilizarnos, o al menos sacar mis dedos de la vagina de Claire.
Se bajó de mi regazo y se dejó caer a mi lado en el sofá mientras lo escuchábamos poner las monedas dentro de la alcancía y cantar otro verso de "Bad Bromance".
—De verdad necesito enseñarle algo de buena música. Como Zeppelin o The Beatles —dije mientras acomodaba el problema dentro de mis pantalones.
—En realidad, pensaba en grabar nuestro propio Kidz Bop. Excepto que lo llamé "Kidz Bop - Canciones Prohibidas" —dijo con una sonrisa.
—Esa es una idea estelar. Ese chico ha vivido de ti el tiempo suficiente. Es hora de que consiga un trabajo.
Asintió con una cara seria.
—Es cierto. Ya aprendió "S&M". Tal vez podríamos poner un poco de "Golddigger" de Kanye.
—Creo que podría vender más si tiene un poco de rap —le dije—. "Bitches Ain't Shit" o "Ninety-Nine Problems". Sólo tenemos que enseñarle un poco más de actitud.
Mientras nos reíamos, Takumi volvió corriendo a la sala de estar.
—Tienes once y algo con siete monedas, papito. Ve y cómprame un poco de pavo para el almuerzo, debilucho.
Supongo que podemos omitir las lecciones de actitud.
El siguiente par de días pasó y lo único que pude hacer, fue dar gracias a Dios por Shu. Me ayudó con todo lo que pudo, y tomaba a Takumi de mis manos cada noche cuando llagaba a casa del trabajo.
Bueno, casi todas las noches. Se tomó la noche libre cuando Liz se ofreció a cuidar a Takumi, así que por fin podíamos tener un tiempo a solas sin temor a otra interrupción. Hice que Liz jurara no decir nada de la historia, pero estoy bastante segura que Shu lo supo, cuando ella empezó a preguntar cosas como: "¡Oye Shu, has visto esa nueva película "Donkey Punch"? o "Yui y yo pensábamos tomar clases de kick-boxing, ¿qué te parece Shu?
Me alegraba tanto descubrir que el sexo entre nosotros era tan impresionante cuando estábamos solos, sin temer que un niño nos interrumpiera en cualquier momento. Gané cinco estrellas de oro en la noche de "Chupadas 101" y no me quedé afuera de la clase. O en la cara.
Puedo reducir drásticamente mis horas en el bar, así que tuve más tiempo para preparar todo para la apertura de la tienda.
Básicamente, en este momento, trabajaba tanto como podía. Si tenía un par de horas libre, llamaba para ver si me necesitaban. A pesar de que no era mi trabajo soñado y no tenía planeado quedarme ahí para siempre, era algo agridulce no pasar todas mis noches allí. Los Fosters habían sido buenos conmigo, me dieron un trabajo, sin hacerme ninguna pregunta cuando me presenté hace cinco años como alguien que acababa de abandonar la universidad y estaba embarazada.
Lloré como un bebé cuando anoche llamé y T.J. me dijo que no me necesitaban. Ese bar era mi hogar lejos de casa y tenía tantos recuerdos. Mi fuente se rompió en el almacén cuando agarraba una botella de vodka. Takumi dio sus primeros pasos al pasar esa puerta cuando una tarde mi papá lo llevó a almorzar. Pero lo más importante, fue donde volví a encontrar a Shu.
El bar se encontraba en la misma calle de la tienda, y sabía que seguiría pasado mucho tiempo allí, pero era extraño no estar todos los días. Estaría mintiendo si dijera que una gran parte de mi tristeza no era también debido a la ausencia del P.O.R.N.O en mi vida. Sin embargo, anoche T.J. vino brillantemente, mientras yo abastecía el refrigerador delantero de mi tienda con chocolate. Oí el timbre de la puerta detrás de mí y pensé que era Shu con Takumi. En cuanto me di la vuelta, me golpeó en la cara con tres pelotas de ping-pong. T.J. gritó que nunca me habían golpeado tantas bolas en la cara mientras estaba sobria y luego de dio la vuelta y salió corriendo.
Pasé el resto de la noche redactando un par de nuevas reglas para P.O.R.N.O, una de las cuales incluía un penalti si múltiples bolas eran sujetadas sin aprobación previa. Una taza se colocaría sobre una mesa, una bola sería lanzada y si lograba caer en la taza, estaban a salvo. Sin embargo, si la bola no caía en dicha taza, el lanzador de la bola tenía que recibir un tiro directo a la cara. A esta regla la nombré "Ahuecar las bolas".
Drew vino para ayudarme a levantar algunas cajas pesadas y encontró una copia de las reglas. Tres horas más tarde volvió con camisas para todos que decía "Me encanta el P.O.R.N.O" y se hizo capitán honorario del equipo.
Antes de que incluso tuviera oportunidad de preocuparme por cómo pagaría mis cuentas hasta que la tienda empezara a ganar dinero, Shu me hizo sentar una noche después de que Takumi y yo pasáramos la noche y me dijo que iba a hacerse cargo de pagar por todo hasta que todo marchara bien. Fue la noche de nuestra primera pelea. Todo este tiempo había estado sola manteniendo a Takumi. No había manera que quisiera aceptar la ayuda de Shu. Mi obstinado culo se negó a verlo desde su punto de vista, por lo tanto resultó en una gran pelea. Él se había perdido de tanto, y se sentía culpable cada día, a pesar de que no era su culpa. Poder pagar mi factura de teléfono, comprar zapatos nuevos para Takumi y su médico hacía que Shu sintiera como si por fin fuera parte de nuestras vidas y no sólo un chico con el título de "papá". Tan independiente como era y tanto como odiaba la idea de que alguien pagara mis cosas, no podía negarle esto si era lo que quería y le haría feliz. Terminé mi berrinche, acordando lo que pedía Shu y luego tuvimos "llamadas telefónicas" excitantes en el lavadero cuando Takumi veía una película en la sala de estar.
Así que con la ayuda de Shu y mis horas reducidas en el bar, fui capaz de terminar casi todo a unos días de la apertura. Lo único que quedaba por hacer antes de tiempo era doblar todos los folletos que Jenny hizo para mí. Shu se llevó a Takumi por la noche, así que pude pasar algún tiempo con las chicas y me ayudaron a hacerlo.
Jim y Drew iban a hacerle compañía a Shu ya que yo tendría a sus mujeres toda la noche. Aunque tuve que dejarle unas cosas claras a Drew. Le dije que iba a comprar una raqueta de tenis y haría como John McEnroe contra su culo si mi hijo llegaba con cualquier nuevo repertorio de palabras.
Liz, Jenny y yo nos encontrábamos sentadas en el piso de mi sala de estar rodeadas de miles de folletos plegados y desplegados y cuatro botellas vacías de vino.
Esperen, eran cinco. Vacié la quinta botella en el vaso de Liz después de que ella saltara y corriera al baño con sus manos entre sus piernas como un niño porque tenía que orinar.
Me levanté y caminé hasta la cocina para agarrar otra botella de vino. Al pasar por el cuarto de baño, me encontré con la puerta abierta.
—Liz, ¿estás orinando con la puerta abierta?
Me miró con ojos locos y borrachos mientras se mecía hacia adelante y hacia atrás en el inodoro y orinaba.
—Sí. ¿Te molesta?
—Sólo si te caes del inodoro y meas en mi piso —le dije y me alejé.
— ¡Parece justo! —me gritó.
Después de que saqué el corcho de otra botella de vino y volvía a llenar todos los vasos, Liz regresó a la sala, empujó del camino los folletos y se recostó sobre su vientre con la barbilla en sus manos.
—Está bien, perras. Tiempo para un poco de verdad o reto —balbuceó—. Jenny, ¿qué apodo le diste a tu vagina?
Jenny se ruborizó y se mordió el labio, bajando la mirada a su regazo. Después de varios minutos en los que Liz y yo la incitábamos, finalmente murmuró algo que sonaba como—: Agua.
—Repítelo, por favor. No tengo oído de perro —dije.
—Sin embargo, tienes una vagina que huele como un perro. —Liz se echó a reír.
—Jódete, verruga anal.
—La llamé Waterford —dijo Jenny, interrumpiendo las bromas entre Liz y yo.
Nos le quedamos viendo con las mismas miradas de confusión en la cara.
—Explícate —dijo Liz tomando un sorbo de vino.
Jenny se encogió de hombros. —Ya sabes, Waterford es igual a buena comida y esas cosas. Por lo tanto, sólo dejo que él mejor coma de mi Waterford.
Liz soltó una risa. — ¿Por qué no llamarla China entonces?
Jenny lo pensó durante un minuto.
—Pero nunca he estado en China —respondió con una mirada perpleja en el rostro.
— ¡Bueno, siguiente! —anuncié—. Liz, misma pregunta. ¡Nombra a ese castor!
¿Por qué esta habitación se veía tan chueca?
Liz tomó otro gran trago de vino.
—Vajingo. Algo así como "tal vez la vajingo se comió tu pene" — dijo en un acento australiano.
La radio de la cocina detuvo la secuencia de anuncios y pasó a la música.
—Me encanta esta canción. Me envuelve —dijo Jenny pensativa.
— ¿También te marco? —Liz se echó a reír.
— ¡Sí, un tatuaje encima del culo! —le grité.
¿Por qué estoy gritando?
—No tengo un tatuaje —sostuvo Jenny.
—Es el turno de Yui y elijo reto —declaró Liz.
—Oye, soy yo la que elije —protesté.
— ¡Cállate, perra! Te reto a que le envíes a Shu una foto de tus tetas.
—Espera, ¿qué dijiste? — Preguntó Jenny—. No puedo oírte sin mis anteojos —murmuró mientras vertía más vino en su vaso. Liz la ignoró y se escabulló, arrastrándose como un soldado, agarró mi teléfono que yacía en medio de nosotras y me lo entregó. Sólo vacilé un segundo antes de arrebatárselo de la mano y presioné el botón de la cámara, bebiendo el resto de mi copa de vino para obtener valor.
Levanté mi camisa y el sujetador hasta mi cuello, sostenido mi brazo delante de mí como podía y rápidamente tomé una foto. Me acomodé la camisa y el sujetador y repasé la lista de contactos en mi teléfono antes de que alguien dijera algo.
— ¡Mierda, amiga! Me refería a una foto del escote. No necesito que enseñes las bolsas divertidas delante de nosotras. Tengo que decir sin embargo, que ahora estoy orgulloso de ti —dijo Liz atemorizada.
—Yui tiene tetas lindas —murmuró Jenny mientras bajaba la mirada a la parte delantera de su camiseta.
Adjunté la foto de mis tetas con el mensaje: "Te extrañamos", luego lo envié.
¡Fue vigorizante! Me sentía como Juana de Arco. Pero tal vez de la de la versión de la película "La leyenda de Billie Jean". Ser quemada en la hoguera no suena divertido. Pero podía cortarme el pelo y hacer que la gente cantara "lo justo es justo" mientras me seguían a mí y a mis amigos ilegales al otro lado de las fronteras estatales. Le di mi teléfono a Liz y le mostré el mensaje.
—Oh, pequeño saltamontes, está claro que puedes ser adiestrada —dijo Liz mientras se limpiaba una lágrima falsa del ojo.
—No me siento muy lurida —balbuceó Jenny mientras se dejaba caer sobre su espalda y se quedó mirando el techo.
— ¡Lúcida! Es lúcida, Jenny. Por qué mierda alguien no le da a esta perra una Enciclopedia Británica —gritó Liz desde su lugar en el piso.
— ¡Lo JUSTO ES JUSTO! —le grité levantando mi puño.
Empecé a doblar más volantes mientras Liz se arrastró sobre Jenny e intentaba hacerla tomar un curso intensivo de escritura y gramática.
Mientras Liz la hacía hacer flexiones con los brazos y le repetía palabras, me levanté y me fui a la cocina para cortar un poco de queso y traer un plato con galletas.
En retrospectiva, usar un rallador de queso cuando mi tipo de sangre era actualmente vino positivo no era la mejor idea.
— ¡Patéalo en las nueces!
Me senté en el sofá y rodé los ojos mientras comenzaba una nueva ronda en la lucha UFC que veíamos.
—Bueno, en serio. Basta con la charla de patear nueces — regañé.
Drew me miró e hizo un puchero. —Oh vamos, tu hijo ni siquiera está despierto.
Miré hacia detrás de mí donde Takumi dormía en el sofá. Su cuerpecito se encontraba sobre el brazo del sofá, la cabeza y brazos colgaban hacia el suelo y las rodillas empujaban en los cojines. ¿Cómo demonios se durmió de esa manera?
—Sólo trato de salvarte de la ira de Yui. En serio, es por tu propia seguridad —dije mientras miraba su camisa que mostraba una pareja caminando en la arena con las palabras: "Disfruto de largos paseos en la playa... después anal".
—Pondré mis nueces encima de ustedes. —La voz amortiguada de Takumi se escuchó desde su posición tendido en la orilla.
Miré a Drew acusadoramente.
—Oye, Shu —dijo Jim mientras salía de la cocina—. ¿ Por qué Yui me envió una foto de sus tetas y dice: "Te pestañamos".
— ¿Qué? —preguntamos Drew y yo al unísono.
Jim me alcanzó su celular y me incliné hacia delante para ver.
— ¿En serio? ¿Las tetas de Yui están en ese teléfono? —gritó Drew, saltando del sillón y tratando de agarrar el teléfono antes de que yo llegara a él.
Entré en pánico, volé del sillón reclinable en la esquina y aterricé sobre la espalda de Drew, envolviendo los brazos alrededor de su cuello.
— ¿Qué carajo estás haciendo? Baja de mi espalda idiota —gritó
Drew retorciéndose y dado vueltas, tratando de deshacerse de mí.
—Ni siquiera pienses en mirar esa foto, chupa penes —amenacé mientras trataba de aferrarme a su cuello con un brazo y alcanzar el teléfono de Jim con el otro.
El teléfono sonó de repente y Jim lo acercó hacia él para ver lo que decía.
Drew dejó de moverse y los dos nos quedamos quietos.
Bien, Drew se quedó allí parado; yo todavía colgaba de su espalda como un tallarín mojado.
—Muy bien, ahora Jenny me pregunta si esta noche quiero comer en China. ¿Qué mierda ocurre con sus mujeres?
Me bajé de la espalda de Drew y Jim me entregó su teléfono. Abrí el mensaje de Yui y mi mandíbula cayó.
Sí, eran sus tetas. Dulce Jesús. Reenvié el mensaje a mi teléfono, ya saben, para poder preguntarle sobre él más adelante... y otras cosas.
El teléfono sonó en mis manos y era Liz.
—Responde. Pregúntale por qué Yui me está enviando fotos sucias —dijo Jim con una sonrisa.
Presioné contestar y puse el teléfono en mi oído, rápidamente lo aparté cuando escuché unos gritos a través del receptor.
—Jesucristo, ¿quién está gritando? —preguntó Drew.
Sacudí la cabeza y me encogí de hombros, tratando de poner el teléfono en mi oído.
—¡Juro por Dios que si vomitas en este taxi te perforaré el cuello! ¡Deja de ser una marica!
—¡Oye! —grité, tratando de hacerme oír sobre los gritos—. ¡HOLA!
Los gritos continuaron y los tres nos movimos a la cocina para no despertar a Takumi.
— ¡Eres una madre por Dios! Es sólo un poco de sangre. ¿Podrías dejar de gritar?
— ¡LIZ! ¡HOLA! —grité otra vez, una vez que llegamos a la cocina.
Drew se reía pero yo conocía esos gritos. Y escuchar que Liz mencionara la palabra "sangre" me asustó un poco. ¿Yui sangraba?
—Drew, llama a Jenny —dije rápidamente.
Unos segundos después, oí sonar un teléfono en mi llamada telefónica y la voz de Jenny gritando sobre los gritos de Yui y Liz.
Colgué ya que no iba a llegar a ningún lado y me volví a Drew.
—Ah, ¡Yo también te amo, cariño!
Le di a Drew un puñetazo en el hombro y le indiqué que fuera al grano, levantándole el dedo.
—Oye, nena, ¿qué está sucediendo? ¿Por qué grita Yui? — preguntó, alejando el teléfono y pulsando el botón de altavoz.
Los gritos y la disputa explotaron en el cuarto y todos hicimos una mueca de dolor.
—Yui tiene tetas lindas —dijo Jenny.
Rodé los ojos.
—Nena, enfócate. ¿Qué pasa? ¿Dónde están? —preguntó Drew.
— ¡Me estoy muriendo! ¡Oh Dios mío, voy a sangrar hasta la muerte en un taxi que huele a pis y curry!
— ¿Por qué mierda Yui está sangrado en un taxi?
—Yui tuvo un assidente. Axiscente. Se cortó —mal articuló Jenny.
—Bien, señoras, estamos en el Hospital General de Butler. No, no me paguen; sólo salgan de mi taxi de una maldita vez.
Drew y Jim se quedaron en mi casa con Takumi y yo partí hacia el hospital.
¿Qué pasa si Yui tuvo un accidente con la cortadora y perdió una mano? ¿O una cortadora de carne muy pesada cayó sobre su pierna y la tenían que amputar? Mi casa no se hallaba capacitada para silla de ruedas. ¡Joder! ¿Se podía comprar rampas para sillas de ruedas en Walmart?
Para cuando llegué a la sala de emergencias, lamenté haber dejado a Jim y Drew en la casa. Quedé atrapado en una habitación con tres mujeres borrachas. Una de las cuales sollozaba histéricamente que nuestro hijo iba a quedar huérfano mientras que las otras dos decían mierda y gritaban cosas sin sentido a las personas que pasaban.
—Disculpe, señor, ¿sabe dónde podemos sacar una radiografía de la engrampadora que está atrapada en su vagina? —pregunto Liz a un interno que pasaba por allí, apuntando a Yui.
Le di al chico una mirada de disculpa antes de enfocar mi atención en Yui.
—Nena, estás bien. Es sólo un pequeño corte en tu dedo. Dos puntos no es gran cosa —le dije mientras la abrazaba.
Les chasqueé los dedos a Jenny y Liz que ahora se encontraban en la esquina de la habitación tratando de ponerse guantes de goma en la cabeza. Me dieron miradas inocentes, golpeándose entre sí y siguieron riendo.
— ¿No es gran cosa? ¿No es gran cosa? —dijo ruidosamente—. Me preguntaron si tenía un testamento. ¡Casi me MUERO!
Sonreí, pero rápidamente lo enmascaré cuando me lanzó una mirada sucia.
—Yui, es normal. Se lo preguntan a todos, tranquilízate.
—Estoy de acuerdo, ¿estás de acuerdo? —preguntó Liz.
—No ayudas —gruñí.
—No importa —respondió antes de girar al gabinete de suministros en la sala.
— ¿Qué pasaría si muero? Mi bebé estaría solo. —Rompió a llorar.
—Um, ¿hola? El padre está parado aquí —le recordé.
—Bien. Pero ¿qué pasa si algo nos pasara a los dos? Podrían enviarlo con mi tía Gertie, la acaparadora que habla con sus cortinas y come jabón —gimió.
Agarré su cara en mis manos y limpié las lágrimas, dándole un beso suave en los labios —Está bien, si mañana hay un desastre natural y ninguno de nosotros está aquí, estoy seguro de que a tu padre no le importaría encargarse. ¿Por qué estás tan preocupada por esto?
—Me preguntaron si en caso de emergencia, alguien podría darme la extremaunción… Pensaron que iba a morir, Shu. ¡Esto es grave! —exclamó—. ¿Qué pasa si mi papá mañana tiene un ataque al corazón o un asteroide aterriza sobre él cuando está caminando hacia su coche después del trabajo?
No más canal de ciencia ficción para Yui antes de acostarse.
—Te juro que a todos les preguntan por la extremaunción. Pero, ¿te sentirías mejor si conseguimos algo por escrito para que no tengas que preocuparte por esto? Podemos hacer una lista de personas de diez páginas de longitud si te hace sentir mejor.
Asintió alegremente y lanzó los brazos alrededor de mi cuello.
—Muchísimas gracias, bebé. Te amo más de lo que a una prostituta le encanta un día de exámenes gratis para enfermedad de transmisión sexual en la clínica —me dijo borracha.
Le froté la espalda y le lancé una mirada asesina a Liz y a Jenny cuando vi que borraron el pizarrón de la habitación de Yui con los números de teléfono del hospital que colgaba en la pared. En lugar de "Servició de comidas", ahora decía "Servicio de putas", y en lugar de "Para una visita a la capilla, pregúntele a una enfermera" ahora decía "Para un final feliz, pregúntele a una enfermera".
El doctor entró entonces con papeles para dar de alta a Yui y una receta para un antibiótico. Nos explicó todo y volvió a salir de la habitación.
— ¡Doctor, espere! ¡Este paciente necesita un enema! —gritó Liz mientras Jenny agitaba un tubo de goma encima de su cabeza como un lazo.
Creo que podemos decir con seguridad que algunas personas ya serán tachadas de la lista de tutores.
