Capítulo 20
El suceso: Lola y Rita
Cualquier excusa para venir de compras y ampliar mi guarda ropa es buena, ya sea conseguirle algo que le quede mi hermana embarazada. Mientras mamá junto con mis hermanas y mi sobrina iban por eso, yo de inmediato me escapé a las tiendas más exclusivas dignas y propias de quien se convertirá en la futura miss universo.
A mi celular me llegó un mensaje de Josh. Un chico lindo, aunque algo insistente en el asunto del sexo. No es que no tenga curiosidad. Ya tengo dieciséis años, pero tras ver ya a casi la mitad de mis hermanas con bebés, me hace considerarlo.
Es verdad que Lori fue la única que hico las cosas del modo debido y esperó a terminar sus estudios y casarse. Luan acababa de terminarlos, pero aún andaba de novia con Benny cuando pasó el imprevisto. Lo mismo podría decir de Lynn, siendo un milagro el que no terminara embarazada muchísimo antes por lo que llegué a escuchar de ella mientras estudiaba, aunque tal vez… no. La idea por sí sola suena más repulsiva que cualquiera de las tonterías que Lana solía hacer cuando niña, ni siquiera la consideraría de no ser porque…
Es verdad que Lincoln y ella eran más unidos que cualquiera en la casa, quizá no tanto como espero lo seamos Lana y yo, pero era curioso el cómo se comportaban el uno con el otro a veces, compartiendo habitación en las noches, montándose esas absurdas escenas de celos, o dándose besos en los labios cuando jugábamos a las bodas cuando todos éramos más pequeños. También es verdad que esa historia del europeo desconocido es muy extraña. Me niego a creer que Lynn sea tan… promiscua, como para acostarse con un tipo del que ni su nombre recuerda, a diferencia de todos sus anteriores exnovios con todo y que la lista era larga.
Aunque Lincoln no lo demostraba abiertamente, con cada uno de los novios que Lynn tuvo, siempre se le sentía molesto e incómodo, por lo que cuando anunció su embarazo, esperamos verlo perder los estribos, gritando, armando una escena digna de una telenovela… todo lo contrario a la relativa tranquilidad con que se lo tomó, estando pegado de Lynn siempre que nos visitaba.
Hace años me enteré que mamá le prohibió a Lynn volver a dormir con Lincoln cuando se enteró de los besos, lo cual parecía ser un tema más viejo y delicado más allá de nuestros juegos, un tema del que Lori estrictamente nos prohibió hablar, sin embargo y ya estando ella en la universidad, nadie podría tener un control sobre ambos y lo que hiciesen a espaldas de los demás.
A pesar de todo, el tema seguía pareciéndome demasiado descabellado e incómodo de pensar y perdón si sueno egoísta, lo único que me preocuparía si mis sospechas y quizá también las de Lana fueran ciertas, es en cómo afectaría mi reputación en los certámenes profesionales a los que aspiro. No me preocuparía por mis hermanos en sí, pues ellos ya son incluso mayores que yo, por lo que sabrían ya en lo que se metieron de ser las cosas así, pero… sería tan… extraño.
Una mujer entró y se dirigió a lo que imagino eran conocidas suyas. Alcancé a escuchar algo sobre un accidente afuera del centro comercial y enseguida salieron corriendo. Vaya que la gente es morbosa por naturaleza. Bien, no soy morbosa, sólo voy porque siento mucha curiosidad.
Tomo la ruta rápida para salir pronto del lugar, ventajas que conozca este sitio tanto como a mi propia casa. En efecto sucedió un accidente. Hay una camioneta detenida, mucha gente alrededor de la víctima. Del extremo contrario veo a mamá llorando y gritando sujetando a Lynn quien por su expresión parecía a punto de dar a luz y… apenas recomponiéndose de lo que debió de ser un golpe muy duro contra la banqueta veo a Liena.
A pesar de sentir cómo toda la sangre se me bajó a los pies, suelto mi bolso y corro hasta mi sobrina que grita llamando a Leni y apenas se pone de pie buscando ir hacia ella, consigo atraparla entre mis brazos. Ella desesperada patalea y me golpea llorando, pero no la suelto y sus intentos de escape no me hacen daño. No siento el dolor que me produce, o el que me provocó el esfuerzo por mis acciones. No siento nada ahora que distingo de quién se trata la persona a quien embistió el vehículo. Abrazo a Liena contra mí para que no la vea. Si siento que una parte de mi muere al ver a una de mis más amadas hermanas así, no quiero imaginar lo que mi sobrina sintió al ver a su madre de ese modo.
No sé qué hacer, cómo actuar, tan sólo estoy congelada tratando de procesar la situación escuchando como una ambulancia no tarda en llegar. Cuando el camino se despeja más, consigo acercarme a mamá y a Lynn, quienes están igual de devastadas.
—Mamá.
Apenas la llamo, ella me ve queriendo decir algo, pero es cuando ve a Liena en mis brazos que su rostro se descompone y es por eso que impido que me la arrebate.
—¡Mira lo que hiciste, estúpida! ¡Mataste a mi hija!
Suelta a Lynn, pero ella en lugar de correr hacia Leni como pretendía, ahora sujeta a mi madre para impedir que le haga daño a la niña.
Los paramédicos captan de inmediato toda nuestra atención cuando realizan los procedimientos no para levantar un cadáver, sino para asistir a un herido. El cuerpo todo maltrecho de Leni se convulsiona y nada evita que nos acerquemos las tres, yo aun cargando y pegando contra mí a Liena. Los paramédicos nos piden espacio y hacemos caso, todo por el bienestar de nuestra hermana.
—Sólo un familiar puede acompañarnos en la ambulancia.
Estaba a punto de ofrecerme, cuando Lynn de inmediato tomó la palabra.
—Mamá, ve tú. Por favor mantennos al tanto. Lola y yo le avisaremos a los demás.
Ella de inmediato le tomó la palabra sin cuestionar nada. Observamos como subieron en una camilla a mi hermana a la ambulancia junto con mi madre.
Una testigo de todo lo que sucedió se nos acercó con mi bolso, Lynn lo tomó agradeciéndoselo por mi parte y enseguida fuimos hacia vanzilla, siendo Lynn la que conduciría mientras yo me quedaría con Liena en la parte de atrás.
Un poco más calmadas, pero todavía conmocionadas, sin dejar de acariciar el cabello de mi sobrina que parecía haber entrado en shock, rompí el silencio más allá del llanto que teníamos.
—¿Por qué no quisiste ir tú o que fuera yo a acompañar a Leni?
De pronto me di cuenta de lo absurdo que era esa pregunta apenas salió de mis labios. Claro está porque mamá es mamá. Se trata de su hija y por tanto ese derecho sólo podía ser de ella.
—Porque no la quería tener cerca de Liena en estos momentos. Tu viste como se puso contra ella.
La pequeña se encogió contra mí sollozante. Esto sólo me provocó el hacer más preguntas.
—¿Qué fue lo que sucedió?
Por el espejillo retrovisor, capté como Lynn avergonzada miraba a nuestra sobrina.
—Yo… creo que por mi culpa provoqué que Liena y Leni se pelearan. Liena salió del centro comercial corriendo y una camioneta estuvo a punto de atropellarla, pero Leni fue más rápida; logró llegar hasta ella y empujarla para sacarla del camino, siendo ella a la que… eso le pasó.
—Todo es mi culpa. —sollozó la pequeña.
Con una mano libre del volante Lynn se talló los ojos.
—También es mi culpa —permaneció unos minutos pensativa antes de volver a hablar—. Lola, ¿traes tu celular? Es necesario que comencemos a avisarle a todos lo que ocurrió.
Ya en la ambulancia, me preguntaron todos los datos posibles acerca de Leni. Su fecha de nacimiento, peso, estado civil, si era alérgica o no a ciertos fármacos, tipo de sangre, últimas vacunas, todo. También me pidieron mi dirección junto con mis números telefónicos, tanto de casa como celular.
Desde que supe lo que le ocurrió hace casi nueve años atrás, nunca pensé que podría llegar a experimentar un horror igual o tan grande como este por una de mis niñas, siendo una vez más Leni la víctima.
Ya en el hospital tras ser traslada a revisión, vi como a mi hija le colocaban un aparato de metal sobre los hombros ajustándolo alrededor de su cabeza para que se mantuviera fija y así evitar el riesgo que se rompiera el cuello.
Me dejaron sola con ella con la advertencia de no moverla, así como de avisar si despertaba. No podían sedarla hasta determinar su nivel de consciencia. Por el momento prepararían todo para hacerle una radiografía.
Pasaron quince minutos en los que no tuve cabeza para nada más, cuando de pronto Leni abrió la boca balbuceando algo. También parecía intentar girar la cabeza sin éxito debido al aparato que le colocaron.
—¿Leni? ¡Leni, hija!
Me puse de pie. En efecto Leni parecía tratar de decir algo y no sólo eso, abrió los ojos y su mirada se enfocó en mí. ¡Estaba mirándome! ¡Estaba consciente! Recordando las indicaciones del doctor, fui a asomarme por la puerta para llamarlo.
— ¡Doctor! ¡Leni despertó! ¡Mi hija despertó! —no había ningún doctor cerca, pero sí una enfermera que escuchó mi llamado y enseguida fue por ayuda— ¡Que alguien venga por favor!
Regresé con mi hija, estaba sollozando. Abría y cerraba varias veces su mano derecha. Creí que quería tomar mi mano, cuando recordé que ese gesto se lo hacía a Liena cuando le indicaba que lo hiciera al cruzar la calle.
—Ma… Mamá… Mami…
Me le acerqué y con cuidado y temor de lastimarla, acaricié suavemente su cabello.
—Mami está aquí, tesoro. Mami está aquí. Tranquila. No me voy a mover de aquí.
—Mamá, dónde está… —continuó sollozando con dificultad— mi Liena, mamá dónde está mi bebé, mami… dónde está ella…
Me sentí conmovida. Debí prever que sería por ella por quien primero preguntaría, seguramente en si situación haría lo mismo. Me tallé los ojos para limpiarme las lágrimas y tratar de mostrarle fortaleza a mi bebé. Seguramente Lynn y Lola ya estarían en esos momentos en casa dándoles la noticia a todos.
—Liena está bien, cariño. Está con tu papá y tus hermanas. Ella está bien, tesoro. No te preocupes más. Tu hijita está… bien.
—¿Y… Lincoln?
—Está con ella —seguro que lo estaba. Cuando se marcharon al centro comercial, no faltaba mucho para que él y su padre regresaran a casa del restaurante—, es quien está más cerca de Liena en estos momentos. Por ahora no te preocupes por ellos.
—Mamá… ¿mi hija está bien? Quiero tener a mi niña, mami. Por favor, déjame ver a mi bebé.
—Hija… Liena… la verás después. Ya no pienses ahorita en nada, cariño. Por favor.
Mi corazón se rompía por ver a mi bebé en aquellas condiciones. Quizás nunca fue la más brillante, pero sí la más hermosa de todas. Cuando joven esmerándose todo el tiempo en su apariencia antes que su hija naciera, pero que incluso después de que ella llegara y dejara de prestar tanta atención a sus cuidados personales, seguía destacando entre sus hermanas como la más agraciada, pero ahora parecía apenas una sombra de lo que alguna vez fue. A pesar que podría exigirme un espejo a gritos, preocuparse por su peinado, por no decir su estado físico, incomodidad, dolor, o las terribles cicatrices que cargaría toda la vida, quizá tratar de averiguar lo que ocurrió por lo menos, sólo tenía cabeza para martirizarse con una única preocupación.
—Liena debe de estar asustada, mamá… por favor, que hagan que no esté asustada… es mi bebé, mamá. Que Lincoln haga algo por ella… él siempre tiene un plan para todo.
—Tranquila, hija. Ponte bien primero, después podrás regresar y ver a la familia. Todas están preocupadas por ti.
De pronto me sentí culpable por haberle gritado a Liena como lo hice. De enterarse, Leni se enfadaría conmigo. Leni comenzó a toser y por su expresión esto parecía causarle mucho dolor.
—¡Ma… mamá!
—Tranquila cariño, ya pasó.
Quería volver a llamar a un médico, pero tenía mucho miedo de separarse siquiera un segundo de mi pequeña ante el temor que este fuese el último que tuviera con ella.
—Per… perdóname mami. No culpes a Lincoln, yo tuve la culpa. Yo quería… sólo podía confiar en él, mamá…
Quizá divagaba en sus recuerdos y pensamientos. Esas palabras me recordaron a cuando nos explicó el por qué no nos contó sobre el abuso que sufrió, tomando a su hermano como su único confidente, al menos hasta que Liena naciera y fuese seguro que la dejáramos conservarla. ¿Tanto es el amor que le tiene a esa niña? Me siento como una estúpida de sólo pensar una pregunta cuya respuesta de primera mano sé siendo también madre.
—Tranquila, hija. Eso no importa ahora. Ya no me importa. Te amo, a ti y a Liena, tu padre también las ama, tus hermanas, por supuesto que Lincoln lo hace. Por favor hija, trata de ya no pensar en nada más.
—Ma... mamá… Lincoln y Lynn, ellos… debo decirte que ellos…
Cerró los ojos y lloró con más fuerzas. Mi angustia creció. Algo realmente estaba dañado en mi hija para que dijera todas esas cosas que no debería, incluso como para que delatar a sus hermanos de algo que sospechaba seriamente con mi esposo y aunque no nos lo dijeran, quizás también el resto de nuestras hijas. Pero eso no importaba, en ese momento Leni era lo primero y lo más importante.
—Lo sé hija, ya lo sé. Tu padre y las demás ya lo sabemos.
—Perdón… perdóname. Es… de Lincoln. Es de Lincoln.
No pude controlar mi llanto. Tanto por mi hija, como por la confirmación de lo que fue mi más grande temor antes del día de hoy.
—No importa hija, no importa. Lincoln es tu hermano y mi hijo también, por eso siempre será parte de la familia, así que deja de pensar en eso.
De pronto entraron dos sujetos de blanco llevando una camilla, seguidos de un doctor mirando una tabla de registros antes de mirar los indicadores de los aparatos al lado de la cama de Leni. Por los nervios ni siquiera supe cómo reaccionar. Uno de los camilleros comenzó a revisar la tabla de diagnóstico mientras el doctor y el otro camillero comenzaban a revisarle las pupilas a mi hija.
Los dejé hacer lo suyo. Todo lo que quería es permanecer con mi hija el mayor tiempo posible.
—Señora Loud, vamos a trasladar a su hija a observación en este momento.
—¿No puedo acompañarlos?
—No por ahora. Le tendremos informada por teléfono cuando terminemos.
—¿Por teléfono?
—Tenemos sus números —en lo que veía sus papeles, recordé que se los había dado—. Los procedimientos que vamos a realizar van a tomar mucho tiempo. Necesitamos tener un nuevo cuadro clínico completo de la condición de su hija ahora que recuperó la consciencia.
—¿Qué tanto tardarán?
—Todo depende de las respuestas que su cuerpo dé a las pruebas.
Mientras lo escuchaba explicarme todo eso, miré como revisaban el cuerpo de mi pequeña tentándola en los brazos, piernas, costillas y esternón, notando como en ciertas áreas Leni expresaba mayor dolor que el otras. La miraba tan asustada, miedo que creció cuando la cargaron para de un rápido movimiento trasladarla a la camilla que llevaron.
—¿Mamá? ¿A dónde me llevan? ¡Mamá!
A pesar del dolor, sus brazos se agitaron, por lo que sin importarme que me llamaran la atención, tomé su mano consiguiendo calmarla.
—¡Tranquilla, Leni! Tranquila, hija. Todo está bien.
—No me dejes sola, mamá.
—Cariño, tengo que hacerlo.
—Pero…
—Tengo que ir a cuidar a Liena. ¿Entiendes? Liena. Tienes que ser fuerte y hacer lo que los doctores te digan para que te recuperes y puedas ver a Liena. Es lo que quieres. Quieres a tu hija.
Aunque no dejó de sollozar, resignada y más calmada soltó mi mano. Aunque hubiese funcionado, no evitó que me sintiese vil por usar a mi nieta de ese modo, pero como madre sé cómo apelar hacia otra madre. Seguí al equipo médico hasta que cruzaron las puertas de un quirófano. Yo hasta ahí podía llegar.
Me dirigí hacia la sala de espera, pensando en que tenía que marcar a mi esposo y a casa para contarles a todos lo que había sucedido en el caso que Lola y Lynn no lo hubiesen hecho ya, pero me sentí sin fuerzas, por lo que demoré unos minutos en recobrar el dominio de mi misma antes de hacerlo intentándolo primero en casa. Lana fue la primera en atenderme.
—¡Mamá! ¿Estás con Leni? ¡Lola ya me lo contó todo! ¿Cómo está ella?
—Calma, hija, calma. Leni ya entró a urgencias y está siendo atendida, pero… mira, ¿tu papá ya está en casa? Necesito que me lo pases.
Aunque quería seguir hablando, Lana comprendió que no era el momento, por lo que llamó a su padre el cual en efecto ya había llegado.
—¡Cielo! ¡cómo se encuentra Leni! ¿Tú cómo te encuentras?
—Bien, yo estoy bien, pero Leni… ella entró a urgencias. La están revisando, pero antes de eso ya estaba consciente, incluso hablamos un poco. Ella... —sentí que no era el momento para hablar de Lincoln o de Lynn— me preguntó mucho por Liena.
—Sí, Junior ya me contó algo de lo que ocurrió. Liena está algo golpeada de cuando Leni la empujó para salvar su vida, pero está bien. Lynn la está atendiendo en estos momentos.
—¿Está Lincoln ahí contigo?
—No. Estaba conmigo, pero cuando supo lo que ocurrió y le pedí que se quedara a cuidar de sus hermanas en lo que iba a acompañarte, casi de inmediato tomó su auto y se marchó dejándome a mí a cargo. Seguramente no tardarás en verlo. Cuando llegue, dale el relevo y regresa a casa, cielo. Tú también necesitas descansar por todo lo que también estás pasando.
Aunque la idea de alejarme de mi hija no me gustara, en realidad ya no podría ayudarla, además que estaba otra parte de mi familia que esperaba en casa.
—Está bien. Lo esperaré. Te veré al rato. Te amo, Lynn.
—Y yo a ti, cielo. Verás que Leni se recuperará.
