Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.
Capítulo 9
Sho abrió los ojos con lentitud. Todavía se sentía débil y mareado, incluso cuando ya había pasado casi un mes desde que Judai lo secuestró y lo llevó a ese extraño mundo habitado por monstruos de duelo, humanos y, lo más aterrador, vampiros.
Miró por la ventana, por la cual se colaba la tenue luz roja luna. En este mundo siempre era de noche. Lo más cercano que había al día eran las horas en que la enorme luna roja, que al parecer siempre estaba llena, surcaba el cielo. Una vez que se ocultaba en el horizonte, como haría el sol en la Tierra, sólo quedaba el tenue resplandor de las estrellas desconocidas, que formaban constelaciones diferentes a cualquier que hubiera visto en casa. Entonces, todo humano, o monstruo que no fuera un no-muerto, se ocultaba. Nadie salía a menos que un miembro de la Familia a la que servían se los ordenara.
—¿Estas bien? —preguntó Nyan Nyan Trueno con su acostumbrado tono preocupado.
El espíritu, junto con muchos otros, había estado viviendo en su baraja sin que lo supiera. Judai sin duda era consciente de eso desde el comienzo, ya que una de las primeras cosas que hizo cuando lo llevó a ese mundo fue asegurarse de que sus monstruos no tendrían poder a menos que estuviera en un duelo. Y, considerando que no tenía un disco de duelo (en este reino, sólo los vampiros y los monstruos unidos a ellos por juramentos de lealtad sellados mediante magia, podían portar un disco de duelo), tampoco era como si pudiera luchar.
—Siempre puedes jugar en una mesa —le recomendó Judai cuando le preguntó al respecto—. De hecho, es mejor que lo hagas en una mesa. En este mundo, los discos de duelo son armas. Usar uno significa que estás apostando tu alma en la batalla.
Unos días más tarde, llevó dos discos de duelo para mostrárselos. Uno era muy similar a los de casa: un aparato que obviamente funcionaba mediante tecnología. El otro, si bien era de metal, no estaba equipado con componentes electrónicos. Además, estaba lleno de runas mágicas las cuales, según explicó Judai, hacían que funcionara tan bien, si no es que mejor, que cualquier otro disco de duelo.
—Algunos monstruos —explicó— pueden manifestar discos de duelo a través de la magia o incluso de su propio organismo.
—¿No hacen trampa? Si ellos generan discos de duelo propios, pueden alterarlo.
—Nadie que sea listo hará eso. En este mundo, usar un disco de duelo es participar en un Juego de Penalización: si haces trampa, el mismo universo te castiga.
Fue un alivio, pero a la vez aterrador.
Suspiró con cansancio para volver al presente.
—Sólo estoy un poco mareado —respondió a la pregunta del espíritu.
Nyan Nyan frunció el ceño. A su lado, el pequeño Gyroid, casi del tamaño de un helicóptero de control remoto, zumbó con tristeza.
—La señorita Rei dijo que el mareo pasaría pronto —les recordó Sho.
Rei Saotome era una chica al servicio de Judai. Aparentaba unos catorce o quince años, es decir, la misma edad de Sho, pero se comportaba tan madura casi al nivel de una joven mujer. La familia que la había acogido en este mundo, por orden de Judai, vivía en la casa donde él estaba ahora: una enorme mansión (aunque pequeña en comparación con los «nidos» de los vampiros), ubicada al este de la Ciudad Capital.
Según le explicó Rei, los malestares que experimentaba eran su sistema tratando de deshacerse de la sangre de vampiro.
—Yo pasé por lo mismo —le había explicado la primera noche—. Y sólo tenía cinco años cuando fui raptada y traída a este mundo.
—Lo siento.
—No importa, fue hace mucho —respondió ella con una sonrisa triste—. La magia de este mundo hace que incluso los humanos sean más longevos. Creo que envejezco a un ritmo tres veces menor al de un ser humano en la Tierra.
Sho se sorprendió al escuchar eso.
—Cuando un humano llega desde la Tierra u otra de las Doce Dimensiones, debe recibir un pequeño trago de la sangre de un vampiro para poder sobrevivir al choque inicial de esa magia.
Sho recordaba vagamente a Judai despertándolo e instándolo a beber un líquido de olor y sabor metálico. ¿Era la sangre de Judai? Tenía que haber sido eso, porque los días siguientes, cuando la mayor parte de esa sangre estaba todavía en su organismo, lo único que quería hacer era ir en su búsqueda y nunca separarse de su lado. Era la debilidad de su cuerpo acostumbrándose a esa magia de la que hablaba Rei lo único que le impidió hacerlo.
Rei respetaba a Judai, al igual que su familia de acogida. Y no precisamente por el miedo, como otros vampiros controlaban a los humanos que les servían.
—El Maestro Judai está… bien —respondió Rei cuando Sho le preguntó sobre la forma de ser de Judai—. Es mucho mejor que el anciano vampiro que me trajo al Reino de la Noche. Él sólo quería divertirse viendo como la magia de este mundo me mataba lentamente.
Rei cerró los ojos y se estremeció al recordar eso.
—Lady Camula me rescató y me puso al cuidado del Príncipe. —Suspiró—. Ellos se refieren a nosotros como «ganado», en ese sentido, el Maestro Judai es un granjero bueno que cuida muy bien a su rebaño. La mayoría de los otros…. —Volvió a suspirar—. Se dice que incluso su Alteza es alguien frío y duro con quienes le sirven. Pero al menos él no tortura por diversión como la mayoría de los demás vampiros.
Sho había aprendido también un poco sobre Camula. Ella despreciaba a los humanos, mientras fueran adultos. Pero opinaba que los jóvenes podían ser recatados. Para servirlos, obviamente. No dejaba de ser una vampiresa después de todo.
La puerta de la habitación se abrió y entró Rei, cargando la bandeja del desayuno, o lo que Sho pesaba era el desayuno.
—¿Cómo durmió? —preguntó mientras dejaba la bandeja en una mesa cercana.
—Un poco mejor.
Rei asintió, y procedió a mezclar hierbas para preparar ese té medio amargo que le había estado sirviendo a diario mientras había estado allí. Según su madre adoptiva, era un remedio eficaz para que los humanos se acostumbraran rápido a ese mundo. No tan efectivo como la sangre de un vampiro, pero lo suficientemente cerca.
La Doncella Enamorada, la única carta de duelo que Rei tenía en su poder, entró a la habitación cargando un balde de agua tibia para que Sho se lavara antes de comer.
Vivir en el Reino de la Noche era como vivir en la edad media… si eras humano. Los servicios como agua potable, cañerías y similares sólo estaban en los nidos. Los humanos debían conformarse con hacer las cosas del modo difícil.
También, debido a las restricciones con las que vivían, era una anomalía en un millón que Rei tuviera una carta de duelo. Si los humanos no podían tener discos de duelo, mucho menos cartas. La Doncella Enamorada era otra de las «niñas» que ese vampiro anciano mantenía encerradas en jaulas sólo para divertirse torturándolas. Se apegó a Rei y no quiso dejarla. Camula y el Príncipe Judai decidieron que era mejor si permanecían juntas, y desde entonces eran como hermanas.
—El Príncipe vendrá más tarde —le informó Rei—. Si se siente más fuerte, preparare el baño. Lord Avian trajo ropa más adecuada para usted hace un par de horas. Es fácil asumir que el Maestro Judai desea que las use.
—¿Ropa adecuada?
Rei asintió.
—Ropa interior nueva, un traje de tres piezas, corbata, zapatos finos… Todo lo necesario para que se vea como un joven caballero.
Sho se sonrojó y a la vez sintió que sus pensamientos estaban por todas partes. Una parte de él, la sangre de Judai que todavía queda en su organismo, estaba agradecido y sólo quería buscarlo para demostrarlo; la parte más racional, sentía miedo. La madre de Rei lo había insinuado en la cena un par de días (¿se podían llamar días si siempre era de noche?) atrás: las atenciones del Príncipe para él no eran las tradicionales. Sho no estaba destinado a ser un sirviente, no era visto como ganado para Judai, todo lo contrario: quería convertirlo en uno de los suyos.
Había muchas pruebas de esto, empezando por el hecho de que se tomó la molestia de enseñarle cosas:
—¿El Maestro Judai le enseñó duelo? —preguntó Rei asombrada cuando se dio cuenta de que Sho tenía un mazo de duelo.
—Me ayudó, más bien. Yo sabía cómo jugar… más o menos.
Rei sonrió con tristeza.
—Es cierto, viene de la Tierra. Recuerdo lo emocionada que estaba cuando vi a Mai Kujaku luchar con sus arpías en televisión. Yo quería ser como ella. Pero, antes de que pudiera aprender el duelo, fui traída a este mundo.
—Yo podría enseñarte, si quieres.
Rei negó con la cabeza.
—No está permitido.
—Pero, ya tienes una carta, de verdad, no sería problema. Es la única forma en que podría pagarte por todo lo que haces por mí.
Rei pareció debatirse entre lo que Sho proponía, sus viejos sueños de ser una duelista talentosa al nivel de Mai Kujaku; y la nueva vida que tenía ahora como parte del ganado del Príncipe Judai.
—Nadie tiene que enterarse —insistió Sho—. E, incluso si lo hicieran, diré que todo es mi culpa. Que… que lo hice porque estaba aburrido solo en esta habitación. ¡Si! Estoy seguro que Judai no se molestará si le digo eso.
Al final, Rei aceptó, y cada noche, cuando todos se habían retirado a descansar, se colaba en la pieza de Sho para aprender duelo.
—Eres muy buena —le dijo—. Creo que podrías ser una de las mejores duelistas que he conocido.
Rei se sintió feliz. Pero al instante su sonrisa se apagó. Nunca podría serlo mientras fuera ganado al servicio del Príncipe. Y si Judai se enteraba podía castigarla, tal vez sin importarle que Sho asumiera toda la culpa como prometió. Hasta ahora él se mostraba amable, pero, igual que Camula, seguía siendo un vampiro.
Sho comió su desayuno, y Rei ordenó a la Doncella que se llevara la bandeja de vuelta a la cocina, mientras ella se ocupaba de preparar el baño.
Sinceramente, incluso si no se sintiera más fuerte, Sho habría aceptado el baño. Habían pasado casi dos semanas desde el último.
En definitiva, la vida en esa casa era como en la edad media.
Después del baño, Sho se vistió con la ropa que le envió Judai. De verdad que parecía un pequeño caballero: la camisa blanca perfectamente almidonada; el saco negro con bordados de oro, en un estilo pasado de moda que bien podría haber usado en una reunión de alta sociedad durante el siglo XIX. Corbata de lazo, y zapatos negros bien boleados. Ni siquiera en las fiestas costosas que daba su padre se había vestido tan elegante.
—Te ves muy guapo.
Sho saltó cuando escuchó la voz de Judai a sus espaldas. Sintió los brazos de Judai envolverlo por atrás, y su aliento frío en su oído derecho.
—¿Hice una buena elección? —le preguntó—. Muchos dicen que mi sentido de la moda es horrible. Así que sólo elegí algo parecido a lo que vi en un anime hace unos meses.
—Creo que está bien. Y también es cómoda, a pesar de la apariencia tan formal.
—Me alegra —respondió Judai.
Arrastró a Sho a la cama, se sentó en la orilla, y obligó al otro a recostarse, poniendo su cabeza sobre su regazo para jugar con su cabello.
Sho lo miró y no pudo reprimir un escalofrío. Los ojos que antes eran color chocolate, ahora eran de un brillante dorado de forma perpetua. Brillaban en las penumbras eternas de ese mundo como los ojos de un gato en la oscuridad.
—De verdad que eres hermoso —dijo Judai mientras enredaba sus dedos en los mechones de Sho.
—¿Cuánto tiempo has estado aquí? —preguntó Sho, con la pretensión de desviar la conversación de las cosas «vergonzosas». A Judai le gustaba hacerlo sonrojar.
Además, sabía que, si Judai lo quería, podía ocultarse en las sombras sin ser visto, incluso en una habitación de menos de tres metros cuadrados de superficie. No es que esa habitación fuera pequeña, lo cual sólo le daba más lugar donde esconderse.
—Desde que despertaste —respondió él riendo—. Tienes un cuerpo muy bonito.
Sho se sonrojó. Su intento anterior por evitar lo vergonzoso obviamente no sirvió de nada.
—¡Espiar en el baño es de pervertidos!
Judai se rio.
—Bueno, por suerte eres al único al que me gusta espiar, así que sólo soy pervertido cuando se trata de ti.
—Eso no arregla las cosas —dijo en voz baja, tan rojo que parecía un rábano.
Judai sólo rio más fuerte.
—Yo te veo todo el tiempo, Sho. No puedo evitarlo. Hay algo en ti que me hace querer estar siempre a tu lado.
Sho no tuvo tiempo de avergonzarse más. Su corazón comenzó a latir con fuerza, aterrado.
—Oh, sí, he visto lo que hacen tú y la pequeña Rei cuando creen que nadie los está viendo —confirmó Judai.
Sho sintió que su corazón iba a salirse de su pecho.
—No estoy enfadado —le aclaró Judai. Inclino su cabeza para besar la frente de Sho—. De hecho, me sorprende lo buena que es Rei. Es casi como si hubiera nacido para el duelo. Estoy pensando en conseguirle una baraja. Quiero probarla por mí mismo. Y, si me gusta el resultado, tal vez la deje avanzar un poco en nuestras filas.
Sho miró a Judai con ojos temerosos.
—¿Tú…? ¿Convertirás a Rei en un vampiro?
Judai entrecerró los ojos.
—No. Engendrar a alguien es algo muy íntimo, Sho. No debe hacerse por capricho, como otros lo hacen, como algunos creen que yo hago. No es que haya engendrado a alguien, pero la gente se inventa cada rumor. —Sacudió la cabeza, luego siguió donde estaba—: Sólo engendraría a alguien por dos motivos: porque amo demasiado a esa persona y quiero que esté a mi lado por siempre; y porque es una vida que merece ser preservada para el bien de nuestro Clan.
Fue el turno de Sho de fruncir el ceño.
—¿Rei no merecería vivir?
—Es muy pronto para decidir eso —respondió Judai desviando la mirada hacia otro lugar.
Sho lo siguió con su propia mirada. Nyan Nyan estaba sentaba en una silla, sin apartar los ojos de ellos, su cuerpo tenso, lista para saltar al ataque contra Judai ante el menor indicio de que intentaría lastimar a Sho.
«¡No lo hagas!», pensó Sho. Nyan Nyan lo intentó una vez, cuando despertó en ese mundo confundido y asustado. No fue agradable. Sho no pensó que los espíritus pudieran ser heridos hasta que vio lo que Judai le hizo a Nyan Nyan.
Judai se rio entre dientes, antes de indicarle a Sho que se pusiera de pie.
—Veo que ya estás más fuerte. Tu cuerpo se está acostumbrando a este mundo. Sé que es duro la primera vez. Se vuelve mejor, lo prometo.
Sho se sonrojo. Las palabras de Judai, como siempre, podían interpretarse con un doble sentido si no se tenía el contexto correcto.
—Vamos —dijo Judai, empujo el mazo de Sho en sus manos, y luego comenzó a guiarlo hacia la puerta—. Hay un neonato ridículo que no entiende cuál es su lugar. Decidió retarme formalmente y yo acepte.
—¿Un duelo? ¿Con discos de duelo?
—Sí.
Se giró, tomó a Sho por la barbilla y lo obligó a verlo a la cara.
—Es sólo un brabucón de esos que piensan que saben luchar, pero en realidad no aguantarían dos turnos con un verdadero duelista. —Besó a Sho en los labios. El beso duró unos segundos, pero fue suficiente para que los pensamientos de Sho dieran vueltas por todas partes—. No tienes que hacerlo si no quieres. Soy capaz de hacerme cargo, pero, de verdad, quiero que seas tú quien lo ponga en su lugar.
—¡Yo no puedo hacer eso! —Fue acallado cuando Judai volvió a robarle un beso.
—Lo harás bien.
Sho se sintió extraño cuando, al salir de la casa y mientras caminaban por las calles de la ciudad, todas las personas se hacían aun lado, inclinándose con respeto, y también algo de temor, como si tuvieran prohibido ver a Judai directamente sin su permiso.
Abandonaron la parte de la ciudad reservada a los humanos, subieron a un carruaje negro. Sho se sintió intimidado cuando vio que el conductor era un Sirviente de la Calavera, además, el carruaje era tirado por un cabello esquelético de aspecto nada agradable.
Tras un viaje de quince minutos, en el que ninguno dijo nada, se detuvieron frente a una especie de coliseo.
Al llegar a la arena del anfiteatro, encontraron una pequeña multitud en rodeando el lugar. Casi todos eran vampiros y monstruos, según le indicaban sus instintos a Sho. Eran tan pocos, que no estaban en las gradas, como sería lo normal. El único espectador en ellas era alguien en el palco principal, pero las sombras evitaban ver de quien se trataba.
Judai le tendió un disco de duelo a Sho. El chico dudó un momento. La poca sangre de Judai todavía en su sistema le instaba a tomarlo.
—No tienes que hacerlo si no quieres —le recordó Judai, sonriendo.
Sho se decidió, tomó el disco de duelo y lo ajustó en su brazo izquierdo.
Con paso algo nervioso, subió a la arena. Su oponente era un vampiro que aparentaba unos veinte años. Tenía una de esas expresiones burlonas que recordaba de los matones que lo habían acosado en secundaria.
—Qué el retador tome el primer turno —concedió Judai desde algún lugar a las espaldas de Sho.
El joven vampiro no parecía conforme.
—Mi desafío fue al Príncipe —se quejó—. Un humano que parece tener miedo de su propia sombra no sirve ni como un entremés. Tal vez mejor debería beberme su sangre.
Fue respaldado por algunas burlas.
—Elegí a mi campeón —replicó Judai—. Lucha con él, o sufre la pena de retirarte de un duelo en la deshonra.
El tipo chasqueó la lengua.
—Muy bien. Comienzo, robo. Activo «Entierro Insensato». Envió a «Familiar Vampiro» desde mi Deck al Cementerio. Ahora, descartó a «Gracia del Vampiro» en mi mano para invocar especial a mi Familiar desde el Cementerio. Como fue Invocado de forma Especial, puedo pagar quinientos Puntos de Vida para buscar cualquier monstruo Vampiro y ponerlo en mi mano. Busco a «Señor de los Vampiros». Ahora, sacrifico a mi Familiar para invocar a «Señor de los Vampiros». Eso no es todo, lo destierro para invocar a «Genesis de Vampiro». Ahora, activo el efecto de mi monstruo: descartó un monstruo Zombi de mi mano, para Invocar un Zombi desde mi Cementerio de un Nivel menor. Descarto a «Desesperación de la Oscuridad» para Invocar a «Gracia del Vampiro» desde mi Cementerio. Coloco dos cartas y termino.
Sho tragó saliva cuando vio al enorme ser con apariencia de un murciélago humanoide amenazándolo. Tres mil puntos de ataque. Además, estaba la vampiresa con otros dos mil puntos. Cinco mil en total, suficientes para acabar el duelo si no hacía nada. Eso sin contar las dos cartas tapadas.
Puedes hacerlo, escuchó la voz de Judai en su mente.
—Mi turno. —Miró su mano. ¡Podía terminar en ese turno! El oponente tenía 3500 LP debido al pago de su murciélago. Y Sho tenía las cartas raras que Judai había comprado para él: unos roid fusión muy interesantes, los cuales resultaron bastante baratos porque «nadie quiere jugar con roids». No podía perder—. Desde mi mano, activo la Carta Mágica «Tormenta Fuerte», con la cual destruyó todas las cartas mágicas y de trampa en el campo.
El joven vampiro gruñó cuando sus dos trampas se fueron.
—Bien —asintió Sho, al tiempo que tomaba tres cartas de su mano—. Ahora, ¡combino a «Strikeroid» con «Stealthroid» y con «Turboroid» desde mi mano para Invocar a «Solidroid α»!
Tres jets con aspecto de juguete sobrevolaron la arena, antes de combinarse en un mecha del tamaño de «Genesis de Vampiro»
—Cuando «Solidroid α» es invocado, gana ataque igual al ataque original de un monstruo de mi oponente. ¡Y elijo sumarle los puntos de tu «Genesis de Vampiro»!
El monstruo de Sho absorbió el poder del vampiro, aumentado su tamaño al doble, con lo cual su ataque llegó a 5600.
—¡Batalla! ¡Solidroid, ataca a la vampiresa!
Los puños cohete del mecha salieron disparados a toda velocidad golpeando la vampiresa y haciéndola estallar, al tiempo que los puntos de vida del joven vampiro se desplomaban a cero.
El joven se giró, antes de llevarse la mano al pecho, alzó la mirada para ver a otro vampiro detrás de él, quien se dio la vuelta sin siquiera mirarlo. El joven vampiro estiró la mano en su dirección, antes de estallar convertido en pequeños orbes de energía de color rojo.
Una sensación de opresión llenó el anfiteatro, cuando los orbes volaron en dirección al palco principal. El rey, todavía oculto por las sombras, alzó su mano donde sostenía algo (Sho podría jurar que era una carta), con lo que absorbió los restos del joven vampiro. Hecho eso, se giró y abandonó el coliseo.
Los murmullos de los demás espectadores comenzaron a destrozar el silencio que quedó luego del duelo.
Judai tomó a Sho por los hombros para sacarlo de allí antes de que los otros vampiros y monstruos en el lugar salieran de su shock inicial. Ninguno de ellos habría apostado un centavo por Sho.
—Lo hiciste muy bien. Te lo dije: no aguantó menos do dos turnos.
Judai parecía radiante, mientras llevaba a Sho a una especie de parque, o más bien la palabra es jardín. Lo hizo sentarse en su regazo en una banca cerca de una fuente que expulsaba algo parecido a sangre. No tenía olor metálico, así que Sho supuso era otra cosa, no es que eso lo hiciera menos siniestro.
—Yo… ¿lo mate?
—Si quieres usar un lenguaje más técnico, ya estaba muerto desde hace mucho.
Sho negó con la cabeza.
—Yo… No sé cómo sentirme.
La parte racional de él quería sentirse mal. Pero otra parte le decía que, si no lo hubiera acabado, él habría muerto. Además, ese vampiro no se habría tentado para matarlo dentro o fuera de un duelo.
—Creo que te ganaste una recompensa —le dijo Judai.
Sho sintió sus labios en su cuello, justo como la noche del festival de la Golden Week. Un pequeño beso justo sobre su vena. Y luego, el beso se convirtió en un par de pinchazos, como el de dos agujas. El dolor duró sólo un instante, antes de que Sho sintiera que estaba flotando.
De pronto, el mundo a su alrededor desapareció. Sólo estaban él, Judai y la sensación extraña de su sangre saliendo de su cuerpo para entrar a la boca de Judai. No era una sensación desagradable, sino todo lo contrario. Sho sentía que podía morir allí mismo, y lo haría lleno de felicidad. Una sensación de calor lo inundó, como estar frente al fuego de la chimenea en un día muy frío.
Todo desapareció un momento después. Quedó jadeando, como si acabara de hacer ejercicio.
—Sabes delicioso —dijo Judai, haciendo que Sho se sonrojara. Judai volvió a reír entre dientes—. Es interesante, ¿verdad? El Beso de un vampiro puede ser tan placentero o doloroso como queramos. Pero, yo nunca te causaría dolor.
Recargó a Sho contra su pecho, y este, agotado por todo lo que sucedió, cayó en un sueño profundo.
