Palabra: misterio.


IX. El nigromante

Dangling feet from window frame
Will I ever ever reach the floor?
More, give me more, give me more
Crushed and filled with all I found
Underneath and inside Just to come around
More, give me more, give me more

If I Had a Heart, Fever Ray


A veces pasa dos veces en una noche.

A veces pasa justo en los brazos de Eijiro.

El primer hechizo que aprendió fue cubrirse de roca. Le pareció estúpido, pero su madre aplaudió porque eso significaba que tenían un mago en la familia y que podría ir a alguna de las escuelas de hechicería. Pero Eijiro vivió toda su vida con las dudas.

«¿Qué tal si no eres un buen mago?». Una voz en su interior no dejó de torturarlo nunca. Ni siquiera cuando la calló a gritos y logró que Nedzu, el Archimago, lo aceptara en Yuuei.

Ha aprendido muchos otros hechizos desde entonces, pero el de Piel de Piedra sigue acudiendo a él de manera instintiva, sin necesidad de un dibujo o de palabras mágicas. Está grabado en su piel.

Por eso a veces, cuando está todavía dormido a un lado de Katsuki, porque ya se despertó una vez en la noche por la maldita pesadilla y Eijiro ya acudió hasta él, vuelve a despertarse con el sonido de una explosión en sus oídos.

—¡Katsuki!

Su piel puede volverse piedra de manera instintiva. Lo abraza y se protege: esa es la única manera en la que las manos de Katsuki no causen un accidente.

—¡Katsuki, insiste!

Y despierta.

Abre la boca y aspira una bocanada de aire. Le cuesta darse cuenta dónde está durante unos momentos; Eijiro no lo suelta hasta que Katsuki no intenta quitarse sus brazos de encima.

—¿Estás bien? —pregunta.

—Es una pregunta estúpida.

La voz de Katsuki es cortante. Eijiro se muerde la lengua.

—Lo sé. —Hay una pausa en la que sólo se puede oír a ambos respirando—. Aun así quiero saber. —Intenta que su voz salga lo más suave posible.

Katsuki no niega con la cabeza, tampoco asiente.

—Fue diferente —es lo que dice, en vez de darle una respuesta concreta.

—¿Diferente por qué?

—En el sueño, la torre siempre se está quemando.

—¿Ahora no?

—¡Siempre! Cállate y escucha —pide Katsuki. Eijiro se aparta un poco, para dejarlo hablar más a gusto y se incorpora, apoyando su espalda en la pared de Katsuki. Los atrapasueños tintinean arriba de su cabeza y Eijiro les dedica una mirada de soslayo porque están inquietos. Katsuki lleva con todos colgados sobre su cabeza semanas enteras, pero mundo-oniria no parece darle una tregua—. La torre Yuuei siempre está en llamas. Y el fuego me quiere, ¿sabes? Usualmente me protege. La magia de fuego está de mi lado. —Eijiro asiente—. Pero en ese sueño, el fuego siempre me consume. Y siempre lo siento y… despierto.

—¿Siempre?

—Esta vez no —dice Katsuki. Frunce el ceño—. Esta vez. Vi a alguien, Eijiro.

Fija su vista en sus manos y a Eijiro le parece que quiere aprendérselas. Cada surco, cada vena, cada imperfección en su piel. El mago de tierra le da tiempo para que ordene sus pensamientos. Para que diga lo que tenga que decir en sus propios términos.

Las palabras siempre son complicadas con Katsuki.

Hay muchas que se quedan atoradas entre su corazón y su garganta.

—Vi a… —empieza, pero luego pausa y levanta la vista para clavarle sus ojos rojos, bien fijos— Shigaraki.

—El nigromante…

Katsuki aprieta los labios. Asiente.

Así es como Eijiro se da cuenta que está enojado. Katsuki actúa como si el mundo lo molestara personalmente todo el tiempo, pero cuando de verdad la ira lo está consumiendo, es el silencio el que lo rodea.

—¿Está detrás de esto?

«¿Viene otra vez por ti?»

El nigromante una vez había sido un mago como ellos que había estudiado en Yuuei. Probablemente Nedzu le había dado un sombrero con amarillo y le había dicho mago de aire. Sabían que había sido un mago de aire antes de entregarse a las artes prohibidas de la magia.

La necromancia.

Una plática que tuvieron con Kayama en primer año se cuela en la mente de Eijiro.

«¿Por qué las artes prohibidas están, bueno… prohibidas?»

Shouto contestó aquella vez.

«Corrompen tu mente, se adueñan de ti. Te controlan, no as controlas a ellos».

Nemuri Kayama, bruja de aire, experimentada en toda clase de artes prohibidas y cómo identificarlas, había asentido.

«Eso es. Las artes prohibidas, además, amenazan con romper el orden natural de las cosas. Podemos hablar con la magia y ella puede hablar con nosotras, pero no podemos usarla para cosas que les corresponden a los dioses. La vida, la muerte. No podemos controlarla. Si lo intentamos, ella acabará controlándonos a nosotros».

Tomura Shigaraki había ido tras Katsuki una vez.

Eijiro no sabía los detalles, pero Katsuki le dijo que había intentado reclutarlo.

—Supongo. Él y su grupo —responde—. Deberíamos alertar a Nedzu.

Katsuki respira hondo y cierra los ojos. Eijiro se acerca un poco.

—Estás agotado.

—¡Comunícate con mis sueños y verás si no acabas agotado tú también!

—Mi comunicación con mi mundo-oniria —dice Eijiro— es menos frecuente. ¿Quieres volver a dormir.

—No sé si voy a poder —responde Katsuki. Su mirada se dirige hasta los atrapasueños—. Tú puedes intentarlo, si quieres.

Le toma un momento darse cuenta que no lo está corriendo. «Puedes volverte a acostar», dice. Pero es extraño que no quiera dormir. Desde que lo conoce, Katsuki es quien siempre se encierra más temprano tras la puerta con la explosión pintada.

Lo examina. Katsuki parece estar evitando su mirada adrede.

—¿Estás asustado?

Sabe que es una pregunta idiota en el momento en el que Katsuki enrojece.

—¡No! —Lo dice más fuerte de lo normal, en un tono que podría despertar a alguno de sus vecinos—. No estoy asustado. —Hace un puchero que a Eijiro le parece adorable pero que no comenta—. No lo estoy, maldita sea.

Eijiro acorta la distancia entre ambos.

Alza la mano, pero la detiene antes de tocar su mejilla.

—¿Puedo…?

Katsuki frunce el ceño.

—¿Por qué demonios preguntas?

—Sé que no te gusta que todo el mundo te toque. —Eijiro se muerde un labio.

—Me abrazas al dormir —apunta Katsuki.

«¡No es lo mismo!»

—Katsuki, sólo dime que puedo.

Y Katsuki asiente.

Eijiro pone la mano sobre su mejilla. Es sólo para obligarlo a mirarlo, pero algo más salta dentro de él.

—Esta vez estaremos listos si viene por ti.

—¿Estaremos?

Eijiro asiente. «Sabes quienes», quiere decirle.

Están demasiado cerca. Quizá, si se acercara más, sus labios podrían besarlo. No es secreto que se ha preguntado muchas veces cuál es la sensación de besar a Katsuki. Pero ese no es el momento. Acaba de despertar de una pesadilla. Está enfrentándose a que quizá Tomura Shigaraki, el nigromante, esté otra vez detrás de él. Así que, a pesar de la poca distancia, se aleja en vez de acortarla.

—Es una promesa. Estaremos alerta —asegura y quita la mano de su rostro para extendérsela enfrente—. Vamos a dormir, Katsuki.


Notas de este capítulo:

1) Hoy fue día del kiribaku descarado. Hace mucho que no escribo el pairing y una que es multishipper.

2) Las influencias a Witch Hat Atelier siguen. Y quizá a The Untamed. ¿Les gusta The Untamed? Porque a mí sí.


Andrea Poulain