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Las horas pasaron y Morofushi se encontraba renuente a decir quién le había ayudado a conseguir la información sobre la Organización, por lo que Korn terminó golpeando al Inspector, cumpliendo Korn con su advertencia de: que sólo le haría la misma pregunta tres veces, sustituyendo las mismas por golpes para hacerlo hablar.

Morofushi acabó en el suelo finalmente, sintiéndose totalmente atontado de tanto golpe. Al pasar tres horas, Korn abandonó el lugar, entrando Chanti con una gran sonrisa. Ella se encontraba ansiosa por torturar al Inspector, después de todo no podía perdonarle el hecho, que él haya investigado sobre todo lo que hacía con un gran lujo de detalle.

─ ¡Qué patético, Morofushi Keibu! ─se burló Chanti de él.
Taka'aki se reincorporó lentamente hasta que se puso en pie, pero las tres pasadas horas de tortura, lo tenían tan débil que, involuntariamente dio un par de pasos hacia atrás hasta que topó con la pared, dejándose caer.
─Esto no será divertido, está casi muerto ─se quejó Chanti cruzándose de brazos.
─Entonces hasta aquí llegan sus planes de torturas ─dijo Vermouth con seriedad y de brazos cruzados también.
─Eso te gustaría ─contradijo la pelirroja con una sonrisa burlesca ─Llamaré a Gin para qué diga qué podemos hacer.
Vermouth frunció más el ceño pero prefirió guardar silencio, observando luego a Morofushi quien en efecto se veía medio moribundo.

En tanto en Tokyo, los oficiales y detectives se mantenían alerta a cualquier movimiento sospechoso. Sin embargo, la búsqueda no había rendido fruto alguno. Algunos con mentalidad más fatalista lo daban ya por muerto, pero Kuroda los mantenía a todos en la línea de frente.

─Si se lo llevaron es que Morofushi sabe cosas que no quiso decirme… Ese idiota… ─pensaba el Superintendente muy molesto ─ ¿En qué estaba pensando? ¿En suicidarse como su patético hermano? Debo recuperar a mi hombre, vale mucho por todos los secretos que lleva con él.

─ ¿Llamó? Superintendente ─se apareció Furuya en la oficina de su Jefe.
─Tú sabes lo que sucedió con Morofushi, no digas que no o lo que veas será lo último que verás ─amenazó Kuroda sacando su arma de uno de las gavetas de su escritorio.

Bourbon se espantó al ver que su jefe le amenazaba seriamente.
─ ¡E-espere! ¡Iba a decírselo!
─ ¿Sí? ¿Cuándo? ¿Cuando Morofushi fuera un cuerpo frío e inerte?

─ ¡Por supuesto que no! ─alzó las manos porque el hombre mayor empezó a caminar hacia él, sin bajar su arma ─ ¡Le diré lo que sucedió!

Fuera de aquella oficina en Nagano, Yamato y Yui no cesaban la búsqueda de su compañero y amigo, Koumei.

─Aún no tenemos señales de vida del Inspector Morofushi ─reportaba un oficial a Yui ─No obstante seguimos revisando a cada persona que entra y sale de Nagano. Todo Nagano sigue cercado para mayor eficiencia en los resultados.
─Muy bien, buen trabajo, sigan así ─dijo Yui con seriedad, aunque sus ojos reflejaban tristeza y zozobra, aparte de claro cansancio.
Yamato que no pasaba nada por alto, lo notó y con paciencia se acercó a su amiga que de vez en cuando se pasaba las manos por los ojos para secar las pequeñas lágrimas que amenazaban con salir.
Ambos se encontraban en una capaña policial improvisada, cerca de una carretera.

─Uehara, deberías entrar al auto y dormir un poco, lo necesitas ─sugirió con cierta seriedad ─No sirve de nada que estés agotada buscando a Koumei.
─Lo sé, lo siento… estoy muy nerviosa por toda esta situación…
─Te entiendo, todos lo estamos y es normal, pero por esa misma razón debes estar al 100% de tu fuerza, para poder encontrarlo, sino…
Uehara no dijo más y caminó hacia el automóvil para comer y descansar un poco, lo necesitaba. Naturalmente, el que durmiera no significaba que su sueño fuera tranquilo, todo lo contrario.

Pero no sólo su sueño resultaba perturbador a causa de todo el estrés que se vivía, Taka'aki también tenía malos sueños a causa de la paliza que le dieron ese día.

El tiempo pasó y a dos días que Morofushi concluyera su semana de tortura, Vermouth se vio en la necesidad de hablar seriamente con el jefe, una vez más.

─Él ya no puede siquiera levantarse, no resistirá los dos días restantes.
─De todas formas el plan inicial era matarlo, ¿qué más da si muere hoy o en los días próximos? ─contradijo el jefe, al otro lado de la línea.
─Pensé que deseaba saber lo que ese hombre sabe… ─dijo seriamente la rubia.
─ ¿Acaso estás defendiéndolo? Vermouth ─decía en tono severo su jefe ─Bien. Este día no tendrá "castigo", pero se reunirá de todas formas con Gin. El resto lo sabrán en los próximos días ─cortó la llamada, dejando a Vermouth totalmente intrigada.

Sin más opción despertó al ojiazul, quien le miró con clara debilidad.

─Vamos, ya es hora que te encuentres con Gin y los demás. Ya es de mañana ─le dijo con un tono sereno.
─…Está bien ─le sonrió, sorprendiendo a la rubia por su positivismo a pesar de no encontrarse muy bien, físicamente.

Vermouth cada día le brindaba un traje limpio al Inspector, asi como le ayudaba a colocárselo si así lo requería, la razón por la que lo hacía aquello… sólo ella lo sabía, ese era uno de sus secretos personales.
Sin embargo en toda la semana que llevaban, ella siempre había estado al pendiente de él.

Cuando la pareja llegó finalmente a la habitación de tortura, Gin y los demás ya se encontraban ahí, rodeando una silla. Era para la víctima.
Vermouth no podía esperar que nada bueno resultara de aquella reunión. Pero no tenía más opción y dejó al ojiazul en la silla, preguntándole a Gin.

─ ¿Y? ¿Qué dijo el jefe? Gin ─se cruzó de brazos mostrando un gesto serio.
─El jefe decidió que se adelante su día de liberación ─sentenció provocando el asombro tanto entre Vermouth como en Morofushi ─Su liberación será mañana por la mañana ─se dirigió a la pelirroja ─Chanti.
─Voy ─dijo muy sonriente, sacando una navaja mientras Korn sujetaba los brazos del Inspector, obligándolo a llevarlos hacia atrás para atárselos al espaldar de la silla.

Vermouth se sorprendió de ver aquello, pero su asombro fue mayor cuando Vodka obligó al ojiazul a alzar el rostro, empezando Chanti a acercar la navaja a su ojo izquierdo.

─ ¡Oigan! ¡¿Qué creen que hacen?! ─reclamó molesta, quedándose perpleja cuando Gin le apuntó con su arma.
─Cállate y observa, Vermouth.

Chanti le abrió el ojo por la fuerza, al Inspector, pues por reacción natural éste apuñó los mismos.

─Dile adiós a tu ojo izquierdo, Morofushi Kei-bu~ ─fue lo último que dijo ella antes de clavarle la navaja en su ojo, escuchando el grito de dolor de su víctima.
Vermouth no pudo evitar sentir furia ante su incredulidad de lo que veía, más no se atrevía a decir nada, por mucho que deseara hacerlo. Sólo observó como la sangre de Morofushi se derramaba desde su rostro, cayendo en parte de su torso y el suelo.

Ella era una asesina a suelda, había hecho cosas horribles y terribles pero no quiso seguir viendo aquello. Bajó la vista y apuñó sus manos en silencio, no pudiendo evitar escuchar los gritos de dolor de Taka'aki.

Morofushi no supo qué pensar en aquel terrible y doloroso momento, sólo supo que por un momento todo se silenció… Cuando recobró la conciencia, supo que tristemente seguía en la habitación de tortura pero en el suelo, y que Gin seguía ahí, al igual que sus colegas… Excepto Vermouth, eso le asustó pues por alguna razón creyó que ellos le habían hecho algo, mientras se encontraba inconsciente.
─ ¿Dónde está… Vermouth?... ─preguntó seriamente pero con un tono lleno de dolor. A lo que Gin respondió con una sonrisa.
─No te preocupes, le pedí dejara la habitación por un momento para poder hablar contigo respecto al día de mañana.

Morofushi se sacó un pañuelo para colocárselo en el rostro, en donde alguna vez tuvo su ojo izquierdo…

─ ¿Q-qué sucede con el día de mañana? ─preguntó seriamente el ojiazul.
Entrando en ese momento RUM o como otros le conocían: Wakita.

Morofushi le miró con mucha seriedad pero no dijo nada, sólo se mantuvo en el suelo.

─El jefe decidió desde el momento en que te trajeron, que tu nombre en clave sería Jagermeister. Como sabrás es una bebida alcohólica de color negro, sin duda alguna se ajusta a la perfección a tu personalidad. Actúas con cautela pero eres muy letal cuando debes entrar en acción y esas habilidades las aprecia nuestro jefe ─decía RUM ─Aparte que se encuentra realmente sorprendido por tu resistencia física. No obstante, quiere ponerte a prueba una última vez. Sin embargo, como creo firmemente en que superarás el reto de mañana, desde ya te doy la bienvenida a nuestro grupo, Jagermeister.

Eso fue todo para Morofushi, ya era prácticamente uno más de ellos…

Vermouth volvió a entrar a la cámara de torturas sólo cuando sus compañeros dejaron el lugar.
Se acercó al Inspector para ayudarle a ponerse en pie y caminar de regreso a la habitación; caso contrario no podría llegar hasta dicho lugar por él mismo.

Morofushi creyó que moriría de camino al dormitorio, el dolor que sentía era desmesurado, lo que provocaba que sus piernas flaquearan con cada paso que daba. A pesar de todo ello, afrontó la situación con mucho coraje, todo por no ser un peso muerto para Vermouth.

Una vez estuvieron dentro del dormitorio, Vermouth le brindó una píldora al ojiazul, para calmar su dolor, eso le permitió a Morofushi ducharse y vestirse por él mismo. Al salir del baño, ella sentó al ojiazul en una silla para curar su herida.

─Ahora lo usarás de por vida… ─decía mientras le colocaba un parche sobre los vendajes ─Lo que te di de beber te ayudará a pasar la noche sin dolor.
─Sí… ─dijo él con un tono apagado pero sin mirarla.

Vermouth ocultó muy bien, una vez más, sus temores frente al ojiazul, no obstante éste parecía haber aprendido a "leerla", como a un libro.
Y no era de extrañar, pues llevaban conviviendo casi una semana en la misma habitación.
─ ¿Qué te dijeron ellos mientras me encontraba inconsciente? Vermouth ─preguntó con un tono más serio.
─Nada, sólo me pidieron me saliera un momento de la habitación ─respondió con calma.

El otro le miró por un momento en silencio, diciendo únicamente: ─Ya veo… ─entrecerró su único ojo. Decidiendo cambiar un poco el tema ─Hay algo que deseo preguntarte, pero lo haré mañana y me gustaría que respondieras con la verdad.

Su compañera se sorprendió por la última frase, sonriéndose y diciendo siempre con calma:

─Puedes preguntarme lo que desees pero, ¿a qué viene eso de que te diga "la verdad"?...
─Mañana lo sabrás ─le sonrió, provocando nuevamente que la otra se sorprendiera.
─ ¿Cómo te sientes? Taka'aki ─preguntó muy curiosa.
─Ya no me duele… ─se llevó una mano a su "ojo" ─ ¿Por qué? ─le devolvió la pregunta, también con mucha intriga.
La mujer se tomó su tiempo antes de responder, mirando al frente:
─Quería que cenáramos… como aquella vez, no será lo mismo por supuesto, ya que el lugar no es muy "atractivo" pero…
Morofushi le interrumpió en silencio, al ponerse en pie y quedar frente a ella, tendiéndole una mano junto con una sonrisa.
Vermouth no dejaba de sorprenderse cada vez que el ojiazul mostraba suma calma y positivismo, pasara lo que pasara. Se sonrió, tomó su mano y comentó:
─Al final te ganaste el respeto y la admiración del jefe. ¿No te da gusto?
─No… ─negó con la cabeza, tomando sus manos entre las suyas ─Ciertamente soy uno de ustedes, sin embargo eso no implica que seré "libre" como ustedes. Antes que entraras, Gin dijo que trabajaré dentro de la base bajo su mando, que no podré salir como lo haces tú, que vas y vienes a todos lados.
Vermouth puso un gesto serio al escucharlo decir aquello, sonriéndose luego, para minimizar el problema:
─Aunque pases el resto de tu vida enjaulado, seguramente tendrás una compañera trabajando para ti y entonces… ─liberó sus manos del agarre del otro para abrazarlo ─…y entonces…─repitió de forma inconclusa.
─ ¿Entonces? ─replicó él en un tono bajo de voz.
─Entonces serás "su favorito" ─concluyó Vermouth.
Morofushi no se sonrió, sólo abrazó a la mujer que se aferraba a él, tampoco dijo nada. Sólo se preguntó dentro de su mente: "¿Realmente deseo ser un espía?... qué tonto... pierdo tiempo preguntándome algo que ya tiene respuesta, quizá lo hago por esta mujer…"
─ ¿Cenamos?... ─rompió el silencio, Morofushi.
─Sí ─respondió ella.

Cuando Morofushi fue secuestrado, él tuvo la sensación de estar a solas con Vermouth toda la noche. Esa sensación volvió a experimentarla esa noche.
Aquella mujer que empezó por ser una extraña y ahora era su compañera de habitación, tenía razón… La velada no sería como la que tuvieron en La Torre SkyTree, no obstante, la quietud del momento la convirtió en inolvidable.

Pero tras la calma venía la tormenta y con la llegada del nuevo día Vermouth sintió que entró en una especie de Conteo regresivo, para ella, para Taka'aki y la policía Metropolitana que no dejaba de buscar al Inspector.

Morofushi buscó sus prendas entre las sábanas, se vistió y para variar ayudó a su amante a vestirse.

─Todo saldrá bien ─dijo con serenidad aunque el ambiente se sentía tenso.
─Tú siempre tomándote todo con calma… me haces sentir tonta, porque me preocupo por ti y tu minimizas tus problemas ─le acomodó su parche sin verse o sonar molesta.
─Cuando todo acabe, recordarás mis palabras, Vermouth ─le sonrió.

El gran día había llegado, el Superintendente había reunido a sus escuadrones de tácticas especiales, a reunión urgente desde muy temprano por la mañana.
Pero no sólo ellos se encontraban ahí, también se encontraban los agentes del FBI, los altos mandos de Nagano y Mouri Kogoro, no porque fuera a hacer algo realmente útil… la carta del triunfo se encontraba en el pasillo, afuera del gran salón donde todos estaban reunidos. Eso impedía que Conan se diera cuenta de sus táctica de contra ataque… claro, si estuviera solo, pero como estaba confabulado con el FBI, Jodie le había brindado un radio transmisor para que pudiera escuchar todo.

─Sabemos que el Inspector Morofushi estará presente en la Bahía de Tokyo, o como los turistas conocen el lugar: El Puente Arcoíris. A partir de las 9am de este día ─ decía Kuroda, dirigiéndole la mirada a Furuya.

El rubio asintió y tras ponerse en pie, dijo:
─A todos se les ha brindado un pequeño transmisor de escucha, con él podrán recibir las instrucciones, en base a ello así deberán actuar. No deben olvidar que muy seguramente la Organización podría cambiar el lugar de prueba a última hora. De ser así, Morofushi Keibu nos lo notificará.
─Si alguien tiene una pregunta, es momento de hablar ─dijo el Superintendente.
─ ¿Cómo la victima será capaz de comunicarse con nosotros? ─preguntó intrigado Takagi.
Zero se sonrió y dijo con mucho orgullo:
─Porque yo le brindé el micro transmisor.

La declaración causó asombro entre todos los oficiales.

─ ¡Bien si eso es todo, yo digo que hablemos menos y nos apresuremos a tomar nuestras posiciones! ─decía Yamato siempre con su usual "buen" humor.
El moreno no toleraba la espera, él deseaba poder rescatar a su amigo, así como ya hizo Morofushi en el pasado.