Capitulo 20

Libertad


Al día siguiente alguien golpeó su puerta.

-¿Si?- contestó algo somnolienta.

-Soy yo- respondió Seiya al asomarse al cuarto- Sólo quería saber cómo te encontrabas, ¿puedo pasar?-

-Si pasa- trató de moverse pero tenía sobre su pecho a la gata que se estaba estirando y despertando.

-Veo que conociste a Luna- dijo entre risas.

-¿Qué te pasó en la cabeza?- le preguntó intrigada notando un vendaje que le cubría la misma.

-¿Esto?- señaló su frente- No es nada, parece que me caí y me golpeé con algo-

-¿Anoche?-

-Parece, ¿cómo estás?- indagó sentándose al borde de su cama mientras ella se incorporaba un poco.

-No lo sé, la verdad… ¿qué pasó anoche?-

-Tampoco lo sé, habrá sido la tormenta, que con las sombras y los truenos asustan…-

-Seiya… tu y yo sabemos que no eran sombras, algo raro pasó…-

-No lo sé-

-Yo tampoco…-se quedó pensativa acariciando el lomo de la gata- Sigo sintiendo ese olor a humo…-

-¿También lo oliste?-

-¡SI! ¿Qué será?-

-Que de seguro Lita se le olvidó algo en la cocina- dijo entre risas.

-No me tomes el pelo-

-No lo hago, quizás fue sugestión, por esa zona aun hay partes donde se notan las manchas del fuego-

-¿Cuál fuego?-

-Uno que hubo hace muchísimo tiempo o eso me dijeron. Aunque pensándolo es extraño que ambos lugares se hayan quemado, o quizás no, antes esas cosas sucedían…- se quedó pensativo unos segundos- Aunque no lo sé, yo no estuve ahí- exclamó en una carcajada-

-¡Seiya! ¡Esto es algo serio, no es broma!-

-Está bien, hablaré seriamente, me dejaré de bromas-

-¿Entonces no hubo ningún incendio?-

-Si lo hubo-

Ella lo miro un poco enfadada.

-¡De verdad! pero fue hace muchos siglos, solo quedan algunas marcas que ha dejado el fuego. Por lo que sé, tanto el castillo, lo que queda de el, que ahora es el museo, como el hotel, se reconstruyeron. El castillo fue invadido e incendiado. Dicen que no se llegó a quemar en su totalidad. Y que el hotel mucho tiempo más adelante, también fue incendiado, aunque no se sabe cómo pasó, no se sabe bien, eso fue hace mucho.

-¿Entonces el hotel lo incendiaron a propósito?-

-No lo sé, pertenece a mi familia desde hace ya varias generaciones y siempre se habló de la reconstrucción, pero no más-

-Todo esto me da mucho miedo-

-No tienes porque preocuparte, no se volverá a quemar, eso fue antes cuando no había extintores o salidas de emergencia, ahora es todo distinto- le dijo tomándola de la mano- Ahora yo estoy aquí y puedo cuidar de ti, si me dejas, claro-

….

Hace mucho tiempo.

-Serena, ven apresúrate-se escucho una voz. Esta se había quedado dormida recostada contra la pared esperando hasta que nuevamente esa voz familiar la despertara de su ensueño.

Alguien introdujo las llaves en aquella cerradura oxidada que por fin abrió cediendo así el portón que la separaba de su libertad.

Juntas caminaron a hurtadillas entre las sombras tratando de que nadie las sorprendiera.

Cuando por fin estaban fuera en lo que parecía un camino, pero que solo se adentraba cada vez mas en el bosque, la princesa se detuvo.

-Estoy cansada, no tengo fuerzas y me duelen mucho los pies, quiero descansar-dijo sentándose en el piso-

-Serena no, vamos, que aun estamos cerca, nos pueden ver-

-Noo, y está muy oscuro no veo nada-realizó unos pucheros.

-Esta bien te cargaré- pero antes de que pudiera cargarla se escucharon unos perros desde lo lejos.

-¡Me delató! ¡Serena corre!-

Juntas se adentraron aún más en el bosque lo mas rápido que pudieron. Corrieron y corrieron hasta que cerca de ellas notaron un par de personas con unas antorchas.

-Serena escóndete, ven- la jaló del brazo y la escondió junto a ella detrás de unos arbustos.

Esperaron a que se fueran, pero los perros seguían escuchándose cerca.

-Ya miramos por aquí, no hay nada, no hay señales de ella- dijo una de esas personas.

-Yo sé que esta por aquí, lo presiento-

-!Seiya!-chilló Serena-

-Shh-le silenció la nana.

-¿Qué?-

-¿Qué pasa?, ¿por qué gritas?, ¿no ves que nos pueden oír?-

-Me pareció escuchar la voz de Seiya decir mi nombre-

-Ya estas delirando, vamos-

Pero Serena no hizo caso a las órdenes de Rei.

-¡Es él y está vivo!-exclamó y salió corriendo hacia este.

-¡Seiya!- gritó una y otra vez.

Seiya se volvió hacia una dirección y de entre los arboles salió su pequeña princesa que se acercaba hacia este velozmente.

Rei se percató que los perros estaban demasiado cerca y quiso ir por su princesa, pero vio como unos guardias a caballo ya habían divisado aquellas antorchas y se acercaron prontamente hacia ellos.

Trató de ir por ella pero más guardias aparecieron como de la nada y la tomaron por sorpresa.

-Contén a tus perros-

-¿Qué? ¿Por qué?-

-Está aquí- dijo uno de ellos que los había distinguido a lo lejos- Tu, dispárale- ordenó.

El arquero apunto desde su caballo hacia el joven Seiya, tensó y tensó hasta que soltó por fin la flecha.

Pero estos guardias no habían visto, ninguno de ellos, ni a Rei ni a Serena que estaban escondidas, y mucho menos a esta ultima corriendo en dirección de su amado. Cuando de repente como si esta fuera una anima en pena apareció delante del jovencito intentando abrazarlo. Este al notar al guardia disparar hacia su dirección pegó un grito ensordecedor.

-¡Serena! ¡Cuidado!- A lo que esta no tuvo tiempo de girarse.

A pocos segundos de ser alcanzados por la flecha caen al suelo heridos, atravesados por el pecho, de lado a lado. A lo cual por el impacto ambos caen en los brazos del otro.

-Seiya,- dijo mirándole tiernamente a los ojos y con una sonrisa- Me encontraste-

-Bombón-dijo con los ojos llenos de lágrimas- Te lo prometí- Mientras ambos tenían la flecha impactada en sus corazones.

Rei no daba más del dolor. Se logró librar de uno de sus captores y salió corriendo hacia los jóvenes heridos.

-¿Estaba la princesa también?-dijo el arquero bastante sorprendido, a lo que el guardia no respondió pero al ver a la cortesana correr hacia los niños, se bajó del caballo y se acercó velozmente hacia ella.

-Rei- le dijo acercándosele.

-Acabas de matar a tu propio hijo- le recriminó ella entre llantos.

A todo esto ni Seiya ni Serena escucharon aquellas palabras, yacían inconscientes en un charco de sangre.

-¿Qué? ¿Mi hijo? Nunca me dijiste nada…- a lo que primeramente la quedó observando por unos segundos para luego, como a modo de trance, darse media vuelta y dirigirse nuevamente hacia su caballo.

Años atrás la joven cortesana había tenido una aventura, si pudiera llamarse de esa manera, con este guardia. Ella era muy joven y él estaba casado. La esposa de este al enterarse y más aun del embarazo de Rei, la obligó a perderlo. Pero esta se negó y durante los 9 meses llevó el embarazo a escondidas; en el momento de tenerlo decidió entregarlo a una joven la cual había dado a luz a un pequeño pero este había nacido ya sin vida. Y así se realizó el intercambio. Aquella joven era la esposa del herrero. Días mas tarde la misma murió a causa de su complicado parto, dejando al hombre solo con el recién nacido.

Aquel día Rei tuvo que dar a luz, entregar a su único hijo y a las horas, con tanto dolor tanto físico como emocional, siguió con sus tareas como cortesana en la corte.

El guardia al llegar a su caballo desenfundó su espada que la había dejado en la silla de montar, y sin dudarlo le atravesó de lado a lado la garganta al arquero, de un solo movimiento, uno solo pero preciso y mortal. Este lo quedó mirando asombrado y con los ojos bien grandes, cayendo muerto cas al instante.

Su enojo era entendible, le había matado a su único hijo varón, con su esposa solo había tenido una niña y la misma había muerto hace un par de años a causa de la peste, dejándolo sin heredero.

-Mis pequeños- dijo su nana entregándole en la mano de la joven muchacha aquella piedra con la cual la madre había muerto. La colocó y presionó fuertemente junto con la mano del joven que también yacía a su lado, más bien debajo. Para luego pronunciar unas palabras extrañas a lo que ninguno de los que quedaban allí presentes se dignó a preguntar.

…..

Continuará…