Disclaimer: Todo pertenece a George R. r. Martin.
Esta historia participa en el reto La magia de las casas del foro Alas negras, palabras negras.
Prompt: Venganza
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Para hacer bien el amor
Trystane/Myrcella
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Se despiden con un beso apasionado en los labios. Todas las noches es igual. Trystane la acompaña a su cuarto, el mismo que le asignaron cuando hace años llegó a los jardines, y se besan una última vez antes de separarse hasta el día siguiente. Después Myrcella entra en el dormitorio, se pone la ropa de dormir y se mete en la cama.
A estas alturas de su vida no tendría que ser así. Debería estar ya casada con Trystane, pero la guerra no termina y Doran Martell no quiere casarlos hasta que el reino no esté en paz. Myrcella no está segura de por qué. Quizá es solo una muestra de fe en que la guerra terminará algún día.
Así que se acuesta sola. Trystane también lo hace. Myrcella sabe que él la desea porque una vez se lo dijo, pero está dispuesto a esperar a la boda si es lo que ella quiere antes de consumar ese deseo. En Dorne casi nadie lo hace, pero ella no es dorniense. A ella la han educado de otra manera y está dispuesta a esperar.
Hasta que deja de estarlo. Hasta que se harta de dormir sola cuando perfectamente podría hacerlo acompañada porque no sabe cuando va a terminar esa estúpida guerra en la que ya ni siquiera combaten los mismos bandos que cuando empezó. Hay días y sobre todo noches en las que piensa que la guerra nunca va a terminar, que nunca acabará esta sucesión de batallas y muertes,de una venganza detrás de otra.
Así que esa noche sale de su cuarto y toca la puerta de Trystane con decisión. Ni siquiera le da tiempo a hablar antes de echarse en sus brazos y comenzar a desnudarlo. Él parece sorprendido. Esa actitud no es propia de ella, siempre tan correcta y tan formal, pero Myrcella está harta de ser una dama correcta y formal. Todo lo que ha conseguido siendo así es perder una oreja y, como descubre después, perder el tiempo que podría haber estado aprovechando en la cama con su futuro esposo.
