Capítulo 20
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Se mordía una uña, en un tic de nervios residual.
Shikamaru le había mencionado a Chouji mientras iban en el carro, pero al llegar al billar se llevó una desagradable sorpresa al encontrarse con el rostro sonriente de Naruto, que los saludó con uno de sus efusivos gritos tan característicos y no ocultó el hecho de que se conocían, algo que no sorprendió a Shikamaru en absoluto y le devolvió cierta tranquilidad a Karin, recordando que aquel rubio conocía a casi todo Japón.
—Hay mucha gente —murmuró, durante la confusión que se hizo mientras se sentaban a la mesa.
Shikamaru desvió la mirada y se frotó el cuello. —Sí… íbamos a ser nosotros tres, pero Naruto cumplió años hace unos días y…
Quiso preguntar más, pero Naruto interrumpió presentando a su adorable novia, que a apenas y había sonreído y no mantenía el contacto visual con ella. Sonrió por cortesía los pocos segundos que duró el contacto visual y tuvo que esforzarse por no sacudirse al sentir que una descarga eléctrica le recorría la espalda ante aquella mirada pálida; ensanchó la sonrisa al sentir que el gesto flaqueaba y se frotó disimuladamente uno de los brazos, para calmar su piel de gallina. Agradecía que Naruto estuviese quejándose y quejándose de no haber tenido la mejor celebración de cumpleaños aquel año y de las ausencias de algunas personas a las que en verdad le hubiera gustado ver.
—¿Y esta vez no te olvidaste de Shino? —bromeó Shikamaru.
Karin recargó la mejilla en su mano y miró a Shikamaru unos momentos, por su mente pasaron un sinfín de pensamientos, todos rodeaban aquella imagen algo borrosa del raro de gafas que había visto en el hospital y del cual se había olvidado.
Naruto disimuló un escalofrío y su sonrisa se volvió algo cansada. —No… de hecho no… quiere hablar contigo, por cierto.
—¿De qué?
Karin observó la carta en silencio, fingiendo que aquel nombre no la había hecho reaccionar. Tragó saliva con dificultad, atenta a la conversación.
—Pues… la verdad no entendí muy bien, estaba hablando más raro de lo normal. ¿Tú sabes de qué quiere hablar con él?
Hinata negó, mientras Shikamaru dejaba de reír, y murmuró algunas cosas, pero Karin no pudo entenderlas. Sonrió cuando la mesera llegó a pedir su orden y, con las manos escondidas debajo de la mesa y apretados los puños sobre sus muslos, disimuló su nerviosismo al hablar para hacer su pedido. Encontrarse entre Shikamaru y Chouji, a quien solo había visto una vez, le otorgaba cierta sensación de seguridad que le devolvía en momentos la tranquilidad.
Ante una conversación de sobremesa y unas cuantas partidas de juegos de cartas en los cuales no tenía interés en participar, comió a fuerza, pues había estado repitiéndole a Shikamaru que moría de hambre en el trayecto y no había manera de escapar o justificar la súbita ausencia de apetito que la aquejó. Además sus ojos no podían dejar de ver a Hinata, cuyo rostro no dejaba de hacerle demasiado ruido, a pesar de estar convencida de que nunca la había visto antes; sonrió una vez más, en una de esas tantas ocasiones en las que los ojos blancos se posaron sobre ella y se precipitó a desviar la mirada para no incomodar a la muchacha.
—¿Qué hacen? —preguntó una voz desconocida, que se robó la atención.
—Jugamos a las cartas —anunció Hinata, perdiendo la timidez que la presencia de aquella desconocida le había provocado.
Una muchacha de largos cabellos oscuros rodeó la mesa luego de dedicar un saludo general, un tanto escueto, y se sentó a lado de Hinata. Karin la siguió con la mirada, su garganta apretada todo el rato, y cuando Hinata las introdujo y los ojos blancos se levantaron y la miraron, una horrible sensación en el pecho la sofocó unos momentos al comprender porque el rostro de Hinata le había hecho tanto ruido.
La recién llegada era la muñequita de porcelana que vivía en el mismo edificio que Sasuke.
Sentía que sus cejas se juntaban, reflejando su ansiedad, pero aun así luchó contra sus gestos y sonrió a aquel rostro desinteresado que no cambió un ápice. Ni siquiera cuando los ojos blancos se desviaron hacia el rostro de Hinata pudo volver a respirar con normalidad. Observó su plato en silencio.
—¿Vienes sola?
—No —interrumpió Hanabi, robando un bocado del plato de Hinata —, la moto hizo un ruido raro de camino acá.
Naruto volvía a hablar animadamente, gastando un par de bromas que no le cayeron en demasiada gracia a Chouji y ella barajó sus opciones, pero respiró profundo y decidió que tranquilizarse sería lo mejor.
—¡Hey! ¿De qué me perdí? —saludó una voz masculina. —¿Por qué están sentados acá? Creí que veníamos al billar…
No hubo necesidad de girarse, aunque no lo frecuentara, reconocería la voz de Kiba a donde quiera que fuera. No pudo evitar que una sonrisa sarcástica cruzara su rostro y negó una sola vez, ante aquella terrible jugada del destino; al mirar detrás de ella sintió como su rostro se tensaba al encontrarse con el rostro sonriente de Kiba, que chocó, distraído, palmas con el rubio que había corrido a recibirlo.
La veía descaradamente, su sonrisa había perdido la usual agresividad antes de que ella le mirara.
—Cuánto tiempo… no esperaba verte a ti aquí —reconoció el muchacho.
Su sonrisa se amplió, haciendo que sus mejillas le dieran un aspecto sonriente a sus ojos, no encontraba las palabras. Shikamaru había hecho una pausa en sus movimientos, confundido en un inicio, pero recordando pronto una vaga conversación en la que Karin declarara saber quién era Inuzuka Kiba.
—¿Viene contigo? —preguntó Kiba.
Naruto negó y señaló a Shikamaru, que le miraba con una pequeña sonrisa, pero sin perder del todo la eterna pereza que se le aferraba a los gestos. Karin tragó disimuladamente y asintió una sola vez, fingiendo bien un rostro tranquilo.
El muchacho miró a Shikamaru unos momentos y luego rodeó la mesa, parándose justo detrás de Hanabi.
—Creí que veníamos al billar...
—Sí… pero aún no terminamos de comer, ¿ustedes ya comieron? —preguntó Chouji.
Hanabi y Kiba asintieron casi al unísono. El muchacho chocó sus palmas y barrió la mesa con la mirada. —¿Aparto una mesa entre tanto?
Naruto dijo algo que Karin no entendió, jamás sabría si había sido porque el muchacho tenía la boca llena de ramen o porque el corazón le latía con tanta fuerza que podía sentirlo en los oídos. Se llevó un bocado, pero lo escupió disimuladamente en una servilleta al sentir una pequeña convulsión que le subió hasta la garganta.
—¿Estás bien? —preguntó Shikamaru disimuladamente, notando su semblante pálido y enfermizo.
Lo miró apenas unos momentos. —Necesito ir al baño… no tardo.
Se levantó de la mesa, llamando la atención a pesar de no querer hacerlo, y se alejó casi corriendo, encerrándose en el primer cubículo. No pudo vomitar a pesar de lo revuelto que sentía el estómago y el espasmo que la había mortificado en la mesa, y tras intentar unos minutos, se escurrió en el suelo, sintiendo que el alma le abandonaba el cuerpo.
Había llegado el día de decir la verdad.
Fuera de los baños, los demás abandonaban la mesa, dispuestos a jugar la partida de billar que habían prometido. Naruto, Hinata y Hanabi se alejaron, envueltos en una conversación que tenía confundido al rubio. Shikamaru caminaba, distraído, cuando se encontró de frente con el rostro sonriente de Kiba y un brillo en la mirada que no era habitual en el muchacho.
Chouji volvió sobre sus pasos al notarlo, sonriente, pero nervioso. —¿Qué pasa?
Kiba le dedicó apenas un vistazo. —Hay algo que necesito hablar con Shikamaru.
Hubo un ligero movimiento, un intento de algo, pero Kiba arrolló cualquier intención que Chouji tuviera de interceder o distraer la situación.
—A solas.
—K-Kiba, quizá no sea el mejor momento…
Los ojos de Kiba se quedaron fijos en Chouji unos momentos. Ninguno habló por un par de segundos que pasaron dolorosamente entre ellos y Kiba terminó cediendo, deshaciéndose de aquella actitud un tanto fría y negando una sola vez.
—… nunca lo será.
—¿De qué hablan?
Chouji no se retorcía las manos como lo haría Hinata, pero la sonrisa había desaparecido de su rostro y la preocupación le había devuelto un aire infantil que hacía años no veían en sus enormes mejillas.
Shikamaru los miraba confundido.
—Karin —murmuró Kiba, con el gesto ligeramente contraído.
—Kiba… —dio un paso al frente, pero Kiba lo mandó callar y se vieran envueltos en un tira y afloja que no le dio mucha información a Shikamaru, pues se interrumpían constantemente.
—¿Sabes que Naruto invitó a Sakura y a Sasuke? —cortó Kiba, mirando a Shikamaru.
Aquello desarmó por completo a Chouji, que se encorvó un poco, como amedrentado, y luego volteó a ver a Shikamaru, su rostro no pudo fingir tranquilidad.
—¿Qué tiene de malo que Sakura y Sasuke vayan a venir? —insistió Shikamaru, más confundido que antes.
—Pues… —comenzó a decir Chouji.
Kiba se pasó una mano por la cabeza, despeinándose el cabello, la determinación que había tenido hasta momentos antes desaparecía por culpa del gesto culpable de Chouji. Aquella mano se deslizó a su cuello y siguió frotando, concentrándose en la nuca, buscaba las palabras pero no las encontraba.
—Bueno… no es que Sakura sea el problema —explicaba, alternando la mirada entre Chouji y Shikamaru. —… y bueno, Sasuke… pues…
—Sakura-chan trabaja esta noche y Sasuke no vendrá...
Tres pares de ojos se desviaron de aquel conflicto hacia la fuente de aquella información. Había una sonrisa en el rostro que no encajaba del todo con la rigidez de los hombros, estaban en problemas al ser pillados "hablando mal" de Sakura y Sasuke.
—¿En serio? —apresuró Chouji. —Que mal... N-No queríamos empezar sin ellos.
Los cabellos rubios ni siquiera se movieron con los suaves empujones que le dio el muchacho a sus hombros, alejándolos de Kiba y Shikamaru, que se quedaba den pronto rodeados de un silencio un tanto incómodo. Cuando aquella mirada acusadora volvió a sonreír, exhalaron, relajados.
—¿Bien? —insistió Shikamaru.
Kiba no se sobresaltó, pero si desvió la mirada de inmediato hacia él. Dejó salir un sonido de frustración y lo tomó del hombro, obligándolo a acercarse a la barra, poniendo aún más distancia entre ellos y Naruto y el resto.
No hubo titubeos al hablar. —¿En verdad no sabes quién es ella?
Lo miró fijamente al rostro... ahora no estaba seguro de saberlo. Negó.
—¿No te suena el nombre?
—¿Qué me quieres decir?
Se dejó amedrentar, apenas un poco. Su postura cambió y se despeinó de nuevo, buscando las palabras adecuadas.
—... creo que Ino la conoce —dijo al fin, en un tono de voz y con una mirada que esperaba fuera suficiente para hacer a Shikamaru comprender.
Pero él estaba perdido aún.
El silencio los rodeó entonces y Kiba se mordió la lengua al notar el semblante inexpresivo que Shikamaru adoptó al meditar aquello. Se frotó el rostro, exhaló y negó una sola vez, se había dado cuenta, demasiado tarde, de lo hundido que estaba Shikamaru en Karin… y si no le gustaban los problemas de faldas, mucho menos andar metiendo la nariz donde no le llamaban. Quizá su idea no era la correcta, pero tratándose de una relación ajena uno nunca sabría qué tan bienvenida podía ser la información de una tercera persona, sobre todo cuando la información tenía el potencial de destrozar la felicidad.
—Ha tenido problemas con muchas personas, Shikamaru —murmuró —… con muchas personas, ¿entiendes?
Suspiró y se llevó las manos a los bolsillos. —Tú has tenido problemas con muchas personas…
—Naruto también —se defendió. —… ¡pero ese no es el caso! Mira... los problemas y los enemigos te los ganas —añadió, demasiado serio, y le palmeó el hombro. —Habla con ella, dile que sea sincera.
—Kiba…
—Habla con ella.
Fue lo único que le dijo, alejándose hacia el sitio dónde se encontraban las mesas de billar.
—Hey.
Kiba detuvo sus pasos al escucharlo, pero al mirar atrás pudo ver, más allá de Shikamaru, a Karin. La muchacha estaba parada afuera del pasillo que dirigía hacia los baños, encogida, como un cachorrito al que le muestras algo que ha roto. Siguió caminando al notar que Shikamaru se había olvidado por completo de él.
El ligero bullicio que había empezado a armar Naruto, con algo de ayuda de Chouji, y al cual se unía Kiba, se dejó escuchar, distrayendo a Shikamaru por unos momentos de la seriedad que encontró en el rostro de la pelirroja, que se acercó a él, lentamente, luego de ver al muchacho alejarse.
—Hay algo de lo que quiero hablar contigo —declaró Karin, frotándose un brazo —, pero no puedo quedarme aquí.
—¿De qué trata?
—¿Te molesta si lo hablamos en el auto?
Se mordió el labio inferior al notar que Shikamaru no contestaba y giró su cuerpo lentamente hacia la puerta.
—¿Qué hacen aquí parados como imbéciles? —urgió Kiba, que volvía con encargo de cervezas para todos.
—Shikamaru —insistió Karin —, te prometo que no toma mucho tiempo.
—Sí, claro… solo… —lo que Kiba le había dicho había querido hacer una conexión, pero la detenía con fuerza. —Yo te alcanzó.
Karin asintió y apenas Shikamaru le dio la espalda, se giró y miró a Kiba fijamente, el muchacho se encontraba hablando animadamente con el tendero mientras esperaba que las cervezas le fueran entregadas.
—¿Por qué no vas a que Sakon y Ukon te partan la cara otra vez? —su voz sonaba controlada y amenazante.
—¿Por qué no le dijiste a Shikamaru la verdad? —contraatacó.
—Sabe lo que tiene que saber.
—¿En serio?
Juntó las cejas, tragando saliva con dificultad. No tenía una defensa.
—¿Qué va a pasar cuando Ino te vea?
Lo miró, sus ojos tan fríos como podían serlo los polos, ocultando el miedo que sentía en realidad. Él la enfrentaba sin problema y eso solo aumentaba las ganas que tenía de soltarle un buen golpe, como siempre hacía cuándo la molestaba Suigetsu.
—Con Tayuya era fácil ser cruel —exhaló luego de unos momentos, las cervezas esperaban impacientes sobre la barra —, pero tú me caes bien…
Perdió la actitud defensiva y bajó la mirada unos momentos.
—… así que esto no te lo digo para hacerte sentir mal, pero es mejor que desaparezcas.
Un extraño frío le bajó por la espalda y le robó por completo la voz. La mano de Kiba se posó pesada sobre su hombro y clavó la mirada en el suelo para ignorar la pequeña sonrisa que el muchacho le había dedicado antes de soltarla.
—¿¡Por qué tardas tanto, Inuzuka!?
Aquel grito hizo que el contenedor que sujetaba el muchacho resbalara de sus manos y provocó en Karin una reacción que le contrajo el rostro y la obligó a cerrar los ojos unos momentos. Kiba sonrió socarronamente al verlos acercarse lentamente, ignorando el dedo acusador que aún se clavaba sobre él y buscando con desesperación una manera de evitar que la mirada encontrara lo que había detrás de él.
… pero había sido demasiado tarde.
Ino se detuvo al reconocer a la pelirroja… el aire que pudo contener ante la sorpresa, terminó escapando de sus pulmones al sentir que Shikamaru chocaba con ella. A pesar de trastabillar, su gesto se volvió acusador pronto y no perdió la amenaza, el dedo con el que había señalado antes a Kiba, para molestarlo por su tardanza, ahora apuntaba a la persona que se mantenía detrás de él. Una sonrisa incrédula se congeló en sus labios y no encajaba nada con la amenaza que brillaba en sus ojos.
—¿Quién es ella?
Kiba juntó las cejas y siguió caminando, empujando a Ino con su cuerpo. —¿Quién?
Se había dejado arrastrar por Kiba y aquel tono casi la había convencido de que alucinaba, pero un vistazo atrás, hacia aquellos cabellos horribles, la ayudó a encontrar el engaño en aquel tono que parecía verdaderamente confundido. Giró ligeramente su cuerpo para liberarse de la presión a seguir andando y miró fijamente a la pelirroja que caminaba hacia la puerta, con la mirada clavada en un ridículo y maltrecho teléfono móvil.
—¿Qué tu haces aquí?
Karin siguió caminando, incapaz de mirar atrás. Shikamaru tomó a Ino del brazo al ver que se disponía a ir detrás de la pelirroja.
—¿Qué te pasa?
—¿Qué hace ella aquí? —espetó, soltándose, y mirando a Kiba.
—N-No sé, ella ya estaba aquí, ¿verdad?
La bola estaba ahora de su lado y tardó demasiado en hacer su jugada, los ojos verdes de Ino le miraron entonces, expectantes.
—¿Quién la invitó?
—¡Nadie! —insistió Kiba. —¡Ella ya estaba aquí!
Ino se cruzó de brazos y negó, una sonrisa sarcástica se extendía sobre sus labios. —¿Qué hace ella aquí? —insistió. —¿Por qué la trajiste?
—¡Ahhh! ¡Que yo no la invité! ¿Eres sorda o qué?
—Yo la invité.
Tres pares de ojos se posaron sobre Naruto, que solo pudo extender los labios en una sonrisa nerviosa. Se llevó una mano a la nuca y rascó, sonriendo un poco más, ligeramente sonrojado por el bochorno que le provocaba ser el centro de atención en aquella situación.
Ino imitó el gesto de Naruto.
—¿Por qué? —preguntó, luego de unos segundos, la sonrisa se volvía furiosa con cada segundo que esperaba. —¿Eh?
—P-Pues… verás… es que fue mi cumpleaños y… bueno, pensé… bueno no pensé…
—¿¡Qué demonios está pasando aquí!? —estalló, temblando. —¡¿Qué hace ella aquí?!
Shikamaru había imitado a Naruto y en esos momentos dejaba caer la mano que había frotado su nuca unos momentos. Aún había confusiones en su cabeza, pero había otras cosas que necesitaban explicación, ni complicaciones, y aquella situación lo cansó demasiado pronto.
—Viene conmigo.
Los ojos de Ino se clavaron entonces en Shikamaru, que clavó las manos en sus bolsillos y la miraba, fijamente, lleno de culpa. Una risa fastidiada se atoró en su garganta al comprender que se habían acabado los engaños, aquella era la verdad.
—¿Es una broma? —murmuró, perdiendo de pronto la agresividad.
Shikamaru negó una sola vez.
—Tú la invitaste… —murmuró, luego de unos momentos. —¿Por qué?
Recordó entonces todas esas conversaciones con Chouji por las que había hecho berrinche al haber sido excluida de aquel paso en la vida de Shikamaru y enmudeció unos momentos.
—… es tu amiga.
—No… no exactamente.
Ino separó los labios y las manos, que se habían apresurado a sus labios, se detuvieron a la altura de su pecho y luego se apretaron sobre su estómago, el gesto de incredulidad se le mezcló con uno de asco.
—Es tu… —no pudo pronunciar la palabra.
Kiba y Naruto se mantenían al margen, pequeños, aceptando gustosos aquella invisibilidad de la que de pronto gozaban. Hanabi, Hinata y Chouji se habían acercado, pero no lo suficiente, y observaban preocupados aquella escena.
—¡¿Esa?! —chilló Ino de pronto.
—¡Oye…! —comenzó a decir Shikamaru.
—Oh —interrumpió, cubriéndose el rostro —… oh, Shikamaru, no… ¡no, no, no! ¡Tu no!
Ensimismado, miró a Ino. Las manos alejaban el flequillo del rostro, los ojos estaban llenos de lágrimas. Los cabellos volvieron a caer sobre el rostro y las manos volvieron a cubrirlo, ahogando al mismo tiempo un chillido.
—¿Es una broma, verdad? —volvió a insistir, descubriendo sus ojos y mirándolo suplicante. —¿Perdiste la cabeza? ¿Te estás vengando de mí?
—¿Vengando?
Las palabras se ahogaron ante los recuerdos de todas esas noches en que había acudido a la trampa, siempre consciente de lo que hacía, siempre recibiendo las consecuencias después. No pudo evitar sentirse molesto.
—¿¡Por qué con ella!? —sus ojos verdes volvieron a aparecer, las manos cayeron con fuerza a sus costados. —¿Por qué con la zorra que…?
No pudo continuar, pero Shikamaru y todos los demás sabían a la perfección cual era el final de aquella oración. Un sollozo salió, acallado pronto por las palmas que le cubrieron los labios.
Shikamaru se sentía rodeado de vacío.
—Ino, cálmate —pidió Hinata —… vamos a conseguirte un poco de agua.
Aquella intervención fue suficiente para distraer a la rubia, que a pesar de estar profundamente molesta no se atrevió a rechazar a Hinata más de dos veces. Shikamaru observó a la rubia ser alejada por Hinata y Chouji y al mirar atrás encontró a Kiba a unos metros, en compañía de Hanabi, que parecía estar diciéndole algo que no lo tenía muy conforme.
Arrastró la mirada hacia la puerta.
Ino miró al muchacho, a través de aquella furia seca, por primera vez su rostro no estaba anegado en lágrimas… pero hervía de la misma manera en que lo hacía con el llanto. Trago amargo, rechazando le vaso de agua que se mantenía sobre la mesa e ignorando por competo la dulce voz de Hinata, que se esforzaba por volver aquella situación menos desagradable.
Sintió la mano que le peinaba el cabello y respiró profundo, dejando escapar el aire lentamente, ignorando a Chouji.
Karin casi había corrido al exterior al escuchar la voz de Ino reclamarla y luego de asegurarse que no la habían seguido casi estampó su espalda contra el muro y jaló aire con fuerza… no sabía si la carrera le había robado el aliento o si había sido el pánico. Las manos le temblaban y sentía las piernas débiles y aquello no mejoró cuando vio a Naruto acercarse a ella. Sin pensarla dos veces, echó a correr y se envolvieron pronto en un tira y afloja que los alejó un poco más de la puerta.
—¡Suéltame!
—¡Karin, tranquilízate!
—¡Suéltame, suéltame! —insistió, sin escucharlo, su mano libre intentaba separar los dedos de Naruto de su piel.
—¡Yo sé que no es cierto!
—¡Suéltame!
—¡Karin!
Sus ojos se abrieron grandes al sentir que era tomada firmemente por debajo de los hombros y sacudida con fuerza unos momentos, frente a ella se encontraba el rostro de Naruto, los ojos azules fijos en su mirada.
—¡Yo sé que no es cierto! —repitió, un poco más bajo, sin soltarla.
—¿Eh?
Apretó los labios unos momentos ante el gesto perdido de Karin, como deseaba que Hinata o Sakura estuvieran ahí para ayudarlo. Afianzó el agarre al sentir que la muchacha daba un paso atrás.
—¿De qué hablas?
—De Sasuke y tu… Ino está equivocada —comenzó a explicar. —Yo le pregunté a Sasuke la última vez que Ino se puso así…
A pesar de los nervios y el pánico, la confusión logró abrirse paso por unos cuantos segundos, en los que las cosas parecieron suceder en cámara lenta. Las cuerdas vocales se le atascaron y lo único que pudo hacer fue observarlo con la boca abierta unos momentos, gruñendo de impotencia por no poder hablar. Los ojos azules la desarmaron y la desnudaron de una manera que le heló por completo la sangre.
—Él me juró que no había pasado nada entre tú y él —aseguró. —Hace años que no te toca.
Sintió su rostro contraerse unos momentos y al fin pudo liberarse del agarre del muchacho, pero sus movimientos fueron lánguidos y lentos, sus brazos cayeron pesadamente a sus costados.
Negó. Quería gritar.
—… solo fue una vez —musitó.
Naruto inclinó un poco hacia ella, para poder escucharla hablar. Karin no levantó la mirada ni por error, las lágrimas se amontonaban en sus ojos y temía dejarlas correr.
—… solo fue una vez —repitió —… no he vuelto a verlo desde entonces… ya no…
—¿Qué?
La mirada azul se desvió de inmediato, pero Karin solo pudo frotarse un brazo y respirar profundo, incapaz de enfrentar a Shikamaru, que se había acercado tranquilamente luego de divisarlos.
Con las manos clavadas en los bolsillos, miraba fijamente a Karin, ignorando por completo a Naruto.
—¿Qué dijiste?
Naruto alternó la mirada entre ellos unos momentos y luego se alejó, lentamente. —Los dejaré… para que hablen…
El sonido de los pasos acelerados del rubio coronaron aquel silencio, que continuó a pesar de encontrarse resguardados en la privacidad de la soledad de aquel día.
—¿Qué dijiste? —insistió, tragando saliva con dificultad. Aquellos susurros se llevaron sus fuerzas con ellos.
No tenía el valor, ni la cara, para explicarse. Avergonzada, una risa irónica salió de su garganta y pronto se convirtió en un sollozo que la obligó a llevarse una mano temblorosa a los ojos, limpiando las lágrimas con dificultades y dejando las manos sobre su rostro, deseando que esa discusión hubiese tenido lugar meses atrás, antes de esa estúpida noche en el apartamento.
¿Obtendría el mismo resultado así se quedara a explicarle a las cosas o si simplemente desapareciera? El daño estaba hecho, si Shikamaru no había entendido hasta momentos antes las palabras de Ino y Kiba, a esas alturas ya había tenido suficientes confirmación para que las cosas cobraran sentido en su cabeza… solo un idiota no entendería el significado de lo que ella le había dicho a Naruto.
—¿Karin? —pidió, dando un paso al frente y deteniéndose.
La pregunta que había llevado en la cabeza esos últimos minutos ya tenía respuesta, pero se rehusaba a aceptarla. Inspiró, perdiendo la esperanza, con cada segundo que pasaba la muchacha se iba haciendo más y más pequeña, la culpa le pesaba en los hombros y le curvaba ligeramente la espalda.
—¿Sasuke? —insistió, apretando los puños.
No tuvo el valor de levantar la mirada, observó sus pies en silencio, asintiendo una sola vez. Humillada, se concentró en mantenerse de pie, a pesar del temblor en sus piernas, e intentó mirarlo, pero se arrepintió. Podría tolerar el odio o el asco… pero se encontró con unos ojos vacíos que dejarían perplejos a los de Sasuke. No había nada en ellos.
Apretó el semblante y asintió, asqueada.
El silencio que los rodeó fue suficiente para martillearle el corazón a Shikamaru y quebrar el espíritu de Karin, ninguno de los dos se atrevía a decir o preguntar algo. Tampoco podían acortar la distancia, era como si un muro de pronto se encontrara en medio de ellos.
La primera en hablar fue Karin.
—No he vuelto a verlo, Shikamaru… y no volveré a verlo —aseguró.
Las palabras apenas llegaban a sus oídos. Sabía que era estúpido estar enojado por ello… infantil casi, ni siquiera Naruto se había mostrado así a pesar de haber sufrido con frecuencia los desaires que las conquistas de Sasuke la trajeron en la adolescencia, pero por alguna razón no podía dejarlo pasar.
Karin y Sasuke.
… e Ino.
—¿Podemos hablar? —pidió, dando un pequeñísimo paso hacia él. —¿Por favor?
Levantó la mirada, pasando de ella, y se encogió de hombros, restándole importancia al asunto, sin saber realmente qué decirle.
—… no sé si quiero hablar de ti y Sasuke —murmuró.
La incredulidad apareció en el rostro de Karin y pronto fue reemplazada por un gesto de enojo, la sangre comenzó a hervirle, por alguna extraña razón.
—¿Me estás juzgando?
—No, para nada.
—¿Estás seguro?
La inflexión en las palabras solo logró enfurecerlo. —Tengo que pensar.
—¿Qué tienes que pensar? ¡Ni siquiera me has escuchado! —espetó, acercándose al fin a él.
—¿Sasuke? —repitió, tenía la garganta terriblemente tensa.
—¿Qué hay de Ino? —estalló. —¡Tú…!
Se tragó las palabras al verlo precipitarse hacia ella, así que la mano que se apretó sobre sus labios no le impidió hablar. Se miraron a los ojos fijamente, Karin había olvidado por completo que dentro del bar se encontraban demasiadas personas y Shikamaru lo tenía demasiado presente.
—Este no es el lugar —aseguró, liberándole los labios y alejándose de nuevo —… y no quiero escucharlo ahora.
—No tienes derecho a estar enfadado —insistió, yendo tras él. —¡Admítelo! ¡No tienes cara!
—Hablamos después, Karin —murmuró, girándose, dispuesto a alejarse.
—¿Cuándo?
—No lo sé… en la semana.
—¿Cuándo? —insistió, ya a la par de él. —Solo quiero saber, para anotarlo en el calendario y darte tu tiempo… ¿en un año?
Se irguió entonces, molesto. Karin estaba jugando sucio, dándose el lujo de pararse a fingir que pensaba, burlándose de él. La miró fijamente a los ojos, sorprendido de lo enojado que se encontraba, del gesto furioso que a su vez tenía la muchacha; negó una sola vez y miró al suelo, ni siquiera tenía la fuerza para frotarse el cuello.
—¿Qué? Habla, Shikamaru —insistió.
Negó, echando a andar de nuevo. —Hablamos después.
—¡Escúpelo! —gruñó, yendo tras de él.
Volvieron a detenerse y sus miradas se enfrentaron, Shikamaru tenía aún el veneno en los labios que le había dejado el solo pronunciar el nombre de Sasuke, y a pesar de lo enojado que estaba, creía que aún tenía el temple para contenerse y no volver aquello peor de lo que ya era. Karin tenía miles de cosas en la cabeza, podía verlas en sus ojos, pero arrepentimiento no era un de ellas.
—Acéptalo, Nara, de los dos, yo no quedo tan mal parada…
Se giró y comenzó a alejarse, pero volvió sobre sus pasos y le arrojó a Shikamaru la pequeña pulsera que él había ganado para ella en aquel estúpido festival al que habían asistido durante el verano.
—Y solo para que lo sepas… —miró los ojos fríos y negó. —No… revuélcate, Nara. Dale vueltas en esa cabecita tan inteligente al asunto… atorméntate. ¿Le gusta más él? ¿Lo quiere más a él?
Se dio media vuelta y empezó a caminar.
—Ven acá… —gruñó, estirando la mano, pero la muchacha se escurrió de su agarre.
—¡Lárgate a pensar, imbécil!
—¡Karin!
Youtube, Jenna Marbles: "Just Trying To Blend In With My Green Screen", min 4:59
Viernes, 08 de enero de 2021
