Nagisa

Los días cada vez eran más fríos. Y las calles cada vez estaban más adornadas y llenas de gente buscando regalos para sus familias por todas las tiendas disponibles. La última semana, a decir verdad había sido la más interesante – si lo podríamos decir así – pues los Akabane no bromeaban con sus dichosas clases de cocina. Cada día de la semana a la misma hora de siempre ambos me recogían de la alameda para ir a su hogar. Por supuesto no había dejado de vender mis aves, pero mi tiempo en la calle había disminuido considerablemente desde que asistía a esa casa.

-- ¿Por qué las vendes? – preguntó Karma recargado en la barra de la cocina mientras lamía la espátula llena de ganalle de chocolate –...Las aves...

-- Humm... – pensé un poco mientras cortaba fresas por la mitad – Tal vez... ¡Porqué necesito comer!

Comenzó a mezclar la grenetina con la ganalle y a verter la mezcla en la nata montada. Me miró incrédulo haciéndome reír.

-- La verdad... es que si es en parte por eso. Pero es más por lo que esas aves hacen por las personas; como te dije, son fieles amigos y buena compañía. Aún en la muerte están contigo y te dan alivio. Son guías espirituales... ¡No hagas eso! – Dije mientras le quitaba la espátula pues estaba batiendo sin cuidado la mezcla de nata y ganalle -- ¡Te dije que no perdieras el aire de la mezcla!* – le reclamé – Volviendo al tema... Cuando un alma no se siente sola ni olvidada su corazón se queda en un estado de paz perpetuo. De cierto modo, si alguien tiene una de estas aves es casi seguro que tendrá una muerte tranquila y eso significaría menos trabajo para mí.

-- Así que... eres una floja – me acusó mientras cubría el pan con fresas con la mousse de chocolate.

-- Dejémoslo en que adelanto mi trabajo.

Terminamos de montar la tarta y la dejamos en el refrigerador. Con el tiempo que había pasado ya me había acostumbrada a esa parte de la casa, así que moverme no era ningún problema.

-- Según tú ya lograste romper los lazos en esto – dijo hojeando el cuaderno de Manami por undécima vez – ¿Qué es lo que sigue?, ha pasado una semana.

-- Estoy segura de que hay más pistas en esta casa. Pero... algo me dice que no lo sabremos ahora. Así que estaba pensando que podríamos ir a algunos lugares que ustedes hayan visitado y considerado especiales. Tal vez ahí encontremos pistas – Me quité el delantal.

-- ¡Ya acabe! – Exclamó Mayu, mostrándonos el dibujo de un pastel gigante -- ¡La gran cocinera y diseñadora mayu Akabane ha terminado de trazar el decorado de la tarta!

-- ¿No crees que es un poco grande, Mayu? – pregunté.

-- Además es demasiada nata.

-- ¡Ustedes no saben nada de repostería de alta gama!, ¡¡Incluso Jack y Den estuvieron de acuerdo con este diseño!!

Ambos reímos y una sensación desconocida albergó mi pecho. Era muy gratificante y de cierto modo algo nuevo.

...

Nagoya (名古屋) es la cuarta ciudad con más población de Japón y uno de los puertos y centros de negocios más importantes del país. Sin embargo, a pesar de su importancia, pocas veces es parte de los itinerarios turísticos. En verdad me sorprendía que su primera cita oficial fuera en un lugar como este.

-- ¡Mira papá! ¡¡En el centro comercial Matsuzakaya* está el Pokemon Center, hay que ii ir!! – exclamó Mayu, vestida de ropa hasta más no poder, mientras leía un folleto que había tomado en el tren.

-- Iremos cuando terminemos lo que vinimos a hacer.

-- ¿Cuál es tu primera idea Akabane?

-- El castillo de Nagoya*.

Lo miré incrédula por un memento, al pensar que a diferencia de otras personas que invitan a un parque de diversiones o a cenar, su primera cita fuera en un museo.

-- ¿Qué? – preguntó inocentemente.

-- Nada.

El lugar era lindo y lleno de cosas muy antiguas. O eso escuchaba. Era una pena que este tipo de lugares no estuvieran hechos para personas como yo. La buena noticia era que aunque me costaba trabajo, si podía apreciar algunas cosas y eso era para agradecerse. Sorprendentemente el castillo estaba lleno de recuerdos de almas en pena y muertos; pero ninguno era de la persona que buscábamos. Pasamos algunas horas en el museo hasta que decidimos ir al Museo de la Ciencia que contenía uno de los planetarios más grandes del mundo y laboratorios experimentales: como el laboratorio de los tornados, de las descargas eléctricas, de la congelación, etc. Esta vez el museo era uno muy sensitivo así que la experiencia fue un tanto estresante como divertida. Mis oídos nunca habían estado en medio de una tormenta.

Inmediatamente después fuimos al Pokemon Center – Mayu había amenazado a su padre con dejar de respirar si no íbamos, aunque solo aguantó 10 segundos – y después comimos algo en ese lugar. La tarde estaba cayendo y el último lugar al que habíamos decidido ir como último recurso era la Nagoya TV Tower.*

Subimos al quito piso y con la llegada del ocaso se comenzaba a sentir cada vez más frío. Se sentía que el invierno este año sería crudo. Una vez arriba comenzamos a explorar y Mayu estaba maravillada con la vista; de alguna manera, me hizo feliz que ella estuviera disfrutando, ajena a la verdadera razón de este viaje.

Dirigí mi mirada hacia Akabane y por fin pude identificar aquello que había estado percibiendo de su parte durante todo el viaje. Su frecuencia denotaba una gran tristeza y nostalgia.

Debe ser difícil para él pensé acercándome. Planeaba decirle algo hasta que una voz nos interrumpió:

-- ¿Karma? – dijo una voz femenina desde el fondo del salón.

-- ¿Dónde? – le preguntó una voz masculina.

Sentí como la frecuencia de Akabane se alteró un poco. Pero no era enojo o algo parecido, más bien yo diría que eran nervios y tal vez... un poco de temor.

-- ¡¡Rio! ¡¡Cabeza de Gorila!! – gritó Mayu posiblemente arrojándose sobre aquella mujer.

-- ¡¿Cómo estás pequeña?! – dijo la mujer.

-- ¿Cabeza de qué? – exclamó el hombre.

Me alejé de ellos acercándome a uno de los barandales y recargándome sobre ellos. Cerré mis ojos ocultando mi presencia dejando que mis oídos se encargaran de todo.

-- Papá dijo que ese era tu nombre verdadero.

-- ¡Te queda muy bien, cariño. Desde ahora yo también te llamaré así!

-- Karma desgraciado...

-- No sabía que vendrían aquí – dijo Akabane uniéndose a la conversación.

-- Desde hace tiempo queríamos venir, pero si lo hacíamos en Navidad estaría repleto – dijo la que reconocí como Rio.

-- Ya veo...

Hubo un silencio que hasta a mí me incomodó.

-- Mayu, ¿por qué no vas a ver la ciudad por los binoculares con el "Cabeza de Gorila"? – preguntó amablemente Rio.

-- ¡¡Ya te dije que no es así!! – Reclamó el pobre hombre.

-- ¡¡VAMOS!! – gritó Mayu.

Los dos se habían quedado solos. Abrí mis ojos para poder leer sus frecuencias; la de la chica se notaba un poco perturbada, casi preocupada y la de Akabane denotaba que sus nervios no hacían más que aumentar.

-- Ya casi es tu cumpleaños...

Y no me lo dijo pensé.

-- Si...-- de nuevo un silencio se formó y algo me decía que durante toda la conversación así sería.

-- ¿Vas a intentar... recrear la tarta?, ¿La de Manami?

-- Si...

-- Espero que este año no se queme-- se rio un poco por su propio comentario.

-- Estoy recibiendo clases de repostería. Fue idea de Mayu más que nada.

-- Oh... Eso está bien, supongo... recuerdo que alguna vez nosotras intentamos enseñarte -- su frecuencia se inundó de tristeza -- Recuerdo que aquí es a donde la trajiste. Nosotras estábamos en desacuerdo de que la trajeras a un lugar tan anticuado, pero al final ella estaba muy emocionada. Era feliz... Karma...

-- No quiero tener esta conversación otra vez – espetó interrumpiendo a la chica.

-- Solo queremos lo mejor para ti. Y lo sabes, no solo por ti, también por Mayu. Solo déjanos entrar en tu vida como antes, y verás cómo...

-- No, ya te lo dije, nada puede volver a ser como antes. Están obsesionados a que las cosas mágicamente se resuelvan y no es así. No puede ser como antes... porque ya no está aquí, ya no lo está.

-- Si nos dejaras intentar de nuevo... estoy segura... ¡En cada uno de nosotros vive una parte de ella! Solo hay que saber cómo hacerlo, juntos. Como en los viejos tiempos, todo volverá a acomodarse ya lo verás y con el tiempo olvidarás el dolor y...

-- ¡Solo dejen de inmiscuirse en mi vida! Yo ya no soporto estar con ustedes... a ninguno...

Aquellas palabras fueron suficientes para que la chica fuera completamente destrozada. Estaba más que triste. Solo pude escuchar su voz temblorosa decir "Entonces que así sea" e irse. Solté la correa de Jack y le dije que fuera a jugar con Mayu y Den. Su frecuencia estaba alterada de muchos sentidos y podía comprenderlo, mucha gente se encierra en el dolor y vive con ello. Su alma estaba tan frágil que creo que él mismo de una manera inconsciente, trataba defenderse del dolor.

Me acerqué cautelosa y toque su espalda. De inmediato se giró de manera casi agresiva, sin embargo, no retrocedí y me quedé ahí mirándolo. Ese roce fue suficiente para sentir todo el remolino de emociones que lo consumían y atormentaban. Tal vez no haya sido comido por un demonio externo, pero los internos lo estaban dejando casi vacío. Un muerto en vida.

Se disculpó conmigo en voz baja por haber sido tan brusco y yo negué con la cabeza para después retirarme los guantes que llevaba por el frio y tomar entre mis manos sus mejillas heladas.

-- "Hay fuego en tu interior" -- Repetí mis palabras de aquel día -- El fuego provee calor, emoción y vida; pero también puede lastimar mucho, tanto a quien lo produce como a quienes están cerca. No está mal si quieres llorar – dije al sentir la tristeza inundando su alma.

Tan pronto hablé sentí una lagrima caer en mis dedos. Sonreí y dejé que siguiera su camino, no quise limpiarla.

-- El fuego provee y protege, también advierte e ilumina. Alguien que tiene fuego en su interior está destinado a ser una persona maravillosa...

-- ¿Acaso me vas a reprochar por haberla tratado así?, ¿También me vas a decir que olvide? – preguntó quitando mis manos de su rostro y mirándome a los ojos.

Por primera vez, al estar tan cerca, pude apreciar el color de sus ojos. Un intenso color dorado.

-- No, la verdad es que creo que tienes la razón, Akabane. Ella se está aferrando a la esperanza de volver al pasado, al igual que tú, aunque no quieras admitirlo. Cree que ella y los otros podrán cargar con tu dolor y sacarte a la luz. No digo que sea una mala intención ni nada de eso, pero creo que es un poco ególatra, aunque sea de manera no intencional. ¿Te lo dije, no? Nadie es capaz de cargar con tu dolor más que tú mismo, nadie puede entenderte mejor que tú mismo... Sin embargo, también creo que tú también estas siendo demasiado idiota. Tener personas que te aman y se preocupan por ti es una bendición que no todos tenemos...

-- Tú lo has dicho, ellos no entienden. Esto es mejor así.

-- ¿Acaso tu entiendes el dolor de ellos?, por lo que escuché ellos te aprecian. ¡¿Alguna vez te has puesto a pensar cómo ellos también sufren a su manera?! Despierta de tu sueño, Akabane. No eres el único que perdió a una persona preciada. Cada quien lo soporta como puede. Y si, dije que intentaran cargar con tu dolor era ególatra, pero aún así creo que al mismo tiempo, es amable.

-- Eres una contradicción andante – dijo con sarcasmo.

-- ¿Y qué crees que es la muerte? Mientras unos lloran porque falleció alguien, es posible que otros estén saltando de felicidad por ello. Tu felicidad depende de ti Akabane. Te lo dije, eres el único que puede decidir cómo y cuándo ser feliz – tomé de nuevo su rostro con fuerza.

Respiré hondo y cerré mis ojos prestando atención al ambiente. El lugar estaba lleno de personas y en su mayoría reían y jugaban, incluso pude distinguir a Mayu entre ellos.

-- Mira a tu alrededor, este lugar en especial ahora es hogar de muchas memorias, tanto pasadas como presentes. Nunca olvides Akabane, olvidar sería como si negaras la existencia de esa persona. Recuérdala, y hazlo con todo el amor que una vez sentiste. Pero es momento de decir adiós... es momento de aceptar y soltar, de dejarla ser libre...

Sentí como su ceño se frunció y sonreí.

-- ¿A ti también te dolió, cierto? Decirle eso a Rio – pregunté citando su nombre.

-- Eso ya no importa...

-- Claro que si lo hace. Al final, tú también la quieres ¿no?, es una persona especial para ti.

-- Sé que quieren ayudarme, y también sé que lo intentan. Pero es que duele demasiado... hubo un tiempo en el pasado en donde yo también quise intentar. Pero cuando me di cuenta de que no estaba ahí, junto a nosotros y que todos actuaban como si no hubiera existido, me llené de coraje, ellos la olvidaron muy rápido, como sí...

-- Está bien... tanto ellos como tú. Ellos así decidieron lidiar con su dolor. Tú eres distinto y tal vez el camino que estas tomando sea el más cruel para ti. Además, si siguen pensando en tu bien dudo mucho que ellos la hayan olvidado, estoy segura que la atesoran de la misma manera que a ti. Que todo aquello que te dicen ya lo sabes, pero te duele más de su boca porque son ellos y porqué te cuesta creer que a pesar de pasar por lo mismo, ellos lo tomaron de manera distinta a la tuya. Creo que te falta eso. Atesorarte, darte cuenta de lo importante que eres para los demás. Karma, no estás solo... -- dije volteando hacia donde Mayu seguramente jugaba, su risa resonaba mucho.

-- ¡Mira Jack! – Gritó Mayu acercándose a nosotros -- ¡Papá, está nevando. Está nevando mucho!

Liberé sus mejillas de mis manos y sentí como se alejaban hacia el lugar donde yo antes estaba. Seguramente disfrutando la vista desde aquí. La frecuencia de Akabane era más tranquila, aunque seguía teniendo aquellos rastros de tristeza, se sentía más calmado.

-- ¿Por qué tu puedes decirme estas cosas? – susurró de manera que solo yo pude oír.

-- Porque... No soy importante en tu vida. Yo solo soy una chica que está haciendo su trabajo. Por eso no tengo el compromiso de hacerte sentir bien y viceversa. Podríamos decir que soy tu socia – respondí sin darle importancia al asunto.

-- Gracias -- susurró en el mismo tono, pero se podía escuchar un poco más animado.

-- Es mi trabajo...

Hacía mucho frío afuera, pero se podía sentir una gran calidez en el corazón.

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Estaban preparando una tarta fría de chocolate con fresas y galletas oreo

*En la actualidad Matsuzakaya es una gran empresa de distribución con muchas filiales, pero en 1611 en Nagoya era una pequeña fábrica de kimonos y otros objetos de calidad. El centro comercial es hoy día también reconocido por su mascota, un panda rosa llamado "Panda Sakura" (panda de cerezo). Como toda tienda de departamentos que se respete, Matsuzakaya tiene muchos puestos de comida en el sótano.

*El Pókemon Center es una tienda especial para artículos de Pókemon (pues si, jaja) ubicada en el quinto piso de la construcción

*El Castillo de Nagoya fue construido en 1612 como residencia privada por Yoshinao Tokugawa, hijo de Ieyasu Tokugawa. Fue reducido a cenizas durante las guerras, pero se reconstruyó en el año 1959. El interior del castillo está dividido en siete plantas. En la planta séptima hay un mirador desde el que poder contemplar una panorámica de la ciudad de . Desde la tercera hasta la quinta planta se exhiben a tamaño real unas réplicas de los peces dorados Shachihoko, se organizan talleres y experiencias sobre la vida en los castillos (incluso puedes viajar en palanquín). En la primera planta se exhiben tapices, pinturas y espadas que han sido declarados bienes de interés cultural así como otro equipamiento y documentos importantes.

La Nagoya TV Tower es la más vieja torre de TV en Japón construida en 1954, mide 180 metros de altura y tiene 2 miradores, el primero a 90 metros y el segundo a 100 metros. la torre tiene restaurantes y una galería a sus 30 metros de altura. Su estructura es parecida a la de la torre Eiffel. También se le conoce como "Thunder Tower" (La torre del trueno)

Ahora que estamos en cuarentena y no podemos salir de casita los traje a viajar hasta Japón para que no se aburran UwU

Besitos en la cola, chao