Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 10
—Gracias —le digo a Masen un poco aturdida al salir y bajar los escalones, un golpe de aire frío me hace cosquillear los vellos de los brazos hasta que mi piel está completamente erizada.
—No tienes que agradecerme —me dice al escanear la calle de lado a lado, ofreciéndome su mano para guiarme al bajar los últimos escalones. No necesito la ayuda, sin embargo, acepto el contacto físico con él de muy buena gana.
No me suelta, sus dedos se entrelazan fuertemente con los míos cuando comienza a llevarnos hacia su carro; su toque está haciendo que todo mi cuerpo vibre.
Ninguno habla, las mariposas revolotean con fuerza en mi estómago cuando su pulgar roza el dorso de mi mano, calmándome. Sé que esto es algo microscópico en importancia, pero se siente muy importante para mí justo ahora.
Puedo sentir los callos de sus nudillos con la punta de mis dedos. Él se mete en peleas, pero eso ya lo sabía. ¿Y las amenazas al señor Ameer? Sé que no está mintiendo. Decía de verdad cada palabra.
Estoy demasiado ocupada pensando en eso que casi choco con él cuando se detiene de golpe.
Alzo la vista hacia donde él está concentrado y retrocedo, un golpe de pánico mata cualquier mariposa restante.
Oculto en las sombras, con actitud casual bajo el brillo anaranjado de los faroles, está la única persona a quien quería evitar a toda costa esta noche.
Sin embargo, aquí está.
La sangre huye de mi cara, la ansiedad forma un nudo en mi pecho. Suelto la mano de Masen como si quemara, un silencioso "carajo" se me escapa, mi pulso se acelera por todas las razones equivocadas.
James avanza a zancadas hacia nosotros, mi nombre se derrama con enojo de su boca.
—¡B!
Su voz suena tan alta que rebota en los edificios a cada lado de la calle. Se dirige directo a mí sin vacilar. Tropezándome hacia atrás a causa del miedo, el brazo de Masen sale disparado para detenerme.
—Te tengo.
James está furioso, sus palabras suenan enojadas; enfurecidas, su cara es la pura imagen de la furia. Bajo la vista, la aparto, miro a cualquier parte menos a él.
—¡Oye! ¡Mírame! ¡¿Dónde carajos has estado?! ¿Eh? ¿Te lo estás follando? Eres una zo…
—¡No! —Encuentro mi voz, sacudo la cabeza frenéticamente de lado a lado.
—¡No me salgas con esas mierdas! —ruge y me encojo, retrocedo otro paso. No me pasa desapercibida la ironía del asunto.
Masen deja caer mi mochila, bloqueando el camino de James, es una pared entre nosotros. Lo empuja hacia atrás, la agresión va dirigida directo a su pecho.
—Apártate con un carajo.
James lo ve con sorna, poniéndosele cara a cara.
—¿O qué, niño bonito? ¿Crees que puedes simplemente irte con mi chica? —Aspira y luego se ríe, su cabeza se mueve—. Tiene sentido. ¿Estás celoso? ¿Eh, hermano? La otra semana, ¿me diste una paliza con el cabrón gordo porque la querías? Debería joderte.
Masen se ríe, impasible. Lo empuja enérgicamente otra vez, con tanta fuerza que James casi se cae.
—Tú y yo, James, ¡en este jodido momento! —Extiende los brazos al máximo, una invitación. Se me atora el aliento. Masen actúa completamente tenaz y no estoy segura si es bravuconería o confianza. Espero en Dios que sea la segunda opción mientras me remuevo sobre mis pies, nerviosa.
Quiero irme. Quiero volver el tiempo diez minutos y saltarme el encuentro con el señor A, evitar la situación por completo. Están comenzando a atraer la atención de los chicos en la esquina de la calle, que ya comenzaron a acercarse lentamente, como buitres acechando, listos para el botín.
Eso no es bueno; Masen es un extraño en este vecindario. James se lleva bien con ellos, no estoy segura de que ellos no vayan a proteger a uno de los suyos. Ese pensamiento me hace acercarme a él, la necesidad de salir de aquí es sofocante.
—Masen —le insisto con la boca seca, tirando de su brazo con mi mano—. Solo quiero irme. Por favor.
Gira la cabeza un poco hacia mí, a punto de decir algo. Un lapso momentáneo de concentración significa que James lanza el primer golpe, su puño choca con el costado de la cara de Masen, fue demasiado rápido para que él pudiera esquivarlo.
Unos dedos se cierran en mi muñeca, jalándome hacia enfrente, como una muñeca de trapo, el resto de mi cuerpo me sigue con un grito de sorpresa. Jalo intentando resistirme.
—¡Suéltame! —ruego cuando James aprieta su agarre, dejando marcas.
—Jamás te dejaré ir, puta estúpida —escupe y veo esa mirada en sus ojos; la que me indica que está muy drogado—. ¿Todavía no has aprendido nada? Tú. Eres. Mía. Te lo dije. Carajo yo…
Masen no se arriesga, justo cuando mis rodillas quieren doblarse, impulsa su puño agresivamente contra la cara de James, una y otra vez.
James me suelta para defenderse cuando Masen se deja ir sobre él de forma brutal. Escucho huesos crujir: un grito de dolor, sangre salpicando sobre la impecable camisa blanca de Masen mientras yo me alejo.
James se defiende; nunca ha aceptado nada estando tirado y no está a punto de hacerlo ahora. Unos cuantos golpes fieros caen en las costillas y cabeza de Masen, él pelea sucio; es un pandillero, a veces sus puños atinan, pero en muchas ocasiones no causa ningún tipo de impacto.
Masen salta sobre sus pies, más controlado, dominante, y James rápidamente lo entiende. Se agacha para agarrar algo… y luego lo veo. Un destello de metal que lleva en la mano brillando bajo los tenues faroles; un vistazo de su intención.
El nombre que grito de forma ahogada no es el de James.
Masen retrocede de un salto cuando James se lanza hacia enfrente, lanzando cuchilladas de forma salvaje, su puño se aferra fuertemente a una navaja dentada. Va tras Masen, obligándolo a retroceder hacia una pared mientras que él logra esquivar cada estocada por meros centímetros.
Todo se mueve lentamente, soy solo yo y el frenético latido de mi corazón, pero mi voz, mi voz gritando "detente" hace que James voltee la cabeza. Unos ojos dilatados se posan en los míos y entonces comprendo que es mi turno. Su furia no conoce de límites en este momento. Está más allá de la razón. Está demasiado drogado, está muy provocado porque me importa más el hombre que apenas conozco, que el que se supone que me debe importar.
El miedo viaja a través de mí, la adrenalina corre por mis venas. La voz de Masen traspasa todo; diciéndome lo que ya sé:
—¡BELLA, VETE!
James me sigue de cerca mientras mi cabello ondula tras de mí, los pies golpean sobre el pavimento hacia el carro de Masen.
Puedo sentirlo acercándose.
Solíamos hacer esto en los lagos cuando empezamos a salir, un juego infantil de perseguirnos para besarnos, llenos de risas a gritos.
Él siempre me atrapó.
Siempre.
El miedo me impulsa hacia adelante, más rápido, pero no es suficiente. Me lanzo detrás de un carro rojo, poniéndolo entre él y yo, comprándome un poco de tiempo. Me persigue de una forma u otra, mis pulmones arden con jadeos de aire y estoy rogándole que se detenga, detenga, detenga, porque creo que de verdad podría matarme justo ahora. Creo que de verdad podría hacerlo. Y durante un corto segundo, quiero dejarlo, porque estoy tan, tan jodidamente cansada de esta mierda.
Justo cuando pienso que me va a alcanzar. James sale volando hacia enfrente, Masen lo tira al piso, empujándole la pistola en la nuca.
Una mano se mueve para agarrar la muñeca del puño sosteniendo la navaja, golpeándola contra el asfalto negro hasta que el agarre de James se afloja y la aparta de una patada. Masen lo gira bruscamente, estrellándole la cabeza con el piso y luego golpeándolo en la cara con la culata de la pistola repetidamente hasta que me hace pensar que no se va a detener, de forma tan violenta que estoy segura que está a punto de hundirle el cráneo.
—¡Masen! —grito de forma frenética, aferrándome a mi cabello en las sienes, tomando una profunda bocanada de aire como si fuera mi primera vez, sacudiendo la cabeza, aterrada—. Por favor, por favor, ¿podemos irnos? ¿Por favor? Él no… ¡él no vale la pena!
Alza la cabeza de golpe, su pecho agitado, está sudoroso, le cae sangre de la nariz. Su mirada se suaviza ligeramente mientras se pone de pie, se saca las llaves del carro del bolsillo y me las avienta.
—Métete al carro —dice sombríamente. Luego, al no moverme—: Bella, métete al carro.
—¡B! —jadea James desde el piso, respira con dificultad, tiene la cara cubierta de sangre, con raspones rojos por el pavimento.
Trago con fuerza al verlo, sangrando, golpeado y siento… absolutamente nada. Nada más que arrepentimiento. ¿Cómo llegó a esto?
Probablemente esto es un error, pero necesito respuestas y necesito un cierre. Si esto va a pasar, es mejor que sea aquí, que sea ahora, ¿cierto?
Hago la única pregunta que me ha estado atormentando desde que abrí esas cartas.
—¿Qué hiciste con eso? —Mi voz tiembla, ronca, no lo suficientemente alta.
Él me escucha, pero no responde. En lugar de eso, sonríe, se limpia la cara, la sangre mancha sus manos.
—Vamos, B, ven conmigo. Te explicaré todo. Me necesitas. ¿Cómo lograrás vivir de otra forma?
Cada pocas palabras son enfatizadas con bruscas inhalaciones de aire. Se sube la camiseta para limpiarse la sangre de la cara, la tinta se asoma por su estómago, muy bajo en sus caderas.
Su táctica ha cambiado. No soy nada más que un juego que tiene que ganar.
—¿Qué carajos puedes decirme para explicarlo? —espeto—. Toda esa jodida mierda de la semana pasada. He tenido suficiente. Terminamos. Ya. Terminé.
—Estás exagerando. No es para tanto, se suponía que no debías saber… ¿crees que puedes alejarte sin más de mí? ¿De nosotros? Te encontraré, B, y cuando-cuando lo haga… te prometo que desearás que no te haya encontrado… solo esp…
—No vas a hacer ni un carajo, pedazo de mierda —ruge Masen, comenzando a golpearlo de nuevo.
Mi mano encuentra su brazo. No quiero una repetición. Masen se detiene, la pistola apunta a la cabeza de James sin vacilar.
—Te mataré si te vuelves a acercar a ella.
—No eres nadie —me provoca, ignorando a Masen—. No tienes nada sin mí, B. Lo único para lo que siempre has sido buena es para chuparme la polla y abrir las piernas, rogándome como la puta que eres.
Me estoy moviendo antes de poder pensarlo, Masen me agarra por la cintura antes de poder llegar con James porque quiero golpearlo, o patearlo, o lastimarlo.
—¡Jódete!
Quiero decir más. Quiero decirle que lo odio. Quiero decirle que valgo más que eso, pero no puedo; no creo que merezca escuchar lo mucho que me afecta; no quiero que tenga ese poder.
En lugar de eso, me giro hacia Masen, suelta su agarre únicamente cuando estoy empujándolo para pasar junto a él, apurándome hacia el carro sin mirar atrás.
Logro abrir la puerta del carro con manos temblorosas, dejándome caer en el asiento del copiloto, intentando contener las lágrimas que ya se están derramando. Estoy enojada conmigo por permitirle afectarme de esta manera. Enojada por hacerme sentir tan jodidamente insignificante, otra vez. Después de todo a lo que renuncié por él y resume mi valor a nada.
Cuando me arriesgo a alzar la vista, Masen tiene a James de cara contra el pavimento. Tiene el pie en su cabeza. Está hablando, su cara se ve firme, dura, furiosa.
—Agradécele a ella que te haya perdonado la vida esta noche, ¿me escuchas? Si dependiera de mí ya estarías muerto. Considera esta tu última advertencia. —Su voz suena ahogada a través del cristal cuando pasa sobre él. Apunta con su pistola a quemarropa en la parte trasera de una rodilla y jala del gatillo. El disparo hace eco en la noche, los perros comienzan a ladrar en la distancia.
Durante un segundo, hay silencio, luego se escucha un grito de agonía tan alto que estoy segura que debió despertar a todos en este vecindario. Masen pisa con su bota negra la parte trasera de la rodilla por si las dudas antes de apartarse.
Limpiándose la sangre de la nariz con el dorso de la mano, Masen habla apresuradamente con los chicos que han formado un grupito en la calle, un poco apartados, y que lo ven con cautela.
Uno de ellos avanza con mi mochila cuando Masen señala en mi dirección, habla rápido, todavía tiene la pistola en la mano. Choca el puño con el niño y luego se va, acercándose corriendo cada vez más y más. Voltea hacia atrás cada pocos pasos para asegurarse de que nadie lo sigue, luego abre la puerta del piloto, mete la mochila en la parte de atrás y saca un trapo, se limpia las manos ensangrentadas antes de guardarse la pistola.
—¡Llaves! —dice sin aliento al meterse. Prácticamente se las aviento.
Da reversa, las llantas patinan sobre el asfalto sin molestarse en ponerse el cinturón de seguridad. Me volteo y miro, viendo al grupo de niños rodear la figura desplomada de James, uno de ellos está halando en un celular.
—Le disparaste.
—Tiene suerte que no lo haya matado.
Lo miro con un temblor en mi cuerpo. Creo que estoy en shock.
—Le disparaste y nosotros solo-solo no… solo nos fuimos…
—Bella…
—Dios mío. ¿Va a morir?
—No morirá —resopla Masen.
Me quedo sentada, luchando en silencio, temblando de la cabeza a los pies. Su respuesta me aplaca un poco. A pesar de todo, ¿desearía que estuviera muerto?
No sé.
Tal vez.
No.
—¿Estás bien? —pregunta Masen después de un momento.
Cierro los ojos, intentando apoyarme en el asiento.
—Um, no estoy-no estoy segura.
Miro las marcas rojas en mi muñeca, me zumba la cabeza.
—Está bien —intenta tranquilizarme Masen, su mano cubierta de sangre se estira para tocar la mía, su toque electrifica mi piel.
—¡¿Cómo es que algo de esto está bien?! Jodido Jesucristo. Le disparaste a alguien y él solo-él iba a…
¿Iba a matar a Masen? ¿A mí? ¿Qué pensaba hacer cuando me atrapara?
Cierro los ojos, pero todo lo que veo es a ellos peleando. Cada palabra que James me escupió, el sonido de Masen disparando el arma. Lo repito en mi cabeza, una y otra vez, hasta que me siento enferma, me da vueltas la cabeza. Masen se queda en silencio por un minuto con la mandíbula apretada.
—Él no te lastimará de nuevo. Ni siquiera podrá caminar durante los siguientes meses.
Me quedo callada un rato, luego empiezo a reírme, una risita que se vuelve una carcajada histérica, hasta que estoy llorando con las manos en la cara.
—Bella —dice Masen de forma gentil, tirando de mi brazo. Sacudo la cabeza porque no puedo detenerme. El carro se detiene de golpe y Masen me abre la puerta, me quita el cinturón, me saca del carro y me carga en sus brazos.
Se siente cálido, sólido y seguro, y huele tan bien, incluso si está sudado y lleno de sangre. Entierro la cara en su pecho cuando acuna mi cabeza contra él.
—Todo va a estar bien —murmura sobre mi cabeza—. Lo prometo.
…
He intentado distraerme al contemplar la línea entre las cejas de Masen cuando se fruncen y no la forma en que sus puños se ven al golpear carne, pero no ha funcionado muy bien. Ahora él está abriendo mi puerta de nuevo, después de entrar en un estacionamiento subterráneo con seguridad que pertenece a un bloque de apartamentos de aspecto moderno. Ni siquiera me di cuenta cuando apagó el motor, mucho menos cuando se bajó.
—Vamos —me llama, su voz hace eco contra los pilares de concreto gris y las paredes. Respiro profundamente, mis piernas se sienten como gelatina cuando toma mi mano de nuevo, a pesar de que al hacerlo me llena de una pegajosa sangre roja.
La tranquilidad del estacionamiento es casi asfixiante cuando caminamos hacia el elevador, las luces artificiales brillan mucho, calan en mis doloridos ojos.
Subimos al octavo piso, deteniéndonos afuera de una puerta gris oscuro con verde que tiene unas letras plateadas indicando que es la 8C. Masen juguetea con las llaves, haciéndolas tintinear hasta que las tira, sus manos tiemblan, están demasiado tensas, demasiado doloridas para funcionar adecuadamente. Maldice, pero yo estiro la mano y las recojo, lo miro buscando la confirmación de cuál necesito usar mientras él murmura un gracias.
Mis ojos vagan una vez que estamos adentro. Es un espacio abierto con ventanas en un lado, con vistas hacia la ciudad. Muebles oscuros, paredes blancas, aspecto moderno con una enorme televisión y un sofá en la esquina. Me paro incómoda en medio de todo, sin saber qué hacer conmigo misma.
—Es lindo —digo tontamente mientras Masen camina a la cocina, mete las manos debajo del chorro de agua fría, me da la espalda.
—Mi cuñada trabaja en bienes raíces —me dice cuando avanzo hacia la ventana para ver a la gente y los carros que se mueven abajo.
—¿La esposa del Doc? —pregunto para confirmar, mirando a alguien deteniendo un taxi, lo encuentro extraño, tantas personas y no tienen idea de lo que acabamos de pasar. No tienen ninguna idea.
—Esa misma.
El sonido del agua se detiene y me doy la vuelta para verlo abrir un refrigerador negro de donde saca dos cervezas; abriéndolas, las deja en la suave y brillante barra.
De repente siento que está demasiado lejos, así que me muevo de regreso a él. Encontró una bolsa de guisantes, la envolvió con trapos de cocina y se la aplicó presionando en las manos. Una leve sonrisa aparece en su cara cuando me acerco y justo en ese breve momento donde nuestros ojos se encuentran, me siento conectada a él. Supuse que eso pasaría, por algo como esto, cuando las horas que he pasado con él esta noche se sienten como días.
Desaparece al otro lado de la habitación, a través de una puerta, regresa y lanza un kit de primeros auxilios color verde sobre un comedor de cristal. El sonido me hace saltar, y se ve apenado antes de acercarse una cerveza y darle un largo trago. Me uno a él, agarro la mía y hago lo mismo.
Soltándola con un repiqueteo, se saca la camiseta por la cabeza y ladea el cuello para verse las costillas. Siento que debería apartar la mirada, pero no lo hago.
Es musculoso, y me hace sonrojar, toda su piel con una ligera capa de vello que baja por sus tonificados abdominales, desapareciendo en la cintura de su pantalón. Tiene moretones manchándole un costado de las costillas y al sentarse en una silla junto al comedor, su cara se arruga a causa del dolor.
Siento tanta gratitud en ese momento que no estoy segura de qué hacer con eso.
Ladea la cabeza hacia el techo, todavía tiene los ojos cerrados y es entonces cuando lo veo, cuando lo veo de verdad, por primera vez desde que dejamos el apartamento. Los moretones están empezando a formarse en su cara, le sale sangre de los puños, la nariz, tiene sangre en la ropa. Se ve hermoso, tiene una afilada mandíbula, un montón de pecas por el sol, cabello despeinado sobre su cara. Se pasa una mano a través del mismo y abre sus ojos oscuros, parpadea al techo de forma somnolienta.
Sin decir una palabra, abro el kit de primeros auxilios, buscando lo que necesito. Solución salina, toallitas antisépticas, bolas de algodón, vendas. Me lavo las manos en el fregadero de la cocina, todo el rato sintiendo su atención en mí.
—Sabes que esto va a arder, ¿cierto? —digo, recargándome en la mesa y jalando una de sus manos hacia mí, muy parecido a lo que él hizo conmigo hace muchas horas, mi otra mano está cargada con una bola de algodón humedecida en solución salina.
—Sí —dice. Luego sin ánimo—: No tienes que hacerlo. Puedo hacerlo yo.
Me aparto el cabello de la cara con un soplido.
—No estarías en este estado si no fuera-si no fuera por mí, así que… déjame hacerlo. ¿Por favor?
La culpa está ahí porque es verdad. Si no le hubiera pedido que me acompañara al apartamento, él no estaría en este jodido desastre. Todo esto es mi responsabilidad.
Asiente.
—Valió la pena.
No estoy segura de a qué se refiere con eso.
Trabajo silenciosamente en sus manos, tiene los nudillos raspados e hinchados, los limpio con toda la gentileza posible, incluso cuando él se encoge, siseando por el ardor del antiséptico. Untándole crema, se los envuelvo con una venda para mantenerlos protegidos, al menos durante los siguientes días. El haber cuidado mi propia mano me ha llenado de confianza a la hora de vendarla al menos. Lo hago con manos llenas de experiencia, no lo aprieto mucho, ni lo dejo muy flojo.
Tengo que acercarme a él para atender su cara, me paro entre sus rodillas abiertas para poder curarlo. Nuestra proximidad me pone nerviosa porque no es como antes cuando me estaba derrumbando. Aquí hay una tensión obvia burbujeando libremente, igual que antes, cuando estábamos afuera de la casa de Janie.
Me mira firmemente por debajo de sus pestañas oscuras. Estoy tan cerca de él que puedo ver cada fina línea alrededor de sus ojos y en su frente, una pequeña cicatriz en su mejilla izquierda, sentir su cálido aliento en mi mano.
—Me estás mirando mucho —digo después de un rato, echando otra bola de algodón ensangrentada en el bote de basura. No estoy segura de si es una pregunta o una declaración. Me sorprendí incluso a mí al decírselo. Humedezco una bola de algodón nueva en solución salina, dando toquecitos con la misma debajo de su nariz para quitarle los últimos restos de sangre, mi otra mano alza hacia atrás su cabeza, rozando sobre una barba que raspa mi pulgar.
Una sonrisa perezosa se extiende en su cara. Su nuez de Adán se hunde.
—Mentí hace rato —confiesa. Me alejo un poco para verlo, frunciendo el ceño.
—¿Sobre qué?
—Cuando dije que te veías bien… —se detiene—. Eres absolutamente hermosa. Lo sabes, ¿cierto?
Sus palabras quedan colgando, cargadas, en la pequeña distancia entre nosotros, su rostro es casi ilegible, pero hay una pequeña chispa en sus ojos, una mirada de deseo que enciende un fuego en mi vientre bajo.
Mi corazón late dos veces más rápido, ruidoso en mis oídos, cuando estira la mano y pasa un pulgar por mi mejilla, sus ojos se mueven a mis labios partidos cuando abro la boca para decir algo, a pesar de que mi mente se ha ido.
Se levanta ligeramente de la silla y, antes de saberlo, posa su boca, caliente y pesada, sobre la mía.
Dios, ¡pero qué final de capítulo! Maldito James, casi arruina todo, es bueno que Masen estuviera ahí con ella para apoyarla.
Gracias por leer y comentar :)
