EPÍLOGO

La boda se celebró tres semanas después, a pesar de las quejas de las tías de Sakura, su prima y lady Senju que decían que era muy poco tiempo para preparar una boda en condiciones.

El tío de Sakura no había puesto objeciones a la boda a pesar de haber amenazado al marqués con hacerle pedazos y su sobrina no era feliz. Sasuke admitió que pocos hombres se habrían atrevido a dirigirle tales palabras, y el hecho de que el conde de Westfield lo hiciese por su sobrina hizo que su buena opinión sobre él creciera aún más.

Lady Senju, se vanagloriaba de ser la artífice de aquella unión, estaba radiante de felicidad y de energía. A Sasuke casi le volvió loco con los preparativos, ya que ella se encargó, junto con lady Westfield, de ayudar a Sakura con el evento.

A él le daba todo igual, lo único que quería era que Sakura se convertirá en su esposa legalmente. Ni siquiera quería reconocerse a sí mismo que deseaba que llegara ese día, porque todavía temía que Sakura recobrara la cordura y decidiera no casarse con él. La visitaba todos los días y en cada ocasión las muestras de su amor quedaban patentes con cada gesto, con cada palabra, y sin embargo Sasuke temía que en el último momento algo le arrebatara a Sakura, demostrando que era un impostor que a él no le correspondía dicha felicidad.

La ceremonia tuvo lugar en una pequeña iglesia cerca de Marlborough Square, rodeados de un número limitado de invitados. Óbito fue el padrino y la celebración se prolongó hasta bien entrada la tarde.

Ahora que ambos se habían retirado a su habitación, Sasuke miró desde el vano de la puerta cómo Sakura se cepillaba el cabello. Tragó saliva ante tal visión. Su mujer tenía un camisón puesto que la hacía parecer casi etérea. Su pelo largo y rosa la cubría como un manto de flores en primavera. Sus mechones brillaban a la luz de las velas y Sasuke deseó tocarlos, hundir su cara entre ellos mientras le hacía el amor.

Sakura sintió un cosquilleo en la nuca. Había sido un día largo y agotador, pero no podía ser más feliz aunque lo hubiese deseado. La pierna le dolía levemente, pero no le importaba porque nada podía empañar la dicha de saber que Sasuke era completamente suyo. Se volvió lentamente y contempló al objeto de sus pensamientos, que la miraba con tal intensidad que apenas atinó a dejar el cepillo sobre el mueble.

—Estás preciosa —dijo Sasuke acercándose hasta ella.

—No eres objetivo —dijo Sakura ruborizándose.

—Al diablo que no —le dijo Sasuke mientras tiraba de ella y la cogía en brazos.

—Pero... —Sakura no pudo continuar porque Sasuke selló sus labios con un beso capaz de hacerla olvidar hasta su propio nombre. La besó con urgencia, exigiéndolo todo de ella.

No supo que la había colocado en la cama hasta que sintió el peso de Sasuke sobre ella.

Sus ansias de tocarla lo volvían loco. La necesidad de Sasuke se transmitía por cada poro de su piel y ambos empezaron a desnudarse el uno al otro, hambrientos.

Sasuke le hizo el amor con una pasión salvaje, casi primitiva, que enloqueció a Sakura. Cuando lo sintió tan dentro de sí, creyó que moriría de placer. Sasuke la torturó cambiando de ritmo varias veces. Cuando estaba cerca de llegar al orgasmo, Sasuke paraba y retomaba el ritmo de forma lenta y pausada hasta que Sakura le suplicaba, y entonces volvía a penetrarla con embestidas fuertes y rápidas hasta que volvía a estar cerca de fragmentarse en mil pedazos. Perdió la cuenta de las veces en que rogó para que Sasuke le diera la liberación que tanto ansiaba, hasta que al final llegó al orgasmo más poderoso que podía aguantar. Pensó que moriría en ese preciso instante y cuando sintió que su cuerpo se convulsionaba en agonía de placer imposible de soportar. Unos segundos después Sasuke derramó su simiente dentro de ella con un ronco gemido que lo dejó completamente aturdido.

Sasuke la abrazó, atrayéndola hacia sí, cuando se colocó a su lado. Arrugó el entrecejo cuando vio la expresión de Sakura. Parecía preocupada por algo.

—¿Qué te preocupa, mi diablilla escocesa? —preguntó tocando su mejilla lo suficiente para que ella desviara la vista hacia él.

Sasuke pensó que Sakura ya no contestaría cuando escuchó sus palabras.

—Soy tan feliz que me da miedo —dijo Sakura con una sonrisa que no le llegó a los ojos.

Sasuke estiró uno de sus brazos para coger algo de la mesilla que había junto a la cama. Después se lo dio a Sakura. Era una cajita roja con un lazo de terciopelo.

—¿Qué es esto? —preguntó Sakura con una sonrisa esta vez completa.

—Ábrelo —dijo Sasuke con intensidad.

Sakura deshizo el lazo y abrió la tapa. Lo que vio en su interior hizo que los ojos se le humedecieran. Lo cogió entre sus dedos y miró a Sasuke llena de amor.

—Dos corazones de plata entrelazados —dijo apenas con un susurro.

Sasuke la miró con devoción.

—Te quiero, Sakura. Mi corazón es tuyo. Eres el amor de mi vida.

Sakura lo besó con pasión y la promesa de que ella sería siempre la guardiana de tan preciado tesoro.

FIN.