No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Christine Feehan. Yo solo me divierto un poco.
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Edward voló bajo sobre el bosque, haciendo varias pasadas, explorando la región en un esfuerzo por identificar cualquier peligro que pudiera acechar a su gente. Tocaba la mente de Isabella con frecuencia, podía sentir su felicidad mientras preparaba lo que fuera que estaba haciendo para la cena de celebración. No tenía ni idea de que hubiera echado de menos cocinar, y eso le avergonzaba. Había sido su compañero durante años, pero todavía estaba descubriendo cosas de ella. Disfrutaba de la preparación de una comida, la presentación, el placer de los demás al recibirla.
Sintió el roce mental de los dedos de ella sobre su piel. Sintió su sonrisa, la calidez en sus ojos.
Si, disfruto cocinando para los demás, pero te aseguro que no es algo que necesite en mi vida... como a ti. Mi vida está completa, Edward, y no me arrepiento de nada.
Su voz le llenó la mente de amor, manteniendo a raya los recuerdos de la terrible y fantasmal soledad. Ningún hombre de los cárpatos que hubiera perdido las emociones y la capacidad de ver en color y después lo hubiera recuperado todo para encontrar a su compañera la dejaría nunca. En ese momento, le dolió por dentro de amor por ella. Eso ayudaba a aliviar la terrible carga de saber que algunos de los guerreros sin pareja que habían vuelto para la celebración, hombres de honor e integridad, finalmente perderían su batalla con la oscuridad.
Estás preocupado por Cayo.
Me siento... inquieto. Hay un problema en el viento, pero no puedo encontrarlo. Cayo no me preocupa. Ninguno de nosotros puede olvidar la soledad que sentíamos antes de encontrar a nuestras compañeras, pero al mismo tiempo, también recordamos la oscuridad que se extendía, tomándonos, al demonio pidiendo libertad. Había a la vez preocupación y advertencia en su voz.
Cayo estará bien porque tiene que estarlo. Tú no puedes hacer mucho, Edward. Los demás tienen responsabilidades también. Tú no puedes crear especies.
No, pero dejaron a mi gente en mis manos y tengo intención de que florezcan. Me niego a permitir que la naturaleza o nuestros enemigos o incluso nuestra propia naturaleza triunfen sobre nosotros.
Isabella siguió en silencio por un momento, pensando. Ya lo haces, crees que los cárpatos son objeto de extinción simplemente por un proceso natural, ¿verdad? Porque lo que sea que ha causado esto no es natural.
Edward sonrió para sí mismo. Isabella siempre le apoyaba ferozmente a él y a su gente. Mentalmente, le pasó los dedos tiernamente por la cara mientras volaba alto sobre el bosque y empezaba a descender en un círculo amplio y bajo. La nieve caía, más ligera ahora, pero todavía firmemente volviendo el paisaje entero de un refulgente blanco. Le gustaba la nieve, siempre le recordaba a la luz del sol, empujando a la noche para que brevemente el mundo brillara de un hermoso plata.
Edward sobrevoló la zona de ruinas ennegrecidas, ahora cubierta de nieve, de lo que una vez había sido las tierras más ricas. La batalla entre cárpatos y vampiros había dejado el terreno dañado y lleno de cicatrices. Últimamente había notado que cuando el no—muerto abandonaba una región, dejaba atrás los principios de una árida devastación que a veces parecía viva, avanzando arrastras para destruir las áreas circundantes. Una cosa más de la que tenía que ocuparse... y muy pronto.
Los ojos avizores de la lechuza captaron algo, y descendió más para pasar rozando entre los árboles e inspeccionar el campo de batalla. En una sección, nuevos brotes diminutos habían traspasado la nieve que los cubría. Los árboles ya no estaban inclinados y retorcidos, sino altos y orgullosos, con sus ramas alzándose hacia el cielo. Sorprendido, Edward aterrizó brillando hasta su forma humana mientras lo hacía. Allá donde miraba veía pequeños brotes verdes apareciendo, con tallos saludables y que crecían salvajes a pesar de la nieve. Se agachó para examinarlos. En vez del amasijo tóxico que había habido, la tierra estaba oscurecida por los nutrientes... virtualmente un milagro. El sonido del agua captó su atención.
Clara. Fría. Limpia. Corriendo sobre las rocas una vez más. Se sentó junto al pequeño arroyo solo para escuchar el sonido del agua. ¡Isabella! No pudo ocultar la excitación en su voz... lo que la sorprendió. Recuerdo esto de mi juventud. Le envió la imagen. Había una mujer en nuestro pueblo. Hemos olvidado las viejas costumbres. Teníamos una sociedad, artesanos... artistas... estudiantes al igual que sanadores. No solo teníamos sanadores para nuestra gente, sino que había una mujer. Solo la vi una vez y yo era un jovencito. Recuerdo poco, solo que el verdor brotaba a su alrededor por donde quiera que iba y estaba presente en todos los nacimientos. Quizás Peter pueda hablarme de este arte. Él y Garrett son los más antiguos entre nosotros. Podrían recordar.
Hubo una pequeña duda por parte de Isabella. ¿Una sanadora de la tierra?
Rosalie y Jasper parecen pensar que algunos de los problemas de las mujeres y niños empiezan en la tierra. ¿Si tuviéramos una sanadora de la tierra entre nosotros, podríamos proporcionar a nuestras mujeres embarazadas un refugio seguro para descansar? ¿Para dar a luz?
¿Así se hacía en el pasado?
Se frotó las sienes intentando acceder a sus recuerdos de infancia. Había sido hacía tanto tiempo e incluso entonces, las cosas ya estaban empezando a cambiar en cuando a las costumbres de su raza. Él había sido un niño, pero estaba seguro de haber visto a la mujer. La tierra parece la más rica que he visto nunca. Cuando hundo las manos en ella, puedo sentir la diferencia. Intentó contener su excitación.
¿Quién ha hecho esto?
No sé, pero tengo intención de averiguarlo.
Edward. Isabella dudó. Probablemente suene tonto, pero anoche cuando unas pocas de las mujeres nos reunimos en las cavernas de las charcas, todas nadamos juntas, ¿recuerdas? Te hablé de ello.
Lo recordaba vagamente. Algunas de las mujeres se habían reunido en un esfuerzo por conocerse las unas a las otras. Dijiste que fue un buen momento.
Vamos allí con frecuencia; es hermoso y la tierra al igual que el agua es rica y rejuvenecedora, pero esta vez lo parecía incluso más. Yo... recuerdo haber pensado que la caverna parecía renovada y la tierra más oscura y rica, el agua de las charcas era asombrosa, pero pensé que igual solo era yo... que quizás solo me alegraba estar con todo el mundo.
¿Y?, animó oyendo su duda.
Vas a pensar que estoy loca, pero cuando desperté esta noche y supe que podía concebir, mi primer pensamiento fue que debería haber permanecido fuera del agua.
El corazón le saltó en el pecho. Se extendió para tocar una de las ramas en ciernes de un árbol joven que no había estado allí unas pocas horas antes. ¿Quién estuvo allí contigo?
Alice fue conmigo. Chelsea, Jessica y Irina estaban allí y Cora y Heidi. Jane se dejó caer brevemente. ¿En qué estás pensando?
En lo imposible. Y porque necesitaba pensarlo más antes de dar voz a la esperanza, cambió de tema. ¿Cómo va todo? Se sentía mucho mejor sobre la celebración de esta noche. Si pudiera encontrar a una mujer que pudiera sanar la tierra y ayudar así a proteger a las mujeres embarazadas e niños, proporcionando a los sanadores más tiempo para encontrar respuestas, estaría eternamente agradecido... y su especie tendría verdaderamente algo que celebrar. Y si... solo y si... Apenas se atrevía a esperar que el agua o la tierra hubieran animado a las mujeres a ser capaces de concebir. No se atrevía a tener esperanza, pero de cualquier forma ahí estaba por primera vez desde hacía mucho, mucho tiempo y se negaba a ser suprimida.
Ahora mejor que bien. La Navidad siempre parece traer milagros. Solo tienes que buscarlos. Encuentra a esa persona, Edward. Si puede hacer lo que dices, es más valiosa de lo que ninguno de nosotros comprende.
Edward alzó el vuelo una vez más, con el corazón palpitándole en el pecho. Lejos bajo él, captó un vistazo de una pareja abrazada, ignorantes de todo excepto el uno del otro. Una vez más escaneó rápidamente la región, necesitando asegurarse de la seguridad de todos y cada uno de los suyos. De nuevo, creyó sentir la misma sensación que seguía haciendo que su sistema de alarma le aguijoneara. No podía encontrar nada que indicara que un enemigo estaba tendiendo una trampa. Envió una pequeña advertencia a sus hombres, un pequeño pinchazo de censura para recordarles que se mantuvieran alerta en busca de enemigos, y voló hasta que encontró la pequeña cabaña remota que Peter había escogido para su estancia. Varios lobos aullaron una advertencia cuando cambió a su forma natural y se acercó a la barandilla.
Peter se materializó casi en sus narices, y todavía, después de todos los años de poder y liderazgo que pesaban sobre sus hombros Edward se sintió atemorizado por el hombre. El pelo negro le flotaba por la espalda, sus hombros estaban rectos y sus ojos llameaban con una oscura promesa de muerte.
Peter y Garrett Whitlock eran gemelos, legendas en la historia de los cárpatos, y eso se mostraba en los hombros de Peter y en su cara severa. Edward encontraba a Garrett mucho más accesible. Siempre encontraba divertido que los demás cárpatos temieran a Jasper, el segundo al mando de Edward, mejor amigo y yerno, pero encontraran a sus hermanos mayores tan accesibles cuando eran iguales de peligrosos, si no más.
Peter le aferró los antebrazos en el saludo del guerrero. El hermano mayor de Jasper parecía en forma y fuerte, sus ojos brillaban, atravesando a Edward directamente hasta el alma como si pudieran leer dentro de cualquier hombre.
—Es bueno verte de nuevo después de todo este tiempo, Edward. Te has convertido en un líder poderoso desde la última vez que te vi. Tu padre habría estado orgulloso.
Edward estrechó los brazos del hombre, siendo la fuerza sólida que había allí.
—Ya puedes decir a tu mujer que baje su arma.
Una lenta sonrisa caldeó los ojos fríos y duros.
—No le gustará que la hayas divisado. Es policía y definitivamente está orgullosa de sus habilidades. Ser cárpato solo ha aumentados sus capacidades.
—En realidad no sé dónde está —admitió Edward—. Solo que está cerca y apuntándome con un arma. He oído que no se queda en casa, donde pertenece.
Un sonido ahogado surgió sobre él y una joven se materializó, con un arma en la mano, lanzando dagas con los ojos a Edward.
—¿Dónde pertenece?
Su pelo era del color del platino y el oro, un poco más corto de lo acostumbrado en la mayoría de las mujeres, pero atractivo, enmarcando su cara de duende. Sus ojos eran oscuros, un contraste sorprendente con su piel y pelo pálidos.
Peter le quitó casualmente el arma de la mano y se inclinó para meterle el arma en la bota.
—No puedes disparar al príncipe, Charlotte. Eso simplemente no se hace.
—No iba a dispararle —objetó ella, y lanzó a Edward una rápida y traviesa sonrisa—. Al menos, no si no va a insistir en que las mujeres se queden en casa mientras los hombres consiguen toda la diversión.
—¿Llamas a matar al no—muerto diversión? —preguntó Edward.
Ella se encogió de hombros.
—Si no son tareas domésticas, es divertido. Me gusta la acción, no sentarme en casa esperando a mi héroe.
—Te gusta meterte en problemas —replicó Peter, la diversión suavizaba su voz—. Pero al menos admites que soy tu héroe.
Edward había olvidado la asombrosa y poderosa arma que era la voz de Peter. Todo en Peter parecía ser una combinación de "compeledor" y "arma". La cara del hombre parecía haber sido tallada en piedra, pero sus ojos eran más vivos, más intensos y más letales de lo que Edward recordaba.
—Me alegra verte de nuevo, Peter. Y me alegra que hayas encontrado a tu compañera. —Se dobló en una ligera reverencia hacia Charlotte—. No pude resistirme a bromear a tu costa ya que he oído que eres ferozmente protectora con Peter —le dijo—. Te lo agradecemos. Él es una leyenda entre nosotros.
—Insiste en protegerme —dijo Peter.
—Bueno, por supuesto. Cualquier cazador cárpato al que le disparen después de que se le haya advertido repetidamente que tenga cuidado necesita una niñera... o una guardaespaldas.
Peter se inclinó para rozarle un beso en la coronilla.
—Ningún respeto —El profundo amor en la cara de Peter se reflejaba en la de Charlotte mientras lo decía.
—Ya veo —reconoció Edward. A un nivel profundo se alegraba por la pareja... por todas las parejas... pero por esta en particular. Peter había estado solo demasiado tiempo y había luchado en demasiadas batallas, sacrificado demasiado. Este pequeño duende parecía frágil hasta que Edward miró a sus ojos oscuros. Había visto mucho, era sabia más allá de su edad y tenía esa misma fuerza que poseía su compañero.
Ella le lanzó una cálida sonrisa a Edward, incluso mientras sus dedos se enredaban con los de Peter.
—Gracias por dejarnos utilizar una de tus casas. La casa de Peter está demasiado adentrada en las montañas y habríamos pasado todo el tiempo volando de acá para allá y no habríamos podido hacer visitas.
—Por favor entra —Peter mantuvo la puerta abierta, retrocediendo para dejar que Edward le precediera—. Tenemos mucho que discutir, en primer lugar, cuando oí hablar de la celebración pensé que era una indulgencia de lo más estúpida y demasiado arriesgada, pero ahora veo lo bueno que ha sido ver a todo el mundo y estar en casa otra vez. He estado lejos demasiado tiempo y una vez más hay una sensación de comunidad.
—Espero que estemos haciendo lo correcto —estuvo de acuerdo Edward, entrando en la pequeña cabaña.
Habían pasado años desde que había entrado en la vieja casa. Las grietas en la madera que antes habían dejado entrar el viento, habían sido reparadas. Peter y Charlotte habían preparado el interior dejándolo brillante y acogedor. Un fuego crujía en el viejo hogar y el mobiliario resultaba invitador. Peter le señaló el sofá, y Edward se sentó en el asiento opuesto al de Peter.
Charlotte dudó brevemente, mirando hacia las ventanas, la cautela se arrastraba hasta su expresión mientras consideraba si alguien podría mirar adentro fácilmente y verlos a través del cristal.
—En realidad no muerdo —dijo Edward, y gesticuló hacia el extremo vacío del sofá que ocupaba.
Charlotte se colgó del brazo de la silla de Peter, balanceando un pie.
—Estoy perfectamente cómoda aquí, pero gracias.
—Insiste en protegerme —explicó Peter—. O al menos eso finge hacer. La auténtica razón es que no puede soportar estar separada de mí.
El pie que se balanceaba se arqueó solo un poco más y le dejó caer la punta en la pantorrilla.
—Ya veo —dijo Edward secamente. — Lo cierto es que Isabella es igual... le repugna estar separada de mí. — Compartió la conversación con su compañera. Inmediatamente, sintió la calidez de su risa rozando las paredes de su mente—. Antes de que lo olvide, creo que te gustará saber que necesitamos a alguien para que haga de Santa Claus para los niños.
La sonrisa desapareció de la cara de Peter, dejando sus ojos sombreados y cautos. Se tensó ligeramente. Junto a él, Charlotte se removió, y él le puso una mano en el muslo para evitar que hablara. No te atrevas a ofrecerme voluntario.
Era tan gallina. Son solo niños.
Es un traje rojo y barba.
Y estarías tan mono y blandito.
Edward le sacó de su miseria. Se recostó en su silla con una sonrisa ladeada.
—Creo que mi yerno sería el mejor hombre para el papel. Como es tu hermano menor, dime que te parece.
Charlotte contuvo un chillido que podría haber estado entre la risa y el horror. Casi se cayó del brazo de la silla, solo la mano firme de Peter evitó que aterrizara en el suelo.
—Estás bromeando, ¿verdad? Jasper sería igual de mala elección que Peter. Una mirada y los niños o huirán como conejos o romperían a llorar.
El pulgar de Peter se deslizó sobre el dorso de su mano en una pequeña caricia.
—Nunca subestimes a un Whitlock, pequeña. Podemos crecernos en caso necesario y estoy seguro de que Jasper disfrutará del papel —Lanzó a Edward una sonrisa lobuna—. Hazme saber cuándo vas a contarle que este honor le está reservado a él y me encantará acompañarte.
—Oh, vosotros dos sois malos —dijo Charlotte—. Os gusta regodearos. Jasper os lo hará pagar a ambos, lo sabéis.
El brillo de una sonrisa recorrió los rasgos de Edward y despareció.
—Valdrá la pena.
Peter asintió y se extendió hacia su gemelo, compartiendo automáticamente la información. Garrett respondió por su vínculo mental privado. Edward estuvo aquí antes y no pude resistirme a dejarle darte la noticia. Había risa en su voz. Ciertamente planeo estar presente cuando nuestro príncipe haya su primera exigencia a su yerno.
Los dedos de Peter se apretaron alrededor de los de Charlotte. Ese pequeño momento de diversión, de amor y risa, se lo debía a su pareja. Había estado privado de emociones durante tanto tiempo... amando a su gemelo, pero sin sentir nunca de hecho la emoción. A lo largo de los siglos los recuerdos habían empezado a palidecer y eso había resultado alarmante. Se adentraba en la oscuridad sin esperanza, hasta que ella llegó a su vida.
Charlotte se inclinó para rozar un beso en su coronilla en un raro gesto público de afecto. Incluso con su padrastro muerto, todavía no podía sobreponerse a la reticencia que había desarrollado a mostrar cariño. Peter siempre era el que hacía el primer movimiento, el que tomaba su mano, ponía su brazo alrededor, y sus instintos siempre la hacían mirar alrededor con ojos cautos... tensase y apartarse. Lentamente él la hacía superarlo, y cada demostración de afecto con otros alrededor era un paso hacia adelante.
Peter se frotó la barbilla.
—Creo que deberíamos conmemorar el evento con fotos. Nos vendría bien en lo venidero tener semejante documentación.
Edward se inclinó hacia adelante ligeramente, su sonrisita suavizaba las duras líneas de su cara.
—Seguramente no estás considerando... el chantaje.
—Bueno, de hecho, sí. Podríamos tener esto pendiendo sobre su cabeza durante siglos.
—Pobre Jasper. No es justo que conspiréis así contra él —objetó Charlotte. Frunció el ceño—. Aunque se puede pensar que podría merecérselo por ser un macho chovinista.
Las cejas de Edward se arquearon.
—¿Y Peter no lo es?
La sonrisa traviesa de ella le iluminó de nuevo los ojos.
—Desesperadamente, pero afortunadamente me tiene a mí para enderezarle.
—Qué suerte tengo —dijo Peter secamente.
Ella hizo que su pie se balanceara contra la pierna de él una segunda vez.
—Tienes suerte. No dejo de decírtelo, pero sigues olvidándolo.
Peter rió suavemente. Edward nunca había visto al guerrero riendo y relajado, y por alguna razón el sonido aligeró la carga de sus hombros solo un poco más. Estaban ocurriendo cosas buenas a su especie. Quizás no estaban ocurriendo tan rápido como Edward quisiera, pero había cambios.
—Quería preguntarte algo que apenas recuerdo de siglos atrás. Yo era solo un muchacho y recuerdo muy poco.
—No puedo prometer que recuerde, pero lo intentaré.
—En los viejos días, había una mujer que vivía en el pueblo. Ni siquiera recuerdo a su compañero o si tenía uno. Era demasiado joven para que me preocuparan tales cosas. Ella sanaba la tierra. ¿La recuerdas?
Peter frunció el ceño.
—Yo no estaba mucho en los pueblos, ni siquiera cuando eras niño, Edward. Recuerdo a una persona... una mujer... —Sacudió la cabeza—. Los aldeanos, especialmente las mujeres, nos evitaban a Garrett y a mí, a menudo huían cuando nos divisaban.
—Inténtalo, Peter —urgió Edward—. Ella no habría huido temerosa de vosotros. Era poderosa por derecho propio. Caminaba y las flores y la hierba crecían bajo sus pies. Podría ser muy importante para nosotros.
Peter asintió lentamente, su ceño se profundizó mientras intentaba acceder a los antiguos recuerdos. La aldea llena de gente que vivía su vida... una vida que él nunca pensó que pudiera tener. Familias. Risas. Había evitado todo eso todo lo posible.
La mano de Charlotte se deslizó por su pelo, jugueteando con el pelo largo de su nuca, enviando un estremecimiento de consciencia por su espina dorsal, extendiendo calidez a través de su cuerpo y su corazón.
Forzó a su mente a volver a los viejos tiempos, buscando a través de los recuerdos agridulces hasta que encontró el pueblo donde habían vivido los Cullen. Los niños corrían juntos en pequeños grupos. Muchas caras sin nombre que habían intentado apartarse de él sin ser notadas. Una cara serena sonriéndole, asintiendo, reconociéndole incluso mientras los niños la perseguían. Vida brotando de la nada bajo sus pies, tallos verdes, flores brillantemente coloreadas, un rico tapete se formaba sobre el suelo mientras los pequeños miraban con asombro.
—Provenía de un linaje raro y muy respetado. Había pocos con su talento. Era hermosa, con pelo largo y oscuro, y siempre iba recta y erguida y miraba a los hombres a los ojos.
Charlotte le abofeteó la parte de atrás de la cabeza.
—Dudo que necesite esos precisos detalles —dijo ella—. ¿Y por qué no iba a miraros a los ojos?
Edward intentó ocultar su sorpresa. Todo cárpato viviente tenía miedo de este hombre, pero su compañera le trataba... exactamente como Isabella trataba al príncipe de los cárpatos. Se tragó la sonrisa y apartó la mirada cuando Peter le rodeó la cintura y la arrastró del brazo de la silla a su regazo. Ella luchó durante un minuto y después se rindió, dejándose abrazar.
—Recuerdo verla caminar por un campo yermo. En cuestión de minutos el follaje brotaba por todas partes a su alrededor.
—¿Atendía en los partos? ¿O trataba la tierra antes de que el niño naciera... o incluso fuera concebido? —Era un tiro a la desesperada, pero Edward ya se aferraba a la más mínima posibilidad.
Las cejas oscuras de Peter se arquearon.
—¿En qué estás pensando, Edward?
—Rosalie dijo algo sobre la tierra plagada de toxinas, antes esta misma noche. Cuando estaba sobrevolando el campo de batalla devastado y envenenado por el no—muerto, noté que una sección había sido sanada. La tierra era la más oscura y más rica que había visto en siglos. Y entonces Isabella mencionó que ella y varias mujeres más fueron juntas anoche a las charcas minerales y la tierra y el agua eran diferentes. Esta noche es capaz de concebir. He oído que otras mujeres han experimentado lo mismo.
Ambos hombres miraron a Charlotte. Ella alzó ambas manos, con las palmas afuera sacudiendo la cabeza inflexiblemente.
—Yo no. Ni siquiera lo penséis... Además, todavía me estoy acostumbrado a esta cosa de los compañeros. Y por si acaso creéis que puedo sanar la tierra, pensadlo de nuevo. He matado a cada planta que he intentado cultivar antes y después de la conversión. No soy vuestra sanadora de la tierra.
—¿Has oído algo de esto, Charlotte? —preguntó Peter. Sus dedos se cerraron en la nuca de ella en un lento masaje—. ¿Alguna de las mujeres te ha mencionado algo?
—No, pero puedo preguntarle a Kate. Ella siempre parece saberlo todo de todo. No sé cómo lo hace con un bebé y una adolescente.
Edward se pasó la mano por la cara con aspecto repentinamente cansado.
—Era un tiro a la desesperada de todos modos. No puedo recordar quién era la mujer o su linaje, ni recuerdo si ayudaba en los partos.
—Preguntaré a mi hermano y a los otros antiguos por si recuerdan más de esta mujer, pero en realidad, Edward, si hay semejante mujer entre nosotros solo tienes que pedirle que de un paso al frente.
—La respuesta no puede ser tan simple.
—Quizás es una pieza del puzzle que debemos resolver... una pieza muy importante.
—Si encontramos a esta mujer y ella es tan importante como espero que sea, esta celebración sería lo mejor que habríamos hecho nunca.
—Estás preocupado. ¿El ataque a Leah y Heidi?
Por supuesto que Garrett habría mantenido a Peter informado. Edward asintió.
—He estado intranquilo desde hace un par de noche. Esto definitivamente me ha llevado al límite.
—Nosotros salimos y echamos un vistazo —dijo Charlotte—. Alguien había venido desde la posada en un trineo y estaba encubierto en la nieve... una persona inteligente... a media milla de donde Leah y Heidi resultaron heridas. La sensación de poder permanecía, pero no parecía cárpato. —Charlotte se mordió el labio inferior. — He estado intentando de veras conseguir una sensación de los diferentes campos de energía. Eso es todo lo que es en realidad la magia de los cárpatos, una manipulación de energía, y para mí esto se sentía diferente.
Una pequeña sonrisa iluminó brevemente los ojos de Peter ante la llamarada de sorpresa en la cara de Edward.
—¿Mencioné que Charlotte es una gran policía? Rastrea casi tan bien como yo.
—Dices que sentiste algo diferente —animó Edward—. ¿Un vampiro?
—Había una mancha nociva en ella —admitió Charlotte—. Peter lo sintió a través de mí, pero no pudo por sí mismo, y eso realmente me molesta. Si han encontrado una forma de bloquear sus identidades a los cazadores, todo vosotros podríais tener un auténtico problema.
—Lo han estado haciendo desde hace algún tiempo —le recordó Peter, sus manos se deslizaron hacia abajo por el muslo de Charlotte en un pequeño gesto tranquilizador.
—No así, Peter —objetó ella—. Sentiste la diferencia. No era completamente vampiro... pero aun así apestaba a maldad—. Había preocupación en su tono.
—Se me ha ocurrido que si nuestros enemigos golpean contra las mujeres y los niños —confió Edward— tendrán más posibilidades de erradicar a nuestra especie del todo. No sé cuánto sabes del grupo de humanos dedicado a acabar con nuestra especie. Siempre nos referimos a ellos como la sociedad. Los vampiros les han engañado, infiltrándose en sus filas, y los utilizan como marionetas. El mago oscuro Seth puede estar vivo también, así como su nieto. Si es así, Charlie sería el primer Buscador de Dragones que se convierte, y sería algo a lo que nunca nos hemos enfrentado. Su hermana, Marie, me dijo que era un brillante estratega cuando se trataba de planear batallas. No dudo de que ya habrá llegado a la misma conclusión que yo y esté esperando la mejor oportunidad de lanzar el golpe más devastador contra nuestra especie.
Peter asintió.
—Desde hace algún tiempo he venido creyendo que es inevitable que empiecen a golpear contra nuestras mujeres.
—Y aun así permites que tu compañera cace y destruya al vampiro.
Los dedos de Peter se apretaron alrededor de los de Charlotte con una advertencia cuando ella iba a protestar.
—¿Qué mejor forma de mantenerla a salvo que enseñándole cómo sobrevivir cuando sea atacada? Charlotte ya tiene habilidades e instinto natural. Sería un crimen evitar que aprendiera como matar al no—muerto. Y antes de que pongas objeciones, no creo que todas nuestras mujeres deban cazar vampiros. Pero Charlotte es un caso especial, como Marie y Elizabeth. No puedes suprimir sus instintos y dejar que sus habilidades se desperdicien, así que hago lo que puedo para prepararla para la caza.
Edward suspiró.
—En los viejos tiempos, los que tenían compañeras no cazaban al vampiro. Ahora es necesario.
—Yo he estado cazando durante siglos, como la mayor parte de los antiguos... y Jasper. Ya no conocemos otra forma de vida. Es más que una necesidad, es quienes somos.
—¿Por qué el tener compañera evitaba que cazaran si tenían más experiencia? —preguntó Charlotte.
—Porque incluso cuando teníamos mujeres y niños, sabíamos lo preciosos que eran —explicó Edward—. Si perdemos al hombre, también perdemos a la mujer, y esa no era una opción para nosotros. Ahora puede que no tengamos más elección que permitir que nuestras mujeres luchen también.
—No todas las mujeres, Edward —recordó Peter—. Solo las que tengan las habilidades y el deseo de luchar. Mujeres como Charlotte y Elizabeth.
Edward suspiró.
—Y Marie. Ella lo ha visto desde dentro. Me contó que su hermano gemelo había tenido varios hijos. Senna, la compañera de Paul, es una de sus hijas.
—Las mujeres de los Buscadores de Dragones siempre han sido impredecibles. Siempre lo serán. Si Charlie tiene otras hijas aparte de Senna, tenemos que encontrarlas y protegerlas. Indicaré a Jacob que parta tan pronto como esté curado para que busque a sus parientes.
—Llevará su tiempo sanar sus heridas. Incluso con nuestros mejores sanadores ha sido difícil. Kate lo intentará pronto y si encontramos a esta mujer que puede sanar la tierra, quizás ella pueda ayudarnos a enriquecer la tierra donde él yace.
Edward se puso en pie.
—Debo irme. La celebración es en un par de horas y todavía tengo varias visitas que hacer. Sé que no hay necesidad de recordaros que estéis alerta, pero aun así... siento que sería un error no hacerlo.
Peter se puso de pie también, y una vez más aferró los antebrazos de Edward en un gesto de respeto.
—Tienes mi lealtad absoluta, Edward. Si hubiera necesidad, llámame... lucharé a tu lado, siempre.
Una breve sonrisa no llegó a apartar las sombras de los ojos del príncipe.
—La familia Whitlock siempre había estado del lado de los Cullen. Luchamos como uno.
Charlotte alzó una mano hacia el líder de los cárpatos cuando este dejaba la casa.
—Parece muy triste, Peter, me siento a punto de llorar —dijo—. Y yo nunca lloro. —Se presionó una mano sobre su dolorido corazón—. La pena enana de él en oleadas.
Peter la rodeó con su brazo.
—Siempre eres demasiado sensible a los sentimientos de los demás. Edward tiene una pesada carga que soportar... evitar la extinción de nuestra especie. Todavía recuerdo las viejas costumbres, ya desaparecidas para siempre. Por aquel entonces nuestra gente prosperaba y vivían juntos en una sociedad. Es su responsabilidad guiarnos a una nueva vida, una donde podamos sobrevivir y vivir en armonía con las otras especies que nos rodean. Como yo, él no puede evitar mirar atrás a lo que teníamos y mirar luego al futuro con preocupación. No le envidio su tarea. Es un peso terrible que llevar sobre los hombros.
—¿De veras crees que nuestros enemigos van a ir a por las mujeres y niños? —Tragó con fuerza, cerrando los ojos contra los recuerdos que fluían de su propio hermano asesinado por un hombre mentalmente enfermo. Su corazón palpitó ante la idea de encontrar a la joven Leah o a uno de los pequeños brutalmente asesinados.
—Velaremos por ellos.
—Pero ya sabemos que Leah es un objetivo —protestó ella—. Intento no preocuparme por ella, pero es imposible. Es maravillosa... y tan joven y vieja al mismo tiempo. Garrett está preocupado porque Cayo la reclame, y ahora esto —Se pasó la mano por el pelo, claramente agitada—. Siento ganas de encerrarla para mantenerla a salvo.
Peter rompió a reír, llevándose la mano de ella a la boca para presionar besos en el centro de la palma.
—Ahora ya sabes cómo me siento... como se sienten todos los hombres en cuanto a proteger a sus compañeras e hijos.
Ella le frunció el ceño.
—Yo no necesito protección, Peter. Soy capaz de cuidar de mí misma. Leah es una adolescente. ¿Y si Cayo intenta llevársela?
—Cayo es una protección añadida para Leah. No entiendo como ella ha disparado sus instintos a tan corta edad, pero lo ha hecho y él no puede hacer otra cosa que asegurar su bienestar, seguridad y felicidad lo que puede ser difícil mientras conquista al demonio, pero tengo fe en su voluntad.
—¿Por qué?
—Cayo siempre ha valorado el honor y la responsabilidad. Siempre se inclinaba ante las normas incluso de joven. Puede desear llevársela, pero al final, a menos que ocurra algo terrible, hará lo correcto por ella. —La cambió de posición entre sus brazos, abrazándola más para reconfortarla al ver que sus recuerdos eran ahora tan frescos e inquietantes—. Por otro lado, siempre es mejor asegurarse.
Ella inclinó la cabeza para mirarle. Siempre la hacía sentir segura. Nunca había conocido la sensación hasta que él entró en su vida, indudablemente no cuando niña ni como jovencita. Peter había cambiado toda su vida y le había devuelto la esperanza y la promesa de sueños. Deslizó los brazos a su alrededor.
—Quiero para Leah lo que tú me das a mí. Ella merece y necesita felicidad, suerte.
Él le frotó la coronilla con la barbilla.
—Lo sé, pequeña. Con Garrett y Kate cuidando de ella, y nosotros dos también, Leah estará bien.
Charlotte envolvió los brazos alrededor de su cintura, presionándose contra el firme latido de su corazón.
—¿Te he dicho hoy que te amo?
—Aún no, pero estaba a punto de conseguirlo. Un pequeño recordatorio por mi parte normalmente consigue resultados de lo más satisfactorios —Inhaló la fragancia femenina. Charlotte. La mujer de la que nunca podría prescindir. Era tan pequeña, de apariencia tan frágil, pero con la fuerza de seis hombres y una voluntad de hierro.
—Bueno, pues lo hago —replicó ella.
—¿Qué?
—Sabes muy bien qué.
Peter la levantó con facilidad, elevándola hasta su hambrienta boca.
—Di que me amas y dilo ahora mismo, mujer.
Ella le rodeó el cuello con los brazos y la cintura con las piernas.
—¿O qué? ¿Estás amenazando con castigarme de algún modo incalificable?
Los dientes de él le mordisquearon el pulso, arañando y jugueteando mientras su lengua danzaba a un ritmo seductor.
—Dilo, mujer testaruda.
—Tu cabeza ya está demasiado hinchada. —Le acarició el largo pelo con los dedos—. Si una persona más te mira como si fueras la bomba...
—¿La bomba? —Sus cejas se arquearon—. ¿De dónde sacas semejante argot?
—Estoy en la onda, pequeño. Totalmente en la onda. —Se rió de su expresión—. De hecho, Leah me dijo que yo era la bomba y no podía esperar a probarlo contigo. —Su sonrisa se convirtió en un pequeño ceño—. Quizás deberíamos ir a buscarla, asegurarnos de que está realmente bien.
—Eso suena a plan. Quería correr con los lobos de todos modos y si lo hacemos, puede que tengamos oportunidad de encontrar y charlar con Cayo.
—¿Por qué hay un "pero primero" en tu tono?
La ropa flotó hasta el suelo, dejándole los pechos desnudos presionados con fuerza contra su pecho y la dura erección presionada contra su entrada ya resbaladiza.
—Quiero hacerte el amor.
—Tú siempre quieres hacerme el amor. Y lo hiciste esta noche, tres veces. Creo que necesitas ayuda. Eres un sexoadicto. —Se retorció presionando su centro más femenino contra él, frotando lentamente adelante y atrás para que entrara mientras le besaba la garganta. Alzó su cuerpo varios centímetros para colocarse justo sobre él.
—Tú me atacaste a mí esta mañana —señaló él.
—¿De verdad? No lo recuerdo. Bueno, puede que lo hiciera. —Se deslizó hacia abajo, empalándose a sí misma en la dura erección, sintiéndole lentamente, centímetro a centímetro, invadiéndola, llenándola. Empezó una cabalgada seductora, moviéndose sobre él, con los músculos tensos y calientes, resbaladizos de deseo.
Él le atrapó las caderas entre las manos y aceleró el paso, haciendo que sus movimientos estuvieran perfectamente sincronizados mientras se movían como uno, el fuego ahora familiar crecía entre ellos. Charlotte alzó la cabeza, deseando su beso, la dulce explosión de su boca exigente tomando la propia, apretando cada músculo de su cuerpo, enviando dardos de fuego a correr por su sangre.
Haciendo en amor con Peter era una de las pocas ocasiones en las que relajaba su vigilancia y sabía que era lo mismo cuando él la tocaba. Sus dientes le tiraron del labio inferior, deslizándose sobre el lóbulo de su oreja, todo mientras la presión crecía, el sonido de sus corazones combinados y la pesada respiración apenas resultaba audible con el sonido de la alegría que escapaba de la garganta de Peter en forma de un gruñido. Pero se oía. Ella sabía que él lo oía. Los dedos de él se cerraron posesivamente cuando ambos se deslizaron hasta un mundo de pura pasión.
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Solo un capítulo más de esta historia, ¿sí? Siempre me tardo mucho en actualizarla jeje y no quiero dejarles esperando más tiempo. No olviden dejar un lindo comentario, tampoco olviden pasarse por nuestro lindísimo grupo 'Twilight Over The Moon'.
¡Nos leemos pronto!
