Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Las innumerables carpetas repletas de documentos que llevaba en las manos le sirvieron de escudo, de lo contrario él podría notar lo nerviosa que se sentía de encontrarlo.
―Dinamarca tiene botes férreos― comentó casualmente mientras esperaban al elevador.
―Sí― asintió, ocultando una sonrisa.
Ella jamás había actuado de esa manera tan… infantil con alguien, mucho menos con un hombre, pero ese pelirrojo tenía algo demasiado adictivo para dejarlo pasar por alto.
―No lo sabía― repuso el bermejo, revisando el beeper en sus manos ―; llevo aquí seis semanas y no sabía lo de los botes.
―Copenhague está rodeada de agua por dos lados.
―Eso parece― concordó, parado un par de metros tras de ella―, ahora tiene que gustarme aquí. No estaba planeando que me gustara aquí.
Las puertas del elevador de abrieron, dejando salir a unas cuantas enfermeras. Elsa se apresuró a entra.
―Soy de Rusia― añadió, siguiéndola―; estoy genéticamente diseñado para que gustarme ningún lugar excepto Moscú.
Elsa presionó el botón del piso al que quería ir mientras contenía una sonrisa, el cobrizo la imitó.
―Tengo algo por los barcos.
Las puertas cerraron, atrapándolos dentro con un silencio que duró solo milésimas de segundo.
―No voy a salir contigo― declaró la albina, adoptando un tono serio.
―¿Te dije que salieras conmigo? ―preguntó el joven, un cierto deje de diversión jugaba con su acento. Giró la cabeza para mirarla brevemente y después regresó la vista a las puertas de metal―… ¿Quieres salir conmigo?
Elsa no se lo pensó tanto.
―No saldré contigo, y definitivamente no voy a volver a dormir contigo― respondió―. Eres mi jefe.
Bien, reconocía que lo que sucedió entre ambos no era culpa de nadie; ella había ido a por un trago al bar frente al hospital donde comenzaría sus prácticas como interna en cirugía al dia siguiente, un atractivo pelirrojo se acercó a ella para conversar y después de acompañar sus risas con varias copas, terminó llevándolo a su casa a pasar la noche.
Lo echó al día siguiente mientras corría por las prisas para llegar a tiempo, jamás pensó que ese hombre era el doctor Hans Westergaard, jefe de neurocirugía del South Islands Hospital.
Sin embargo, se encontraba a sí misma incapaz de negar que aquel sexo había sido el mejor que tuvo en años.
―Eres el jefe de mi jefa― remedó Hans, como si estuviera fastidiado de ese hecho.
―Eres mi maestro y también eres el maestro de mi maestra― añadió la blonda.
―Soy tu hermana, soy tu hija― canturreó con burla.
Aún no terminaba de decidir si le gustaba más saber que él quería tener algo que ver con su persona, o si debía ser más racional y mezclar lo personal con lo laboral.
―Me estás acosando sexualmente…
―Estoy subido en un elevador― replicó.
Elsa suspiró.
―Mira, estoy dibujando una línea. La línea está dibujada. Ahí hay una gran línea.
Un pequeño silencio volvió a cernirse sobre ellos. ¿Desde cuándo el elevador tardaba tanto en subir un piso…?
―Entonces― Hans rompió el silencio, girándose lentamente―, ¿esta línea es imaginaria o necesitas que te la marque?
Ver el deseo inundar los orbes de esmeraldas la hizo ceder, soltó las carpetas y se lanzó a sus brazos como una adolescente enamorada. Hans sonrió, encantado, y la recibió con ánimos. La besó con la boca abierta, con hambre, Elsa le rodeó el cuello con los brazos para pegarse a él y poder sentirlo todo lo que ese uniforme azul de cirujano le permitiera.
Sus manos grandes le desarreglaron el cabello rubio atado en una trenza francesa y frotándose contra ella.
El sonido de los pisos pasando los mantenían alertas y, cuando estaban por llegar a su destino, se obligaron a separarse del otro. Tuvieron poco tiempo para arreglarse la ropa y el cabello antes que las puertas se abrieran; Elsa levantó las carpetas de suelo rápidamente y salió pitando del elevador, dejándole el pase a un par de enfermeros que la miraron con confusión.
―¿Hablamos después? ―le gritó el bermejo, aun en el elevador. Elsa deseó que alguien le borrara aquella sonrisa torcida suya tan encantadora de la cara.
No se molestó en contestar.
Mientras se dirigía a entregarle las carpetas a su residente, la doctora Yzma, las apretó contra su pecho, como si éstas pudieran contener los fuertes latidos dentro de su pecho.
¿Ya llegaron hasta aquí? great!
Seré sincera, ninguna escena de navidad me convenció para convertirla al Helsa y traerla a esta sección, pero no les quise fallar (más) así que les traigo otra pequeña parte de Grey's Anatomy; esta vez pertenece a Derek y Meredith… no son mis favoritos, ni de cerca, pero no los odio.
Todo esto lo escribí hace un par de días y ahora que lo edito no tengo mucho tiempo. Ayudé a mi mamá a cocinar la cena ayer y me fui a la cama a las ocho de la mañana después de una alocada fiesta (solo con mi familia). Desperté apenas hehe que pena.
Lo que intento decir es que el siguiente capítulo de PS no está terminado, me falta como la mitad hehehehehehe… mi excusa es que gasté tiempo escribiendo la ruptura de Hans y Honeymaren.
Espero que hayan tenido una buena noche, que hayan disfrutado al máximo y se encuentren bien. Harry les envía un beso.
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
