"Mou doukanai kimi no karada wo
Boku wa mushou ni okashitakunaru yo
Tsumetakunatta kimi no karada ni
Te wo furerutabi zokuzoku suru yo"
Despertó casi al mediodía, había tenido un grandioso sueño donde aparecía cierto exorcista y seguido sonrió al verse en el cuarto; se levantó lentamente hasta quedar sentado en la cama, le dolía la cabeza pero poco le importó; se sobrepuso de nuevo su saco y descalzo se dirigió hacia el aparador que se encontraba acostado junto a su cama, lo observó y pasó una mano por la puerta de vidrio observando cómo el cuerpo que yacía dentro suyo no había cambiado en absolutamente nada; se alegró al verlo y fue por un cigarrillo en la cómoda junto a la pared, lo abrió y observó por la ventana el sol que había ese día, sonrió, dejó pasar un rato mientras la luz se acercaba más y más al aparador, haciéndolo lucir aun mas lindo.
—Lástima que solo sea tu cuerpo, si aun estuvieras vivo me gustaria verte pelear por tu vida de nuevo, si al menos te hubieras tragado tu orgullo y me hubieras suplicado por tu vida, esto sería más interesante —susurró para si mismo mientras le observaba.
Dejo de fantasear al ver que algunas personas pasaban cerca del sitio; cerró las cortinas mientras se acercaba lentamente al vidrio, teniendo una excusa tonta solo para abrir la puerta lo hizo, pensando que tal vez el calor que le había dado al cuerpo le había calentado de alguna forma; cuando logró su cometido tocó el agua y la sintió fría, ignoro eso y abrió los grilletes uno por uno, dejando flotar despacio al chico hasta que su rostro sobresalió, lo tocó y sintió el mismo frío de hace unos momentos, sonrió ante el hecho; le divertía tener el control completo sobre aquel cuerpo inerte, y aún más, el saber que había disfrutado el haber asesinado al que se suponía era su "amor", aunque ciertamente lo último que sentía un Noé cualquiera era la culpabilidad, asi que prefirio reír por ello; tomó su mano y la beso, sintiendo como el frío recorría su cuerpo empezando por sus labios, sonrió de nuevo y comenzó a susurrar algunas palabras ininteligibles, apoyó su codo en el borde de la caja y suspiro al verlo, tenía uno de sus ojos abiertos dejando al aire la cuenca vacía; terminó su cigarrillo y lo tiró hacia atrás ignorando su paradero, comenzó a recorrer el cuarto entero intentando encontrar esos orbes perdidos, despues de unos instantes los vió y en un lindo frasquito los puso, dejándolos en la parte baja del aparador.
—Te ves tan lindo mi pequeño exorcista —dijo, aunque sabía que no era mucho lo que le sacaba al chico en altura.
Ahora su cuerpo era tan inservible como cualquier otro mueble y eso le fascinó, sonrió de nuevo, sabiendo lo cínico que era y lo feliz que le hacía este hecho tan común para él.
