Ingresaron al ascensor en silencio. Procuraban llamar la atención lo menos posible pues no era de provecho que se fijaran mucho en ellos. Luxana estaba nerviosa, no sólo por bajar a aquel lugar que había escuchado decir que era peligroso, sino porque desde que estaban en las calles de Piltover Darius había tomado su mano y no la había soltado más.
Su mano era mucho más grande que la suya, todo él era mucho más grande que ella. Incluso si se estiraba en la punta de sus pies no sería capaz de llegar a su rostro si lo quisiera. Se sonrojó aún más ante su propio pensamiento. ¿Para qué necesitaba ella hacer eso? Negó aquel pensamiento y se enfocó de nuevo en la mano que sostenía la suya. Era cálida, y había aflojado el agarre, manteniéndola firme pero sin maltratarla.
Levantó la mirada y pudo ver los ojos de Darius fijos en el exterior. El ascensor se abrió y él le detuvo de salir. Algunas personas salieron y otras comenzaron a subir, siento empujados a la parte de atrás. Él tiró de su mano, ubicandola a ella en la esquina del aparato, cubriéndola con su cuerpo. Ella no entendía el por qué, simplemente se quedó ahí, parada, cientos únicamente el pecho de Darius. Éste había soltado su mano.
El ascensor se abrió nuevamente y cuando las personas de antes bajaron, Darius se hizo a un lado y Lux pudo entender lo de antes. Eran hombres de Camille. Los habían visto antes en aquel edificio. Lo más seguro es que no fuera buena idea que los vieran en Zaun, juntos, solo ellos dos.
Bajaron un poco más y finalmente llegaron a su destino. El lugar era muy bullicioso. Había muchas personas y muchos puestos de venta algo extraño. Pero también se veía mucha pobreza. Habían niños pidiendo dinero en las aceras, mujeres ofreciendo sexo en otra, personas que daban impresión de estar esperando su próxima víctima y demás situaciones algo deprimentes.
Lux se mantenía junto a Darius aunque éste había dejado de sostener su mano desde el ascensor. Miró una de las mesas a su derecha y habían un montón de baratijas, collares, anillos, y demás que llamaron la atención de la joven, quién se quedó prendada mirando. El vendedor no decía nada, solo la miraba curiosear. Estaba a punto de decidir llevar uno cuando sintió que tiraban de su brazo. Era Darius, mirándola enojado.
Retomó su camino y de nuevo se mantuvo a su lado. Llegaron dónde una mujer ciega un tanto extraña. Darius le pidió a Lux no moverse y ésta aceptó. Sin embargo un letrero que decía: "Venta de Petricita" la distrajo. Se acercó a la tienda a mirar las pequeñas piedritas. Eso era una estafa. Sí, era petricita, pero escuchó al hombre decirle a unos clientes que con esas pequeñas piedras de no más de 5 cm de diámetro podrían contener cantidades incalculables de magia.
Sintió una mano en su brazo y rodó los ojos, girandose malgeniada.
—Ya, ya, solo miraba no... —calló al ver que no se trataba de Darius.
—Que chica tan linda. Vamos, te invito un trago.
—No, no, suelteme —sacudía su brazo, intentando liberarse pero el hombre no parecía querer soltarla, al contrario, se aferraba con más fuerza y sentía que comenzaba a lastimar su brazo.
—Vamos, será divertido. Lo va a disfrutar.
—Que me suelte le digo. No pienso ir con usted a ninguna parte.
—Oh, claro que irás —Comenzó a moverse en retroceso y a Lux se le hacía casi imposible retener sus pies en el suelo.
—Suficiente —La mano de Darius, sujetando el brazo del hombre la hizo girarse por instinto a verlo—. Suéltala, ahora.
—No te metas fortachón. Mi amiga y yo solo estamos jugando, ya nos íbamos.
—Yo no soy tu amiga —Lux intentó sacarse de nuevo pero le apretaba con más fuerza y comenzó a sentir mucho dolor en su brazo—. Suéltame...
—Que la sueltes he dicho —Darius apretó la muñeca del hombre con tal fuerza que su mano se abrió, liberando a Lux y soltando un quejido de dolor—. Ahora lárgate.
—Pudranse —espetó el hombre escupiendo el piso frente a ellos antes de perderse por un callejón.
—¿Por qué volviste a alejarte?
—Solo estaba mirando la petricita y...
—¿No tienes por cantidad en Demacia? ¿Se te antoja mirarla justo en uno de los lugares más peligrosos que existen?
—Pero yo...
—¿Y por qué no te liberaste? ¿Por qué no lo sacaste con tu magia? ¿Qué hubiese pasado si estabas sola? ¿Te habías dejado arrastrar hacía algún bar de mala muerte?
—¡Tenía miedo! Me asusté, ¿ok? Y no podía usar mi mafia porque lo que sea que tenga ese tipo en su mano tiene algo que no me dejaba usar mi magia mientras me estaba tocando. Estaba anulada... Gracias de todos modos —bajó la mirada.
—Si no podías defenderte, debiste gritar por ayuda. Yo estaba cerca, pero no tenía idea sobre lo que ocurría.
—Lo siento.
—No te disculpes. Al final solo has sido una víctima de la situación —tomó su mano con cuidado—. Vamos, ya sé dónde está la persona que buscamos.
—Está bien.
La sensación de poder defenderse volvió a su cuerpo y se soltó del agarre de Darius, quién le miró extrañado y antes de preguntar algo la vió colgarse de su brazo. No le dijo nada, siguió su camino, aunque se sentía extraño y debía concentrarse para ignorar el pecho de la chica rebotando contra su codo cada vez que daba un paso. Había conocido mujeres descaradas por montón, pero esa muchachita era la peor porque no siquiera se daba cuenta de lo que estaba haciendo.
Entraron a una tienda un poco tranquila, con unas cortinas cubriendo la entrada. Era una especie de depósito abandonado. Lux se aferró más al brazo de Darius y tomó con su mano libre el hacha en caso de que la necesitara.
—Bienvenidos. Los he estado esperando.
—¿Quién está ahí? —Preguntó Darius sin poder discernir el cuerpo por la baja iluminación.
—Ah, disculpa. Soy un viejo inutil.
Se escuchó el click de un interruptor y todo comenzó a iluminarse. Era una tenue luz verde que salía de unos tubos dispuestos en el techo con un extraño líquido viscoso de ese mismo color. El hombre, que parecía de una edad bastante avanzada se acercó a Luxana y tomó su mano, besando el dorso de esta con gran delicadeza, haciendo una reverencia que la muchacha, acostumbrada a los modos corteses respondió complacida.
—Es un honor tenerla aquí, majestad.
—¿Majestad? —Preguntó Luxana sorprendida y éste golpeó su propia frente.
—Lo siento, lo siento, es muy pronto para eso. Por favor, siéntese —le ofreció un pequeño cojín en el suelo y ella se acercó para sentarse—. Usted también, venga, no se hace uno más joven por pasar más tiempo de pie. —Bromeó el hombre invitando a Darius a sentarse junto a la joven.
—¿Sabe que veníamos? —Preguntó Lux y el viejo asintió.
—Vengo esperando que aparezcan hace tiempo y no puedo creer que estemos aquí de nuevo. Simplemente es maravilloso.
—¿De nuevo? —Preguntó Darius confundido y el viejo asintió levemente.
—Lo explicaré de un modo simple. Mi magia es peculiar, soy lo que llamarían un Cronomante.
—Magia temporal —susurró Lux y el hombre asintio.
—He vagdo por éste mundo, tiempo y espacio buscando solución a cosas que han pasado y sigo sin encontrarla, sin embargo. En uno de mis saltos vi una joven con un poder superior al mío. Superior al de muchos.
—¿Quién era? —Preguntó Lux y el viejo sonrió.
—Pues tú, muchacha, o mejor dicho, alguien que luce igual a ti, pero no eres tú —ambos invitados quedaron confundidos y el viejo sonrió—. Empezaré desde el inicio. Mí nombre es Zilean y soy, un cronomante. Un mago que domina la magia temporal.
Mientras tanto, en Piltover.
—Kai'Sa, Kai'Sa, escucha —el rubio entro corriendo en la habitación de la chica, dónde ella, sentada en sentada, con los ojos fijos en una mesa revisaba una y otra vez los documentos que Camille le había entregado.
—Ezreal, ahora mismo estoy ocupada, por favor. —Siguió con sus ojos en las muestras de diferentes puntos en un mapa donde habían aparecido grietas recientemente. Quería tener todo memorizado para la reunión del día siguiente.
—Siempre eres igual de amargada. Cómo sea, ví a la chica de nuevo, la demaciana. Estaba en la terraza y...
—¿La invitaste a salir?
—¡Sí! Y aceptó.
—Felicitaciones, serás el concubino de una reina.
—¿De qué estás hablando? —Preguntó.
—De que si hubieses llegado temprano ayer, sabrías que esa chica se va a casar con el príncipe de su nación.
—¡¿Qué?! ¡No! Debe ser un matrimonio arreglado. Puedo impedirlo, solo debo hacer que se enamore de mí y...
—¡Dejará al príncipe, huirá de Demacia y recorrerá el mundo contigo porque eres el verdadero amor de su vida aunque ella no lo sabe!
—¡Sí! Espera... ¿te estás burlando? —Kai'Sa sonrió y el chico bufó enojado—. Solo te burlas, deberías consolarme. Soy tu único amigo y tengo el corazón roto.
—Escucha, estoy muy ocupada ahora mismo. Mañana hay una reunión importante y de verdad necesito tener todo bien organizado. Te agradezco mucho haberme ayudado a llegar a Piltover y a qué Camille me escuchara, pero, te aseguro que si no actuamos pronto, tú corazón roto será el menor de los problemas.
—¡Está bien! Buscaré helado de chocolate y 2 cucharas.
—No me gusta el chocolate.
—Eres más extraña que la cosa que vive contigo.
El gesto de desagrado en el rostro femenino le hizo saber que no cambiaría de parecer. Se sentó a su lado y comenzó a mirar de reojo los papeles que ella tanto revisaba. Muchos de los lugares que señalaban los había visto antes había estado ahí y sí, en muchos había visto grietas realmente grandes, pero en otros lugares marcados no las había, al menos cuando él estuvo presente.
Terminó ayudándola a discutir los lugares más probables y tratar de trazar un mapa del probable camino que recorrían las grietas al tener las fechas registradas de las anteriores.
—¿Qué piensas hacer? —Preguntó ésta vez con seriedad.
—Lo que te dije antes. Tenemos que buscar a los aspectos del targon. Ellos tienen el poder que necesitamos. Supe que uno de ellos tiene el poder de controlar a una entidad superior, prácticamente celestial que ya se enfrentó al vacío una vez.
—Entonces, les pedirás a Camille Ferros viajar al Targon, a buscar unos "aspectos" que ni siquiera sabes si realmente existen con la posibilidad de que se nieguen a escucharte o a ayudar. Buen plan, KaiKai.
—Es el único que tenemos ahora mismo. Si vamos solo un pequeño grupo llegaremos en poco tiempo. Los aspectos ayudarán porque si el vacío gana, toda la vida conocida desaparecerá. Y sí, existen, lo sé.
—Dices que escuchaste a alguien hablar de ello, no significa que sea cierto.
—Sé que es real. Debe serlo porque de lo contrario, creo que no importa cuántos se nos unan, seremos incapaces de evitar la destrucción de Runaterra.
—Bien. Entonces hay que presentar algo bien fundamentado mañana o lo van a rechazar. ¿En qué puedo ayudar?
—Estás fechas de acá, compararlas con las marcadas en el mapa, de ese modo podemos compensar la fecha en que ocurrió la apertura de una grieta y dónde fue. Luego, hay que buscar el tiempo que duró abierta y dónde fue la siguiente.
—¿Cuándo tengamos todo unirás el mapa?
—Trazaré una línea de tiempo. Si encontramos alguna consistencia, aunque sea mínima, podremos predecir la próxima apertura.
—¿De dónde conseguiste todos estos datos?
—Algunos los conseguí yo misma, otros los conseguí por ahí...
—Entiendo, otros vienen de un remitente confidencial.
—Bien. A trabajar —ignoró la afirmación sobre la procedencia de la información y continuó con sus ojos sobre los papeles.
