- ¿Qué sucede Severus? – pregunta Dumbledore cuando nos ve aparecer por la puerta de su despacho. Veo que mi tía está allí. - ¡Genial! – pienso poniendo los ojos en blanco.
- La Srta. Queen a agredido a un alumno. – me acusa Snape soltándome de golpe frente al director. Mi tía ahoga una exclamación.
- Srta. Queen, ¿Qué ha pasado? – me pregunta Dumbledore desde su silla, mirándome por encima de las gafas.
- Solo me he defendido – suelto.
- ¿A quién ha agredido? – le pregunta Dumbledore a Snape. Mi tía me mira con cara de preocupación.
- Al Sr. Malfoy – dice Snape molesto.
- Entiendo… - susurra pensativo. Veo a mi tía poner los ojos en blanco. – ¿Y se puede saber el motivo de tal agresión? –
- No – suelto de sopetón. Los tres me miran asombrados.
- Ya veo… - dice despacio Dumbledore. – Pero entenderás que ese comportamiento no es nada apropiado. Los conflictos se arreglan con el diálogo, no con los puños –
- No fue con el puño, fue con la mano abierta – comento divertida.
- ¡Sophi! – me regaña mi tía avergonzada.
- Lo siento, pero con Malfoy no se puede hablar, él es..., es… ¡insufrible! – me quejo.
- ¡Bien!, como no sabemos qué sucedió ni quien comenzó el altercado, ambos seréis castigados. – comenta el director.
- Albus, ya he castigado a la Srta. Queen, no creo que sea necesario castigar al Sr. Malfoy – informa Snape.
- Los dos compartirán el castigo – le interrumpe Dumbledore.
- De acuerdo – acepta Snape a regañadientes. – La espero a las siete, sea puntual – me recuerda y se marcha a paso acelerado.
Veo cerrarse la puerta de un portazo. Lleva un buen cabreo. - ¡Bueno! Ya se le pasara, digo yo… – pienso.
- ¡Vamos! Tienes que volver a clase. Te acompaño – me dice mi tía mientras le lanza una mira al director de complicidad.
Me despido de Dumbledore y él me regala una pequeña sonrisa. Creo que me da la razón, aunque nunca lo admitiría. Mi tía me acompaña con la mano en la espalda para hacerme salir del despacho. Cruzamos el castillo en silencio hasta llegar a la Torre Sur.
- ¿Qué te hizo? – me pregunta mi tía girándose de golpe y enfrentándome.
- No insistas, tía, por favor. No voy a decirlo – le suplico.
- De acuerdo. Pero ¿Tú estás bien? – pregunta con preocupación.
- Mejor que él – le contesto con una sonrisita en la cara.
- ¡Sophi! – me vuelve a reñir, pero termina sonriendo.
Me indica con la cabeza que entre en el aula y yo lo hago. El profesor Colling me espera. Minerva le explica que he tenido un incidente y vengo de dirección. Él lo entiende y mi tía se marcha. Proseguimos las clases sin demora.
Por fin llega la hora de comer y me reúno en el comedor con mis amigos. Nos hemos sentado igual que ayer.
- Le habéis visto la cara a Malfoy – dice Ron sonriendo. – Creo que tiene tus dedos marcados – Los cuatro nos reímos bajito por la exageración del pelirrojo.
- Y poco le he hecho – me quejo.
- ¿Qué le ha pasado a Malfoy? ¡He oído que le han zurrado! – suelta Fred sentándose junto a Harry.
- A sido Sophi – me delata Hermione orgullosa. La miro con los ojos como platos.
- ¡Vaya! Una autentica Gryffindor – exclama George junto a Fred.
- ¿Qué te ha hecho? – pregunta Fred expectante.
- A ti te lo voy a contar… - le suelto misteriosa.
- ¡Venga! No seas así… - me replica exasperado. Yo niego con la cabeza. - ¡Esta bien! – dice haciéndose el ofendido.
Harry solo me mira, no dice nada. Sabe que algo grabe me ha tenido que hacer para que yo me comportará así. Le aparto la mirada, me da la sensación que va a leerme la mente y eso me da miedo.
Como en silencio. No me apetece hablar más del tema. Una vez terminamos nos repartimos; unos a la sala común para seguir planeando como participar en el torneo; otros a la biblioteca para hacer deberes y otros a entrenar, ya que empieza la temporada de Quidditch. Yo opto por ir a la biblioteca, tengo un trabajo que entregar mañana de Biología. Hermione también viene conmigo, ¡cómo no! Es muy aplicada y no dejaría deberes sin hacer… Dejamos las túnicas en el dormitorio para ir a la biblioteca, aunque me llevo el móvil y los auriculares.
La biblioteca es espectacular. Altos techos decorados con vidrieras de colores y adornos en escayola estilo catedral. Las paredes están recubiertas de estanterías de madera de nogal, cuyos estantes están repletos de libros de todo tipo y unas mesas largas delante de las mismas para el estudio de los alumnos. Casi al fondo, tiene unas escaleras estrechas y centradas, con una alfombra roja que te llevan a la parte superior de la sala. Tanto las escaleras como la segunda planta son de madera al igual que las estanterías. Cuando llegas al primer tramo de escaleras, estas se dividen en dos, una a la derecha y otra a la izquierda, que dan la sensación de ser unas escaleras de caracol a pesar de no serlo. Nos instalamos en una de las mesas, Hermione cubierta de libros de magia y yo con el portátil. Algunos alumnos me miran con curiosidad.
- ¿Me vas a contar que te hizo Malfoy? – pregunta Hermione bajito. La miro con los ojos como platos.
- ¿Tú también? – me quejo.
- Vamos, soy tu amiga. No voy a contárselo a nadie – me asegura. La miro unos segundos y decido confiar en ella.
- ¿Recuerdas que te dije que mi falda era corta? – ella asiente. – Pues, me metió mano… - le suelto de golpe.
- ¿Qué? – pregunta estupefacta y demasiado fuerte.
- ¡Chssssss! – nos dice la Sra. Pince, la bibliotecaria, con el ceño fruncido. Es una mujer joven, de unos cuarenta, con el pelo negro recogido en un moño. Su ropa es similar a la de mi tía Minerva, pero con plumas negras en el cuello. Me recuerda a un cuervo…
- ¿Qué? – pregunta ahora bajito. Las dos miramos la a Sra. Pince, pero vemos que ha vuelto a sus quehaceres y no nos presta atención.
- Lo que oyes – le confirmo también bajito. – Así que le crucé la cara –
- ¡Que cerdo! – exclama tapándose la boca. Me deja asombrada su comentario y creo que a ella también.
- Tranquila, no creo que vuelva a intentarlo – le digo para relajarla. Ella asiente no muy convencida.
- Ni se te ocurra decirle nada a Harry – le suplico – Creo que sospecha que ha pasado y, si se entera, puede que se desencadene una pelea épica. – Ella asiente enérgicamente.
Nos centramos en los deberes. El silencio es total si no fuera por mi constante tecleo. Yo apenas lo noto ya que me he puesto los auriculares y estoy escuchando música mientras trabajo.
Son casi las siete y ya he terminado. Le dejo el portátil y el móvil a Hermione, no quiero llevarlos al castigo, y quedamos en vernos después en la cena. Me desea suerte y salgo disparada a las mazmorras, donde también se ubica el despacho del profesor Snape. Espero cumplir el castigo lo más rápido posible.
Cuando llego son las siete en punto y Snape mira un reloj de pared.
- Llega tarde – me suelta.
- ¡Son la siete! – me quejo.
- El Sr. Malfoy lleva aquí diez minutos – me informa.
- ¡Pues mira qué bien! – susurro con burla. Veo como Snape me mira muy serio, me ha oído, y bajo un poco la cabeza avergonzada, no quiero que duplique mi castigo. Me indica con la cabeza que me aproxime al escritorio.
Allí veo a Malfoy tras el profesor, de pie y sin túnica, etiquetando frascos en el escritorio. Me mira con una cara mezcla de asco y enfado. Yo me alegro, no voy a comerme el marrón sola.
- El Sr. Malfoy está etiquetando los frascos según su contenido. – me informa Snape. – Su trabajo será colocarlos en los estantes por orden alfabético. – Asiento sin decir nada. – En cuanto terminen podrán marcharse. -
Sin decir nada más, se marcha cerrando la puerta y nos deja solos.
- ¡Espera! ¡No, no, no! ¡No me dejes sola con este energúmeno! – pienso, nerviosa mirando la puerta cerrada.
Unos segundos tardó en reaccionar y, resignada, me acerco al escritorio y cojo dos frascos ya etiquetados sin mirar al rubio.
- Amortentia y Veneno Rosa – leo para mí. Me aproximo al estante y busco su lugar según la inicial.
- ¡Todo esto es culpa tuya! – me suelta de pronto haciendo que me sobresalte.
Menos mal que ya había colocados los frascos, sino, hubieran ido al suelo del susto. - Pero ¿qué dice el idiota? – pienso mirándolo perpleja.
- ¿Perdona? – le pregunto con retintín volviéndome y desafiándolo con la mirada.
- Yo no tendría que estar aquí, tú me golpeaste… - dice con cara de superioridad.
- No, señorito, no estaríamos aquí si TÚ no te hubieras pasado de la raya – le recuerdo alterada.
- Yo no hice nada que no provocaras… la culpa es tuya por llevar la falda tan corta – me acusa gritando y acercándose rápidamente.
- ¿Cómo?... Es el uniforme reglamentario y me obligan a ponérmelo y TÚ no tienes ningún derecho a criticar lo que llevo o lo que no llevo puesto – le grito enfadada.
- Te repito que aquí yo soy la víctima y esto no va a quedar así, mi padre se enterará de esto – me amenaza gritándome cada vez más cerca.
- ¡Mira como tiemblo! – de suelto con burla moviendo las manos como si temblara. Lo tengo justo delante mío, demasiado cerca para mi gusto. – Ve corriendo en busca de tu padre…, No eres más que un cobarde, un niño mimado y consentido, arrogante y narcisista que… - no puedo terminar la frase. Sus labios han atrapado los míos y sus manos rodean mi cintura haciendo fuerza para acercarme a su cuerpo.
Me he quedado paralizada. Solo mis manos han reaccionado colocándose en su pecho para empujarlo y sepáralo de mí, pero todo intento es inútil, tiene más fuerza que yo. Intento echar mi cabeza hacia atrás para separarme, pero topa con un estante de la estantería que tengo detrás y él, igualmente, sigue mi movimiento para no deshacer el contacto.
No sé qué hacer y me rindo a su beso. Sus labios se mueven sobre los míos suavemente, pero con necesidad. Percibo su olor dulce a BOSS, ese que tanto me gusta, y una especie de corriente eléctrica me recorre el cuerpo. Siento como si el corazón se me fuera a salir del pecho de lo rápido que me palpita. Me gusta la sensación que provoca su boca en la mía. Me empieza a faltar el aire y me tiemblan las piernas. Instintivamente, vuelvo a empujarlo. Me suelta de golpe dando dos pasos hacia atrás y me mira confuso. Su respiración esta tan agitada como la mía. Sin decir nada, se gira y sale disparado del despacho dando un portazo.
Y ahí estoy yo, estática, junto a la estantería. No puedo creerme lo que acaba de pasar, a pesar de sentir mis labios hinchados por el asalto. Mi respiración sigue acelerada y el corazón aun quiere salirse de mi pecho. Mis piernas tiemblan y me da la sensación que me van a hacer caer. Poco a poco empiezo a recuperar el movimiento de mi cuerpo. Me dirijo como en trance al escritorio y cojo dos frascos más. Me cuesta trabajo pensar. - ¡Mejor no pensar! – me aconsejo mentalmente. Muevo la cabeza como intentando borrar lo que me ha pasado y coloco los frascos en la estantería. - Tengo que terminar el castigo… Tengo que terminar el castigo – me repito una y otra vez. Me lleva media hora acabar de colocar todos los frascos que tenían etiqueta. Supongo que muchos de ellos fueron etiquetados por el profesor ya que Draco se fue muy rápido y no puedo hacer tantos. Salgo del despacho y me encamino hacia el gran comedor.
Cuando llego los chicos ya están allí. Me encamino a sentarme junto a Hermione y mis ojos vuelan al rubio, el cual me está observando serio. Mi amiga me llama la atención y me mira preocupada.
- ¿Qué te pasa? – me pregunta mientras me siento.
- Nada – le contesto intentando parecer convincente. Ella me mira entrecerrando los ojos.
- Luego hablamos – le digo bajito. Ella asiente y sigue comiendo. Yo lo intento, pero casi no puedo. Siento su mirada en mi espalda, pero soy incapaz de volver a mirarlo.
Tras terminar la cena nos dirigimos a la sala común para después ir a nuestros respectivos dormitorios.
- ¿Cómo ha sido el castigo? – pregunta Harry.
- Duro – me sale sin pensar.
- ¿En serio? – pregunta Ron preocupado.
- Bueno – intento disimular – tenía que colocar frascos en la estantería por orden alfabético. Hay sustancias que ni siquiera sabía que existían. – le confieso.
- ¿Y Malfoy? ¿También estaba castigado contigo? – pregunta interesado Harry.
- Sí… Él etiquetaba las sustancias, yo no las conozco como vosotros. – intento que suene normal. Todos asiente conformes con la explicación.
Los chicos se despiden para subir a su dormitorio. Yo, inconscientemente, abrazo a Harry. Ron nos mira perplejo.
- ¿Qué pasa Sophi? – me pregunta Harry.
- Nada, solo necesito un abrazo – le explico. Harry me abraza con fuerza. Me hace sentir bien.
Nos separamos y deseándonos buenas noches se marchan. Hermione y yo también lo hacemos.
Al llegar al dormitorio veo el portátil y el móvil sobre la cama.
- ¿Qué ha pasado? – me dice Hermione haciéndome sentar en la cama y susurrándome para que nadie nos escuche. Yo la abrazo fuertemente y ella me corresponde.
- Dímelo Sophi, me preocupas – insiste separándose.
- No quiero hablar, Hermione – le digo con ganas de llorar.
- Suéltalo, te sentirás mejor – me aconseja. Yo asiento.
No sé cómo decírselo, me da vergüenza. Mejor se lo digo de sopetón, dolerá menos, como con las tiritas…
- Me ha besado – digo sin tapujos. A Hermione casi se le salen los ojos de las orbitas.
- ¿Qué? – pregunta incrédula mirando para todos lados para ver que no nos escuchan.
- No sé, me pillo desprevenida, estábamos discutiendo otra vez, y … - intento explicarme.
- ¡No me lo puedo creer! – suelta estupefacta.
- Yo tampoco. Parece bipolar… primero me insulta y luego… ¡No entiendo nada! – le digo. - ¡Por Dios! Que Harry no se entere, es muy protector – le suplico.
- Tranquila, no diré nada. Solo lo sabremos tú y yo, por eso somos amigas. – me tranquiliza.
- ¿Y qué te dijo después? – pregunta.
- Nada, salió corriendo – le cuento.
- Creo que esta confuso también. – piensa en alto.
- No sé, pero pienso alejarme de él todo lo que pueda. – le aseguro.
- Vale, tranquila – me dice comprensiva. – Intenta dormir. Mañana seguimos hablando ¡Buenas noches! -
- ¡Buenas noches! – le deseo con una sonrisa mientras ella se aleja hacia su cama.
Enchufo el portátil y el móvil para cargar, cambiando después el uniforme por el pijama. Me meto entre las sabanas, me resultan reconfortantes.
En cuanto cierro los ojos el recuerdo de los labios de Draco sobre los míos me asaltan de golpe y me hace estremecer. Su cuerpo tan pegado al mío y su aroma… parece que aún lo siento.
- Creo que va a ser muy difícil hoy conciliar el sueño. – me digo mentalmente.
