Naruto Y Hinata en:

EL LENGUAJE DE LAS FLORES


BOCA DE DRAGÓN
Presunción y Decepción


Hinata notó que él se levantaba y abrió los ojos. Empezaba a amanecer y vio que él estaba de pie junto a la mesa, dándole la espalda. Se apoyó en un codo y miró su torso desnudo. Estaba tan cerca que podía verle perfectamente sin las gafas, tan cerca que podría tocarlo. Tenía unos hombros muy anchos, pensó ella.

Desde el primer momento que lo vio en la excavación se dio cuenta de lo atractivo que podía ser un hombre sin camisa. Pero a pesar de toda su fuerza, la había abrazado con dulzura y la había acariciado con exquisitez. Sin el calor de su cuerpo empezó a notar el frío de la habitación, pero le bastó con recordar lo que había pasado entre ellos para volver a sentirse a gusto. Eso la hizo sonreír.

Bostezando, se incorporó y apartó el abrigo de él, que aún la cubría, con intención de empezar a vestirse.

─Creía que estabas dormida ─dijo él sin darse la vuelta.

─No. ─Ella le rodeó las caderas con las piernas desde atrás y se abrazó a su espalda. Esa mañana se sentía femenina, bonita y absurdamente feliz. Estaba contenta y todo le parecía bien. Era fantástico que tener relaciones con un hombre lograra todo eso. Era algo extraordinario. Ella apoyó la mejilla en su espalda y se dio cuenta de lo tenso que estaba él desde que lo había abrazado. Apartó la cabeza preocupada.

─¿Naruto?

Él se separó bruscamente de ella y sólo la miró un instante antes de agacharse para recoger su camisa del suelo.

─¿Estás bien?

Naruto se irguió y se puso la camisa. Entonces la miró, carraspeó y volvió a apartar la vista.

─Te he hecho daño ─dijo mirando a través de la ventana─. Perdóname, no era mi intención.

¿Por qué estaba tan preocupado? Le había dolido, pero muy poco, y sólo durante un momento. ─Oh, no. —Bajó de la mesa y, para tranquilizarlo, Le acarició el brazo─. No fue nada. Estoy perfectamente bien, Naruto. ─Desvió la mirada hacia su torso y volvió a sentirse un poco tímida ─. La verdad es que me siento maravillosamente bien ─confesó sonriendo, y se atrevió a acariciarle el pecho. Tocó la piel caliente que aún no había cubierto con la camisa y lo miró esperando que él se diera cuenta de cuáles eran sus intenciones. No lo hizo. Apretó los labios y volvió a agacharse para recoger su chaqueta.

Ella lo miró durante un instante. ─Naruto, por favor, no te preocupes por mí. El dolor fue insignificante.

─Me alegra oírlo. Él acabó de vestirse sin mirarla.

Hinata empezó a sentirse incómoda. Se dio la vuelta y comenzó a arreglarse la ropa. Primero se abrochó la camisola y luego el vestido. Los dos se vistieron en silencio. Cuando estuvieron listos, él apoyó las manos sobre sus hombros por un instante y ella se sorprendió de que la tocara. Pero volvió a apartarse y recogió su corbata, se levantó el cuello de la camisa y se hizo el nudo.

─Naruto, ¿qué pasa?

Él acabó de arreglarse el cuello y entonces le cogió las manos y se las llevó a los labios para besarlas.

─Yo asumo toda la responsabilidad de lo que ha pasado ─dijo él, y le soltó las manos─. No tienes que preocuparte por tu futuro.

Ella lo miró sorprendida sin entender de qué estaba hablando. ─¿Mi futuro?

Él recogió su abrigo del suelo. ─Nos casaremos tan pronto como se hayan leído las amonestaciones. Celebraremos la ceremonia aquí, en la capilla ducal, si te parece bien. Si prefieres la capilla del pueblo, sólo tienes que decírmelo.

¿Naruto le estaba proponiendo matrimonio? Ella no podía creer lo que estaba oyendo. Sonaba tan desapasionado que Hinata no sabía si acababa de hablarle de casarse o estaba comentando el tiempo. La dulce sensación que la había inundado al despertar ya había desaparecido del todo.

Él se puso el abrigo, se dio la vuelta y caminó hacia la ventana. ─Hasta el día de la boda tendrás que vivir en otro sitio ─dijo, mirando al aún oscuro exterior─. Enderby estará bien. No sería apropiado que estuvieras aquí. Yo se lo explicaré todo a Ino. Debido a la gran diferencia de rango que hay entre tú y yo habrá habladurías y, sintiéndolo mucho, no puedo evitarlas.

Él se calló, le seguía dando la espalda y Hinata no podía distinguir bien su expresión. No entendía por qué le estaba hablando de matrimonio, pero se acordó de lo que le dijo a su hermana de que nunca se casaría por amor, y supo que, antes de poder considerar su proposición, tenía que saber una cosa.

Tomó aliento y preguntó: ─¿Me propones matrimonio porque te has enamorado de mí?

Él giró la cabeza pero no la miró a la cara. ─A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que yo, que yo, bueno, siento una fuerte, una gran pasión, sí, eso, una fuerte atracción hacia ti, y que te deseo intensamente.

─Entiendo ─Hinata no sabía cuál era la etiqueta para rechazar una proposición de matrimonio pero seguro que, como mínimo, había que ver la cara de la persona a la que se rechazaba. Se agachó y sacó las gafas del bolsillo del delantal, que aún estaba en el suelo. Con las gafas puestas caminó hasta él y le acarició el brazo─. El deseo es maravilloso, Naruto; pero no es suficiente. No me casaré contigo.

─Ahora ya no tenemos elección. ─Él no la miraba─. Yo he eliminado cualquier otra alternativa para ambos.

─Hablas como si yo no hubiera tenido nada que ver en todo esto. Fue una decisión de los dos, Naruto, yo también te deseo intensamente, pero eso es todo. Sin amor, no veo ninguna razón por la que tengamos que casarnos.

Él se puso frente a ella y en su expresión no había ni un atisbo de afecto, sólo se veía la férrea determinación de salirse con la suya. Una expresión que ella conocía muy bien.─Tienes que reconocer que no podemos hacer nada. Tenernos que casarnos. No tenemos elección.

─Yo no tengo que hacer nada. Sus obligaciones y sus normas no se aplican a mi vida, señoría ─dijo ella intentando sonar tan fría como él─. Ya sé que el matrimonio es la respuesta más habitual ante situaciones como ésta, pero hay otras opciones. Nadie tiene que enterarse de lo que ha ocurrido. Yo me iré a Londres tal como tenía previsto y...

─De eso ni hablar. Ahora mismo podrías estar embarazada de mi hijo. ¿O no lo habías pensado?

Dios santo, no se le había ni ocurrido. Inconscientemente se acarició el abdomen y sintió una emoción hasta entonces desconocida. Una mezcla de esperanza y miedo, y entendió que tenía que ser fuerte y no permitir que las circunstancias marcaran su destino o el de su posible bebé.

─No sabemos si estoy embarazada

─contestó ella─. Además tú eres un buen hombre y sé que, llegado el caso, te harías cargo de nosotros. Los hijos ilegítimos de los hombres de tu rango no sufren penurias.

─Por Dios, Hinata, ¿de qué estás hablando? ¿Pretendes que te convierta en mi amante?

Antes de que pudiera contestar, Naruto lo hizo por ella. ─No puedes ser mi amante. Si eso fuera posible, claro que me ocuparía de ti. Te compraría una casa y te daría dinero, pero eso está fuera de cuestión.

─Pareces familiarizado con los pormenores de tener una amante. ─La duda la consumió y le preguntó─. ¿Tienes una ahora? ¿Una amante?

─La tenía, sí ─contestó él con toda la dignidad que correspondía a un duque ─. Pero no la he visto desde...

─¿Ella tiene...? ─A Hinata se le hizo un nudo en el estómago pero se obligó a acabar la pregunta─, ¿tiene ella algún hijo que pueda...? ─No pudo continuar. Se tapó la boca con las manos y se dio la vuelta.

─No. ─Él respondió a la pregunta que ella no había acabado de formular ─.Amaru no tiene hijos, ni míos ni de nadie. Hinata, eso ahora no tiene importancia. He arruinado tu reputación y no voy a permitir que vivas con la vergüenza de tener un hijo ilegítimo. Así que, tal como te he dicho, tenemos que casarnos.

Ella se colocó al otro lado de la mesa para que ésta sirviera de barrera entre los dos y se volvió para poder mirarlo.

Él no la siguió, sino que se mantuvo donde estaba.

─Al parecer, eres la nieta de un barón. Ino me dijo que no sabes quién es, pero ya lo encontraremos. Le obligaremos a que te reconozca y obtendremos su permiso para casarnos. Una mera formalidad, dadas las circunstancias, pero necesaria al fin y al cabo. Negociaré con él los términos de tu dote y, cuando nos hayamos casado, te asignaré una generosa paga para tus gastos. Como mi esposa, tendrás siempre todo mi apoyo.

Hinata empezó a sentir cómo la ira y la frustración invadían todo su cuerpo. Él estaba hablando como si ella no pintara nada allí.

─¿No es un poco exagerado que nos casemos? Reconozco que no soy una experta en estos temas, pero creo que los hombres de tu posición no se casan con mujeres como yo, sino que les pagan para que desaparezcan.

Él apartó la mesa de roble que había entre los dos con tanta fuerza que se desplazó hasta golpear contra la pared.

Ella no se movió. Dio un paso hacia ella y la silla siguió el mismo camino que la mesa. Hinata continuaba sin moverse, mirándolo directamente a los ojos a sólo unos pasos de distancia.

─Acabas de insultar mi honor y el tuyo propio ─dijo furioso en voz baja ─. Si crees que voy a caer tan bajo como para pagarte por los servicios prestados como si fueras una cualquiera estás muy equivocada.

─Eres tú quien hace eso. No paras de hablar de arreglos y de pagas sin importarte cuáles sean mis sentimientos al respecto. Aceptar que te hicieras cargo de mi hijo es una cosa, casarme contigo otra muy distinta. Y totalmente innecesaria.

─¡Eras virgen, por todos los santos! Si crees que yo soy capaz de tomar la inocencia de una dama y luego no hacer lo correcto, es que no me conoces en absoluto.

─¿Y qué pasará con lady Shion? ─atacó ella─. ¿Acaso no ibas a casarte con ella?

─Supongo que Ino te lo contó. No tiene importancia, ni siquiera me había declarado, y ahora ya no voy a hacerlo.

─No estabas enamorado de ella y aun así ibas a casarte. A mí tampoco me quieres y también estás dispuesto a casarte conmigo. ¿Tanto te da una esposa como otra? Ah, y no olvidemos añadir a la amante ocasional.

─Amor, amor ─replicó él impaciente─. ¿Qué es el amor? Explícamelo si puedes. Tú me dijiste que el amor te había roto el corazón. Háblame sobre ese amor.

─¡Aquello no era amor! ─gritó ella ─. Era una fascinación, un sueño estúpido que sólo era posible en mi imaginación, ya que tú no sentías nada por mí. Yo ya lo sabía, pero...

─¿Qué? ─La expresión de sorpresa de Naruto le mostró que, sin querer, le había confesado su más profundo secreto. Ahora ya no le importaba, lo que otra gente pensara de ella ya le daba igual.

─Sí, Naruto ─admitió ella mirándolo directamente a los ojos sin avergonzarse de sus sentimientos. Al menos habían sido sinceros─ Yo sentía todo eso por ti. Que Dios me ayude, me quedé fascinada por ti, me hechizaste desde el primer día en que te vi. Estúpida de mí, pero ya ves.

Él la miraba totalmente estupefacto y, de algún modo, eso incrementó el enfado de Hinata.

─Increíble, ¿verdad? Yo, entre todas las mujeres, queriendo a un duque. Yo, una mujer sin dinero, sin influencias, sin familia, o sin una que la reconozca. ¡Yo, una mujer seria, sosa, sin ningún atractivo, cuyo destino lógico era acabar siendo una solterona porque era tan atractiva como un insecto pegado a una hoja!

Vio que a él se le alteraba levemente el semblante y se animó a continuar.

─Sí, estaba fuera de la sala de música esa noche, cuando tú y tu hermana hablaron sobre mí. Lo oí todo, cada palabra. ¿Se acuerda de la conversación, señoría?.

Entonces él lo comprendió todo y en su cara se dibujó un gesto de tristeza. ─Es cierto que dije eso ─murmuró él, y caminó hacia ella─, lo reconozco, pero ya me había olvidado. No tuvo importancia.

─Quizá no la tuvo para ti, pero para mí tuvo mucha. ─Estaba tan enfadada que no se daba cuenta de lo inútil que era en ese momento hablar de aquella noche. Le había dolido que él se hubiera puesto a hablar de obligaciones cuando para ella lo que había pasado entre los dos había sido espontáneo y maravilloso ─. Creo recordar que también dijiste que era como una máquina, una criatura sin ningún atractivo físico. «Patética» fue la palabra que utilizaste.

Él dio otro paso y la cogió por los hombros, sacudiéndola suavemente, como si creyera que estaba histérica, cuando en realidad ella estaba muy tranquila.

─Escúchame, Hinata ─dijo─, me duele que me oyeras decir algo tan horrible y desconsiderado, pero entonces no te conocía. Quiero decir que, aunque sí te conocía, yo no sabía cómo eras de verdad. ─Se interrumpió y la soltó. Pegó los brazos al cuerpo y, tras respirar hondo, volvió a intentarlo ─. Es verdad que yo dije todo eso, pero lo dije porque tú intentabas pasar siempre desapercibida. Eso fue de lo único que hablamos. Ino me contó que quería ayudarte a buscar marido y me preguntó mi opinión...

─Y se la diste con pelos y señales. Le dijiste a tu hermana que buscarme marido era inútil. ─Ella rió dolida─. Por lo visto no era tan inútil, puesto que tú mismo pareces tener intenciones de casarte conmigo. ¡Qué extraña es la vida!

Él dio un paso atrás y, con las manos a la espalda, era la viva imagen de un duque. ─Créeme si te digo que lamento muchísimo mis palabras. Lo que dije fue cruel y desconsiderado y me doy cuenta de que te herí profundamente. Pero te aseguro que nunca quise hacerlo. Desde ese día, tal como te decía antes, he empezado a sentir una fuerte atracción hacia ti, tan fuerte que a veces creo que me volveré loco. A lo mejor es sólo una locura pasajera, pero una locura al fin y al cabo. Te deseo tanto, yo... ─Soltó el aliento tan bruscamente que toda la apariencia ducal desapareció—. Dios, después de lo que ha pasado, ¿tengo que explicártelo?

─No, creo que puedo confirmar que tu opinión sobre mí ha cambiado radicalmente. Pero ¿cuánto tiempo tardará en volver a cambiar? ¿Cuánto tiempo durará tu «locura temporal»? ¿Cuánto tiempo tardaré en volver a convertirme en un insecto para ti?

─¡Yo no pienso eso de ti! ─gritó él ─. ¿Es que un hombre no puede cambiar de opinión? Yo he cambiado. Cuando te miro no veo un insecto, veo a...

─No hace falta que me halague, señoría ─le interrumpió ella. No se sentía capaz de escuchar sus cumplidos ─. No es necesario. No se me rompió el corazón cuando supe lo que pensabas de mí, sólo me dolió el orgullo. Aquello no era amor, era una fascinación, y ya me he recuperado de ella.

─Maldición, Hinata, ¡deja de interrumpirme! Siento el daño que te he hecho, que al parecer ha sido much o, pero eso no altera mis planes. Nos casaremos tan pronto como sea posible. No voy a ignorar lo que el honor y el deber me obligan a hacer.

Hinata no respondió. Se agachó para recoger el delantal y se lo puso. Cuando hubo anudado todos los lazos volvió a hablar. ─Una vez más crees que todo gira a tu alrededor. Tu deber, tu buen nombre, tus herederos, tu título, tus obligaciones. Crees que lo que ha pasado entre nosotros es algo sórdido, a no ser que nos casemos, claro; en ese instante tu honor quedará satisfecho. Pero sobre todo, quieres casarte porque te sientes culpable. Ella vio cómo el acusaba el golpe.

Tomó aire y continuó. ─Yo en cambio no me siento culpable en absoluto. No me siento arruinada. De hecho, hasta que has empezado a hablar del honor y del deber me sentía maravillosamente bien. Yo sabía lo que quería y, al igual que tú, luché por obtenerlo. Para ti quizá haya sido deshonroso, pero tu deshonor no es el mío. Lo que ha pasado entre nosotros... ─se le rompió la voz, pero respiró hondo y continuó─... ha sido maravilloso, de verdad. Ha sido la cosa más excitante y bonita que me ha pasado nunca, y no permitiré que la conviertas en algo de lo que deba avergonzarme.

No me casaré contigo porque, a pesar de esa atracción que sientes por mí, tú no me amas, ni siquiera sientes cariño por mí. No me casare con un hombre sólo por satisfacer su honor y sus remordimientos.

─El amor no tiene nada que ver con todo esto. Estamos hablando del honor y del deber.

─Pues yo no seré el deber de ningún hombre. ─Caminó hasta la columna en la que colgaba su abrigo─ Gracias por la proposición, señoría, pero no voy a casarme con usted. Es mi última palabra. Considérese liberado de cualquier deber. Con el abrigo sobre los hombros salió de la antika sin decir nada más.

Naruto se quedó mirando la puerta que Hinata acababa de cerrar tras ella de golpe. Aún no se creía lo que acababa de pasar. Se sentía estafado y enfadado. ¿Qué esperaba que hiciera? ¿Acaso pensaba que era un bruto que sólo la usaría y luego le pagaría como si fuera una prostituta? ¿Que la abandonaría como si no le importara? ¿Que la convertiría en su cortesana? Dios, eso le había dolido. Pensar que ella lo creyera capaz de hacer esas cosas le dolía muchísimo.

Aunque él también la había herido. Ella había sentido algo por él y seguro que sus duras palabras le habían hecho mucho daño. Pero había intentado explicarle que entonces no la conocía, no de verdad. Que para él sólo era una persona más que estaba a su servicio, y la trataba acorde con eso. Y sí, en ese momento su opinión de ella como mujer no era muy halagadora, pero si hubiera sabido que estaba fuera de la sala escuchando no lo habría dicho.

«Un insecto.» Era verdad que había dicho eso, pero ahora ya no la veía así. ¿Es que no podía darse cuenta? Ella ya no era esa discreta empleada que hacía todo lo que él le pedía, que lo escuchaba como si fuera un dios, que llevaba a cabo su más mínimo deseo sin rechistar.

Había cambiado delante de sus ojos. Se había convertido en la mujer más atractiva y deseable que él nunca hubiese conocido. Incluso ahora, cuando se daba cuenta de las consecuencias de lo que acababan de hacer, seguía deseándola con todas sus fuerzas, incluso ahora, cuando las cosas que más valoraba en este mundo, el futuro de su título, su nombre, su posible hijo ilegítimo, estaban en peligro, incluso ahora, seguía deseándola.

Sí, ella se había convertido en su obsesión. Era una mujer brillante y apasionada a la que había herido profundamente. Ésas no eran las mejores circunstancias en las que un hombre podía declararse y seguramente lo único que había logrado había sido herirla de nuevo. Hablar de obligaciones y pagas no era muy romántico, y que apareciera su amante en la conversación tampoco había ayudado. Ni siquiera había tenido la oportunidad de decirle que hacía mucho que no había visto a Amaru, y que le había mandado una carta dando por finalizada su relación.

Había sido presuntuoso de su parte pensar que ella diría que sí sin más, pero maldita sea, él era un duque. Sólo los duques reales, los príncipes y el rey estaban por encima de él. No era tan raro que, dadas las circunstancias, él hubiese dado por hecho que ella aceptaría su proposición.

Naruto se acercó a la mesa que había quedado arrinconada contra la pared. Cogió su abrigo, se lo puso y salió de la antika. El sol apuntaba por el horizonte y Naruto se detuvo para deleitarse con ese despliegue de colores rojizos. Era el día de la Epifanía. Muy apropiado, pensó mientras caminaba hacia la casa.

Casarse con Hinata era lo correcto, lo que dictaba el honor. Ahora, lo único que tenía que hacer era encontrar un modo de convencerla. Naruto tenía el presentimiento de que eso no iba a ser nada fácil.

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Continuará...